Hola a todos :)
El presente fanfic es un simple ejercicio para satisfacer mi febril imaginación, en lo que me regresa la inspiración para continuar con mis pendientes. Y también es para complacer a mis queridas lectoras(es) que les gusta leer mis perversiones XD
Aclaraciones:
*Éste fanfic NO tiene relación directa con las otras historias de Minos y Anna, por lo que, debe leerse de forma independiente ;P
*Será un fanfic corto (eso espero) con diferentes historias por capítulo y sin relación alguna entre ellas, teniendo siempre como protagonistas a mis queridos Anna y Minos de SS TLC.
*Se desarrollará en Universos Alternativos, es decir, en diferentes lugares y épocas, con situaciones distintas pero con los mismos personajes (podría variar un poquito su personalidad, pero intentaré mantenerla).
*No hay trama ni desarrollo en cada relato, simplemente son escenas picantes XD
Advertencias: Lemon explícito, algo de tensión sexual, insinuaciones traviesas, etc. Si no lo toleran, por favor cierren la pestaña/ventana y vayan a leer otro fanfic.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P
Capítulo 1: En la Oficina
Edificio Corporativo Ptolomea, sala de juntas.
Viernes, 5:45 pm.
Anna tenía muchas ganas de arrojarle la agenda en la cara a su jefe. Esta reunión con el director adjunto y el director de finanzas estaba patas arriba. Ella había tratado de hacerle entender que su punto de vista era erróneo y que debía escuchar la nueva propuesta de los otros directivos. Pero resulta que Minos estaba en desacuerdo con las opiniones de sus subordinados, porque, aparentemente, ellos querían atribuirse derechos y responsabilidades que no tenían. Según él.
De lo que no se percataba el hombre de ojos violáceos es que el puesto de director general le estaba produciendo demasiado estrés y algunas de las últimas decisiones tomadas para el beneficio de la compañía, habían resultado contraproducentes. Nada grave, pero si con un poco de pérdida económica de un par de contratos con unos socios que no dieron el rendimiento esperado.
El director adjunto Rhadamanthys quiso hacerle ver que debía tomar un descanso y que él se haría cargo de solucionar esos detalles, pero Minos vociferó a más no poder, sin querer aceptar que se había equivocado. Su orgullo era demasiado y no aceptaría tan fácilmente un "regaño" por parte de sus compañeros.
—Por todos los cielos, Minos, cálmate— dijo el rubio, mirándolo con reproche, mientras tomaba un vaso de agua. —Ya necesitas vacaciones, en serio. —
—¡No me digas que hacer y que no hacer, Rhadamanthys! — gruñó irritado para luego mirar al otro director. —¡¿Y tú que Aiacos?, también me vas a decir que fue mi culpa, siendo que tu propusiste a esos idiotas! —
El aludido alzó las manos en un gesto de disculpa.
—Lo sé, lo sé, fue mala idea, pero no es el fin del mundo— se rascó la cabeza y rodó los ojos con aburrimiento. —Además, tú también debías leer a detalle los contratos para localizar alguna incongruencia. —
Minos hizo un gesto de enojo, dirigiendo la mirada hacia la secretaria ejecutiva que los acompañaba y tomaba nota de todo.
—Señorita Anna, ¿Acaso fue mi culpa no leer tanto papel? —
La mencionada soltó el aire lentamente, pensando en la manera más diplomática de cómo decirle a su jefe que se había equivocado al firmar a lo tonto y sin revisar. Ella también leyó los contratos, tomando notas e investigando los puntos de los cuales tenía duda. Pero su engreído superior tenía prisa por hacer negocios y no prestó atención a sus recomendaciones.
¿De que servía ser su asistente ejecutiva, ayudarlo en estos temas y apoyarlo en todos los procesos, si a la mera hora no le hacía caso?
—Señor Minos— habló la mujer con suave tono de voz, pero firme a la vez. —El señor Aiacos tiene razón, faltó un poco más de compromiso para revisar dichos contratos antes de aceptarlos, me temo que será necesario exigir una reunión con los socios para aclarar sus fallidas propuestas. —
El hombre de cabello plateado entornó la mirada, se le notaba la molestia en el rostro. No le gustaba que le llevasen la contraria y menos aquella mujer.
—Genial, tú también me traicionas, Anna— se frotó las sienes y luego revisó su teléfono móvil, casi eran las seis de la tarde. —Bien, es suficiente, esto se acaba aquí, ya no estoy de humor— se puso de pie, se acomodó el saco y la corbata, para posteriormente caminar a la salida. —El lunes tendrán mi respuesta final. —
—Minos, déjate de tonterías, tenemos el tiempo encima— comentó Rhadamanthys. —Simplemente dame la autorización y yo me encargo de resolverlo. —
—Lo voy a pensar— dijo con cinismo. —Aiacos, encárgate de que tu área solvente las pérdidas con el presupuesto de emergencia. —
El hombre de cabello oscuro rodó los ojos de nuevo y resopló molesto, aquella orden implicaba que debía quedarse al menos 2 horas más para hacer que su gente hiciera el proceso administrativo correspondiente.
—Carajo Minos, a veces eres bastante idiota— masculló por lo bajo.
—Cállate o te despido— amenazó el director. —Y tú, Anna, ven a mi oficina, aún hay trabajo que revisar. —
La mujer hizo un gesto de cansancio y fastidio, no era justo hacerla quedarse más tiempo.
—Pero señor, casi termina el horario laboral— se quejó.
—He dicho que vengas a mi oficina— su tonó de voz fue imperativo y casi amenazante.
Los otros directivos simplemente observaron a Minos alejarse, seguido por Anna. Quizás la pobre mujer recibiría un regaño bastante fuerte o tal vez la despediría por su atrevimiento de llevarle la contraria. El director general era bastante altivo la mayoría de las veces y casi siempre terminaba despidiendo a la persona que no le agradaba. No obstante, había algo curioso en esto, la mujer ya lo había soportado por casi medio año.
Normalmente los hombres y mujeres que antes tuvieron el puesto de asistente ejecutivo, no duraban más de un mes trabajando para Minos. Él los atemorizaba demasiado y ellos terminaban huyendo. Pero Anna seguía aquí.
.
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Oficina del director.
Minos tomó asiento en su elegante silla de piel oscura, observando atentamente los movimientos de Anna, la cual entró a la oficina y cerró la puerta detrás de ella.
—Siéntate— ordenó de nuevo y sin quitarle la vista de encima.
La secretaria vestía con traje formal compuesto por falda y blazer en color azul marino, blusa rosa y medias naturales. Sus tacones tenían poca altura, pero, aun así, estilizaban su figura. Su cabello negro permanecía recogido y algunos flequillos adornaban los laterales de su rostro. Su apariencia en general era muy agradable para el director.
Ella tomó asiento frente al escritorio, revisando la agenda y haciendo un par de anotaciones.
—Señor Minos, le recuerdo que para el día lunes tiene agendada una visita a… —
—Anna— el hombre la interrumpió, mirando una vez más su móvil. —Son las 6:05 pm, ¿Qué es lo que te dije acerca del horario y de mí? —
La mujer parpadeó desconcertada por el comentario y tardó un poco en reaccionar. Ahora Minos la observaba con una extraña sonrisa.
—Después de las seis de la tarde, yo dejo de ser tu jefe— prosiguió él, mirándola con sus llamativos ojos violetas. —Así que deja esa maldita agenda y ven aquí. —
Minos se recargó contra el respaldo de la silla, en una postura relajada, palmeando con la mano una de sus rodillas, dejando en claro lo que deseaba. Anna hizo un gesto de sorpresa y por un momento parecía que comenzaría a despotricar contra él por semejante petición.
Sin embargo, lo único que hizo fue sonreír levemente.
—¿Y qué pasa si no obedezco? — preguntó tranquilamente.
—Te despido— el jefe sonrió con malicia. —Y, de todas maneras, vas a tener que obedecer. —
La secretaria lo miró directo a los ojos.
Minos era un hombre que imponía con su presencia, debido a su estatura y fisonomía. Era atractivo, con rasgos muy marcados y un aire levemente salvaje en sus además cotidianos. Su cabello lacio y platinado era bastante largo, sujetado en una elegante coleta, pero con varios flequillos a lo largo de la frente. Sus ojos violáceos eran penetrantes y su mirada felina podía llegar a ser inquietante.
Siempre estaba vestido de traje en colores sobrios y formales, calzado pulcro y unos lentes diseñados para su rostro, los cuales empleaba únicamente al trabajar frente a la computadora y que le daban una apariencia elegante. Pero cuando se los quitaba lentamente y te observaba, era como ver su lado perverso.
Muchas mujeres lo admiraban y deseaban en más de un sentido, dado que era un ejemplar masculino que no pasaba desapercibido para nadie. Además, era el director general de una gran corporación, lo que le daba un plus a su sexapil natural.
—Señor Minos, eso es acoso— Anna sonrió divertida, colocando la agenda sobre el escritorio y quitándose lentamente el blazer.
Minos resopló aburridamente, para luego mirarla con reproche.
—Mujer, ya te dije que a estas horas dejo de ser tu jefe, así que déjate de juegos, que desde hace rato estás coqueteándome, no creas que no me di cuenta. —
La secretaria soltó una risita, poniéndose de pie finalmente, dejando el saco en el respaldo de la silla. Él tenía razón, desde el mediodía ella había estado sonriéndole pícaramente y haciéndole gestos sensuales sin que nadie más se percatara de ello.
—Está bien, está bien— caminó alrededor del mueble para llegar ante Minos. —Pero francamente, pensé que no te habías dado cuenta, es decir, parecías muy ocupado con el trabajo. —
Sin el menor gesto de vergüenza o inquietud, Anna se sentó en su regazo, rodeándole el cuello con un brazo para acercase a su atractivo rostro. Antes de que pudiera decir algo más, el hombre le rodeó la cintura y comenzó a besarla sin previo aviso.
Ella respondió de inmediato, dejándose llevar por el inesperado beso. La unión de sus labios empezó suave y posteriormente se incrementó con la exploración de sus bocas y el baile de sus lenguas. Un sutil jadeo escapó de ambos, conforme su respiración se agitaba. Unos segundos después, se apartaron para tomar aire.
—¿En verdad crees que me vi muy idiota? — preguntó Minos, al mismo tiempo que una de sus manos iniciaba una caricia suave sobre el muslo de la mujer.
—Idiota no, simplemente tu soberbia a veces se sale de control— respondió ella, a la vez que comenzaba a soltar la corbata de seda roja. —Creo que esta vez te viste muy tirano con Aiacos y Rhadamanthys, ellos sólo quieren ayudarte. —
La mano del hombre se deslizó por debajo de la falda lentamente, acercándose a sus muslos internos, acariciando lánguidamente. La escuchó jadear con un matiz delicioso.
—Supongo que tienes razón y ellos también— le sonrió traviesamente cuando la sintió temblar. —Tal vez necesito vacaciones— de nuevo se acercó a sus labios carnosos para besarla de nuevo.
Anna no perdió el tiempo, comenzando a quitarle el saco. Minos la liberó momentáneamente para permitirle retirar la prenda. Posteriormente, sus manos regresaron al cuerpo femenino, pero esta vez para bajar despacio el zíper frontal de su blusa.
El diseño de la prenda le encantaba al hombre, puesto que no tenía que lidiar con los botones, sino que simplemente deslizaba la cremallera a su gusto, deleitándose con la belleza de su piel y la turgencia de sus senos. El besó se rompió abruptamente cuando sintió su atrevida mano deslizándose por su pecho, bajando ágilmente hasta su abdomen.
—Si me aceptas una propuesta— dijo ella coquetamente, llevando más allá su caricia. —Yo te recomiendo que le permitas al director adjunto encargarse de todo, él resolverá el problema de los contratos— su mano alcanzó el pantalón y el área de la entrepierna. —En cuanto al director Aiacos, dile que espere, no es necesario usar el presupuesto de emergencia, tenemos media semana para negociar. —
Minos le sonrió, permitiendo que lo estimulara por encima de la tela. Anna era bastante hábil no sólo en éste tipo de caricias, sino también en su carácter y forma de ver las cosas. Desde que fue contratada para ser su asistente, se dio cuenta de que no era una muchachita simple que sólo hacía su trabajo. Ella tenía una personalidad versátil que se adaptaba fácilmente a cualquier situación.
En el primer mes de trabajo, supo capotear su carácter y sobrellevar sus regaños, adaptándose con rapidez a su estresante forma de trabajo. Lo que inevitablemente llamó su atención.
—Me encanta cómo hablas de negocios mientras me masturbas— se estremeció al sentir el cálido tacto, provocando el despertar de su sexo. —Y como soy un jefe que escucha a sus empleados, te haré caso— su otra mano apartó la blusa ya abierta, para luego rozar levemente el encaje de la prenda interior, provocándole un cosquilleo a la mujer.
Anna mantuvo su sonrisa, acercándose de nuevo para besarlo. Las caricias mutuas se avivaron y las sensaciones físicas se expresaron en sutiles escalofríos recorriendo sus nucas, en el erizamiento de sus pieles y en jadeos acelerados. Hasta que llegó un punto en el cual las prendas comenzaron a ser un verdadero estorbo.
—Creo que… deberíamos… controlarnos— susurró ella, disfrutando todavía del excitante ósculo.
—¿Estás bromeando? — él se apartó un poco y dejó de tocarla para llevar las manos hacia sus caderas y poder sujetarla mejor. —Ahora no me vas a decir que quieres parar— se puso de pie, sosteniéndola sin problema alguno, para luego depositarla en el borde del escritorio.
La mujer respingó ante esta acción, pero la adrenalina del momento comenzó a recorrer su interior y más cuando lo vio apartando todo lo que estuviera sobre la superficie del mueble para que ella pudiera recostarse libremente. Era evidente lo que deseaba hacer aquí y ahora.
—No creo que… sea buena idea… podrían vernos— dijo sin mucha intención de oponerse a su avance, dado que la excitación ya le calentaba el cuerpo.
Minos le dirigió una mirada hambrienta, a la vez que comenzaba a desabotonar su camisa, dejando al descubierto su marcado torso, lo que hizo enmudecer a la joven. Dejó caer la prenda y se acercó a ella, haciéndola separar las piernas.
—Eso no sucederá, además, es mucho más excitante hacerlo bajo el riesgo de ser descubiertos, ¿No te parece? — repegó sus caderas, restregando morbosamente su abultada erección.
Anna liberó un voluptuoso gemido que alborotó un poco más la lujuria del director. Tenía que aceptarlo, esta era una traviesa idea que le gustaba demasiado. Anteriormente ya habían tenido acercamientos osados en el elevador, en la sala de juntas y en la oficina, pero nunca habían llegado tan lejos como ahora. Minos en verdad se notaba muy inquieto y sin la intención de parar.
Y ese apetito carnal también se le contagiaba a ella.
—¡Sí…! — jadeó con más vehemencia al sentir la presión contra su vientre. —¡Estoy de acuerdo, pero…! —
Otro clamor escapó de su garganta cuando él le quitó por completo la blusa y comenzó a tocar sus pechos, al mismo tiempo que se acercaba para besar y lamer su cuello. El razonamiento se le apagó en ese instante, permitiendo que el instinto gobernara sus acciones. Con los brazos se aferró a su espalda ancha, regodeándose con su definida musculatura, mientras jadeaba más rápido y sentía cómo su interior empezaba a palpitar y lubricar.
Esta situación era muy arriesgada.
Y también endemoniadamente excitante.
Minos lo sabía y se placía de conseguir que Anna siguiese su travieso juego. De repente, sintió una punzada en su carne, el indicativo de que debía continuar. Así que, sin dejar de acariciarla con una mano, llevó la otra hacia el borde de la falda para plegarla totalmente y así tener acceso a su intimidad.
—¿Pero que? — preguntó con voz grave y sin disimular su excitación. —Dime Anna, ¿Quieres que pare? — interrogó a la vez que liberaba los broches frontales del brasier, dejando completamente libres sus hermosos senos. —¿Estás segura? —
Esa blanca y maliciosa sonrisa, aguijoneó la propia lujuria de la mujer. Esto era una locura, sin embargo, Anna no deseaba frenarlo, puesto que todo era parte del juego. Además, ya era demasiado tarde para recular, ambos estaban demasiado calientes como para pensar en algo más que no fuese el saciar su apetito sexual.
Las manos de ella se perdieron en medio del cabello plateado, atrayéndolo un poco más cuando la suave lengua masculina humedeció uno de sus pezones, consiguiendo que éste se endureciera más de lo que ya estaba, arrancándole otro lúbrico gemido. Esa forma de recorrer su piel, besarla y mordisquearla era algo que le fascinaba a la joven. Su jefe en verdad sabía cómo tocarla y encender su pasión rápidamente.
Entonces, ya no había marcha atrás.
—¡Continua… por favor! — ronroneó ansiosamente.
—Si, lo mismo pensé… — murmuró complacido, saboreando su piel, al mismo tiempo que alcanzaba el borde de su pantaleta y comenzaba a tirar de ella.
Esto era demasiado excitante para Minos, la mujer le encantaba demasiado. Meses atrás, jamás imaginó que terminaría sintiéndose tan atraído por ella y su personalidad. Si bien al principio no le gustaba que fuese tan directa con sus opiniones y menos si éstas lo contradecían, también se dio cuenta de que era bastante versátil y podía ver las cosas desde un punto de vista diferente. Cosa que le resultaba muy útil para equilibrar su propio carácter engreído.
Por su parte, Anna estaba gozando con sus atenciones. Ser la amante del director general no era algo que hubiese planeado al entrar a dicha compañía, simplemente las cosas se fueron dando solas. Y aunque al comienzo lo detestaba por su altivez, con el paso de los meses se dio cuenta de que no era tan fastidioso como aparentaba. Sólo era cuestión de agarrarle el modo.
Y ahora estaban aquí, a punto de tener sexo sobre el escritorio de la oficina. Qué diablos importaba todo lo demás.
—¡Minos… ya no puedo esperar más! — sus caderas ondularon hacía él en una clara invitación.
El mencionado se apartó un poco, estaba tan ansioso como ella por continuar. Terminó de retirar la prenda íntima, para luego comenzar a desabrocharse el pantalón.
—Vaya, y yo que pensé que deseabas salir puntual de la oficina— dijo burlón.
—Bueno… si se trata de trabajar horas extra de ésta forma, ni me quejo— le guiñó un ojo, siguiéndole el juego. —Wow, pero que panorama tan interesante… — se humedeció los labios al contemplar la virilidad de su jefe. —¿Te gustaría un poco de atención? —
Minos sonrío incluso más, encantado con las palabras de la mujer, no obstante, su lujuria ya estaba desbordada y no podía retrasar esto por más tiempo.
—Claro que sí, preciosa, pero será para la próxima vez— se aproximó a ella, acariciando su miembro al sentir una nueva punzada. —Por ahora, continuemos… —
Ella tomó aire y lo liberó despacio cuando sintió una deliciosa presión sobre sus pliegues, ahora húmedos y sensibles. Su jefe colocó los brazos a sus costados mientras iniciaba una lasciva fricción de su masculinidad contra el vértice de su sexo, para provocarle más sensaciones. Su sistema nervioso reaccionó en milésimas de segundo, transportando los efectos a lo largo de su columna vertebral, haciéndola gemir con intensidad.
El hombre también jadeó al percibir su calor y humedad. Entonces, sin perder más tiempo, comenzó a hundir su erección en el suave y estrecho interior de la mujer. Anna se aferró a sus hombros, estremeciéndose al recibirlo, liberando un morboso clamor. Él se adentró por completo y luego se quedó quieto, respirando entrecortadamente, permitiendo que el placer lo aturdiera.
La joven volvió a temblar, sintiendo cómo sus paredes internas pulsaban en torno a la endurecida hombría, provocándole mayor excitación y humedad. Entonces, le rodeó las caderas con las piernas, obligándolo a presionar su peso contra ella, obteniendo una estimulación sumamente placentera.
—¡Por… favor! — imploró sensualmente, acercándose para besarlo de nuevo.
Minos respondió tal y como ella lo solicitaba. Sin dejar de devorar sus labios, empezó a oscilar las caderas a un ritmo sosegado, deleitándose con la vibrante sensación que iba creciendo en su vientre, inducida por el abrazo de la cavidad femenina. El beso finalizó cuando el resuello de ambos se alteró un poco más y las sensaciones físicas se tornaron incontrolables.
La danza carnal se intensificó.
En cuestión de segundos, él comenzó a embestirla más rápido, disfrutando de sus gemidos y de la linda mueca extasiada de su rostro. Anna tenía unos hermosos ojos marrones, los cuales reflejaban la satisfacción de lo que estaba sintiendo en éste momento. De repente, notó sus uñas clavándose en sus hombros, lo que significaba que su estallido final se aproximaba vertiginosamente.
El vaivén del cuerpo masculino aumentó en fuerza e ímpetu, acercándolos a la cúspide sexual. Los jadeos de la pareja se acompasaron hasta corear una indecente melodía que llenó la oficina. Súbitamente, el orgasmo comenzó a nacer en ambos, para luego extenderse sin control por sus cuerpos.
El clímax explotó en una poderosa culminación, nublándoles la mente en divino placer.
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Minos terminó de acomodarse la corbata, mientras Anna se colocaba el blazer de nuevo. Aquí no paso nada y ambos sabían perfectamente cómo disimular ante los demás sus travesuras.
—Entonces, ¿Te veo mañana? — interrogó él.
—No lo creo, tengo que hacer mi despensa y limpiar mi departamento— dijo Anna, mientras revisaba la agenda de nuevo. —Además, te recuerdo que debes ir mañana por tus trajes a la tintorería, yo no trabajo los fines de semana. —
—Vaya, que mujer tan ocupada— sonrió divertido, al mismo tiempo que marcaba un número en el teléfono de su escritorio.
—Te escucho Minos, y de una vez te digo que aún estoy revisando el tema— respondió el director Aiacos al otro lado de la línea.
—Deja eso pendiente, lo revisarás la próxima semana con Rhadamanthys. —
—Menos mal, al fin entraste en razón, ¿Ya me puedo ir entonces? —
—Si, ya vete, no vaya a ser que tu esposa te regañe— dijo socarrón, para luego finalizar la llamada.
Anna rodó los ojos y suspiró, su jefe no dejaba de ser algo insoportable. Tomó nota de la situación, mientras él ahora marcaba otro número en su celular.
—Minos, ya no estoy en la oficina— se escuchó la voz molesta del director adjunto.
—Rhadamanthys, no seas tan dramático, sé perfectamente que vas en camino para ver a tu novia y yo no me considero un jefe tan cruel como para obligarte a regresar a la oficina— mencionó con algo de diversión. —Sólo es para avisarte que quedas a cargo del tema de los contratos fallidos, resuélvelo y has lo necesario para recuperar la inversión. —
—Oh, ya veo, está bien, déjamelo a mí y por todos los cielos, toma vacaciones, ya las necesitas. —
—Si, si, como digas, adiós— finalizó la llamada y luego miró a su asistente. —¿Te llevo? —
—No jefe, muchas gracias, la última vez que me llevaste a casa, no me dejaste dormir. —
El director sonrió pícaramente, acercándose a ella.
—Y para que quieres dormir temprano, si hoy es viernes— la abrazó por la cintura. —Además, necesito que me ayudes a planear mis vacaciones, como ya te diste cuenta, las necesito. —
—Lo podemos revisar el lunes— Anna le sonrió también, aceptando su cercanía.
—Bien, entonces vayamos a cenar, escoge el lugar que tú quieras. —
Ella soltó una risita divertida.
—¿No te rindes, verdad? — le acomodó el cuello de la camisa. —Vamos pues. —
Ambos salieron de la oficina como si nada, encaminándose al elevador. Después de todo, la noche apenas comenzaba.
Fin del capítulo 1
Continuará...
Muchas gracias por leer mis locuras y por los comentarios que gusten regalarme :D
PD: ¿La portada es demasiado sugerente? jaja XD
14/Febrero/2022
