¡Ohayo, pocco! Bueno, no tengo mucho qué decir. Ya acabé mi diplomado y falta poco para terminar mi proceso de titulación (ante ustedes pronto tendrá una licenciada en psicología). Aquí tienen el nuevo capítulo, como una forma de celebrar mi regreso. Estoy decidida a acabar todos mis fics de una buena vez.

Un detallito nomás. Edité el fanfic porque olvidé qué iba a hacer con él, jajaja, así que tendrán que leerlo de nuevo. No son demasiados cambios en realidad, nada más para que no se me asusten con lo que lean en este capítulo.


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Capítulo Seis

El Karma de los Monstruos

"¿De qué huyes? Si lo que llevas adentro, te seguirá a donde vayas".

—Anónimo.

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El sonido del porrazo en la puerta se escucha fuertemente, así como el suspiro fatigado de Charlie. A su alrededor los escasos clientes en el recibidor evitan acercarse a ella o darle alguna palabra de consuelo, no sirve para nada ya que no es la primera vez que un huésped renuncia tan escandalosamente en estos tiempos.

—¡Oh, querida, no te preocupes! —entona Alastor abrazándola por los hombros, dándole un apretón fuerte como si de alguna manera no estuviera regocijándose de su desgracia. La inclinación del demonio por disfrutar de la tragedia de los demás nunca desaparecería, aun si Charlie es una de sus más queridas amigas—. ¡Sigue siendo uno menos que la semana pasada! ¡Definitivamente vamos progresando!

Charlie no corresponde a su sonrisa. En estos últimos tres meses ha sido difícil para ella mantener una actitud optimista considerando que queda menos de una tercera parte de la clientela regular del hotel. La cifra revela la realidad del proyecto y es un golpe duro para ella descubrir que la mayor parte de los huéspedes sólo estaban ahí por las comodidades y la protección.

—Está bien, está bien —repite la princesa intentando mantener una sonrisa que parece una mueca malograda. Incluso Alastor encuentra el gesto demasiado forzado—. ¡Sigamos adelante con el programa!

A Alastor le divierte ver a Charlie luchar contra sus propias inseguridades para aferrarse a proteger un sueño que está condenado a fracasar. Ya sea que el objetivo de los von Eldritch se cumpla o no, está seguro que esta aventura llegará pronto a su fin al igual que sus días de entretenimiento. Es lamentable en cierto sentido, aunque sinceramente pensó que no duraría tanto tiempo, quince años en total, un suspiro de vida, pero aquí en el infierno es un número importante.

—Implementaremos este taller en la tarde —informa Vaggie sin prestarle demasiada importancia a los clientes que se van. A ella le interesan los que se quedan, con quienes trabajar arduamente y que han comprendido finalmente que Vaggie no está aquí para hacer que se vayan o juzgarlos de alguna manera—. Me gustaría repasarlo otra vez, para evitar los malentendidos de la semana pasada.

—¡Oh, por supuesto, claro! —con evidente nerviosismo Charlie se acerca a Vaggie procurando que no se note lo ansiosa que está por volver a ser el centro de la atención de su ex novia. Para nadie es un secreto el anhelo que inundan los ojos de la princesa en cuanto la ve. Sus manos tiemblan constantemente luchando por mantenerse alejadas cuando lo que quiere realmente es tomar a Vaggie y acercarse a ella para embutirse con su calidez, disfrutar las líneas de su cuerpo y perderse con pasión en su centro.

Los papeles se invirtieron en ellas, Vaggie ya no es la polilla ahora es la luz. Charlie es quien se ha convertido en el iluso insecto atrapado por el resplandor de una llama que ha aprendido a arder por y para sí misma. Alastor no juzga a Charlie por su situación cuando él mismo se ha visto embelesado por ella, por su encanto y su resistencia, por la frialdad en su mirada y ese halo etéreo de indiferencia que construyó alrededor de sí misma como armadura. Ah, Vagatha, la mujer de una fortaleza admirable porque si no fuera así, ¿cómo es que puede pararse junto a él sin temblar luego de todo lo que le hizo? La terquedad es un escudo muy pobre contra la crueldad de Alastor, así que sólo queda su voluntad. Una voluntad más fuerte que el acero, impenetrable y firme, que la mantiene indiferente a los acercamientos de Charlie. Sí, probablemente también se deba a que ya no hay amor perdido entre ellas —al menos no de Vaggie hacia Charlie—, así que si la princesa está buscando cuartel con Vaggie, ella no le dará ninguno.

Por alguna razón que escapa a su lógica eso lo complace. Si Vaggie hubiera regresado respondiendo afirmativamente a las ideas desquiciadas de Charlie sobre reconciliación y perdón, Alastor se habría sentido decepcionado. ¡Porque, por todos los demonios del infierno, lo que le hizo durante esa semana habría asqueado hasta al mismo Lucifer!

«No, no otra vez», lucha contra la marea que lo empuja hacia sus memorias. El sabor de la sangre, su sangre, revive en su paladar y Alastor casi no puede contenerse de gemir. El panorama se disuelve por unos segundos frente a él para mostrarle un piso lleno de vísceras y cabellos plateados tirados por doquier, y ella, oh por dios, ella está ahí tendida en su propia sangre, desnuda, agitada, con su ojo fruncido por el dolor que sólo las manos de Alastor le han dado.

Le cuesta un catastrófico esfuerzo volver a la realidad, concentrarse en lo que sus socias parlotean y mantener a bajo a su hambriento núcleo. Tiene tanta hambre (hambre de ella, se ha dado cuenta recientemente) que tendrá que acudir con Rosie de nuevo si no quiere perder los estribos por eso. Su querida amiga comprendería su estado sin cuestionarlo, aunque llegaría el momento en que tuviera que revelarle la verdad que lo convertiría en el ser más patético de todos. Incluso con sus recientes desviaciones, Alastor se conoce bien a sí mismo. Sabe que llegará un punto de inflexión donde tendrá que recurrir a movimientos desesperados para evitar sucumbir a este deseo. En esta ocasión Vaggie no está sola, si bien Seviathan no lo intimida sí es una amenaza potencial; un enfrentamiento entre ellos tendría una sola conclusión con la que nunca se sentirá conciliado. Desconoce si el otro demonio siente afecto real por Vaggie, pero reconoce a alguien territorial y posesivo cuando lo ve. Seviathan no es como Charlie, no dejará ir a Vaggie sobre todo por lo valiosa que ha demostrado ser.

Una pecadora fértil que ha sido capaz de engendrar a un niño con un demonio puro. Debido a su amistad con Charlie y al embarazo de Angel, Alastor está al tanto de lo que sucede durante los embarazos con los demonios, como las pequeñas criaturas en los vientres maternos son capaces de decidir si sus madres merecen darlos a luz o si deben morir. Unos verdaderos monstruitos aterradores. El caso de Vaggie es milagroso por eso mismo. Alastor comprende que los von Eldritch la hayan aceptado por eso a pesar de su bajo estatus, además pudo embarazarse aunque Alastor dañó profundamente su cuerpo.

Tabris tiene siete años y aunque el tiempo de gestación depende de cada cuerpo, Alastor calcula que el embarazo pudo haber ocurrido meses después de su encuentro cuando Vaggie ya estaba bajo la protección de los von Eldritch. Seguramente Lucifer y Lilith descubrieron la capacidad para engendrar de Vaggie tras curarla con sus propios poderes y la ofrecieron a Fredrick y Bethesda para su heredero, a cambio que la mantuvieran oculta de él.

Como si pudieran hacerlo…

De nuevo la sensación de hambre. Alastor tiene que dejar de dirigirse hacia pensamientos peligrosos mientras no tenga la seguridad que no sucumbirá a sus deseos involuntariamente.

—¡Madre, mira lo que traje para ti! —es la voz de Tabris quien viene corriendo hacia Vagatha cargando entre sus brazos un ramillete de flores purpuras, rojizas, cerúleas y amarillas; Mero corre a su lado, su eterna acompañante, soltando sonidos emocionados. Detrás de ellos Purga se yergue como la protectora constante del niño—. ¡El jardinero acaba de cosecharlas, son las primeras de la temporada!

Vaggie abandona su conversación con Charlie para inclinarse hacia su hijo. Sus manos elegantes examinan el regalo mientras su expresión se suaviza ligeramente y le da besos delicados en la frente y cada mejilla provocando una risita extasiada del niño. Tales demostraciones de afecto se han vuelto cotidianas para los huéspedes del hotel, pero para Alastor y Charlie es un asunto distinto.

Ver a Vaggie siendo afectuosa con otro ser, su hijo, es impactante.

Si es sincero consigo mismo Alastor tiene que admitir que Tabris no es un niño difícil de amar. Es gentil y paciente, acomedido y educado, incluso si hay cierta cautela en su mirada que indica que no confía del todo en lo que hay a su alrededor, escucha a los huéspedes del hotel con atención. El chico no sabe mentir, es obvio, y aunque eso debería debilitarlo en realidad es su punto más fuerte. Como no miente cualquier palabra que salga de su boca es dicha con verdadera intención, Tabris rara vez expresa lo que siente, pero cuando lo hace sus palabras hacen maravillas en la gente; si alaba la belleza es porque encuentra verdaderamente bello lo que ve, si algo lo irrita es porque en verdad están sobrepasando sus límites. Tan simple y encantador que los huéspedes han llegado a amarlo con relativa facilidad.

Y el niño heredó la sonrisa de Vaggie. Eso ya es un motivo más que suficiente para tolerarlo para Alastor.

—Guardaré algunas para Rosella, Purga me dijo que me enseñará como preservarlas —dice Tabris cuando Vaggie ya ha tomado la parte que le corresponde. Alastor trata de ignorar las flores que el niño puso sobre el oído de su madre, unas malditas fresias—. ¡Así también podré regalarle unas a la abuela Bethie! El abuelito Fred me contó lo mucho que le gustan los regalos así.

—Le gustarán mucho, te lo aseguro, como me han gustado a mí. Todavía debo trabajar un rato más, pero cuando acabe pasaremos a la casa de Rosella para que se las des, ¿de acuerdo?

—Sí, madre —y ambos sonríen. Con una última caricia de su madre, Tabris se desprende de ella para dirigirse a Charlie.

Los ojos de Charlie se han oscurecido, abrumados seguramente por un sentimiento aprensivo al ver a su antigua novia con su hijo (el hijo que podría haber sido de ella). Ignorante de esto, Tabris extiende su mano para darle una pequeña flor amarilla que Charlie toma casi a regañadientes, agradeciéndole nerviosamente.

—Tome, señor Alastor —le entrega una flor a él, esta vez una lycoris radiata de color blanco—. El jardinero me dijo que es la única de su tipo que salió de este color. Quiero dársela por el té que compartimos ayer. Fue un momento muy agradable.

A Alastor le agrada notar la mirada disgustada de Vaggie sobre él, después de todo aunque no le ha prohibido a Tabris acercarse a él tampoco está feliz de verlos juntos. En beneficio de la verdad Alastor entiende su precaución, ya una vez perdió el control sobre sí mismo y aunque fue en circunstancias increíbles, la posibilidad es real. Sin embargo, ¿qué puede hacer él? Tabris es un niño con excelentes modales e inteligente, pasar tiempo con él no es aburrido, y aunque Alastor no puede ejercer su usual crueldad, no echa de menos eso.

—También disfruté de nuestra reunión, joven príncipe —responde el Demonio Radio llevando sus manos detrás de su espalda. No quiere que Tabris observe como la flor se marchita entre sus manos—. Espero que podamos repetirlo pronto.

El niño asiente y le sonríe (y oh cuanto adora esa sonrisa), despidiéndose de todos para irse con Mero y Purga. Alastor capta la mirada de Vaggie sobre él, pero cuando voltea ella ya ha vuelto a conversar con Charlie. Es una lástima, le habría gustado disfrutar el intenso disgusto en ese ojo pálido.

Sigue a ambas mujeres cuando se dirigen a la sala de reuniones donde harán una simulación del taller antes de aplicarlo. Se permite divagar un poco ya que ellas no están prestándole atención, pensando en Tabris un momento. Es un chico agradable que ha sido educado para gobernar en el infierno, no obstante, ha notado ciertas características humanas en él que le hacen pensar que Vaggie y Seviathan decidieron educar a su hijo no solamente como un príncipe, sino también como un chico humano. Ciertamente eso hace que se sienta interesado por ver el resultado; un niño demonio criado como un niño humano. ¿Acaso Vaggie quería que lo mataran? ¿Cómo es que logró convencer a Seviathan de acceder a semejante desvarío?

¿Acaso la vida de Tabris les importa tan poco para arriesgarla de esa manera?

Debido a la protección que el chico tiene encima, Alastor no ha podido vigilarlo con sus sombras apropiadamente, salvo en algunas ocasiones en las que logró colarlas cuando Tabris estaba de visita en la casa de Husk. A Alastor no le sorprende que Husk haya abierto las puertas de su casa a Vaggie y a su hijo, su querido socio tiene una debilidad por los desamparados y desesperados, y sobre todo tiene una tendencia a querer buscarle compañía a su hija porque ella es incapaz de hacerlo por sí misma. Rosella, el falso diamante en bruto, un producto inadecuado de que se sintió terriblemente decepcionado; Alastor había creído que algo más interesante saldría de la mezcla de Husk y Angel, pero el resultado fue totalmente patético. Rosella no tiene grandes habilidades o poderes especiales, es sólo normal. Una niña engreída a quienes sus padres mimaron hasta lo absurdo para compensar el hecho de haberla traído a un lugar más jodido que el mundo humano.

Todo a causa de un deseo incomprensible de dos imbéciles que creen estar enamorados.

Alastor no se sorprendió cuando supo que Husk y Angel se habían liado. Husk es ese tipo de personas que pretenden ser indolentes cuando realmente son un maldito lío de sentimientos. Que fuera atraído hacia Angel Dust ni siquiera lo hizo pestañear. Más que molestarle le divirtió, realmente no es como si Alastor se pasara su vida inmortal buscando desdichas con las cuales entretenerse, ésas llegaban solas. Husk y Angel se liaron como si fuera su último día viviendo momentos apasionados donde se hicieron estúpidos juramentos de amor —como si alguno de los dos fuera capaz de amar—, como si en el Infierno las cosas fuesen más sencillas.

Husk creyó que podría salirse con la suya, romper las reglas, disfrutar del Paraíso en este abismo. Pero nadie escapa del juego, nadie lo elude (ni siquiera Alastor es una excepción), así que tuvo que pagar el precio.

Valentino no es el overlord más poderoso, pero sabe cómo jugar las cartas que tiene. No finge ser algo más y eso es lo que lo hace más peligroso que Vox. En cuanto Valentino supo que Angel estaba tratando de salirse del negocio tuvo que recordarle que no podía hacerlo tan fácilmente. Los contratos de Valentino no pueden romperse a menos que el contratista quiera, ésa es la única manera, una clausula simple, pero muy conveniente con la que Valentino se asegura de darle esperanzas a sus contratados, haciéndoles creer que ganándose su favor o siéndole útil pueden escapar. Angel fue de esos ilusos que creyó que podría convertirse en alguien invaluable para su patrón, sin atreverse a aceptar que en realidad firmó un contrato de esclavitud eterna. Valentino sólo tuvo que activar el contrato para que Angel abandonara la seguridad del hotel y regresara a los estudios de pornografía por "voluntad propia", dejando a Charlie y Vaggie sin nada que pudieran hacer.

Dejando a Husk sin otra opción que pedirle ayuda a él.

Alastor se rió demasiado ese día, al punto en que Niffty tuvo que palmearle la espalda para ayudarlo a recuperar el aliento. ¡Pero es que había sido de antología! Husk, su querido socio, su estúpido amigo, pidiéndole a él que intercediera, que intimidara a Valentino para liberar a Angel de su contrato diciéndole que le daría cualquier cosa —como si a Alastor no le perteneciera ya todo de él. Al final había aceptado porque Husk había logrado divertirlo demasiado y le había propuesto un nuevo trato. Sí, un trato poco práctico ya que en ese momento nadie sabía ni siquiera Husk sobre la fertilidad de Angel, pero que nació de la curiosidad. En ese entonces los niños del pecado eran apenas un rumor, pero a Alastor le presentó posibilidades entretenidas, después de todo, incluso si lo de Husk y Angel no funcionaba todavía Husk tenía que cumplir y entregarle a uno de sus hijos (en caso, por supuesto, que fuese de los bendecidos con el don de dar vida).

—¡Creo que todo saldrá bien, Vaggie! —la sonrisa de Charlie es más honesta ahora. Alastor se da cuenta que el ensayo del taller ha terminado y ha salido tan bien como para devolver la alegría al estado de ánimo de la princesa.

Vaggie luce complacida, sonríe con orgullo, una expresión que Charlie no puede resistir por lo que pasa un brazo sobre sus hombros… Pero Vaggie lo quita de encima de un movimiento. La sonrisa de Charlie se apaga, pero eso no significa ya nada para Vaggie.

—Eso espero, mi esposo y yo nos esforzamos mucho al crear este taller. Queremos ver buenos resultados —trae a colación a Seviathan para recordarle a Charlie que si alguien tiene la culpa de esto, es ella, que no puede actuar como si nada hubiese sucedido y tocarla como si fueran algo más que socias. Incluso si Seviathan no es a quien habría elegido en circunstancias normales, Vaggie es totalmente leal a él. Cuando fue abandonada, cuando la castigaron aislándola como si hubiese sido su culpa hacer algo contra el sueño de Charlie, ¿quién había estado ahí para ella?—. Nos veremos dentro de unas horas para la implementación. Iré a ver a mi hijo ahora.

Charlie no la detiene, se queda con las manos a los costados sintiendo el frío del rechazo todavía. En otras circunstancias Alastor habría hecho el esfuerzo por consolarla. Después de todo si perdía su carisma todo podría volverse monótono rápidamente, pero ahora… ahora no cree que pueda brindar siquiera unas palabras decentes.

A pesar de su voluntad, los recuerdos de esa semana regresan a él atrapándolo como una telaraña a una mosca. Alastor sabe que esta vez no podrá apartarlos tan fácilmente porque lo que rápidamente se excusa con Charlie y se desvanece en un conjunto de sombras hasta trasladarse a su vieja residencia en la zona caníbal. No puede quedarse en el hotel donde no será capaz de ocultar su hambre, así que viene aquí donde sabe que hay demonios como él a quienes no les importara la intención letal que está exudando. Aquí está rodeado de caníbales que también sufren ataques de hambre, donde dan rienda suelta a su ansiedad tras haber atrapado a una víctima desafortunada para devorarla.

Lamentablemente para Alastor esa alternativa no es posible.

Se adentra al interior de su casa cerrando fuertemente la puerta. El interior asemeja perfectamente el interior de una vieja casa de Luisiana de los años 20, pero Alastor no encuentra consuelo en esta apariencia. Necesita el escenario adecuado.

Cuando está a punto de tronar los dedos se da cuenta que el lycorys blanco no se ha marchitado. Por un segundo logra distraerlo lo suficiente como para examinar la diminuta flor entre sus dedos, hay algunas manchas marrones en el tallo ahí donde sus dedos lo sostienen, pero por lo demás sigue fresca. Un descubrimiento que le indica a Alastor del potencial del muchacho. Vaggie ha dado a luz a un verdadero demonio.

El asedio de su hambre vuelve a él el doble de fuerte y le cuesta horrores darse el tiempo para acomodar el regalo de Tabris en un lugar donde no se arruine.

El Demonio Radio chasquea los dedos y pronto está donde quiere estar. La fortaleza en ruinas donde todo empezó. No ha mentido al admitir que arrancar a un pobre diablo de las calles no servirá. Ninguno sería ella.

Otro chasquido de sus dedos y ella aparece frente a él.

No es la primera vez que recurre a este truco para desfogarse. Ha tenido que hacerlo en un par de humillantes ocasiones. La primera vez la Vaggie que había invocado tenía la apariencia normal de Vaggie de antes, su falda oscura, sus calcetas largas y su blusa roja, incluso le había dejado el moño rojo, pero ahora es distinto. No quiero más a la Vaggie de sus fantasías, así que cuando la magia hace su trabajo a quien tiene enfrente es a la Vagatha actual.

—Alastor —no es exactamente su voz. Alastor es incapaz de simular perfectamente el tono que emplea para dirigirse hacia él, pero por ahora es suficiente—. Alastor.

Atrapa a Vaggie entre sus brazos y ella lucha —no hay ilusión en la que ella no lo haga—, ella patea, golpea, lo amenaza y es casi tan real que Alastor siente una punzada de delirante placer recorriéndole cuando abre su mandíbula para arrancarle un pedazo de carne de la cara. El sabor y la textura casi son los mismos que recuerda, pero falta el detalle esencial, por supuesto, esto nunca se va a comparar a comerse a la Vagatha original. Pero es una buena distracción, así que Alastor da rienda suelta a su ansía y ataca hasta mallugar a su presa.

Durante lo que parecen horas busca saciarse de una mentira. Para el final el cuerpo de Vaggie es un pedazo rojizo de donde brotan sus vísceras desechas, las piernas le han sido arrancadas a mordidas y sólo le queda un brazo. Una obra de arte, su adorada demonio polilla. Se agacha hacia ella apreciando su trabajo, detallando lo hermoso que se ve su torso donde está su corazón quieto y expuesto. Alastor le da un beso ligero, suave, casi afectuoso. Vaggie se remueve haciendo que él la mire.

—Alastor —suena horrible debido a que no tiene labios y parte de los dientes en la boca. La mano que le queda se levanta hacia el hombre para sostenerle la cara. Se supone que la ilusión no tendría que hacer esto, su función es interpretar el primer día que Vaggie estuvo a su cuidado, nada más. Esto es nuevo—. Bésame.

Alastor se paraliza. La sonrisa no se pierde en su cara, pero se siente verdaderamente pasmado. ¿De dónde ha salido esto? Vaggie nunca… jamás…

La mano de Vaggie vuelve a acariciarle el rostro, justo como la ha visto hacerlo con su hijo. Acerca su rostro destrozado a él y su ojo pálido le mira con algo que Alastor no está preparado para aceptar.

—Bésame —demanda otra vez—, sabes que quieres hacerlo.

¿Qué puede saber ella de sus deseos? Esta ingenua ilusión que está saliéndose de su papel, ¿qué puede saber de lo que hay dentro del corazón de Alastor? Lo que es más sorprendente es descubrir que se ha inclinado más hacia ella, presionando su cuerpo contra el de Vaggie hasta ajustarse.

—Me quieres, ¿verdad? Tienes tanta hambre de mí que no puedes soportarlo —recita la ilusión con dulzura y es tan hermosa que Alastor deja que lo seduzca, que lo guíe a un terreno que nunca antes ha tocado—. No tienes que restringirte. He sido tuya desde el primer mordisco.

Alastor deja escapar un gruñido gutural, algo que le habría helado la sangre a todos los overlords que lo escucharan.

—Devórame, mi amor —susurra dándole un beso en la mejilla.

Alastor es incapaz de resistirse, se abalanza hacia el cuerpo mutilado como un sediento a un oasis de agua. La atrapa entre sus brazos pegando su boca a la de Vaggie en una caricia brutal que parece sacada de una película gore. Es adictivo. Alastor descubre de inmediato que no puede parar. No tiene voluntad para hacerlo.

Quiere devorarla por completo.

Cuando se encuentra más perdido en su fantasía, la ilusión se evapora de golpe. Es tan repentino que se desorienta por un instante. ¿A dónde ha ido Vaggie? ¿A dónde…? Cuando se da cuenta de lo que sucede se pasa una mano por el rostro. Está sudando y su respiración está tan agitada que apenas le cuesta creer que todas esas reacciones fisiológicas provienen de él.

Ha perdido el control de sí mismo totalmente.

Hace medio siglo que no le sucede esto.

Las sombras se agitan a su alrededor deformando el espacio hasta corromper la realidad misma. Símbolos de vudú danzan en el aire sin un patrón cognoscible. Sus familiares se retuercen y gimen en agonía ante su furia.

Ha perdido el control por una puta ilusión.

Se lleva una mano a los labios, ahí donde esta Vaggie le ha besado, no hay sabor que memorizar porque no ha sido real, porque de ninguna manera ella habría hecho eso, lo que lo deja con la horrible verdad detrás de este fiasco. Su magia ha actuado por su cuenta mostrándole no sólo lo que quiso sentir, sino también lo que quiere que pase, cuál es la profundidad de su deseo.

Quiere volver a repetir todo lo que hicieron esa semana, aunque una parte en él se niegue a hacerlo debido a una molesta consciencia moral que se ha ido desarrollando en él durante ocho años. Chocan en él dos afirmaciones que se contradicen haciendo que Alastor quiere darse una bofetada a sí mismo. ¿Desde cuándo se ha vuelto tan complicado para él simplemente tomar lo que desea?

Alastor maldice al difunto overlord que lo colocó en esta situación. Su muerte fue demasiado misericordiosa considerando el gran lío que había provocado.

Alastor se arrastra hasta dejarse caer en un sofá cercano. Todavía hay remanentes de su anterior frenesí sacudiéndolo por dentro, pero se obliga a ignorarlos. Ahora sólo es capaz de soportar una cosa a la vez, su reciente descubrimiento.

Él la necesita.

Devorarla, consumirla, lo que sea, toda para él.

Alastor está jodido.

Después de tanto tiempo alguien finalmente ha logrado vencer al Demonio Radio en el juego.

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—¿De verdad tenemos que ir, padre? —pregunta Tabris mientras se sirve otra ración de papas horneadas y una gran cucharada del estofado de res. El entrenamiento para afinar sus habilidades requiere de una gran cantidad de energía por lo que tiene que comer tres veces más que antes—. Tenía planeado ir con Rosella a Ciudad Pentagrama en esa fecha.

—Una invitación de un demonio como Mammon no puede ser rechazada fácilmente —indica Seviathan—. Eres un príncipe von Eldritch, Tabris, nunca olvides eso. Las reuniones con otros demonios de tu estatus son inevitables; compartir información, discutir alianzas, incluso recordar con tu presencia quién eres, son cosas que se tienen que hacer, ¿lo entiendes?

Tabris a veces olvida que tiene más responsabilidades que antes. Después del despertar de sus poderes, Seviathan entrena con él personalmente todos los días y le enseña todo lo que sabe sobre política demoníaca para cuando deba ejercer su función como príncipe, incluso Vaggie se ha empeñado en que mejore su habilidad con la lanza y su conocimiento general sobre el infierno; él puede jugar y divertirse durante su tiempo libre, sus padres nunca se lo han prohibido, pero primero tiene que cumplir con sus asignaciones. A Tabris no le importa realmente, tiene suficiente tiempo libre con el que suele pasar la mayor parte con Rosella, o visitando a sus abuelos y a Urania, o simplemente con Mero y sus sirvientas en la finca.

Han cambiado muchas cosas y otras más le han hecho darse cuenta de ciertos detalles de los que todavía no se siente seguro de preguntar. Por ahora está feliz de haber vuelto a una relativa tranquilidad.

—Lo entiendo, padre —dice finalmente. Esta invitación no sólo significa que Mammon está curioso por conocer al joven príncipe que destruyó una zona de su parque (y que también es el único niño demonio en presentar un segundo despertar), sino una manera de evaluar a Seviathan y Vaggie como los siguientes líderes de la familia von Eldritch.

Después de comer, Seviathan y Vaggie se despiden de él, deben atender un asunto urgente en los negocios familiares por lo que lo dejan a cargo de la finca.

Tabris respira profundamente dejando de leer por un momento, recargándose en el respaldo de la silla de su estudio personal. Mero duerme tranquilamente en su regazo. Los días así son entrañablemente pacíficos, y aunque nunca se queja sobre eso, siente un poco de aburrimiento. Penuria y Purga no se niegan a acompañarlo o a jugar con él, pero no son tan divertidas como Plaga. Desde el día del accidente la enorme cucaracha se había negado a salir de su habitación. Purga le dijo que no debe preocuparse, que lo que ocurra a Plaga es algo con lo que tiene que lidiar ella misma. Penuria es de la misma opinión. Los padres de Tabris se han mantenido al margen, pero él sabe que no lo hacen por maldad sino porque no hay nada que puedan hacer —si así fuera sin duda ya lo habrían hecho—, Plaga se ha negado a obedecer sus órdenes.

Eso no calma su preocupación. Plaga es su familia, seguro hay algo que él pueda hacer para ayudarla.

«Tendrás que esperar a que salga. Plaga es territorial, se enfadará si te metes a su guarida», le ha advertido Penuria.

Plaga no es un demonio al que convenga molestar. A Tabris le ha quedado bien claro lo fuerte que es, aunque eso no haya cambiado nada su percepción de ella, no le corresponde convertirse en juez. Ella ya ha sido juzgada y por eso está aquí, eso es todo. Extraña a Plaga, y si no puede ayudarla, al menos quiere que sepa que no está sola, que puede contar con él cuando lo necesite. Tabris carga a Mero y la pone sobre su camita individual, la que Rosella compró hace una semana para ella. Le encantaría llevarla consigo, pero ha entendido que Mero es un bocadillo delicioso para demonios como Plaga. Si ella no ha comido en todo este tiempo, Tabris no quiere poner frente a ella una tentación tan grande.

—Descansa, Mero —le da una caricia a su marca de mariposa.

Tabris se dirige a la parte interna de la finca cerca de los vertederos de basura, donde se localiza la habitación de Plaga. Usa sus ojos para verificar que Penuria y Purga no se atraviesen en su camino, no tiene ganas de discutir con ellas y no quiere tener que ordenarles que lo dejen en paz cuando solamente quieren protegerlo. Su habilidad ocular es increíblemente útil, puede ver lo que quiera y a quien quiera en todo momento y ha comprobado que puede enviarlos a través de grandes distancias. Tabris practica todos los días para poder controlar sus distintas vistas, para evitar ser detectado. Seviathian y Vaggie son quienes más lo cachan cuando lo hacen, animándolo a mejorar.

Tabris se para frente a la puerta de Plaga. Es grande y de roble macizo, con marcas de arañazos y manchas oscuras. Tabris desea enviar sus ojos para ver lo que hay adentro, pero no le parece una buena idea. No quiere que Plaga se sienta vigilada, y si ha de enfrentarla tiene que hacerlo en persona.

Pone una mano sobre la madera.

Entonces le llega una sensación que le revuelve las entrañas. Es como ser cubierto por una oscuridad densa que lo arropa de una forma cruel, no hay nada cálido o consolador en ello y le provoca una congoja equiparable a esos días cuando estaba tan perdido en su dolor. Como enfrentarse a un abismo sin ninguna esperanza de salir.

Abre la puerta y la oscuridad lo recibe. No, es más que eso. Tabris nota enseguida el ambiente húmedo y pestífero del interior, como si fueran las entrañas de un monstruo terrorífico. Su intuición le advierte del peligroso, su propia energía demoniaca respondiendo con cautela al aura maligna que se aloja en las tinieblas. Pero hay algo aquí que le dice que no es la primera vez que ha estado en este lugar.

Avanza sin vacilación, sus ojos rojos brillando conforme oscurece. La habitación es más una cueva nauseabunda donde abunda la basura y los restos de comida. Hay una especie de nicho en el fondo, en el que hay una figura agazapada que palpita.

—¿Plaga?

Su voz hace eco. La figura se convulsiona violentamente. El aire se espesa y Tabris está seguro que si los demonios menores estuvieran aquí se habrían desmayado. Pero él no siente temor, incluso se siente tranquilo. Plaga sisea furiosamente. No articula palabras. Es una bestia que se eriza ante la presencia de un invasor. Sus movimientos son rápidos y aterradores mientras se estira para revelar su atroz apariencia frente el niño.

—Plaga —dice otra vez. No se inmuta, a diferencia del demonio buitre Plaga nunca le ha inspirado miedo.

¡Vete de aquí!

—No —responde ganándose un rugido violento justo en la cara. La cucaracha se estremece como si quisiera atacarlo, realmente es una imagen espeluznante, pero Tabris no desiste—. Lo que pasó ese día no fue tu culpa, Plaga.

¡Cierra la boca!

—¿Qué sucede, amiga mía, que te ha llevado a este punto? —sus manos se estiran hacia ella. Plaga se contrae en sí misma para escapar cuando se da cuenta que él se aproxima. Tabris no lo permite y termina sosteniéndola por las maltrechas mejillas—. Plaga, ¿acaso mi debilidad te ha molestado? ¿Fallar te ha afectado tanto?

Plaga gime lastimosamente. Sus ojos oscuros son difíciles de leer, pero el conflicto está ahí. Sus largas antenas se mueven hacia el rostro de Tabris acariciándolo con cariño. El chico tiene la misma mirada de hace cuatro años, de la primera vez que se conocieron, clara como el agua, sin ningún rastro de miedo.

Una mirada inocente y firme, inusual en niños de su edad.

A Plaga le recordó la mirada de otro niño, uno que conoció cuando todavía era humana antes de llegar con los von Eldritch como parte del paquete de sirvientas que Fredrick regaló a su nieto por su tercer cumpleaños. Penuria y Plaga ya tenían experiencia trabajando para familias reales, pero Plaga no. La cucaracha era nueva en el negocio, un demonio salvaje que había sido controlado por medio de la fuerza por Fredrick; «Sírvenos y te dejaré vivir. Niégate y hasta aquí llegarás», ni siquiera trató de negociar. La naturaleza de Plaga siempre ha buscado la gratificación inmediata, sin pensar en el futuro, sin medir las consecuencias. Por eso tuvo tantos roces con Penuria y Purga, porque no se comportaba como una sirvienta entrenada, porque actuaba como un animal rabioso e indómito.

Desde que era humana Plaga se había guiado por sus impulsos. Una mente sin consciencia moral. Plaga ha robado y mentido miles de veces, mutilado y torturado miles más, ha asesinado y violado los cuerpos de sus víctimas, ha consumido su carne y sus vidas. Plaga es la representación de la bajeza, crueldad y debilidad humana. Ella está acostumbrada al temor y al asco de quienes la contemplan, hasta que se topó con alguien que no la miró con nada de eso.

Un niño humano que Plaga había encontrado en la basura, sin duda abandonado por sus padres, que le había sonreído mostrando su sonrisa chimuela. Un niñito con la misma mirada con la que Tabris la vio aquella vez cuando tenía tres años y había logrado escabullirse a la guarida de Plaga. Una presa fácil para cualquier depredador. A Plaga no le había importado que fuese el hijo de sus amos, el chiquillo había entrado en su territorio sin vigilancia. Si Plaga se lo comía no podían culparla. Lo atrapó levantándolo por la parte trasera de su ropa, y justo cuando lo acercó a su boca… Plaga recordó al niño humano.

¿Por qué no me temes? ¡Soy igual al que te lastimó! —grita Plaga a Tabris—. ¡Soy la escoria entre la escoria! ¡Soy el Monstruo entre los monstruos! ¡Ve mi apariencia, pequeño príncipe! ¿Acaso crees que ésta es la forma de un pecador común?

—Nunca me has dado miedo, Plaga —sus manos soban las mejillas de la cucaracha. La caricia la estremece, nadie nunca ha sido tan delicado con ella—. Eres mi guardián, ¿no es así? Debes protegerme.

¡No lo soy, no lo soy! Soy una peste. Soy una plaga. No sirvo para otra cosa más que para destruir y consumir la vida, ¡no puedo protegerte!

—¿Y eso es lo que te mortifica? —hay dulzura en sus palabras, por alguna razón, siempre la hay—. Tú, monstruo entre los monstruos, ¿por qué sientes tanto arrepentimiento por no haberme protegido cuando has destruido tantas vidas?

Tabris da en el blanco y suscita una reacción inesperada en ella. De su interior brota el sonido de mil voces unidas en una melodía de lamentos. Es el sonido de mil almas cautivas debajo de la piel de la pecadora. Es conmovedor y perturbador, por un segundo Tabris se pregunta si habrá alguna forma de liberar a todas esas almas de su cárcel sin tener que matar a Plaga.

El niño humano de los recuerdos de Plaga… el niño de mirada inquebrantable al que le quitó la vida. La inocencia de su alma fue corrompida por la suciedad de Plaga. Oh, es como si volviera a estar allí. Ella vagaba por un callejón oscuro donde hombres y mujeres se habían abandonado a la inmundicia y la indecencia, una cloaca de depravación y crimen, un sitio para personas sucias como ella. Plaga resaltaba entre todos, una mujer enorme y regordeta con el cabello escaso y grasoso, la nariz torcida y los dientes podridos, llevaba una bolsa llena de carne humana en descomposición y transitaba arrastrando los pies por las calles enlodadas. La imagen de la decadencia y gula misma. Nadie se le acercaba, nadie podía ignorar su presencia amenazadora.

Y al buscar más cosas para comer en la basura, encontró al niño. Pequeño y delgado de cabello castaño revuelto y ojos purpuras, ropita mugrosa y con la piel amoratada, seguro el hijo no deseado que una prostituta decidió abandonar. Una criatura ingenua que pelea por sobrevivir en un mundo lleno de personas indulgentes y crueles. Plaga se quedó quieta durante un momento admirando al mocoso, como no parecía tenerle miedo. Entonces, ella también había sonreído, lo atrajo hacia ella hasta que tuvo su carita frente a su rostro aterrador… y lo mordió fuertemente arrancándole un buen pedazo de carne. El niño lloró horriblemente, pero eso no la detuvo; un sabor dulce inundó su boca, extrañamente le supo a fresas, la sangre se escurrió por su barbilla y las pocas almas desgraciadas en el callejón huyeron de la escena.

Plaga se lo comió todo y para cuando las autoridades llegaron no encontraron más que el rastro de sangre y a ella riéndose como loca. La encarcelaron y la condenaron a la horca, pero ella se escapó tras atacar a sus guardias, unos debiluchos que se cagaron al verla abalanzándose hacia ellos, y fugarse de su celda. Volvió a su vida de crímenes de inmediato, sin tomarse la molestia de cubrir su rastro, ¿de qué la serviría? Su apariencia la perseguiría a donde fuera.

No había pensado de nuevo en el niño humano hasta que conoció a Tabris.

Tabris, el hijo de sus amos, un joven príncipe demonio. Un niño inocente que no le teme. Plaga recuerda nítidamente cada momento que vivió con Tabris desde su primer encuentro; como Seviathan y Vaggie la encontraron balanceándolo entre sus antenas, jugando con él (luego le prohibieron tocarlo por obvias razones), como permanecía junto a su cama para verlo dormir, como pasaban horas hablando sobre cualquier cosa, como él no la trataba como si fuera un monstruo y compartía su comida con ella, partiendo su pan para que ella lo tomara. No fueron grandes acciones las que hicieron que Plaga se encariñara a Tabris, sino estos pequeños momentos que le trajeron un alivio que ninguna de sus gratificaciones inmediatas le trajeron.

Cuando sucedió lo del buitre, Plaga había experimentado un pánico atroz. En cuanto olió el aroma de las fresas supo que algo había sucedido y cuando llegó vio a su príncipe herido y temblando… la furia que sintió azotó a las almas dentro de ella. Plaga simplemente quería destruir a quien había osado a lastimar a Tabris. Sin embargo, ¿quién era ella para sentir eso, cuando había cegado tantas vidas antes? ¿Quién era ella para poder ofenderse, cuando había hecho lo mismo que ese demonio miles de veces? ¿Quién se creía Plaga, cuando también había tomado la vida de un niño inocente sin el menor remordimiento? Además, ¿qué hacía diferente a Tabris de los demás? ¿Qué hacía de su vida algo tan valioso como para que ella se sintiera tan aterrada de perderlo?

Las almas en su interior gritaron con violencia, recriminándole su hipocresía. Durante estos meses había sido imposible para Plaga escapar de ellas. No podía ahogarlas más. Plaga ahora sabe que ésta es su penitencia, su manera de pagar todo el daño que causó.

Mira a Tabris que la sostiene como si fuera alguien precioso, alguien que vale la pena querer. Y eso se siente como un golpe justo en el estómago. No merece su afecto o preocupación, tampoco merece que él haya venido a buscarla para ofrecerle consuelo. Plaga no va a permitir que su príncipe se ensucie de esta manera.

—No agobies esa cabecita tuya con cosas que no te corresponden —dice Plaga volviendo a su forma común—. He fallado en mi deber. No volverá a suceder.

Tabris se siente confundido por el repentino cambio. Plaga quita sus manos con cuidado (no quiere que la toque más, no se merece disfrutar de este pequeño afecto) y se agacha hacia él. Oh, como desearía haberlo asesinado como al chico humano, si lo hubiera hecho no estaría sintiéndose de esta manera. La culpa y el remordimiento le producen un asco incontenible hacia sí mismas y sus acciones, aunque es consciente que nada de lo que haga podrá callar a las voces dentro de su cuerpo.

Nada podrá otorgarle la absolución. El alma de Plaga está contaminada hasta el fondo.

—Te protegeré con mi vida —jura porque no sabe qué más hacer. No hay manera de reparar lo que ha hecho y no planea vivir buscando desesperadamente una salida. Ella se ha metido en este lío y no le queda más que aceptarlo y vivir en la mierda, pero… pero si hay algo que puede hacer para enmendar haberle fallado a Tabris, lo hará.

—Sé que lo harás, Plaga, eres mi guardián, ya te lo había dicho. Ambos debemos aprender de lo que pasó, ¿está bien?

No, Plaga es incapaz de aprender más cosas. Se ha estancado. Es una perra vieja que conoce muchos trucos, pero no puede aprender nuevos. Está condenada y le ha pasado lo peor que puede sucederle a alguien como ella.

—Tabris —es la primera y única vez que usará su nombre. El niño la mira con atención y Plaga graba para siempre la expresión en su rostro—, pase lo que pase, siempre serás mi príncipe.

—Plaga —susurra extendiendo su mano hacia ella.

Justo como lo hizo cuando era un niño pequeño.

Pero esta vez no logra tocarla. Plaga se ha movido velozmente para dirigirse hacia la salida de su habitación, donde espera a Tabris.

—¡Vamos a ver que hay para comer en la basura! ¡Seguro que habrá desperdicios de la semana pasada! —sugiere.

El niño está más confundido que nunca, pero supone que Plaga está intentando dar lo mejor de sí misma y eso nunca lo menospreciara. Corre hacia ella con una enorme sonrisa en el rostro, tratando de alcanzarla cuando ella también empieza a correr retándolo a alcanzarla.

Pero sin importar cuanto se esfuerce nunca lo logra. Ya no consigue alcanzar a Plaga.

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¡Fin del este capítulo! Vamos a ver, realmente no tengo mucho que decir. La primera parte está totalmente centrada en Alastor en lo que ha estado pasando con él durante estos meses de convivencia con Vaggie. Vemos que el anhelo que siente está mezclado con muchas cosas (su hambre, su rencor, incluso lo que le causa placer), además también vemos que se lleva bien con Tabris.

Ahora, la razón por la que Vaggie no les prohibió acercarse es porque sabía que si lo hacía Alastor lo haría de todas maneras. Ya saben, como cuando te prohíben comerte un pastel, de repente es lo único que quieres y en lo único que puedes pensar.

Alastor hizo el trato con Husk sin saber si era un pecador fértil, de hecho, la idea que él tenía era la de Husk embarazándose.

En cuanto a la última parte, Plaga es la representación de la absoluta perdida. Buscaba crear un pecador al que no se le pudiera absolver representando precisamente que hay cosas que no pueden arreglarse fácilmente. Plaga es consciente de eso y por eso no pide perdón, y lo único que puede hacer es vivir y proteger a Tabris, quien es lo más valioso que tiene para su desgracia.

Nos leemos en el siguiente capítulo.