Definitivamente una cosa es la que uno planea y otra cosa es la que ocurre.
Gracias a todos por su paciencia, mis mejores deseos para todos.
Era como la secuela de una gran catástrofe.
La tierra estaba llena de cráteres donde impactaron hechizos y maldiciones, la grama estaba quemada al punto que en la tierra no crecería gran cosa por unos cuantos años, y eso en el mejor de los casos.
La vieja mansión que se encontrara presidiendo la colina era un recuerdo lejano. La estructura estaba condenada a desaparecer desde que empezara el enfrentamiento. No se necesitaba ser un genio para saberlo. Que la antigua casona hubiese sobrevivido su estado ruinoso no se debía a su excepcional diseño y arquitectura, era cosa de magia. Una vez abandonada por sus residentes, se vino debajo de manera total e irreversible.
Era en medio del caos que siguió al enfrentamiento, todos se encontraron sin tener una idea clara a cuál debía ser el siguiente paso.
Harry se encontró nuevamente adoptando el papel de auror con la misma facilidad como si nunca hubiese abandonado el manto que brindaba la oficialidad. Aunque Ron era quien técnicamente debería estar asumiendo el control de la situación (era quien se encontraba activo, oficialmente) … era solo natural que fuese Harry quien se encontrase a cargo.
Acordonar la zona, proteger la evidencia. Alejar a los familiares del cadáver… todo era a la vez, familiar y ajeno.
Los recuerdos de la guerra se superponían a los de sus años como auror. Pero, aun así, enfrentando todo ese conflicto interno. Debía ser quien pusiera el orden una vez más.
Pese a sus mejores esfuerzos por desvincularse de aquello y actuar profesional, no podía acallar del todo su personalidad, no le quitaba la vista de encima a Lucius y Narcisa, seguramente si alguien del Ministerio se dignaba a aparecer, eran de los que disparaban primero y preguntaban después; a su vez le preocupaba Draco, quien aparentemente se encontraba en shock (que seguramente degeneraría en un aplastante sentimiento de culpabilidad) pero de todo esto, eran los chicos quienes le preocupaban en mayor medida, especialmente Scorpius.
Ningún chico debía ver morir a su madre.
Que Isabela hubiese muerto protegiendo a Scorpius de una maldición era algo que lo perseguiría por siempre.
Ese pobre chico ya enfrento suficientes malos ratos para toda una vida.
¿Por qué matar a Scorpius? ¿Quién ordeno esto?
Esas eran solo dos preguntas de todas las que estaban rondando en su cabeza.
…
Era un día precioso, como sacado de un sueño.
Si hubiesen reunido todas las características votadas para un día de invierno perfecto no iban a superar este. Como si por algún motivo este debía trascender al punto de ser inolvidable.
Toda esa belleza solo hacía que los presentes en los majestuosos terrenos del jardín de los Malfoy sintieran con mayor firmeza el peso opresor de la melancolía.
Sazonado con lo amargo de la negligencia, la ineficiencia… la culpa.
Como un huésped intachable, Draco Malfoy recibía a todos los que se apersonaban a esta, la última ceremonia formal que organizara su familia, en honor de su difunta esposa.
Se sentía como si en la espalda llevase el peso del mundo deseando encontrarse detrás de las paredes de la mansión, lejos de todo y de todos, especialmente del artífice de este último atentado que era sin duda alguna responsable de la muerte de Isabela.
¿Cuántos de los presentes pudieron estar involucrados en algo así?
No era un secreto a voces que mucha gente de lado y lado deseaba quitarlo de en medio, los puristas porque consideraban que era un traidor a la sangre, una vergüenza para sus antepasados, un amante de los muggles y sangre sucia que dejo de lado los valores en los que fue criado, todo por negarse a apoyar una causa perdida en la que su familia perdería lo poco que pudieron conservar luego de la muerte de Voldemort a manos de Harry. Y el resto de la población lo detestaba porque pensaban que sus políticas, todos sus esfuerzos, eran una pantalla y que en el fondo seguía siendo un acérrimo purista que solo buscaba erradicar a los nacidos muggles, los muggles, y todos quienes los apoyasen. Esa noción de falsedad era en gran parte porque… prefería mantener en secreto su trabajo benéfico y sus donativos, porque muchos damnificados o afectados por la guerra rechazarían la ayuda sin dudarlo si conocían de donde provenía.
Pese a lo gris de sus circunstancias y lo aparentemente infructuoso de sus esfuerzos… era suficiente para acallar la propia consciencia, para mantener a los suyos a salvo, y a su vez hacer reparaciones por los errores que cometieron en el pasado.
Parecía que por cada paso que avanzaba, el objetivo se alejaba aún más. Si es que en algún momento estaría a su alcance. Que todo esto finalmente hubiese acabado por hacerle daño a una de las personas más desinteresadas y nobles que haya conocido. Que Isabela estuviese muerta… era, a fin de cuentas, culpa suya.
No pudo enfrentar a sus padres directamente. De no ser por Potter… Harry… seguramente sería una mancha en el tapizado del salón.
Como estaban las cosas, las relaciones entre ambas familias estaban poco más que cegadas. Los padres de ella no querían saber nada de los Malfoy, ni siquiera estaban dispuestos a que su hija descansara en la cripta familiar como demandaban las costumbres de antaño, los acuerdos y la alianza que sellaron ambas familias con el matrimonio se perdió en el dolor, la ira e incredulidad de haber perdido a su primogénita por una situación que ni siquiera comprendían. Para ellos, todo esto pudo haberse evitado si Draco hubiese cedido a su presión porque se mudasen a Italia.
Esa petición que había alternado entre ser una demanda y una negociación a lo largo de su matrimonio, que en los últimos años paso a ser una renuente resignación por parte de la familia de ella. Bien, si no deseaban estar en Italia… se conformaban con una visita al menos dos veces al año. Y ahora no serían capaces de verla nunca más.
Que la familia Malfoy fallase en garantizar la seguridad de su preciosa hija, era algo que no podían refutar. El grueso de su ira recayó en Draco, aunque Lucius y Narcisa recibieron otro tanto.
Scorpius, gracias a Merlín, no tuvo que presenciar semejante espectáculo. Incluso en su furia, los Visconti no eran malas personas.
Fueron lo suficientemente piadosos para perdonar a Scorpius en su vendetta personal contra los Malfoy. Porque Scorpius era tan hijo de Isabela como lo era de Draco, en todas las formas que contaban, menos en la sangre.
Como estaban las cosas, Draco no estaba seguro de cuánto tiempo podría resistir con todo aquello.
…
De cierta manera se sentía como volver a empezar.
Parecía que hubiese transcurrido toda una vida desde que se le asignara la misión de rescatar a los Malfoy de un grupo de puristas radicales... ¿Quién le iba a decir que en el proceso desenterraría la corrupción de todo el sistema?
Muchos trabajadores murmuraban cuando lo veían pasar, quizá pensando que volviera a engrosar las filas de los aurores. Harry no era idiota y aun si lo fuera, el jefe del Departamento de Aurores le confió que el Ministro estaba interesado en que Harry Potter fuese visto frecuentemente por las instalaciones del Ministerio, porque ese último incidente tuvo consecuencias desagradables.
Concretamente, estaba afectando su oportunidad para una reelección al cargo.
Hermione estaba furiosa y se ofreció a encargarse de todo lo que pudiese surgir en el Ministerio… pero Harry se apresuró a tranquilizarla. Era una oportunidad.
Si tanto querían verlo, entonces por Merlín que cuando esto terminara iban a prohibirle la entrada al Ministerio.
En algún lugar del Ministerio, sino es que en todas partes; se encontraban los responsables.
Y los iba a encontrar, ya era tiempo de hacer una cacería radical en toda regla.
…
Sin estar muy seguro de cómo proceder, Albus solo atinaba a quedarse junto a Scorpius por horas. Literalmente, pasaban horas contemplando el jardín de la Madriguera a través de la ventaba en la sala. Sentados en el viejo sofá de retales, arropados con mantas de retazos, enfundados en jersey Weasley, con una taza de chocolate caliente a la mano y una provisión inagotable de bizcochos.
Que sus padres pensaran en dejarlos a todos en la Madriguera después de lo ocurrido era algo que ninguno de ellos vio venir.
Luego de una incomodidad inicial entre ambos lados… (especialmente de su abuela, Molly)
Se alcanzó una paz tentativa.
Para los Weasley aquello era solo una visita de los amigos de Albus y Lily, punto.
Que Emma y Lily pasasen todo su tiempo juntas, que a su vez Albus y Scorpius hicieran lo propio no caía mal… lo único que desmentía ese engaño tan conveniente en el que todos se deslizaron gratuitamente; era James.
El mayor de los Potter no sabía de qué forma actuar ante esa situación. No es que pudiesen culparle. Pero la incomodidad de James se traducía en un aislamiento voluntario.
Esa actitud de James no ayudaba en la tensión que se respiraba en la casa por la presencia de Scorpius y Emma. Gracias a Merlín, nadie comento o hizo nada para que sus amigos se sintiesen incomodos, que estuviesen allí luego de la muerte de la madre de Scorpius no era precisamente un secreto.
La casa estaba siendo custodiada por aurores.
Lo sabía porque su abuela, siendo como era, insistía en que todos los que se encontraban en las premisas estuviesen bien alimentados y abrigados.
Que algunos de estos aurores lanzaran miradas de soslayo a donde se encontraban, tenía a Albus con la guardia arriba en la pura expresión de alerta permanente. No se apartaba de Scorpius ni un minuto.
Se sentía tan culpable. Si no hubiesen salido ese día nada de esto hubiese pasado.
Fue un duro golpe de realidad para todos, lo peor del caso es que quien termino pagando por ello fue Scorpius.
No estaba seguro de que decir, como decirlo, en estas circunstancias, cualquier cosa que se le ocurría quedaba corta para todo lo que debía expresar, todo lo que necesitaba transmitir. Por ello solo acertaba a no dejarlo solo ni un minuto.
Consumido por la preocupación, Albus no podía sacarle palabra a Scorpius desde el día que enterraron a su madre. De no haber sido confirmado por su padre, no hubiese creído que Scorpius hablo con los aurores encargados de investigar el incidente en una sala de interrogatorios del Ministerio.
Acabar en La Madriguera fue la única solución temporal que se le ocurrió a los adultos. Al menos eso es lo que Albus pensaba. Lo que sea que dijeran su tía Hermione y su padre a la familia… Albus no se enteró de los particulares, pero el mensaje debió ser contundente, porque la presencia del menor de los Malfoy en las premisas no despertó hostilidades, incluso con la experiencia previa entre ambas familias.
De ser otras las circunstancias… Albus estaba seguro que Fred estaría haciendo bromas de mal gusto, y algún comentario sarcástico estaría a la orden del día. Que la casa se colapsaría sobre sí misma, seguramente. O que todos los antepasados de los Weasley se levantarían de sus tumbas y vendrían a la Madriguera para castigarlos por semejante ofensa.
Albus no estaba ni remotamente interesado en la razón por la cual su familia del lado materno sentía tal antipatía hacia la familia de Scorpius. Lo cierto es… que Albus estaba a nada de admitir que odiaba a su familia y esa era una posición difícil. Para cualquiera.
…
Escarbar en el Ministerio era una de las actividades más inútiles que podían llevar a cabo en una investigación, Harry estaba consciente de ello. Por eso mismo es que no se encontraba pidiendo acceso a archivos, a oficinas o incluso agendando interrogatorios. Porque no serviría de nada. Ese tipo de operaciones simplemente no se registraban, porque si es que llegaban a salir mal, nadie quería tomar la caída por ellas.
Ron aún se encontraba haciendo el "informe". Lo que deseaba Harry era encontrar a quien había ordenado aquello desde las sombras porque ese individuo era quien poseía la llave a la verdadera misión que Harry se propuso a desempeñar.
Para llevarla a cabo, estaba dispuesto a hacer algo que hasta el momento estuvo rehuyendo.
Entrar al juego de la política que tanto detestaba y sacarle provecho. Por suerte, no estaba solo.
En las horas que siguieron a la muerte de Isabela todo parecía formar parte de una realidad alternativa, lo cierto era que ya no podían seguir aguardando. Si no tomaban acción, ciertamente sus enemigos no iban a aguardar.
_ Ya que la situación ha llegado a esto. Creo que sobra decir que debemos hacer lo que esté a nuestro alcance, sin contenerse. Y eso incluye hacer algo que hasta ahora no querías hacer, Harry. - repuso Hermione, con gesto grave.
Estaban reunidos en el estudio de la mansión Malfoy. Si algo quedó claro es que no corrían peligro por parte de Delphini Riddle.
_ Es un poder político que no podemos desperdiciar.
_ ¿Cómo debería empezar? - inquirió Harry, resignado.
_ Primero debes hacerles pensar que estás haciendo lo que ellos quieren, así, sin que se den cuenta, van a revelar su mano. Y en esa revelación puede que pesquemos algo, Una pista que nos lleve a quien verdaderamente está detrás de todo esto. Y si tiene algún propósito claro, aparte de crear caos.
Harry estaba descubriendo en esto, que hacer política en un medio como este, siendo una persona de principios, requirió un temple que no era nada desdeñable.
Perdió la cuenta de ante cuantas personas se vio obligado a sonreír y adular, personas que en otras circunstancias no se molestaría en voltear a ver. Los políticos, eran gente que estaba muy convencida de su propia importancia, que eran indispensables y que todas sus palabras eran ley.
De momento, ninguna de las personas con las que había hablado ganaba algo con la muerte de Malfoy, aunque ciertamente estaban lejos de ser sus aliados.
Sus esfuerzos le consiguieron un apoyo (aunque ambiguo) al reclamo que pensaba hacer ante el Wizengamot por su asiento, y también ante cualquier propuesta que quisiera pasar para aprobar leyes o vetos. Por si solos no eran suficientes para enfrentar al Ministro si hiciese falta. Pero sí que era suficiente para vetar algunas de sus acciones si es que se percataba de que era lo que Harry pretendía.
El día 0 llego antes que se percatara del pasar de los días. Harry estaba vestido más formal de lo que estaba acostumbrado, en cierta manera le hacía sentir como si se encontrase a punto de asistir a un baile como el del Torneo de los Tres Magos, no era lo suficientemente formal como para recordarle a su boda. La idea no era abrumar con túnicas de la más alta calidad, porque ese no era el estilo de Harry… y algo que era importante conservar cuando se quería destacar entre el montón. Era la consistencia.
Harry era un hombre de acción, reconocido por ser una persona que prefería ensuciarse las manos antes de enviar a alguien más a hacer su trabajo. Por lo que… esa clase de hombre no sería atrapado muerto en la ropa que preferían usar los congresistas y diplomáticos promedio del Wizengamot.
El anillo con la cresta familiar de los Potter se sentía pesado, enorme y antinatural en su poder.
Los murmullos estallaban a su paso cuando las personas se percataban de su presencia en la sala. Harry ya estaba acostumbrado a ser el centro de atención, a que la gente comentase lo que hacía. Hoy era por una buena causa, una de las pocas ocasiones en que se podía decir que se regocijaba en la atención porque esta serviría a sus propósitos.
Aquellos con quienes se reuniera antes del día de esta sesión, le dedicaban un asentimiento cortes o algún gesto discreto para reconocer su presencia, que se encontraba ante sus iguales.
Porque Harry Potter se encontraba en esa sala, no como el elegido o un auror especial. Se encontraba allí como uno de los que tomaban las decisiones.
Quien le iba a decir que tantos años después de la guerra y de haber rechazado un puesto político, se encontraría en esta sala como un miembro en funciones del Wizengamot.
Al otro lado de la sala, Draco ya se encontraba en su asiento, franqueado por Parkinson y Nott.
La función iba a empezar.
