Aunque Kenji lo deseara, no podría usar sus poderes mentales contra su tío con mucho éxito, todo porque a pesar de que Koriu los había perdido, lo cierto es que los propios no eran tan avanzados. No podía ignorar que la mayor parte del tiempo estaba transformado y, por supuesto, no podía llegar a esa instancia, sería demasiado peligroso.

Así que aceptó.

Sería batalla de espadachines

Kenji, sin esperar ningún segundo más, se acercó a paso lento, llegando justo al centro del salón del trono, mientras era observado detenidamente por los soldados.

Al levantarse, Koriu se desprendió de la capa que tenía puesta encima, dejando a la vista su escudo brillante.

Cuando estuvieron frente a frente, el hanyo sacó la espada antes, dejando que su mano dominante llevará la katana hacia delante y luego en defensa. Ambos poseían la misma escuela, lo que evidentemente complicaría la batalla.

El demonio por su lado respondió con el mismo gesto, pero dejando la katana apuntando hacia el cielo, lo que llamó la atención de su sobrino ¿empezaría con posición de ataque de inmediato?

No tuvo tiempo de analizarlo más, de un salto que solo otorga los poderes sobrenaturales, Koriu se lanzó hacia él, haciendo que Kenji diera un paso torpe hacia atrás con tal de recibir su ataque a duras penas. El choque de espadas resonó en los oídos semi humanos del chico.

La katana de Koriu subió y bajó en una danza que su sobrino apenas podía contrarrestar, era rapidísimo y Kenji temió que nunca lo había visto luchar. Su forma de pegar constantemente con la espada era apenas contenible para el Hanyo, que después de notar que si seguía así perdería, optó por su mejor opción.

-Cobarde- susurró Koriu, para luego reírse poniendo la katana en posición de defensa nuevamente. Kenji había retrocedido a gran velocidad del contacto directo, mirando a su tío mientras sudaba intensamente. El demonio, harto de ver a su sobrino jadear, arrugó la nariz- maldito mestizo mal nacido.

Kenji intentaba ignorarlo. Pero era imposible, la velocidad del demonio era demasiado para él. Y ambos lo supieron. Tendría que usar sus otras habilidades, despegarse de la escuela de los Hebi si es que quería sobrevivir a todo aquello. Esta vez fue él quien corrió contra su tío, lo siguió con la espada a gran velocidad.

Fue increíble para el chico notar que con su cercanía logró darle con la pierna al demonio, haciéndolo que se balanceara en sí mismo. Cuando el traspié lo hizo retroceder y agacharse, Kenji quiso darle un corte con su espada, el que el demonio alcanzó a esquivar, más no totalmente.

Un largo hilo de sangre surgió del rostro del demonio.

Kenji se sintió aliviado, un segundo. Porque el rostro de su tío se encendió, los ojos violetas se tornaron amarillos lentamente y la piel cobriza en volvió arrugada y ennegrecida.

-¡Vas a morir!

Fue tan rápido el cambio de actitud del demonio, que Kenji no alcanzó a verlo escapar de su cercanía. Por un instante temió que podía estar sobre él, pero cuando el chico miró sobre su cabeza, recibió con mucha certeza un choque de espada, que lo empujó a gran velocidad y lo hizo golpearse con un estruendo contra un gran pilar de la estancia. Con el impacto, ambos espadachines bajaron las espadas y, con su otra mano, Koriu apretó con fuerza el cuello de su sobrino, estrujando al mismo tiempo con sus uñas su delgado cuello, haciendo que corriera la sangre entre sus dedos y provocando que los ojos de Kenji se volvieron rojos. Estaba quitándole sin piedad la respiración.

-¿Ves lo fácil que me sería eliminarte?... Pero te enseñaré primero a respetarme a mí y a los míos- dijo el demonio, con una voz tan delgada que parecía un siseo…o eso creyó Kenji, que poco a poco perdía la conciencia.

Cuando lo soltó, el muchacho se cayó en sí mismo, dejó su cuerpo esparcirse en el suelo mientras se acariciaba el cuello, intentando volver a la realidad. Koriu, mientras tanto, lo miraba desde la altura, aún sumamente perdido en su odio. Pero dejándolo respirar.

-Todos estos años te deje vivir, a pesar de tu asquerosa sangre. No solo eso, te enseñe a pelear, te di un hogar y cuando te pedí una sola cosa, me traicionaste- las palabras del demonio hacían un eco doloroso en los oídos del chico, que ya podía mirarlo, aun aguantando los deseos de vomitar por el estrés de su cuerpo.

Lo odiaba.

Lo odiaba tan inmensamente y, aun así, era de lo poco que tenía- ¿pero, puedo culparte? Tienes sangre de humano, los seres más ínfimos de la existencia-

Kenji no respondió. No podía pensar en nada más que seguir vivo. Su tío, que lo rodeaba dando pasos pesados, mirando con desprecio, no le daba espacio para poder defenderse. Sería difícil sostenerle la batalla con su estado actual.

-Aunque ahora…- Koriu se detuvo. Sonrió, con esos dientes asquerosos y amarillos de la transformación de los hebi- la chica mitad perro está preñada ¿no es así? Creo que todo tiene sentido-

Esas palabras hicieron helar la sangre de Kenji, tenía terror.

-¿De qué hablas…? -le preguntó, con una voz rota a causa del dolor.

-Esa mestiza, al igual que tu, tiene sangre de humano y de demonio. ¡Ni siquiera eso eres capaz de lograr! Nunca podrías aparearte con una demonia pura, necesitabas a una sangre sucia como tu. Y dime, Kenji ¿de qué me sirves tú, sí está ella?

Era cierto. Lo que él decía era cierto…pero Moroha…

-No te atrevas a hacerle nada ¡no te permitiré que la uses!

-¡CÁLLATE!- con un grito, Koriu le dio una patada en el rostro a Kenji, que gruñó de dolor y botó un colmillo en el camino.

-¡Ya no te necesito, no te necesité más hasta el momento que preñaste a esa perra! Como tampoco necesité más a la estúpida de tu madre cuando escapó-

-¿Escapo?- Kenji, con los ojos muy abiertos, fijó su mirada en Koriu, que parecía no haber dado con la sorpresa en el rostro de su sobrino. No hasta que se detuvo muy cerca de él.

-¿Sorprendido? ¿Crees que mi padre y yo buscamos a tu madre por nada? No, sobrino. Somos demonios, ahí está la diferencia contigo.

-No entiendo…

-Mi padre mi obligó a buscarla solo porque era útil. ¿Recuerdas la profecía? Pues, nunca fue del árbol sabio. La profecía venía de tu madre, ella veía ese tipo de cosas…ya debes saberlo. El futuro, las cosas que están por venir. Mi padre la necesitaba porque la maldita nunca tenía visiones completas, en eso era tan inservible como tu. Cuando logramos capturarla, ya vivía con tu padre y contigo y nos rogó que no los matáramos.

Kenji seguía en silencio, sosteniendo la mirada inyectada de odio a su tío, expectante por oírlo. Y Koriu, de alguna forma, de ser oído.

-Es estúpido accedió a casarse con Yorio, fingió ser una buena miembro de la tribu y engañó a mi padre. Pero, cuando murió…ella quiso quedarse con todo. Siempre creyó que por sus habilidades mentales era mejor que yo ¡ella, una demonia traidora! Que había dejado un hijo sucio y débil por el mundo. Cuando ordené que te buscaran a ti y al humano, tu madre me enfrentó. No quería. Exigió a Yorio su ayuda y este flaqueo, llegando contigo en brazos. Y ahí nos dijo. Que tú eres quien seguiría con la sangre… con la tribu.

Pero eso no era lo que quería escuchar. El hanyo, repuesto, se levantó de su sitio, sosteniendo con fuerza su katana, ahogado de una mezcla entre el miedo y la ansiedad. Necesitaba seguir, oír la verdad.

-Termina de hablar- ordenó el chico, cada vez más fuera de sí.

-¿Qué sucede, sobrino? ¿De verdad creías que tu madre quería estar contigo? Debes saber que no. Ella huyó. Te dejó conmigo y, por culpa, te dejo su espada. Nada más. Ella sabía que nunca me superaría y huyó como una cobarde.

-¡No te creo!- gritó el hanyo, golpeando con la katana directamente a su tío, provocando que la danza de las cuchillas de ambos retumbaran en el salón. Ahora, el descanso y la rabia del chico le daba un punto a favor, haciendo que se viera más equilibrada la pelea. Lo golpeó tantas veces como pudo, usó sus brazos, piernas y la espada, dejándose llevar por todo lo que ese demonio le provocaba, por la horrible sensación de no saber quién era ni cuál era su verdad. Todo por ese ser, por su tío. Iba a cazarlo, agotarlo hasta dejarlo en el suelo.

-¡Tu madre, cuando vió que no tenía escapatoria, te abandonó Kenji!

-¡ES MENTIRA!-

Golpe, un estruendo de cuchillos tras otro, haciendo que Koriu logrará otra ventaja que dejó a Kenji solo el defender. El vaivén de ambos se hacía duro de seguir, tanto así que la mente de el hanyo comenzó a calentarse, sus pensamientos iba disparándose en su cabeza, transformándose en imágenes difusas donde solo veía al enemigo. Estaba volviéndose demonio, porque sabía que estaba a punto de morir.

-¡No es mentira! Cuando ella supo que no podría vencerme te dejó abandonado, huyó a otro sitio y te dejó a mi cuidado.

No podía ser cierto, su madre estaba muerta. Eso era lo que él sabía…o al menos lo que le habían dicho.

-Entiendelo, Kenji. Solo viviste gracias a mi…

-Cállate ¡Cállate!- el hanyo gritó tan fuertemente, que el impulso de su voz logró equipararse a su fuerza, empujó a su tío contra el piso y puso la espada con éxito en su rostro. Su mente, cada vez más trastornada, lo abandonaba segundo a segundo y lo sabía…Se transformaría. Necesitaba saber la verdad en estos momento- ¡dímelo, dime la verdad!

- Eres tan inútil que no puedes pelear conmigo sin perder la cabeza- susurró Koriu, sonriendo divertido- eres débil Kenji, un débil híbrido.

Absorto en su locura, Kenji quiso matarlo. Sería fácil en ese momento. Acabaría todo.

¡Qué importaba la verdad!

Antes de decidir, el hanyo sintió un brusco movimiento sobre su brazo izquierdo. Con la rapidez que lo caracterizaba, el demonio tomó con fuerzas el brazo de su sobrino, empujándolo contra sí mismo. La espada de Kenji voló de su mano, dejando al muchacho indefenso ante Koriu que lo tenía muy cerca de él, dejándole poco espacio para equilibrarse y no caer totalmente sobre el demonio.

-Eso no era todo…- desbordado, desequilibrado y divertido, Koriu le sonrió a su sobrino que ya estaba más en su estado más demoniaco. Kenji no pudo evitar que su tío se le acercara más, tanto que sentía su boca muy cerca de su oído de hanyo- pero si hay una mentira, sobrino. No te deje vivo por la profecía.

Kenji entumeció. Lo último consciente de su mente estaba atenta, increíblemente expectante.

-Te deje vivo porque, antes de huir, tu madre vió toda la profecía. Ella vio que me matarías- la voz del hanyo era un susurro asqueroso, que parecía contaminar la sangre- Si por mi fuera habrías muerto. Pero…tu madre se lo dijo a Yorio y a Atae. Si no hubiera sido así, te habría matado ahí mismo. No me importa el futuro de la tribu si eso significa que un asqueroso híbrido tome el poder, prefiero que todo mi pueblo termine.

Gracias por liberarme de ese problema preñando a la mestiza.

Koriu soltó a Kenji, lo dejó en el piso y con mucha fuerza clavó su katana contra el estómago de su sobrino, provocando un charco de sangre que manchó la cara de ambos. Kenji gritó, sentía el dolor más horrible de su vida.

-Maldito mestizo ¡Maldito híbrido! Tu madre estaba equivocada, soy yo quien va a matarte- con otro arranque de ira, el demonio levantó su arma y volvió a clavarla, está vez más cerca del pecho. Los ojos de Kenji, aún envueltos de la sorpresa, no podían cerrarse.

¿Iba a morir así?

Así ...iba a morir.

Pero si moría…

No, no podía morir.

Y Kenji, perdió el sentido. Su cuerpo se puso tan caliente, tan ardiente, que la piel se endureció en respuesta, intentado que no disparara el fuego que llevaba dentro. Sus ojos se hicieron amarillos y su piel escamosa. Oscura, dura, totalmente inquebrantable. La katana del Koriu dentro de su piel comenzó a desprenderse, pero no por los efectos de su cuerpo, sino porque la mano de Kenji logró tomar el filo y comenzar a desprenderlo de sí mismo. El demonio, que no podía entenderlo, dejó que el arma se saliera y dio un paso atrás. De alguna forma, su sobrino seguía vivo.

-Yo si voy a matarte. No importa si también muero- dijo el hanyo, lanzándose contra su arma que yacía en el piso, impulsado por algo más fuerte que el mismo. Comenzaron a luchar nuevamente, esta vez con las fuerzas equiparadas, porque ya no se trataba de un demonio y un hanyo, sino de dos demonios puros.

Aun así, Kenji seguía teniendo control de sí mismo.

El hecho que estuviera sangrando incesantemente de las heridas no impidió que sus movimientos fueran ligeros, mucho más que antes.

Unido a eso, los deseos de sangre iban sobrapasando los de venganza. Una corriente ardiente y dolorosa le recorría el cuerpo al muchacho, logrando que quisiera ver a su contrincante retorcerse.

Necesitaba verlo sufrir frente a él.

Koriu no se sintió asustado, al contrario, comenzó a sonreír entusiasmado, mientras luchaba en el intento de controlar los golpes de su sobrino.

-¡Perdiste la cabeza, sobrino!- le gritó el demonio, recibiendo solo siseos del chico. Kenji, hecho más una bestia que un humano, buscaba atacar como fuera, haciendo amagos de morder, de arañar, como si de un animal salvaje se tratase.

Ya las espadas se habían perdido, Koriu, entusiasmado por el desvarío del joven, sostuvo con toda la fuerza que tenía de los brazos a su sobrino, intentando controlar sus movimientos bruscos, dejando que la sangre del mismo lo ensuaciara.

-Pobre híbrido, me das lastima Kenji…- el demonio seguia sosteniendolo, hasta que una de sus manos de enormes dedos amarillos la dirigio a la herida del pecho de Kenji, incrustandola dentro, abriendo más el espacio en la piel del muchacho.

Kenji gruño, gimió de dolor y levantó el rostro, dando alaridos de animal herido.

Hasta que se desmayó en brazos de su tío.

-Pobre sangre sucia…-

El demonio mayor soltó al chico.

La figura del muchacho no se movía.

Un hilo de respiración salió del mismo como escapando de su cuerpo, desesperado de librarse de la presión de la batalla.

Lo había hecho, había- por fin- matado al vástago de su hermana.

Dejó que su propio se liberara del éxtasis que sentía, mientras miraba el cuerpo inerte de su sobrino en el suelo, sucio, malogrado, con los ojos abiertos.

Solo un grito agudo detrás de él lo despertó de su estado…

-¡KENJI!


Un grupo de soldados de Koriu arremetió contra la aldea, tal y como lo habían y los exterminadores se encontraban luchando contra ellos, preocupados de no verlos directamente a los ojos, pero aun así algunos de ellos sufrieron desmayos y parálisis, que eran controlados con ayuda de los aliados de Kenji dentro de la tribu hebi. Pasados unos minutos de incesante pelea, vió volar sobre ella una estola muy conocida. Siguiendo su camino, se libró de los enemigos que la acechaban y llego corriendo a la cabaña de la anciana Kaede, donde la figura de su padre y de Jaken la esperaban.

Pero el demonio no la buscaba a ella, Towa lo vió entrar sin demoras a la cabaña.

-¡Padre!- Towa entró detrás de él y se sorprendió de ver a su madre ayudando a la anciana y a Kin´u a sanar a los heridos de la batalla que se llevaba a cabo. La chica sintió mucho orgullo de ver a su menuda madre con el cabello recogido y el kimono sostenido de las mangas, haciendo su mayor esfuerzo.

-Rin- dijo Sesshomaru mirando a su mujer- vamonos.

La mujer, fijando la atención en su esposo, negó con la cabeza.

-No, mi señor. voy a quedarme a ayudar. Por favor, no insista.

Towa enmudeció ante el acto de valentía de su madre. Cada vez se sentía más sorprendida de todo eso.

-No seas necia Rin, estás en peligro…- dijo Jaken molesto, como si de su amo se tratase.

-Mi señor puede quedarse cuidando de mí, no sería la primera vez- respondió la mujer a Jaken, quien se quedó callado mirándola con reproche.

Towa no logró intervenir a favor de su madre cuando apareció la figura de Setsuna en la entrada, agitada.

-Setsuna ¿estás bien?- preguntó la peli plateada, seguida de Rin que se acercó aterrada a revisar una herida en la frente de la niña.

-Sí…descuiden. Necesito que vengas con colmillo sagrado- la mención de la espada enfoco la atención de Sesshomaru en sus hijas. Towa no necesitaba explicación, era obvio que alguien estaba en peligro. Incluso muerto.

-No sé si seré capaz de manejar yo sola la espada…padre…tu ¿podrías ir?

La petición de la niña no tuvo respuesta. Sospechaba que todo eso estaba comenzando a molestar considerablemente a su padre.

-¡No, es imposible! no podemos dejar a Rin, ella se niega a irse..

-No tenemos otra opción, hay muchos de nuestro lado sufriendo y es muy seguro que la hija mayor de Koga, la hermana de Hiroyuki, esté muerta- explicó Setsuna, provocando un grito de asombro de Rin y la lastima de Kaede, que solo miraba la escena.

Cuando la discusión seguía infructuosa entre las mellizas y Jaken en nombre de su amo, Rin los hizo callar.

-Basta. Deben ir, es su obligación ayudar a esa gente - Ordenó la mujer. Nadie a su alrededor podía creer la determinación y la fuerza con la que les había hecho callar- Yo estaré bien. Mi señor- dijo esta vez, dirigiendose a su marido- por favor, ceame este favor.

-No, Rin. Es peligroso que te quedes sin protección- dijo este, mirándola fijamente con sus ojos profundos.

Unos ruidos inquietos fuera de la cabaña llamó la atención de Towa, que saliendo de la misma dió con un aroma muy familiar.

Fuera, Riku había derribado a un demonio serpiente con facilidad.

-Princesa…vine a ayudar- dijo esté, acercándose a la niña. A Towa le dieron deseos de abrazarlo, pero no era propicio. Solo lo hizo entrar a la cabaña.

-¡No me iré, la anciana kaede me necesita!- insistía Rin, con un cada vez más molesto Sesshomaru, que si el asunto seguía así Towa temía que terminaría arrastrando a la fuerza a su madre.

-¿Cual es el problema, princesa?-preguntó el pirata en un susurro, solo para ella.

-Mamá quiere quedar a ayudar a los enfermos, pero papá debe ir conmigo a ayudar a los moribundos y no desea que mamá se quede a solas- explicó rápidamente. Riku guardó silencio unos instantes, mientras aún la discusión de Rin y Jaken/Sesshomaru seguía, hasta que habló a viva voz.

-Señor Sesshomaru- dijo, dirigiéndose directamente- permítame cuidar de su señora esposa.

Un silencio rodeó la estancia, entre incomodidad y sorpresa.

Como no decía nada, Riku comenzaba temer que lo rechazaría. Antes de poder insistir, fue interrumpido por el mismísimo Sesshomaru.

-De acuerdo.


Moroha estaba desesperada. Había visto con mucha ansiedad como Kenji y Hiro corrían detrás del peligro. Deseaba tanto ir…pero su padre, sabiendolo, la detuvo junto a él.

Aún quedaba Yorio por ser derrotado.

-Hagamos esto rápido- dijo su padre, mientras se colocaba en posición de ataque.

-Papá, recuerda que no hay que mirarlos directamente.

-Keh, ya lo sé- Inuyasha, orgulloso, miró a su hija- ayudame

Pero no sería tan fácil.

Los primeros ataques de colmillo de acero fueron evitados por el demonio hebi, primero escapando y segundo, atrayendo seres de su especie que se interponían.

En un momento, Moroha sintió la presencia de Hiro cerca de ella. El lobo, que parecía muy ajetreado por la pelea, se aproximó a la chica.

-Moroha…

-¿Y Kenji?

-Está dentro- el lobo, notablemente preocupado, sostuvo con delicadeza una de las manos de la chica, intentando calmarla- No debes ir, quédate aquí.

-¡Estás loco!

-¡Moroha, escucha!- le dijo Hiro, logrando que la niña le abriera los ojos, sorprendida por el tono de voz dominante que usó contra ella- ¡No es tu batalla! Kenji no querría que fueras

-Si me dices esto es porque sabes perfectamente que lo hará, ahora déjame…

Sin obedecer, Hiroyuki sostuvo con fuerza esta vez, atrayéndola contra él.

Junto a ellos, Inuyasha lograba superar a Yorio, hasta el punto que lo desarmó y solo faltaba un golpe final.

-No importa que me maten…Koriu ya tenía lo que necesitaba.

-¿De qué hablas?- preguntó Inuyasha. Aunque creía saber la respuesta.

-Va a matarlo.

Moroha sintió que algo muy fuerte le caía encima, su pecho se congeló y sus pies se hicieron de plomo. Con toda la fuerza que le quedaba, empujó con su otro brazo el cuerpo del lobo logrando derribarlo y corrió desesperada hacia el palacio. dejando detrás de ella los gritos de sus padres.

-¡KENJI!

Frente a ella, sobre un charco de sangre, estaba el cuerpo magullado del hanyo. La chica no podía creerlo. No había pasado tanto tiempo…no era posible. Su mente quedó en blanco por unos segundos, deseando que aquello no estuviera pasando.

Ni siquiera fue consciente de que seguía gritando su nombre, como si ella misma estuviera en agonía.

Koriu le sonreía. Estaba casi sobre Kenji, tan cerca que parecía estar por sobre su cadáver, aún intentando recobrarse…

La shihanyo no pude notar como el demonio ordenaba a un grupo de soldados que se le acercaran, que se la llevaran con ellos y la encerraran. No fue capaz de hacer nada, la sostuvieron y se la llevaron.

Y ¿qué sentido tenía?

Tampoco fue consciente del grito de horror proveniente del demonio frente a ella. No reparó en la agudeza de su quejido. Solo llegó a entender que sucedía cuando los soldados la liberaron y los vió correr hasta donde estaba su líder.

Moroha levantó la cabeza y vió como una mano sostenía con firmeza el final de la pierna del demonio. En segundos, un sonido de desgarro hizo que Koriu cayera al piso, para que la figura de Kenji se le posara violentamente encima, posando las manos sobre su cuello.

-Muere…muere- siseaba el chico. La poca conciencia de Kenji lo había despertado. Olía a Moroha cerca…eso había ayudado. Su tío se retorcio bajo su cuerpo, los ojos enormes y amarillos se agrandaban, mientras luchaba para librarse del peso del hanyo sobre el, sostenido de piernas por las piernas del chico e intentando librarse con sus manos. Pero era inutil.

Cuando los soldados se acercaron, la energía demoníaca de Kenji los derribó. Basto mirarlos directo a los ojos para hacerlos caer sobre sí mismos.

La vida del demonio se desprendía, como la cordura del hanyo.

-Esto es por mi Moroha-logró murmurar suave y duramente el chico- por Nomi…- otro poco, apretó otro poco haciendo que saliera un escupo de sangre de la boca del demonio-...por todos los que mataste…- los movimientos de escape del ser cedían, ya casi no peleaba- y por mi madre…


Un sonido sordo cego todo el lugar. Kenji apretó tan fuertemente que quebró el cuello del demonio, logrando separarlo de su cuerpo.

Lo había matado.

Levantó sus manos llenas de sangre y restos de piel. Miro sus garras.

Luego miró a su alrededor.

Los soldados…

Todos le habían hecho una reverencia.

Ahora le obedecían a él.

Kenji se movió de encima del cadáver, arrastrándose como podía hasta quedar alejado de la peste del que fue su tío.

Y gruñía, gruñía.

-Kenji…-escucho a lo lejos, hasta que sintió junto el aroma de Moroha.

"No, alejate" pensaba, sabiendo que seguía transformado.

Sus ojos a duras penas lo dejaron verla tirarse al suelo junto a él sin importarle nada. La chica quiso confortarlo, pero sus manos duras se apretaron a sus brazos.

-Kenji…terminó, ya todo terminó- le susurraba la muchacha. Moroha sostuvo con sus manos las de él. La sentía…

La fuerza con que lo sostuvo de vuelta, envolviéndolo con ternura con sus manos pequeñas, intentando acercarlo a ella.

-Terminó…ya puedes descansar.

El cuerpo del chico parecía limpiarse con las dulces manos de la niña. Kenji supo que Moroha lo estaba purificando son sus habilidades de sacerdotisa. Y fue maravilloso.

Y ella supo que él estaba en sí cuando vio lo violeta intenso de sus ojos.

-Kenji…

El chico le respondió mirándola con todo el sentimiento que llevaba dentro.

-Moroha… - Kenji levantó su mano derecha, tomando la de la niña- tu…¿estás bien?

-Sí, tonto- la niña le sonrió, burlandose de el mientras sonreia y lloraba a la vez- ¡creí que habias muerto!

-¿Es cierto?

-¿Qué?

-Nomi dijo…ella dijo

Moroha, sabiendo, entonces a qué se refería, guardó silencio unos segundos y bajó la vista.

-No- le dijo con suavidad- tranquilo

Kenji, contrariado en su agotamiento, apretó la mano de la niña.

-¿Mis maestros…?

-Están bien…ahora debes descansar.

El hanyo no respondió, simplemente sonrió con ternura. Le gustaba como los ojitos chocolate de la niña se veían hinchados por llorar…tantas cosas en ella le gustaba que era absurdo. Quería decirle que la quería, pero casi no podía hablar. Pero ella debía saberlo…

-¿Kenji? ¡KENJI!- volvió a gritar la niña, cuando noto el peso muerto del chico contra ella. El cuerpo del muchacho se le vino encima y el olor fuerte de su sangre le inundó el olfato. El color de pelo de Kenji paso a un negro mas itnenso, se hizo mucho más largo y su piel mucho más blanca. Se había transformado en humano- NO, NO, NO TE DESMAYES…¡DESPIERTA!

Hace varios años, una noche, logró escapar de su hogar. Decidió ir hasta donde estaba aquel hombre. Ellos le habían dicho que eran la familia de su madre ¿y cómo iba a dudarlo? tenían sus mismos rasgos.

Lo que nunca comprendió fue lo cruel que fueron aquel día. La paliza fue inmensa. Tuvo un grado muy fuerte de certeza de que moriría. Sintió por segundos que, tirado junto a aquel río, dejando que el agua helada le mojaba el cuerpo adolorido, algo divino se lo llevaría.

Aquel sitio, en aquel momento, era muy similar a ese río.

Solo que ahora se sentía bien…no había dolores.

Así era realmente morir.

Despertó en ese sitio lleno de tranquilidad cuando una voz de hombre le habló. Miró al frente. Un humano de estatura mediana, piel pálida y ojos oscuros lo miraba risueñamente.

-¿Quién eres?

-Hola, Kenji-

El chico supo entonces quién era. Su padre. Entonces…

-¿Estoy muerto?

-¿No preguntaras primero quien soy?- dijo el hombre, levantándose de donde estaba y aproximándose a él. Por instinto, Kenji corrió.- Tranquilo…

-Eres mi padre, pero estás muerto. O eso supongo…

-¿Lo supones? ¡Pero si estuviste en mi tumba, muchacho!- la risa nada contenida de Mori divirtió a Kenji, que le sonrió de vuelta.

-Entonces también morí. ¿no es cierto?

-Estás en la entrada, por así decirlo- respondió el hombre- aquí es buen lugar.-

Kenji no respondió. Supuso que si su padre estaba ahí, quería decir que no había llegado al Nirvana.

-No te preocupes- dijo Mori, como sabiendo su duda- ahora me iré.

-¿Eso es todo? ¿Ahora me quedaré aquí para siempre?

-Podría ser de esa manera- dijo su padre. Kenji se sintió atraído por el parecido que encontró consigo mismo en sus días de humano.

-Morí como humano, supongo que porque agoté mi energía demoníaca…

-Exactamente…

-Mmm…

-Si sirve de algo- agregó el hombre. Ahora se encontraban sentados frente a frente- me agrada poder verte. Disculpa la carta, no quería hacerme sentir mal.

-También me agrada- admitió Kenji- siempre te imaginé. No así, claramente.

-Comprendo.

-¿Mamá está en Nirvana?- preguntó el chico, sabiendo que la respuesta iría por otro lado.

-Ella nunca vino hasta aquí.

Silencio. Eso quería decir que sí había logrado escapar. La duda evidente era porqué nunca lo buscó.

-No la culpes- dijo Mori, dejando de lado su sonrisa- tendrá sus razones.

-¿Eres feliz acá?-preguntó Kenji, intentando ignorar el dolor punzante que sintió al saber que su madre seguía por el mundo, viva. Al contrario de su padre. Y de él, al parecer.

-Sí- admitió el sanador- ¿Por qué?

Kenji no dijo nada. La presencia de su padre, por extraña que fuera, le reconfortaba increíblemente. Se sentía más pleno que muchas veces en su vida.

-Supongo que morir no es tan malo como lo pintan.

-Kenji…

-Aquí estoy contigo- dijo, interrumpiendo a su padre que ya ni siquiera guardaba rastros de una sonrisa- estaría en paz. Era mi destino.

-No pue…

-¡Tu eres mi familia! Yo…me siento bien

-¿No lo sientes dentro de ti, hijo? - Mori, ansioso, se levantó del piso y miró en lo alto a Kenji. El parecido de ambos entonces fue aún más evidente- Debes irte…

Pero él no sabía si debía.

-Pero estaría contigo… siempre desee estar contigo, con mi familia.- Kenji se levantó enfrentándolo, acercándose a él intentando tocarlo pero el sanador se alejó bruscamente de él.

-Si lo hiciste-

-No…

-Claro que sí. Tu familia está donde has puesto tu corazón, hijo mío. Están allá. Llamándote. Te extrañan.

¿Lo llamaban? Es cierto. Pensó en sus maestros…en sus amigos…en Moroha.

Kenji sintió como las lágrimas le caían por las mejillas.

Si irse de ahí era alejarse de su padre…pero quedarse era alejarse de todos los demás…

-Siempre quise estar contigo…pero yo- el hanyo supo en ese momento que todo lo que creyó desear había cambiado drásticamente en muy poco tiempo. Ahora solo deseaba una cosa.

E implicaba volver al mundo de los vivos.

-Kenji, hijo ¡Vive!- la voz de Mori era dura pero con un rastro de tanto amor que el chico lloró, lloró por la injusticia de su vida, por los malos momentos. Era humano en ese instante y lloraría por su padre…- Vive hijo…

De la nada, el ambiente a su alrededor comenzó a nublarse. La imagen de su padre se distorsionó y todo a su alrededor se hizo difuso.

-Papá…gracias

-¡VIVE!

Lo primero que vió al abrir los ojos fue el cielo de madera antigua. Lo primero que sintió fue un aroma de tonos cítricos, exquisito por lo demás. Lo siguiente que sintió fue el peso sobre su cuerpo, lo húmedo sobre su torso.

Levantó un poco la cabeza, y lo que vió que notó fue una mata de cabello negro sobre él.

-Moroha…

La muchacha, inquieta, levantó la vista, fijando en él los ojos inflamados por los golpes y por el llanto.

-¡Kenji!- gritó, acercándose y sonriendo. La shihanyo abrazó al muchacho sin delicadeza, logrando que se quejara en su oído.

-Me duele…

-¡Mamá, papá!

Kenji entendió que estaba dentro de su propio aposento y que solo la niña estaba con él.

A los segundos entraron Inuyasha y Kagome junto a Towa, todos muy sucio y maltratados. Cuando lo vieron sonrieron y gritaron de felicidad.

-Mi niño- dijo la sacerdotisa, arrodillados a duras penas para acariciar su rostro, luchando con los mechones sueltos de Moroha..

-Que alivio- susurró Inuyasha, con notable tranquilidad, pero alejado del muchacho.

Towa, por su parte, figuraba con la espada colmillo sagrado en las manos, así que supuso como había vuelto a la vida.

-Gracias…-dió el joven, recibiendo un asentimiento de la chica.

-Demoraste mucho en volver- se quejó Moroha, mirándolo estaba cada vez más alejado de su rostro y con gesto de reproche- creímos por un momento que no lo harías.

-Yo…yo vi a mi padre-

Todos quedaron en silencio, a lo que el chico siguió.

-Decidí volver-

-¡Eso es obvio! ¿Lo dudaste?

Kenji no respondió a aquello, ni siquiera al ver el enojo de la shihanyo.

-Mi padre…yo nunca había estado con mi familia. Pero me dijo algo cierto, que yo estaba en familia antes de todo esto.

Kagome y Moroha, aún angustiadas, sonrieron y soltaron otras lágrimas solitarias.

-Keh…era obvio, bien lo dice la enana. Ahora descansa, afuera hay mucho que resolver. Eres el nuevo líder del clan, muchacho- luego de decir aquello, Inuyasha escapó del sitio, para ser seguido por Kagome y su sobrina.

Moroha aprovechó la situación para pegar su cuerpo al de Kenji, dejando descansar su mejilla sobre el pecho del chico, casi en su cuello. Un par de ocasiones lo olió con dureza, con ansiedad. El solo se dejó acariciar por la niña, que le daba cariños en el brazo que tenía a su alcance.

-Tuve tanto miedo, eres un maldito- dijo ella, casi con un hilo de voz pero, aun así, con la fuerza que la caracterizaba- no pienses hacerme esto nuevamente.

-Lo siento…

-Te desvaneciste en mis brazos.

-Lo sé…

-¿No querías volver?- con su pregunta, Moroha se enderezó un poco, fijando su mirada en la de él. Kenji se fijó en las evidentes muestras de los golpes que había recibido. Su labio hinchado y los cortes en el rostro. Levantó su mano y le acarició con ternura la mejilla morada.

-Disculpa por dejar que te hicieran eso…

-¡Responde Kenji!

-Creo que un momento… sí- Kenji espero que la niña se molestara, pero fue peor su horror cuando notó que se veía muy triste- pero yo…entendí pronto que debía volver.

Ambos se enderezaron. Kenji se sentó e intentó que la cercanía previa volviera, pero la niña se había alejado rápidamente de su cuerpo.

-Moroha, no te pongas así. Fue muy fácil entender que mi familia…son ustedes. Cuando entendí lo fácil que sería quedarme ahí, no lo quise…

-¿Qué quiere decir eso?

-Siempre creí que quería eso, a mi padre. Lo busqué mucho tiempo, tu lo sabes. No pensaba en nada más. Pero…en el camino encontré cosas mucho mejores. Y , lo más increíble…ni siquiera necesito que sea fácil- Kenji se rió al ver el gesto confundido de la niña y aprovechó el momento para acariciarla nuevamente, está vez en el cuello, sosteniendola con delicadeza.

-No importa como sea, aquí es mi lugar.

El "aquí" de Kenji sonó tan convincente, tan irrebatible en los oídos de Moroha, que se sonrojo y sonrió levemente. Claro que lo entendía, ella más que nadie entendía el deseo de pertenecer.

-Ya puedes dejar de buscarlo- le dijo ella, devolviéndole la acaricia al chico. Kenji dejó que su felicidad de tenerla lo relajara. Suavemente, deslizó su mano hasta la mano desocupada de Moroha, posandola sobre la de ella. Luego, entrelazo con lentitud sus dedos con los de ella, sintiendo en cada movimientos su piel suave y disfrutando del choque eléctrico que le provocaba su tacto.


Casi dos semanas después

El fresco aire mañanero golpeaba las hojas de los árboles cercanos a la nueva cabaña de la aldea. Una edificación considerablemente más amplia que otras pero del mismo aspecto rústico y acogedor de las demás, que destacaba aún así por la vegetación a su alrededor. Junto a la entrada de la misma, una mujer con gestos juveniles esperaba ansiosa la llegada de sus hijas. Rin llevaba apenas tres días viviendo en su nuevo hogar y se había concentrado en crear una forma de vida con sus niñas que las hiciera sentir que siempre debían volver con ella a su nido.

Las chicas llegaron a paso veloz, sonriéndole ambas a sus modos; Towa entusiastamente y Setsuna más calmada, pero ambas llenas de amor.

-¡Cachorras!- dijo la mujer, atrapandolas en un abrazo que apenas cubría a las mellizas- llegan a tiempo a desayunar, es importante que coman luego de entrenar.

Las dos niñas asintieron, mientras entraban tranquilamente las tres a la casita, que estaba muy cómodamente equipada. Cuando habían terminado de comer los platos de su madre, las niñas recibieron un aroma familiar. Setsuna miró a su hermana y le indicó que saliera, más como un gesto de complicidad que de permiso.

Afuera de la cabaña, la figura de Riku esperaba a Towa. Desde la batalla de hace unos días, el joven youkai parecía más seguro de andar por esos lados. Y todo tenía un porqué.

-Buenos días, princesa- saludó el demonio, sonriéndole ampliamente a la peli plateada. Towa respondió de la misma manera.

-Buenos días, Riku. Me alegra verte…- admitió ella despacio, gestó que le permitió al joven el gesto de acercarse, pero cuando la hanyo pensó que él la tocaría en una caricia, Rin salió de la cabaña.

-¡Joven Riku! ¡Bienvenido a nuestro nuevo hogar!- Rin, sin notar su interrupción, hizo entrar al pirata que aceptó, dejándose llevar.

La comúnmente reticente Setsuna se mostró amigable al hacer un gesto amable al muchacho, lo que para cualquiera que la conociera era digno de admirar.

-Déjeme servirle té, por favor siéntese- pidió Rin- usted es un invitado de honor en este hogar, le debemos muchísimo como familia.

-No diga eso, no me deben nada- dijo Riku, levantando las manos mientras se sentaba a la mesa junto a las mellizas, que parecían secundar en la opinión a su madre.

-¡Claro que sí! si no fuera por usted…no sé si esto sería posible.

Towa asintió en su lugar, mientras volvía a sonreírle al invitado. Después de todo, el día de la batalla, la chica recordaba como el pirata había protegido a su madre, liberando a su padre de la preocupación y permitiendo a ambos ir con colmillo sagrado a salvar más de una vida. Era imposible no rememorar el acto de confianza inesperado de su padre hacia el demonio pelirrojo, que Towa asociaba solamente a que, con el tiempo, había aprendido quien era como persona.

Aquel gesto no solo había salvado la vida de Rin y de varios aldeanos, sino que había formado una base de confianza de Sesshomaru hacia Riku que daba pie a una relación mucho más amena. La posibilidad de que Towa estuviera cerca del que, estaba segura, era el amor de su vida. Pero eso nadie lo sabía. Quizá Setsuna lo sospechara.

Después de una hora de conversación y mucha comida de parte de Rin, Riku pudo escapar de la casa, acompañado de Towa. Caminaron junto al río, aun divertidos por las ocurrencias de la mujer, que parecía que cada vez que estaba feliz hablaba hasta por los codos.

-Su madre es encantadora, tanto como usted- mencionó Riku, mirando directamente a la adolescente que hizo un gesto para desmentir lo dicho.

-No es cierto, ella es muchísimo más. En una luz de alegría-

-Para mí, usted es eso…

-Riku

-¿Sí, princesa?

-Podrías tratarme con más cercanía… bueno ¡solo si lo deseas!-

La repentina fase tímida de Towa para con él enterneció al demonio, quien asintió en respuesta.

-Como quieras, princesa.

-Riku…- Towa se sonrojo en medio de la sonrisa. Estar cerca de él seguía trastornando a la muchacha sutilmente, haciéndola sentir un poco boba. Encaprichada- muchas gracias. Todo lo que hiciste…cuidar a mi madre. No tengo cómo agradecer.

-Estar conmigo en este momento basta.

-Riku ¿Puedo preguntar algo?

-Lo que desees

-¿Deseas…lo mismo que yo?

Un silencio suave, que solo era interrumpido por los sonidos de alrededor fue perfecto para que el pirata se girara en sí mismo y detuviera a la chica junto enfrente de él.

-Aún…quedan cosas que resolver. Sabes que no tengo un origen, siempre he sido un ser sin raíces, que ha vagando errante por años como pirata, trabajando para otros y sobreviviendo.

-Entiendo…

-Pero eso…está cambiando. Lo que deseo, es poder estar cerca tuyo, princesa.

Towa se enmudeció al oírlo. Tampoco supo reaccionar a que el demonio tomara con firmeza sus manos entre las suyas.

-¿Eso es lo que deseas? porque si lo es, coincidimos

-Yo…tu…sabes que sí. Quiero estar cerca de ti. Estar contigo.- admitió en un susurro la hanyo, permitiendo recobrar la mención de lo que llevaba dentro y que ya no quería que fuera un secreto para nadie. Ella lo amaba.

Riku volvió a dedicarle una sonrisa encantadora y segura. Solo que esta vez levantó su mano derecha y besó el dorso de su mano, con una ternura imposible de describir. Y con un toque de deseo, que la hizo sentir muy fuerte el corazón en el pecho.

-Esperaré lo que sea necesario…

-Y yo quiero que tengas la certeza que volveré para estar contigo, mi princesa-


-Muy bien, gracias por informarme.

Dos demonios altos de piel mate y ojos agudos asintieron al joven, para luego alejarse. La aldea de los hebi no parecía haber cambiado, ni siquiera con las actuales circunstancias.

Kenji caminó solitariamente para salir de la misma. Varios aldeanos al verlo pasar se arrodillaron, haciéndolo pedirles que no lo hicieran, eso aún le provocaba mucho pudor.

En el poco tiempo que había pasado, Kenji había tenido que aceptar el vivir en aquella aldea como el líder, por extraño que pareciera. Aunque, sí había logrado algo.

Hace pocos días en una reunión masiva, había dado a conocer su intención de no estar a cargo. No por desprecio, sino porque le proponía a las personas ahí presentes que formaran su propio sistema de organización, que incluyera una figura de líder elegida por ellos.

La mayor parte de la aldea se vio contrariada, pero luego de escucharlo entendieron que era algo que debían aceptar.

Lo que hicieron, luego de muchísimas horas de discusión.

A pesar de ello, Kenji seguiría sus labores hasta que se eligiera el nuevo líder. Y permanece para siempre como un "gran consejero" puesto que era regularmente solo para los más ancianos.

Cuando salió de la aldea, dió un suspiro aliviado. Odiaba aquel lugar, debía admitirlo para sí mismo. Hasta ese momento, su mayor anhelo es que los esfuerzos de él y de su grupo de dejar a Minejo a cargo dieran frutos, liberando de aquello que no deseaba. Si había cuestionado un buen tiempo y horas de no dormir si eso era lo correcto, hacerse a un lado, pero luego de reflexionarlo con Moroha había entendido que no podían elegir por él. Él tenía su destino en sus manos.

Aunque era difícil entenderlo para alguien que siempre sintió tanta culpa, por tantas cosas.

Cuando estuvo en la aldea de sus maestros, sintió algo tan contrario a lo que sentía dentro de la tribu hebi, que estuvo más convencido de que estaba haciendo lo correcto.

Llegó hasta la cabaña que aún lo acogía como discípulo, para encontrarse con que habían visitas.

-¡Hola, Ken!- dijo alegremente Hiroyuki. Kenji dejó pasar el cambio de su nombre, solo porque las malas circunstancias vividas por ambos lo hacían tener un aprecio especial al lobo.

-Que bueno verte, Hiro.

Junto a él, una Moroha totalmente respuesta de los efectos de los golpes sonreía para ellos. La verdad es que no era precisamente una visita sorpresa, así que los tres partieron rumbo a la lejanías de la aldea, por un bosque conocido bien por todos, llegando a un sector muy bello, que se encontraba junto a una colina vacía, donde alguna vez hubo una aldea pero ahora solo estaba controlada por la naturaleza. Y, junto a un árbol, una piedra yacía rodeada de flores.

Todo había sido obra de ellos mismos, pero nunca habían estado los tres reunidos frente a la tumba de Nomi, no desde que murió y no volvió cuando se le intentó traer de vuelta con colmillo sagrado.

El recogimiento del momento los abstrajo a todos, dejándolos en silencio, mientras miraban el sitio. Fue la niña la que rompió el mismo.

-Nomi- susurró, atrayendo la mirada del lobo y el hanyo- por fin estamos los cuatro juntos. ¿Recuerdas esa vez cuidando a Miya? Debo admitir que fui un poco grosera contigo.

Kenji sonrió y Hiro dió una carcajada suave, mientras se arrodillaba junto a la tumba y dejaba una flor solitaria que llevaba en la mano y que sus acompañantes no había notado hasta ese momento. Sin hablar entre ellos, rezaron por su parte. Kenji tocó un segundo la piedra de la tumba con los ojos cerrados, Moroha hizo una pequeña reverencia. Y, el lobo, se perdió hablándole a solas.

Moroha y Kenji lo dejaron a solas, esperando que fuera hasta ellos para volver a la cabaña. Una vez regresaron al hogar de la muchacha, ésta dejó sólo a los hombres a petición del hanyo.

-Hiro- dijo Kenji cuando estuvieron solos, sacando a su vez de su cintura una espada- me gustaría que tu tuvieras esto.

-¿Qué es?- preguntó el lobo, aunque sospechaba de que se trataba.

-Es la espada de Nomi. Sabes que la tribu Hebi maneja una relación muy próxima con sus armas. No quisiera que quedara en el olvido.

Hiro, dudoso, recibió la katana en ambas manos, con una expresión muy vacia en el rostro.

-¿No deberías tenerla tú?

-No…la verdad que nunca dudé que debías quedártela.

-¿De verdad?

-Sí- respondió Kenji, esta vez con más seguridad, intentando que el lobo se convenciera- entendí la importancia que tenías para ella. Y ella para ti. Te corresponde, por favor, acéptala.

-Bien…-dijo el lobo, tragando duro saliva, intentando controlar el sentimiento de pesadez de recordar a la muchacha- la verdad sea dicha, si era importante para mi.

Kenji no dijo nada a esa revelación, sólo lo miró fijamente a los ojos.

-Creo que…que sentía cosas muy fuertes por ella- agregó Hiro- ¡No me malinterpretes! sabes también lo que siento por Morohita.

Kenji sonrió y asintió.

-Pero esto era distinto, creo…que ella era casi perfecta.

-Era brillante- dijo Kenji, intentando complementar los pensamientos del lobo.

-¡Sí! bella, agradable, inteligente…y, de alguna forma, no podía dejar de llegar al corazón.

Eso era cierto, pensó Kenji. Después de todo, él mismo se había enamorado muy locamente de ella. Y todo parecía indicar que Hiroyuki pasó por lo mismo, aunque fuera incapaz por su orgullo de admitirlo frente a él, su mayor adversario romántico.

-Hubiera deseado hacerla feliz…ella merecía todo por lo que nació-

-Umiko ha vuelto a estar a cargo de los lobos, aunque a esperas de que Hiro tome el mando- explicaba Moroha a su madre, mientras mordía con prisas la comida que le había dejado sobre la mesa. Una sonrojada Kagome la miraba tranquila, sentada o más bien, casi acostada, sobre el suelo, sosteniendo su inmenso vientre- ¿Cómo te sientes?

-Acalorada…-respondió la sacerdotisa, suspirando en su lugar y moviéndose, dentro de lo posible

-Keh…¡estás demorando mucho, cachorro! basta de atormentar a mamá, debes dejarla a solas- dijo Moroha hablándole al bulto que era su hermano. Lo cierto es que el parto de Kagome no llegaba y la pobre madre ya no daba más. Era tanto así, que la anciana Kaede dejó de estar al pendiente las veinticuatros horas del día, porque ya había dejado de lado muchas obligaciones y el bebé se negaba a nacer.

-Está bien, debe estar tan cómodo ahí- dijo la mujer, haciendo que su hija pusiera los ojos en blanco por sus dichos- Y dime…¿Hiroyuki se ve bien?

-Está tranquilo, si es lo que quieres saber.

-¿Y Sayumi?

-Hemos quedado de vernos en un rato, dijo que quería hablar conmigo- explicó Moroha. Pasado un tiempo prudente, hizo lo que había dicho y fue en búsqueda de la loba, hasta un sitio que conocían bien ambas. La shihanyo se sentía abiertamente curiosa de aquello, no sabía que podía ser tan urgente.

Cuando llego hasta la loba, esta la abrazo fuertemente. Le respondió el abrazo y se sentaron juntas. Hablaron lo de rigor y luego Sayumi se puso muy seria.

-Moroha…

-Keh…¡Ya dime que sucede! Nos hemos visto varias veces, pero no has dicho que sucede.

-Yo quería explicarte lo sucedido con Kenji- dijo finalmente la loba-

-Te refieres a tu prometido…

-Sabes que fue un engaño, Kenji es libre. Bueno…eso entiendo yo- dijo la muchacha, cómplice, a una desentendida Moroha que no dijo nada.- Tienes que saber que nunca quise nada serio con él.

-¿No te interesaba?

-¡Claro que no! yo sabía que ustedes tuvieron algo…- admitió la loba, haciendo que la shihanyo se avergonzara ¿acaso todos sabían, finalmente, lo que había pasado entre ellos?- lo hice por eso. Para ayudar a Kenji…

-Fue muy noble de tu parte, entonces-

-No lo fue- agregó la loba

-Si lo fue, no tenías ninguna responsabilidad con él y aun así lo ayudaste muchísimo- replicó Moroha un poco molesta de la humildad de la chica, pero está seguía con gesto contrariado, casi culpable.

-No, no fue así. Yo sabía que era cercano a ti…

-¿Fue por mí entonces? Gracias…eres una buena amiga-

Sayumi guardó silencio y bajó la mirada, con una expresión que a la shihanyo le dió la sensación de que eso no era todo.

-¿Qué pasa, Sayu? Puedes decirmelo, te conozco y algo tienes guardado

-Moroha, yo no…no fuí tan notable contigo. Si ayudé a Kenji no fue solo porque seas mi amiga…

-Lo sé, lo sé…somos casi como hermanas- dijo Moroha, divertida de los avergonzada que sea veía la loba. Para darle tranquilidad, intentó darle una caricia en el hombro, pero cuando hizo eso la loba volvió a mirarla a los ojos.

-No entiendes.

-¿Qué co…?

Pero la adolescente no terminó la frase, porque la loba se le acercó intempestivamente y le dió un beso corto en los labios, para luego volver a su posición, totalmente roja.

-Yo…yo te quiero, Moroha.

Silencio.

-Te quiero como tu no me quieres a mi…por eso ayude a Kenji. Sabía que si él estaba bien, tú lo estarías. Luego él me ayudó a mí, con verdadera nobleza…porque siendo sincera, al inicio le tenía muchos celos. Pensé incluso en perjudicar. Pero ahora, entiendo lo que sienten mutuamente.

Pero Moroha no podía decir nada. Seguía impresionada, con los ojos abiertos. Solo atino a asentir, confundida.

-No te pido nada. Entiendo bien lo que soy y estoy dispuesta a luchar por eso…gracias Kenji en gran parte. Él me ayudó a curar mi mente de los recuerdos más oscuros.

-No se que decir

-No digas nada…

Sayumi y Hiroyuki se marcharon tan pronto como llegaron, una vez resueltas las cosas, con la prisa de volver a ayudar a su hermana mayor. Las cosas estaban tan resueltas, que no fue necesario más que una simple conversación entre Moroha y Hiro para cerrar los asuntos. La visita a la tumba de Nomi era silenciosamente esclarecedora, y ni ella ni él quisieron ahondar en ello. Lo único que hubo entre ellos, fue un momento a solas, donde Hiro le pidió a la niña que se cuidara y Moroha le pidió que logrará todos sus objetivos.


Aquella noche, luego de que Kagome se acostara luego de un día agotador de espera e Inuyasha la acompañara, luego de su propio día agotador pero de ansiedad, los dos chicos del hogar escaparon silenciosamente. Hasta el árbol de siempre.

Haciendo eco a la luna, se limitaron a sentarse juntos, como llevaban haciendo desde que habían vuelto a estar juntos. Al rato, Moroha se acomodó en el pecho del hanyo, dejando que de vez en cuando el sueño se la llevara, hasta que despertó deseosa de hablar con Kenji.

-Disculpa- le susurró al hanyo en medio de un bostezo- creo que estoy tan cansada como mis papás.

-No pasa nada- le respondió él, apretandola más de la cintura, extasiado de volver a tenerla tan relajadamente contra su cuerpo.

-El cachorro no quiere nacer, sabe que mis papás son un caos algunas veces…

Kenji se rió, eso era cierto.

-Sabes…pasó algo que no pude contarte antes.

-¿Qué?

-Con Sayumi- dijo Moroha, enderezandose de su sitio y mirando esta vez directo al hanyo, que se quejo de tener que soltarla.

-Dime

-Cuando conversamos ella…se…arg

-¿Se te confeso?

-¡¿Qué?! ¿ya lo sabías?

-Lo sospechaba, lo confirmaste ahora- admitió Kenji con una sonrisa divertida, mientras la niña arrugaba el ceño.

-Eres increible, nunca puedes adelantarme estas cosas, tonto.

-¿Y cómo te lo dijo?

-Me explico que nunca le interesaste…y que todo lo hizo por mi, pero no por ser su amiga…¡y me beso! ¿puedes creerlo?

-Wooow- Kenji, genuinamente divertido, aguanto la risa que sentía al ver a Moroha cada vez más molesta- ya pero…tranquila, no te alteres. No creo que fuera más que un rose ¿O le respondiste el beso?

Moroha golpeó tan fuertemente de un manotazo al hanyo que varias aves del árbol vecino salieron huyendo.

-¡No me molestes! claro que no lo hice, quedé en shock…

-Esto debe ser un triunfo- dijo el chico, sobando el brazo que había recibido el golpe- enamoraste a dos de nueve hermanos ¿segura que no le gustas también a Umiko…o incluso al pequeño Dai?

Otro golpe, más fuerte.

-¡Ay!

-¡Tonto! como si fuera algo de lo que jactarse…fue incómodo en muchas formas.

-Lo siento, tranquila- pidió el hanyo, esta vez riendo bajito y agarrando los brazos de la chica para evitar volver a ser golpeado.

-¿Cómo lograste sospecharlo? -preguntó Moroha, esta vez más curiosa que molesta.

-Em…Hace un tiempo ayudé a Sayumi con unos malos recuerdos. Ella no lo sabe, pero yo vi más que el momento en cuestión.

-El ataque…si lo recuerdo.

-Exacto, tú estabas ahí. Creo que desarrolló un sentimiento de gratitud enorme hacia ti por cuidar de ella luego del desastre. Y vi otros momentos donde estabas tú. Bueno, aparte de eso, bastaba ver como te miraba.

-¿Cómo?

-Con amor. Entiendo el sentimiento-

Moroha, sorprendida, volteó la cabeza para que Kenji no viera su sonrojo. Pasaron unos segundos, hasta que la niña se atrevió a preguntar otra cosa.

-Esa habilidad que tienes…es similar a la de tu madre ¿no?

Kenji se movió incómodo. Moroha sabía que el hanyo se había enterado que la demonia seguía viva, pero no había podido darse el valor de poner el asunto en conversación nuevamente.

-Sí…

-Kenji ¿Que harás?

-¿Respecto a Eimi?- dijo él, dejando en claro que no quería llamarla madre, lo que hizo sentir un poco triste a la niña.- No lo sé. No creo que la busque.

-¿Será lo más sensato? No sabes que paso con ella, después de todo, no creo que puedas creer todo lo que dijo tu tío. Y Yorio fue eliminado por mi papá, tampoco podríamos saberlo por él…quizá tuvo un problema.

-¿Un problema? ¿Por veinte años no ha podido acordarse que tiene un hijo que pensaba que era huérfano? No, no puedo imaginar que la detendría tanto.- la dureza de sus palabras hizo comprender a la niña que no era momento aun, la herida estaba demasiado reciente.

-Está bien…si deseas hablarlo.

-En ese momento, lo sabrás.

Moroha suspiró, Kenji rara vez se ponía serio pero cuando lo hacía, era temible. Dejó que la volviera acurrucar y, sin querer, se durmió al rato.


Dos días después

Kenji y Moroha llevaban varias noches escapando de la cabaña para estar juntos en secreto, volviendo temprano en la madrugada, abusando del hecho de que Inuyasha estaba demasiado asustado con el parto como para fijarse en adolescentes fugados. Para mala suerte de ellos, la noche anterior la pesadez de las tareas de ambos los hizo dormir sin fijarse en la mañana. Despertaron asustados con el sol del mediodía acusador sobre ellos. Corrieron hasta la cabaña, para, con peor suerte, encontrarse a Inuyasha enfurecido en la puerta.

-¡DONDE ESTABAN! -gritó, tan enojado como nunca lo habían visto.

-Papá, salimos a entrenar temprano…no pienses nada raro.

-KEH, CALLATE MOROHA ¡TU MAMÁ!

-¿Pasó algo con mamá?- la pregunta de Moroha fue respondida por un quejido enorme de dentro de la cabaña.

-Está de parto y la anciana Kaede no ha vuelto de su viaje, voy a matar a esa vieja por irse en tan mal momento.

-Papá…tranquilo- pidió Moroha- seguro queda tiempo.

Pero, cuando entraron, Moroha empalideció al ver a su mamá claramente con contracciones. No habría tanto tiempo.

-¡Qué hacemos, qué hacemos! Iré por Sango…

-¡No, papá, ella está con su hermano…!- gritó de vuelta Moroha, en medio de los gritos desesperados de su madre. Kenji por otro lado estaba junto a la parturienta, sosteniéndole la espalda.

-¡CALLENSE AMBOS!- ordenó la miko- que desesperantes son…tendre que tener el bebé aquí, no puedo esperar. Moroha, tendrás que hacerlo.

-Mamá yo…

-Tu sabes, hija. Este no será difícil, ya casi está aquí- rogó la mujer, con el rostro tan congestionado por el sudor, el cansancio y las lágrimas de esfuerzo contenido que Moroha se forzó, buscó dentro de sí todo el valor y asintió.

-Sí, ustedes dos…salgan. Pero antes tráiganme agua caliente en un recipiente hondo, las sábanas que guardamos para esto y luego quédense fuera, por si llegara alguien o la anciana. Pero no se vayan lejos…

Los hanyos obedecieron y Moroha se puso frente a su madre-

-Hija, siento que estoy dilatada, necesito empujar- dijo la sacerdotisa. Verla así angustió a la shihanyo, pero debía ser fuerte. Luego de revisar y constatar lo dicho, Moroha se puso en posición, de manos lavadas y la moral lo más alta posible. Debía traer al mundo a su hermano.

Pero no sería tan fácil. Iniciado el empuje, los gritos de Kagome aumentaron exponencialmente.

-Kami sama…- repetía para sí mismo Inuyasha fuera de la cabaña. Oir los gritos de su mujer lo angustiaba y saber el porqué era aún peor- no permitas que pase nada…

-Maestro- dijo Kenji, acercándose a Inuyasha, dándole un golpe en el hombro- todo saldrá bien, es natural.

-Keh…no lo entiendes.

-¡Aaaaah! No…no puedo, espera…- rogaba a gritos Kagome dentro de la cabaña.

-Kagome…decía fuera su marido, contra la pared, totalmente angustiado.

-Hija, no puedo-

-Si puedes mamá, va todo bien…empuja- pidió Moroha sonriendo nerviosa, evitando que su madre notara su temblor.

-No, no puedo…estoy cansada. Ya ...¡aaaaaah! ya no soy tan joven hija, en qué estaba pensando- las lágrimas de Kagome rodaban por su rostro junto al sudor del esfuerzo.- No recordaba lo difícil que era…

-¡TU LO HICISTE UNA VEZ, PUEDES DE NUEVO!-

-Hija…¡Hace casi 18 años!- gritó entre llantos Kagome. Estaba agotada. Sabía y no se supo convencer de que todo aquello era un esfuerzo increíble. Estaba pariendo un ser sobrenatural nuevamente, pasados muchos años, con menos fuerza y con más edad. Su desesperación iba tanto en aumento, que empezaba a temer que no podría darlo a luz. La fuerza no la acompañaba- tengo miedo, hija.

Afuera de la cabaña, Inuyasha gruñía en su sitio. Era capaz de oler el temor de Kagome y le desesperaba no poder hacer nada.

-Vamos, Kagome…

-Maestro…

-¿¡QUÉ!?- le gruñó el hanyo, haciendo que Kenji retrocediera un paso.

-Disculpe…pero, debería entrar.

-¿Cómo?

-Entre maestro, vaya con su esposa. Lo necesita

Kenji tenía razón, pensó en un segundo Inuyasha. Sin pensar en la costumbre, entró raudo a la cabaña, y en el momento que sus ojos dieron con los de Kagome, supo que sí debía estar ahí.

-Inuyasha…

-Kagome, aquí estoy.

El semidemonio se sentó detrás de la espalda de su mujer, primero apoyandola pero luego, al ver que necesitaba más soporte al empujar, se colocó detrás arrullandola con sus piernas abiertas, haciendo un nido con ellas y dando su pecho para que ella apoyara su cabeza y espalda. Tomó ambas manos de la mujer por detrás y, antes de hablar, le besó la mejilla.

-Vamos, vamos ¡Tu puedes, Kagome! ¡Siempre has podido con todo en la vida! Esto no es nada, has luchado con cosas enormes. ¡Traerás al cachorro al mundo!

Moroha, extasiada por la escena, contuvo el deseo de llorar. Siguió enfocada en el cachorro que venía, mientras su madre gemía de dolor intentando empujar con una fuerza que solo podía provenir del amor, pensó la niña.

Inuyasha la contenía con seguridad, con precisión y tanta ternura que la sacerdotisa sonrió en su esfuerzo. Estaba en el segundo mejor momento de su vida. Nada podía ser superado al estar en los brazos del amor de su vida, trayendo al mundo el resultado de su amor, en manos de la que había sido, hace varios años, la muestra de ese mismo sentimiento, su hija mayor.

-¡Aaaaaah! ya, ya viene ...Inuyasha…

-Kagome, eres increíble…lo estás haciendo- le dijo el hombre, apretando su mejilla contra la cabeza de su mujer, intentando confortarla.

-Mamá, veo la cabeza. Ya casi.

-¡AAAAAHHHHH!- con un último empuje, Moroha sostuvo totalmente en sus brazos a un pequeño, su pequeño hermano.

-¡Nació! Es niño, lo sabía- dijo Moroha riendo, tan sudada como su madre, para luego tomar una de las sábanas para arropar al pequeño que chillaba en un llanto potente.

-Nació…nuestro bebé Inuyasha…- susurró Kagome, entregada, en un suspiro y en llanto, dejando caer su cabeza en el hombro de su marido aliviada, mientras éste no podía dejar de sonreír y volvió a besarla, esta vez sobre el cabello.

-Lo hiciste Kagome…lo hiciste.

Moroha dejó en brazos de su mamá al bebé que no dejaba de llorar por verse en el nuevo mundo, mientras su hermana estaba absorta mirándolo. A primera vista era evidente su cabello negró incipiente, igual al de ella.

-Mi niño es hermoso…¿no es cierto, Inuyasha?-

-Es fuerte, lloró con mucha energía, tu escuchaste…

Moroha sonrió para sí misma, la escena era increíble. Ella había traído a su propio hermano y ver a sus papás tan felices era lo único que ella necesitaba. Sin darse cuenta, dio un paso atrás, dejándolos en un trío perfecto a sus ojos. Kagome arrullando al bebé e Inuyasha detrás, mirándolo impresionado.

La adolescente sintió una caricia en el pecho, la tranquilidad que solo daba ver a tu familia plena. Ellos…eran su familia.

A los segundos, entró Kenji en silencio, dejando una mano sobre el hombro de Moroha.

-Ven, te daré algo de beber. Debes cambiarte también- dijo esté, mientras la niña lo seguía.

El trío de padres e hijo que quedó entonces, seguía en su propio mundo, ya con el bebé callado, entregado a los brazos de su madre.

-Gracias, Kagome.

-¿Por qué…? -preguntó la mujer, sin sacarme la sonrisa del rostro, acariciando suavemente la mejilla rosada del niño.

-Por darme una familia, una familia cada vez más hermosa.


Casi un mes después

-Ichiro-

-Ichiro…es bonito- respondió Sango en medio de una sonrisa, mientras acariciaba la cabecita del recién nacido de su mejor amiga.

-Moroha colocó su nombre, ya sabes que ella ganó ese poder…

-Me parece bien elegido-

-Lo pensé muchísimo- respondió Moroha, orgullosa de su hermano.

-Tiene el cabello de ustedes- agregó la exterminadora- pero los ojos de Inuyasha.

-Ojos dorados- dijo esta vez Miroku, mientras pedía su turno de sostenerlo- pensar que tenemos un nieto mayor que este pequeño…

-No empiece, su excelencia. Fuimos padres jóvenes…

-Deberíamos tener otros, sino Inuyasha y Kagome nos superaran.

-Keh…aquí se acaba, monje- dijo el hanyo rápidamente, haciendo que todos se rieran.

-No recordabamos lo difícil que era que un bebé se durmiera…-explicó Kagome suspirando- pero admito que Moroha y Kenji han ayudado mucho.

Los aludidos, un poco lejos del grupo, se veían tan agotados como los padres del niño. Kenji aprovechó la presencia de tanta gente y fue a encargarse de los asuntos de la aldea, mientras Moroha fue a buscar agua para los baños, los muy urgentes baños de todos. Una vez fuera, el sentimiento de que era observada la distrajo.

-¿Quién es?

-Hola, Moroha.

Justo en frente, la figura esbelta, alta y risueña de Rei la saludaba. Moroha supo de inmediato porque estaba ahí. Ya era hora.


Una semana después

Moroha no sabía bien qué pensar. Desde la llegada de Rei, la certeza de que debía decidirse a irse o no la atormentaba. Pensaba en sus padres, pero ese punto se esfumó cuando, al hablar con ellos, la dispensaron de obligaciones y la incitaron a seguir el camino que había elegido hace tiempo. La apoyaban incondicionalmente. Por otro lado, entendía que se lo debía a sí misma, que debía encontrar su punto de inflexión y lograr su máximo potencial, por tanto, esta era la manera. El único pero, era Kenji. No había hablado con él, si bien sabía que él conocía el asunto, que evidentemente lo tendría presente por la visita de Rei. Solo que, el miedo a romper la etapa de ensueño nueva entre ellos la echaba hacia atrás al momento de conversar. Se habían limitado ambos a ignorarlo, siguiendo con sus encuentros de noche. Solo que más cortos, por culpa de Ichiro.

Aquella tarde, junto a sus primas y a Hisui (quien el último tiempo estaba más cercano aún a Setsuna) Moroha descansaba de su responsabilidad de hermana y huía al mismo tiempo de los tiempos muertos donde podría toparse a solas con el hanyo. No quería romper esa burbuja de con él, de ignorar por las noches que tenían algo que hablar.

-¿Ya hablaron con Kenji?- preguntó Hisui, arruinando la relajación.

-Keh…no.

-Deberían, Beniyasha.

Moroha deseo gruñir en la cara del exterminador, pero se contuvo.

-Creo que deberías irte- dijo Setsuna

-Yo creo que no- contradijo Towa- Estás bien aquí, ese entrenamiento puedes hacerlo luego…piensa en Kenji.

-El amor te tiene débil, Towa- le criticó la melliza pelinegra, haciendo que Towa arrugara la frente- Moroha tiene esto en mente desde hace mucho tiempo. Se comprometió con las sacerdotisas guerreras.

La aludida no emitía opiniones. Porque la verdad ambas tenían su punto.

Setsuna y Hisui salieron juntos para trabajar y luego Towa dejó a Moroha para ir a cuidar del templo, ya que ella era responsable ante la ausencia temporal de Kagome.

Se permitió estar en silencio jugueteando con la tierra bajo ella. Odiaba ser así. Incluso después de todo ese tiempo, aún era incapaz de decidir a resolver las cosas más obvias con Kenji. pensó un momento en sus primas. ¿Debía seguir el ejemplo de Towa, quedándose en la aldea, haciendo lo que se espera de ella, siendo feliz con su familia…y con su enamorado? ¿O el de Setsuna, siguiendo sus anhelos de avanzar como guerrera, seguir su entrenamiento y priorizar su desarrollo personal frente a los demás?

No lo sabía.

Aunque, claro, no era lo mismo.

Ella se iría a un viaje de meses, incluso años, donde tendría que cambiar sus recientes comodidades por las aventuras que vendrían.

Decidió devolverse a su casa, ya era una buena hora para fingir demencia y poder seguir como si nada.

Luego, se le vino otra pregunta a la cabeza. ¿Y qué consejo se daría a sí misma?

Eso también era algo que pensar.

No alcanzó a analizarlo, porque frente a ella apareció Kenji. Fue tan repentino que ni siquiera noto su aroma, ni sus movimientos. La había encerrado.

-Creo que tenemos que hablar…

Moroha se paralizó en su puesto "no, no quiero, no me gusta" pensó, ignorando la mirada del hanyo que peor o más culpable la hacía sentir.

-Es algo tarde…

-Moroha…- las palabras de Kenji volaron hasta ella y la petrificaron aún más. Luego fue el muchacho quien la detuvo junto a él- deja de huir de mi. No soporto seguir viendo la incomodidad que tienes de estar sola conmigo.

-Keh…te tomas todo muy a lo personal, Kenji.

-Solo te conozco

Claro que la conocía, demasiado.

-¿Qué…deberíamos hablar?

El muchacho sonrió y se le acercó. "No, no te acerques tanto" pensó aterrada Moroha, no podía hablar de todo eso teniendolo tan próximo, se sentiría peor.

-De Rei, de tu entrenamiento…

-Sí

-No es que yo tenga nada que decir, es todo decisión tuya- pausa, Moroha solo sonrió levemente. Eso era modestia, sabía perfectamente que no era así- pero soy consciente de la incomodidad entre nosotros…yo…

-Kenji

-¿Sí?

-Sabes que me comprometí hace mucho tiempo.

Aunque Kenji no esperaba que la niña se arrepintiera, recibir la verdad tan de frente fue como un golpe directo en el pecho. Se iría.

-Lo sé, debes hacerlo. No intento convencerte de lo contrario, nunca te retendría, no pienses eso.

-¡Sé que no!- gruñó la niña, esta vez perdiendo un poco la compostura. No sabia porque todo eso le era tan difícil, con lo poco que llevaban diciendo lo que debían, Moroha se convencía de que ambos sabían de qué trataba esa conversación. ¿Por qué aun así costaba tanto?

-Tienes un potencial enorme dentro de ti, no hay nadie más que tu que merezca recorrer el mundo…no solo eso, lo que aprendas ayudará a tanta gente. Podrías convertirte en una de las más grandes guerreras de tu especie. De la nuestra, de mestizos…

Moroha no respondió a ello, ahora solo procuraba no mirarlo a la cara, si veía sus ojos violetas diciéndole todo eso era probable que rompiera en llanto. ¿Cuándo se había vuelto tan sensible?

-Hay…pocas personas tan conscientes como yo de lo que eres capaz. Y personalmente…me gustaría ver que logras todo lo que has deseado. Sé que esto es lo que más has deseado en la vida.

-Lo sé, lo sé…¡basta Kenji!- con un gritó, Moroha tapó sus oídos. Estaba actuando pésimamente, pero le costaba demasiado seguir oyendo como le daba todas las razones que ya sabía para irse. ¿Era eso? ¿por eso se sentía tan triste?

El hanyo tampoco dijo nada más, solo se quedó en silencio mirándola, con la expresión más serena que podía, cuando realmente no se sentía en absoluto cómodo con todo eso. En su interior, deseaba acercarse, abrazarla y apretarla. Quizá, fundirla a él. Pero no podía. Solo sería más difícil para los dos.

Porque era evidente, que si Moroha se iba, también lo de ellos se marchaba con ella.

-Tu naciste para esto- agregó, finalmente. En un susurro casi para sí mismo.

¿Entonces cuál era su destino, ese? pensó Moroha, abriendo los ojos, mientras seguía con la mirada agachada, evitandolo.

Cuando Kenji iba a seguir dándole sus razones, ella lo interrumpió. Subió la mirada, posando sus ojos cafés brillantes por las lágrimas. No pudo seguir sosteniéndo el deseo de llorar, tenía una angustia que no comprendía dentro de sí.

Frente a frente, en el silencio del lugar, alrededor de la naturaleza y con los pies demasiado clavados al suelo del temor, de la ansiedad, ambos se quedaron mirando. Kenji no soportaba ver esas pocas lágrimas acusadoras, le dolían.

-No sigas. Yo sé eso. Y lo haré… es solo que…

Moroha se detuvo al comprender, en un segundo, mientras lo miraba, mientras se concentraba en sus hermosos ojos violetas que siempre la hacían sentir pequeña y enorme a la vez, que lo que quería era otra cosa.

Ella no quería tener esa conversación, porque sabía cómo sería.

Sabía lo que él le diría.

Pero en el fondo…no lo quería.

Moroha sonrío de rabia consigo misma. La Moroha se hace un tiempo, de antes de la familia, de los amigos, de Kenji…nunca habría sido tan sensible a todo lo que ocurría dentro de ella.

Lo que ella deseaba…era que él le pidiera que se quedara. Pero no lo haría.

Kenji también lo comprendió.

No lo soportó más y se acercó a ella, la sostuvo en un abrazo apretado, estrujando contra él, levantando su cuerpo levemente del piso y sintiendo la humedad en su pecho.

Cuando la dejó en el suelo, no despegó sus manos de los brazos delgados de la niña.

-Yo…yo quiero- susurró, está vez totalmente perturbado, consciente de que ya no pensaba con claridad. No teniéndola tan cerca.

En la mente de Moroha, al mismo tiempo, el tacto del chico le quemaba de forma placentera.

"Sí me lo pide…¿lo haría?" se preguntó en esas milésimas de segundos en que Kenji arrugaba la frente, angustiado frente a ella, como si deseara tantas cosas. Ella se sentía igual.

"Sí…sí lo haría"

"Dilo…" rogó Moroha para sí misma, con el corazón agitado. Más aún cuando Kenji pegó su rostro al suyo y acarició con su nariz su cara, parte por parte, pero sin besarla.

"Dilo…si quieres que me quede, me quedaré"

La sensación de tenerla a su merced iba desvaneciendo su convencimiento. En la cabeza de Kenji corría el mismo sentimiento que el de ella.

"Si se lo pido…¿lo hará?. No, eso sería egoísta".

"¿Y qué importa eso? maldita sea. La deseo conmigo"


-Debes… seguir tu deseo, Moroha.

-Sí…

Cuando se vió diciendo eso en voz alta. Kenji se alejó del contacto de Moroha. La niña se veía tranquila, serena, pero una serenidad que no parecía plena, no como él quisiera.

-Gracias…- dijo ella, sonriéndole. Y cuando lo hizo, le dió un abrazo, forzandolo a bajar su altura hasta ella, apretandolo ella esta vez- gracias Kenji.


Días después

Estaba todo preparado. Moroha se había levantado temprano, forzada en parte por Ichiro que en su corto tiempo de vida había desarrollado una adoración a su hermana, quien debía saludarlo todas las mañanas como obligación. Esa mañana jugó un poco con él, riéndose de que, por ser tan pequeño, no era muy reactivo.

-Algún día serás un bebé menos aburrido, Ichiro- babá, eso respondió el niño, haciéndola reír.

-No digas eso de tu hermano…

-Sabes que es broma, es adorable mi cachorro- corrigió Moroha al ver el ceño fruncido de su madre. Beso la mejilla gorda del niño, lo que fue recibido con una risita suave.

-Si no fuera por los ojos, seríamos iguales.

-Concuerdo…-dijo Kagome, acunando al bebé para amamantarlo.

Cuando entró Inuyasha con un recipiente lleno de comida, supo que sería para ella.

-Enana, traje cosas para el viaje

-Gracias papá

Inuyasha, en unas formas tan dulces que nadie podría imaginarse, lo hizo gracias al bebé que lo recibió con entusiasmo.

-Yo lo alimento, pero ustedes son los favoritos- se quejó la sacerdotisa, mientras ayudaba al niño a conectar con ella.-¿Ya tienes todo listo? no quiero verte corriendo a última hora buscando cosas, hija.

-Sí mamá…

-Keh…yo lo veo, Kagome.

Moroha se rió suave en su sitio, desde que habían sido padres nuevamente su progenitor se había convertido en el ser más servicial de la aldea. Quizá solo igualado por Kenji, que era una especie de hermano postizo, por como siempre estaba cuando ya era urgente un receso.

Excepto ese día.

Pero nadie podía reprocharle, hace dos noches el hanyo había desaparecido, probablemente para atenuar los momentos a solas con la niña.

El día pasó atrozmente veloz, porque fue muy pronto momento de despedirse de la gente de la aldea. Moroha visitó la cabaña de tía Sango, de la anciana Kaede y estuvo un tiempo con sus amigos. Dejó la visita a sus tíos para el final, porque sabía que Rin querría estar con ella un tiempo.

No fue sorpresa que la estuviera esperando con un banquete hecho por ella, de pasteles y algunas cosas para que llevara. Lo que si la sorprendió, fue ver que se encontraba en la casa su tío, Sesshomaru.

-Cuidate mucho, cachorra- pidió Rin, mientras acariciaba el cabello de Moroha y le invitaba a comer más- No te arriesgues demasiado. Confía en las personas, pero no tanto. No dejes de alimentarte. Ni de dormir.

-Lo haré…

-Mamá déjala en paz, sabe cuidarse- gruño Setsuna en su sitio, con expresión de hastío.

-Celosa- Moroha se rió, a su prima no le gustaba tanto que le quitaran la atención de su madre.

Towa, que metía a duras penas los regalos de su madre en el bolso de la niña, se reía en su sitio.

-¿Y Riku?- preguntó maliciosamente Moroha en un momento, haciendo que su prima se erizara y Rin riera.

-El ehh….vendrá más tarde, dijo que te desea buen viaje.-

-Pues dale las gracias- respondió Moroha, sosteniendo la mirada de odio de Towa. Sesshomaru, al contrario de lo esperable, no se inmutó.

Al rato, cuando ya debía irse, Jaken se acercó a Moroha cuando todos estaban distraídos hablando y no le ponían atención.

-Oye, Moroha-

-¿Qué?-

-El amo desea que te lleves esto- Jaken, sutilmente, le entregó una bolsa llena de monedas en la mano. Gesto que la niña comprendió y guardó el presente rápidamente.

Cómo sabía que no respondería a su agradecimiento verbal, Moroha se limitó a devolverle la mirada a su tío, la que él respondió no ignorándola, al menos por un segundo.

Más cargada que nunca, Moroha volvió a su casa, luego de haber abrazado a sus primas y escuchado todas sus recomendaciones- y peticiones-

En la cabaña la esperaban Inuyasha y Kagome, bajo la luz del atardecer, jugando tiernamente con Ichiro, que era sostenido. Los miró unos segundos sonriendo.

-¡Hija!

-Enana, ya casi es hora.

Moroha se les acercó. Se sentía feliz, pero…un poco contrariada. Kenji no habia aparecido en todo el día.

-Rei me esperará a las afuera de la aldea, tenía cosas que hacer. Solo me quedaba despedirme de ustedes.

Kagome, notoriamente afectada, tomó el rostro de su niña en sus manos.

-Mi niña, cuidate. No pases tanto sin visitarnos ¿Bueno?-

-Si mamá, no te preocupes- Moroha, enternecida, dejó que su madre la confortara en su , tomó en sus brazos a Ichiro.

-Cachorro, no te olvides de tu hermana mayor- lo besó en la mejilla, divirtiendo al bebé.

Entregó el niño a Kagome, y Moroha se acercó a su papá.Se miraron unos segundos, como confundidos.

-Enana, aprende mucho y no te atrevas a volver sin ser la mejor.

-Sin presiones ¿ah?- dijó Moroha, riendose. inuyasha dió un "keh" y abrazo con brusquedan a la niña.

-Vuelve cuando quieras, no lo decía en serio- le dijo al oído.

-Gracias, papá.

Cuando se había soltado, Kagome le acercó algo a la niña.

-Esto es para que nos tengas contigo siempre- la niña miró lo que recibía. Era un collar. Kagome le explicó cómo abrir el corazón y Moroha descubrió dos fotos antiguas de sus padres, ambos con gestos molestos.

-Es muy lindo…

-Se lo di a tu padre, pero pensamos que serviría cuando necesites el arrullo de tu hogar…- explicó Kagome, intentando no llorar.

-Sé que este es mi hogar, no sabes lo increíble que se siente saber donde volver- admitió Moroha- ¿Sabes? agradezco que Ichiro vaya a crecer con ustedes. Nunca necesitará fotos de sus caras como estas…porque estarán siempre con él. No creo que nada me haga más feliz que eso.

Conmovida, Kagome abrazó a su hija aun con el bebé en brazos. Moroha soltó lágrimas solitarias, pero no tristes. Todos estarían bien.

-Bueno…me voy. Adios, cuidense mucho.

Con la respuesta final, Moroha caminó silenciosa y sonriente hacia donde la esperaría Rei.

Junto al río estaba la mujer, tan divina como siempre y entusiasmada por iniciar el viaje.

-Hoy es el primero de tus días, Moroha.

-Gracias por la espera, Rei.

El corazón de Moroha se agitó a mil cuando, detrás de ella, mientras se alistaba a iniciar la caminata, sintió que gritaban su nombre.

-¡Moroha!

Era Kenji, que corrió hasta ella, sosteniendo un bulto con las manos apretadas.

-Kenji…viniste- dijo ella, incapaz de disimular su felicidad.

-Lo siento, me demoró algo- se explicó él, más repuesto. Debía haber corrido mucho, a juzgar por cómo había llegado. No te retrasaré. Toma.

Recibiendo el bulto, Moroha dio un grito ahogado al notar que dentro venía un pequeño ser, probablemente cachorro, que dormía y desperto para mirarla directamente, con dos ojos amarillos intensos pero hermosos.

-Es un yokai, suelen hacer compañía a los miembros de una de las tribus que visité cuando viajaba hace años. Es una especie voladora. Tiene poco tiempo de vida…por lo que aún no podrá acompañarte volando, pero si lo entrenas y lo cuidas en un tiempo se darán compañía.

-Esto es increíble, gracias…- cuando dijo eso, el pequeño ser dió un bostezo- es precioso.

-Debes darle un nombre.

-Lo pensaré, cuando lo sepa te lo contaré…por carta. Si no tienes problemas, claro- dijo ella, un poco sonrojada de encontrar al fin una razón para escribirle.

-Me encantará saberlo, así como todo lo que quieras decirme- le respondió Kenji en medio de una sonrisa- Moroha, cuidate mucho…todos ya te lo habrán dicho, pero espero que llegues siendo la mejor versión de ti misma. Si…si regresas.

-Gracias…esto es muchísimo más de lo que esperaba- admitió Moroha. Estar con él en ese momento era perfecto, agradecía que decidiera finalmente despedirse de ella.- Cuida de nuestra familia.

-Recuerda que tengo un compromiso- le recordó él- cuenta con eso.

Después de unos segundos de silencio entre ambos, Rei llamó la atención de Moroha llamándola.

-Tengo que irme…

-Sí, no te retendré más- dijo Kenji. Aunque dudó un segundo, se atrevió a tomar la mano libre de Moroha entre sus dedos, con ternura. Ese simple pero dulce gesto hizo que todo el cuerpo de la chica se alborotara- Buen viaje.

Moroha le respondió entrelazando sus dedos con los de él, mientras levantaba las misma, mirándolas. Aprovecho también de acariciar sus dedos con ternura, como si con esa caricia pudiera transmitirle todo lo que sentía.

Se soltaron lentamente, al mismo tiempo, sin necesidad de decirse nada más. Con ello, Moroha giró en sí misma con su nuevo acompañante en brazos. Camino hacia Rei, con la mirada de Kenji clavada en su espalda, luchando con los deseos de girarse.

Kenji estaba igual. luchando con el deseo de correr hasta ella.

Finalmente, el hanyo se giró y comenzó a marcharse, dejando su sonrisa a una expresión de pena intensa.

Pero no volvió a girarse.

Ella tampoco.


Nota:

Queridos lectores.

Qué puedo decir.

Si queda alguien vivo actualmente leyendo esta historia, lo agradezco.

No tengo muchas excusas para no haber escrito, solo que no tenía deseos, la vida no estaba siendo feliz y necesitaba ordenarla.

Y…sorpresa. No es el último capítulo jajaj me di cuenta que era imposible que el epílogo fuera tan largo, así que será otro capítulo, está vez el final, eso a cambio del epílogo, intentado ser más correcta con los resumen: falta el capítulo 34 y el pequeño epílogo.

Ahora, antes de los reviews, necesito consultar a la ciudadanía.

Agradecería que me respondieran todos los posibles: ¿Estarían de acuerdo con una cuota de lemon en el capítulo que viene, es decir, el último? No es el cariz de la historia, pero es algo que tengo deseos de incorporar, aunque sea sencillo.

Sin más, vuelvo a dar las gracias.

Dejaré avisos del último capítulo en twitter, usando ese como mi medio de comunicación oficial.

Los quiere,

Doratina.

Reviews:

-Lorena Camila: Mi querida, gracias por tus mensajes. Y, la verdad, gracias por el apoyo epílogo irá si o sí, solo que cortito. Un abrazo!

-hghg: gracias por tu mensaje. Disculpa la inmensa tardanza, pero aquí está el final (o casi final). Un abrazo!

-daide luct: disculpa la tardanza! aquí estoy por fin. Tenías razón en algunas cosas que comentas, eres increíble en las predicciones. Un abrazo!

-Towa Hime: gracias por tu mensaje, me encantó leerte. Y debo admitir que me gustaría ver un dibujo tuyo de la historia, ¡avísame si lo realizas! disculpa la tardanza, un gran abrazo!

-Carmilla D: Hola estimada, gracias por tus mensajitos, me hacen muy feliz. Me agrada saber que se habla algo de la historia…agradezco que me lo dijeras. Por otro lado, acertaste en los demonios y respecto a Nomi, en este caso como ella no desea volver, no vuelve a la vida. Contrario al caso de Kenji. Un abrazo enorme.

-Manu: disculpa la tardanza! no podré responder en detalle tus mensajes por cosas de tiempo, pero debo darte las gracias por siempre escribirme, en verdad te debo en parte la historia. ¿Sigues escribiendo? si es así, házmelo saber. No creo que vuelva a escribir muy pronto, esperaré un tiempo antes porque aun no me siento suficientemente inspirada, al menos no para el fandom de Inuyasha. Abrazos!