Parado frente a la puerta de la casa, Deidara comprobó la dirección que le había mandado el tal Kakashi. Estaba seguro de que era la correcta y le molestaba la forma en que no se decidía a llamar del todo. Algo dentro de él estaba cansado de llevarse decepciones y aunque era irritante sucumbir a una sensación que no era propia de él, tampoco sabía si podría soportar otro callejón sin salida más. Especialmente porque ahora parecía ir en la pista correcta.
Un mensaje de Kurotsuchi lo distrajo cuando estaba a punto de tocar en la puerta.
[10:56] Kurotsuchi: "Qué te ha dicho el tipo? "
[10:56] Deidara: "Aún no hablé con el"
[10:56] Deidara: "Estoy en la puerta de su casa"
Al ver que está escribiendo, Deidara espera unos segundos más.
[10:57] Kurotsuchi: "OMG"
[10:57] Kurotsuchi: "Buena suerte Deiiiii"
Al otro lado de la puerta Deidara escuchó un débil sonido, como un olfateo. Cuando llamó a la puerta varios perros comenzaron a ladrar, algunos sonaban grandes pero también debía haber algún perro pequeño entre ellos.
—¿Shiba? ¿Bisuke? ¿Pakkun? ¡Quietos! —dijo una voz masculina.
Los perros grandes callaron y sólo el pequeño siguió ladrando. Luego se escuchó el ruido de un cerrojo girando y la puerta se abrió.
—¡Hola! —dijo el tipo, con el escandaloso carlino en sus brazos. Deidara admiró la fuerza de esas cuerdas vocales—. Disculpa el recibimiento.
—Está bien —dijo Deidara, mirando al par de perros grandes que, sentados frente a su amo, movían la cola mientras lo miraban—. Esos son muchos perros, hm.
Kakashi sonrió. O al menos, Deidara notó que sonrió bajo la mascarilla que cubría su boca y la forma en que se entrecerró su único ojo visible. Curiosamente el ojo contrario al que le faltaba a Tobi.
—Pues tenemos cinco más —dijo él intentando hablar por encima de los ladridos—. Están de paseo con Gai ahora mismo. —Entonces Kakashi chistó, acunando al carlino—. Está bien, Pakkun, está bien. Él es amigo.
Pakkun se calmó pero le siguió poniendo mala cara, o tal vez esa era su cara habitual, Deidara no estaba seguro.
—¿Puedo tocarlos? —dijo, mirando a los otros dos perros que seguían sentados moviendo la cola como si estuviesen barriendo el suelo con ella.
—Por supuesto —respondió Kakashi y Deidara se inclinó un poco y les rascó la cabeza—. Están todos muy bien educados, como puedes ver. Menos este de aquí —él señaló a Pakkun—. Este está malcriado. Ah, pero no nos quedemos en la puerta. Pasa, pasa. Bienvenido a nuestra casa.
Kakashi se apartó y le dejó sitio para entrar y cambiar los zapatos por unas sandalias grises. Después Deidara lo siguió al salón donde se sentó en un cojín frente a una mesa baja.
—Ahora vuelvo —dijo Kakashi, dejándolo solo allí.
Él se dejó oler por los perros, los acarició un rato hasta que se fueron a uno de los sofás cubierto con una manta. Para tener tantos perros la casa estaba ordenada y no tenía ese olor característico de las casas con muchos animales. Sobre la mesa había un par de novelas románticas con una pareja ligera de ropa en la portada. A parte de eso no había nada más fuera de su sitio. Más de esos libros románticos en una estantería y fotos muchas fotos de perros y de gente con perros.
Kakashi volvió al salón haciendo malabares con una bandeja con té y galletas mientras el perro gimoteaba detrás de él.
—¿Qué le pasa? —preguntó Deidara.
—Sabe que traigo galletas.
En cuanto se sentó en el cojín el perro le saltó encima.
—¿Sabes? Ahora que te he visto en persona recordé que nos hemos cruzado antes. Te vi pasar por mi lado en dirección contraria un día que veníamos de visitar a Rin.
—Correcto. ¿En serio me estabas prestando atención, hm? —dijo Deidara, impresionado—. Fue hace mucho.
Kakashi rió.
—Bueno, digamos que son defectos del oficio —dijo, echando té en ambas tazas—. O tal vez, el vínculo del alma me hizo el doble de observador porque mi alma gemela tiene muy mala memoria.
Deidara recordó haber leído algo así en algún capítulo del curso.
—¿En qué trabajas?
—Soy detective —dijo Kakashi, empujando una de las tazas de té en su dirección. Deidara alzó ambas cejas—. Oh, pero no creas que resuelvo asesinatos o misterios emocionantes, la mayoría de mis casos son aseguradoras que quieren saber si sus clientes están estafándolos. Aunque... A veces me llega algo con más sustancia, como infidelidades por ejemplo.
—¿Te puedo contratar? —preguntó Deidara sin pensarlo si quiera y entonces recordó que la razón por la que no lo había hecho antes era porque no se lo podía permitir.
Kakashi tomó una galletita y se la dio a Pakkun.
—Hmm, bueno, primero veamos si puedo serte de ayuda, ¿no? No acepté verte para averiguar si eras un cliente potencial. ¿Qué es lo que buscas?
—Busco a mi alma gemela, hm —respondió Deidara—. Sé que estaba en... Sé que la conoces.
Despacio, Kakashi asintió.
—Ajá —murmuró mirándolo con atención—. Has venido desde muy lejos. ¿Dónde te alojas?
—Vivo aquí, estoy tomando un curso con el doctor Senju.
—Ajá —Kakashi sacó su teléfono móvil, lo desbloqueó y tocó la pantalla varias veces—. Así que, eres de Iwa y quieres encontrar a un antiguo compañero mío de clase que es tu alma gemela.
—Eso es —dijo Deidara mirándolo teclear mientras se preguntaba qué era lo que estaba haciendo—. Al principio vine aquí para encontrar su tumba, pero ahora sé que está vivo. Simplemente lo sé y lo voy sacar de donde quiera que esté.
—Interesante —dijo Kakashi y a él le dio la sensación de que volvía a sonreír—. ¿Qué fue lo que te hizo darte cuenta de que estaba vivo?
Deidara se bebió todo su té de golpe y dejó la taza sobre el platito. Se siente bien que alguien no te cuestione de entrada o trate de buscar explicaciones a por qué no es posible.
—Bueno, primero, nunca fui un viudo del alma típico y al llegar a Konoha me hicieron unas pruebas en cuyos resultados pude ver que la glándula pineal de mi cerebro sigue funcionando, hm —dijo, mientras Kakashi escribía algo en su brazo. Deidara apartó la vista, molesto consigo mismo por no poder conseguir que no le afecte—. Tobi dice que eso no significa nada pero a mí me da igual lo que diga el título en su pared, yo se que se equivoca.
—¿Tobi? —preguntó, mirando como un texto aparecía en su brazo.
—Uno de los científicos que trabajan para el doctor Senju —dijo Deidara, cruzándose de brazos-. Aunque he dejado de hablar con él del tema. No me gusta que me anden dando lecciones que no pedí.
—Conozco a alguien justo así. Defenderán su postura aunque les hayan probado que se equivocan —dijo Kakashi con voz animada.
—¡Sí, así es él, hm! —exclamó Deidara.
Kakashi alzó un dedo.
—Hiciste bien en dejar de contarle. No tiene sentido discutir con alguien que no está dispuesto a replantearse su propia opinión —dijo y se quedó pensativo un momento—. Entonces, Deidara, ¿tienes algún punto de partida? ¿Algún... Hilito del que tirar?
Deidara buscó en su teléfono los marcadores que tenía sobre las noticias del despertar de Tenzo Yamato.
—No es seguro, pero quiero agotar todas las posibilidades antes de darme por vencido, hm.
Kakashi miró la noticia y la foto de Tenzo mientras se frotaba la barbilla.
—Sí, Yamato y yo éramos compañeros de clase, pero no lo he visto desde aquel día —dijo, aún pensativo—. Sé que despertó, pero por mucho tiempo no aceptaban visitas que no fueran de familiares. Podría probar, me daría una buena excusa para hacerle una visita.
—Tiene sentido, ¿no? Alguien que no puede comunicarse conmigo porque estuvo en coma —dijo Deidara, esperando no sonar desesperado.
—Tiene sentido, en efecto —respondió Kakashi y a él le pareció que se le quedaba mirando con demasiada atención—, pero, espero que me perdones la pregunta: si al final resultases ser un viudo del alma, y no estoy diciendo que lo seas... ¿Cómo te sentirías?
—Estaría bien —respondió Deidara al acto—. A estas alturas sólo quiero resolver el misterio, no me importa lo demás. Yo vine a esta ciudad buscando una tumba de todos modos.
Pakkun levantó la cabeza en ese momento y se puso a ladrar. Kakashi se puso en pie y miró por la ventana.
—¡Oh! Ya está aquí Gai —dijo Kakashi y un rato después la puerta se abrió y había cinco perros moviendo la cola a sus pies—. Vas a hacer muchos amigos hoy.
Deidara los acarició por turnos, entonces Gai se acercó a ellos, haciendo girar las ruedas de su silla.
—¡Oh, hay visita! ¿Te conozco? —le preguntó a Deidara.
—No, él vino aquí para un favor personal —dijo Kakashi—. Pero te puedes quedar a cenar con nosotros si no tienes nada que hacer hoy.
—En verdad sí, hm. Voy a ir al cine con Tobi —respondió Deidara.
—Vaya —dijo Kakashi, con un tono de voz que le causó extrañeza—. Por lo que me habías contado de él ustedes dos no parecían tan cercanos. ¿Qué irán a ver?
—Kagemasa XI. —Deidara se levantó—. De hecho debería irme ya. Gracias por recibirme.
Kakashi se volvió hacia Gai.
—¿Viste? Ya van por la película número once.
—¡Vayamos a verla, Kakashi! Hace mucho que no vamos al cine —respondió Gai.
—Está bien, vayamos el miércoles, es más barato —dijo y se levantó también, mirando a Deidara—. Te llamaré cuando tenga una respuesta de Yamato. Si no tienes noticias de mí en un par de semanas, llámame, pero dudo que tarde tanto.
—De acuerdo —dijo Deidara, dándole vueltas a algo—. ¿Puedo preguntarte algo más? ¿Había alguien en tu clase cuyo nombre empezaba por O?
—Hmmm —Kakashi miró al techo por un rato—... No me acuerdo pero trataré de buscar la lista de alumnos. Yo era delegado de clase, tal vez la tenga aún. Nos mudamos de casa varias veces y perdimos algunas cosas. Si no la encuentro pregunté en la escuela, no creo que te la den a ti pero a mí no me la van a negar.
—Gracias por todo —dijo Deidara con una leve reverencia.
Tras despedirse de Kakashi, llamó a Kurotsuchi y, más animado que en muchos días, le contó todo.
Obito miraba las camisetas que había dejado en la cama, no muy seguro de cuál escoger. De repente todas le parecían demasiado simples e informales a la vez. En el fondo sabía que a Deidara no le iba a importar eso pero igual, Obito tenía una curiosa necesidad de verse bien. No era a menudo que salía a divertirse y ahora se daba cuenta de cuanto lo había extrañado. La única camiseta que no era mono color era una de color negro con una espiral naranja en ella. Un regalo de Zetsu que hacía años que no usaba. Se encontraba poco serio con ella, aunque tal vez ese era el punto de llevar ropa casual. Obito ya no sabía qué pensar.
Un mensaje llegó a su teléfono y pensando que sería Orochimaru o Kabuto pidiéndole algún favor, miró la pantalla sólo para encontrarse con un mensaje de Kakashi.
[11:15] Kakashi: "¿Qué tal?"
Obito parpadeó y miro las más recientes conversaciones que habían tenido. La última era de dos meses atrás cuando Kakashi le pidió si podía pasarse por casa a echar un vistazo a sus perros durante unas cuantas horas. En otra conversación que tuvo lugar en febrero él lo felicitó por su cumpleaños y antes de eso Kakashi le había felicitado el año nuevo. De vez en cuando lo invitaba a ir por casa y la mayoría de las veces Obito respondía que estaba ocupado. Si no recordaba mal, solían verse como dos o tres veces al año. Tal vez necesitaba algún favor, es lo que pensó mientras releía el extraño saludo. Kakashi siempre iba directo al punto cuando quería algo. No era usual que empezase una conversación así.
Obito presionó el icono de llamada y se llevó el teléfono al oído. Dos tonos después Kakashi contestó.
—Hola, Tobi.
—¿Pasa algo? —preguntó él.
Un ladrido se escuchó al otro lado de la línea.
—Nada en especial, sólo me acordé de ti y te mandé un mensaje, hace tiempo que no hablamos —dijo Kakashi.
Obito lo sintió como un reproche velado, después de todo el que siempre iniciaba las conversaciones era él.
—¿Y eso? —dijo, algo curioso—. ¿Necesitas que cuide de Pakkun?
Kakashi rió.
—Oh no, nada de eso —dijo y suspiró—, pero si lo piensas bien, es triste que todo se haya reducido a llamarnos cuando necesitamos algo el uno del otro. Y tú nunca necesitas nada.
Obito sintió ganas de disculparse, pero tampoco sabía cómo justificar una falta de contacto de la que tal vez ninguno de los dos tenía la culpa.
—Ahora mismo trabajar es en lo único que pienso. Por fin estoy llegando a donde quiero.
—¿Incluso en domingo? No dejes que te exploten así —dijo Kakashi.
—Es voluntario —respondió Obito—, no me están explotando. A partir de mañana sí, trabajaré casi todos los días así que decidí tomármelo con calma este fin de semana.
—No te olvides de descansar.
—No puedo descansar, estoy en una nueva fase del proyecto Nezumi —dijo Obito—. Aún no puedo decir que los experimentos anteriores hayan sido un éxito, pero de momento todo va bien.
—¿Ratas? —preguntó Kakashi.
Obito miró la hora. Parecía que la conversación se iba a alargar y no quería dejar a Deidara esperando.
—Sí, ya sólo queda observar como evolucionan después de la operación para borrar el vínculo del alma de la glándula pineal. De momento todo va bien, no hay síntomas de TDVR, el hipotálamo sigue funcionando como debería y no hay nada inusual en los análisis.
—Interesante —dijo Kakashi—. Una operación así a un animal tan pequeño.
—Es con láser. —Obito pensó en una manera de explicarlo de forma simple y rápida—. Hace un buen trabajo remoldeando zonas que son demasiado pequeñas. ¿Y tú, como estás? ¿Todo bien?
—Como siempre, no me quejo. Aunque... Ahora mismo estoy en un dilema laboral.
Obito alzó una ceja. El asunto debía ser serio para que Kakashi necesitase desahogarse.
—Cuéntame —dijo, curioso—. ¿Es sobre un cliente?
—Errr... Digamos que sí —respondió Kakashi—. Alguien vino a mí para cierto asunto, pero seguir adelante perjudicaría a alguien más.
—¿Y qué es lo que te hace dudar? Te pagaron para eso, ¿no? —dijo Obito.
Entonces escuchó la llave en la cerradura del apartamento de Deidara. La puerta se abrió y después se cerró. Se preguntó a donde habría ido.
—Esa es una respuesta que no me esperaba —dijo Kakashi, ligeramente divertido—. ¿Dónde está tu empatía?
—Quiero decir, no tienes por qué aceptar el caso si te provoca algún tipo de dilema moral.
Kakashi pareció pensarse la respuesta.
—Ahí está el problema, es un favor personal —dijo al fin.
—¿Trabajando gratis? —dijo Obito con tono de falsa burla.
—No, no, de veras me gustaría ayudar pero al final no sé si será posible sin que nadie salga... Afectado —dijo Kakashi, resignado—. En fin, voy a salir a correr un poco. Si sales a alguna parte hoy no te olvides el paraguas.
Frunciendo el ceño, se acercó a la ventana y corrió la cortina.
—El cielo está azul.
—Pero cambiará más tarde —respondió Kakashi—. Así que vas a salir.
Obito se sintió descubierto.
—Al cine. Y antes de que digas nada, este es el único día de ocio que me voy a permitir en mucho tiempo.
—Ajá... Está bien, no te lo voy a reprochar, aunque me podrías haber invitado, vi el tráiler de Kagemasa con Gai hace un rato y se ve bien.
Por supuesto que Kakashi iba a saber que iría a ver Kagemasa. Había algo que no le gustaba de tenerlo a él ahí de violinista. Violinista. La palabra se quedó en la mente de Obito ni bien la pensó. No era una cita pero igual se sentía como una.
—¿¡Cómo sabes que voy a-!? Da igual, voy con gente del trabajo de todos modos. Te aburrirías.
—Qué seguro suenas de eso —dijo Kakashi y a Obito le pareció que se estaba burlando de él—. Pero no te preocupes, sólo voy al cine en el día del espectador, no me gusta que me atraquen.
—En el día del espectador hay demasiada gente —respondió Obito y miró la hora en su teléfono—. Iré a vestirme ahora, espero que tu dilema se resuelva.
—Yo también lo espero. Hasta luego.
Al colgar Obito se quedó pensando de nuevo en su atuendo. Estar tanto tiempo sumido en su trabajo lo estaba volviendo descuidado. Ir por ahí de manga corta no era lo más inteligente. Su alma gemela hacía tiempo que no se escribía en la piel, pero podría hacerlo en cualquier momento. Rápidamente se quitó la camiseta y se puso un suéter negro de cuello de cisne con las mangas lo suficientemente largas como para cubrirle la mitad de la mano. No era adecuado para esa época del año pero no debía perder la costumbre.
Deidara llamó a su puerta un cuarto de hora después, cuando estaba a punto de terminar de arreglarse.
—Vas a pasar calor —dijo Deidara, mirándolo de arriba a abajo.
—Soy friolero —respondió Obito con seriedad. Lo mejor es que no era mentira, si bien no era esa la razón—. Además seguro en el cine tienen aire acondicionado.
Riendo, Deidara le dio un pequeño codazo al pasar.
—Bueno, si te da calor luego siempre te la puedes quitar, hm —dijo Deidara y miró hacia atrás.
Obito se le quedó mirando en silencio. Unos segundos después, sonrió un poco.
—Lo dices porque crees que no me voy a atrever a hacerlo —lo retó, entre avergonzado y determinado a probar que se equivocaba—. Tal vez algún día te lleves una sorpresa.
—Para mi deleite —respondió Deidara y Obito se giró, escondiendo el sonrojo mientras fingía tomar su bolsa.
Fueron al cine caminando despacio, disfrutando del buen tiempo y hablando sobre las lecciones de Deidara casi todo el tiempo. Obito le explicó unas cosas del temario en las que tenía dudas.
—Mucho mejor que esa asistente virtual, no me gusta hablar con un programa, hm.
—Guren —respondió Obito—. No existía cuando yo estudiaba. Orochimaru recopila las preguntas más frecuentes de los alumnos ahí, pero obviamente no está todo.
—A veces incluso se pone innecesariamente seductora —dijo Deidara mientras subían las escaleras.
Obito soltó una carcajada seca.
—Eso no lo sabía —dijo y las puertas automáticas se abrieron para ellos.
Su vista se fue de inmediato hacia Kabuto, apoyado en la pared junto a la taquilla. De inmediato Obito quiso pasar sin ser visto pero la multitud ahí no era lo suficientemente densa como para esconderse en ella. Kabuto los había visto y estaba saludándolos.
—¡Vaya, Tobi y Deidara! Qué coincidencia —dijo él, componiendo una amable sonrisa—. ¿Qué hacen ustedes dos por aquí?
—Vinimos a ver Kagemasa —respondió Deidara.
Obito estaba seguro que no sabía todo el cotilleo que esto iba a traer en el trabajo.
—¿También has venido a ver Kagemasa? ¿Vienes solo? —preguntó Obito, esperando que dijera que no, ya sólo faltaría que Kabuto se les acoplase.
Él hizo una mueca.
—No, vine con unos amigos pero se están retrasando, y obviamente eligieron ellos la película —dijo, mordaz.
Obito se preguntaba por qué había aceptado ir si no le gustaba Kagemasa, pero se lo calló.
—Entonces que te sea leve —dijo Deidara.
—Hasta luego —dijo Kabuto—. Y no te olvides de pasarte mañana a ver a Orochimaru para eso que ya sabes.
Obito sacó las entradas y ambos se dirigieron a la sala. Al bajar las escaleras en la oscuridad Deidara lo tomó del antebrazo y él contuvo la respiración. Si no hubiera estado tan oscuro lo habría visto sonrojarse.
—¿Qué es "eso que ya sabes"? —preguntó Deidara—. ¿Te parece bien esta fila?
—Sí, aquí está bien —respondió Obito—. El doctor Senju está preparando su próximo libro y nos ha pedido el favor de hacernos unas pruebas, aunque no sé demasiado bien para qué.
Pararon en un par de asientos en la mitad de la sala. Ni bien se sentó Deidara comenzó a sacar toda clase de aperitivos y refrescos de su bolsa. El volumen de la publicidad estaba demasiado alto, así que no hablaron mucho. Cuando estaba a punto de empezar la película Obito buscó a Kabuto por la sala. Lo vio unas filas justo detrás de ellos junto a un grupo de gente que no conocía. Después apagaron el resto de las luces y Obito volvió a mirar a la pantalla.
De vez en cuando su pierna izquierda se rozaba con la de Deidara o sus manos coincidían dentro de la bolsa de papas. Le hacia sentir un cálido burbujeo por dentro. Obito sonrió, preguntándose si no estaría empezando a sentir algo por Deidara. Sabía que era posible, después de todo había estado enamorado de Rin en el pasado. Era interesante, a pesar de que no estaba seguro de si simplemente estaría sugestionándose.
Algún día, cuando lograse comprender más sobre esa patología llamada vínculo de alma podría permitirse ser feliz. Obito deseó que esa felicidad fuera junto a Deidara, si es que él lo llegara a corresponder. De momento tenía otros planes y estaba más decidido y optimista que nunca a hacerlos progresar.
—¿Te ha gustado? —preguntó Obito cuando una canción de Killer Bee comenzó a sonar, junto con los créditos.
—Las peleas estuvieron bien, aunque el argumento no era nada del otro mundo.
Él asintió. Al mirar atrás disimuladamente, vio que Kabuto seguía ahí, mirando hacia abajo, posiblemente a su teléfono. Sus amigos estaban preparándose para irse y Obito asumió que él se iría con ellos incluso si parecía estar tomándoselo con calma. Eso si no había mentido sobre lo de que venía con amigos y no se hubiera sentado al lado de unos extraños para fingir que no iba solo al cine. La idea le dio algo de lástima hasta que el peligro de que se les fuera a acoplar volvió a rondar su mente.
—Me lo he pasado bien —dijo mientras metía la basura en las bolsas de papas vacías tan rápido como podía—. ¿Nos vamos ya?
—Sí, odio tragarme los créditos sólo por si hay contenido extra —respondió Deidara—. La mayoría de las veces no merece la pena, hm.
Obito salió de la sala de cine tan rápido como pudo hacia la salida de emergencia, sin importarle lo incómodo que le fuera forzar la pierna. Afuera estaba lloviendo.
—Por supuesto que lo está —dijo para sí, mirando al cielo cubierto.
—¿De qué hablas? —Preguntó Deidara.
Al menos se había llevado un paraguas plegable. Obito lo sacó de su bolsa y desabrochó la tira de velcro.
—Hoy hablé un poco con un viejo amigo que siempre lo sabe todo —dijo abriendo el paraguas y cubriendo a ambos con él—. Dijo que iba a llover a la tarde. Me traje el paraguas por si acaso.
—Pues tu amigo tuvo razón, hm —dijo Deidara. Ambos parecían una pareja así tan juntos bajo el paraguas, Obito notó mientras se sonrojaba. Dejó que se hiciera el silencio hasta que Deidara habló de nuevo—. Hemos comido tanta porquería en el cine que no tengo hambre ahora.
—Igual —dijo Obito y con cada paso que daba, menos quería regresar a casa—. No quiero que este día acabe.
Deidara compuso una sonrisa ladeada.
—Je. Todo bueno es breve —dijo, como si fuera una verdad absoluta—. Pero, eso no significa que tenga que acabar ya. ¿Quieres ir a alguna parte antes de volver?
—Claro —respondió Obito—. Se me antoja dango, por seguir comiendo porquería, pero si dices que no tienes hambre...
—Siempre tengo espacio para dango, hm —dijo Deidara antes de que pudiera terminar la frase.
Obito sonrió.
—Entonces está decidido, vamos al centro y ver qué hay.
Ambos cambiaron de dirección. Obito no se había sentido tan bien en mucho tiempo, pensó mientras caminaban por donde habían venido.
Una vez más vengo con una actualización cada mil. Después de hacer cálculos sobre los siguientes capítulos, he llegado a la conclusión de que el fic va a tener cuatro capis más. Eso serían 14 en total. Si se me alarga será por como máximo uno más, pero lo dudo porque en este caso sé donde quiero llegar. :D
Dani, siii me gusta también que los traten como si fueran insectos bajo un microscopio, así es Orochi. Y Kabuto dice amén a todo lo que él quiera. xD
Andrew Rengo, aw pues me alegra mucho que te haya gustado! Espero que la continuación esté a la altura. sdsfdfs Intruso necesita más atención de mi parte. Gracias por dejar un mensaje!
En el siguiente, Deidara extraña a Tobi que se pasa el día trabajando. Él y Kakashi siguen hablando sobre el misterio no-tan-misterioso.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
