Los personajes de esta historia no me pertenecen.

Sin más a leer.


LA LLUVIA

Esa noche iba camino a su departamento con los el ánimo por los suelos, su hermana terminó por contactarla y decirle lo que pensaba de la situación en la que se había metido, de manera explícita le dijo "eres una chica con suerte, Akane...Un partido guapo, rico...el paquete completo, espero que sea tan bueno en la cama como se ve." Akane no pudo con la vergüenza y se tapo la cara con una mano, mientras los que estaban a su alrededor disgustando de una buena comida en su segundo trabajo le miraron ya sea de manera disimulada o no.

El universo y la vida actuaban de manera diferente, a su parecer era una forma estúpida de pensar, mientras caminaba con los zapatos de tacón en sus manos a su departamento ya que se le había partido uno de ellos cuando salió del restaurante, sin contar que justo había salido más tarde que los demás por castigo de llegar a una hora tarde, y no solo con ello, comenzó a llover, sabiendo que no podría conseguir transporte a esa hora de la noche, no uno confiable al menos. No podría creer lo mucho que le causó aquel problema de la revista, puesto que hasta Ryoga le había molestado por eso y ella, como buena amiga, le dijo que era su problema, por lo tanto debería estar al pendiente de otras cosas. De verdad había sido el peor de sus días, cuando su semana había sido relativamente normal, si solo se diera cuenta...

Al llegar a casa le vio de nuevo. Su rostro se alzó para enfrentar aquellos ojos azules, sin importarle que en ese momento su aspecto fuera igual a la de una pordiosera, y solo las luces de la calle le daban un mejor ángulo del rostro del moreno, sin contar que estaban totalmente dolor y el frío aún se sentía, a pesar de no ser invierno. Saco las llaves de su bolso para abrir la entra principal de la redicendia y al entrar dejo un espacio libre como invitación. Por muy estúpido que fuera el señor Saotome a su parecer, la lluvia parecía no querer parar en ese instante, por eso y solo por ello lo invito.

El pelinegro entro con cuidado, aún sin decir ninguna palabra, le había pedido a su chófer retirarse luego de pasar la primera hora esperando, la lluvia le había atrapado por sorpresa y ahora la camisa de aquel traje se le pegaba como segunda piel definiendole cada músculo,

— No diga nada y sigame...– MurmuróAkane con el seño fruncido, caminando hasta unas escaleras y comenzó a subir sin cuidado, Ranma no hizo más que obedecer.

Al llegar a la puerta de la chica el 33B abrió de igual manera que la puerta principal y después dió espacio como invitación silenciosa al karma de su vida, el cual no se movió de su lugar mientras le miraba sin saber que hacer. Akane colocando los ojos en blanco termino mirandole con una ceja alzada, pensando en lo idiota que era el dueño de la empresa donde trabajaba, por suerte este no era su jefe.

— ¿Va a pasar o seguirá allí cual idiota? – bufó, y aquello hizo que Ranma le mirara ofendido por como se había dirigido a él.

— ¿Disculpa? Yo no soy el que camino descalzo por la calle a mitad de la noche y parece un borracho. – contrarrestó el hombre maduro.

— No hablemos de apariencias, Señor todo mojado, mejor cállese y terminé de entrar, no quiero resfriarme...

Saotome no dijo nada y apretó los labios, tratando de no ser tan orgullo entro al hogar de la joven, claro que está era solo una mínima parte de lo que era la suya, daba gracias a los dioses que la joven le estaba dando la espalda o notaría su cara de desagrado, no porque el lugar estuviera desordenado o hubiera desechos de dudosa procedencia, en realidad todo estaba en orden el verdadero problema era que podía notarse la decadencia de dinero por las pocas cosas que había en el lugar.

— El baño está en el pasillo. – escuchó a la joven quien se ponía unas simples zapatos de andar. – Entre allí, en el segundo cajón a la derecha ay un paño, puede dejar la ropa en el lavamanos, yo me encargaré de secarla.

La peliazul le miró con superioridad, camino hasta la sala adentrándose en el pasillo que le había indicado, Ranma aún sin saber que hacer se quitó los Zapatos y entró e manera lenta a la estancia, al ver el pasillo miró una de la puerta entreabierta y supuso que eso era el baño, al abrirla por completo y comprobar que estaba en lo cierto se miró en el diminuto espejo que estaba sobre el lavamanos, soltó un suspiro mientras soltaba su trenza sintiendo las hebras de su cabello sobre sus hombros, de igual manera comenzó a desabrocharse la camisa hasta quitársela y dejarla sobre el mismo lavamanos, cuando la puerta se abrió por completo dejándolo paralizado.

— A-aquí hay una ropa...espero que le quede...– comento Akane sin mirarle a los ojos.

Akane entró con una ropa perfectamente doblada, cuando le vio sin la prenda de arriba y con el pantalón abierto su mente le jugó sucio, abrió grandemente los ojos ojos y sin decir nada más que aquillo entró dejando la ropa sobre un pequeño estante, con eso salió despavorida del cuarto de baño, el rostro lo sentía caliente y las mejillas rojas cuál tómate. Se apoyó en la puerta de su cuarto con una mano en el pecho y los latidos desenfrenado, maldecir a todas estas esa reacción del cuerpo, y confirmo que lo atractivo del joven Saotome no era solo su rostro también su cuerpo. Pensando que parecía una chica virginal tomó un gran respiro antes de agitar la cabeza para sacarse esa imagen de la mente, lo mejor sería cambiarse y tratar de atender aquel invitado indeseado hasta que la lluvia parara, ya casi se cumplían las dos horas de haber empezado a llover y aún no parecía querer parar.

Ya no había nada que hacer, con ese pensamiento y un suspiro resignado se puso manos a la obra, aún no podía ir a dormir.

...

Luego de unos minutos los sonido de la tetera le despertó de su ensueño, Akane se encontraba en la pequeña cocina ya cambiada y seca, preparando un té verde para su invitado indeseado, tomando las tazas colocó el agua sobre estás antes de introducir el pequeño envoltorio donde estaba el té. Había tomado una costumbrede ahora preparar el te así, con las bolsitas, en vez de la manera tradicional, echando un par de cucharadas de azúcar a cada taza camino hasta la sala colocándo las mismas en la mesa baja den centro una frente a Saotome, el cual estaba con la ropa de uno de sus amigos quien siempre se quedaba allí cuando estaba en esa ciudad y en vez de tener la trenza sobre su hombro había optado por una simple cola baja.

— ¿De quién es esta ropa? – preguntó Ranma, mirando como estaba le quedaba un poco larga.

— De un amigo, a veces viene y se queda aquí...– comentó sin más, como si no fuera importante, Ranma sintió un ácido en el estómago.

— Ya veo, debe venir muy seguido si tiene ropa de él aquí. – respondió apretando los labios tomando un poco del te que de un momento a otro le supo amargo.

— Sí, aunque solo la usa para dormir aquí, por lo general prefiere vestir de otra manera. – Akane alzó los hombros, y volvió a tomar de su te teniendo un rostro inexpresivo.

— ¿Novio?

— ¿Qué? No...– alzó una ceja mirando, la verdad nunca se había imaginado tener una relación con Konatsu, más por sus preferencias. – primero, él tiene otro tipo de gustos, segundo, no es mi tipo y tercero, no es su problema.

De nuevo se sumieron en un profundo silencio, está vez incomodo, sin saber que decir cada uno.

— Es usted un verdadero imbécil – dijo sin más Akane puedo de varios minutos, rompiendo el hielo sin miramientos. – no creo que usted entienda lo grave del asunto en el que estoy metida, por su culpa cabe aclarar, usted debe estar acostumbrado a eso, a aparecer en primera página, pero yo no ¿Ya ha hecho algo? O es muy insensible como para no hacerlo.

Ranma le miró sin entender, como su le hubiera crecido a la fémina una cabeza extra sobre su hombros, la cual miró su celular un instante antes de mostrarle lo que aparecía en pantalla para darse a entender, era la foto donde había recorrido esa mañana aquel rumor de ser pareja del que estaba al frente y dejó el celular a un lado de sus piernas.

— Primero que nada, niña, yo no tengo la culpa de lo que pasó, segundo ya para mañana no verás esa tontería – Ranma tomó el te entre las manos, aunques de soplar un poco y sorber.

— ¿Y cree que eso solucionará algo? ¡Desmienta a la maldita noticia, de la maldita prensa! Esa es la solución...– espeto Akane molesta dejando el vaso de golpe contra la mesa. – ni siguiera me ha pedido perdón.

Susurró lo último desviando la mirada, terminando de soltar un suspiro mientras el ojiazul no le apartaba la mirada, creyó que no se iba a disculpar por lo sucedido, porque al fin y al cabo, no era su culpa como lo había dicho, la de ninguno de los dos, pero él era responsable por meterse en su vida cuál parásito, porque sí, sentía que Ranma Saotome era un parásito el cual necesitaba ser eliminado ¿Y por qué? Se preguntarán algunos, hasta ella misma se preguntaba y la respuesta a esa pregunta era sencilla, ni ella misma sabía que era lo que le estaba pasando, cual era la maldita sensación de tenerlo allí. Afinidad, tal vez.

— ¿Pedirte perdón? ¿Cuando no fue mi culpa? – y allí estaba, Ranma haciendo gala de su orgullo. Akane lo maldijo internamente tomando aire para calmarse y sin responderle con un insulto, o al menos eso creía.

— No sea un retrasado imbécil, sino fuera por usted yo ahora estubiera tranquila ¿Sabes cuántas veces me han llamado? O almenos ¿Sabe lo que me hizo su noviecita está mañana cuando quería hacer mi trabajo – reprochó soltando ácido, volviendo su colérica mirada hacia él. – aunque mi posición social no es igual a la suya yo soy la única que pierde con todo esto, se lo dije la vez en aquel asqueroso club, no estoy para clichés, me asquea.

— Eres una niña inmadura – respondió el hombre con el ceño fruncido. – yo no puedo controlar estás cosa a pesar de mi "posición social", no soy el maldito amo del universo para eso. Así que acepta como toda adulta lo que pasó, además para tu información yo también pierdo, tener dinero no significa que este absuelto de problemas.

— Pero al menos tienes más facilidad de arreglarlos – Akane murmuró, aún sin querer su brazo a torcer. – ahora por aquella estupidez tengo que encontrar un nuevo trabajo tal vez dos.

— Eso no es mi culpa. – Ranma se cruzó de brazos, aún sin dejar de mirarla. –...No es mi culpa que seas una despistada.

— ¡¿Y usted qué demonios sabe?! – golpeó las manos sobre la mesa. – solo es un pervertido que le gusta entrar al baño de chicas. – se alzó sobre la mesa para enfrentarlo.

— ¡Ja! Como si me gustará ver a chicas planas que parecen hombre... – aquello hizo que la paciencia de la fémina se fuera por un caño, sus manos apretaron el borde de la mesa con fuerza y sin esperarlo vio como la alzaba sin complicaciones dejándola caer en su cabeza.Tal vez, solo tal vez...Ranma Saotome se había pasado de raya con lo que había dicho y estaba pagando las consecuencias – eres una salvaje...

Dijo forzado, antes de caer completamente inconsciente, sintiendo como podía ver cerdos negros a su alrededor.

...

Una punzada de dolor se instaló en su cabeza, abrió los ojos con dificultad acostumbradose a la luz del lugar, estaba tirado sobre un futón con un paño en la cabeza, se levantó con cuidado mirando a su alrededor, tratando de recordar donde estaba, cuando los recuerdo de la noche anterior le llenaban sus recuerdos.

— Verdad, la loca me golpeó con la mesa...– dijo tocándose el lugar del golpe, sintiendo como esa zona se había inflamado. Un golpe seco le hizo respingar y al mirar a un lado estaba ella.

Con la camisa blanca puesta, solo con un par de botones sueltos que le dejaban ver el inicio de sus senos, ella le miraba con el ceño fruncido y apenas se percató donde estaba mirando este se arrugó a un más. No podía con el descaro de ese hombre y mucho menos le entendía, más con lo que le había dicho la noche anterior, por suerte el golpe que le dió hizo que durmiera profundamente hasta ahora, de nuevo se hastiaba de su amabilidad.

— Coma, señor Saotome, para que se largue de mi casa, hoy tengo trabajo y me imagino que usted también...– soltó, demostrando que no estaba nada feliz por su presencia.

Ranma acomodándose miró el plato frente a él, parecía sopa instantánea, y mientras la fémina encendió el televisor colocándolo en el canal deportivo decidió estudiarla un poco, sus facciones, como se concentraba en el comunicado banal de equis deporte, mientras se llevaba los fideos a los labios e hiciera como si él no existiera. El hombre volvió la vira a la sopa y tomó los palillos, no estaba acostumbrado a ese tipo de comidas, más que nada porque su dieta prácticamente se lo impedía, sin saber que hacer miró hacia los lados, tratando de buscar una solución.

— Si su exquisito paladar no le permite comer esto mejor tome su ropa y váyase ahora...– dijo Akane sin apartar la vista de la pantalla. – esto no es para todos, es entendible que alguien como usted no lo soporte.

Entonces volvió a suceder, era otra vez esa melodiosa risa, que a pesar de que estaba cargada de burla, era sublime para el oído y a pesar de todo lo que la joven le había dicho o hecho, Ranma recordó el porque se había dejado impegnar de ella, era una mujer hermosa con un carácter fiero, pero amable.

— No, estoy acostumbrado – mintió para no verse débil, para no verse como un completó miedoso y sobretodo para demostrarle a ella que esas cosas no le importaba.

Terminando de tomar los palillos de manera correcta tomó los fideos y se los llevo a los labios, cuando masticó los mismo sus ojos se abrieron, un recuerdo vago llegó a sus memorias y sintiéndose cual catador de la peluca de Ratatouille, comenzó a devorar esa comida como si no hubiera un mañana, volviendo a escuchar su risa, algo sonrojado sintiéndose como un niño le miró, dándose que cuenta que ahora el ángel le miraba a él, sus hermosos labios estirados en una sonrisa y sus ojos teniendo un brillo inexplicable.

— ¿Ves, Akane? Tampoco soy un niño malcriado como dirías tú – comentó carraspeando, dejando el plato a un lado. – Ahora si me disculpas iré al baño.

— No vayas a vomitar...– volvió a burlarse dejando su tazón a un lado y recargando la barbilla en la palma de su mano, mirandole perspicaz. – por cierto en el baño tiene la ropa saca.

— Ajá...– dijo sin más dirigiéndose al baño, dejando a Akane sola aún en esa posición burlona la cual se descompuso cuando el pelinegro se perdió por la puerta.

Su flequillo ocultaba sus ojos, pero se pudo notar como una traicionera lágrima bajaba por su mejilla sin permiso alguno. Akane se limpió con fuerza con ayuda de sus dedos, era insólito, pero aún podía recordar esas palabras "como si me gustará ver a chicas planas que parecen hombre" por lo general aquello no era una ofensa, se sentía bien con su cuerpo, pero escucharlo de él pelinegro la hacía sentirse acomplejada, cosa que ni en sus años de adolescencia le había pasado. Maldijo a Saotome hasta de lo que se iba a morir, mientras se levantaba soltó un suspiro, mirando el plato vacío que dejó el pelinegro. Por suerte, había hecho el ramen instantáneo bien, eso le alegraba. Sus lecciones con Konatsu si estaban dando frutos, tomando el plato se dirigió a la cocina para dejar todo en orden, notaba que este día iba hacer complicado, más porque él estaba allí, con ella dentro de esas cuatro paredes.

Terminarían odiandose, de eso no cabía duda alguna.


Eeen fin...

bueno, pude hacerlo de nuevo...muchas gracias por sus lindos comentarios, los tqm...ya vamos a la mitad de esto, espero que les siga gustando...y una disculpa por cualquier error leído, a veces se me pasan de largo.

Espero sus comentarios con un cafecito.

bye bye.