Disclaimer: Hazbin Hotel no me pertenece es propiedad intelectual de Vivziepop.

Advertencia: Ninguna considerando el contenido de la serie.

¡Hola a todos! Éste es mi primer fanfic en este fandom. Debo admitir que me siento un poco nerviosa.

Unas aclaraciones antes de empezar:

Rosella es propiedad de May Rodríguez. Ella me hizo un gran favor prestándome a su chica para este fanfic, por lo cual siempre estaré agradecida.

Habrá parejas muy extrañas por aquí. Soy multishipper y me gusta lo extraño, así que tendrá mucho de eso en la historia.

He hecho algunos fanarts de esta historia ¡y May también! Los estaré poniendo por aquí y a través de mi cuenta de Facebook con el mismo seudónimo, Abel Ciffer.

Nota importante: He editado el contenido del fanfic. No he cambiado nada importante sólo le he echado un vistazo porque he dejado la historia abandonada necesitaba refrescarme de algunas cosas en la trama.


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Capítulo Uno

Nadie tiene la culpa

"Se puede ignorar la realidad, pero no se pueden ignorar las consecuencias de ignorar la realidad".

—Ayn Rand.

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Cuando abre los ojos las sombras se han esfumado. Le toma un par de segundos diferenciar la penumbra de su habitación de la de su sueño, pero cuando lo hace se sienta en la cama bostezando lánguidamente para azuzarse. Escucha el ding-dong del reloj en la mesita al lado de su cama, aunque extrañamente le parece un sonido lejano.

Algo va a ocurrir.

No sabe qué exactamente, pero siempre que sueña es porque algo inusual sucederá. Aunque apenas cuenta con seis años —siete, considerando que día es—, su habilidad ya había sido comprobada en múltiples ocasiones en el pasado; como cuando Hellsa, su tía paterna, había tratado de atacar a su madre por sorpresa o cuando Lucifer Morningstar, el Rey del Infierno, los visitó inesperadamente hace un año.

Tocan a su puerta una vez. Tabris da su permiso para que su sirvienta pueda pasar.

—Buenos días, señorito —enuncia Purga con moderación. Ella es un demonio canario de largas patas de pájaro cubiertas con algunos lazos de color negro y blanco; sus brazos son alas de plumas amarillas con las puntas anaranjadas y sus manos tienen largos y delgados dedos afilados. El traje de sirvienta que viste tiene un corte decente y moderado, dejando espacio bajo su falta para las largas y hermosas plumas de su cola. Su cara es de pájaro, con pico y todo, donde sus ojos negros son grandes con gruesas pestañas rojas adornándolos. Ella es una de las tres sirvientas al servicio de su familia, un regalo de parte de su abuelo cuando el niño cumplió tres años—. Hoy es un día esplendoroso. Vístase con la ropa que su señora madre eligió para usted mientras le preparo el baño, por favor.

Purga es recatada, austera y solemne. Había muerto en la época victoriana después de ingerir arsénico para no tener que enfrentar las consecuencias por haber asesinado a más de tres familias a las que atendió como sirvienta durante siete años. Purga les había robado todo lo que pudiera luego de matarlos, viajando de sitio en sitio, sobreviviendo como podía, y cuando la atraparon prefirió quitarse la vida que sufrir algún tipo de castigo.

"Realmente se lo merecían", suele decir cada vez que el tema sale a relucir, sonriendo con oscura satisfacción.

—¿Dónde está Plaga y Penuria?

—Penuria está ayudando a su madre a arreglarse y Plaga limpiando los botes de la basura de esta semana —respondió ayudando al niño a salir de la cama, tras haber preparado la tina de baño—. Vaya a lavarse y luego bajaremos a desayunar. Su madre me ha pedido que le diga que hoy a pasteles de limón para usted.

Una tenue felicidad ilumina los ojos del niño, pues esos pasteles son sus favoritos. No siempre puede comerlos, ya que los limones son escasos incluso si su familia puede costearlos, así que siempre agradece tener algunos en los días especiales.

—¿Crees que hoy padre me preste su sombrero, Purga? —pregunta recordando que el príncipe Seviathan, su padre, suele darle esta clase de regalos para demostrar su afecto y preferencia hacia su único hijo.

—Por supuesto, mi señorito, no hay ninguna razón por la que su Señor Padre se negaría a hacerlo.

El niño asiente con comprensión. Su cara es inexpresiva naturalmente. Nunca ha sido un niño que sonría, frunza el ceño o patalea, y salvo algunas sonrisas esporádicas y algunas muecas de ligera sorpresa, su rostro es inmutable.

El cuarto de baño es amplio con azulejos verde oscuro cubriendo la superficie. El váter, la tina de baño y el lavamanos son las únicas piezas de color perla. La tina está colocada frente a un ventanal donde la vista del cielo rojizo del Infierno es magnífica.

—¿Madre te ha dicho a donde iremos hoy, Purga? —pregunta una vez dentro de la bañera mientras su sirvienta le lava el cabello, la única parte de sí mismo que le cuesta limpiar por su cuenta (los cuernos es lo difícil en realidad, son demasiado sensibles).

—Me parece que Lady Von Eldritch quiere mantenerlo en secreto —a pesar de sus falanges como cuchillas, las manos de Purga peinando y desenredan el cabello platinado del niño con delicadeza.

—Es la primera vez que madre me lleva con ella al exterior.

—Ella tendrá sus motivos, mi señorito, y no me corresponde a mí cuestionarla —responde Purga enjuagándolo con abundante agua—. Su Señor Padre estuvo de acuerdo con ella, así que no hay nada más que hacer.

Cuando el baño acaba, Purga lo envuelve en una suave toalla para luego depositarlo en un banquillo que está frente a un alto espejo. El niño ve su reflejo; su piel ceniza de una tonalidad levemente grisácea, cabello corto platinado con dos franjas rojas en las puntas y ojos de irises blancos con la esclerótica carmesí, su cara es de mejillas redondas y labios delgados que ocultan una hilera de colmillos blancos.

Él, Tabris von Eldritch, es el único hijo del príncipe Seviathan.

—Es momento de la loción para sus cuernos, señorito.

Tabris aprieta la toalla. Sus cuernos son muy sensibles por lo que cualquier presión en ellos es dolorosa. La loción los mantiene humectados y reduce la comezón y el dolor, aun así es muy incómodo para él cuando la aplican.

Purga vuelve a cargarlo de vuelta a su alcoba, donde la ropa está lista para que Tabris se la ponga en lo que Purga limpia el baño. Ninguno se demora. Su rutina está bien calculada por lo que siempre acaban rápidamente y pronto están yendo hacia el comedor.

—He soñado otra vez —anuncia Tabris con Purga caminando a su lado. Sabiendo de la habilidad de su pequeño señor, Purga muestra el más sincero interés hacia él.

—¿Qué soñó esta vez, señorito?

—Sombras —responde—. Se movían alrededor de mí sin tocarme, algunas me parecieron familiares, otras no y eran las más aterradoras. Recuerdo que cuando Madre peleó con la tía Hellsa soñé con un monstruo de tentáculos intentando destruir a una polilla. ¿Qué crees tú que signifiquen estas sombras ahora?

—No lo sé —admite Purga porque en esos asuntos nunca ha sido particularmente instruida. Los soñadores como Tabris son extraños incluso entre los demonios nacidos en el infierno y sus variados dones—. Aunque no debe preocuparse. El príncipe Seviathan no permitirá que nadie lo lastime a usted ni a Lady Von Eldritch. Así que no se sienta ansioso este día. Después de todo es la primera vez que saldrá de paseo.

—Tienes razón, Purga. Gracias por escucharme.

—Vivo para servir, señorito.

El comedor es considerablemente pequeño en comparación con las otras habitaciones. Hay una mesa rectangular cubierta con un mantel verde bordada con hilo dorado. Sentada en una de las puntas hay una mujer de piel gris y cabello corto blanco con las puntas de un azul grisáceo, con un largo flequillo cubriendo la parte izquierda donde le falta un ojo. Lleva puesto un vestido negro de mangas largas, pegado y corto, que deja expuestas sus piernas tapadas con media oscuras.

Ella es Vagatha von Eldritch, la madre de Tabris.

—Madre —dice Tabris yendo hacia ella. Ella levanta la vista para recibirlo con una sonrisa y acariciarle la cabeza con gentileza—. Buenos días, madre.

—Buenos días a ti también, hijo mío —acomoda el flequillo de Tabris con suavidad para ver directo a sus ojos—. Espero que mi hijo se haya portado bien cuando le pusiste la loción, Purga.

—El señorito fue cordial como siempre, mi señora.

—Bien —sonrió levemente—. Plaga está ahora en la cocina, ¿podrías checarla? No quiero que vuelva a guardar nada que haya rescatado de la basura.

—Me encargaré enseguida.

Tabris se sienta al lado de su madre y ella le pregunta cómo se siente hoy. Su madre es cordial y amable al hablarle, oyéndolo atentamente y dándole toquecitos afectuosos en las mejillas, explicándole que Seviathan dejó su sombrero para él lo usara este día. Tabris está emocionado por eso. Le gusta mucho el sombrero de su padre.

Purga no tarda en regresar llevando un carrito lleno de comida. Detrás de ella viene Plaga, una criatura monstruosa que parece una cucaracha sólo que mucho más desagradable. Tiene seis patas torcidas que ocultan la vista de un vientre abultado y palpitante, una cabeza deforme con dos ojos negros y un hocico similar al de las arañas.

—¡Buenos días, Tabris! —Plaga corre hacia él y es realmente algo aterrador. Tabris, en cambio, no huye, sino que espera el momento en que Plaga se detiene justo ante él—. ¡Hoy es un día especial, especial! ¡Encontré cosas interesantes que puedes llevar contigo! ¡Y los paquetes, no te olvides de llevarlos contigo en todo momento!

—Los llevaré conmigo, no te preocupes por eso —dice el niño recordando los dos pequeños paquetes adentro de su bolsillo. Plaga se los había dado antes de dormir pidiéndole que a partir de ese momento los llevará consigo—. Cuando me contaste que las personas me comerían a besos en cuanto me vieran supe que debía estar preparado para ello.

Tabris tiene el hábito de tomarse las palabras al pie de la letra, por lo que es fácil para él confundirse acerca de ciertas cosas. Así que cuando Plaga le dijo te comerán a besos en cuanto te vean, el niño lo tomó a manera literal. Es un rasgo de ingenuidad en él que ningún niño en el infierno posee, pero es uno que quienes le conocen encuentran adorable.

—Si alguien quiere comerte, le das uno de estos paquetes, ¿de acuerdo? —le dice Purga tomando las mejillas del niño entre sus enormes antenas,

—Así lo haré.

Purga no puede evitar rolar los ojos mientras sirve el té a Vaggie. Su señora no parece sorprendida por el intercambio entre su hijo y sirvienta.

—A veces me preguntó por qué la mantiene a su servicio, mi señora, Plaga no es más que una molestia.

—Ella es leal a nuestra familia y no pagaré su lealtad echándola de aquí, Purga —explica Vagatha con calma.

Es esta actitud lo que hace de Vaggie alguien distinta a las demás demonios del infierno. Las damas de alta sociedad son crueles, frívolas y arrogantes en su mayoría —y deben ser si no quieren ser la comidilla de las demás. Por otro lado a Vagatha le interesa bien poco lo que deba demostrar. Trata a sus sirvientas con respeto (a las únicas tres que tiene) y eso le ha valido de la lealtad total de todas ellas.

—Ya es hora —informa Lady Von Eldritch cuando acaba el desayuno—. Tabris, hay que irnos.

—Sí, madre —se limpia los restos de pastel de limón de los labios, y agradece a Purga por la comida.

Si hay algo que Purga adore de Tabris son sus buenos modales. El niño es cortés y educado siempre. Por eso Purga a veces se atreve a romper el protocolo con él esta vez dándole una palmadita pequeña en el hombro.

—Tenga un buen viaje, señorito, y nunca se quite el sombrero de su padre.

—Jamás —promete.

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El armonioso sonido del piano de Chopin no reduce su nerviosismo. Mira por quinceava vez el reloj para verificar que no esté averiado; uno de sus huéspedes tiene por costumbre romper cada reloj que ve porque le recuerda la estresante rutina que tenía que seguir cuando estaba vivo.

Aún no es la hora.

Así que tiene tiempo para dar otra checada al hotel para asegurarse que todo está bajo control en este día. Sale de la oficina a rondar los pasillos y vigilar a los huéspedes. La Purga Anual había sido el día anterior, por lo que nadie saldría todavía en el hotel. Era una regla que Charlie tuvo que implementar luego de algunos sucesos desafortunados, cuando los enemigos de la princesa buscaron aplastar su sueño atacando a sus primeros y escasos clientes, especialmente después de las purgas. Actualmente eso ya no ocurría, pero ser precavida no está de más.

El Hotel Hazbin —Alastor se había salido con la suya con el nombre— ha estado abierto por más de quince años. El proyecto ha logrado prevalecer ante distintas adversidades, a pesar de todavía no tener un caso exitoso de recuperación. Es como estar en un callejón sin salida. En este punto Charlie realmente no sabe qué más puede hacer y ya no está tan segura que un comportamiento bueno y limpio sea suficiente para alcanzar la absolución divina.

Charlie se detiene al toparse con un espejo en la pared del vestíbulo. Ha cambiado, lo sabe, atrás quedó la jovialidad e ingenuidad de los primeros días como dueña del hotel. Ahora es más reservada, ciertamente no menos positiva y alegre, pero sí más cautelosa.

«¿Seguiré gustándole con esta apariencia?», se acomoda un mechón detrás de la oreja, sintiendo esas cosquillas en su estómago al recordar las ocasiones en que ella dijo lo mucho que le gustaba verla jugar con su cabello rubio. Tan pronto como lo piensa, se siente miserable. «Deja de ser egoísta. Lo que le hiciste es imperdonable, tendrías mucha suerte de que no te odie ahora».

El vestíbulo estaba deshabitado evidentemente, lo que resulta provechoso para ella. Se acerca a la antigua barra de Husk y pasa una mano sobre la superficie recordando tiempos mejores. El gato demonio había sido parte fundamental de su personal sirviendo tragos a los agotados pecadores que le contaban sus historias como si Husk hubiera tenido alguna vez deseo de escucharlas. Actualmente Husk tenía un bar propio localizado en el distrito menos problemático del Anillo del Orgullo, que había logrado abrir con el apoyo de Charlie y le iba relativamente bien.

Charlie suspira profundamente.

"Tal vez es tiempo de que yo también siga adelante", pienso mirando el pequeño calendario pegado en la parte trasera. "Han pasado casi ocho años desde ese día… para bien o para mal, lo nuestro terminó".

Charlie nunca podrá olvidar lo que pasó en la Purga Anual de hace ocho años. La imagen se le aparece en sueños de vez en cuando. Charlie conoce los horrores que se practican diariamente en el Infierno, pero lo que pasó ese día siempre le pone la piel de gallina al recordarlo

"Y aun así lo perdoné y dejé que siguiera trabajando conmigo", había estado tan desesperada de perder al único demonio con suficiente poder para defender el hotel, que no tuvo más remedio que ceder y dejar a su padre arreglar el pequeño problema de su hija.

Hay una fotografía colocada cerca de los licores más extraños que Husk había dejado como un regalo. En la imagen está el equipo principal, aquellos con los que inició esta aventura; Angel recargado en los hombros de un gruñón Husk, mientras Niffty pululaba alrededor de Alastor, y Charlie tenía a Vaggie sostenida por la cintura. Todos se veían felices. Añora esos días con fervor, pero sabe que no debe esperar a que vuelvan.

Vaggie le ha enviado un mensaje, informándole que tiene la intención de aclarar su situación, la razón por la que repentinamente tuvo que irse del hotel para después declarar que se había casado con Seviathan, Charlie había sentido miedo cuando leyó el mensaje en su celular. Había anhelado por tantos años que algo así sucediera sin pensar que Vaggie no vendría para satisfacer sus deseos.

Había sorprendido mucho a Charlie, si era sincera, después de todo el acuerdo que su padre arregló con los Von Eldritch especificó que Vaggie no volvería a tener contacto con ella. Su padre no es de los que tolera que un trato se incumpla, así que Charlie tuvo qué pensar qué razón había sido suficiente válida para que Lucifer considerara una excepción.

Como sea, Vagatha volvería al hotel una vez más, por lo que Charlie tuvo que tomar precauciones. Llamó a Husk y a Angel para contarles. Husk se había negado a asistir, ocupado con sus propios problemas. En cambio Angel había aullado de indignación por recibir finalmente alguna pista sobre lo que había sucedido a Vaggie; eran amigos, aunque hubieran pasado la mitad de su tiempo discutiendo y gritándose. Angel había estado furioso cuando Charlie le contó que Vaggie se había ido a recuperarse a otro lado, clamando que quería escucharlo personalmente de la demonio polilla.

Charlie siente un nudo en el pecho.

Cuando Angel supiera lo que pasó Charlie sabe que la odiará. Una parte de ella desea que Vaggie se retracté, que no vuelva jamás. Se siente enferma por considerarlo, pero es que no quiere pasar de nuevo por algo tan difícil. Sin embargo, parece que ha llegado el momento en que afronte las consecuencias de sus decisiones finalmente.

—Hola, mejillas suaves, ¿por qué estás flagelándote desde temprano?

—¡Angel! —casi le da un paro cardiaco. Está arrepintiéndose de no haberle quitado el juego de llaves del hotel al demonio araña. Mira a su alto amigo que va vestido con su usual conjunto semi-formal—. ¿D-Desde cuándo estás aquí?

—No llegaría tarde a esto, nena —confiesa Angel tomando asiento en una de las sillas de la barra—. Quiero ser el primero en decirle a Vaggie que es jodidamente grosero irse sin despedirse del mejor amigo que pudo hacer en este sitio de mierda. ¡Además de haber tenido el descaro de casarse cuando el ex de su ex novia, cuando se supone que es lesbiana!

—B-Bueno, ella vendrá a… a aclarar eso. Precisamente. No… no es un asunto simple, Angel.

—No es simple porque ustedes lo han complicado —espeta Angel cruzando dos pares de sus brazos. Su mirada brilla con reproche, después de todo Charlie tampoco le dio explicaciones claras a Angel en su momento—. Fue difícil para mi dulce Rosella que no iba a volver a ver a su tía favorita nunca. Estuvo inconsolable por meses, Charlie, y ahora resulta que Vaggie quiere volver para dar explicaciones, como si nada hubiera ocurrido, como si estuviera bien jugar con los sentimientos de mi hija.

—Lo lamento, Angel, por ti y tu hija —Charlie recuerda bien la carita llorosa de Rosella cuando le dijeron que Vaggie había tenido que irse porque iba a casarse y no volvería a trabajar en el hotel—. ¿Ella vino contigo hoy? ¿A dónde está? Creí que Husk ya no quería que la trajeras.

—Bueno, no hay muchas cosas que Husk pueda negarle a Rosie, y a pesar de todo ella sigue queriendo mucho a Vaggie. Ella está en el tocador arreglándose. Quiere que Vaggie se sorprenda cuando la vea. A todo esto, no me dijiste mucho acerca de esta reunión.

—Me colgaste antes de que pudiera darte los detalles.

—Excusas, mejillas de manzana —replica Angel. Charlie suspira.

—Vaggie quiere aclarar lo que pasó hace ocho años, Angel. ¿Te acuerdas de ese día?

—¿Cómo olvidarlo? Tuvimos que pelear contra un demente precisamente cuando comenzó la Purga Anual, incluso Sonrisas se vio en apuros. ¡Vags se llevó la peor parte! Atacada por esos exterminadores…

El nudo en su pecho su mueve a la garganta de Charlie. Ésa era la excusa que ella inventó para explicar el estado maltratado de Vaggie cuando la sacaron de esas ruinas. En verdad Angel iba a odiarla cuando supiera la verdad.

—Hablaremos cuando Vaggie esté presente. No la juzgues, por favor, ella no tuvo muchas opciones a elegir.

"Porque yo no dejé que eligiera por sí mismo. Porque tuve miedo de perder el sueño por el que tanto había luchado".

—Lo sabrás todo, Angel. El por qué se fue, por qué se casó con Seviathan y también…

—Cómo es que terminó teniendo un hijo —completa—. No es raro considerando que recientemente algunos pecadores somos capaces de procrear, ¿pero Vags? Es inaudito, pero está bien. No la presionaré demasiado.

—Vaggie tiene suerte de tenerte como amigo.

Las mejillas blancas de Angel se ruborizan, aun le cuesta aceptar esa clase de cumplidos sencillos; aceptar que pese a su personalidad de mierda y vida caótica aún hay quien cree que tiene buen corazón.

—Como sea, espero que Vaggie llegue pronto. Este lugar se puso sin sus gritos. ¿Estás contenta de verla otra vez?

—Sí —responde Charlie, omitiendo la parte en ella que se siente aterrada por la idea de volver a verla.

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Las calles de Ciudad Pentagrama bullen con vida y movimiento después de la Purga Anual. Tabris se siente fascinado con todo lo que ve mientras él y su madre son conducidos en la limosina por Penuria. Tabris sólo había visto imágenes de la ciudad a través de los periódicos y encuentra que la realidad es más colorida que las fotos en el papel; Tabris quería ver todo, pero cuando había preguntado a su madre si podía asomarse por la ventana le dijo que no, así que sólo pudo conformarse con su vista protegida por el cristal.

Desde que tuvo memoria, Tabris siempre había vivido en la Jaula —así le llamaba Purga a la finca Von Eldritch—, así que nunca sintió curiosidad por el exterior. Oh, sí, algunas veces se emocionaba, pero no tenía necesidad alguna de salir cuando estaba tan satisfecho viviendo con su familia. Pasar tiempo junto a sus padres hablando de sus lecciones con Purga o jugar con Plaga y Penuria era suficiente para él.

Tabris ama mucho a sus padres. A Seviathan que le lee cuentos a la hora de dormir o le platica de sus deberes como príncipe del infierno, que le presta su sombrero a Tabris en sus cumpleaños o cuando se ha portado extremadamente bien. A Vaggie que le enseña a bailar y a hablar español, su lengua materna, además le cuenta las aventuras que experimentó cuando trabajaba en el hotel de Charlotte Morningstar (aunque en ocasiones como ésas, su madre hablaba con voz distinta, como si algo faltara en ella. Tabris no podía describir qué exactamente).

—Te quedarás sin nariz como sigas pegándote así al cristal y terminarás pareciéndote a Plaga—dice Penuria desde el asiento del conductor.

Penuria es un demonio medusa, y por tanto, tiene la apariencia de una. Largos tentáculos punzantes caen desde su cabeza, brillando de color azul y morado. Un flequillo le cubre el rostro donde sólo se aprecian sus labios gomosos. Es muy pequeña, sólo unos diez centímetros más alta que Tabris, pero es ágil y hábil con las armas. Ella es la guardiana principal de la familia aunque Tabris no entienda de quién se supone los está protegiendo.

Penuria ha sido la guardaespaldas de muchos demonios. El hecho de que ahora esté al servicio de los Von Eldritch tiene que ver más con un mal negocio.

—¿A dónde iremos, madre? —pregunta Tabris. Su madre se ve distraída mirando por la venta, pero sabe que lo ha escuchado.

—A visitar a unos viejos amigos. ¿Recuerdas lo que te conté del Hotel Hazbin?

Tabris asiente.

—Pues iremos allí. Hay un asunto que tengo que resolver. Tu padre se ha interesado en el proyecto de Charlie y quiere invertir en él.

—¿Padre quiere? Creí que le disgustaba ese hotel.

—Las personas pueden cambiar de opinión, Tabris. Así que decidí apoyarlo y retomar mis viejas relaciones con el hotel. Además ya tienes edad para que conozcas a más gente. Te conté sobre Angel y Husk, ¿verdad? Ellos tienen una hija que es mayor que tú por varios años. Su nombre es Rosella.

—Angel y Husk son pecadores como tú, ¿verdad, Madre?

—Así es, yo no nací en el infierno. Llegué aquí cuando morí en mundo humano.

—Si es así significa que tanto Rosella como yo somos hijos de pecadores.

—Sí, por eso deben llevarse bien, ¿entendido?

—¿Cómo es ella?

—Es similar a Angel en cuanto su apariencia. La última vez que la vi tenía el cabello corto… no sé cómo se vea ahora realmente. Es enérgica, eso sí, pero también amable.

—Me alegro, madre —dice Tabris—. Sé que es ser duro para ti haber estado lejos de tus amigos durante tanto tiempo. Me alegro que puedas volver a hablar con ellos otra vez.

Vaggie lo mira con sorpresa durante unos segundos, sin saber qué decir. Cuando logra componerse acaricia la mejilla de su hijo con cariño.

—En verdad eres el niño más bueno de todos.

Penuria detiene la limosina y sale de su asiento para abrir la puerta a sus protegidos. Tabris sale apresuradamente, excitado por ver finalmente el afamado Hotel Hazbin. Es una vista increíble, sus ojos se maravillan ante la inmensa estructura que se alza imponentemente.

Tabris no nota que su madre ha bajado también y le sonríe al ver su emoción.

—¡Es asombroso! —exclama Tabris en español. Cuando se emociona demasiado habla en los varios idiomas que domina—. ¡Nunca pensé que fuera tan grande!

—Adentro es aún más espectacular —dice Vaggie dándole su mano para que él la tome. El niño escucha a Penuria informarle a Vaggie que irá a estacionar el auto; no quiere que Penuria esté lejos de él, Tabris desea entrar al hotel con ella también. .

—Ahorita no, pequeño príncipe —responde Penuria—. Es un momento familiar y no me gusta hacer mal tercio.

—Pero tú eres mi familia, Penuria.

—Ah, Plaga tuvo razón al decir que te comerían a besos, bebé —dice Penuria con una sonrisa complacida torciendo sus labios gruesos.

—Yo ya no soy un bebé, Penuria —dijo Tabris señalándose a sí mismo—. Hoy cumplo siete años.

—En serio eres adorable. Pero no puedo descuidar mi trabajo. Habrá más momentos que podremos compartir, pero no hoy. Diviértete y nunca te quites el sombrero de Lord Von Eldritch.

—No lo haré, ya se lo prometí a Plaga —responde tocando su sombrero para confirmar.

Tabris sigue a su madre hasta una puerta con cristales rojos, amarillos y anaranjados, cortados para tener un lindo diseño. Su madre no toca la puerta simplemente gira el pomo y entra. Su madre tiene toda la razón, el interior es más genial que el exterior. Hay fotografías y retratos en las paredes con mucha gente desconocida haciendo distintas cosas, también está el retrato familiar de los Morningstar (los Von Eldritch también tienen uno en casa) y en muchas fotos está su madre.

Vaggie no se detiene a contemplar nada como a él le hubiera gustado, pero supone que su madre se siente ansiosa por hablar con sus amigos otra vez.

—¿Vaggie? —el murmullo de una voz femenina los detiene. Ambos miran hacia atrás para encontrarse con una chica que se dirige hacia ellos—. ¡No puedo creerlo! ¡En verdad eres tú! Cuando papá dijo que vendrías no le creí, pero aquí estás.

Es una chica alta de figura estilizada y cubierta de pelaje corto y blanco. Tiene el cabello largo y pálido con las puntas manchadas de rosa en un peinado alto. Su bonito rostro tiene unas marquitas de corazón en las mejillas y en la zona de las cejas. Sus ojos son rosados con la esclerótica negra, acunados por largas pestañas rositas. Está vestida como si fuera una bailarina, dejando ver sus largas piernas.

Tabris jamás había visto a alguien tan hermosa en su vida.

—¿Rosella? —cuestiona Vaggie con los ojos bien abiertos. Avanza hacia la recién llegada sonriendo amenamente—. ¡Cuánto has crecido! La última vez que te vi le llegabas a la cintura a Husk y ahora eres más alta que él.

—Para él siempre seré su niñita pequeña.

—Te has vuelto una chica muy hermosa. ¡Te ves muy bien!

—Muchas gracias, Vaggie —se ruboriza levemente. Mira hacia abajo, a Tabris, cuando se da cuenta que está ahí—. Papá me dijo que traerías a tu hijo. Así que éste debe ser el pequeño príncipe de los Von Eldritch, Tabris.

Tabris no dice una palabra, está paralizado al punto en que deja de parpadear. Vaggie le pone una mano sobre los hombros para instarlo a presentarse.

—Cariño, ella es Rosella, la hija de Angel y Husk.

—¡Se parece mucho a ti, Vaggie! Aunque no he conocido a su padre por lo que no puedo decir mucho al respecto —ella le ofrece su mano a Tabris. Él nota sus dedos largos y afilados—. ¡Es un gusto conocerte, Tabris! Soy Rosella Dust. Espero que seamos buenos amigos.

—Tabris, es de mala educación dejar a las personas con las manos extendidas —insta Vaggie.

El niño reacciona con torpeza. Ajusta su sombrero y extiende su mano para estrechar la de Rosella. Se maravilla con lo suaves que son.

—Soy el príncipe Tabris de la familia Von Eldric —se presenta tal cual se le ha enseñado—. Yo también quiero que seamos amigos.

—Aww, es adorable, Vaggie —chilla Rosella atreviéndose a pellizcar una de sus mejillas—. ¡Dan ganas de comérmelo a besos!

Tabris siente pavor. Rosella no entiende por qué el niño repentinamente saca un paquete pequeño de su bolsillo con intención de entregárselo.

—Por favor, no me comas.

Rosella queda totalmente desconcertada. Vaggie se ríe.

—Sólo acéptalo, Rosella, luego te explico por qué lo hizo.

Rosella asiente abriendo el paquete para encontrarse galletas de fresa. Cuando Rosella se come una, Tabris respira con alivio.

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El reencuentro con Vaggie no es como Charlie imaginó. No hay abrazos llenos de anhelo o lágrimas, mucho menos intentos por recuperar lo que se ha perdido hace tanto tiempo. Cuando Rosella llega acompañada de Vaggie y su hijo, Charlie siente más que nunca la carga de sus decisiones y por fin es capaz de aceptar que no actuó correctamente hace ocho años.

Pero antes de que pueda decir algo, Angel se para frente a Vaggie. Fiel a su palabra, no le reprocha nada, sólo se cruza de brazos a esperar una explicación.

—¿Él es tu amigo Angel, madre? —cuestiona Tabris mirando hacia al alto demonio. En verdad Rosella se parece mucho a él.

La presencia de Tabris alivia un poco el ambiente pesado. Su interrupción hace que Angel se enfoque en el niño, y una duda crece en la mente del demonio cuando se da cuenta de que los rasgos del niño guardan cierto parecido con alguien que conoce muy bien.

—Rosella —dice Vaggie de pronto—. ¿Le darías un tour a Tabris por el hotel? No quiero que se aburra escuchando charlas de adulto. Te prometo que haré tiempo para hablar contigo después, si te parece bien.

—Más te vale, Vaggie —asiente Rosella tomando la mano de Tabris, le dedica un guiño a su papá y se va. Logró comprender que los adultos quieren hablar a solas—. Bien, Tabris, te enseñaré todo este lugar, ¡hay cosas muy interesantes que ver! Quizás hasta podamos jugar algo. ¿Cuál es tu juego preferido?

—Me gustar jugar al escondite.

Finalmente a solas, Vaggie se gira hacia Angel y Charlie. Su cambio es más notable ahora, pues la Vaggie de antes jamás había tenido esa presencia fuerte e intimidatoria. Esta Vaggie ya no era la gruñona que perdía el temperamento a la primera provocación.

—Bien, bien, bien —masculla Angel—. Escuchen, sé que algo muy jodido ocurrió y que soy el último en enterarme. Eso apesta, así que vayamos al grano —mira hacia Vaggie—. ¿Por qué te fuiste? Creí que estarías con nosotros para siempre, pero luego de la depuración de hace ocho años lo único que supe de ti es que te casaste con el ex de Charlie y tuviste un hijo con él. No lo entiendo, Vags, creí que ustedes dos se querían.

—Sigues siendo el mismo idiota sin tacto, Angel —pronuncia Vaggie malhumorada aunque no hay verdadera malicia en su voz. Mira a Charlie quien luce miserable… pero Vaggie no dará marcha atrás. Ha venido para seguir adelante, para no permitir que ese horrible suceso la detenga más—. Es mejor que te sientes. Lo que voy a contarte no… no es algo… agradable de escuchar y de contar.

Angel pocas veces hizo caso a una de sus solicitudes en el pasado, pero ahora detecta enseguida el tono roto de su voz. Lo que sea que sucedió es una mierda seria.

—Hace ocho años en el día de la Purga Anual, después de enfrentar a ese overlord que trató de cerrar el hotel asesinando a los huéspedes —relata—, cuando logramos explotar su guarida y nos desperdigamos por distintos caminos. Entonces las trompetas del inicio de la purga sonaron.

—Lo recuerdo —asiente Angel—. Husk y yo tuvimos que quedarnos bajo los escombros hasta que los exterminadores se fueron. Charlie se quedó con Niffty para protegerla, y tú…

—Y yo me quedé con Alastor. Ambos fuimos heridos por el enemigo, por lo que tuvimos que ocultarnos en una parte del bosque de la zona. En una especie de castillo ruinoso. Creí que estaríamos a salvo, que era cuestión de esperar, pero ninguno de los dos sabía que el último ataque Alastor recibió era una trampa.

—¿Qué quieres decir? No creo que Sonrisas haya permitido que una herida común lo incomodara.

—No fue una herida, Angel —enfatiza Vaggie. Charlie baja la mirada—. Nuestro enemigo sabía que no sería capaz de vencer a Alastor, así que planeó una manera de asegurarse que… Alastor le diera razones a alguien más poderoso para atacarlo y deshacerse de él.

—¡Es una locura! Quienes pueden vencerlo son… —echa una mirada a Charlie—, pero ella no lo habría hecho. Charlie no lastimaría a nadie.

Vaggie habría querido sonreír burlonamente a eso. La fe de Angel en Charlie le causa malestar, porque es consciente que ella misma había sentido algo similar antes. Vaggie continúa.

—El plan era que él y Charlie se enfrentaran tras incitar a Alastor a dañar algo que ella atesorara. Supongo que pensaban en el hotel, es decir, que la droga actuaría en Alastor hasta estar aquí, pero sus cálculos fallaron al parecer. Usaron una droga que disminuye la racionalidad, intensificando los deseos primitivos y primarios, tan fuerte que ni siquiera pecadores experimentados en el consumo de droga pueden resistir. La droga te convierte en una bestia.

—Bueno, Alastor es una máquina de matar, bebé.

—Pero no una que haga las cosas sin pensar o fuera de su voluntad… además este maldito overlord combinó la droga con afrodisiacos para exacerbarlo, para obligarlo a borrar cualquier límite que pudiera existir —la voz de Vaggie se quiebra. Angel queda impactado cuando la escena se recrea en su cabeza con una facilidad inesperada, es inverosímil para él que alguien como Alastor pudiera hacer daño a alguien de esa manera. Por supuesto, Alastor es un verdadero demonio, pero tiene un código y toda la cosa—. Lo que Alastor me hizo, Angel, sigo sintiéndolo en mi cuerpo aquí parada en este mismo instante… sin importar cuántos años han pasado.

—Vagatha… —musita Angel sintiendo que su interior se revuelve con múltiples emociones; ira, desesperación, culpa, dolor… y cuando mira a Charlie sus ojos se enrojecen, entonces la ira prevalece ante todo lo demás—. ¿Cómo… cómo pudiste aceptar a Alastor de nuevo, después de lo que hizo? ¿No eras la pareja de Vaggie, entonces? ¿Por qué ese cabrón se quedó y ella tuvo que irse?

—¡No supe qué hacer! —confiesa la princesa tomándose el cabello con desesperación. La agonía en su voz es sincera, lo que a Angel le complace; durante ocho años Charlie había vivido fingiendo que nada había sucedido, el hecho de que finalmente esté sufriendo es lo menos que merece—. ¡Estaban pasando tantas cosas a la vez que me sentí sobrepasada! ¡Nunca pensé que drogarían a Alastor ni que Vaggie estaría cerca de él cuando…!

—¡Eso es una reverenda mierda y lo sabes! —reclama Angel con indignación—. ¡Ese imbécil violó a tu novia y tú consideraste adecuado perdonarlo y actuar como si nada hubiera sucedido!

—¡No es así! —Charlie estalla en lágrimas en los bordes de sus ojos—. ¡Amaba a Vaggie, Angel, nunca dudes de eso! Pero yo… yo no podía…

—Si te atreves a decir que vale más un hotel que la seguridad y bienestar de la persona que amas, mi imagen de ti se irá al carajo.

—Charlie no podía perder el hotel, Angel —interrumpe Vaggie para el asombro de ambos—. En ese momento había personas que confiaban en que era un lugar seguro para ellos, un lugar donde podían encontrar paz… además, fue lo mejor que se pudo hacer en esas circunstancias.

—Vaggie —jadea Charlie, conmocionada—, no digas eso. ¡Te quité la oportunidad de decidir lo que querías hacer! ¡Dejé que mi padre arreglara algo que yo debía solucionar y por eso tú…!

—Basta de secretos —interviene Angel que nunca pensó que es reunión tendría tantas revelaciones horribles—, ¿qué tiene que ver el padre de Charlie aquí? ¿Qué te obligó a hacer, Vags?

—Los pecadores que pueden tener hijos son pocos y los niños que tienen no poseen grandes habilidades —contesta Vaggie para confusión de Angel—. Yo… no sabía que era uno de ellos, un pecador fértil aun con todo lo que Alastor me hizo fui capaz de quedar embarazada. Lilith aceleró mi curación con su poder, así que descubrió mi estado de inmediato. Ella lo calificó de algo milagroso.

—Por eso no volviste al hotel enseguida —medita Angel.

—Lilith me dijo que esto no era un embarazo normal, incluso hizo que su esposo me viera para comprobar que… —traga con dificultad— soy capaz de dar a luz a demonios tan fuertes como los que nacen de demonios puros.

La noticia deja lívido a Angel.

—Cuando supe que estaba embarazada, sentí tanto asco. Quería morirme por segunda vez en ese instante —dice Vaggie—. No quería que nada de él se gestara en mi cuerpo…

—¿Y no fue así? Digo, Tabris es hijo de Seviathan. De esto se trató el intercambio, ¿no? si eres capaz de dar a luz a abominaciones poderosas, supongo que los Von Eldritch habrían tenido un uso para ti.

—Deja que termine de explicarme, tonto —ah, eso era mejor, piensa Angel. La tristeza no es natural en alguien tan dura como Vaggie—. Lilith me explicó que los embarazos en el infierno son complicados. Por su naturaleza los bebés demonios se aferran al vientre de su madre para asegurar su crecimiento, pero no es una cosa bonita. Literalmente se aseguran que su madre sea lo suficientemente fuerte para resistir que le succionen su fortaleza durante los meses que dure el embarazo. Un bebé puede decidir matar a su madre si cree que no es lo suficientemente fuerte para alimentar su hambre.

—Bueno, también soy madre, Vags. Sé de qué va el asunto.

—Los embarazos de los pecadores fértiles duran seis meses, Angel. El mío duró un año.

—Está bien, tú ganas —dice Angel—. ¿Y qué tiene que ver eso con todo lo demás? Espera, no me digas, si tu embarazo era tan especial muy seguramente… pondría en peligro tu vida.

Vaggie asiente.

—Pero yo no quería que murieras —añade Charlie acercándose a Vaggie para tomarla del rostro. Pretende no sentirse devastada cuando Vaggie aparta sus manos—. Supliqué a mis padres que me ayudarán a encontrar una manera de mantenerte con vida… Les dije que me haría pasar por la madre del bebé, que podríamos hacerles creer a todos que yo había conseguido embarazarte. Pero soy una Morningstar. Mi sangre es territorial y aunque hubiera querido, habría terminado matando a Vaggie y al niño porque no eran míos.

—¿Me estás diciendo que la obligaste a continuar un embarazo que no quería? —gruñe Angel con furia.

—¿Qué habrías hecho tú, Angel? ¿Tengo que recordarte las condiciones en las que nació Rosella?

—Al menos yo deseaba tenerla. Husk no me obligó.

Ambos se miran intensamente.

—Bien, te dejaré por ahora, Charlie, porque me interesa saber qué más cosas tendré que reprocharte después.

—A pesar de ser un demonio nacido en el infierno, Seviathan es estéril —explica Vaggie para asombro de Angel—. Luego de lo que Hellsa trató de hacer al enfrentar a Charlie y a Octavia, sólo lo tuvieron a él para continuar con el legado familiar. Frederick Von Eldritch aceptó la propuesta de Lucifer de casarme con Seviathan aun estando embarazada.

—Entonces tu hijo… tu hijo es de…

—Es el hijo de Alastor —confirma—. Los Von Eldritch aceptaron criarlo con la condición de que no se supiera sobre la esterilidad de Seviathan. Es un asunto político, Angel, los demonios en el infierno siempre desean más poder. Además, si se descubre que soy capaz de engendrar demonios poderosos por mi cuenta… demonios que pueden vencer a los demonios puros, bueno, las guerras territoriales se volverían un problema mínimo en comparación.

Angel no sabía qué decir. Ahora comprende por qué todo fue tan repentino, porque tuvo que ser de esa manera (aunque una parte de él exige una retribución, algo más justo para Vaggie, incluso para Tabris, el niño que no sabe lo que su padre le hizo a su madre).

—¿Y qué pasa con Tabris? —pregunta Dust—. ¿Él lo sabe?

—Aún no. No sé si debo decírselo, Angel. Para él Seviathan es su padre y lo adora, y Seviathan aprendió a quererlo como si fuera suyo.

—Por eso quiere invertir en el hotel, ¿cierto? —el tono de Charlie es cansado—. Ser padre lo hizo cambiar.

—Así es.

—Bien, entiendo eso, pero sólo queda una pregunta, ¿Alastor sabe sobre él?

—No y nunca lo sabrá —responde Vaggie con determinación—. Ese monstruo no se acercará a mi hijo. Lo mataré si es necesario.

—Vaggie, eso no…

—Me sorprendes, Vags, primero dijiste que no querías al niño y ahora no dudas en defenderlo —señala Angel.

—Han pasado ocho años, y si bien nunca lo quise, sé lo que es vivir con padres que no desearon hijos, pero los tuvieron. Me costó mucho, Angel. No fue cosa de un día para otro y aun hoy es difícil. Si se me diera la oportunidad de elegir, si se pudiera retroceder en el tiempo, Tabris ni siquiera existiría. Es por eso…

Vaggie dirige su atención hacia Charlie.

—Te quise, quiero que sepas que te quise de verdad, incluso con lo que pasó mientras permanecí aislada durante un año, te seguí queriendo —declara—. Pero eso quedó atrás, Charlie. Lo que hiciste fue horrible y aunque te perdono las cosas entre nosotras no volverán a ser las mismas.

Vaggie había regresado no sólo para lidiar con su trauma sino para dejar en claro que no podrían regresar. Paradójicamente a como se está sintiendo ahora —destruida, desmoralizada, abandonada—, Charlie también siente que finalmente puede avanzar. Que ha cerrado finalmente un capítulo en su vida que desea nunca hubiera sucedido.

Charlie sonríe lo más sinceramente que puede aunque por dentro su corazón este destrozado.

—Está bien, Vaggie, acepto esto —quería abrazarla, pero Vaggie no se lo permitiría—, y perdón.

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¡Notas importantes que debes leer si a lo que escribe la autora quieres entender!

No habrá reconciliación entre Charlie y Vaggie. Ahora ambas tienes prioridades bien establecidas. Charlie con su hotel. Vaggie con su no-deseada, pero amada familia. Posiblemente Charlie todavía sienta algo, pero Vaggie no.

Los embarazos de los demonios es un asunto serio. Considerando que el infierno es un lugar de castigo y sufrimiento, los embarazos se convertirían en otra forma de tortura. El que el bebé sea consciente desde el vientre no lo hace algo bonito, porque prácticamente roba la autonomía de la madre para decidir si quiere tenerlo o no, y amenaza su vida. Es por eso que en esta historia los demás se la piensan bien antes de tener hijos.

Vaggie hubiera abortado si le hubieran dado la opción. Lo creo firmemente, pero ante la amenaza de morir debido al mismo bebé que crecía dentro de ella —Tabris en su estado feto asesino pudo haber querido matar a la madre que pretende deshacerse de él—, Charlie prácticamente la obligó a gestarlo durante un año entero. Por eso Vaggie dice que le costó mucho recuperarse (ocho malditos años no es cualquier cosa) y que aun siente algo de rencor y remordimiento.

Si tienen dudas o comentarios, pónganlos que yo no me emputo si esto les gusta o no.