Una gota cayó. Sucesivamente, dos más. Una cuarta no tardó en hacerse llegar. La secuencia cesó al cabo de unos minutos.
El arrugado papel comenzó a desgarrarse. Estaba empapado, deshecho. Absorbía su melancolía, y consigo, sus relegados recuerdos. Ajenos a su memoria, esclavos de una vida que no comprendía como suya. Sensaciones que los escalofríos en su cuerpo lograban procesar, pero que su abnegado cerebro sería incapaz de proyectar.
Las lágrimas fluían como impetuosos ríos. No había forma de frenarlas ni acallarlas. Manifestaban aquello que su mente consciente ocultaba. Eran sinceras, frustradas. Reconocía su pertenencia, pero jamás su procedencia.
Echó su cabeza hacia atrás. Emociones exhaustivas roían cada arteria de su desahuciado corazón. Rogaba por una pronta implosión. Quizá así podría descansar.
Frío. Eso era todo lo que sus sentidos podían percibir. El agua la rodeaba e hiperestimulaba. El espacio a su alrededor se torcía y distorsionaba. Tétricas galimatías la arrullaban. Se ahogaba en un infame maremágnum. Petrificada, únicamente sus ojos poseían libertad. Se desplazaban tiritando, amenazando con abandonar sus cuencas. Clamaban su insondable pavor.
El agua se tiñó de carmesí. Drenaba su vida, llevándose consigo sutiles bosquejos. No había nada más; sólo ella y su excelsa utopía.
Fue entonces cuando su horror se manifestó en su pecho. Estrujado, tambaleante, inerme. A merced de las perniciosas y famélicas alimañas. Imploraba, pero sus plegarias jamás eran escuchadas. Ese abismal vacío se resistía a evaporarse.
Mililitros de tósigo se derramaban a sus anchas. Jugueteaban con su dermis, acariciándola. La cubrían, mojaban, bañaban. Cálido, pero nunca cómodo.
La fuente vital, su propia carne, era el sitio en donde brotaba la cascada. Numerosos yacimientos se avistaban sin necesidad de reclamar minucias. Complejos jeroglíficos travestidos de rayones sinsentido.
Involuntariamente, contuvo la respiración ante su hallazgo. La atmósfera se tornó densa. Ni un sólo jadeo escapó de sus labios. El entumecimiento le impedía gesticularlo.
Aquellos incongruentes trazos fueron realizados con premeditación. Desconocía cómo, pero era una verdad irrefutable.
Sus amontonadas cicatrices nacieron como vagos intentos por traerle de vuelta sus restos no mortales. Como la suave marea expulsando lo impropio, difusa reminiscencia alumbraba su desolación. La amalgama continuaba extendiéndose.
Ahora podía leer, con suma esclarecía, lo que tiempo atrás juzgó como estolidez.
No estuvo lacerándose por gusto propio. Había tallado un nombre. Uno, el cual ansiaba que perdurase.
Ino.
˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ❞
Este corto fic me sirvió como práctica. Si han leído más historias mías, sabrán que mi redacción difiere en demasía con éste. Plenamente influenciado por la rítmica de Horacio Porcayo y el surrealismo de Gonzalo Lizardo, mis dos autores favoritos por el momento.
No pretendo explicar las metáforas que empleé a lo largo del fic. Si la obra les resulta compleja o incomprensible, les recomiendo que echen un vistazo al creepypasta en el cual está basado esta historia.
Mi segundo fanfic concluido. ¡Y vamos por más!
⃕ ᴀɢʀᴀᴅᴇᴄɪᴍɪᴇɴᴛᴏꜱ
Gracias a todas las personas que llegaron hasta acá. Agradecimientos especiales a Stacey, que votó en todos los capítulos. Y a mi estimada Génesis, que se tomó la molestia de pasarse por aquí. Nos leeremos en otro fic.
Fecha de finalización: febrero 14, 2023.
