Red Velvet

Capítulo 83: Secreto

Se estiró, sintiendo sus huesos tronar.

Estaba cansada.

Buscó en su mesita de noche el vaso que dejó la noche anterior que constaba de agua con miel para su garganta, la cual la sentía algo dolorida luego de sus prácticas y de su objetivo final.

Si, le molestaba, pero no se arrepentía.

Se metió a la ducha, sabiendo que iba a salir, como todos los sábados, por supuesto que saldría.

Era su rutina, y no la cambiaría.

Se alistó temprano, se vistió, y caminó hasta el comedor.

Miró su reloj, dándose cuenta de lo temprano que era, su padre aún no estaba en la mesa, tampoco su hermano, y la servidumbre recién estaba preparando todo.

¿Se estaba volviendo madrugadora?

Probablemente, o aún tenía la adrenalina del día anterior sumado a la ansiedad que le causaba ir a ver a Ruby, una ansiedad buena sin duda.

Fue un gran día, casi parecía un sueño cuando se fue a dormir.

Antes de poder sentarse en la mesa, Klein se le acercó, sus ojos emocionados.

"Mi copo de nieve, le llegó algo hoy en la mañana, sin remitente."

¿Algo? ¿En la mañana? Ya era de mañana, ¿Qué tan temprano le trajeron algo? Y un día sábado, sobre todo. Tenía demasiadas preguntas, y el que fuese anónimo aún más. Rara vez solían llegar cosas a la casa, la seguridad bastante seria en ese aspecto, revisando los remitentes y los contenidos, su padre siendo bastante paranoico en su peor época.

Siguió a Klein, este avanzando hasta la entrada de la casa, y cuando lo vio, este sostenía un ramo de flores en sus manos, rosas rojas.

"Le llegó esto hace una hora, y me aguanté las ganas de llevárselo."

Oh.

Creyó que sería un paquete o algo así, pero ¿Flores?

Las sujetó, sintiendo la esencia tan familiar, esa esencia que conocía muy bien. Giró el ramo, encontrando una tarjeta entre las rosas, y lo tomó.

Si, no tenía remitente, nada, pero aun así abrió la tarjeta.

"Luego de escuchar un canto así, desee tener un ramo de flores para entregarle, para felicitarla por su talento, espero que sea bienvenido a pesar del retraso. Atentamente, Rosa Roja."

No se lo esperó.

Sintió el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, así como en sus oídos, sus mejillas tomando color. No necesitaba que fuese luego de ese momento, cuando se bajó del escenario, ahora era suficiente, de hecho, en cualquier momento hubiese sido suficiente, pero le gustó el tenerlas ahí, el poder conservarlas.

Esa Ruby…

Siempre la sorprendía.

Sus palabras significaban tanto, y sabía que era ella, no podía ser alguien más, pero adoraba ese misterio, el misterio que quiso tener al mandarla sin remitente solo con un sobrenombre.

Rosa roja.

Si, era Ruby, por supuesto que lo era.

Se tomó un segundo para llevarse las rosas al rostro, y así poder olerlas, disfrutar de su aroma, del aroma de Ruby, y se sintió en calma, más en calma de lo que ya estaba.

"¿Quiere que se las deje en el cuarto?"

Klein la miró, y se sintió doblemente roja al haber olvidado que él estaba ahí aun, a su lado, notando su postura enamoradiza, su postura, su rostro, su expresión, el color en su rostro. Se estaba relajando demasiado.

"P-por favor."

Tartamudeó, que vergüenza.

Escuchó a Klein soltar una risa mientras tomaba el ramo y se lo llevaba, y pasaron solo segundos para ver a su hermano aparecer por la esquina, caminando hacia al frente pero su rostro volteado, mirando donde fue Klein. Ay no, lo había logrado ver.

Sus mejillas no habían alcanzado a tomar el color normal.

Cuando Whitley la miró, lucía curioso.

"¿Alguien te trajo flores?"

Tragó pesado, sintiéndose hervir.

De acuerdo, no era la gran cosa, le habían traído flores cuando era más joven, cuando estaba en época para casarse y bla bla, pero ahora eran rosas que Ruby le había dado, con su esencia, con su simbolismo, y podía ser una roca que Ruby le daba y lo iba a apreciar.

"Tengo un admirador secreto, al parecer."

No muy secreto, pero lo sería para su familia por el momento.

Whitley la miró, sorprendido, pero asintió. Pasó un momento para que este cambiase su expresión, a una pensativa, preocupada incluso.

Este abrió la boca, pero no parecía seguro de decir lo que iba a decir.

"¿Qué pasa?"

Le preguntó, haciéndolo saltar, obligándolo a hablar.

"Si decides casarte de nuevo, no traigas a un idiota a la casa."

Oh.

Estaba recibiendo demasiadas sorpresas para ser tan temprano en la mañana.

Se acercó a Whitley, notando la preocupación palpable en su rostro.

Si, ya había asumido que este no se llevaba bien con su ex, pero ahora tenía otra prueba de su teoría. Y debía ser peor para este, sabiendo que su prometido estuvo más tiempo en casa que ella misma, ocupada en el puesto que obtuvo en la compañía, y este aprovechaba de pasar tiempo con su padre para lamerle las botas.

Debió sentirse solitario para él.

"No me casaré de nuevo, aun así, ¿Crees que alguien pueda superar en idiotez al último que tuve?"

Su hermano la miró, incrédulo, pero al final terminó soltando una risa.

"Honestamente, no creo que exista alguien más imbécil que ese."

Miró a Whitley.

Y Whitley la miró a ella.

Se miraron unos momentos, hasta que el rostro de su hermano se volvió rojo puro, las manos de este yéndose a su boca, sus ojos inspeccionando alrededor, asegurándose que nadie hubiese escuchado lo que acababa de decir.

Quiso verse impactada, pero no contuvo la risa.

Dios, ambos eran iguales.

Su hermano la miró, apenado, pero poco a poco se calmó.

"Lo siento, eso fue inapropiado."

Si, lo era, pero no podía evitar reírse.

"Pero es cierto. Descuida, luego de todo lo que me hizo, que no le digas imbécil sería lo verdaderamente inapropiado."

"Weiss Schnee."

Ambos dieron un salto, la voz de su padre resonando en la sala, y se giraron para mirarlo, sus rostros debían ser los de un niño siendo atrapado haciendo alguna jugarreta, y en este caso, unos niños bien criados que empezaron a insultar y a malcriarse.

Y no sabía si podía culpar a Ruby de eso.

Upsis.

Se vio tragado pesado, notando a su padre ahí, de pie, inerte, observándolos a ambos con una postura rígida.

Iban a ser regañados, lo veía venir.

Este se cruzó de brazos, su postura aun tensa, así como sus ojos, fijos en ambos. Claramente los había escuchado.

"Que ambos sean adultos, y que ese sujeto se merezca lo peor, no significa que pueden decir palabras así de grotescas bajo mi techo, muestren algo de autocontrol."

Miró a Whitley, y Whitley la miró a ella, resignados, pero se vio sonriendo, sin poder dejar pasar el que su padre dijese eso sobre su ex. Al parecer, se había ganado el odio de toda la familia Schnee. Su padre aún estaba planteándose denunciarlo, y por suerte las aguas estaban calmas, o ya lo tendría viviendo en la nieve.

Y si, se merecía lo peor, pero no sabía si una venganza semejante la dejaría tranquila, o terminaría haciéndola sentir culpa de su deplorable estado.

"Lo siento, padre."

Ambos dijeron al unísono, mientras su padre asentía.

"Ahora vamos a comer, apresúrense."

Y eso hicieron.

Le gustaba esa nueva familia, mucho.

Se quedó inerte, ahí, en el ascensor, esperando.

Se sentía nerviosa.

Aun recordaba los últimos minutos que pasó en su cuarto, la esencia de Ruby en todos lados, en todas las esquinas, pintando todo, las rosas fijas en un florero en uno de sus veladores, dándole color a su habitación siempre blanca o azul.

Era inusual el tener algo así de fuerte en su habitación, probablemente lo único similar era el vestido rojo en el armario, pero era gracioso, ya que todo le recordaba a Ruby, o tenía algo que ver con esta, y le agradaba la idea de que cualquier cosa que estuviese ahí, de ese color, sería por Ruby, y así sentiría que la tenía ahí, con ella, y el aroma, era suficiente para darle esa sensación de calidez que sentía cada vez que su aroma le llegaba a la nariz.

Se detuvo frente a la puerta, sabiendo que esta se abriría en cualquier momento, y así fue.

Y sabía que pasaría, pero siempre la tomaba desprevenida.

Ruby estaba frente a ella, con su rostro divertido, feliz, tan diferente a la noche anterior, su cabello desarreglado, sus aretes presentes, visibles, su camiseta ancha y sus pantalones de deporte. Le gustaba verla así, ahí, y ver a una Ruby totalmente diferente fuera de ese refugio.

Tenía a ambas para sí misma.

"Hola."

"Hola."

Notó de inmediato como Ruby estaba intentando con todas sus fuerzas no decir nada sobre las rosas, así que no dijo nada tampoco. Debió evitar poner su nombre si es que alguien lo veía y descubría quien era, para mantener el secretismo, pero le agradaba la idea de que fuese como un admirador secreto, no tan secreto, pero secreto al fin.

Sintió las manos de inmediato en su cuerpo, sujetando su chaqueta, sacándosela, y disfrutó de los mimos usuales, mientras se quedaban encerradas en esa casa que era ya su segundo hogar, porque si estaba Ruby, ya de inmediato se convertía en su hogar.

"Quería felicitarte por lo de ayer, debió ser difícil para ti lo de volver a pisar un escenario luego de tantos años, ¿No? Pero lo hiciste de maravilla, en serio, ya quiero verlos de nuevo haciendo algo así."

Y ahí estaba, la Ruby que se imaginó la noche anterior, emocionada, apenas manteniendo sus pies en el suelo.

Le agradaba verla así.

Y le agradaba verse a sí misma ahora, todo gracias a ella.

"Me has ayudado a cambiar, Ruby, me he sentido mejor conmigo misma, haciendo cosas que jamás hice, y a la vez haciendo cosas que solía hacer. Y no podría dejar de agradecerte."

Cuando tuvo la valentía de mirar a los plateados, esta le sonreía, suavemente, sus ojos brillando, y no pasó mucho para sentir las manos ajenas en su mejilla, sujetándola suavemente, acariciándola con cuidado, y se vio cerrando los ojos, disfrutando del agarre.

"Eres capaz de todo, Weiss, lo sé, y te lo dije, te apoyaré en todo, siempre te daré los empujones que necesites para hacer lo que quieras, la vida es una sola, tienes que disfrutarla."

Se vio soltando una risa, volviendo a fijar la mirada en la ajena.

"Realmente te amo."

Ruby la miró, sacada de lugar por un momento, sus mejillas enrojeciendo. Finalmente, esta se acercó, lo suficiente para dejar un beso en sus labios, suave.

"Y yo te amo a ti."

Las manos de Ruby bajaron por su cuello descubierto, y las sintió detenerse sobre sus hombros, y notó como el rostro frente a ella cambió de ser suave y dulce a tener el ceño fruncido.

Y luego, las manos presionaron sus hombros.

Se vio soltando un quejido, le dolió.

"Rayos, Weiss, no te veía así hace mucho tiempo, estás durísima."

No sabía porque, pero que esta lo dijese así la hizo sonrojar.

Cuando salió de su estupor para mirar las manos en sus hombros, se dio cuenta que sí, estaba tensa, no por cosas malas, por ahora no, de acuerdo, si, cosas malas entre comillas, las situaciones que sucedieron la dejaron tensa, agotada a pesar del infinito alivio que sintió. Y ahora, con las preparaciones, con los ensayos que tuvo, volvió a tensarse.

Realmente no se sentía así hace tiempo, más de dos meses al menos.

"Todo ha terminado bien, pero sí que han sido unas semanas estresantes."

Las manos de Ruby llegaron a sus brazos descubiertos por el vestido, subiendo y bajando, acariciándola.

"Me imagino, la semana pasada fue un caos."

Ruby habló, soltando una risa nerviosa.

También lo fue para Ruby.

…Quien no le había querido decir nada.

Lo entendía, que no le dijese, porque fue todo el tema de la escena, luego la entrevista, y luego sus problemas con lo de su relación, y empezó a bombardearla sin dejarla que pudiese liberarse también de la carga que tenía encima, como siempre, cargando el peso por sí misma.

Iba a preguntarle.

Era la única forma, el acorralarla y sacarle la información, pero no pudo.

Sus palabras murieron antes de poder formarlas en la garganta.

"Ven, tengo algo que podría ayudarte."

Y se quedó con la pregunta en la lengua, mientras Ruby la tomaba de la mano y la llevaba a la habitación.

Al parecer sería luego.

Ya había estado en la habitación renovada de Ruby, pero aún no se acostumbraba, así que verla así le tomó por sorpresa. Ruby avanzó hasta las cortinas burdeos y las cerró, y caminó hasta su closet, buscando algo en una de sus cajas.

Que por suerte ya eran menos las que estaban apiladas bajo sus chaquetas y trajes, lo que era bueno, probablemente muchas de esas cosas estaban en el escritorio o en la repisa.

Ruby encontró lo que buscaba, pero no le mostró, dejándolas a un lado antes de acercarse.

Le tomó por sorpresa que lo dejase escondido, pero no le preguntó porque, ya que esta ya se estaba acercando, su sonrisa divertida.

Sintió la mano ajena en su mandíbula, sujetándola, y se vio entrando en calor de inmediato.

Esa mirada, ya sabía lo que significaba.

"¿Tienes frio, Weiss?"

Negó, como siempre, ese lugar era cálido.

Y quizás debió decir que tenía frio, porque la sonrisa maliciosa de Ruby creció.

"Me alegro, porque voy a tener que desnudarte."

Oh.

¿Qué?

"¿P-por qué?"

Entró en pánico, las mejillas ardiendo, y, por si fuera poco, Ruby le dejó un beso justo en la zona, haciéndola ruborizar aún más.

"Es obvio, antes, tenía que conformarme con hacerte masajes sobre la ropa, o a penas correr tu camisa para lograrlo, pero ahora puedo sacarte la ropa sin problema y tener la libertad de hacer lo que quiera."

Cierto.

Dios, esos masajes.

Se puso nerviosa de inmediato, recordando esas imágenes en su memoria. Con esos toques, con esos movimientos, con esas manos moviéndose por su piel, se comenzó a dar cuenta de sus sentimientos, y no solo eso, si no de lo excitada que se ponía ante el tacto ajeno, el tacto de una mujer.

Excitada, realmente evitó siquiera pensar en esa palabra en aquel momento.

Y ahí estaba, más de un año después, pasando la mayor parte del tiempo que estaba con Ruby en ese estado, excitada.

Había cambiado mucho desde ese entonces.

Ruby la había cambiado mucho.

Salió de su cabeza al notar como Ruby se movía, como se ponía en su espalda, y los dedos se iban de inmediato hacia la cremallera de su vestido, como tantas otras veces. Sentía el corazón acelerado, su cuerpo tomando color, y le impresionaba, solo era un masaje, ¿No? Había tenido las manos de Ruby en su cuerpo muchas veces, pero la idea de sentirlas por cada parte de su ser, moviéndose, ayudándola, venerándola, la hacía sentir excitada de una manera diferente.

Su vestido cayó al suelo, y se sintió avergonzada, sin saber si debía tapar su cuerpo o no, pero lo hizo igual, por inercia, cuando su sujetador fue lo siguiente en caer.

Estaba completamente roja, estaba sudando, lo sabía.

Ruby volvió a estar frente a ella, y no pudo mirarla a los ojos.

Las manos ajenas sujetaron sus brazos, con suavidad, pero en un agarre firme, alejando sus brazos de su cuerpo.

"Eres preciosa, Weiss."

Dios.

Cuando iba a decir algo, Ruby se arrodilló frente a ella, los dedos llegando a su ropa interior, sujetándola de los bordes, con la intención de sacarla.

Y se vio mirándola.

Porque los plateados no dejaban de mirarla.

Estaba hirviendo, y no iba a dejar de hervir, mucho menos teniendo a Ruby ahí, pasando las manos por sus piernas mientras retiraba la última pieza de ropa que tenía puesta. Los dedos pasaron por sus pantorrillas, por sus talones, y sintió escalofríos con cada roce, sin importar cuan suave fuese.

Cuando Ruby se levantó, quiso tenerla ahí, en el suelo, pero calmó su impaciencia, su calentura, siendo llevaba por la mujer hacia la cama. Ruby la ayudó, la acomodó en la cama, de estómago, y se sentía avergonzada ahí, desnuda, vulnerable.

"Relajate y cierra los ojos, cariño, te haré sentir bien, ¿De acuerdo?"

Y eso hizo.

Pero relajarse, no pudo. Su corazón aun latía con fuerza.

Ruby se alejó, fue a buscar las cosas que dejó a un lado, luego la oyó rebuscar en un cajón, para luego oírla acercándose. Pero antes de sentirla subirse a la cama, escuchó algo caer, ropa.

Y ahí su nerviosismo aumentó.

Ruby se subió a la cama, la sintió sobre su cuerpo, y luego sintió las piernas desnudas a los costados de su cadera.

Sintió el torso aun vestido de Ruby en su espalda cuando esta se acercó a su oído, suave, dulce, y le llegó un aroma similar a las rosas, pero diferente.

"Voy a probar algo nuevo, Weiss, puede que te duela un poco, ¿Crees que puedas soportarlo?"

¿Qué?

Se vio abriendo los ojos, curiosa y preocupada.

Las manos de Ruby ya estaban en su espalda, moviéndose suavemente.

Se había prometido hacer cosas nuevas, pero algo con dolor, no estaba tan segura de eso.

"¿D-dolerá solo un poco?"

Escuchó la risa de Ruby en su oído, y no entendió porque se reía.

"Cuando estás preocupada, suenas muy tierna, eres adorable."

Ah, por eso se reía.

Estaba preocupada, sí, pero ahora estaba avergonzada, mucho.

"No me molestes, Ruby…"

Pero la risa aumentó, y le gustaba oírla reír, incluso aunque fuese a su costa.

"Lo siento, lo siento, pero es la verdad. Pero descuida, lo probé y no duele mucho, sin embargo, si no puedes soportarlo, me detendré de inmediato, ¿De acuerdo? Solo dímelo."

Se vio asintiendo.

No podía decir que no a eso.

Si dolía solo debía decírselo y acabar con eso, no era la gran cosa.

Pero no pudo dejar lo tenso de su cuerpo.

La idea de algo desconocido sucediéndole, algo doloroso, la dejaba alerta, temerosa. No le gustaba no tener control sobre las situaciones, y algo así, donde ni siquiera estaba viendo que es lo que era, que era lo que pasaría, la dejaba ansiosa.

Pero, por otra parte, estaba curiosa.

"¿Estás lista, preciosa?"

Por supuesto, si lo decía así, sí.

A pesar de su inseguridad, asintió.

Confiaba en Ruby, y confiaría en lo que sea que le tenía preparado.

Estaba ansiosa.


Capitulo siguiente: Adoración.


N/A: Estoy materializando mentalmente el llevarle un ramo de rosas a mi esposa, porque esta pobreza y encierro en el que estoy no me permiten hacerlo realidad, así que le mando besitos desde la distancia.

Ah, y feliz san Valentín y esas cosas que se dicen, y este capítulo sonó apropiado para la fecha, ni que lo hubiese planeado.

Bua, ¿Se imaginan no es Ruby el admirador secreto que tiene Weiss? -Inserten Emoji de diablo-

Honestamente, pensé que algo desastroso iba a pasar en este capítulo, pero al parecer les di miedo por las puras, sin embargo, quizás pase en el siguiente, o en el que viene luego del siguiente, pero luego, de seguro me odiaran, lo sé, e intento dejar el camino más o menos plano para que estén preparados.

Pero cuando me odien, quiero que sepan que también me odio a mi.

Nos leemos pronto.