Toda la ciudad había sido consumida por una aterradora oscuridad y luces de neón. Si el escenario que se imaginan es una noche en la ciudad les invito a imaginarlo de nuevo, porque la noche nunca se había visto tan aterradora; las luces no se reflejaban en superficie alguna, no podía distinguir ni siquiera el piso sobre el que estaba parado. Lo único que no estaba hecho de luces de neón eran las personas y algunos objetos inanimados que vagaban por el aire.

«Jeff, ¿qué está ocurriendo? Dijiste que encontraríamos la estatua en el sótano del bar, pero yo no vi nada».

«Estoy tan confundido como tú, ahora lo único que muestra mi rastreador es esto (Tetris).

Abordé a la primera persona que encontré.

«Disculpe señorita…».

Con una sonrisa cordial, aunque un poco espeluznante ella me contesta: «¿Hola, bienvenido a Moonside?».

«¿Moonside? ¿No seguimos en Fourside?».

«Sí, creo que estás perdido».

«Sí, de hecho… espere ya no entendí, ¿seguimos en Fourside o no?».

«Sí, en Moonside, ¿captas?».

«La verdad no».

«Me alegro haber sido de ayuda». La señora prosigue su camino.

«¿Qué fue eso?» preguntó Jeff.

«No lo sé, pero voy acabar con esto de una vez por todas».

«¿A dónde vas?».

«A la Torre Monotoli, estoy seguro que él está detrás de todo esto».

«¿Qué hay de la policía?».

«¿Ves algún oficial?».

Me golpeo la nariz con lo que pareció ser un muro, pero al abrir los ojos no veo nada, no hay nada que delinee un muro frente de mí.

«¿Qué rayos es esto?» digo mientras palpo lo que sea que estuviera frente de mí.

Jeff se une a palpar. «Parece un muro invisible.

«No me digas» le contesto a Jeff con sarcasmo.

Respiro profundo y me digo a mí mismo que todo está bien mientras intento no perder el control.

Busco otra calle, pero esta también estaba bloqueada, luego me muevo a una tercera y lo mismo.

«Estamos en una jaula invisible, atrapados en una dimensión desconocida» exclamó Jeff con desesperación.

«Cállate». Intento mantener el nivel de mi desesperación a raya. «No estamos atrapados, debe haber una manera de salir de aquí».

Cuanto lamentaba haber dejado atrás a Mousketson.

Lancé una descarga de PSI Rockin α al muro invisible. La energía revota y regresa a mí con fuerza tirándome al piso.

«¿Estas bien?» me pregunta Jeff.

En un tono de desanimo contesto: «Si Paula estuviera aquí ya me estaría regañando».

«En serio la extrañas, ¿no es así?».

«Le prometí a su padre que no dejaría que nada le pasara».

«¿Qué crees que ella haría si estuviera aquí?».

Lo pensé unos segundos. «Pediría ayuda» contesté.

Me quedé pensativo por un momento. Cuando revisé Jeff se había separado de mi lado.

Él estaba hablando con un tipo que por su apariencia parecía turista: playera ligera, bermudas color caqui, lentes de sol y una cámara digital colgada a su cuello. Yo habría consultado con alguien de pinta más local pero bueno.

Al terminar de hablar, el turista sujetó su cámara y le sacó una fotografía a Jeff, después del destello Jeff desapareció frente a mis ojos.

«¡Oiga! ¿Qué le hizo a mi amigo?» le pregunté al supuesto turista.

Con una voz jovial y con la cámara en las manos él me contestó hola.

«Nada de hola, le hice una pregunta».

«Y adiós». El turista dispara el flash.

Quedo medio-cegado, después de todo ¿a quién se le ocurre tomar una fotografía frente a las narices de alguien?

Me encontré con Jeff quien se estaba tallando los ojos por el flash.

El escenario a nuestro alrededor había cambiado. Seguía estando lleno de luces neón de diferentes colores, pero el bar ya no estaba. Estábamos en la esquina de un cruce, una avenida de neón por la que circulaban carros, camiones y barcos.

«Ese hombre nos teletransportó» concluyó Jeff en voz alta.

«Bien, por lo menos nos sacó de esa jaula invisible».

Esperé a que el semáforo de peatones se pusiera en verde para poder cruzar la avenida de neón.

«¡Ness, cuidado!».

Jeff me jala de mi mochila salvándome de ser atropellado por una fila de vehículos.

«¡Fíjate mocoso!» me gritó un marinero desde su barco.

«¡La luz está en rojo anciano!».

A pesar de ese hecho la avenida se abarrotó de vehículos.

«Creo que las leyes de tráfico funcionan diferente aquí» dijo Jeff.

«¿Rojo significa siga?».

A nuestro lado se paró un joven de apariencia punk ―con todo y la cresta― esperando para cruzar a la avenida.

«Disculpa mano, estoy buscando la torre Monotoli, ¿sabes dónde puedo encontrarla?» le pregunté.

El joven se levantó de hombros y me contestó «Sí, lo sé, lo siento, bienvenido a Moonside».

«Fantastico, aunque no entiendo por qué te disculpas».

Espero la respuesta del chico punk, pero este no habla.

«¿Y bien?»

«Bien qué».

«¿Dónde puedo encontrar la torre Monotoli?».

«Acabo de decirte que sí lo sé».

«Entonces dímelo».

«¿Decirte qué?».

«Cómo llego a La torre Monotoli».

«Hombre ¡Que sí lo sé!».

El semáforo peatonal se pone en rojo y la línea de vehículos se detiene. Entonces el chico punk se apresura a cruzar molesto.

«Este lugar me está volviendo loco».

Jeff exclama: «¡Eso es! Verde significa para y rojo significa siga».

«¿Y eso qué?» le pregunto mientras cruzamos la calle.

«Tal vez aquí significa no y no significa sí».

«¿Eso tiene sentido?»

«¿Algo en este lugar lo tiene? Hagamos la prueba, hazle una pregunta obvia a esa señora de ahí (Una señora con sombrero de abuelita que estaba regando un buzón)».

Hago lo que Jeff sugiere. «Disculpe, ¿eso es un buzón?».

La señora me mira como si estuviera loco. «Sí».

«Ah, menos mal ―digo llevando una mano hacia mi frente―, sabía que era una pregunta estúpida».

«Lo sé, ¿quién confunde un buzón con una maseta?».

«¿Una qué?».

La señora siguió regando su buzón, pero al ver que no nos íbamos nos preguntó: «¿Necesitan ayuda?».

«¿No?».

«Patata, díganme en que les puedo ayudar».

Jeff le da pequeños tirones a mi camisa para llamar mi atención.

«¿Qué ocurre?».

Jeff señala con su mano a una niña de vestido rosado y cabello rubio que estaba de espalda a unos metros de nosotros.

«¿Paula?».

Ella salió corriendo.

«¡No, espera!» dije mientras la seguía.

Dobló en la esquina. Claramente vi como entró a un edificio.

Jeff que venía detrás de mí, me pidió que esperara antes de seguirla. «¿Por qué Paula huiría de nosotros?».

«Ha de seguir molesta, tengo que hablar con ella».

Crucé la puerta y entré a una habitación oscura delineada con luces de neón, estaba vacía. La puerta se cerró detrás de mí dejando a Jeff del otro lado.

En la habitación no había nada más que cuatro bombas de gasolina. Me acerqué para apreciarlas mejor.

Todas marcaban el número 5.

De forma sincronizada marcaron "4".

«Jeff, creo que este es un buen momento de que utilices tu maquina abre puertas» dije pegado a la puerta.

Las bombas marcaron 3.

Aun con más insistencia le pedí a Jeff que se diera prisa.

2… 1.

Sin nada más que hacer creé un escudo a mi alrededor esperando que resistiera lo que suponía que ocurriría a continuación y me pegué en una esquina.

El tablero de los dispensadores de gas se abrió para dejar caer 4 bombas.

¡Booom!

El suelo no ardió, pero el lugar se llenó de humo. Puse una parte de mi camisa sobre la nariz y seguí buscando la manera de abrir la puerta. Usé un poco de hierba refrescante para aguantar un poco más entre el humo.

Al ver que intentar abrir la puerta era inútil decidí buscar otra salida. En cierto momento de mi búsqueda tropecé con lo que pareció ser un alguien, pero aunque revisé bien, no había nadie en frente de mis ojos llorosos por el humo.

Pregunté si había alguien ahí, pero nadie respondió, así que comencé a palpar.

Efectivamente, había una figura humana en la habitación, de hombros un poco más altos que los míos, pero más delgado, aparentemente llevaba lentes.

«Por favor tienes que ayudarme, si no salimos de aquí pronto moriremos» digo mientras lo palpo.

Soy empujado, por lo visto el tipo invisible no estaba dispuesto a ayudar o lo había incomodado al palparlo.

Reviso mis pies y veo que estoy parado sobre una línea rojo neón: Era la luz que delineaba una de las paredes de la habitación. Doy un paso hacia atrás con total libertad. La pared no existía realmente, era una ilusión óptica. Aun así, el humo no se salía de sus límites.

Tomé otro poco de hierba refrescante para terminar de desintoxicarme una vez fuera del bloque de humo y empecé a caminar por la oscuridad.

Parado en medio de la nada estaba el mismo tipo de apariencia turista. Me acerqué a él y me acomodé la garganta antes de hablar.

«Disculpe, ¿será qué…?».

«Hola» dijo apuntándome con su cámara.

«No, espere».

«¿Debería hacerlo?».

«No, al menos no sin primero decirle a donde quiero ir».

«Entonces adiós».

Flash.

«Supongo que debí haber dicho que sí».

Estoy en otra habitación de neón, esta color amarillo limón, pero se veía diferente. Parecía un aula de clases, pero de un tamaño desproporcionado. Las sillas, los pupitres, todo era mucho más grande de lo normal. Eso o yo me había encogido. Palpé las paredes, eran solidas.

Caminando entre los pupitres de neón me encontré con Jeff.

«¿En dónde has estado? ―le reclamé indignado― Casi muero asfixiado en aquella habitación…».

Jeff mantenía la cabeza agachada de manera sumisa, pero no dice nada.

«¿Que te ocurre?» le pregunto.

Con la cabeza aun gacha contesta: «Lo lamento».

«Ven, hay que salir de aquí».

Caminamos a la puerta del aula. La perilla estaba demasiado alta como para alcanzarla con la mano. Sin complicarme mucho las cosas utilizo telequinesis para abrirla.

De alguna parte del aula se empezó a escuchar un sonido parecido al de unos aplausos, pero más agresivos, como el sonido que ocurre cuando intentas matar a un mosquito sobre tu brazo. El sonido se repetía en un tiempo lento, una y otra vez.

«Que es ese sonido» digo mirando por todos lados.

Los labios de Jeff permanecen sellados, a pesar de que parecía saber la respuesta.

«No importa, salgamos de aquí».

Volteo hacia atrás al percatarme que Jeff no me estaba siguiendo. Solamente estaba parado frente a la puerta acariciándose las manos discretamente.

«Jeff».

«Ya voy» dijo él después de despertar de esa especie de trance.

Avanzamos por un gigantesco pasillo de neón. Jeff si bien mueve sus articulaciones parecen la de un robot.

«¿Que ocurre?» le pregunto.

Esquivando la pregunta él me contesta en un tono inseguro: «Nada, ¿qué sucedió con la niña que se parecía a Paula? ¿sí era ella?».

«¿Sabes? Algo me dice que nada en este lugar es real».

«¿Y eso es real?».

Un par de ojos venía contra nosotros. Redondos y saltones, lanzaban rayos de las corneas.

Con una descarga de PSI Rockin α me encargué de ellos.

Veíamos el final del túnel. Había una puerta abierta, y en su umbral estaba parado un gigante, de complexión ancha, este llevaba una bata de doctor blanca, unos pantalones grises y unos zapatos negros.

«¡Señor, no cierre la puerta!» grité mientras corría para alcanzarlo.

El hombre se da la vuelta, su rostro era invisible desde debajo de su barriga por lo alto que era. Al verme llegar no solo cerró la puerta con rapidez, sino que también la cerró con candado.

«Quién lo diría, igual que Jill, o como se llame» exclamé. «Utiliza tu maquina esa» le digo a Jeff.

«Es inútil, ¿estás viendo el tamaño de esa perilla?» me contestó en un tono seco y algo amargo.

«Bien, entonces hay que buscar otra salida».

Doblé en L.

«¡Espera Ness, no corras!».

En una de las aulas había una cámara fotográfica puesta sobre un trípode y lista para ser utilizada.

«Esto nos puede ser útil».

Jeff no parecía entender, así que le expliqué.

«Cada vez que uno de esos turistas nos fotografiaba el entorno a nuestro alrededor cambiaba. Tal vez un flashazo de esa cámara pueda sacarnos de aquí».

Con telequinesis empiezo a palpar la enorme cámara hasta que logro producir un destello.

Estábamos de regreso en las calles de la ciudad de neón, conocida por los locales como Moonside.

«Bien, ahora a seguir buscando la manera de llegar a la Torre Monotoli».

«Ness, basta. ―me exhortó Jeff con pesar― Al final nos van a atrapar».

«¿Qué?».

«Estamos haciendo lo mismo que el día que desapareció Paula: Corriendo de un lugar a otro hasta cansarnos».

«Tu fuiste el que dijo que debíamos pensar como Paula».

«Pues sí, porque sé que eso era lo que necesitabas oír…».

Aquellas palabras me penetraron hasta la medula.

«… ¿Sabes cuantas teorías tienen agujeros en sus argumentos o están incluso mal fundamentadas? Está bien, al final una teoría se puede rebatir o perfeccionar. Es lo que hacen los científicos para llegar a una conclusión más razonable. Pero si tú intentas hacer una observación u opinas de forma diferente a la opinión popular automáticamente estás equivocado y te ganas una reprimenda. Llegué a la conclusión que a veces es mejor decir lo que uno quiere oír que lo que uno en verdad piensa si quiere evitar regaños».

¡¿Qué estaba escuchando?! «¿Entonces todo este tiempo solo me has estado adulando?» pregunté desconcertado.

«No, he intentado ser honesto contigo todo el tiempo. Podré ser tímido, pero me gusta hablar con la verdad, o por lo menos lo que yo siento que es verdad, y una verdad es que todo indica que a ti te gusta Paula».

«¡Claro que no, cállate!» regaño a mi compañero.

Jeff me señala con sus palmas.

«Aunque tuvieras razón, eso no importa ahora, ella está en peligro y tenemos que salvarla».

«Ness, hay otra verdad que debemos reconocer por dura que sea. ―agrega Jeff con un tono de voz más inseguro en lugar de firme―. Existe una gran posibilidad de que Paula…».

«¡Basta Jeff! Esto no se trata de decir verdades a diestra y siniestra, tú oíste al viejo del desierto: tenemos lo necesario para reparar nuestro error, y si existe una posibilidad de que Paula siga viva en eso vamos a concentrarnos si queremos luchar para salvarla. ¿De qué nos sirve preocuparnos por cosas que pueden no ser reales? Ahora, quiero que seas completamente sincero conmigo ¿Confías que podemos hacerlo?».

Jeff piensa su respuesta. «¿Dos niños contra una ciudad? No hay forma de creerlo».

Sentí el mundo cayendo sobre mí, ¿era cierto lo que él me decía?

«Oye, se te olvida que aquí no, significa sí».

Jeff y yo intercambiamos sonrisas de ánimo.

«Mira, allá hay un fotógrafo callejero» dijo Jeff.

Un hombre de capa negra, barba de candado, sombrero de copa y con apariencia del siglo pasado. Un momento… ¿Qué más da? Si tenía una cámara era nuestro boleto de ida.

«Disculpe señor, podría llevarnos a mi amigo y a mí a la Torre Monotoli».

«¿Debería hacer eso?».

«No».

«Muy bien, entonces hola y adiós».

Flash.

Finalmente llegamos. La Torre Monotoli estaba frente a nosotros pintada de un negro como el petróleo y delineada con luces color neón.

A pie de las escaleras de los cimientos del edificio, se encontraba un hombre anciano. Estaba arrodillado ante la malvada estatua Mani-mani, puesta en la parte superior de las escaleras y a la entrada de la Torre Monotoli.

Al ver a ambos mi sangre ardió. «¡Monotoli!».

Asustado el hombre se puso de pie y se dio la vuelta.

El hombre llevaba un traje y azul desabotonado, una corbata que hacía juego, unos pantalones negros , una camisa roja y un bombín oscuro.

«Por favor no me hagas daño» suplicó el hombre con un acento italiano. «Yo… no soy Monotoli».

El hombre desapareció en el aire.

«Pero ¿qué?».

«Bien, al menos ya tenemos la estatua frente a nosotros» dijo Jeff apuntando con su láser hacia delante.

Cargué con mi bate, entonces los ojos de la estatua producen un fuerte destello.

El entorno a nuestro alrededor cambia una vez más.

Estoy en una casa, no veo a Jeff por ningún lado. Reconozco el lugar, es la residencia Minch, pero hecho enteramente de luces de un purpura neón. En mi interior se generó un sentimiento de amargura e impotencia. Procuré salir de ahí cuanto antes, me dirigí a la salida, pero antes volví a tropezarme con el tipo invisible. No le di mucha importancia esta vez.

Estoy de frente a la puerta principal cuando escucho el grito de una mujer: «¡Ayaaa..!» De forma involuntaria lanzo mi brazo sobre mi nuca y me volteo.

«… Creo que es un escarabajo pelotero». El sonido provenía de la cocina.

Cuando llego veo a la señora Minch pisando lo que parecía ser un insecto en el piso. Intento acercarme, pero hay un muro invisible.

«¡No, no, no! ¡Déjalo en paz!» grité mientras golpeaba el muro.

Otro flashazo cambia mi ubicación. Estoy en un cuarto naranja neón lleno de ratoneras verde fosforescente, algunas más grandes que otras. Camino por el lugar intentando evitar pisar alguna. Entonces veo a un regordete ratón marrón reventado debajo de una.

Me agaché para reconocerlo mejor.

«¿Mousketson?».

La desesperación me había llevado al borde de la locura. Aprieto los ojos y me repito a mí mismo: Esto no es real, esto no es real. Pero estaba atrapado en una pesadilla que avanzaba de mal en peor. Casi podía jurar que escuchaba carcajadas en lo más profundo de mi mente

Abro los ojos, el entorno había vuelto a cambiar. Estoy en otro cuarto, azul. Hay dos filas, ocho hileras de sillas, todas mirando hacia delante. En la parte delantera de la habitación había un féretro abierto. Se escuchaban llantos de niños, pero no había nadie en la habitación ademas de mí.

¿Y quién se encontraba adentro? Un esqueleto con vestido rosado y una cabellera dorada.

«¡Basta, nada de esto es real!» me decía a mí mismo. No quería seguir contemplando esas horribles visiones.

Mientras me siento en el piso por la desesperación siento como algo escala por mi espalda. Me apaniqué en un principio, pero me tranquilicé cuando se detuvo en mi hombro. No lo podía ver, pero sensorialmente había algo allí. Lo acaricie con mi mano.

«¿Mousketson?».

De una puerta entró un alto hombre rubio. «¡Maldito mocoso, todo esto es tu culpa!» rugió furioso. «¡Confié en ti, me prometiste que no dejarías que nada le pasara y ahora mírala!».

«¡Ya la vi!» respondí entre ácidas lágrimas, pero, no eran lágrimas de miedo, sino de dolor por escuchar esas palabras. «Pero ella no es real».

«Por supuesto que no es real, ―dijo él sujetándome de la camisa y clavando sus ojos en mí―. Túeres un héroe».

A pesar de todo, esta ilusión se atenía a las reglas de esta realidad.

«Tiene razón ―dije mientras lo apartaba con una mano― sí soy un héroe. Un héroe sí comete errores, pero aprende de ellos».

«Eres una desgracia para todo el que confía en ti, Buzz-buzz, Mousketson, y ahora…».

PSI Rockin.

El hombre se desvaneció en un instante.

Buen intento, pero el señor Jones no conoció el nombre de ninguno de ellos dos. Todo está en mi mente.

«No sé si puedas escucharme, pero gracias por venir a ayudarme» le dije al compañero invisible de mi hombro.

Avancé hacia la puerta que había en la habitación, pero entonces un destello de luz volvió a cambiar mi entorno. Estaba de regreso en la ciudad, a cierta distancia de la Torre Monotoli.

«Todo es una ilusión Ness ―me dijo Jeff mientras apuntaba a la estatua con su láser―, la estatua de oro sigue delante de nosotros, aunque no la podamos ver».

Corrí a su lado. «¿También intentó intimidarte?» le pregunté.

«Sí, pero no voy a seguir preocupando por cosas que pueden no ser ciertas».

Le ofrezco a Jeff una mano. Mousketson y yo estamos a tu lado, no importa que te haga ver.

La estatua lanza otro flash. Estoy en un cuarto de hospital color rosa nocturno, junto a una camilla. Sobre la camilla reposa un esqueleto vestido con una camisa floreada y unos pantalones rallados.

«¡No engañas a nadie estatua!».

Coloco mi mano derecha sobre un hombro invisible que había a mi lado. «Hagámoslo».

El esqueleto se encorva de la camilla y me voltea a ver.

Agarro el bate de mi mochila y genero una descarga de PSI Rockin α. Salgo de la ilusión y golpeo a la estatua que estaba frente de mí. Mi golpe no le hizo casi daño.

«¿Aun te quedan explosivos?» le pregunto a Jeff.

«Sí, pero no tengo un encendedor a la mano».

«Tienes un láser, dispárale a la mecha».

Flash.

Esta vez estoy en un completo vacío. Frank se dirige a mí para atacarme.

«No eres real, no puedes hacerme daño».

Frank me apuñala en el riñón y retira el cuchillo.

«Okay, sí puedes» digo desde el suelo.

Frank está por volver a apuñalarme, pero entonces la ilusión termina.

Algo explota a los pies de Jeff, resulta que en vez de apuntarle a la mecha del petardo le dio al propio petardo.

«Cuidado, las ilusiones también pueden hacerte daño» le informo a Jeff mientras curo mi herida. Me cubro los ojos para evitar entrar en otra ilusión. «Hay que atacarlo de forma sincronizada. Una… ―. Abro los ojos―. Dos…». Preparo mi mente para una descarga máxima de energía y levanto mi brazo.

Flash.

Una habitación roja. El Capitán Strong intenta darme una patada en la pansa, pero lo repelo sin perder la concentración.

«¡PSI Rockin!».

Una onda expansiva me manda a volar. Caigo en un charco fosforescente neón. Todas las luces de Moonside se estaban disolviendo en un líquido espumoso. Unos tonos de colores oscuros y apagados empezaron a tragarse la oscuridad perpetua que nos rodeaba. Entonces se abrió una puerta de luz.

«¿Qué está sucediendo allí abajo?» preguntó el cantinero del parche en el ojo.

Al verlo Mousketson regresó a mi mochila.

Todo este tiempo habíamos estado en el sótano de Jakie's. Allí había barriles rotos de los que escapaban galones de cerveza.

«¡La estatua! ¿Ustedes la destruyeron?».

La habíamos destruido, lo que pasara ahora importaba poco.

«¡Finalmente puedo pensar con claridad! Muchachos, gracias. hasta ahora no había podido bajar a mi propio sótano ―. El hombre nos estrecha entre sus brazos. ― … Un momento, ¡destruyeron mi sótano!».

«En nuestra defensa también destruimos la estatua».

Jeff levanta unos circuitos del piso. «Eso no era solo una estatua» me informa.

La policía abre de una patada la puerta que conectaba con el túnel al subterráneo. Nos señala con armas y nos pide levantar las manos. Hacemos lo que piden.

«Capitán, ya los tenemos, cambio» le dijo uno de los hombres a su radio.

«¿Nos llevaran a prisión?» me preguntó Jeff en voz baja.

«No lo sé, pero no hables» le contesto. Intenté generar un escudo, pero estaba ya muy cansado. Solo nos quedó esperar el proceder de los oficiales.

El oficial con la radio suspira aliviado. «Menos mal. No me sentía cómodo con nada de esto… Quiero decir. Copiado. Cambio y fuera». El oficial dio la orden de bajar las armas y regresar por donde vinieron. Se disculpó y finalmente nos dejaron en paz.

Jeff y yo nos abrazamos aliviados, ambos liberamos en forma de lágrimas el miedo que habíamos retenido hasta entonces.