Disclamer: Varios de los personajes no son míos sino de la maravillosa Stephenie, la historia y algunos de los personajes si son míos
Surrounded by boys
Capitulo 26: Idiota impulsivo.
Una vez en la mesa, Jacob abrió la caja con desesperación, demostrando lo poco civilizado que podía llegar a ser cuando tenía hambre.
Hice una mueca al ver como se tragaba un pedazo con una obscena cantidad de peperoni.
¿Cuál es el problema? –preguntó el orangután viéndome curioso.
-Rose odia el peperoni. –Jacob respondió con la boca llena, pero calló de inmediato al recordar que había hecho una promesa interna de ser un idiota con Emmett. Lo que por alguna razón me molestaba enormemente.
-Es bueno saberlo. –Respondió el orangután viéndome fijamente.
Vi de reojo como Jacob mordía su trozo de pizza con demasiada rabia. Parecía un maldito hombre de las cavernas.
-No los odio. –negué, intentando restarle importancia al comportamiento de mi mejor amigo. –Simplemente no me agradan.
Emmett sonrió, enseñando nuevamente sus tiernos hoyuelos. Jacob carraspeó interrumpiendo mi momento de debilidad. Al parecer me había descubierto admirando al orangután.
-Pensé que andabas con Tanya. –comentó mi mejor amigo de repente, volviendo el ambiente incómodo. Extrañada con la nueva actitud de Jake, me quede en silencio, mientras emmett le lanzaba una mirada que no podía indicar nada bueno.
-No creo que sea de tu incumbencia Jacob. –Lo conocía lo suficiente para saber que se estaba controlando para no mandarlo a la mierda, y agradecí profundamente. –Pero si tanto te importa…-se detuvo. -Estuve con ella, si, pero eso ya es pasado. –Explicó. –Desvió su mirada a mí, parecía genuinamente avergonzado..
-¿Y qué tal estuvo? –Jacob preguntó, yo lo miré con los ojos desorbitados ¿Qué demonios le pasaba? –Digo… todos en el instituto han tenido la oportunidad de tenerla en su cama…
-No tu -respondí indignada Cómo habíamos llegado de lo peperonis a la promiscuidad de Tanya?
Algo me decía que todo esto se debía a nuestra conversación de la mañana. Jacob quería probarme que mi orangután no pasaba de un mujeriego, y no se le ocurrió nada mejor que encarar al propio Emmett.
-No estamos hablando de mí. –Mi amigo respondió viendo serio a Emmett. –No estoy interesado en mujeres fáciles.
Mierda… ¿Es que acaso Jake había perdido la cabeza? Con un solo golpe del orangután acabaría en el hospital.
-Jake, pensé que tenías hambre. –Decidí cambiar el tema. – ¿Por qué no comes y te dejas de decir burradas?
-No son burradas, ¿no vas a responder Emmett?. -Exigió, yo tragué saliva.
-un caballero no tiene memoria.- fue todo lo que dijo, haciéndome poner los ojos.
-Los caballeros no tratan a las mujeres como objetos descartables. –Mi amigo respondió.
-¿estás defendiendo a Tanya? –cuestione incredula, no entendía su repentina posición. –Esa tipa no se respeta ni a si misma…
-Eso no le da derecho a tratarla como basura. –Continuó discutiendo.
-Jacob tiene razón. –Emmett concordó, tomándome por sorpresa –Fui un idiota.
-Hey… alto… -Pedí confundida. -¿Estamos hablando de Tanya? ¿De la misma Tanya que me ha hecho la vida imposible desde que estaba aprendiendo a caminar?
-Tal vez deberías darle una oportunidad. –Mi amigo me ignoró y continuó hablándole al orangutan. –En el fondo tú y ella no son tan diferentes.
-¿Qué? –me exalté. -¿Qué demonios estás diciendo Jacob? - ¿ pero que carajos?
-Rose, estoy intentando hablar con Emmett. –Jacob me dijo viéndome de mala gana.
-Estás diciendo estupideces. –Continúe. -¿Desde cuándo tu y Tanya son amigos? te trata tan mal como a mí.
-No dije que fuera mi amiga. Solo digo que tal vez ella y Emmett , hacen una buena pareja.
-¿Qué te hace pensar eso? –preguntó el orangután viéndolo serio.
-Los dos son egoístas y tratan a los demás como objetos descartables.
-No me conoces…-Emmett dijo entre dientes.
-La pizza se enfría. –volví a intervenir, si no cambiábamos de tema Jacob terminaría con un ojo morado y un diente menos. Y por cómo se estaba portando, no estaba tan segura de que fuese a interceder por él.
-Rosalie tiene razón. –El orangután habló con voz calmada, haciendo un esfuerzo enorme por no golpear a mi mejor amigo.
-Ya no tengo hambre. –Jacob dijo poniéndose de pie. -¿Rosalie, vienes?
Tragué en seco, jamás pensé que algo así podría pasar. Me voltee para ver a Emmett, que esperaba mi respuesta con atención.
-Yo si tengo hambre Jake. –Dije viéndolo con molestia, no podía creer que hubiese montado tamaña escena y tuviese el descaro de mandarse a cambiar como un cobarde. –Y si tú no quieres quedarte y comer… más comida para mí.
Jacob me observó con molestia.
-Como quieras. –parecía dolido. –Nos vemos mañana.
Mi amigo se marchó de la pequeña pizzería con rapidez.
-Lo siento. –me disculpé por la actitud de Jake. –Puede ser muy idiota cuando se lo propone.
-Quien tiene que disculparse soy yo. –Emmett habló con seriedad. –No debí haberme colado a su cena.
-Te lo advertí. –Dije con una sonrisa, intentando amenizar la tensión.
-Es verdad -El sonrió de vuelta. –Sabía por la forma en que me miraba que mi presencia no era de su agrado.
-¿Entonces por qué insististe? –Fruncí el ceño. –Estabas buscándotelo.
-Tal vez… -Él me sonrió con inocencia. –No quería dejarte sola con él.
-Jake es mi mejor amigo.
–Supongo que Jacob tiene razón en algo… soy egoísta.
Me sonrojé ante sus palabras. ¿Es que acaso estaba diciéndome que me quería para él solo? Reí internamente ante mi estúpido pensamiento.
-¿Ángela está tardando no te parece? –di un vistazo hacia el balcon, intentando esconder mi sonrojo.
Al cabo de un rato la otra pizza llegó, y Ángela se disculpó diciendo que no podría unírsenos porque tenía que cerrar la caja o algo así. Por lo que tuvimos que continuar cenando solos.
-Comes como un cerdo. –Le regañe viendo como se llevaba la decima porción de pizza a la boca.
-Soy un hombre grande. –dijo orgulloso. –Además tú no te quedas atrás.
Yo me sonrojé, era verdad yo ya me había comido unos cinco trozos. Estaba segura que ninguna revista del corazón aconsejaría como método de conquista para una cita: comer como un maldito animal hambriento.
Pero esto no era una cita, y yo no quería conquistar a Emmett. Intenté convencerme a mi misma de lo último.
-Yo he trabajo el día entero. –Me defendí. –Por lo que mi cuerpo necesita combustible.
-Tienes disculpas para todo.
Su teléfono tocó interrumpiéndolo, frunció el ceño al leer la pantalla de su móvil. Y sin dudarlo un momento cortó la llamada.
-¿Quién era? –pregunté curiosa. Otra vez mi lengua no había sabido mantenerse quieta.
-Mamá. –Respondió como si nada. Me extrañó que no hiciera ningún comentario burlándose de mi tan inesperado interés.
-¿Por qué no has atendido? –volví a preguntar. –Podría ser importante.
-No lo es.-Dijo con la mirada perdida. Había algo que lo estaba molestando –Discutimos hace un rato.
-¿Por eso has venido aquí?
-Si… dudaba entre comer una buena pizza o ir a un maldito bar a beber como si no hubiese mañana. –Hizo una mueca. –Afortunadamente, ganó el hambre.
-¿Afortunadamente? Pensé que emborracharte fuese uno de tus pasatiempos preferidos.
-No bebo porque me guste. –frunció el ceño. –Me alegra no haber ido al bar… de haber sido así no me habría topado contigo.
Volví a sonrojarme como una idiota.
-Oh claro… yo alegro tus días. –dije sarcástica, él sonrió.
-Ya te dije que me encanta hacerte rabiar. De no haber sido por la llamada, jamás hubiese recordado lo que me trajo aquí. -sonrío enseñando los hoyuelos.
-Me alegra poder ayudar. –lancé otro comentario sarcástico.
-Tienes que admitir que a ti también te encanta pelearte conmigo.
-Para mí no es una diversión, Es un desafío.
-vaya… no sabía que fuese tan importante. –volvió a reír.
Otra vez me estaba sonrojando, al parecer ese sería mi estado permanente cuando me encontrase en presencia del orangután.
-¿Por qué se han peleado? Tu madre es adorable.
-No quieres saberlo. –Su mirada se oscureció. –Renee puede ser insoportable cuando se lo propone.
-Oh vamos… -levanté una ceja. –No puede ser peor que mi padre.
-Al menos tu padre no está todo el tiempo regañándote.
-¿Bromeas? –Salté. –Cada vez que puede me suelta un sermón. –Puse los ojos. –O peor… me compara con la señorita perfecta.
-Realmente no sé como lo soportaste aquella noche. –Emmett comentó. –Pensé que en cualquier momento le clavarias un tenedor en el cuello.
-Tengo que soportarlo. –Me di de hombros. –Papá está enamorado. –Dije la última palabra como si se tratase de una enfermedad terminal. –Jamás lo había visto tan feliz.
-Eso no le da el derecho a dejarte olvidada. –El orangután parecía molesto.
-Lo sé… -Suspiré. –Pero supongo que ya se le pasará. –Dije rezando por que así fuera, no creo que pudiese soportar por mucho más la indiferencia de mi padre.
-Más le vale… -Habló amenazadoramente. –No quiero ser preso por golpearlo.
Lo observé con los ojos entrecerrados.
-¿Por qué te molesta tanto el cómo me trate mi padre? –pregunté confundida.
–Sé lo agobiante que puede llegar a ser, vivir con alguien que te critica el tiempo entero.
-¿Renee? –Me sorprendí, jamás pensaría que una mujer tan encantadora podría llegar a ser agobiante. Emmett negó con la cabeza.
-Mi padre. –Puso los ojos. –Es un completo imbécil.
-No deberías referirte así a él. –Dije algo molesta, después de todo era su padre y le debía respeto. –Estoy segura de que todo lo que hace es porque le importas.
-Lo único que le importa a ese hombre es el dinero y su apellido. –Habló entre dientes, al parecer era un tema delicado pues su mirada se había vuelto muy oscura.
-¿McCarty? –Recordé, él asintió.
-Por eso prefiero utilizar el apellido de Phil. –Sonrió. –Siempre ha sido muy bueno conmigo.
-Parece un buen tipo. –Murmuré recordando al padre de Bella. El orangután asintió.
-Vaya… Son las once y media. –dijo viendo su reloj de pulsera.
-Será mejor que nos vayamos. –hablé pensando en que al otro día tendría escuela -me di de hombros y me puse de pie. –Nos vemos mañana. –Me despedí del orangután y comencé a andar hacia la puerta.
-¿A dónde crees que vas? –Me interceptó antes de que hubiese llegado al balcón para despedirme de Ángela. –Voy a llevarte.
-Puedo caminar hasta mi casa. –no quería que se enterara de que Alex y Jackson aun no regresaban a casa.
–No me hagas cargarte hasta el coche.
accedí, con un suspiro, sabiendo que era muy capaz de cumplir sus amenazas.
Nos despedimos de la tímida Ángela y salimos de la pizzería. La temperatura había bajado considerablemente, y mi delgada chamarra no era suficiente para mantenerme abrigada.
-Estas congelándote. –Emmett observó mientras caminábamos en dirección al jeep estacionado a una cuadra de la pizzería de los Weber.
-No es cierto. –Mentí. Pero mis estúpidos dientes me delataron. –Estoy bien.
-Ten. –Me tendió su chaqueta de cuero, que tenía ese perfume tan exquisito.
Al ver que yo no me movía, el mismo me la puso sobre los hombros.
-Eres muy testaruda. –él rió subiendo al coche y echándolo a andar.
-Y por eso te encanto. –bromeé, pero él no hubo risas ni un comentario burlón como supuse que respondería.
-Rosalie… -Habló serio, viéndome a los ojos.
-Solo bromeaba. –dije avergonzada. No necesitaba escuchar de sus propios labios, que él jamás me vería de esa manera.
-Lo que dijo Jacob… -Fruncí el ceño, no estaba entendiendo nada. – ¿Tu también piensas así?
-¿Bromeas? Sabes bien lo mucho que odio a la oxigenada de Denali. –me exalté. ¿Qué acaso estaba reconsiderando volver a liarse con Tanya?
-No me refiero a Tanya.
-¿Entonces de que me estás hablando?–pregunté muy confusa.
-Tú crees que… -Se calló y me vio avergonzado, dándome a entender a que se refería.
-No… no creo que seas un egoísta que trata a las mujeres como basura.-dije recordando las hirientes palabras de Jacob. –Pero sí creo que eres un idiota impulsivo.
Estacionó el coche frente a mi casa. Y me miró a los ojos.
-Supongo que tengo que darte la razón.
Y antes de que pudiese decirle que yo siempre tenía la razón vi que estaba inclinándose. Las intenciones eran claras, tenía que haber sido muy estúpida para no darme cuenta de lo que estaba sucediendo, mi corazón comenzó a batir con rapidez y mis manos sudaban. Jamás había estado tan nerviosa, y no era para menos.
Mi orangután iba a besarme.
.
.
Ella Rose McCarty
