Enero pareció durar una eternidad ni aun así me puse a actualizar las historias, el trabajo no perdona. Gracias por su paciencia.
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Lily Evans no sabía cómo reconciliar el último mes de su vida con los años anteriores, de repente, estar en Hogwarts se transformó de esa experiencia refrescante y magnifica a una mezcla entre estar atrapada en una partida de Jumanji o haberse deslizado en una realidad alternativa. En la que su novio se transformó en una especie de murciélago gigante con un gran problema de actitud (un cabron, como le llamaba Sirius Black cuando no se preciaba a decirle Snivellus, por supuesto, ese último lo usaba cuando Lily no se encontraba cerca para maldecirlo). El que antes fuera un cero a la izquierda en su mapa, se transformase en su novio a los ojos de toda la escuela. Que el grupo de niñatos inmaduros a quienes antes despreciase, se convirtiera en una mezcla entre amigos y escoltas.
Si todo lo anterior no fuese suficiente, ya no podía ver a los profesores en los que antes confiaba ciegamente, con los mismos ojos.
Oh, los trataba igual. Pero siempre le quedaría la duda de quién de ellos estaría involucrado en todo aquello. En aquel plan tan rebuscado que aún no terminaba de comprender pese a sus esfuerzos.
Su horario era una verdadera locura. Ver a Severus se estaba haciendo cada vez más difícil. Por no mencionar que Regulus Black se estaba convirtiendo rápidamente en una impresión muy convincente de una vieja comadrona desaprobadora.
El menor de los Black no cejaba en sus esfuerzos por comunicarle a ambos la imbecilidad de sus acciones, lo arriesgado de encontrarse en lo que el denominaba "el patio de Dumbledore".
Lily estaba a menos de un paso y medio a maldecirlo.
Con todo ese caos en que no se encontraba segura siquiera de los pasos que estaba dando a lo largo del día, su única certeza es que estaba absoluta e irremediablemente perdida, enamorada de pies a cabeza de Severus Snape.
Aunque eso no le coartaba estar enojada con él.
Si no aparecía en los próximos 15 minutos, se iba a enterar…
_ Te ves como si te hubiese pasado por encima un autobús- tercio Lily con los brazos cruzados, todo en ella emanaba furia. Severus, que ya estaba cansado, sintió como si a su agotamiento se le hubiese sumado una capa nueva.
_ Lils, no quiero discutir contigo, no ahora. Por favor- su chica era magnifica aun cuando estaba furiosa con el… pero hoy estaba muy cansado para tantear terreno.
_ Por suerte para ti, ya tuve suficiente con Black- bufo ella, descruzando los brazos y acercándose para darle un beso en la mejilla y estudiar sus ojeras con gesto crítico.
_ ¿Con cuál de los dos? - inquirió Severus, sin molestarse en ocultar la burla de su voz. Le estaba bien empleado a cualquiera de esos dos bastardos una buena reprimenda de Lily.
_ Regulus- respondió ella, haciéndole girar el rostro a un lado para poder examinarlo a la luz de la antorcha que colgaba sobre sus cabezas.
_ Oh, por lo general este es inteligente. ¿Qué hizo Reg para incurrir en tu ira?
_ Decirme que estábamos viéndonos muy frecuentemente en el patio trasero de Dumbledore y que estábamos poniendo en riesgo todo el plan.
Severus se tensó. Compartía la opinión de Regulus, no había cosa en el mundo que no estuviese dispuesto a hacer para mantenerla a salvo, eso incluía no verla.
Todo apuntaba a que tarde o temprano debía implementar ese plan que Regulus le dio en caso de emergencia…
La sala común de Slytherin era un lugar en que Severus evitaba reunirse, porque la mayor parte de sus compañeros no ocultaban el desdén que sentían por él. Si bien eran preferibles a los Gryffindor, la mejora no era lo suficiente como para hacer de este sitio uno de sus refugios temporales. Sea lo que fuere que Regulus quería decirle, esperaba que fuese rápido o iba a empezar a envenenar al siguiente imbécil que le rodara los ojos…
_ Severus- saludo Reg, justo a su espalda con un tono inocente que no se creía ni él.
_ Regulus- respondió a su vez, sin apartarle la mirada al menor.
_ Decidí que esta conversación era mejor mantenerla contigo y lejos del rango de influencia de Evans, sé que ninguna de nuestras compañeras de casa iría a hablar con ella de encontrarse escuchando nuestra conversación. La camaradería de chicas no está por encima de la rivalidad entre nuestras casas.
Severus tenía una idea de a donde se estaba dirigiendo esto, y… realmente le gustaría que Bellatrix o Narcisa apareciesen a llevarse a Regulus para no tener que escuchar esto, porque una vez recibido el mensaje no le quedaría más opción sino actuar. En especial si era por el bien de Lily.
_ No hace falta que lo diga en voz alta. - el tono aliviado en la voz de Regulus fue una sorpresa que Severus hubiese explorado de encontrarse en condiciones de hacerlo, tal como estaban las cosas, sentía como si su corazón se hubiese congelado en medio de su pecho- Puede que más temprano que tarde debas hacer una escena que la obligue a alejarse de ti, por completo. Sera suficiente que lo haga por los años que nos restan en Hogwarts. Dumbledore no es precisamente paciente cuando quiere que sus planes se lleven a cabo- concluyo Regulus.
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James no estaba ni cerca de entender el enigma ambulante que era Regulus Black. Y ni siquiera podía preguntarle a Sirius porque su amigo todavía estaba haciendo una impresión decente de un alma en pena que estaba perfectamente a la par con la habilidad espontanea de Remus para desaparecer aun sin la capa de invisibilidad. (una muy sorprendente)
Sirius incluso le había pedido que se inventase cualquier excusa para no prestarle la capa de invisibilidad a Remus cuando se la pidiese. Pero resulto ser que Moony no necesitaba ayuda para desaparecer cuando no quería hablar con alguien.
Encontrarse en medio de esto y ver a sus amigos sufrir solo completaba el panorama general de desaliento que gradualmente se transformaba en depresión.
Ya había salido con Regulus en tres ocasiones y no estaba cerca de entender el propósito de esas salidas… o al menos… no estaba seguro de comprenderlo adecuadamente. ¿Cómo en la tierra alguien como Regulus Black podía estar remotamente interesado en él?
No es que James tuviese problemas de autoestima o con su imagen, pero… Regulus Black era el soltero trofeo de Slytherin, con el que todas las chicas de esa casa aspiraban a casarse para ser toda una dama de alta sociedad con los niños, la mascota y la mansión que sería la envidia de todos. Por no mencionar la infinidad de bailes y reuniones sociales que organizarían.
Regulus Black destacaba entre todos los herederos de las familias sangre pura, porque era apuesto y el resumen de todas las características que esas chicas buscaban en un esposo.
Vamos, si muchas de ellas intentaban colarse en la cama de Sirius con la esperanza de obtener algo de esa influencia, pese a que Sirius no deseaba nada que ver con su familia o con todo lo que esta representaba.
Sirius Black solo tenía ojos para Remus Lupin. Era el secreto mejor guardado del colegio. Ni siquiera James lo vio venir al principio ¡Y eso que eran sus mejores amigos! Pero la química entre ellos era innegable.
Su conocimiento de quien era Sirius Black, aun en sus peores momentos, no le estaba sirviendo de nada a la hora de lidiar con Regulus.
Los dos hermanos no podían ser más opuestos aun si aquello hubiese sido completamente intencional (de parte de Sirius debía serlo).
Donde Sirius era todo fuego, pasión, chispa y alta reacción…
Regulus era como hielo, todo control y contención, nunca sabias que era lo que estaba pasando por su cabeza. Lo más expresivo en el eran sus ojos. Con el mismo color que los de Sirius, pero cuando los del primero parecían ser plata fundida… los de Regulus daban la impresión de ser… fulminantes como el relámpago y fríos como el hielo.
Daba la impresión que algo se interponía entre ambos en todos los aspectos. James pensaba que era cosa de su imaginación, nunca llego a compartir sus pensamientos en voz alta con Regulus o con alguien más… aun no era tan cercano con Lily (la otra víctima de esta situación).
En la cita de hoy, algo se sentía distinto. Desde la aprehensión que sentía mientras se alistaba, hasta esa expectativa que sentía por lo que tendría Regulus preparado en esta ocasión.
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Remus era en estos momentos la definición de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Y haber sobrevivido para contar el cuento.
A duras penas podía creer lo que acababa de ver y escuchar. Su corazón latía desbocado en medio de su pecho.
En sus esfuerzos por evadir a Sirius se encontró explorando otros lugares en los terrenos del colegio. Los pocos sitios que dejaron fuera del rango del Mapa del Merodeador.
Bien era encerrarse en la cabaña de los gritos o aventurarse al bosque prohibido.
El primer lugar cargaba demasiados recuerdos que en estos momentos no deseaba revivir… por ello es que ese día se encontraba en el Bosque Prohibido, aprovechando que las criaturas lo dejaban tranquilo, estando en pleno conocimiento de lo que era.
Lo que no esperaba era adentrarse tanto como lo hizo. Se encontraba en una parte del bosque que no había visto antes, y la criatura que encontró en ese lugar era una visión que ni siquiera hubiese sido capaz de concebir en sus peores pesadillas.
Con la piel de un negro tan oscuro que Remus no lo podía comparar con algo que hubiese visto antes… de pies a cabeza su piel oscura estaba surcada por lo que aparentemente eran cicatrices. De un rojo brillante, con matices naranja… que le recordaba a la fogata en la sala común. La criatura estaba de espaldas…
Como hombre lobo que era, pocas cosas podían intimidar a Remus a este punto, en el que su corazón estaba desbocado a punto de salirse de su pecho, paralizado por el terror, bañado en sudor frio. Incapaz de huir, pero deseando fervientemente encontrarse en una carrera a toda velocidad en dirección contraria.
El bosque a su alrededor era común y corriente, nada en el resaltaba a simple vista, pero la energía que parecía oprimir el lugar era inconfundible, hablaba de magia muy antigua, puede que incluso más que Hogwarts.
A los pies de la criatura se encontraba un hombre, no aparentaba más de veinte años. Su cabello era rubio y rizado, dándole el aspecto de un ángel de los que solían aparecer en los cuadros de los museos. Se veía descuidado, pálido y enfermizo. Miraba la criatura con absoluto desprecio en sus expresivos ojos claros. Era obvio que estaba indefenso ante esa abominación, pero no se doblegaba y nada más por eso, Remus le respetaba. Quien quiera que fuese.
_ Deberías saber que a estas alturas mantener secretos es algo muy estúpido por tu parte- la voz de aquel ser reverberaba en el espacio como una mezcla de muchas voces superpuestas y el rugido de una bestia.
_ Nuestra investigación en ningún momento fue tan exacta. De hecho, esta inconclusa. Es un hecho que la entrada a lo que fue Camelot se encuentra en este bosque, que incluso puede que Hogwarts haya sido construida para protegerlo, pero solo tenemos conjeturas. No hay material de esa época…
El hombre fue interrumpido cuando la criatura le asesto un golpe que lo envió contra uno de los árboles del claro, antes de impactar con el árbol, el hombre cambio la postura, fue hecho sutilmente, pero… ¿Por qué?
_ Ahórrame tus excusas. ¿Qué es lo que si se tiene por un hecho? - espeto la criatura.
_ Se habla de una llave. Albus y yo… pensábamos que estaba relacionado con la sangre de sus descendientes, por un tiempo. Pero ninguno de los dos tuvo hijos, y… cualquier artefacto de esa época se perdió hace tiempo. Así que, sin duda alguna debe tratarse de una llave oculta en… un trozo de alma. De alguno de los dos.
_ Bien, hora de dormir otra vez.
Remus pese a que era un mago, se encontró contemplando una de las cosas más extrañas que viera en su vida.
En un momento estaba viendo a ese hombre con la espalda apoyada contra el árbol, y al siguiente, desapareció sin dejar rastro. Como si nunca hubiese estado allí.
Y luego, la criatura… aunque su desaparición no fue tan súbita como la del hombre. Fue gradual, su cuerpo se transformó en una columna de humo que se perdió de vista rápidamente arrastrada por el viento.
No supo exactamente cuánto tiempo transcurrió desde que se encontraba solo en el bosque, se encontró arrodillado en la tierra. Con todo en sus instintos urgiéndole a salir huyendo, ni siquiera del bosque, sino de Hogwarts.
Huir, y llevarse a Sirius. A donde nunca encontrase a esa criatura otra vez.
…
Regulus Black era el epitome de la frustración estos últimos días. Nadie podía decirlo a simple vista porque si algo tenia Regulus, era su capacidad para mantener en secreto lo que se le pasaba por la mente.
Y es que… o James Potter era la persona más densa que circulase en la faz de la tierra, o lo que hizo Dumbledore tuvo secuelas o no lo disolvió por completo… o quizá, James estaba ignorando todas las señales.
No sabía cuál de esas tres opciones le hacía sentirse peor. Pero estaba costándole trabajo contener sus instintos. Y… el tiempo no iba precisamente a su favor.
Perder algo antes de siquiera tenerlo no era una experiencia que Regulus no deseaba sumar a su prontuario. Menos esta.
Todo en él le urgía a estar con James Potter. Paso de ser aquel que había robado a su hermano mayor guiándolo por el camino de los traidores a la sangre…
A ser su prioridad.
Y no era algo que pudiese controlar ni mucho menos, algo como un instinto de su sangre era un impulso irrefrenable. A veces, cuando realmente lo intentaba… separar que tanta de la atracción que sentía por James eran sus hormonas y que tanto era su magia y su sangre…
No era capaz. Era una atracción irrefrenable e indivisible. Que amenazaba con consumirlo con cada momento que pasaba en el que era incapaz de actuar. Pese a ello, jamás haría algo que lastimase a James.
Y se encargaría de desaparecer a cualquiera que lo intensase, sin dejar rastro y de una forma tan sangrienta que nadie tendría la misma idea, el mismo atrevimiento.
Era casi imposible reconciliar a sus dos personalidades, quien fue antes de ver a James como lo que realmente era… como lo que significaba para él. Y quien era, ahora que ese conocimiento no le abandonaba en ningún momento. Eso, y la amenaza pendiente sobre sus cabezas.
