DUAT

Antes de continuar leyendo es necesario que entiendan un poco mejor sobre la cosmovisión de los antiguos egipcios sobre la muerte: De modo resumido, tras viajar en una barca y ser juzgados por los dioses, si el corazón del difunto era bondadoso (por lo que no era devorado por la Diosa Cocodrilo) se llegaba al más allá egipcio, que era UNA COPIA EXACTA PERO MÁS BELLA del mundo real que dejaban al morir; Un lugar donde los difuntos podrían "continuar" con su vida sin el miedo a enfermedades y perdidas. Es por eso que la mayoría de esta historia parece contada como si fuera el pasado de la vida de Atem, pero les pido no olvidar que el lugar al que Anzu llegó es el más allá tras la muerte definitiva del espíritu del rompecabezas del milenio. O al menos, es lo que se entiende cuando pierde su duelo contra Yugi y "vuelve a casa".

Pueden leer un poco más acerca de las creencias antiguas si les interesa. Agradezco profundamente los reviews y la buena respuesta que tuvo la publicación de los capítulos anteriores. Deseo de todo corazón que disfruten este capítulo nuevo.

NOTA: Aunque técnicamente este sería el tercer capitulo publicado en la pagina, es el capitulo 2 de la historia; los dos capítulos anteriores fueron publicados de ese modo por una falla en el doc manager que tuve, prometo que no ocurrirá de nuevo.

YUGIOH no me pertenece. Es obra de Katsuki Takahashi.

Capítulo 2

El amanecer sorprende a Atem fuera de la habitación donde los sanadores revisan a Anzu. Entre indicaciones a los guardias y conversaciones con su consejo de sacerdotes, el joven faraón se ha negado a abandonar el lugar.

Horas antes y tras descubrir la identidad de la joven, el faraón salió del templo luchando con la histeria. Después de llamar a su caballo con un silbido y cubrir la desnudez de la muchacha con la sabana de montar, había regresado velozmente al palacio en busca de ayuda.

"En cuanto entré al palacio" Piensa mirando desde su posición el movimiento de los sirvientes que salen y entran al cuarto "Siamun e Isis la trajeron a esta habitación"

La habían sacado de entre sus brazos y la idea de alejarse de Anzu había dolido tanto que Mana tuvo que retenerlo de seguirlos y tirar la puerta a golpes por la angustia. Agotado, Atem se había sentado en el suelo con la espalda contra la pared

"Llevo toda la noche esperando y no sé…" piensa mirando fijamente la puerta como si con ello pudiera saber que pasa dentro "No sé si está herida"

"¿Qué está pasando?" Se pregunta, escondiendo el rostro tras los puños con un suspiro. El sonido de la puerta siendo abierta lo saca de sus pensamientos, poniéndose de pie mira a varias personas salir, una tras otra, de la recamara; en sus brazos cargan jarrones, botellas, vendas de lino y sabanas. Su ansioso corazón da un brinco al notar que algunas están teñidas con sangre.

Da dos pasos apresurados hacía la puerta cuando Isis y Siamun están a la vista. Atem se detiene firme sobre sus pies, mirándoles con miles de preguntas en sus ojos carmesí.

"Ella está bien, mi faraón" Le dice el anciano quien le toma de los antebrazos en un gesto paternal con intención de calmarlo "No parece herida de gravedad, la han revisado y está dormida"

Liberando un suspiro de alivio, Atem siente como si un enorme peso hubiera desaparecido con las palabras del anciano.

"Gracias" susurra con gratitud. Siamun sonríe por su gesto, cariñosamente golpea la mejilla del muchacho con la palma de la mano. Después de unos segundos los ojos del faraón brillan decididos, se endereza y camina hacía la habitación; nadie nota la sonrisa en el rostro de Isis quien, dando un paso de lado, se interpone entre la puerta y el muchacho. Atem la observa sorprendido.

"No puede entrar faraón" Le dice la morena, con un rostro serio y su mirada penetrante clavada en él.

"¿Por qué?" Pregunta el joven, sus ojos se deslizan confundidos de la sacerdotisa a Siamun. El anciano niega lentamente con la cabeza en un gesto resignado, percibiendo una creciente irritación en el gobernante.

"La señorita necesita descansar" Le responde la sacerdotisa con una sonrisa comprensiva en su rostro. Atem abre la boca para reclamar, pero el anciano vuelve a golpear paternalmente su hombro.

"Ha sido una noche larga e intensa para todos, mi faraón" dice una vez que Atem lo mira "Lo mejor sería que, tanto usted como su amiga, recuperen fuerzas. Además, creo que usted necesita ir a la sala del trono y aclarar la situación con los miembros del consejo real; sobre todo si sus planes involucran que la muchacha se quede como huésped dentro del palacio"

Atem frunce el ceño analizando las palabras del anciano, tras unos segundos baja el rostro con gesto resignado sabiendo que, incluso su preocupación, queda relevada por su obligación como el faraón de Kemet.

"Aún no sabemos qué fue lo que realmente ocurrió en el templo de Osiris. Y Anzu, quien es la única que posiblemente lo sepa, necesita descansar" Reflexiona Atem, sabiendo que no puede darse el lujo de arriesgar la recuperación de Anzu al mostrar al consejo una mala selección de prioridades.

Isis y Siamun le observan fijamente mientras piensa, no pueden evitar sentir una punzada de orgullo cuando lo ven erguirse decisivo y fuerte como el gobernante que es; Atem les devuelve la mirada, con los ojos escarlata llenos de confianza.

"Siamun: Reúnete con Seto, verifica que los miembros de consejo estén completos en el salón del trono. Mana debió informar a mi padre cuando me fui, encárgate de que él esté presente también en la reunión" El anciano sonríe y hace una reverencia antes de marcharse a cumplir con la orden.

"Isis" Continua el muchacho con una expresión más seria "Considerando la naturaleza de la situación, debemos ser discretos y movernos con cuidado: Necesito que uses el collar del milenio y que tú, junto con Mahado, se encarguen de doblar la seguridad dentro y fuera del palacio hasta que lo que ocurrió esta noche se aclare.

Después de eso, manda a una de tus alumnas en busca de Mana: necesito que ella permanezca con mi huésped durante el tiempo que tarde la reunión"

Se observan fijamente por unos segundos, una ligera sonrisa se dibuja en el rostro de la mujer, Atem le devuelve el gesto con confianza. Con un asentimiento de cabeza, la sacerdotisa hace una reverencia y camina por el pasillo.

"Te veré en el salón del trono" Susurra Atem mirándola alejarse, incapaz de percibir la mirada emocionada que tiene la mujer y el brillo repentino del collar del milenio.

Pasan unos segundos antes de que Atem note que se ha quedado a solas en el lugar; decidido comienza a caminar con dirección al salón del trono, pero una sensación angustiante le llena el estómago. Observa sobre su hombro la entrada a la habitación donde se encuentra Anzu.

"No es una ilusión" piensa firmemente intentando convencerse "No es un sueño: Ella es real"

El deseo de verla se vuelve insoportable, cerrando los ojos recuerda la calidez de su piel, el tacto de su sedoso cabello, su olor. Anzu está ahí, a unos pasos de distancia y por unos segundos el joven gobernante barajea la posibilidad de entrar al cuarto. Como un flechazo doloroso, el recuerdo de la sonrisa maniática de Bakura, pasa por su mente.

"Ella está a salvo" Niega con la cabeza, confiando en las palabras de Siamun e Isis. Bakura ya no está y la aparición de su amiga del futuro debe tener una explicación lógica; es algo que necesitan descubrir, pero para ello debe ser capaz de mantener a la chica segura en el palacio. Anzu necesita descansar, recuperar fuerza y él debe prepararse para liderar la reunión con el consejo.

Atem mira una última vez la puerta de la habitación por sobre su hombro, respirando profundo comienza a caminar por el pasillo.

"Espera un poco más, Anzu" piensa apretando entre su mano derecha la cadena que cuelga al rompecabezas del milenio en su cuello "Yo te voy a cuidar"

(…)

"…Testigos mencionan que la luz cayó directamente sobre el Templo de Osiris; sin embargo, no hemos encontrado ningún tipo de daño en la edificación, ni personas heridas en el pueblo. Los oradores tampoco percibieron nada extraño antes de que ocurriera y solamente supieron que estaba pasando algo cuando vieron llegar al faraón Atem al templo."

Miradas y susurros se intercambian entre los integrantes del consejo. Atem, sentado desde su trono, escucha atentamente con expresión seria.

"Esto es extraño" piensa, mirando como intercambian preguntas y gestos los miembros del consejo "Shada ha mencionado que los oradores estaban dentro del templo, pero yo no vi a nadie en el lugar"

"¿Hubo algún daño, no relacionado, al evento en la ciudad?" Pregunta su padre en un intento de disminuir la inquietud del cuarto "¿Saqueos, heridos?"

"No los hubo, Su Majestad." Responde el hombre encargado de notificar las medidas que se tomaron durante la madrugada "Sin considerar la confusión podemos asegurar que los pobladores de Kemet están a salvo."

Vuelven a escucharse susurros entre las personas presentes. Mahado mira disimuladamente a Atem, quien le devuelve el gesto, en silencio el faraón asiente con la cabeza.

"Puede retirarse" indica el sacerdote con un movimiento de su mano; el capitán militar asiente y dando tres pasos hacia atrás se encamina a la salida.

"A pesar de su intensidad, aquel resplandor resultó inofensivo." Inmerso en sus pensamientos Atem ignora las miradas sobre él "¿Cuál era su función? ¿De dónde vino? ¿Tiene alguna relación con Anzu?"

Las puertas se cierran, sacando a Atem de sus pensamientos. El consejo le observa atentamente y él, puede sentir la tensión en el cuerpo de su padre; se puede asegurar que la mayoría de las personas en la sala del trono están tan confundido como él.

"Sacerdotisa Isis" llama Atem después de unos segundos, sobresaltando a los presentes. La mencionada da un paso arrodillándose frente al trono "¿Tu artículo del milenio te alertó previamente de la situación que estamos viviendo?"

"No, mi faraón" Responde la joven con la mirada fija en el suelo. Murmullos sorprendidos se levantan en la habitación.

"Sacerdote Seto" Continúa, observando a su primo imitar la posición de la morena "Misma pregunta"

"No, mi faraón" Responde el castaño pegando a su pecho el cetro dorado. Esto parece sorprender aún más a los integrantes del consejo; la pregunta se realiza también a Karim y Siamun, dueños de la Balanza y la llave milenaria; La negativa es absoluta. Nuevos susurros llenan la sala.

Atem les observa fijamente en silencio e intercambia una mirada con su padre quien asiente con la cabeza, en un gesto que denota confianza. El joven gobernante toma aire antes de ponerse de pie para hablar.

"Es obvio que, aún no tenemos toda la información que necesitamos sobre lo que ocurrió está noche" Declara con seguridad, los miembros del consejo le observan con atención "Sin embargo, que los artículos del milenio no mostraran alguna alteración por lo ocurrido es prueba clara de que Kemmet no está en peligro"

"Aun así, debemos seguir buscando pruebas" Su profunda y rica voz resuena en el silencio con autoridad. "En caso de que otro suceso inesperado ocurra. ¡Shada!"

"¿Si, mi faraón?" Responde el sacerdote arrodillándose frente a él.

"Moviliza más soldados para incrementar la seguridad dentro de la ciudad; sé discreto por favor, no queremos generar pánico entre la gente."

"Si, mi faraón" Exclama Shada antes de salir rápidamente de la habitación seguido de los líderes militares principales.

"Eso mantendrá a los civiles seguros, pero no descarta algún peligro interno" Piensa Atem con gesto severo. Al levantar su mirada se encuentra con el penetrante escrutinio del portador del ojo milenario.

"¡Ankhnadin!" Continúa Atem confiando en que su tío conoce sus preocupaciones.

"¿Si, mi faraón?" el anciano toma varios pasos hacia adelante sin arrodillarse. El muchacho no toma su gesto en cuenta, ha quedado en el pasado la traición por el hombre mayor.

"Necesito que Isis, Mahado y tú, revisen los otros templos cercanos a la zona donde cayó la luz. Debemos descartar algún otro suceso durante la noche"

Varias voces susurran en el cuarto, Atem puede percibir sus dudas con una decisión que parece innecesaria. Los tres sacerdotes comienzan a moverse cuando una idea se le ocurre al faraón.

"Una cosa más" exclama, los sacerdotes se detienen para escuchar el resto de la orden. Una sonrisa oscura y llena de autoridad se dibuja en la boca Atem, sorprendiendo a algunos de los presentes.

"Interroga nuevamente a los oradores de Osiris; lo dejo en tus manos Ankhnadin" Se escuchan algunos jadeos sorprendidos. Una tensión aterradora inunda el salón del trono, llenando con escalofríos a los miembros del consejo; Atem ve, de reojo, la sonrisa aprobatoria de su padre.

El mensaje ha sido enviado y es claro: Interrógalos, ve dentro de sus mentes y verifica que no mientan. Si mienten, deben ser castigados.

"Si, mi faraón" responde el portador del ojo milenario con compresión y una sonrisa satisfecha. Los tres sacerdotes vuelven y se dirigen a la salida.

Mahado observa al joven faraón de reojo mientras se aleja, la fría expresión de Atem se convierte en una mirada suplicante; el mago asiente. Tantos años de amistad le han dado a Mahado las herramientas para conocer sus preocupaciones perfectamente.

Se marcha sabiendo que, su amigo de la infancia y gobernante, esperará confiado a que, a su regreso, los sacerdotes traerán consigo las respuestas que necesitan.

Al cerrarse la puerta ninguna persona se atreve a hablar. Ignorantes a las dudas y preocupaciones del joven faraón, los presentes se preguntan si los cambios suscitados esa noche son la señal de un cambio en el balance del Maat, y de qué forma puede afectarles las órdenes tomadas por el soberano.

"El resto de nosotros…" Continua Atem tras unos segundos, sobresaltándolos "…Esperaremos"

Expresiones y jadeos de sorpresa inundan la sala, Atem cuadra los hombros y observa a los presentes en un gesto que no da paso a dudas.

"Me niego a tomar acciones sin tener alguna clave de lo que está ocurriendo. ¡No pondré a mi reino en riesgo mientras no vea por completo el tablero de juego!" Se escuchan susurros en la habitación. La mayoría proveniente de las partes más débiles del consejo: nobles, escribas, sacerdotes e hijos de militares que, inclusive en el más allá, no dejan de cuestionar su autoridad.

"Faraón" se atreve a hablar uno, Atem le observa teniendo un mal presentimiento a su voz conciliadora "Quizás si la forzamos a hablar, la mujer del templo…"

Atem lo interrumpe al ponerse de pie y golpear su puño fuertemente contra el trono, el sonido metálico de sus anillos al impacto obliga a los presentes a guardar silencio. El noble se encoge ante la mirada furibunda del joven gobernante.

"¡LA SEGURIDAD DE KEMMET ES NUESTRA PRIORIDAD!" Exclama con una voz, tan llena de enojo, que su sonido retumba en las paredes "No tomare más medidas hasta que la ciudad y los pobladores estén seguros. ¡ESA ES MI ORDEN!"

Sintiendo la tensión opresiva de la habitación, Atem se sienta nuevamente con ambos brazos firmemente colocados a sus lados y una pierna cruzada sobre la otra. Un gesto distintivo que lo hace exudar autoridad, elegancia y confianza; Sin embargo, su rostro lleno de ira, hace que varios presentes sientan la necesidad de salir corriendo.

"Si, Su Alteza" susurra el noble, agachando la cabeza. Tras unos segundos Atem observa de reojo a Siamun haciendo un gesto con la cabeza. El visir asiente ligeramente.

"Retírense" Ordena el anciano como es costumbre. En silencio las personas comienzan a marcharse, algunos susurran entre ellos y observan con interés la mirada lejana y ensombrecida del joven gobernante.

Pronto la sala del trono ha quedado vacía. Atem deja caer la cabeza, masajeando con cansancio el puente de su nariz.

"Buen trabajo, hijo mío" susurra Aknamkanon acercándose al joven gobernante, Atem levanta la cabeza hacía atrás con el rostro desencajado en preocupación.

"Te lo agradezco padre" susurra frunciendo el ceño "Pero tampoco tenemos otra opción en este momento"

En la habitación solo permanecen los dos gobernantes, el sacerdote Siamun y Seto. Atem cierra los ojos respirando de modo irregular.

"Faraón ¿Se encuentra bien?" Pregunta Siamun en voz baja, mirándole con paternal preocupación.

"Hai, Daijoubu Oji chan" susurra con voz temblorosa sin mirar al anciano; al darse cuenta de su error, Atem siente como su pecho se aprieta lleno de una emoción que lo hace querer esconder el rostro.

"¡ESTOY BIEN!" Corrige avergonzado "De verdad, SIAMUN, no ocurre nada"

El anciano lo observa con un perfil confundido ante sus extrañas palabras. Atem desvía la mirada de los demás, mordiendo su labio en una clara muestra de estrés; una voz en el fondo de su cabeza le recuerda que Anzu está a unas habitaciones de distancia y que debería ir a verla antes de que la muchacha despierte, sola y confundida en ese lugar desconocido.

"Faraón Atem" le llama una voz cortante. Atem sale de sus pensamientos con un sobresalto, vuelve el rostro y observa a su primo quien le fulmina con sus fríos irises azules.

"¿Qué ocurre Seto?" Responde, observando al castaño con una ceja levantada, consciente del significado tácito de su mirada penetrante: ¡Seto quiere respuestas, y las quiere inmediatamente!

El sacerdote sisea molesto con la mandíbula tensa.

"Creo que es momento de que nos hable de su huésped y la relación que tiene con lo que está ocurriendo" Exclama fríamente, dando dos pasos amenazadores hacía el tricolor.

"¡SETO!" Reclama Siamun, escandalizado por el poco tacto que el sacerdote muestra ante su rey; sin embargo, ambos jóvenes le ignoran y se observan en una discusión larga y silenciosa.

No es un secreto que el consejo considera interesante la manía de ambos muchachos para retarse en duelos de voluntad; Siempre dispuestos a empujar al otro hasta los límites de su raciocinio.

Siendo ambos jóvenes y talentosos parecen fortalecerse positivamente utilizando su rivalidad nata. Sin embargo, son contadas las ocasiones donde hay verdadera molestia durante estas interacciones y la repentina agresividad de Seto parece demostrar que no coincide completamente con las decisiones tomadas por el joven faraón.

"Es la segunda vez que observo esa expresión en su cara" Piensa Atem "La primera vez fue poco antes de sellar mi alma dentro del rompecabezas del milenio."

Atem suspira, apartando la mirada con resignación y perdiendo en su batalla con el castaño "Tienes razón, Seto. Les contaré todo, sin embargo, hay una persona a quien que debo visitar antes"

El joven faraón levanta la mirada hasta toparse con el rostro serio de su padre, quien le mira consciente de que su hijo necesita hablar a solas con él.

"Siamun" Dice Aknamkanon sin dejar de mirar a su hijo "Infórmanos cuando los sacerdotes regresen de sus misiones, nos veremos en la sala de estrategias cuando eso ocurra"

"Si, su Majestad" carraspea el anciano, haciendo una reverencia y saliendo de la habitación con paso apresurado. No puede evitar observar por sobre su hombro a los tres hombres que quedan en la habitación.

"Seto" Llama Atem, levantándose del trono. El castaño, aun con expresión fastidiada, da un paso en su dirección "Envía a uno de tus sirvientes por Mana, necesito que ella esté presente en la sala de estrategias, cuando todos regresen"

Después de unos segundos de sorprendido silencio, el castaño asiente ante la orden del joven gobernante; con una sonrisa resignada Atem coloca una mano sobre el hombro del castaño.

"Confío en que encontrarás a quien la reemplace y que cuide bien de mi huésped." Susurra el faraón, observándole con expresión profunda y amable. Sin desviar la mirada Seto descifra algunas de las emociones que su primo intenta ocultar: Confusión, angustia y miedo.

"Si, mi faraón" responde devolviéndole con seguridad la mirada, su gesto parece tranquilizar a su primo; tras hacer una reverencia, el castaño se encamina fuera de la habitación.

Los gobernantes, padre e hijo, lo ven marcharse sin intercambiar palabras. Una vez solos, Atem puede sentir como su padre clava una mirada curiosa sobre él; por un instante se vuelve a sentir como un niño pequeño que ha sido descubierto jugando donde no debería.

El sol se ha levantado por el cielo de Kemmet en una brillante mañana, la luz dentro del salón se refleja en las paredes deslumbrando ligeramente los desvelados ojos del muchacho. Un joven adulto que se niega a mirar a su padre.

"Mana no es parte del consejo, dejarla formar parte de una reunión en la sala de estrategias va contra las reglas. Eso lo sabes, hijo mío" reprocha calmadamente Aknamkanon observando el rostro serio de su hijo que finalmente le regresa la mirada; los ojos carmesíes, tan parecidos a los de su esposa, parecen mirar al vació con profunda preocupación.

"Lo sé" susurra el muchacho, apretando en su puño el rompecabezas del milenio que cuelga de su cuello "pero creo que, al igual que nosotros, quizás Mana sea una parte importante de lo que está ocurriendo"

El pecho de Aknamkanon se hunde con pesimismo ¡Ah! Entonces su hijo si está escondiendo cosas y parece tener sospechas sobre la llegada de la muchacha del templo. ¿Qué puede estar ocurriendo dentro de la cabeza del joven faraón para tener semejante preocupación en la mirada?

Aknamkanon jamás había visto tal desolación en el rostro de su hijo. Desde su llegada al Duat, Atem había disfrutado de un tiempo lleno de paz y complacencia; como si, tras milenios de oscuridad y soledad intentara recuperar el tiempo perdido en la tierra que lo había visto nacer.

El reencuentro entre él y su madre había sido tan emotivo que la mayoría de los habitantes del palacio no habían logrado ocultar sus lágrimas. A todos les había provocado una gran impresión la llegada de Atem; el hombre serio pero amable que había ingresado por las puertas del ilalu había llenado de orgullo y admiración a quienes lo esperaban pacientemente.

Tras las reconciliaciones el carácter del joven había salido a la superficie y con el pasar el tiempo se había vuelto recurrente encontrarlo en el jardín, dormitando pacíficamente bajo la sombra de los papiros a salvo y como si nada más importara en el mundo.

Rara vez hablaba de su experiencia en el mundo de los vivos, pero cuando lo hacía mostraba tanta nostalgia que por la noche se habían acostumbrado a encontrarlo sentado a orillas del rio hablándole en voz baja a las estrellas, susurrándoles cosas que solo él podía recordar.

Sintiendo una pizca de tristeza, Aknamkanon toma al muchacho con ambas manos por los hombros, inclinándose para observar directamente su rostro.

"Hijo mío, ¿Qué piensas?" Pregunta con genuino interés el faraón más viejo. Bajo el peso de sus manos su hijo se siente pequeño, sin embargo, cuando Atem levanta el rostro tiene la fría y decidida mirada de un gobernante que ha luchado en la guerra la mayor parte de su vida.

"Una parte de mi sospecha que los artículos del milenio están relacionados con lo que ocurrió está noche." Responde mirándole fijamente. La repentina sorpresa que Aknamkanon siente ante sus palabras cambia rápidamente a analizar de la situación.

"¿Y tu huésped?" vuelve a cuestionar con paciencia "¿Su llegada también está relacionada a los artículos del milenio?"

"Aún no lo sé, pero temo que se relacione al duelo definitivo" agrega Atem, asintiendo a la curiosidad y comprensión en el rostro de su padre. El hombre nota que el cuerpo de su hijo tiembla inconscientemente, con profunda sorpresa Aknamkanon observa cómo el joven, al hundirse en sus pensamientos, parece convertirse en una versión oscura de sí mismo.

"No permitiré que le hagan daño a Anzu" susurra Atem con la mandíbula apretada, mirando a un punto lejano de la habitación con los ojos profundos y llenos de rencor "Destruiré a cualquiera que intente lastimarla".

Abrumado por su esencia oscura, Aknamkanon suelta los hombros del muchacho forzándolo a salir de sus pensamientos con un pestañeo; Atem le observa confundido por unos segundos, un escalofrió recorre al hombre mayor al percatarse que su hijo no fue consciente de sus palabras.

"¿Por qué alguien querría lastimarla?" Pregunta, intentando comprender las emociones en su hijo. La respiración del muchacho se entrecorta y en silencio desvía la mirada intentando encontrar las mejores palabras para explicar la situación.

Aknamkanon le mira en tensión, mientras Atem parece meditar; tras unos segundos el joven faraón levanta su rostro iluminado con una diminuta sonrisa torcida.

"Porque estoy enamorado de ella" Confiesa en voz baja.

(…)

Por el momento la historia queda en CONTINUARA. Espero con ansias saber sus opiniones y teorías.

Del mismo modo que esta historia, intentare actualizar más seguido los fanfics Revolutions shipping que estoy escribiendo; los invito con placer a que le den una leída a los oneshots con los que participé en la semana Revo en tmblr, de ese modo la espera por el siguiente capítulo no será larga.

¡MUCHAS GRACIAS!