He estado trabajando desde las notas de mi teléfono, últimamente por conveniencia más que nada, he decidido hacer las actualizaciones por este medio. Principalmente porque no me puedo llevar la computadora (esto en diciembre) Ha sido entre las notas del teléfono y la laptop.

Por un año nuevo en el que abunden buenas historias para leer e ideas nuevas para escribir.

Feliz 2023.

Recuperar la consciencia fue todo un proceso, se sentía como un sueño dentro de un sueño. Sin poder distinguir cual era la realidad y cuál era la fantasía, incluso ese estado entre el sueño profundo y la consciencia no estaba del todo claro. ¿Cómo podía describirse aquello?

James Potter recupero la consciencia como quien despierta después de haber estado en una buena juerga. Eso, pero multiplicado diez veces. Aparte, plagado de toda suerte de visiones extrañas.

Lo último que recordaba como completamente cierto era encontrarse en la cabaña de Godric Hollow con Lily y Harry. De allí, todo se volvía borroso. Hasta ahora, que vio un techo majestuoso. Algo que esperabas encontrar en una mansión de lujo, no en una cabaña en un pueblo pequeño como Godric Hollow.

A su alrededor la magia zumbaba. Aquello solo iba a confirmar que se trataba de un sitio en el que vivían personas influyentes. Aquello podía ser bueno, o muy malo.

Lo cierto es que obliteraría a Albus Dumbledore cuando le pusiera las manos encima. Esa patética excusa de ser iba a aprender de una vez por todas que es lo que pasaba cuando hacias enfadar a un Potter.

La cuenta que debían saldar era una que ya estaba más que rebasada, desde hacía años.

Visiones confusas estaban sobreponiéndose a la realidad, de estar encerrado en una especie de pasadizo secreto, ¿Dónde? El dolor de cabeza se hacía pronunciado y punzante a medida que insistía en extraer la información… Hogwarts.

¿Cómo era posible?

Mantener prisioneros en un lugar sujeto a tanto escrutinio como lo era un colegio, debía ser imposible.

Aunque tratándose de alguien como Dumbledore, las posibilidades eran infinitas.

¿Qué tan confiables podían ser sus impresiones? Después de todo, acaba de recobrar el conocimiento, no sabía dónde se encontraba o quien lo llevo hasta allí. Y su ultimo recuerdo no era uno tranquilizador.

La puerta de la habitación se abrió y por ella entraron Sirius, Regulus y Remus. O sus versiones envejecidas para ser más exactos. ¿Cuánto tiempo estuvo ausente?

El silencio era abrumador y colgaba con todas las cosas que no se dijeron en el momento oportuno, con preguntas, con recriminaciones, con un montón de detalles que quizá no terminaran de aclararse del todo. Los tres se acercaron a la cama, ninguno se atrevía a romper el silencio.

Como estaban las cosas, Regulus no se esperaba recibir un puñetazo en la cara, Remus y Sirius se desternillaron de risa por su predicamento.

Y esa fue la escena que encontró Enric cuando se aventuró a entrar en la habitación, Moony y Padfoot riéndose hasta las lágrimas, James recriminándole a Regulus que se sostenía la mandíbula que se estaba empezando a inflamar.

Cuando James poso su mirada en él, no presto atención a nada más.

La primera reunión concluyo con un reencuentro emotivo entre James y Enric, que Regulus quedase desterrado de su habitación (hasta nuevo aviso) y que todos los residentes de la casa, fuesen afectados de una u otra manera por alguna broma. Oficialmente, Los Merodeadores estaban de vuelta.

Aun a pesar de aquello, Regulus estaba radiante. En eso estaban de acuerdo todos los que le conocían.

El concepto de "seguridad" encontrándose en la misma casa que uno de los lugartenientes más temidos de Lord Voldemort no era algo fácil de conciliar. Que todos los que se encontraban en la casa se sintieran seguros con Bellatrix en las premisas, no era por ingenuidad.

Si la casa era particularmente desagradable con intrusos, era diez veces peor con un miembro de la familia que siquiera intentase lastimar a alguno de los huéspedes u otro familiar que se encontrara entre sus paredes.

Aun con todas las garantías, eso era lo único que tranquilizaba a los principales detractores a la presencia de Bellatrix en la casa.

A James todo aquello le estaba sentando fatal, desde la presencia de Bellatrix en la casa, hasta el plan que pusieron en marcha meses atrás.

Que tanto de aquello eran los asuntos sin resolver del pasado o su preocupación por Enric, no sabía, pero tampoco quería ponerse a analizarlo demasiado.

Ya cargaba suficiente con lo que lidiar en el plato.

Asimilar que de alguna manera estuvo congelado por más de diez años. Que el mundo siguió sin él.

¿Cómo se suponía que enfrentaría a Snape? Saber que se encontraba en la casa le cayó como un balde de agua fría.

Después de todo, saber que James estaba sano y que Lily podía estar muerta o en manos del enemigo por todo lo que sabían.

Era ese terror a que algo pudiese ocurrirle a Enric, encima de todo lo demás…

Que no pudiese dormir era el menor de sus problemas.

Entre todo lo malo, quedaba algo bueno.

Pasaba mucho tiempo con Enric y Sirius. Remus y Regulus estaban cargando el peso de todos los compromisos. Moony siempre fue una buena persona y asumió con gusto el sacrificio… aunque lo hizo con la esperanza a que James accediese aclarar las cosas con Regulus… lo cual quedo en una probabilidad mínima. Al menos, por los momentos.

Sirius estaba encantado en pasar tiempo con James así no fuese planificando bromas, y era de todos los que se encontraban en la mansión quien podía entenderle hasta cierto punto.

Enric por su lado, se estaba permitiendo ser un chico común y corriente (hasta donde podía salirse con la suya) ahora que Regulus estaba de regreso para cargar con el grueso de las planificaciones y compromisos de la familia.

En fin, la vida era tranquila.

Bellatrix era poco más que una reclusa en sus habitaciones. Nunca fue precisamente sociable que digamos, pero que todos en la casa estuviesen aterrados de ella era algo que estaba enfermándola. De veras.

¿Qué creían que iba a hacer? No era suicida ni estaba loca.

Cualquier cosa que le hiciese a un miembro de la familia o algún invitado le seria regresada por siete veces siete. Entonces… cualquier satisfacción que pudiese experimentar por hacer lo que fuese, no estaría viva para disfrutarla.

Lo cual derrotaba por completo su propósito para estar allí en primer lugar.

Al menos Cissy estaba de su lado. Por más que aquello no tuviese un peso significativo.

La casa era una fortaleza perfecta de las que ya no podían hacerse en estos días. Nadie podía entrar o salir sin que el Lord de la familia lo supiese.

Atacar a otros que estuviesen buscando asilo en sus paredes era como pintarse una diana en la espalda, una sentencia de muerte segura.

Cualquiera creería que eso era suficiente. Pero no, Lucius y Severus la trataban igual que siempre. Básicamente, un movimiento en falso en su presencia y no dudarían en atacar (aunque seguramente sufrirían represalias por eso) Lucius no soltaba su bastón y Severus siempre tenía una manga oculta por su túnica.

Lupin y Sirius no le quitaban la mirada de encima en las raras ocasiones en las que coincidieron en alguna de las habitaciones de la mansión, o en la hora de la cena. Incluso llegaron al punto en que estaba prohibido que se acercase al heredero del Lord de la mansión.

Desde que llegase allí nunca vio siquiera un cabello del crio. Tampoco podía estar cerca de Draco. Ni porque Cissy pensara que todo aquello era una estupidez le daban un respiro.

En el pasado aquello no podría importarle menos. Ahora… le molestaba profundamente, incluso más de lo que ella estaba dispuesta a admitir.

Pasaba sus días encerrada en sus habitaciones lujosas, llenas de todo lo que pudiese necesitar, era una pena que terminaría muriendo de aburrimiento.

Sea cual fuere el desacuerdo entre James y Regulus, nadie más lo conocía y los dos involucrados no estaban dispuestos a compartir con otro, aunque fuesen interrogados sin piedad por sus conocidos y allegados. En ese clima cargado de creciente tensión debían mantener las cosas al día.

La ausencia inesperada de Regulus genero inconvenientes con algunos de sus colaboradores que estaban resolviendo poco a poco. Remus pensaba ayudarle hasta donde pudiese porque en breve debía ausentarse, su manada también era importante. Los dejo solos por mucho tiempo y aunque su beta era muy capaz no estaba dispuesto a correr riesgos con la vida de las personas que estaban a su cargo.

Enric no era un campista feliz. Desde que James recupero la consciencia se negó categóricamente a que su hijo siguiera participando activamente en el plan. Sin importar los argumentos presentados, se negaba siquiera a escucharlos. Y… Regulus no estaba por llevarle la contra, cuando lo que quería era que lo perdonase.

Convenientemente, todos olvidaron mencionarle a James que Enric se encontraba en posesión de sus diarios.

En una posición particularmente incomoda, Enric, con toda la racionalidad que adquiriera gracias a sus previas circunstancias… seguía siendo un crio de 14 años. Y justo ahora estaba cabreadísimo.

Porque el deseo de venganza bombeaba en sus venas tanto como la sangre. La llama de su voluntad se negaba a extinguirse y acatar los deseos de James.

Una nueva vida sonaba muy halagadora, sí.

Pero se negaba a abrazarla por completo sin devolver al menos parte de la miseria que le fue otorgada por toda esa gente que dejo atrás en Inglaterra. Malditos fueran.

El genio infame de los Potter, una vez encendido, se negaba a ser apaciguado. Fue tan vehemente su rebelión a acatar la decisión paterna, tan categoría su negativa…

Fue así que Enric se encontró castigado por primera vez en su vida.

No podía abandonar la mansión bajo ningún concepto, debería estudiar bajo tutores privados, no podía siquiera estar presente en las reuniones para discutir lo que estaba ocurriendo en Inglaterra como resultado de algunos de sus movimientos o negocios previos.

Pasar de estar justo en medio de todo, a que lo tratasen como un niño le estaba sentando fatal.

En especial porque esa venganza era tan suya, como de sus padres.

Ser una mente maestra a los 14 años era difícil.

Ahora, ser consciente de la capacidad propia y encontrarse reprimido por los padres que prácticamente acababan de aparecer… bien.

Diablos.

El callejón Diagon parecía haber hecho un viaje en el tiempo a los días de terror en los que Voldemort acabase con tantas familias prominentes. ¿Por qué?

Bien, la escasez de los ingredientes de pociones creo una escasez general y eso solo fue el principio. Las familias con mayores recursos estaban empezando a sentir la escasez con la que los pobres debieron convivir con meses, el Ministerio intervenido por Hellsing estaba implementando impuestos y medidas que pasaron de fastidiar a enfurecer por completo a los puristas radicales y a la población en general, quienes por primera vez se encontraron de acuerdo en algo.

Aquellas familias que estaban acostumbradas a aprobar y vetar leyes por sus asientos en el Wizengamot se encontraron frenadas de frente por el muro de contención infranqueable que era Sir Integra Hellsing y su organización.

Aquello era un desastre épico, una olla de presión que en cualquier momento explotaría. Hogwarts, el Ministerio, San Mungo, todas sus instituciones estaban siendo intervenidas y reordenadas desde dentro. Aquellos que estaban acostumbrados a hacer las cosas a su manera, a sobornar para salirse con la suya… pues… reaccionaron.

Una facción de rebeldes se encargaba de mantener ocupados a Hellsing y a los pocos aurores que aún quedaban en funciones.

La posición de Ministro quedo vacante hasta nuevo aviso, La ley estaba siendo impuesta por Hellsing. Y decir que las restricciones eran leoninas era quedarse corto.

Era mandatorio por ley que los magos aprendiesen sobre los muggles. Aquellos que se negasen se encontraban entre la elección de pasar 6 meses en Azkaban, 3 meses en trabajo comunitario, o en el peor de los casos, que se les rompiera la varita y que nunca más pudiesen comprar otra.

No era una sorpresa que los rebeldes estuviesen divididos en facciones.

Los que antes conformaran la Orden del Fénix, o lo que quedaba de ella.

Y aquellos puristas radicales y mortifagos que estaban descontentos con la administración actual.

Minerva McGonagall parecía haber envejecido como 20 años de golpe. Porque se encontraba en la difícil posición de manejar un colegio en el que cada vez más estudiantes se retiraban. Donde los profesores estaban a menos de un paso de renunciar… todo porque Hellsing también se encontraba "supervisando" la escuela.

Los Slytherin fueron quienes mayores dificultades encontraron en medio de todo.

Pansy Parkinson, Vincent Crabbe y Gregory Goyle fueron expulsados. Cada uno por distintas situaciones en las que de poco o nada sirvió la intervención del jefe de la casa de Slytherin, decir que el profesor Slughorn estaba indignado era quedarse corto.

Estaba furibundo. No pasaba un día en el que no hablase de esos "barbaros" y de cómo serían la perdición de todos. Aunque por comentarios como ese no podían hacerle nada… aun.

El único profesor que no estaba tan preocupado por Hellsing era Filius. Los Ravenclaws solo estaban concentrados en aprender y eran quienes daban menos problemas.

Daria lo que fuese porque Albus encontrase alguna manera de regresar y asumir su puesto, porque ella estaba agotada.

¿Dónde estaría Albus en estos momentos? Solo Merlín lo sabía.

¿Era posible estar cansado de su propia meta? Después de trascender una encarnación física, ciertas cosas perdían su atractivo. ¿De qué venía a servir un "derecho de nacimiento" a estas alturas? Cuando el cuerpo en el que alguna vez fuese conocida como Morgana Le Fay debía estar pudriéndose en alguna esquina lejana de la que ni siquiera ella se acordaba.

Que aun en estos tiempos que no hubiese concebido en sus sueños más salvajes, fuese recordada era… halagador. Que se atreviesen a decir que Merlín era venerable… esa opinión invocaba sus instintos más oscuros. ¡Cómo se atrevían esos insignificantes mortales!

Albión como fuese en sus días estaba en el olvido. Lo que fuese el orgullo de los reinos aledaños y el ejemplo de prosperidad bajo el reinado ilegitimo de Arthur…

Estaba sumido en el caos absoluto. Poco o nada quedaba de las nobles casas que prosperasen en el pasado, los nobles y civiles que marcaron un antes y un después en lo que fue Albión, sus descendientes estaban tan dispersos que era una imposibilidad rastrearlos a todos. Jugar al gato y al ratón con esa peste perenne, tratar de ubicar a Merlín en medio del pajar que ambos conocían tan bien.

Morgana, renuentemente, debía darle crédito.

Merlín fue capaz de esconder su propia esencia y parte de la de Arthur en algún lugar. No solo eso, debió encontrar recipientes adecuados a tal tarea. Y en esta generación marcada por deficiencias.

La debilidad de la tierra estaba alcanzando un punto de no retorno… El tiempo se estaba agotando, y ella estaba atenta, al acecho. En esta ocasión, después de una espera que sin duda alguna parecía eterna, las cosas parecían estarse alineando a su favor. Con más enemigos de los que sospechara, con sus poderes casi a punto de desaparecer... Merlín era la presa en el gran esquema de las cosas. Ya fuese que ella lo encontrase primero, o que fuesen las criaturas que moraban en la oscuridad.

Ya era hora que el reloj marcase que las cosas salieran a su favor. La hora estaba por repicar, y Merlín tenia las de perder.

Despertar para encontrase con que paso más de 14 años congelado en el tiempo, encerrado en un pasadizo secreto de su antiguo colegio junto a otros entre los que sin duda debió encontrarse Lily… eso era algo que James estaba convencido no iba a superar jamás. Era obvio que aquello dejaría secuelas físicas, así como mentales.

De momento, no se sentía enfermo más allá de lo que a su condición se refería, y aquello en si ya era milagroso.

Sin duda alguna este niño ya era extraordinario, aunque por los momentos, James se conformaba con que estuviese sano. Restaurar la relación con su primogénito calificaba como uno de esos deseos que parecían distantes e imposibles.

No era fácil ser el malo de la película para la persona más importante de tu vida. Porque Harry, Enric, era su prioridad.

Todo esto parecía una gigante broma cósmica, de la que en algún momento debía despertar. La mayor parte del tiempo esperaba a que se produjese ese despertar, aunque a medida que transcurría el tiempo, debía admitirse que ese no se produciría.

Que él bebe a quien le leyese cuentos en lo que apenas parecía ayer, fuese un genio de 14 años con una sed de venganza mayor a su instinto de auto preservación, que encima desafiaba la autoridad como un instinto innato; decir que aquello no le facilitaba las cosas era subestimarlo.

James no sabía por dónde podía comenzar y Regulus no era una gran ayuda.

Permitir que Enric se involucrase en los planes desde un primer momento fue una tamaña insensatez que bien pudo haber salido muy cara. La sola idea de lo que pudo haber ocurrido… lo que aún podría ocurrir.

Era suficiente para que James despertara en medio de la noche, con escalofríos.

Si los demás se olvidaron de los elfos y las veelas en su saga de venganza, James no los olvido por un momento.

Que su bebe tuviese un blanco en la espalda incluso desde antes de nacer era algo que te daba una dosis de paranoia más que justificada.

La mansión estaba en la zona más antigua de esa ciudad, era la única pista de la que disponían para encontrar al objetivo principal. Sus órdenes eran claras y no debían ser cuestionadas. Era una misión que bien podría ser la última y por la que no recibirían reconocimiento si es que llegasen a fallarla.

Solo lo mejor de lo mejor era seleccionado para esa clase de objetivos. Y que su trabajo se convirtiese en una tarea titánica casi imposible de llevar a cabo, eso solo añadía sabor a la vida.

El grupo de 6 avanzaba por aquella ciudad, con su tierra muerta y sus edificios de juguete, invisibles ante todos los que circulaban por las calles.

Si bien no conocían la ubicación exacta de su blanco, contaban con una ventaja a su favor. Su capacidad para sentir. Y es que, en medio de tanta mediocridad abrazada en oscuridad, la magia y aquellos que la practicaban eran como una hoguera desafiante.

Y en medio de esa hoguera, sin duda alguna, debían encontrarse aquellos a quienes debían encontrar antes que el tiempo se agotase.

Ciel Phantomhive estaba acostumbrado a atraer toda clase de miradas por su parche. Que se hubiesen visto obligados a abordar un avión. Ese objeto infame- pensó el Lord, dirigiéndole una mirada cargada de desdén al vehículo en cuestión… ese era solo el menor de los inconvenientes que debía enfrentar en esa misión, que sus blancos tuviesen el don de enfrentarse a ellos en cierta igualdad de condiciones era algo que no estaba seguro como tomar. Llevaba siglos enfrentando a lo peor tanto de las criaturas sobrenaturales como de los humanos, al menos en ocasiones anteriores tenía una imagen más clara de a quienes estaba enfrentando. Pero en esta misión daba la impresión que a la foto le faltaba una parte importante.

No entendía que es lo que pretendía Hellsing con este último desarrollo, pero sus órdenes eran claras. Debían interceptar a "Lord Alphard Black" quien al parecer era el principal artífice de la crisis que estaba enfrentando el bajo mundo mágico británico. La situación estaba en un punto insostenible en el que los civiles estaban factorizados en grupos armados hostiles. Los cuales no podrían ser controlados si no se solucionaba la problemática que los aquejaba a todos. La escasez de ingredientes de pociones y materia prima.

Este personaje era el nombre que emanaba después de interrogar a otros involucrados en orquestar el caos. Después de indecibles métodos de coerción para aflojarles la lengua. Y una estadía en las celdas de contención de Hellsing, al tierno cuidado de Alucard.

Que el vampiro en cuestión no los estuviese acompañando en esos momentos era una de las pocas cosas buenas en medio de todo ese caos con el que Ciel debía lidiar.

A su lado, Alois avanzaba con cierta pesadez. Últimamente el rubio estaba más somnoliento. Y su "condición" obligaba a que fuese disfrazado. Que una de las muchas habilidades de los demonios fuese alterar su apariencia a voluntad era algo que venía a las mil maravillas. Alois ahora llevaba el cabello largo hasta los hombros y estaba vestido con una camiseta oversize y shorts... y crocs. Esa aberración al buen vestir.

Ciel lo llevaba de la mano sin hacer caso a las miradas que atraían. Sebastián podía encargarse del equipaje y los tramites, en lo que a Ciel se refería, ya era suficiente con verse obligado a subir a un avión.

Desde ese intercambio con el cuarto miembro no oficial de su partida, el ángel, Alois estaba mejor. Pero ni de lejos se encontraba en óptimas condiciones. De producirse un enfrentamiento, Alois no podía tomar parte.

Y es que… ninguno de los dos terminaba de envolver la cabeza alrededor de lo que paso. De alguna manera, como una especie de programa de cámara escondida en el epitome de chistes cósmicos.

Alois estaba "embarazado". No de la manera que una mujer lo está. Eso quedaba claro. Pero para evitar preguntas inconvenientes, Alois adopto la forma acorde, la que se esperaba. Al menos cuando debían estar en público.

_ ¿Ciel?

_ Lo sé- repuso el pelinegro, acelerando el paso ligeramente.

Encontrarse en lugares concurridos era todo un desafío para Alois. Y como estaban las cosas, no necesitaban hacer una escena…

_ Esta Ciudad, me gusta.- dijo Alois.

_ Podemos quedarnos tanto como quieras después de terminar la misión. Eso, si no nos das razones para tener que irnos rápido.- respondio Ciel, dando una discreta mirada alrededor.

El mohín de Alois podía ser considerado adorable, si no ocultase cierta sed de sangre bajo la superficie.

_ Vamos, sabes que la verdadera diversión siempre termina en un "incidente". Por estos días no se sabe que disparara el temperamento de Sir.

_ Precisamente porque lo sabes es que deberías tener mas cuidado. No importa, siempre podemos cubrir nuestras huellas. El objetivo debe ser cumplido, los medios para ejecutarlo, lo dejaron a nuestra discreción.

_ Nee, Ciel.

_ ¿Si?

_ Odio los aviones.

_ Si quieres vomitar, espera a salir del aeropuerto, el olor solo hara que sigas en ello por horas.

Alois estaba algo verde y solo le dedico un asentimiento breve.

Narcisa era una mujer con una misión, estaba totalmente cansada de la idiotez que parecía permear, rezumando, por toda la casa y haber consumido el sentido común de los habitantes de aquella mansión.

Ya tuvo más que suficiente y su anfitrión, su verdadero anfitrión, la vería hoy mismo o dejaba de llamarse Narcisa Druella Black.

Bella, con un paso vacilante raro en ella, avanzaba a su espalda. Su pobre hermana.

Y es que era la situación de Bella, la de Draco… lo que la impulsaba a hablar.

En ningún momento fueron maltratados, pero decir que estaban viviendo en comodidad y libertad absoluta era una falacia.

Fuera cual fuese el plan que estaban llevando a cabo sus anfitriones, no debía seguir interfiriendo en sus vidas. Quería respuestas y las quería ya.