Era un día normal en la Orilla del Dragón, Hipo y Hallie estaban construyendo un catalejo de largo alcance para mirar hacia el mar en busca de barcos enemigos.

—Muy bien. Creo que un ataque de plasma más y quedará listo, amigo —dijo Hipo mirando a Chimuelo, que estaba de pie junto a ellos.

Chimuelo disparó un ataque de plasma al catalejo que soldaba el metal. Tanto Hipo como Hallie tosieron y escupieron ante el humo. Cuando el humo se disipó, pudieron ver que el catalejo ya estaba completo.

—¡Gran trabajo! —dijo Hipo.

—Bien —dijo Astrid, quien caminó hacia ellos y miró a través del catalejo. Podía ver a kilómetros a la redonda—. Puedo ver hasta el horizonte.

—Eso hará que espiarnos sea mucho más difícil —dijo Hipo.

—Dagur incluido —agregó Hallie.

—Ahora, a ver cómo estará la torre de vigilancia de los gemelos —dijo Hipo.

—No quiero imaginarlo —dijo Astrid cruzando los brazos.

Hallie se acercó a ver a través del catalejo gigante y una mueca de confusión y sorpresa se formó en su rostro al notar una pequeña manada de Gronckles volando por la zona. Estuvo a punto de avisarle a su hermano pero cuando apartó su cabeza del catalejo notó que tanto él como Astrid se habían alejado.

—Quizás solo estén perdidos —Hallie dijo para sí misma y se apresuró para alcanzar a los demás.


En la costa, los gemelos acababan de terminar su torre de vigilancia y estaban maravillados por su logro.

—Ah, sí, oh—dijo Brutilda con asombro.

—Oye. ¿No notas algo extraño? —preguntó Brutacio.

—Sí. Debió haberse caído hace tiempo —dijo Brutilda desconcertada.

—Quizás si que hicimos … —dijo Brutacio frotándose la barbilla—. No, eso es imposible.

—Dilo.

—¿Algo bien?

Los gemelos se quedaron sin aliento ante esa declaración y Brutacio comenzó a tocar todo su cuerpo.

—Siento algo extraño aquí dentro. ¿Será el logro? —preguntó atónito.

—¡Wow! Creo que también lo siento —dijo Brutilda asombrada—. ¡Rápido! ¡Vamos a restregárselo en la cara a Hipo antes de que desaparezca!

Rápidamente se apresuraron a subir en Eructo y Guacara y despegaron alegremente.


Mientras tanto, en la casa club, Patapez estaba estudiando el Ojo de Dragón. Estaba usando diferentes tipos de lava de Gronckle para aprender más sobre los Gronckle.

—Muy interesante —dijo punteando notas de las proyecciones en la pared. Luego tiró de una gran canasta de rocas hacia Albóndiga—. Bien, nena, pasemos al experimento de rocas muestra número tres, piedras de río —dijo.

—Oye, ¿qué haces, Patapez? —gritó la voz de Patán.

Patapez se giró y descubrió que Patán estaba apoyado en la puerta—. Oh, hola, Patán —dijo—. Bueno, ya que preguntas, pruebo los tipos de rocas que hacen que Albóndiga produzca diferentes llamas y cómo cambian las proyecciones del Ojo del Dragón.

—Oh, cierto. Acabo de recordarlo, eres aburrido y no me importa —dijo Patán saliendo.

Patapez simplemente lo miró y luego Albóndiga arrojó un poco de lava en el piso junto a la mesa donde estaba el Ojo del Dragón.

—¡Sí! Es exactamente así, nena —dijo. Se volvió a la proyección que mostraba el Ojo del Dragón—. Ooh, esto es más interesante.


Mientras tanto, afuera, los gemelos acababan de llegar.

—¡Hipo! Deja todo lo que estés haciendo y trae tu cara —dijo Brutacio.

Los jinetes se quedaron mirándolos y Hallie ladeó su cabeza confundida preguntándose por qué los gemelos querían que su hermano llevará su cara a quien sabe donde.

—Prepárate para esto—dijo Brutilda.

Minutos más tarde se encontraron en la costa con los gemelos frente a ellos y Eructo y Guacara bloquearon su vista. Hallie movía su cabeza tratando de ver a través de los gemelos y su dragón, había comenzado a impacientarse.

—Jinetes de dragones y pequeña Hallie, ustedes la pidieron. Nosotros la construimos. Les presentamos —dijo Brutacio. Brutilda juntó las manos para hacer un sonido de trompeta—... ¡La nueva torre de vigilancia!

Eructo y Guacara luego despegaron, pero todo lo que vieron fue mar abierto y los gemelos simplemente se quedaron estupefactos. Los hombros de Hallie decayeron ante la desilusión.

—Oigan, ¿esto es parte de la presentación? —preguntó Hallie mirando a los gemelos.

—Ustedes nunca decepcionan, ¿cierto? —dijo Patán sarcásticamente.

—¿Qué? ¡No! ¡Alto! —dijo Brutacio volteandose hacia ellos—. ¡Estaba ahí hace un minuto! —luego miró a su hermana—. ¿Qué le hiciste, Brutilda?

—¿Qué? ¡Yo no hice nada! —Brutilda le gritó.

—¡Eres una mentirosa! —Brutacio gritó de vuelta—. Siempre tuviste celos de mi torre de roca.

—¿Tu torre de roca? ¡Esa torre de roca no es tuya!

—Chicos, pelear no resolverá nada —dijo Hallie tratando de calmarlos.

Brutilda luego lo tackleó al suelo y los dos comenzaron a pelear entre sí. Astrid se llevó una mano al rostro y lo sacudió con incredulidad, Patán sonrió e Hipo solo los miró con una expresión sin emociones mientras que Hallie hacía muecas de dolor viendo como se golpeaban.

—¡Oigan, esto no traerá de regreso su torre de roca! —gritó la niña.

Luego, los dos sacaron sus armas para correr el uno al otro gritando. Fue en ese momento que Hipo y Hallie se colocaron entre ellos.

—Bueno, bueno, bueno —dijo Hipo con calma—. Vamos a alejarnos de los objetos puntiagudos.

—Mejor la paz que la guerra —dijo Hallie bajando el mazo que sostenía Brutilda.

Los gemelos soltaron sus armas e Hipo suspiró.

—Bueno, miren, quizá este trabajo sea demasiado difícil para ustedes solos —dijo—. Si quieren puedo poner a Astrid en el proyecto también.

A Astrid no le gustó nada esa idea—. Hipo, no te apresures, ¿sí? —dijo rápidamente.

—Pero la construimos. En serio —dijo Brutilda.

—Y créeme, eso nos sorprendió más que a nadie —agregó Brutacio mirando a Hipo.

—Tal vez la torre de roca se cayó cuando fueron a buscarnos —opinó Hallie. La emoción de los gemelos de enseñarles su trabajo le hizo darse cuenta que no estaban mintiendo—. O algún dragón la derribó.

Brutacio la señaló—. ¡Hallie tiene razón! —exclamó y luego miró a los demás jinetes con molestía—. ¿Por qué siempre es la niña de once años la única que nos cree?

—¡Hipo! ¡Hallie! ¡Vengan rápido! —gritó la voz de Patapez.

—Eso no suena bien —dijo Astrid.

—No lo creo —suspiró Hallie logrando detectar algo de emoción en el grito de Patapez.

Sin pensarlo dos veces, Hipo y Hallie corrieron hacia la casa club.

—¿Patapez? —Hipo llamó mientras corrían adentro.

—Cuidado donde pisan —dijo la voz de Patapez.

Hallie chilló cuando miraron hacia abajo al piso que estaba cubierto con diferentes colores de lava.

—Genial —dijo Hallie sonriendo emocionada. Luego sintió el brazo de Hipo enrollándose en su cintura antes de que la levantara del suelo—. Oye. Puedo caminar sola, ¿sabes?

Con cuidado, Hipo caminó de puntillas mientras cargaba a su hermana hacia el escritorio donde estaba colocado el Ojo de Dragón. Entonces Patapez aterrizó frente a ellos en Albóndiga, tomando notas en su cuaderno.

—Patapez, ¿qué pasa? —preguntó Hipo bajando a Hallie.

—¿Eh? —Patapez se rió entre dientes—. No pasa nada. ¡Excepto que tal vez hice el descubrimiento más grande de la historia de la civilización Berkiana! —luego señaló hacia arriba.

Hipo y Hallie miraron hacia arriba y vieron tres proyecciones, una era de un Gronckle y las otras dos eran puntos de referencias mundiales y una de ellas se parecía a un Gronckle.

—Eso es lo que creo que es, ¿verdad? —dijo Hallie emocionandose aún más.

Hipo miró a Patapez—. Oh, Patapez, eso es...

—Mm-hmm, es un Gronckle y está es la roca rodeada de agua y la montaña de dos picos —dijo Patapez volando hacia las proyecciones y señalándolas. Luego miró a Hipo y Hallie—. ¡Ooh! ¡Oscuridad Profunda!

—El hogar ancestral de todos los Gronckles —dijo Hipo.

—Pero se decía que ese lugar no era más que un mito —dijo Hallie con incredulidad.

—Es real. Y al final lo encontramos —dijo Patapez emocionado.

La sonrisa de Hallie se ensanchó—. ¡Asombroso!

—Sí. ¿Qué tiene de grandioso? —Patán preguntó, acababa de entrar a la casa club para ver qué pasaba.

Hallie se giró hacia él—. '¿Qué tiene de grandioso?' —ella repitió mirando incrédula a su primo—. ¡¿Cómo te atreves a preguntar eso?!

—¿Tengo que explicártelo? —preguntó Patapez con impaciencia.

—¿Tu aburrido descubrimiento? Sí —dijo Patán y Hallie le lanzó una bola de papel al rostro—. ¡Oye!

—Oscuridad Profunda es una isla que, hasta ahora, no estábamos seguros de que existiera —explicó Patapez—. No está en el Libro de los Dragones en ninguna parte. Sin embargo, en los papeles de Bork, se hace una mención, pero breve y en el contexto de una especie totalmente diferente. Si pudiéramos encontrar Oscuridad Profunda, podríamos descifrar tantos secretos, no solo sobre los Gronckles, sino sobre todos los dragones de Clase Roca. ¿Entienden todo lo sorprendente que es?

—De hecho, podríamos definir la prueba de la evolución de los dragones, los patrones de migración, qué tipo de comida solían comer —dijo Hallie, quien parecía tan emocionada como Patapez.

Todos miraron a Patán, que estaba ocupado limpiándose las orejas. Una vez que se dio cuenta de que lo estaban mirando, se detuvo rápidamente.

—¡Ya lo oí! Y no me interesa en lo absoluto —dijo mientras salía de la casa club.

Patapez luego aterrizó frente a Hipo y Hallie—. Chicos, me tomé la libertad de establecer las rutas según estas codificaciones —dijo—. Esta isla es muy lejana, está más allá de lo que conocemos.

Albóndiga luego gimió felizmente y Patapez le frotó la barbilla.

—Nunca había visto a Albóndiga tan emocionada —dijo él—. Piensen, voy a ser el primer berkiano en poner un pie en Oscuridad Profunda. Qué honor.

—Está bien, entiendo, Patapez —dijo Hipo levantando las manos—. Pero Chimuelo, Hallie y yo iremos contigo, en caso de que necesites ayuda.

—Ni creas que nos vas a dejar fuera de esto —dijo Hallie mirando a Patapez tratando de verse amenazante y Hipo sonrió revolviendole el cabello.

—Bueno, también pueden venir —dijo Patapez, luciendo un poco decepcionado—. Pero yo seré el primero en pisarla, ¿recuerdan? Pueden ser el segundo y la tercera.

—Está bien, lo prometemos —dijo Hipo, encontrando toda la escena divertida.

—Yo también —dijo Hallie llevándose una mano al corazón y luego miró a su hermano—. ¡Pero yo seré la segunda!

—Bueno, bienvenidos a bordo, Hipo y Hallie —dijo Patapez. Luego miró a Albóndiga—. ¡Vamos, Albóndiga, tenemos que empacar!

Albóndiga luego se fue volando por encima de sus cabezas, dejando atrás con entusiasmo a Hipo y Hallie desconcertados.

—Está demasiado entusiasmado con esto —dijo Hallie y ella sonrió mirando a su hermano. Luego ella dejó escapar un chillido de alegría—. ¡Tengo que empacar mi cuaderno y mis flechas! ¡Andando!

Hipo sonrió cuando su hermanita lo tomó de la mano y lo arrastró hacia fuera de la casa club.

—Creo que Patapez no es el único emocionado —opinó él riendo.


—Flechas, listo —anotó Hallie en su cuaderno mientras caminaba de un lado a otro a una velocidad que Hipo no podía seguir—. Arco, listo —marcó una cruz en su lista—. Agua, listo. Cuaderno para anotar todos los posibles descubrimientos que encontremos para no olvidar nada y no odiarme por el resto de mi vida, listo —dijo rápidamente y su hermano se le quedó mirando—. ¿Se me olvida algo?

—¿Respirar?

—Eso no está en la lista, hermano mayor.

A la mañana siguiente, Hipo y Hallie estaban terminando de empacar para el largo viaje a Oscuridad Profunda, pero luego escucharon gemidos de los gemelos. Parecían extremadamente cansados al igual que Eructo y Guacara.

—Eh, ¿Brutilda, Brutacio? —dijo Hipo.

Los gemelos gimieron.

—No me digan que se escaparon los jabalíes de nuevo —pidió Hallie preocupada.

—Bajen la voz, ¿quieren? —Brutilda gimió—. Estuvimos despiertos toda la noche reconstruyendo la torre desde cero.

—Oye, grandioso —dijo Hipo, luego miró a Hallie—. Bueno, entonces deberíamos ir a verla, ¿no es así?

—Claro —dijo Hallie.

—Prepárense para deleitar sus ojos —dijo Brutacio.

Minutos más tarde, ya estaban en la línea de costa, pero no pudieron ver ni una sola torre vigía a la vista. Hipo y Hallie se miraron y luego miraron a los gemelos, que tenían la espalda contra la costa.

—¿Seguros que no se equivocaron de lugar? —preguntó Hallie mirando a los gemelos.

—Muy bien, ¿con que debemos deleitar nuestros ojos, entonces? —preguntó Hipo.

—Bueno, la torre… ¡No puede ser! —dijo Brutacio.

Él y Brutilda simplemente se dieron la vuelta y descubrieron que no había nada allí. Hallie ya comenzaba a creer que alguien estaba derribando la torre de los gemelos para hacerlos quedar mal o algo por el estilo.

—Espera, tal vez sea para el otro lado —dijo Brutacio mirando a su alrededor—. No, es aquí. Izquierda de la gallina. Hola, gallina. ¡Alguien se está robando la torre!

—¡Ah, por favor! Sabes que nadie lo admitirá —dijo Brutilda alejándose—. Vamos a reconstruir esa estúpida cosa.

—No se puede confiar en nadie en esta torre —se quejó Brutacio y siguió a su hermana.

—Sí. Son un saco de mentirosos.

—¿Soy yo o los gemelos están actuando más raro que de costumbre? —dijo Hallie levantando la cabeza hacia Hipo.

Hipo no sabía cómo responder a esa pregunta.


Momentos después, estaban volando sobre el mar abierto con Patapez, quien decidió cantar todo el camino hasta Oscuridad Profunda.

Oscuridad Profunda por fin te he encontrado,

Oscuridad Profunda.

Tanto Hipo como Hallie se rieron y la niña movió su cabeza al ritmo de la canción.

—Patapez, no te había visto tan emocionado desde la mañana de Snoggletog cuando teníamos siete —dijo Hipo.

—Sí, si te emocionas más te caerás de Albóndiga —dijo Hallie sonriendo.

—Lo sé. Ni siquiera terminé mi tercer desayuno —dijo Patapez emocionado—. Espero que no de hambre.

Entonces él y Albóndiga se alejaron.

—Oscuridad Profunda, aquí vamos.

—¡Ja! Yo ni siquiera pude desayunar de la emoción —comentó Hallie y Hipo la miró.

—¿Qué dijiste? —preguntó Hipo mirándola molestó y la niña chilló dándose cuenta de su error.

—¡Nada! —Hallie respondió y luego miró a Chimuelo—. ¡Alcanzalos, compañero!

Chimuelo acató su pedido antes de que Hipo pudiera regañar a Hallie sobre saltarse las comidas.


Una hora después, vieron Oscuridad Profunda. Se parecía mucho a la Isla de los Marginados, excepto que no había árboles ni dragones y a eso a Hallie le pareció extraño.

A Patapez no pareció importarle, sin dudarlo un momento, saltó de Albóndiga y aterrizó en la isla.

—Oh, sí. ¡Oh, sí, Patapez! —gritó triunfalmente—. No puedo creer que estoy aquí —Albóndiga luego lo empujó—. Lo siento, nena. Estoy emocionado.

Hallie se preparó para saltar del lomo de Chimuelo al ver que no estaban tan lejos del suelo y Hipo aferró su agarre en ella al darse cuenta.

—Ni se te ocurra —advirtió él y Hallie se quejó con un resoplido.

—Aburrido —Hallie se cruzó de brazos.

Luego Patapez tomó un par de rocas y comenzó a cantar y bailar.

Oscuridad Profunda es tu hogar,

donde vagan todos los comedores de rocas.

Hipo y Hallie simplemente se cernieron sobre él con los brazos cruzados. Chimuelo entonces dio un ligero rugido e Hipo se encogió de hombros. Luego aterrizó junto a Patapez, que todavía estaba cantando y bailando.

Donde los Gronckles se divierten,

comiendo rocas por toneladas.

Y las rocas son rocosas,

con familias de rocas.

Y alimentan sus…

Patapez luego se limpió la garganta y miró a Hipo y Hallie—. Mejorare esa parte, chicos —dijo.

—Es perfecta para la ocasión, Patapez —dijo Hallie con una sonrisa.

—Oye, me encanta la canción —dijo Hipo mientras él y Hallie saltaban de Chimuelo—. Sólo que, ¿dónde están los Gronckles errantes?

—Sí, deberíamos estar rodeados de Gronckles —dijo Hallie—. Y no hay ninguno —hizo una mueca de tristeza—. Yo quería abrazar a cada uno de ellos.

Albóndiga empujó suavemente el costado de la niña en forma de reclamo y la niña se rió. A veces no podía creer que los dragones de los amigos de su hermano fueran tan celosos con ella.

—Aww —Hallie la abrazo—. Pero tú seguirás siendo mi favorita —Chimuelo le gruñó y ella puso los ojos en blanco antes de corregirse—: Mi Gronckles favorita, ¿feliz?

Chimuelo gimoteo en respuesta y se acercó para lamer el rostro de la niña mientras ella se quejaba. Hipo se rió para luego ver a Patapez.

—¿Crees que estamos en la isla equivocada? —él preguntó.

—No —dijo Patapez con firmeza—. Ese es Lago de Grava y esos de allí, son los dos picos del Monte Gruñido. Chicos, esto es Oscuridad Profunda.

Chimuelo solo hizo un pequeño gruñido.

—Sí, estoy contigo, amigo —dijo Hipo.

Hallie miro hacia el cielo vacío. ¿Dónde estaba toda la vida? Esa isla estaba completamente vacía de criaturas vivientes más allá de Hipo, Patapez, Chimuelo, Albóndiga y ella.

Luego escucharon gruñir a Albóndiga y vieron mirando hacia un barranco. Patapez caminó hacia arriba y miró hacia abajo y vio varios Gronckles en el fondo comiendo rocas.

—Oh, miren. Albóndiga encontró nuevos amigos —dijo. Hipo y Hallie subieron para unirse a él—. Les dije que había Gronckles aquí.

Hallie los miró confundida, se veían tan tristes y solitarios. Se frotó el brazo nerviosa al sentir una extraña sensación al ver a los Gronckles, algo no estaba bien en ellos, sentía como si se estuvieran protegiendo de algo.

Albóndiga luego voló hacia el barranco y se acercó a los Gronckles, pero en lugar de darle la bienvenida, le gruñeron.

Patapez luego bajó para unirse, pero terminó resbalando en una roca y cayó de trasero. Hipo, Hallie y Chimuelo pronto se unieron a él y notaron la extraña reacción que mostraban los Gronckles.

—Qué comportamiento extraño para un Gronckle —dijo Hipo—. Suelen ser muy amigables.

Hallie escuchó el sonido de una pequeña roca cayendo por el barranco y de repente sintió una corriente eléctrica punzar su cabeza y sus ojos se abrieron al visualizar una enorme roca que rodaba por el suelo acompañado de un rugido estruendoso y las manos de alguien siendo elevadas.

—¡Hallie! —gritó Hipo cuando el pequeño cuerpo de su hermana se desvaneció cayendo del lomo de Chimuelo pero Hipo logró sostenerla a tiempo.

—¿Qué sucedió? —preguntó Patapez preocupado cuando se giró hacia ellos.

—¡No lo sé! —Hipo exclamó alarmado. Luego acomodó a su hermana en sus brazos y con una mano sostuvo su rostro—. ¡Hallie! ¿Qué sucede, nena?

La niña parpadeó y las imágenes se desvanecieron de su vista pero fueron reemplazadas por la mirada preocupada de su hermano mirándola.

—Estamos en peligro —susurró Hallie con un hilo de voz.

Fuertes estruendos y temblores captaron la atención de todos y miraron hacia la parte superior de las rocas.

—Esa podría ser la causa —sugirió Patapez refiriéndose al comportamiento de los Gronckles—. A nadie le gustan los temblores —de repente Chimuelo se puso tenso como si sintiera algo. Patapez pensó que era por el temblor—. ¿Ves?

—Patapez —musitó Hallie temblando tratando de sentarse correctamente en el lomo de Chimuelo—... Eso no es un temblor

Hallie tenía razón, no era un temblor, fue algo más en lo profundo del barranco. Hipo, Hallie y Patapez entrecerraron los ojos y vieron una enorme roca rodando hacia ellos.

La niña ya no sabía qué pensar sobre sus visiones pero ahora sabía que no eran simples sueños o pesadillas sin sentido, era capaz de ver el futuro.

—¡Una roca suelta! ¡Albóndiga! —Patapez gritó.

Patapez se subió a la espalda de Albóndiga y comenzó a alejar a los Gronckles. Chimuelo intentó dispararle con varias ráfagas de plasma, pero no tuvo ningún efecto. Al darse cuenta de que no había nada que lo detuviera, Chimuelo corrió detrás de Patapez y Albóndiga.

—¡Patapez! —Hipo gritó.

Patapez se volvió y vio a Hipo, Hallie y Chimuelo golpeándolos a ellos y a los Gronckles contra la pared del barranco. Esto hizo que la roca pasará junto a ellos y todos dieron un suspiro de alivio.

—Estuvo cerca —dijo Patapez.

Entonces sucedió algo muy extraño, la roca se detuvo y luego rodó hacia ellos, cuesta arriba. Hallie no podía creerlo, eso era físicamente imposible.

—¿Oye, Patapez? ¿Cuándo fue la última vez que viste a una roca rodar hacía arriba? —Hipo preguntó nervioso.

—Eh, ¿nunca? —Patapez respondió nervioso.

—No, yo tampoco.

—¿Hallie? —preguntaron ambos a la niña.

—Lamento informarles que nunca —respondió Hallie.

—¿Cómo es posible? —Patapez gritó.

—¡No hay tiempo de averiguarlo! —Hipo gritó.

—¡Tal vez sea un efecto óptico de nuestro cerebro! —sugirió Hallie sonriendo nerviosa pero su sonrisa se borró al ver que la roca se acercaba más y más—. ¡No es un efecto óptico! ¡No es un efecto óptico!

Ellos y los Gronckles luego corrieron en la dirección opuesta. Miraron hacia arriba, pero los bordes del barranco estaban tan juntos que era imposible salir volando. Hallie agarró las manijas de la silla de montar de Chimuelo con más fuerza y echó un vistazo hacia atrás por el túnel, la roca estaba avanzando. Los iba a aplastar. ¡Fantástico!

—¡No podemos esquivarla! —Patapez gritó.

Chimuelo disparó otras ráfagas de plasma a la roca, pero tuvo el mismo efecto que la última vez. Luego, Hipo vio un túnel lateral que era lo suficientemente grande como para que pudieran entrar.

—Deprisa, aquí abajo —dijo.

Rápidamente entraron en el túnel lateral y evitaron por poco la roca. Hallie chilló al sentir los brazos de su hermano abrazándola con fuerza cuando los tres se cayeron de la silla de los dragones.

Hipo liberó a Hallie de su abrazo para poder examinar a su hermana en busca de lesiones. La niña jadeó por un repentino dolor de cabeza cuando Hipo tocó suavemente su frente.

—Estoy bien —dijo Hallie a su hermano quien suspiró y se puso de pie. Iba a curar sus heridas cuando salieran de allí.

Luego ambos se dieron cuenta que no había forma de salir de la caverna, excepto por un pequeño agujero que era demasiado pequeño para salir. Miraron hacia arriba y observaron a los Gronckles tratando de abrirse paso a empujones a través del pequeño agujero.

—No podremos salir volando, amigo —dijo Hipo.

—Tendremos que encontrar otra salida —dijo Hallie poniéndose de pie.

Patapez frotó la cabeza de Albóndiga—. Está bien. Creo que lo perdimos —dijo mirando fuera de la caverna.

—Entonces salgamos. En silencio —dijo Hipo y tomó la mano de Hallie acercandola a él.

Pronto todos entraron de nuevo en el barranco y luego escucharon un ruido estomacal. Todos miraron a Patapez, quien los miró con bastante torpeza.

—¿Qué? Eso es lo que pasa cuando te saltas el tercer desayuno —dijo Patapez inocentemente.

Hallie se abrazó a la cintura de su hermano sintiéndose muy mareada y Hipo lo notó.

—Y eso es lo que pasa cuando te saltas todos los desayunos —Hipo regañó a su hermana bastante molesto pero ella no le respondió.

Luego escucharon un sonido retumbante en la distancia y de inmediato la roca estaba rodando hacia ellos.

—¿Hipo? —jadeó Patapez nervioso

—Lo veo, Patapez —dijo Hipo cuando la roca apareció a la vista.

Hallie se tensó antes de que la roca se estrellara contra el suelo. De ninguna manera.

No era una roca.

Definitivamente no era una roca.

Era un dragón

El dragón tenía un cuerpo algo rechoncho y corto con alas bastante pequeñas. Sus escamas eran de color marrón oscuro y su cuerpo estaba arrugado como el de un Gronckle, pero en lugar de protuberancias tenía púas por todo el cuerpo. Su mandíbula inferior estaba partida en dos, y cada mandíbula tenía dos lenguas a cada lado.

—¿Por qué no se quedó como roca? —la voz de Hallie lamentándose rompió el silencio.

El dragón les rugió furiosamente y Hallie se tapó los oídos con las manos antes de dejar escapar un aullido cuando se acercó. Inmediatamente gritaron y corrieron, al tiempo que golpeaba con su enorme cola hacia ellos pero solo logró causar un un pequeño derrumbe.

Hallie se resbaló y cayó de rodillas aullando. Algo retumba por encima de ella y miró hacia arriba viendo las rocas cayendo, Hallie se cubrió la cabeza antes de que Hipo se lanzara sobre ella protegiéndola con su cuerpo. Ella, Hipo y Patapez habrían sido aplastados por las rocas si Chimuelo no los hubiera protegido con sus alas.

Los Gronckles chillaron de miedo y Hallie se mordió el labio mirándolos con deseos de gritarles que todo estaría bien. Chimuelo le gruñó al dragón.

—Impresionante. Definitivamente Clase Roca —dijo Patapez con entusiasmo—. Hipo, Hallie, ¿qué les parece Temblor Catastrófico como nombre?

—El nombre no le queda corto —opinó Hallie intentando forzar una sonrisa. Pero Patapez tenía razón, el dragón era impresionante.

—Tal vez podríamos ponerle nombre luego y ahora concentrarnos en que no nos mate. —dijo Hipo agarrando a Hallie y subiéndose a la espalda de Chimuelo.

Chimuelo luego disparó una ráfaga de plasma, pero pareció enloquecer aún más. Hallie chilló cuando Chimuelo saltó a la pared para evitar la cola mientras giraba para golpearlos.

—¡Venimos en paz! —Hallie exclamó mirando al Temblor Catastrófico.

—No creo que eso funcione, dragoncita —dijo Hipo a su hermana—. Mientras no forme esa bola, estamos a salvo —luego se volvió y miró a Patapez—. Patapez, haz que los Gronckles vuelen.

Los Gronckles no necesitaron que se los dijeran dos veces, salieron del barranco tan rápido como sus alas les permitieron. Hipo, Hallie y Patapez salieron volando.

Segundos después, el Temblor Catastrófico salió disparado del barranco como si acabara de ser disparado desde una catapulta. Luego se hizo una bola y cayó al suelo en el momento en que hizo contacto, creó una onda de choque masiva provocando que todos retrocedieran, fue tan poderosa que Patapez salió disparado de Albóndiga.

Hallie gritó y se cubrió los oídos sintiendo como si le perforaron la cabeza, nunca creyó ser tan sensible a las vibraciones. Tardó un par de segundos en recuperarse.

—Bien, pensándolo bien, quizá no estemos tan a salvo como creía —dijo Hipo recuperándose de la onda expansiva. Luego voló hacia Patapez. Chimuelo lo agarró y lo colocó en la espalda sobre Albóndiga—. Patapez, Albóndiga, retirada.

—Pensé que nunca lo dirías—dijo Patapez.

Chimuelo voló alrededor del Temblor Catastrófico como distracción para que Patapez pudiera sacar a los otros Gronckles de manera segura.

—¡Dragón malo! ¡Dragón malo! —Hallie regaño al Temblor Catastrófico señalando con el dedo—. ¡Esa no fue una cálida bienvenida!

—Hallie…

—¿Qué? —Hallie se volvió a su hermano—. No tengo dragón para atacar físicamente, atacar verbalmente es lo único que puedo hacer.

—Vámonos —susurró Patapez a los Gronckles.

Los Gronckles despegaron y pronto Hipo y Hallie se unieron a ellos cuando salían de Oscuridad Profunda.


Cuando regresaron a la Orilla del Dragón esa noche, los otros jinetes no estaban muy contentos de haber traído un grupo de Gronckles con ellos.

—¿En serio? ¿Más Gronckles? —dijo Patán. Hallie se encogió de hombros y se bajó de Chimuelo al igual que su hermano y Patapez se bajó de Albóndiga.

—Son solo unos Gronckles salvajes —dijo Hipo sin comprender—. Vamos a poder con ellos.

—Solo unos salvajes, dijo —dijo Brutilda.

—Hay cientos de dragones salvajes en la Orilla del Dragón —dijo Hallie igual de confundida que su hermano—. Tres más no harán la diferencia.

—Sí, deberías echarle un vistazo a esto —dijo Astrid señalando hacia la cúpula.

Hallie y los jinetes miraron y vieron toneladas de Gronckles sentados allí.

—Bueno, al menos esto explica la desaparición de la torre de vigilancia —dijo Hallie y entonces recordó la pequeña manada de Gronckles que vió a la mañana.

La niña sonrió al ver tantos Gronckles y se contuvo de lanzarse hacia ellos para abrazar a cada uno.

—Así que aquí es donde vinieron todos los Gronckles de Oscuridad Profunda —dijo Hipo.

—Oye, ¿puedes creer que volaron hasta aquí? —dijo Patapez asombrado—. Los Gronckles serán lentos, pero son tenaces.

—Sí. Dímelo a mí —murmuró Brutacio. Luego miró a un Gronckle, que acababa de comer una piedra—. Oye, no te metas esa roca en la boca. No tiene idea de dónde salió, señor —gritó antes de comenzar a perseguir al Gronckle.

Hallie se rió. Probablemente al Gronckle no le importaba de dónde había salido la roca mientras fuera comestible.

—Hipo, los chicos están fuera de control —dijo Astrid—. Tenemos que llevarlos a su isla.

—Puede haber un problema con eso —dijo Hipo.

—Sí, un problema realmente grande —dijo Hallie adolorida masajeando su sien—. Uno bastante ruidoso y que da pésimas bienvenidas.

—Ajá, es que los sacó de su tierra un dragón gigante Clase Roca —dijo Patapez—. El Temblor Catastrófico, para ser exactos.

—Temblor pequeño. ¿Y dejaste que un asqueroso dragón se apoderará de toda la isla de Albóndiga? —Patán se burló metiéndose entre Hipo y Patapez. Hallie rodó los ojos.

—No es tan simple, Patán —dijo Patapez.

—Claro que sí. Temblor, uno. Albóndiga… —dijo Patán haciendo un zumbido—. Patético.

—Patán, ese dragón casi nos mata —dijo Hallie mirando a su primo—. Si tú hubieras estado ahí, te habrías asustado tanto que…

—Bien, ya basta —dijo Hipo poniendo sus manos en los hombros de su hermana—. Tenemos un problema aquí. Hay que controlar a estos Gronckles salvajes. Y como fui injusto al dudar de los gemelos, los dejó a cargo.

—Estupendo —dijo Brutacio caminando hacia ellos con una piedra en la mano.

Hallie lo miró, al parecer se las arregló para quitarle esa roca al Gronckle, ¿cómo? Hallie no quería saber.

—Será bueno conocerlos un poquito mejor. Tuvimos un comienzo rocoso en nuestra relación.

Brutacio luego se rió de su terrible broma, pero a los otros jinetes no les pareció tan divertido y simplemente se marcharon. Hallie se rió suavemente mientras seguía a Hipo, la broma si le había parecido muy ingeniosa.

—¿Vieron lo que hice? Les explicaré luego. Mi humor puede ser complicado.


Luego, los gemelos comenzaron a pelear con los Gronckles, con Eructo y Guacara.

—Vuelve a la fila, Brutacio Junior —dijo Brutacio mientras comenzaban a perseguir a los Gronckles—. Tú también, Junior Brutacio.

Entonces uno de los Gronckle que estaban persiguiendo le gruñó.

—¿Qué fue eso? No te pongas a protestar, Junior Brutacio, Junior.

—¡Aquí vamos! —dijo Brutilda mientras continúan persiguiendo a los Gronckles.

Patapez y Albóndiga solo los miran con tristeza. Patapez no pudo evitar pensar en Oscuridad Profunda y el Temblor Catastrófico.

Luego frotó el costado de Albóndiga—. Tranquila, nena. Encontraré la manera de llevar esos Gronckles a casa —aseguró—. Debe haber una manera.

—Parece que alguien tiene un problema que necesita resolver —dijo la voz de Patán. Patapez se volvió y encontró a Patán y Colmillo acercándose a ellos—. Bueno, este es tu día de suerte, Patapez. Porque la respuesta ha llegado.

—¿Patán? —dijo Patapez luciendo confundido.

—Eso es. Y yo voy a ayudarte a recuperar a Oscuridad Profunda para esos Gronckles.

—No lo entiendes —dijo Patapez poniéndose de pie.

—Sí, mírame y mírate tú. Eres más grande que yo, ¿cierto? —dijo Patán.

—Sí —dijo Patapez todavía bastante confundido.

—Tus botas están desatadas —dijo Patán señalando hacia abajo.

Patapez miró sus pies y luego, al segundo siguiente, Patán lo golpeó con la mano y lo derribó.

—¡Oye, mis botas no tienen cordones! —dijo Patapez mirando su bota.

—Solo hay una forma de deshacerse de Temblor, y es sacarlo de Oscuridad Profunda —dijo Patán mientras Patapez se ponía de pie—. Y la única manera de lograrlo es peleando sucio.

—No, no lo creo —dijo Patapez.

—¡Patapez! —Patán rugió—. ¿Quieres ser tú o quieres ganar?

Patapez miró a Albóndiga, que seguía observando a los gemelos levantando a los Gronckles.

—Quiero ganar, pero no a tu forma —dijo y se alejó.

—¡Oh, regresaras! ¡Siempre regresan! —gritó Patán. Luego miró a Colmillo—. Regresara.


—¿Puedo ir a jugar con los Gronckles? —preguntó Hallie a su hermano.

—Después de que termines todo el desayuno —respondió Hipo sin mirarla.

Hallie suspiró quejumbrosa antes de darle otra mordida a su pan con miel, a pesar de que era su comida favorita no le gustaba comerla bajo la supervisión de su hermano.

Al día siguiente, Hipo estaba ocupado martillando una pieza de la cola Chimuelo que se había deformado cuando dieron un giro brusco y Hallie estaba sentada en la roca donde estaba martillando a su lado desayunando.

A Hipo no le gustaba controlar a su hermana de esa forma pero no podía permitir que Hallie se saltara las comidas y estuviera apunto de desmayarse como sucedió en Oscuridad Profunda. Esperaba que esa llamada de atención le hiciera pensar dos veces a su hermanita antes de saltarse alguna comida.

Entonces Patapez apareció y se les acercó.

—Hola, ¿qué están haciendo? —preguntó.

—Ah, solo trato de enderezar el hierro de la pieza de la cola —dijo Hipo examinando la pieza—. Chimuelo siempre lo dobla cuando da vueltas. ¿Verdad, amigo? —añadió frotando la cabeza de Chimuelo.

Hallie le dió otra mordida a su pan con miel observando el lenguaje corporal de Patapez, estaba preocupado y la niña ya tenía sus suposiciones sobre eso.

Luego Hipo miró a Patapez y también pudo ver que algo lo estaba preocupando—. ¿Y qué pasa? —preguntó.

—Bueno, me preguntaba cuál es el plan —dijo Patapez frotándose la nuca.

—Oh, el plan —Hallie dijo entendiendo a lo que se refería.

—¿El plan? —Hipo preguntó confundido.

—¿Oscuridad Profunda? ¿El Temblor? ¿Cómo nos desharemos de él? —dijo Patapez.

—Oh, sí, lo estuve pensando Patapez —dijo Hipo dándole la espalda—. Y no estoy seguro de que debamos, ah, deshacernos de él, eso.

—¿Qué? —Patapez preguntó y Hallie miró a su hermano sorprendida.

—Bueno, es que no estoy seguro de que corresponda interferir. Es decir, eso es lo que pasa en la naturaleza, todo el tiempo. El Temblor se apoderó de la isla ahora. Y un día, tal vez llegará un dragón más grande y sacará al Temblor. Ya sabes, ¿quién puede saber? —luego miró a Patapez con una mirada de disculpa—. Lo siento, Patapez.

Él suspiró antes de darse la vuelta y marcharse.

Hallie miró a su hermano y levantó su dedo apunto de abrir la boca.

—No vas a convencerme de interferir en la naturaleza, dragoncita —interrumpió Hipo antes de que su hermana pudiera decir algo.

—En realidad… —Hallie titubeó moviendo su pan con miel mientras hablaba—. Ya lo hiciste.

Hipo se giró a ver confundido a su hermana mientras que Chimuelo seguía con su cabeza el movimiento del pan con miel de la mano de Hallie, no era una sorpresa que la niña varias veces le compartía su comida.

—Pero no solo tú, todos nosotros —se corrigió Hallie—. Los seres humanos interferimos con la naturaleza todo el tiempo, Hipo. La agricultura, ganadería industrial, tala de bosques y entre otras cosas… No somos tan diferentes a otras especies, interferir en la naturaleza depende de nuestra supervivencia… No debería ser así pero lo es —explicó—. Tú no dejaste que la naturaleza matara a Chimuelo cuando perdió parte de su cola.

El Furia Nocturna le dió una mirada a la niña antes de volver a mirar su pan con miel.

—Entiendo lo que tratas de decir, Hallie —dijo Hipo a su hermana—. Pero, ¿qué se supone que debemos hacer? Si asustamos al Temblor, volverá y asustará a todos los Gronckles de nuevo, y luego volveremos al principió. ¿Cómo nos ayuda eso en lo más mínimo?

—No digo que tengamos que cambiar la naturaleza de los dragones deshaciéndonos de ellos —Hallie lo miró con firmeza—. Pero podemos pulirla, cultivarla… Ya sabes, mejorarla.

Hipo miró a Hallie sorprendido de escucharla hablar de esa manera, ¿de verdad esa niñita sentada frente a él con el rostro lleno de migajas acababa de darle una lección de vida?

—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? —preguntó Hallie confundida. Luego Hipo se acercó a ella y se inclinó para verla a los ojos—. ¿Dije algo malo?

—¿Desde cuando mi pequeña es tan sabia? —Hipo sonrió limpiando los restos de migajas del rostro de Hallie y luego le dió un beso en la frente.

Hallie sonrió poniéndose tímida sin saber cómo responder.

—Tengo un gran ejemplo, supongo —dijo la niña encogiéndose de hombros sonriendo con burla—. Aunque sea un poco sobreprotector, torpe, escuálido, terco…

De repente ella chilló cuando Hipo la tomó en brazos e inclinó su cuerpo dejándola casi boca abajo. El resto de su pan con miel voló por el aire hasta caer en la boca de Chimuelo que se lo trago con una sonrisa satisfactoria.

—¡Retráctate! —ordenó Hipo sonriendo animadamente.

—¡Nunca! —Hallie gritó riendo.

—¡Te daré diez segundos antes de atacar de verdad!

—¡No obtendrás nada de mí, pescado parlanchín!

—Bien, si esa es la forma en la que quieres jugar —dijo Hipo y luego miró a su dragón—. Chimuelo.

—¿Qué? ¡Hipo! ¡No!

Hallie estalló en un ataque de risas cuando Chimuelo comenzó a empujar con su nariz los costados de la cintura de la niña haciéndole cosquillas.

—¿Quién es el pescado parlanchín ahora? —preguntó Hipo en broma viendo como Hallie se removía en sus brazos como un pequeño pez fuera del agua.

—¡Está bien! ¡Está bien! ¡Me rindo! —exclamó Hallie riendo—. ¡Eres el hermano mayor más inteligente y genial de todo el archipiélago!

Chimuelo gruñó suavemente deteniendo su ataque para mirarla.

—¡Y Chimuelo es el dragón más increíble y fuerte de todos!

—Bien, eso es lo que queríamos escuchar —Hipo se rió—. Ahora… ¡Arriba!

En menos de un minuto la niña se encontraba de nuevo sentada en la roca, con el cabello despeinado y todavía riendo.

—Casi haces que se me suba la sangre a la cabeza —rió Hallie quitándose el cabello del rostro. Luego miró a Chimuelo entrecerrando los ojos—. Traidor.

Chimuelo hizo su peculiar risa de dragón y Hipo sonrió regresando a terminar su trabajo con la cola de Chimuelo.

—Hip.

—¿Si, princesa? —Hipo se giró a ver a su hermana con cariño al oírla llamarlo por ese apodo y ella le sonrió.

—Vamos a ayudar a los Gronckles, ¿verdad? —Hallie preguntó esperanzada.

Hipo suspiro antes de contestar—: Lo intentaremos.


Más tarde esa noche, Patapez tuvo un sueño sobre estar en Oscuridad Profunda y correr al lado de los Gronckles mientras el Temblor los perseguía.

A medida que se acercaba más y más, Patán apareció flotando en el aire y dijo—: ¿Qué te dije? Regresaras. Siempre regresan —luego desapareció riendo maliciosamente.

Patapez luego se despertó gritando y se incorporó en su cama. Le tomó un tiempo darse cuenta de que estaba en su habitación y solo había tenido una pesadilla.

A primera hora de la mañana siguiente, corrió hacia Patán, que dormía encima de unos barriles roncando. La presencia de Patapez lo había despertado.

—No puedo creer lo que te pediré, pero enséñame todo lo que sabes, Patán —dijo.

—¿Regresaste? —dijo Patán. Estaba tan sorprendido que se cayó de los barriles, pero rápidamente recuperó su compostura y miró a Colmillo—. Claro que regreso. Ya lo sabía —. Colmillo luego sopló un poco de humo en su cara—. Colmillo.

—Pero que quede entre nosotros, no quiero molestar a Hipo con todo esto —dijo Patapez moviendo los dedos.

—Estoy de acuerdo. Y ahora, es hora de ser sucios —dijo Patán.


Patán llevó a Patapez y Albóndiga a un claro y comenzó a enseñarles. Estaba escribiendo algunas descripciones de peleas sucias en un lote con un trozo de tiza.

—La clave de pelear sucio es nunca enfrentar a tu oponente —dijo Patán volviéndose hacia ellos—. Mira al cielo, a tus botas. A donde sea menos a los ojos. Luego atacas y… ¡boom!, cuando menos lo esperan

Patán luego pintó una imagen del Temblor en una roca y lo puso frente a Albóndiga. Ella corrió hacia la roca, pero cayó de bruces cuando chocó contra ella. Se levantó y atacó de nuevo, pero con el mismo resultado.

—Vamos, nena —dijo Patapez en el tercer intento.

Albóndiga luego cargó contra la roca a toda velocidad y esta vez se derrumbó en pedazos. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que Hipo había pasado caminando junto a Hallie.

La niña miró los pedazos de roca, a Albóndiga y luego a Patán y Patapez. Antes de que pudiera preguntar qué sucedía, los vió corriendo y chocando entre sí mientras Albóndiga se comía los pedazos de la roca.

Hipo solo se encogió de hombros y siguió su camino con Hallie siguiéndolo.

Luego practicaron ataques sorpresa, Patán y Colmillo caminaron hacia el claro, sabiendo que Patapez y Albóndiga estaban planeando un ataque sorpresa.

En el momento en que entraron en el claro, Patapez y Albóndiga aterrizaron encima de ellos y los aplastaron.

—En el blanco —dijo la voz apagada de Patán.

Nuevamente aparecieron Hipo y Hallie, cargando unas canastas con pescado para Chimuelo y los Terrores Nocturnos. Ambos hermanos siguieron caminando pero su paso se tambaleó y volvieron a mirarlos por un segundo.

Miraron lo que parecía Patapez y Patán jugando a la mancha y los dragones parecían estar jugando también.

—¡Patapez, detente! ¡Vuelve aquí! —Patán rugió.

—Solo damos un paseo —dijo Patapez inocentemente.

Fue en ese momento que ambos Abadejo supieron que estaban tramando algo.

—Están tramando algo —dijo Hallie a su hermano. Patapez estaba dispuesto a detener al Temblor pero Hallie aún no estaba segura en donde encajaba Patán en el asunto.

Después de eso, Albóndiga estaba corriendo contra la roca que tenía una imagen del Temblor, con Patapez de pie junto a él y Patán detrás de él. En el último segundo, Patapez se hizo a un lado y, demasiado tarde, Patán se dio cuenta de que estaba corriendo contra él. Antes de darse cuenta, Albóndiga chocó contra él y comenzó a rodar hacia el bosque.

Después de eso, Patán tuvo que ponerse unos tapones de algodón en la nariz y felicitar a Patapez por sus logros.

—Vaya, vaya, vaya, no creí que fuera posible… —dijo—. Sobre todo siento 'tú', pero ya estás listo.

—¿De verdad lo crees? —Patapez preguntó esperanzado.

Patán estaba a punto de abrir la boca, pero luego escucharon la voz de Hipo decir: —Sabía que planeabas algo.

Patán estaba tan sorprendido que la lana salió disparada de su nariz y se giró y vió a Hipo, Hallie y Chimuelo saliendo de detrás de un árbol.

—Patapez, ¿te entrenaste para enfrentar al Temblor? —preguntó Hipo.

—No tienes que responderle —dijo Patán.

—Oh, claro que sí —dijo Hipo y miró a Patapez—. ¿Patapez?

—Bueno. Sí, entrenamos —dijo Patapez. Patán gimió y se alejó—. Pero solo porque no podemos quedarnos sentados y que Temblor se quede en Oscuridad Profunda. Sabemos que los Gronckles no pueden quedarse aquí. Sabes que no es su hogar, Hipo. ¿Quieres hablar de naturaleza, lo correcto y donde va cada cosa? El Ojo del Dragón dice que los Gronckles deben vivir en Oscuridad Profunda y nos aseguraremos de que así sea—Hipo se cruzó de brazos y Hallie miró a Patapez preocupada—. Esta vez estamos listos, Hipo.

—Hipo… —Hallie llamó a su hermano pero él no respondió

Patapez se dio cuenta de que Hipo no estaba convencido. Entonces, se volvió para mirar a Albóndiga.

—¡Mira! ¡Albóndiga, lista para la batalla!

Albóndiga tomó una posición de pelea y gruñó a Hipo, Hallie y Chimuelo. Hallie se sorprendió y Chimuelo disparó una pequeña explosión de plasma en ella sin dañarla, la explosión la dejó chamuscada y se derrumbó.

—Chimuelo —Hallie lo regañó pero él la ignoró soltando un gruñido.

—¿Lista para la batalla? Whoa. Patapez, este no eres tú, es él —dijo Hipo señalando a Patán.

—Lo sé. Grandioso, ¿no? —dijo Patán con orgullo. Hallie fulminó a su primo con la mirada.

—¡No, no es grandioso! —Hipo gritó y volvió a mirar a Patapez—. No puedes escuchar a Patán. Es una completa receta para el desastre.

—Desastre es quedarse corto —opinó Hallie.

—¡Oye, eso me ofende! —Patán gritó furiosamente a sus primos—. ¿Cuándo hice algo que acabará en desastre? ¿Verdad, Colmillo? —se dio la vuelta y descubrió que Colmillo había volado lejos de él—. ¿Colmillo? ¡Colmillo!

Luego miró a Hipo y Hallie con una sonrisa para ocultar su vergüenza.

Hipo puso los ojos en blanco y volvió a mirar a Patapez—. Tú eres todo cerebro y corazón, Patapez —dijo—. No fuerza y fanfarronería.

—Pero, Hipo…

—Es cierto, Patapez —interrumpió Hipo—. Deben regresar a su isla, ¿y sabes que? Encontraremos la forma de hacerlo, pero luchar contra el Temblor —dijo colocando una mano en el hombro de Patapez—... No, esa no es la forma.

Patapez parecía un poco decepcionado, pero no dijo ni una palabra. Luego miró a Hipo y asintió. Satisfecho, Hipo sonrió y se montó en Chimuelo esperando que su hermana lo siguiera pero Hallie estaba mirando a Patapez que observaba el suelo con tristeza.

—Ire en un momento —dijo Hallie a su hermano y Hipo levantó una ceja de manera interrogatoria—. Confía en mí.

Él dudó pero terminó asintiendo y se fue volando dejando a Hallie con Patapez y Patán. Hallie podía convencer muy rápido a las personas si se lo proponía.

—Patapez…

Hallie fue interrumpida cuando aparecieron los gemelos, como si hubieran perdido algo.

—Um, ¿por casualidad no vieron a cinco o veinte Gronckles salvajes correr por aquí? —preguntó Brutilda y Hallie suspiró.

—No es que los hayamos perdido —dijo Brutacio rápidamente—. Si así fuera, lo negaríamos.

—¿Cómo perdieron a veinte Gronckles? —Patán preguntó con incredulidad.

—Lo sé —dijo Brutacio luciendo tan confundido como Patán—. Le construimos una jaula nueva.

—Sí. De pura roca —dijo Brutilda.

Le tomó varios segundos darse cuenta de su error.

—Oh —dijeron exactamente al mismo tiempo—. Claro. Rocas. Gronckles.

La niña puso los ojos en blanco antes de acercarse a Patapez.

—Se lo que vas a decir, Hallie —dijo él sin mirarla—. Hipo ya lo dijo.

—Bueno, él tiene razón en algo —dijo Hallie cruzándose de brazos—. Jugar sucio no es lo tuyo —luego hizo una pequeña sonrisa—. Pero tú también tienes razón en algo, el hogar de los Gronckles es Oscuridad Profunda pero no podemos reclamarlo ahuyentando al Temblor…

Patapez alzó la cabeza mirándola estupefacto

—¡Hallie…

Hallie levantó su mano deteniéndolo—. Lo sé, es una locura, lo sé —dijo—. Solo trató de decirte que luchar contra la naturaleza no resolverá nada. Y es ahí donde el cerebro y corazón actúan, no necesitamos luchar contra la naturaleza, ni cambiarla, sino, entendiéndola, vivir en ella.

—Pero la naturaleza del Temblor es muy agresiva —dijo Patapez sin comprender.

—Si y eso creíamos de todos los dragones hasta que descubrimos que no era así —Hallie explicó señalando a Albóndiga que sacó la lengua mirándola feliz—. La solución a la supervivencia del Temblor tiene que pasar por integrar esa supervivencia con la de los Gronckles. Tiene que pasar por vivir en su naturaleza, en vez de vivir contra ella.

—No creo estar entendiendo —comentó Patapez confundido.

—Entonces trata de entender al Temblor —respondió la niña—. ¿Por qué ahuyentaría a los Gronckles? ¿Por qué querría estar solo?... Tal vez hay algo que aún no vemos.

Hallie se dió la vuelta para irse pero no sin antes voltear a ver a Patapez.

—Se que lo resolverás, Patapez —dijo Hallie sonriendo amistosamente—. Siempre lo haces.

Entonces ella se dió la vuelta comenzando a alejarse para buscar a Smidvarg, Patapez la miró irse mientras meditaba sus palabras en su cabeza.

—Oigan, ¿les molestaría llevarme a la casa club? —preguntó Patán—. Colmillo está algo ocupado.

—Nosotros te llevamos, Patán —dijo Patapez. Entonces su rostro se puso serio—. Con una condición.


Más tarde esa noche, Patapez y Patán estaban volando a Oscuridad Profunda. Una vez que aterrizaron, se bajaron de sus dragones.

—Me siento mal por escapar —dijo Patapez—. Pero Albóndiga y yo somos la única esperanza de los Gronckles.

—Hiciste lo correcto, Patapez —dijo Patán con orgullo—. ¡Puedes enfrentar a este dragón y reclamar Oscuridad Profunda para los Gronckles!

De repente, el suelo tembló y los dos niños miraron hacia arriba y vieron que el Temblor rodaba hasta el borde de un acantilado. Luego se estiró y se elevó sobre ellos y dio un rugido masivo.

De inmediato todo el valor que Patán había tenido se desvaneció y miró horrorizado a Patapez.

—¡No dijiste que era tan grande! —gritó—. ¡¿Qué pensabas?!

—Pero dijiste que hacía lo correcto —dijo Patapez.

—Uh, sí. ¡Eso fue antes de verlo!

El Temblor rugió de nuevo y Patán comenzó a retroceder lentamente.

—Um, ¡voy a buscar ayuda! —dijo torpemente—. ¡Sí! ¡Ayuda! Oh, es muy grande.

Antes de que Patapez pudiera detenerlos, Patán corrió hacia Colmillo y Patapez siguió su ejemplo.

—¡Retirada! ¡Retirada! —Patán gritó montando a Colmillo y despegó.

Patapez miró hacia atrás al Temblor y se dió cuenta de su error—. Hipo y Hallie tenían razón. No somos así —dijo.

Patapez miró a Albóndiga y luego al Temblor. Por mucho que quisiera irse, no podía dejar Oscuridad Profunda con el Temblor en él.

—¿Pero qué otra opción tenemos? —dijo y montó en Albóndiga—. ¡Por los Gronckles y Oscuridad Profunda!

Albóndiga rugió al Temblor, pero luego despegó y se cernió sobre ellos. Esto hizo que tanto Patapez como Albóndiga perdieran su universidad y temblaran incontrolablemente.

—Oh, cielos —dijo Patapez.


Mientras tanto, Hallie y los otros jinetes, menos los gemelos, habían descubierto que Patapez y Patán habían desaparecido. Afortunadamente, Hipo y Hallie tenían una idea bastante clara de adónde iban.

—Hay que encontrar a esos cabezas de carnero antes de que los maten —dijo Hipo y Hallie lo miró.

—¿Cabezas de carnero? —ella repitió.

—Bueno, hay muchas otras cosas que me gustaría decir, pero ninguna de ellas serían apropiadas para ti —le aseguro Hipo a su hermana y ella asintió dudosa.

—¡Mira allá! —Astrid señaló y vieron a Patán volando hacia ellos—. ¡Cabeza de carnero a la vista!

—¿Y por qué no me sorprende que sea Patán? —preguntó Hallie.

Rápidamente Hipo, Hallie y Astrid bloquearon el camino de Patán.

—¡Patán! ¿Dónde está Patapez? —preguntó Hipo.

—Sabes, el Temblor era un poco más grande de lo que nos dijo —dijo Patán riéndose nerviosamente.

—¡¿Qué parte de que casi nos mata no me entendiste?! —Hallie exclamó mirando furiosa a su primo.

—¿Y lo dejaste? —dijo Hipo con incredulidad—. Oh, por Thor.

Luego, los tres volaron hacia Oscuridad Profunda para respaldar a Patapez. Patán simplemente se quedó flotando en el aire y Colmillo le gruñó.

—¡Ah, está bien! —Patán gimió—. ¡Pero mi muerte caerá en tus cuernos, Colmillo!

Luego, bastante a regañadientes, siguió a los demás hasta Oscuridad Profunda.


En la isla, Patapez entró en pánico cuando él y Albóndiga huyeron del Temblor.

—¡Oh, Thor! ¡Oh, Thor! —Patapez gritó.

El Temblor tenía la piel tan dura que rompía las rocas que se interponían en su camino. Parecería que nada les impediría perseguirlos a los dos.

Luego, de la nada, una rafaga de fuego y una explosión de plasma estalló en el Temblor enviándolo hacia atrás.

—¡Patapez! —Hipo gritó mientras él y los demás volaban hacia él.

Los tres jinetes y Hallie volaron sobre el Temblor haciendo que cayera sobre ellos en lugar de Patapez, él miró hacia arriba y vieron al Temblor persiguiéndolos. El Temblor luego se elevó en el aire y se encontró con la niña, los tres jinetes y les gruñó.

—¡Puede que los ataques hagan parecer lo contrario pero te aseguro que venimos en paz! —gritó Hallie y el dragón le gruñó como respuesta—. ¡¿Acaso no sabes que es mejor la paz que la guerra?! ¡Pero qué terco eres!

—¡Hipo, dile a tu pequeño engendro que deje de enfadar a esa bestia o hará que nos mate! —Patán gritó mirando a Hipo.

Luego el Temblor se hizo una bola y cayó en picado hacia el suelo y fue lo que causó una onda de choque masiva que derribó a Patapez de Albóndiga y desequilibrio los dragones del aire. Hallie gritó cubriéndose los oídos al sentir las vibraciones y Hipo perdió su agarre en su cintura cuando salieron volando por la onda de choque.

—¡No otra vez! —gritó Hallie resbalando de la espalda de Chimuelo.

—¡Hallie! —grito Hipo aterrado al ver a su hermana cayendo en picada pero Chimuelo seguía batallando contra la fuerte corriente y no podía atraparla.

La niña entonces sacó su flecha de agarre y la disparó hacia uno de los picos del Monte Gruñido, la flecha se incrustó en la roca y Hallie acortó la cuerda sosteniendola con una de sus manos logrando columpiarse por las rocas.

—¡Si! —Hallie exclamó pero su sonrisa se borró cuando pasó volando a unos metros del rostro del Temblor, la niña pudo ver como los ojos del Temblor la miraron antes de dirigir su atención a alguien más.

¿Qué demonios?

De repente Hallie gritó cuando la flecha se desprendió de la roca y ella aterrizó con fuerza rodando por el suelo. Luego el Temblor se excavó del cráter y rugió muy fuerte. Patapez y Albóndiga se recuperaron y vieron al Temblor volando directamente hacia ellos ignorando a Hallie.

Hallie se recuperó de la caída y vió al Temblor volando por encima de ella—. ¡Patapez! ¡Albóndiga! —exclamó ella recogiendo su arco y corriendo hacia ellos.

Patapez gritó y se subió rápidamente a la silla de Albóndiga, quien tenía miedo. Inmediatamente se fueron volando, pero el Temblor los siguió. Pronto derribó a Patapez de Albóndiga y rodaron por la tierra y cayeron al barranco.

Patapez tardó varios segundos en cubrirse para recordar en dónde estaba.

—¡Patapez! —escuchó la voz de Hallie desde arriba. La niña había logrado deslizarse por el suelo hasta caer por el mismo barranco y aterrizar a su lado.

—¡Hallie! —exclamó Patapez sorprendido y feliz de verla. Ella se acercó a él corriendo y lo abrazó con fuerza.

—¿Estás bien? —Hallie preguntó preocupada alejándose de él.

—Si —Patapez dijo más calmado—. Estamos bien —miró a Albóndiga y ella gimió estando de acuerdo. Luego Patapez miró a Hallie preocupado—. ¿Tú estás bien?

Hallie asintió—. Si… Eso creo.

Miraron hacia arriba y vieron al Temblor gruñéndoles al borde del barranco. Luego se alejó y Patapez y Hallie notaron una gran pila de rocas, pronto se dieron cuenta de que no estaban en un barranco, estaban en una caverna y simplemente cayeron por un agujero que estaba en el techo de la caverna.

—La cueva del Temblor —dijo Patapez recogiendo una pequeña roca—. Parece que vive aquí solo.

—No me sorprende que esté tan a la defensiva —dijo Hallie examinando la cueva—. Este lugar se siente muy desolado y… triste.

Pronto se dieron cuenta de que si estaban dentro de su cueva, el Temblor estaría más enojado.

—Albóndiga, Hallie. Salgamos de aquí —dijo Patapez mirando a la niña y a la Gronckle. Ellas asintieron.

Rápidamente salieron corriendo de la cueva, pero tan pronto como se fueron se encontraron cara a cara con el Temblor. Había aterrizado frente a ellos en una bola y subía una pequeña colina.

Segundos después, rodó hacia ellos. Patapez cerró los ojos listo para el final, pero luego los abrió y miró al Temblor rodando con una mirada determinada y se puso delante de Hallie de forma protectora junto con Albondiga.

Pronto, los otros jinetes se recuperaron del ataque del Temblor y vieron a Patapez a y Hallie mirando al Temblor que rodaba hacia ellos.

—¿Qué es lo que hacen? —dijo Astrid.

—¡Parece que quieren que los mate! —dijo Patán.

—¡Patapez, Hallie, salgan de ahí! —Hipo gritó preocupado. Hallie no parecía tener intenciones de moverse y eso lo aterraba.

—No. No vamos a ninguna parte, ¿verdad, nena? —dijo Patapez mirando a Albóndiga.

Los dos se quedaron allí cubriendo a Hallie con sus cuerpos y preparándose para el Temblor, que no se había detenido.

Hallie los miró sorprendida y entonces recordó su visión del día anterior. Este era el momento que había visto en su visión, pero había algo que faltaba.

—¡Patapez! —Hallie lo llamó—. ¡Alza las manos!

—¿Qué? —preguntó Patapez confundido sin voltearse a verla.

—¡Confía en mí!

Patapez hizo lo que le pidió y alzó sus manos.

—No retroceder, no retroceder, no retroceder —dijo Patapez cerrando los ojos.

Hallie no cerró los ojos y miró fijamente como el Temblor se acercaba a ellos. El Temblor luego saltó de una roca y voló por los aires y aterrizó con fuerza en el suelo sobre sus pies.

El corazón de Hipo saltó a su garganta y su pecho se apretó antes de que el polvo se aclarara. No estaban muertos. Hallie no estaba muerta, su niña no estaba muerta.

Hallie suspiró aliviada así como Patapez abrió los ojos y vio que todavía estaban vivos.

—No nos aplastó —dijo sorprendido.

—Aún —Hallie se puso a su lado señalando al frente.

Luego Patapez vio a Albóndiga mirando al Temblor. El Temblor luego les rugió, Albóndiga no se movió ni una pulgada. Los dos dragones de Clase Roca simplemente se gruñeron el uno al otro mirándose a los ojos.

Luego, el Temblor comenzó a relajarse y Albóndiga voló y lo acurrucó. Una sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Hallie

Era como si de repente el Temblor tuviera un corazón nuevo. Está bien, siempre y cuando no estuviera tratando de matar a nadie, Hallie estaba bien con eso.

Patapez se quedó mirándolos—. Funciona —dijo atónito.

—Funciona —dijo Hipo mientras él y los otros jinetes los miraban.

—¡Funciona! —exclamó Hallie eufóricamente levantando ambos brazos.

Entonces los gemelos llegaron con los Gronckles. Los Gronckles luego volaron hacia el Temblor y siguieron el ejemplo de Albóndiga.

—Oye, creí que dijeron que esa cosa era feroz —dijo Brutacio decepcionado—. No me parece tan feroz.

—¡Bien, no morimos hoy! —celebró Hallie y Albóndiga rugió feliz a su lado.

Los otros jinetes aterrizaron mientras el Temblor y los Gronckels se alejaban felices.

Hallie vió a su hermano bajando de Chimuelo y sonrió—. ¡Hipo! —ella gritó corriendo hacía él.

Hipo abrió sus brazos y atrapó a su hermanita en un abrazo levantandola del suelo y besando su cabello varias veces. Si Hallie no lo mataba de ternura algún día, iba matarlo de un susto por todas las situaciones peligrosas en la que se metía.

Luego él bajó a su hermana y miró a su amigo—Patapez, esa fue la locura más valiente y demente, sobretodo demente, que jamas había visto hacer a alguien —dijo Hipo luciendo impresionado.

—Más valiente que demente diría yo —opinó Hallie riendo.

—Tenían razón, chicos. Pelear sucio no es lo mio —dijo Patapez—. Ese fui yo.

—Claro que sí —coincidió Hipo sonriendo. Luego rodeó a Hallie con su brazo y ella lo abrazó por la cintura.

Observaron al Temblor aplastar una roca y a los Gronckles devorar rápidamente los pedazos.

—El Temblor estaba a la defensiva —dijo Patapez—. Estaba asustado y solo. No estaba enfadado.

—Oww, solo quería compañía —arrulló Hallie mirando al Temblor con ternura—. ¡Todo perdonado, grandulón! —ella gritó al Temblor.

El Temblor pareció escucharla porque gruñó amistosamente en su dirección y la boca de Hallie se abrió ligeramente de la sorpresa.

—¡Hipo! ¿Lo viste, lo viste? —Hallie preguntó emocionada tirando de su túnica—. ¡Creo que le agrado!

Su hermano sonrió mirándola y acariciando su cabello—. Si lo ví, dragoncita.

—¡Vaya, Patapez, eso fue sorprendente! —Patán gritó acercándose a ellos—. Tal como te enseñé. No me des las gracias. El éxito es la recompensa.

—Oh, ¿en serio, Patán? Dime más —dijo Patapez con una voz falsamente emocionada. Patán abrió la boca, pero Patapez lo interrumpió—. Oh, cierto. Ahora recuerdo que no me importa.

Hipo y Hallie se rieron mientras Patapez caminaba dejando atrás a un Patán desconcertado.

—Le enseñé muy bien —dijo Patán.