—(mi nombre es akane tendo, vengo de una familia privilegiada. Para mi desgracia, terminé capturada por mercenarios, yo y 19 personas más…no se que es lo que me deparará el futuro, pero estoy segura, de que no viviré para verlo, tal vez si alguien está leyendo esto en este momento, probablemente ya no esté con vida…)

Doy un brinco al escuchar que alguien se acerca e inmediatamente guardo mi pequeña libreta de apuntes bajo mi falda.

—¡bien, de pié! —dijo en un grito, despertando a todos—…¡caminen!

Así como las palabras salen de su boca inmediatamente nos ponemos de pié. Todos somos encadenados de pies y manos, como si fuesemos unos esclavos.Tras 1 hora de caminata el ocaso comienza a aparecer, el viento arrasta las hojas secas sobre mis pies,después de unos minutos, caigo rendida de rodillas, llevandome al suelo a las demás personas, me siento débil, sedienta, mi tobillo me duele, las lágrimas recorren mis mejillas. De pronto siento unas manos apretar mi antebrazo, su agarre es fuerte, y eso me hace temblar…

—¡Levantate!, ¡¿o acaso quieres morir aquí mismo?! —dijo amenazante—

Como puedo intento levantarme, pero mis piernas se vuelven a rendir.

—¡Estúpida niña!, ¡NO ME HAGAS PERDER TIEMPO!

De un sólo tirón hace que me levante, mi antebrazo comienza a sangrar, reuno fuerzas y avanzo lo más que puedo.

—y al próximo que se le ocurra tomar un breve descanso, me asegurare de que lo tome para siempre —comentó con frialdad—

No se cuanto tiempo ha pasado desde su advertencia, pero no estoy segura de poder seguir.

—llegamos…todos, detengan el paso —ordenó—

Justo cuando estaba por rendirme, paramos frente a un gran muro con una puerta de madera enorme y pesada, habían soldados vigilando desde unas torres. Mientras observaba, el sonido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos.

Avanzamos hacia un pequeño cuarto oscuro, donde habían camas, como si se tratara de un campamento. Cuando las cadenas al fin soltaron nuestros pies y manos, sentí gran alivio, pero eso no duró mucho, ahora que estoy aquí, el miedo se apodera de mí, mis manos comienzan a temblar cuando escucho las puertas cerrarse fuertemente. Las lágrimas salen a montón, no puedo reprimir más y mi llanto sale, caigo de rodillas, cubriendo mi rostro con mis manos. Escucho a las personas preguntando por el lugar, desesperadas por lo que les va a pasar. Una mano cálida se posa sobre mi hombro y hace que me sobresalte.

—tranquila, todos estamos pasando por lo mismo, sin embargo, no nos doblegamos ante esta situación —muestra una dulce y reconfortante sonrisa—, ahora ven, y sientate a mi lado.

Me limpio mis lágrimas y asiento ante las palabras de la anciana.

—¿que estamos haciendo aquí?, ¿porqué nos han traído?

—¿no eres de nuestro pueblo, cierto?

—n-no, soy de la ciudad —respondí en voz baja—

—me lo imaginaba, una muchacha tan linda no podía ser de nuestra aldea —sonríe pero de pronto su rostro cambia a uno serio—. Escucha con atención, cuando vuelvan aquí, no los mires, ni hables, hasta que te lo ordenen, ¿me escuchaste?

Dijo asustada agarrando mis hombros, asenti con sorpresa, pero antes de que pudiera preguntar la razón, la puerta se abrió de golpe. La persona que nos metió aquí apareció, ordenando ponernos de pié.

—se les otorgará un trabajo a cada uno, los ancianos vendrán conmigo, ¡Ahora! —gritó furioso—

Los ancianos dieron un paso adelante, sin embargo, la persona que estaba conmigo no pudo ponerse en pié, giré para ayudar, pero alguien me empujó al suelo.

—¡LEVANTATE!, ¡¿no haz escuchado anciana inútil?! —gritó—

Con todo su esfuerzo se puso de pié, pero al hacerlo, el soldado la golpeó, mandandola de nuevo al suelo. Al ver lo que había hecho la ira se apoderó de mí, no me contuve y arremeti contra él, soltandole una bofetada.

—¡Ya fue suficiente! —grité con todas mis fuerzas—

Giró para verme, sus ojos ardían, podía ver el odio en su mirada, retrocedi, el miedo volvió a consumirme.

— que gran error el tuyo, ¡¡IDIOTA!!

Con su grito lleno de odio, soltó un fuerte golpe, que me mandó nuevamente al suelo,

La comisura de mis labios comenzó a sangrar, me congele al escuchar un sonido que me llenó de miedo, sentí horror al mirar lo que sostenía entre sus manos.

—pagarás lo que haz hecho —dijo quitándole el seguro al arma—

Bajé la cabeza rápidamente, cerrando fuertemente mis ojos, preparandome para soltar mi último aliento, pero justo en ese momento, una voz fría y dominante se escuchó detrás del soldado.

—Ya fue suficiente…