Fic
Historias de Albert y Candy
Amiga Mía
Por Mayra Exitosa
Reto Imagen / Kitten White
Llevaban años juntos, Candy era una grandiosa enfermera, aunque su jefe no lo admitiera, daba su mejor talento a quienes lo necesitaban, sobre todo a él, pasar los días en su departamento se había vuelto lo mejor de sus días, hasta esa noche, cuando ella gritó y se caía de la cama, afuera había una lluvia torrencial y fue a dar hasta la habitación echándosele encima y tomando la cobija para meterse junto a él. - ¡perdóname! - ¿No lo superas todavía? - No puedo, lo he intentado todo. - Tranquila, a mí no me molesta. - ¿de verdad? Sus rostros se encontraban unidos, a tal grado que compartían la misma almohada, ella tenía una de sus piernas aferrada a su cintura, se había salido con su pequeña bata de dormir, por lo que su cuerpo no tardaba en reaccionar, al sentirse uno al otro. - Can…dy… yo. - Bert, no importa, no me alejes de tu lado. El trueno afuera hacía que ella se aferrara a él sumiendo su rostro en su cuello y ella pudo sentir como él reaccionaba al estar unidos despertando su entrepierna, se había arriesgado al salir corriendo de su cama, pero estar junto a él, era la única forma en la que podía pasar la noche, sin el temor de que, al escuchar los relámpagos, sintiera todo su cuerpo estremecer.
Albert por su parte, trataba de darle la espalda, pero al hacerlo, se la traía a ella encima, empeorando la situación, sin controlarse más, tomaba su boca y ella cerraba sus ojos, recibiendo ese primer beso que jamás se imaginó robar de Albert, por lo que al hacerlo, le respondía conforme la guiaba y colocaba sus brazos entre sus cabellos y su cuello. - Candy, no quiero hacerte daño… yo… - ¡te amo, Albert!
Fue esa frase suficiente, para que se diera un giro en la cama, dejándola bajo su cuerpo, con sus besos cubriendo su rostro, los truenos y relámpagos afuera hacían un reflejo en el piso a través de la puerta de la habitación y la cortina de la ventana, pero ella ya no los escuchaba, ni siquiera el golpeteo del agua en los cristales, con ansiedad le sacaba la camisa por encima de su cabeza, para devolver con su boca, las caricias que le estaba mostrando y daban sensaciones a su piel, que transmitían hasta sus nervios, provocándole reacciones nuevas a su cuerpo.
Él notaba que ella le estaba dando sus besos, así que continuó hasta llegar a su oreja y su barbilla para luego bajar al cuello, alterándolo con una seguridad que nunca se imaginó que ella tuviera, la había visto por tanto tiempo, amado en silencio de una manera pura y limpia, pero nunca aceptó la idea de sus pretendientes médicos, paramédicos y hasta pacientes, ella sabía que no le era agradable saber de sus conquistas, como él tampoco le mencionaba sobre algunas amigas que habían pasado en su vida por esos años. - ¿estás segura, Candy? - Si, por favor, Albert. Sus manos iniciaron un camino que ya no tenía regreso, ella se deleitaba con cada detalle que sentía de él, habían vivido tanto tiempo juntos, que ya lo consideraba suyo, no le conocía a ninguna mujer, ni le había presentado o hablado de nadie, más era muy atractivo y las compañeras que lo habían visto, casi le pedían permiso para quedárselo. Otras ocasiones le había comentado de algunos pacientes y hasta los paramédicos de las ambulancias como le habían llevado flores, notando que había cierta incomodidad en él y eso la tranquilizaba, porque al final sentía que se tenían uno al otro.
De pronto quitaba el camisón y ella no portaba sostén, por lo que su sensibilidad despertaba en sus senos, mientras que él parecía saberlo porque su boca los tomaba por asalto, dándole suaves tirones que le estaban haciendo estragos a sus reacciones corporales. Tantas veces que le había mentido que había tenido novios antes, que ahora no podía decirle que nunca había habido nadie, porque no sentía confianza con alguien como la tenía con él, así que era mejor omitir eso de la experiencia práctica, quedándose en silencio, procuraría no decir nada y esperar lo mejor de lo que ambos estaban regalándose en esos instantes. - No me aguantare más, ¿puedo? - ¡si!
Quitarle la última prenda que ella portaba, a su vez bajar el pijama que era lo que se interfería entre ellos, fue un disparo alerta a su libido, porque sintió su piel cálida acercándose a ella, él no dejaba de proporcionarle besos y caricias, dejando claro que ambos lo deseaban.
La humedad de su cuerpo se había incrementado, más no tanto como él deseaba, más sabía que al final no sería el primero en amarla, meditaba el rubio, pero le demostraría que sería el último y después de él no habría nadie más, al tratar de introducirse su estrechez, le dio cierta precaución, por lo que insistió en entrar, dándose cuenta de que no había ingresado nadie antes. - ¡Candy! - ¡ah! ¡no te muevas! ¡espera! - Porque no me lo dijiste. - Yo… - Tranquila, no quiero lastimarte. - ¡te amo! ¡no me dejes! -Tranquila, no lo haré, solo esperaremos a que te acostumbres, no te muevas, no te haré daño. También te amo. - ¡Albert!
Ella tomo su rostro y lo vio a los ojos diciendo, - No solo eres el primero, también es mi primer beso. - ¡Candy! ¿me mentiste? - Quería saber si te importaba. - Siempre me has importado, y siempre será así. Ella lo beso de nuevo, pero esta vez, él le mostro mucho más de esos besos, paladeando su cavidad, mientras sus manos viajaban provocando con sus dedos la suavidad de su cuerpo a pesar de estar unido a ella, a lo que no tardó en desear moverse y fue entonces que, lentamente daba comienzo su danza carnal, colmándola de besos amorosos, de caricias lentas con su cuerpo, sus manos y su boca, logrando así que ella comenzará a disfrutar su pasión con un placer que jamás había conocido.
- ¡ah! ¡Al! ¡Albert! - Si pequeña mía, dime si te gusta. - ¡si! ¡si! una explosión la hizo reaccionar y acelerar en ella sus caderas, para explotar interiormente, dejando que él disfrutara de su logro, más el continuaba con el ritmo, mientras ella pensaba que había acabado, él le demostraba que solo era el comienzo de su primer clímax, en el siguiente él también se unió a ella, para procurar no lastimarla, al ser su primera vez, ambos llegaron juntos repitiendo en ella sensaciones que le alegraban internamente, mientras que de él, los espasmos internos no paraban y continuaba un poco más de su cuerpo en el vaivén final, para entregarse a ella, dichoso de saberla solo suya. - ¡Te amo pequeña! Ella estaba sonriendo, abrazada a su cuello, y él no la soltaba del todo, la cubría al haberse quitado las cobijas que los cubrían, notando que era preciosa y ahora las cosas cambiarían para ellos.
Continuara…
Gracias por sus comentarios, animándome a unir este capitulo al Especial Amor Ardiente de este mes, esperando sea de su agrado,
Agradeciendo también la amabilidad al respetar los escritos de mi autoría por no copiarlos ni adaptarlos en otras plataformas
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
