Rick Hunter había terminado de correr sus 5km diarios. Religiosamente todas las mañana antes de iniciar su turno en el puente, hacía un circuito de ejercicios en el parque que se encontraba en el corazón del SDF-3. Estaba regresando para darse una ducha cuando a lo lejos vio a una chica de espaldas que estaba caminando de un lado para el otro. Era evidente que estaba desorientada, o quizás perdida. La mujer tenía un cuerpo bastante atractivo, pero lo que más le llamó la atención fue el bello cabello color miel que era idéntico al de Lisa Hayes. Lo tenía atado en una colita de caballo que se balanceaba de un lado para el otro cada vez que la chica cambiaba de dirección. Cuando se acercó aún más reconoció que la chica estaba usando unas botas rojas de caña alta. Ahí fue cuando se dio cuenta que efectivamente esa chica no tenía el cabello del mismo color que Lisa, sino que era efectivamente ella. Rick no podía creer que después de tantos años, Lisa aún mantuviera esas botas, y lo bien que las mismas seguían resaltando sus estilizadas piernas. Hunter tambiense dio cuenta que estaba usando esta mañana el mismo top negro de la noche anterior, cuando la vio a Lisa cenando con Riber a traves del ventanal del restaurante frances frente al bar. El short de lentejuelas era la combinación perfecta que hacia resaltar todo el atuendo en un look juvenil y atractivo. No pudo resistir la tentación de acercarse por detrás y bromear con ella sobre lo desorientada que se encontraba en una nave ajena.
Cuando Lisa se dio la vuelta para verlo, Rick se sorprendió al ver a Hayes con todo el cabello desaliñado y la mirada relajada. Enseguida le hizo acordar a esos pocos meses que vivieron juntos en Ciudad Monumento cuando finalmente formalizaron como pareja. Mientras se reconstruían las partes destruidas de Ciudad Macross luego del ataque de Khyron cuando este destruyo al SDF-1, y también se terminaban de refaccionar los daños del SDF-2 para que quede listo para su viaje a las estrellas, ambos oficiales vivían a pleno su romance. Casi todos los días, después de una noche de amor y lujuria, Lisa al despertar tenía la misma expresión en su cara que la de esta mañana.
Seguramente había pasado una noche ardiente junto a Riber. El mismo desasosiego que tenía Archer la noche anterior, invadió a Hunter a pleno. Rick había intentado mantenerse ecuánime cuando escuchaba los lamentos de Jack, tratando de poner distancia de la situación, pero la realidad de ver la expresión en los ojos de Lisa esa mañana fue como una cachetada a sus reprimidos sentimientos.
Otra de las cosas que percibió Hunter fue el malestar de la Almirante. Después de tratarla a través del TacNet por tantos años, el ex-piloto podía reconocer a una Lisa Hayes de mal humor en un microsegundo. Sabía detectar si podía seguir tirando de la cuerda, poniendo a prueba la tolerancia de Lisa, o si estaba a punto de explotar y debía replegarse. Hoy estaba claro que la Comadreja había llegado a su punto de no retorno. Rick se compadeció de todo el personal del puente del SDF-2 que le tocaría hacer turno esa mañana. Al menos esta vez ella no se había enojado por culpa suya.
Cuando Lisa le confesó que estaba perdida porque no encontraba la salida para regresar a su nave, Rick comenzó a darle instrucciones para ayudarla a orientarse.
–Continuas derecho por esta calle, y a 50 metros doblas a la izquierda. Luego caminas otros 100 metros más y enseguida a mano derecha se encuentra la esclusa que que contiene la manga de conexión entre naves. Si quieres puedo acompañarte –se ofreció Hunter.
Comenzaron a caminar en silencio. Rick se había puesto a pensar de qué forma podía encarar lo que le había prometido a Vanessa: pedirle perdón ni bien volviera a cruzarse con Lisa Hayes por el exabrupto que habían tenido en el baño días atrás. Luego de la desgrabación de la misión 72 no se habían vuelto a ver frente a frente. Pero Hunter estaba dudando si era oportuno sacar el tema justo en este momento dado el malestar de Hayes. No quería que a raiz de sus disculpas recordarle a Lisa lo idiota que se habia comportado, y teminar encendiendo una mecha a punto de explotar por un enojo de alguien más. Finalmente fue Lisa la que inició la conversación.
–¿Cómo me reconociste, Rick? –pregunto ella un poco a la defensiva.
Hunter la miró sorprendido. Para él era tan evidente el porqué se había dado cuenta que era Lisa, que le sorprendió la pregunta. –Podría reconocer esas botas rojas a tres cuadras de distancia –le dijo mientras le guiñaba un ojo.
Lisa lo miró de manera sospechosa. Ya había tenido una escena de celos por parte de Jack por estas mismas botas la noche anterior. Lo último que necesitaba era repetir a la mañana siguiente otra escena de celos similar, pero esta vez protagonizada por Rick. Lisa había dejado de avanzar y estaba mirándolo muy seria con el ceño fruncido y con sus brazos cruzados.
–Estas muy hermosas –agregó Rick con sinceridad–. Riber es un hombre afortunado –afirmó con algo de melancolía en su voz–. Recuerdo bien que tenías puestas esas mismas botas el día de la premier de El Pequeño Dragón Blanco. Seguramente te las pusiste para impresionar a Lynn Kyle, el "clon" de tu querido Riber –dijo con un pizca de sarcasmo.
Hunter recordaba exactamente todo el atuendo que Lisa llevaba puesto ese día. A demas de las llamativas botas rojas, ella tenia un ajustado pantalon negro que estilizaba sus largas piernas y una blusa de seda negra sin mangas ceñida al cuerpo con un sugerente escote. Todo el look era extremadamente femenino. De seguro que si Kyle la hubiera visto esa noche, definitivamente no habría pasado desapercibida para el pseudo pacifista devenido en actor de artes marciales. Esa noche Lisa estaba hermosa, tan hermosa como hoy.
Rick continuó caminando con paso firme, y Lisa intentaba seguirle el ritmo. Por momentos Hayes se mantenía unos pasos más atrás porque su marcha era más lenta a raíz de los pronunciados tacos que tenían las botas de caña alta que traía puestas a diferencia de Hunter que llevaba zapatillas deportivas. Fue entonces que Lisa pudo ver que la musculosa que traía puesta dejaba entrever que Rick se había hecho un tatuaje en la espalda, justo a la altura del hombro derecho. Por lo poco que se mostraba a través del borde de la musculosa, parecía ser el escudo del escuadrón Skull. Rick no tenía ningún tatuaje antes de que Lisa se fuera al espacio. Asique se lo hizo durante estos años. A Hayes le entró la curiosidad si Rick tendría más tatuajes. Quizás se había inscripto en la piel el nombre de sus hijos, tal cual había hecho Jack con el nombre de sus niñas.
«Bueno Lisa», pensó la Almirante, «no es de tu incumbencia si tiene o no más tatuajes. No es como si lo fueras a ver desnudo, así que trata de no ponerte tan curiosa por este tema».
Intentando sacar la idea de un Rick Hunter todo tatuado de su mente, se puso a recordar la noche en que ella y Hunter terminaron atrapados juntos dentro del SDF-1 el día del estreno de la película donde los protagonistas eran Lynn Minmei y su primo Lynn Kyle.
–Estas en lo cierto Hunter. Ese día me vestí para ver si lograba llamar la atención de Kyle y así lograr tener una posible cita con él. Pero como siempre, terminé llegando a las corridas, entrando última al cine cuando ya todos habían ingresado. Y para colmo me retiré de la sala a mitad de la película. En lugar de impresionar a Lynn Kyle terminé encerrada en mi propia nave durante toda una batalla junto a un molesto Teniente Pervertido que me tocó de manera sorpresiva todo el trasero a la salida del cien.
Rick la miró arqueando sus ojos intentando poner todo su esfuerzo para no protestar por la respuesta sarcástica que le retruco Lisa, cuando vio cómo se estaba asomando una sonrisa lenta en la cara de Hayes. Ya se le estaba pasando el mal humor a su querida Comadreja.
–¿Tienes alguna idea que pasó con ese molesto y pervertido Teniente? –continuó Rick bromeando con ella.
Lisa ahora con una gran sonrisa en su cara le respondió: –Lo último que supe de él era que le habían asignado su propia nave con el rango de Vicealmirante. Aparentemente por los rumores que he oído por boca de su propia tripulación aún sigue siendo muy molesto, y ahora incluso se volvió algo gruñón.
–Mmm, molesto puede ser pero gruñón, ¿estás segura? –le cuestionó con picardía.
–Si. Definitivamente –le replicó mientras sus ojos verdes brillaban.
–¿Y según esos rumores, crees que este Vicealmirante será más, o menos gruñón, que la Comadreja a cargo del SDF-2?
–No lo sé…, no creo que a esa Comadreja alguien la pueda superar –dijo mordiéndose los labios intentando no reírse a carcajadas.
Los dos se miraron a los ojos por un momento y no pudieron evitar comenzar a reírse juntos.
–Eres bella cuando estas enojada, pero aún más cuando ríes –dijo Rick compartiendo sin darse cuenta sus pensamientos en voz.
Al escuchar esto, Lisa se ruborizó de inmediato. Hayes no podía creer cómo Hunter después de tantos años aun lograba hacerla sentirse nerviosa cuando la halagaba. Y una de las cosas que más le gustaban de él, era cómo se las ingeniaba en menos de un minuto de llevarla como un péndulo del enojo extremo a la risa cómplice.
–¿Quién fue el ingrato que me describió como un gruñón?
–Se dice el pecado pero no el pecador, Hunter.
–Seguro que fue Máx –continuó Rick bromeando. Él la miró intentando sacarle la verdad a Lisa con la mirada. Como Hayes seguía con cara de poker, Rick continuó – Ya sé, fue la meltran más loca de todo la RDF. Miriya me va a oír por andar difamando a su jefe de semejante manera.
–Ja, ja. Está comprobado: Vicealmirante molesto y también gruñón– dijo Lisa triunfante.
Entre risas, retomaron la marcha ya más distendidos. Mientras caminaban, la mente de Hunter volvió a recordar esa noche en el SDF-1, cuando quedó atrapado junto a Lisa durante la transformación que debía atravesar la nave cada vez que intentaban disparar su cañón principal durante la batalla. Por querer enfrentar el ataque alistándose al puente de mando, los dos oficiales no llegaron al refugio a tiempo, y quedaron presos de una trampa en su propia nave. Lo más irónico de toda la situación era que ambos habían salido del cine al mismo momento, justo cuando proyectaban la escena donde los dos protagonistas de la película, Kyle y Minmei, se besaban.
Tanto Rick como Lisa habían enfocando en otra dirección sus mutuos intereses amorosos intentando opacar lo que había ocurrido entre ambos durante su cautiverio en la nave zentraedi. Con la intención de mantener su pequeño secreto a salvo, Rick intentaba negar lo que sentía por Lisa obsesionádose cada vez más con una inalcanzable Minmei. Prefería distraerse aspirando a un imposible con su muñeca de porcelana, a tener que reconocer que en realidad lo que deseaba era tener una relación junto a Delta Uno, el fruto prohibido de todos los pilotos a bordo del SDF-1. Y para males, Rick había probado ese fruto y sabía delicioso.
Mientras Rick se distraía con Minmei, Lisa también intentaba reprimir los sentimientos que aflorában en ella por Hunter. No se le ocurrió mejor forma de negar lo que sentía por Rick intentando engañar a su mente y a su corazón concentrándose en su eterna obsesión por Karl Riber, pero sustituyendo a su fallecido pretendiente por el pacifista Lynn Kyle como reemplazo.
Tanto el Teniente como la Comandante, obstinadamente miraban hacia afuera buscando encontrar en Kyle y en Minmei una persona a quien amar. No se animaban a admitir que en realidad lo que ambos querían era vivir con libertad ese amor prohibido que latía en el corazón de ambos. Eran como dos avestruces, ocultando su cabeza en la tierra para no ver lo que era evidente.
Cuan arrepentido estaba el ahora Vicealmirante Hunter por haber desaprovechado esa oportunidad de intimidad junto a Lisa para finalmente sincerar sus sentimientos. Aún hoy se reprochaba su cobardía. Durante todo el rato que estuvieron atrapados dentro del SDF-1, Rick no se animó a abrir su corazón, a pesar de que fantaseaba a diario en sus sueños con su Comandante. Es que Lisa se había quebrado en llanto recordando a Riber, y fue por eso que Rick decidió seguir manteniendo oculto sus deseos. Debía seguir alejando lo más posible la mínima chance de que ocurra algún acercamiento sentimental entre ambos. Sobre todo porque no quería arruinar su creciente relación de amistad enturbiándola con una confusa relación amorosa. Cuando luego de unos días Hunter finalmente tomó coraje para invitarla a salir y sincerar sus sentimientos, fue demasiado tarde. De forma demasiado vertiginosa se sucedieron los eventos que terminaron en la catastrófica Lluvia de la Muerte. Luego de ver cómo la Tierra casi desaparece junto a la raza humana, los ánimos de ambos estaban demasiado aturdidos y solamente se focalizaron en la reconstrucción del planeta.
–¿Te imaginas qué hubiera pasado si ese día llegaba más temprano al cine y lograba llamar la atención de Lynn Kyle consiguiendo la ansiada cita que yo pretendía tener con él? –preguntó Lisa sacándolos a ambos de sus pensamientos.
–Esa cita hubiera sido un fracaso –respondió Rick sin dudarlo.
–Si –dijo Lisa no tan convencida–, quizás tengas razón. Me temo que eso es exactamente lo que hubiera sucedido.
–Una excelsa oficial militar junto a un ferviente pacifista: una combinación completamente incompatible –dijo Rick frunciendo la mirada–. Además de que Kyle es un canalla, es soberbio, es arrogante, es egoísta y es insufriblemente insoportable.
Lisa se quedó pensativa con lo que acababa de aseverar Rick. A Hayes le había llamado la atención Kyle no solamente por el parecido físico del actor con Karl Riber, su antiguo amor, sino también porque ambos hombres compartían la misma filosofía y el mismo discurso pacifista. ¿Estaría esta renovada relación que acababa de reiniciar junto a Karl predestinada al fracaso por ser ella una prestigiosa militar y él un intransigente pacifista?
Enseguida llegaron a la manga que unía ambas naves.
–Gracias por acompañarme hasta aquí, Rick.
–No fue nada. Al menos logré que la Comadreja se riera un poco esta mañana.
–Si –sonrió–, voy a avisar a la tripulación del puente del SDF-2 que mande sus agradecimientos por lograr que su jefa no esté tan gruñona como de costumbre.
Se quedaron mirándose a los ojos por unos momentos. Cuando Lisa estaba a punto de entrar a la manga, Rick la tomó del brazo para que no se alejara. Ese pequeño toque logró erizar toda la piel de Lisa dejándola completamente desconcertada.
–Lisa, espera…
–¿Si?
–Quería disculparme por lo que sucedió el otro día en el baño. Me enojé sin dejar que me dieras ninguna explicación. Incluso aun si no hubiera ninguna razón para contarle a Gloval nuestro secreto –suspiró avergonzado–, tampoco justifica como te traté. Lo siento.
–Ya lo olvide –dijo Lisa tratando de quitarle importancia para hacerlo sentir mejor–. De todas maneras ahora no es el momento para continuar esa conversación. Quizás otro día, cuando estemos tranquilos, pueda explicártelo todo.
Rick la miró agradecido. Seguía siendo la misma Lisa que un día, casi sin darse cuenta, le robó el corazón. Cuando Lisa se estaba por alejar, Rick vuelve a tomarla del brazo. Con este nuevo toque, el corazón de Hayes comenzó a palpitar de forma desbocada y su respiración se volvió más entrecortada. Ella se dio la vuelta para verlo nuevamente con la curiosidad reflejada en sus verdes ojos.
–Anoche me llamó el Dr. Lang –dijo Rick mientras se rascaba la parte posterior de la nuca para atemperar sus nervios–. Me dijo que autorizaste mayores recursos para los proyectos biológicos, y le definiste como prioridad número uno el desarrollo del tratamiento que yo le pedí a Emile el primer día que llegamos. Gracias.
–No fue nada. Helena también es mi amiga. Espero que el tratamiento que está desarrollando Emile sea efectivo para ayudarla a mejorar.
Rick se acercó y la abrazó. Con este gesto inesperado, una corriente eléctrica sacudió todo el cuerpo de Lisa, y un calor la atravesó por completo mientras profundizaban aún más el abrazo. Luego Hunter le susurró al oído –Gracias…, Comadreja… –logrando derretir todas las barreras que la joven Almirante se había autoimpuesto.
Lisa quería decirle a Rick que estaba orgullosa de él. Que consideraba muy meritorio como él decidió superar todo el sufrimiento que le había ocasionado Minmei al animarse a encontrar la felicidad compartiendo su vida con una buena compañera como lo era su vieja amiga Helena Chase. Que ella nunca se dio por vencida de que algún día Rick lograría convertirse en el hombre que siempre supo que habitaba dentro de él. Pero le nublaron las palabras al momento de tener el cuerpo de Hunter contra el suyo, tan aprisionados en uno contra el otro a tal punto que ella podía sentir los latidos del corazón de Hunter palpitar a la misma velocidad que su propio corazón. En ese momento Lisa solo pudo concentrarse en el aroma a pasto recién cortado tan característico del piloto que la tenía entre sus brazos.
Rick se paró firme alejándose un poco de Lisa, y mientras le hacía la venia militar a modo de saludo, se despidió con una sonrisa: –Nos veremos en el TacNet, Almirante.
Lisa respondió con otra venia y comenzó a caminar por la manga para adentrarse en el SDF-2. Mientras caminaba apurada para llegar a tiempo a su turno en el puente, comenzó a rememorar en su mente todo lo que había conversado con Helena la tarde anterior cuando se juntaron a tomar un café al salir de la peluquería. La creciente frustración que crecía en Lisa por todas las cosas que se enteró por boca de Helena del sufrimiento que Rick había tenido que superar por haberse involucrarse con la cantante esa fatídica noche de Navidad, era una patada al estómago.
Pero lo que más le inquietaba a Lisa Hayes era como su cuerpo había reaccionado esa mañana a un simple toque de Rick Hunter a pesar de haber vivido un encuentro apasionado junto a Karl Riber la noche anterior…
