Hola :3

No recordaba que el fanfic cumple un año XD Ya era tiempo de traer otra historia caliente de Minos y Anna XD (claro, algo aparte de lo que sucede en el otro fanfic jaja).

En éste capítulo, la historia es un canon divergente dentro del universo de SS TLC. Aquí, el personaje de Anna no es una monja oscura, sino una amazona de bronce que está al servicio del Santuario. Su constelación es la de Péndulo y me la he inventado, ya que no existe como tal, sino que se basa en la de Horologium (el reloj). Su ataque de cosmos se llama Lucidum Somnium (latín, sueño lúcido) y está basado en la idea del hipnotismo por medio de un péndulo. Los eventos se ubican justo después de que Alone ataca el Santuario para reunirse con Tenma y Sasha, en la noche del mismo día en que fue la pelea de Minos contra Albafica. Simplemente dejo esta información como contexto para la lectura.

Gracias por su tiempo y paciencia :3

*Pampanilla: Tipo de ropa interior usada antiguamente por las mujeres.

Advertencias: Lemon explícito con descripciones detalladas. Si no lo toleran, por favor cierren la pestaña/ventana y vayan a leer otro fanfic.


Sobre sus comentarios:

Natalita07: Tienes toda la razón, nosotras también tenemos derecho de disfrutar nuestra sexualidad y el sexo es un trabajo en equipo, efectivamente ;D Muchas gracias por seguir leyendo mis locuras querida lectora ;3


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P


Capítulo 6: En el Santuario

Guerra Santa, Siglo XVIII.

Santuario de la diosa Athena.

Anna se había mantenido quieta y esperando en la puerta del edificio prisión. Ella estaba asignada en aquella área junto con otros santos de bronce y soldados rasos, para vigilar a los espectros de Hades que fueron llevados ahí después de ser derrotados por el santo de Piscis. Y fue la única que se quedó cuando todos sintieron aquel poderoso cosmos destrozando la barrera de Athena.

La amazona había tenido un mal presentimiento y aunque les dijo a sus compañeros que no fueran, todos corrieron hacia la zona de las doce casas para ver qué sucedía y ayudar si era posible. Lamentablemente, el invasor resultó ser Hades, quien había ido a buscar a la diosa Athena.

Desde su posición segura, Anna fue testigo del conflicto y de los ataques que dañaron algunos edificios y provocaron varios heridos, hasta que los involucrados desaparecieron repentinamente, dejando confusión entre los habitantes del Santuario.

—Esto es malo— dijo la guerrera, mirando al cielo para ver que la cúpula de cosmos ya se había resquebrajado por completo. —Si la barrera ya no está, entonces… — sintió un escalofrío en la espalda.

De inmediato giró sobre sus talones y corrió al interior del edificio, en dirección a la estancia principal, ya que en dicha zona habían dejado los cuerpos de los espectros. Como la diosa estaba sosteniendo la barrera que les impedía revivir, no consideraron necesario meterlos a una celda. Grave error.

¡Rápido, quizás aún tenga tiempo! — pensó la mujer.

Ingresó al recinto donde habían colocado a los ocho espectros sobre planchas de piedra. Soltó un suspiro de alivio al ver que todos seguían inmóviles. Rápidamente tomó el aro con las llaves que correspondían a esa zona y corrió al pasillo para abrir las celdas. Posteriormente volvió y, uno por uno, comenzó a llevarlos hacia los calabozos.

Tan pronto metía a uno en la jaula, cerraba y colocaba un sello de Athena sobre el cerrojo, para impedir que usara su cosmos y rompiese las rejas. El patriarca les había proporcionado aquellos papeles sagrados hace tiempo y sólo debían ser usados para prisioneros particularmente peligrosos.

—Vaya, sí que pesan estos tipos— murmuró, al arrastrar al séptimo hombre a su respectiva prisión.

Cerró y puso el sello, regresando de inmediato por el que faltaba y que ocuparía el calabozo más alejado.

—Bien, sólo falta éste sujeto— se acercó para verlo mejor. —¡Diablos, es uno de los generales de Hades! —

Anna estuvo ocupada en otras actividades y aunque le informaron que habían llevado espectros, ella no los había visto hasta ese momento. Por lo que sus nervios aumentaron al identificar que se trataba del juez Minos de Grifo.

—Concéntrate Anna y llévalo rápido— se dijo con firmeza, tomándolo de la parte superior de las alas para arrastrarlo con algo de dificultad.

Tuvo que avanzar varios metros, ya que la celda se ubicaba hasta el fondo del pasillo. De haberse fijado antes, lo hubiera encerrado primero, pero ya era demasiado tarde y ahora no podía retirar los sellos colocados.

Aunque le costó trabajo, por lo voluminoso del Sapuri, por fin logró meterlo al interior de la mazmorra. Pero, justo en ese instante, sintió que la cosmoenergía del juez empezaba a vibrar y, de la nada, una cortina de hilos violáceos comenzó a danzar en torno a ellos.

—¡Maldición! — Anna corrió a la salida y cerró la reja de golpe. —¡¿Dónde está el sello?, aquí lo tenía! — buscó en su cinturón insistentemente, sin hallarlo.

—¿Buscas esto? — se oyó una voz masculina.

La amazona se quedó petrificada.

Levantó despacio la mirada hacia la celda, dándose cuenta que el tiempo se le terminó y que el juez había retornado a la vida. Minos ahora permanecía sentado en el suelo, observándola con una sonrisa ladina, mientras que los dedos de su mano derecha jugueteaban con un hilo violáceo, el cual envolvía el papel sagrado.

De inmediato Anna supo que estaba en problemas y que lo mejor era conservar la mente muy fría, de lo contrario, podría morir esta misma noche. Retrocedió un par de pasos, apartándose de la reja y sin perder tiempo, encendió su cosmos a la vez que extendía los brazos con las palmas abiertas.

¡Lucidum Somnium! — dijo en voz alta, ejecutando un aplauso después.

Su técnica se manifestó como un etéreo velo de brillos azulados que se expandió por todo el pasillo y al interior de la celda, envolviendo directamente al juez. Minos parpadeó un par de veces y después ladeó la cabeza, haciendo una mueca burlona ante su curiosa pantomima, la cual no percibió como una amenaza real.

—¿Qué se supone que haces, linda? — abrió un poco las alas y con un leve movimiento, generó una ráfaga que disipó aquella delgada nube. —No me digas que eso era un ataque. —

Con toda la calma del mundo, se levantó del piso, al mismo tiempo que su hilo destrozaba el sello de Athena. La guerrera se mantuvo en su lugar, completamente seria y tomando una posición defensiva, sin decir una sola palabra.

—¿Qué harás ahora? — se acercó a la reja y con otro movimiento de sus dedos, las hebras violáceas se enredaron en la parte del cerrojo. — Tu papelito ya no sirve y estos barrotes no significan nada para mí. —

El hierro comenzó a doblarse con pasmosa facilidad, debido a la tremenda presión que ejercía su sobrenatural técnica, deformando la estructura hasta romperla. La reja se abrió y Minos salió con paso tranquilo, sin dejar de contemplar a la amazona con cierta diversión.

Anna retrocedió un poco más sin bajar la guardia.

¡No puede ser, nadie responde a mi llamado! — pensó con inquietud al no obtener respuesta de sus compañeros vía cosmos. —¡Todos están ocupados con lo del ataque!… ¡No podré detener al juez!

—¿No piensas contestar? — el hombre dio otro paso hacia ella. —Vamos linda, dime cómo te llamas… ¿O quieres que te obligue a hablar? — levantó su mano con cosmos fulgurando.

La mujer tragó saliva con dificultad, temiendo por su vida. No podía creer que su técnica estuviese demorando tanto, o quizás se debía a que se trataba de un juez y eso retrasaba el efecto.

—Mi nombre es Anna— respondió al fin, decidiendo que lo distraería un poco. —Amazona de Péndulo. —

Los ojos violáceos del espectro la recorrieron lentamente de la cabeza a los pies. Ella usaba una armadura sencilla en color azul cerúleo sobre ropa de entrenamiento negra. No portaba máscara, así que podía ver la expresión de su rostro, nerviosa y alerta.

—Bonito nombre— su mirada se arrastró de nuevo hasta encontrarse con sus ojos. —Y dime, Anna, ¿Cómo piensas detener mi escape? — dio un paso hacia ella. —¿Cómo evitarás que te rompa los huesos? —

Un nuevo escalofrío recorrió la espalda de la guerrera, pero no lo demostró.

—Confío en mi técnica— dijo simplemente.

Minos levantó una ceja y amplío su blanca sonrisa.

—¿Y qué se supone que hacía tu técnica?, porque yo no sentí ni cosqui… —

Una súbita sensación de mareo lo invadió y la vista se le hizo borrosa por un par de segundos. Se llevó una mano a la cabeza mientras se sostenía del muro brevemente. Anna sonrió por lo bajo, pero sin bajar la guardia.

Si le hizo efecto… pero no sé cuánto durará, ni si podré manipularlo— pensó inquieta.

Su técnica, Lucidum Somnium, consistía en una manipulación de la percepción del enemigo, haciéndole sentirse en un sueño vívido. De esta manera creería que todo lo que hiciese o dijese, era real, pero sin ninguna consecuencia para ella. Y debía aprovecharlo de inmediato.

—Escucha, espectro de Hades, ya es de noche y tienes sueño— le habló con voz suave. —Demasiado sueño, te sientes cansado y sólo deseas dormir… —

El juez sacudió la cabeza y parpadeó rápidamente, comprobando que su visión había vuelto a la normalidad. Pero un repentino bostezo lo sorprendió y una sensación de cansancio le recorrió el cuerpo. Enfocó su atención en la amazona, quien ahora le hablaba con un matiz increíblemente soporífero.

—¿Qué rayos me hiciste, mujer? — gruñó, dando otro paso hacia ella.

Anna volvió a retroceder, mientras hacía que su cosmos se encendiera levemente, para reforzar su técnica y hacer que el sueño lúcido lo mantuviera atrapado un poco más.

—Tienes mucho sueño juez, quieres dormir profundamente— de nuevo su tono fue relajante.

Minos volvió a bostezar y luego la observó con una sonrisa traviesa.

—No lo creo, muñeca— su cosmos empezó a crecer —No se me antoja dormir— hizo un ademán con los dedos de su mano.

Unos cuantos hilos resplandecientes se lanzaron contra la amazona, atrapándola en un instante del torso y las extremidades, inmovilizándola fácilmente.

¡No puede ser, logró disipar la ensoñación! — pensó con temor, mientras sentía que era remolcada hasta quedar frente al espectro.

—¿Qué pretendías? — interrogó Minos, tomándola del mentón con firmeza para que lo mirase. —Eso era latín… "sueño lúcido", si no me equivoco— sonrió divertido. —¿Querías dormirme o hacer que imaginara algo? —

La mujer contuvo la respiración brevemente, mirando con atención esos inquietantes ojos violáceos. Era de esperarse que un general de Hades se sacudiese con facilidad su ataque somnífero, lo que la dejaba en peligro de muerte, ya que tampoco podría darle pelea física. No obstante, pudo notar que los residuos del Lucidum Somnium todavía no se disipaban por completo, pues lo vio bostezar una vez más. Sin perder la compostura, susurró de nuevo con voz aterciopelada.

—Tienes sueño… deseas dormir… ¿Qué te gustaría soñar? —

El juez entrecerró los ojos, notando que sus palabras le provocaban un agradable cosquilleo en la nuca, que poco a poco iba extendiéndose por su cabeza y cuello. No tuvo que pensarlo demasiado, ella intentaba hipnotizarlo de alguna manera por medio de una ensoñación. A pesar de que la amazona estaba en completa desventaja, se le hizo divertido ver que no se amedrentaba.

—¿Soñar?, mmm, déjame pensar— la contempló fijamente, sin dejar de sonreír con malicia. —Contigo, quiero soñar contigo— su rostro se acercó al de ella.

La guerrera tenía bonita voz y, mirándola con más detalle, también su cara era agradable y sus ojos marrones muy expresivos. Por debajo de la amplia tiara de la armadura, se podía distinguir su cabello negro y lacio, trenzado en su espalda y no le fue difícil imaginar que, sin la protección de bronce, su figura era bastante sugerente.

—Dime Anna, ¿Vas a cumplir mi sueño? — su yelmo tocó la frente de la mujer, quedando cara a cara, y tan cerca, que podía percibir su respiración entrecortada. —Supongamos que has conseguido hipnotizarme con tu ataque y que ahora estoy en una quimera, entonces, puedo imaginar lo que yo quiera. —

Anna palideció por un instante, no se esperaba semejante respuesta y mucho menos aquel comportamiento por parte del juez. Tenía que pensar rápida y fríamente si quería sobrevivir, quizás podría sacar ventaja de éste inesperado giro de las cosas.

—Efectivamente, estás en un sueño ahora, ¿Cuál es tu fantasía en éste momento? — preguntó de nuevo con voz suave, tratando de mantener el control.

Minos entornó la mirada y su expresión se volvió incluso más ladina.

—¿Estás segura de esto, amazona? — sus alas negras se abrieron lentamente, rodeándolos a ambos. —No creo que te guste la idea de lo que quiero en éste preciso instante— sus ojos violáceos recorrieron el rostro femenino, quedándose brevemente fijos en su boca.

Al notar esto, ella decidió tomar ventaja.

—Creo saber lo que deseas— le sonrió, disminuyendo la distancia hasta casi rozar los labios del juez. —Quieres besarme… —

El hombre se quedó quieto, estudiando la expresión de la mujer. En verdad había adivinado lo que quería, puesto que sus labios le parecían muy apetitosos. Por un breve segundo, el cerebro se le apagó y simplemente aceptó la "invitación" de la guerrera sin hacerse demasiado del rogar. Si ella tenía algo en mente o si sólo quería distraerlo, no le preocupaba en lo más mínimo.

Anna se aventuró a tocar los labios del juez, totalmente consciente de lo que hacía. Debido a la cercanía con la que la mantenía atrapada, ella pudo apreciar sus rasgos faciales y su porte masculino. Él no era feo para nada, sino todo lo contrario, su fisonomía era muy llamativa, gracias a su largo cabello plateado y sus ojos amatista. La amazona no era tonta, había notado el interés del espectro sobre su figura y sus traviesas palabras únicamente le confirmaron que podía usar esto a su favor.

Era un juego peligroso, pero si ejecutaba bien su estrategia, podría salir bien librada. Así que no se inmutó cuando el juez aceptó su cercanía, respondiendo al beso que ella le ofrecía. Y grande fue su sorpresa al notar que dicha acción comenzó a tornarse agradable. Los labios de él se adosaron con firmeza y algo de ímpetu, pero sin llegar a ser agresivo. Empezó lento al principio y luego fue subiendo la intensidad con la que devoraba su boca. No tardó demasiado en sentir la caricia de su lengua, exigiendo un poco más de exploración, cosa que Anna permitió.

El ósculo subió de nivel y el juez liberó su mentón para sujetarla de la nuca, manteniéndola cerca, al mismo tiempo que sus respiraciones empezaban a intercalarse más rápido. Su otro brazo se deslizó por la cintura femenina rodeándola con cierta posesión, a la vez que los hilos que la aprisionaban se desvanecían en el aire.

Aquella fue la señal que le ratificó a la amazona que esto iba por buen camino. Sin conseguía distraerlo lo suficiente, podría lograr encerrarlo en la celda. No obstante, debía tener cuidado, ya que desconocía el comportamiento del hombre en cuestiones de éste tipo. Tan pronto se sintió libre, fue subiendo las manos por el peto de la armadura con precaución, mientras continuaba besándolo.

Minos no protestó ni dijo nada cuando sintió el calor de sus palmas cerca de sus mejillas. La mujer estaba tomando los bordes de su casco para empujarlo hacia atrás, liberándolo de él. La pieza rodó por su espalda y cayó al suelo con un ruido metálico. En ese preciso instante, ambos se distanciaron para tomar un poco de aire y contemplarse mutuamente, analizando las reacciones del otro.

—Tienes una boca deliciosa, mujer— se expresó divertido el juez, al mismo tiempo que su mano tomaba la tiara de su cabeza y la retiraba, liberando algunos flecos de aquel negro cabello. —Quien diría que una guerrera de Athena podía besar tan bien. —

Anna imitó la misma mueca alegre, siguiéndole el juego.

—Gracias por el cumplido, y yo no esperaba que un espectro supiese besar. —

Sin perder su traviesa sonrisa, el juez abrió las alas y dejó caer la tiara al suelo, para después hacer que la amazona retrocediera hasta topar con el muro cercano.

—Sé hacer muchas más cosas, linda— con ambas manos rodeó sus caderas, atrayéndola hacia él. —Pero no creo que estés dispuesta a jugar conmigo, ¿O sí? — se agachó sobre ella, mirándola fijamente.

La guerrera parpadeó despacio, apenas manteniendo en control sus emociones. El juez era un hombre alto e imponente, con un aire salvaje que intimidaba y atraía por igual. Ambos eran enemigos en esta guerra santa, sin embargo, Minos no parecía tener la intención de tratarla como tal. Es decir, él podría romperle el cuello y huir de la prisión fácilmente, pero su interés en ella era muy obvio ahora, dejándole en claro lo que en realidad deseaba.

—¿Quieres jugar conmigo?, recuerda que soy tu enemiga— dijo Anna, tomando un mechón plateado de su cabello para acariciarlo entre sus dedos.

—Yo no tengo problema alguno con eso, si tú no le dices a nadie, yo tampoco lo haré— se relamió los labios. —Créeme, a nuestros dioses no les importará. —

El cinismo del juez se le hizo divertido a la mujer. Quizás esto podría ser alta traición, pero vamos, ella sólo estaba enfrentándose a un rival muy poderoso y, en la guerra, todo se valía.

—De acuerdo, enséñame lo que sabes hacer— con la otra mano le rodeó el cuello, invitándolo a besarla de nuevo.

Minos jadeó con excitación ante su iniciativa. No esperaba que ella realmente cediera, pero viendo el repentino giro de las cosas, ¿A quién le dan pan que llore? Y como no había presencias cercanas, debido a lo que sucedió en las doce casas con la inesperada visita de Hades, decidió que aprovecharía éste momento para divertirse.

El beso finalizó y el juez se apartó de ella, para luego chasquear los dedos. Su Sapuri se desmontó de su cuerpo, dejándolo con el torso desnudo y la vestimenta inferior. Anna lo contempló con evidente sorpresa, ya que su físico era excepcional, digno de un dios griego.

—Vamos linda, yo también quiero mirar— dijo él, arrastrando la mirada sobre ella.

La guerrera tragó saliva, jamás imaginó que un día se encontraría en una situación así, pero tenía que continuar. Con una leve vibración de su cosmos, hizo que la armadura se desmontara de su cuerpo, quedando únicamente con la ropa de entrenamiento.

—Éste no es un lugar muy adecuado, así que no me quitare todo— comentó, al mismo tiempo que desamarraba los cordeles de su camisola, permitiendo que se abriera y expusiera la turgencia de sus pechos.

La mirada del juez se enturbió de lujuria ante lo que veía.

—De acuerdo, yo puedo facilitarte las cosas— movió los dedos de su mano, invocando un hilo de cosmos. —Sólo quédate quieta y abre un poco las piernas. —

Anna se asustó brevemente, pero decidió confiar en él, así que separó sus extremidades como lo pedía. La hebra violácea viajó en el aire y pasó por debajo de ella, muy cerca de su intimidad para luego desaparecer. No sintió nada, excepto que la tela interna de sus pantalones se aflojaba de repente, incluyendo su pampanilla.

—¿Pero que…? — se expresó asombrada cuando bajó la mirada y vio que el material estaba cortado con una precisión milimétrica, exponiendo sólo lo necesario de su sexo, pero sin que las vestiduras se rompiesen. —Por Athena, sí que sabes hacer trucos con esos hilos. —

Minos se acercó, rodeándole las caderas y levantándola con bastante facilidad. La recargó contra la pared y su torso la aprisionó con firmeza.

—No perdamos el tiempo, Anna— hizo que le rodeara la cintura con las piernas. —Quiero escucharte ronronear— empujó su vientre contra ella.

Un jadeo entrecortado escapó de la boca femenina al sentir la fricción de su miembro creciendo, aún cubierto por la prenda, dejándole en claro que el espectro había reaccionado demasiado rápido ante la excitante situación.

—Vaya, se nota que estás muy ansioso— se acercó a su boca, besándolo de nuevo.

El juez correspondió, al mismo tiempo que sus manos subían hacia sus turgentes pechos. Dado que la mantenía suspendida con su propio cuerpo, tenía vía libre para tocarla a su antojo, cosa que hizo ansiosamente. Ella poseía una piel suave y cálida, deliciosamente tostada por el sol, así que su tacto se esmeró en recorrerla a detalle. La sintió estremecerse cuando la caricia se hizo más intensa.

El beso se rompió al mismo tiempo que Minos presionó con exactitud sus pezones semi oscuros, los cuales empezaron a endurecerse. El gemido de ella fue en aumento cuando su boca se deslizó hacia su cuello para besarlo y lamerlo. Él no tenía prisa, pero su lujuria estaba espoleando con fuerza en su interior así que no prolongaría demasiado el juego previo.

Anna se dejó llevar por las gratas sensaciones que la recorrían. La lengua húmeda del juez le provocaba cosquillas en los lugares exactos y cuando tiró de la camisola hacia atrás para descubrir sus hombros, el mordisqueo que le regaló fue realmente delicioso. Como no quiso quedarse atrás, sus manos se aferraron a sus costados, detallando las líneas de su marcada musculatura, subiendo luego por su espalda, fascinándose con la fuerza de su cuerpo.

Esto es demasiado irreal, estoy dejando que un espectro me folle— pensó desconcertada. —Aunque debo reconocer que no lo hace nada mal…

Si bien, esto iba bastante rápido, la amazona pudo sentir que el deseo sexual se manifestaba con la misma prisa en su cuerpo. No estaba segura del porqué, pero lo aprovecharía también y quizás pudiese engañarlo más adelante, cuando estuviera vulnerable. Con esta idea en la cabeza, incrementó el abrazo de sus piernas, haciendo más palpable la fricción de su sexo contra él y cuyo placentero efecto la hizo jadear libidinosamente.

Minos gruñó complacido ante el movimiento de ella, ya que su virilidad se endurecía cada vez más, comenzando a pulsar dolorosamente. Su deseo había escalado y el instinto le pedía pasar a la siguiente etapa, pero antes, quería escuchar a la mujer suplicando. Por lo tanto, decidió jugar una carta infalible, la cual le daría el resultado que deseaba.

La joven sintió que él dejaba de tocar sus pechos, para tomarla nuevamente de las caderas y elevarla un poco más. Respingó sobresaltada, pero casi de inmediato sus jadeos se reanudaron cuando la lengua masculina se adueñó de sus pezones, libándolos con satisfactorio descaro. Anna sonrió con morbo al dar un vistazo y contemplar como el espectro devoraba su carne con destreza. No mordía más allá de lo necesario, pero sí lamia con tal vehemencia, que las descargas sensoriales comenzaron a ser demasiadas.

El hombre sonrió con vanidad al escucharla clamar entrecortado, a la vez que sentía sus pequeñas manos aferrándose a sus hombros y espalda, tocándolo con insistente detalle. Aquel recorrido cutáneo que ella le retribuía era muy placentero, ya que las cosquillas le erizaban la nuca y la espalda. No obstante, era momento de hacer algo más.

—¡Espera, ¿Qué pretendes?! — Anna se inquietó al sentir que pasaba los brazos por debajo de sus muslos.

—Tú sólo quédate quieta, yo me encargo de lo demás— le dio una mirada lujuriosa, a la vez que se relamía los labios. —Y procura no tirar de mi cabello, o me voy a enojar. —

Antes de que la guerrera pudiera protestar, Minos la alzó nuevamente, para dejarla sobre sus hombros, con las piernas abiertas, lo que hizo que la tela previamente cortada se separara, exponiendo su sexo frente a su rostro. La mantuvo recargada contra la pared, inmovilizando sus muslos con las manos, permitiendo que el aroma femenino inundara sus fosas nasales.

—¡Hueles tan jodidamente bien! — aspiró de nuevo, haciendo que su resoplido se escuchara como el de un animal en celo. —¡Pero necesito que te humedezcas un poco más, preciosa! —

—¡No, espera, esper…! —

No pudo pronunciar más, su voz se deformó en un grito ahogado cuando la lengua del juez se adentró en sus pliegues externos con urgencia. El espectro no le dio tiempo de nada, ya que inmediatamente comenzó a libar su rosada carne, provocándole un doloroso espasmo que la hizo quedarse sin aliento. Apretó los ojos y sus manos se aferraron a los brazos masculinos, presionando con fuerza sus bíceps.

Anna no se esperaba algo así, quedando en completa desventaja ante las nuevas sensaciones que arañaron su médula espinal. La contracción de su interior se hizo más evidente cuando el órgano lingual buscó su centro, palpando a detalle los bordes de su entrada, estimulando las paredes cercanas, logrando una mayor lubricación.

El juez se regodeó al sentir el estremecimiento de la mujer, abandonándose por completo a su estimulación. Era tan sensible, que sólo bastaron unos instantes para hacerla delirar con su caricia oral. Lo que le agradó de sobremanera, ya que él también estaba hambriento y necesitaba desfogarse. Jamás imaginó que, tras su derrota a manos de un santo dorado, fuese a encontrarse en tan particular situación, follando con una guerrera de Athena.

La sintió sacudirse de nuevo, a la vez que notaba la convulsión de su interior. Entonces, apartó la lengua de su cavidad, arrastrándola despacio hasta alcanzar su botón de placer. Ella volvió a gritar, al mismo tiempo que le clavaba las uñas en los hombros, dejándole en claro que pronto culminaría. El orgullo del juez se hinchó, por lo que decidió que ya era momento de pasar a la mejor parte del juego.

La amazona tomó una gran bocanada de aire para intentar llenar sus pulmones. Sentía que su misma respiración la sofocaba, debido a todas las descargas nerviosas que le recorrían el cuerpo. Su temperatura corporal también había aumentado y la urgencia de terminar se hizo evidente cuando el juez se apartó de su sexo, truncando súbitamente el placer que le regalaba su traviesa lengua.

—Necesito más… — susurró ahogadamente.

Con un par de movimientos fluidos, Minos la bajó de sus hombros, pero continuó sujetándola de las caderas y contra la pared. Podía sentirla temblar y escucharla ronronear con lubricidad, a la vez que su mirada suplicante le pedía continuar.

—Tócame— le solicitó con malicia, acercándose a su cuello para deslizar la lengua hacia su oreja. —Hazlo, si es que quieres sentirme— mordisqueó su lóbulo y procedió a estimular un poco más aquella zona.

Anna tragó saliva torpemente, apenas soportando las cosquillas que le provocaba. Le sorprendía bastante como el juez lograba contenerse, además de que parecía divertirse demasiado incitándola a ella hasta el límite. Otro espasmo en su intimidad la hizo jadear incómodamente, estaba al borde de la excitación y ya no quería esperar más. Así que estiró el brazo, llevando la mano hacia su entrepierna para tocar el abultado miembro.

¡Por Athena! — pensó inquieta al notar sus dimensiones bajo la tela. —Si que eres un ejemplar excepcional, juez del infierno— se mordió ligeramente los labios.

El hombre gruñó por lo bajo cuando percibió el toque femenino. Ella lo estaba recorriendo con vehemencia sobre su vestimenta, tal y como se lo había pedido. Levantó el rostro para encontrarse con sus ojos marrones, enturbiados de deseo. Anna le sonrió provocativamente, al mismo tiempo que bajaba la tela, liberándolo por completo.

—¿Te gusta? — inquirió la amazona, rodeando su endurecida carne para masturbarlo aún más.

—Lo haces bien, preciosa… — apretó los dientes, al mismo tiempo que el sudor perlaba su frente. —Pero creo que ya te hice esperar demasiado— sus manos apretaron el trasero femenino.

La mujer mantuvo su sonrisa y dejó de acariciarlo cuando sintió que la mecía para posicionarla sobre su pulsante virilidad. La tela cortada de su vestimenta se mantuvo separada, por lo que no hubo estorbo alguno cuando el grosor inicial de aquel falo tocó su húmeda entrada, rozando y presionando cada vez más. Se abrazó a su torso y sus gemidos se aceleraron en el instante en que comenzó a hundirse en ella.

Todo su cuerpo vibró al sentir la invasión de su cavidad, lenta pero inevitable. Su interior pulsó, dilatándose para recibirlo centímetro a centímetro, lubricando un poco más y perdiéndose por completo en el regodeo carnal. Mino no se detuvo, temblando a la par y dejándose llevar por la increíble sensación de su cálido abrazo. En el último instante, se adentró impetuosamente, arrancándole otro grito ahogado y delirante.

Anna sintió que su espalda chocaba contra la pared de nuevo y el peso del cuerpo masculino la asfixiaba momentáneamente. No la estaba lastimando, pero su fuerza era demasiada y se notaba que apenas podía controlarse. Sin embargo, las sensaciones que se desplegaron en su sexo, fueron sumamente poderosas.

—¡Por favor…! — musitó con fervor.

El juez se había quedado quieto, respirando entrecortado sobre su hombro, asimilando su propio placer. Gruñó guturalmente, dejándose dominar por el instinto cuando retrocedió las caderas y empezó a oscilar contra ella con un impetuoso ritmo. El resultado fue una tremenda descarga que los sacudió a ambos, haciéndolos clamar intensamente.

El sonido acuoso de sus sexos chocando se convirtió en un estimulante auditivo que incrementó la lujuria. Sus pieles friccionaron entre calor y sudor, provocando que las sensaciones cutáneas se sumaran al deleite físico. Él la mantenía contra la pared, embistiéndola sin mesura. Ella se aferraba a su espalda, marcando su blanca piel con sus uñas. La danza sexual se ejecutó con precisión y el placer fue escalando, saturando de impulsos nerviosos sus columnas vertebrales, acercándolos a la cima final.

Anna notó que el orgasmo comenzaba a nacer en su vientre, por lo que sus piernas se apretaron más en la cintura masculina. Esto fue una señal para Minos, invitándolo a seguirla en la cúspide, así que su empuje se hizo más vertiginoso, incitando su propio apogeo. Inesperadamente, ambos cuerpos se sincronizaron y el clímax detonó al unísono.

La amazona clamó en frenesí, sintiendo que su interior se derretía en una celestial contracción. El juez la imitó cuando la presión en torno a su miembro lo hizo explotar, derramando su cálida semilla en gloriosa agonía. El mundo se desvaneció por largos segundos, en los cuales el éxtasis fue lo único que permaneció.

.

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Los estremecimientos corporales aún persistían en ambos.

Debido a esto, Minos se había arrodillado en el suelo, sosteniendo todavía a la mujer contra su cuerpo. Era demasiado agradable estar así, reposando la frente sobre su hombro, sintiendo como ella respiraba contra su pecho cansadamente, mientras los muslos aún le temblaban.

Por su parte, Anna estaba preocupada, ya que no conseguía salir de aquella placentera bruma. El sexo había resultado demasiado intenso y no estaba segura de como lograría encerrar al juez en la celda. Tal vez si ejecutaba su técnica de nuevo, ahora sí podría someterlo por completo, debido al cansancio que muy probablemente sentía. Aunque fuese un espectro, no dejaba de ser humano.

Entonces lo haré… — pensó, al mismo tiempo que se removía para separarse de él.

Minos la liberó sin decir absolutamente nada, mientras soltaba un largo bostezo. Por un breve instante, se mantuvieron en silencio, poniéndose de pie con lentitud a la vez que se acomodaban las vestimentas. Llamaron a sus respectivas armaduras para que los cubriesen y después se observaron detenidamente.

—¿Y qué harás ahora, amazona? — preguntó el juez. —¿Aún quieres detener mi escape? —

Lucidum Somnium— pronunció ella, ejecutando otro aplauso.

—¿Otra vez?, ya te lo dije, tu técnica no me afecta y… — un bostezo más profundo se le escapó y luego otro potente mareo lo hizo trastabillar, nublándole la visión por unos segundos. —¡Maldita sea, ya para con eso, mujer! —

Abrió los ojos, recuperándose rápidamente de la extraña sensación. Pero, cuando observó de nuevo a la guerrera, ésta hizo una traviesa sonrisa, mientras lo observaba desde el otro lado de unos barrotes.

—¿De qué estás hablando, espectro? — interrogó ella, terminando de fijar un sello de Athena sobre el cerrojo.

—¿Pero qué demonios? —

Minos hizo un gesto de confusión, mirando a su alrededor y dándose cuenta de que permanecía dentro de una celda, encerrado como en un principio. Esto lo hizo dudar de su percepción, ya que el adormecimiento que sentía lo obligó a bostezar de nuevo. No podía creerlo, ¿En verdad estuvo alucinando por culpa de la amazona?

—Te dije que estabas soñando— Anna se cruzó de brazos. —Casi logras sacudirte mi sueño lucido, pero conseguí mantenerte en un breve estado de sopor para arrastrarte a otra celda e ir por un nuevo sello. —

El juez se aproximó a la reja, entornando su mirada suspicazmente.

—No te creo, Anna— sujetó un barrote con la mano, pero el bloqueo del papel sagrado lo hizo apartarla debido a una descarga de cosmos. —¡Maldición! — gruñó.

—Juez Minos, no sé qué estabas imaginando, pero espero que haya sido de tu agrado— volvió a sonreír levemente. —Porque te quedarás aquí, hasta que el patriarca decida qué hacer contigo y tus hombres. —

El aludido la observó fijamente, tratando de ver algún titubeo en su cara. Pero ella realmente parecía muy segura de lo que decía y a primera vista, no era posible comprobar si algo había pasado entre ellos o si todo estaba en su imaginación, puesto que la armadura cubría el área donde cortó su ropa de entrenamiento.

—Bien, reconozco que lograste engañarme para encerrarme— ladeó la cabeza y giró un poco el cuello, como si estuviera descontracturando sus músculos. —Pero… los rasguños en mi espalda no son una ilusión— le sonrió malicioso.

Ella desvío la mirada y se apartó de la reja.

—No sé de qué hablas— comenzó a alejarse por el pasillo. —Disfruta tu encierro. —

Aunque se marchó rápido, todavía escuchó la risa complacida de Minos hasta la estancia. Cuando finalmente alcanzó la salida, se recargó contra el muro, respirando agitadamente. En verdad le había costado trabajo sobrellevar al juez y ahora se sentía bastante cansada. No había nadie a la vista, así que probablemente todo mundo seguía ocupado en las doce casas.

Maldición, todavía me tiemblan las piernas— pensó para sí misma, a la vez que notaba algo de humedad filtrándose. —Necesito un cambio de ropa urgente.

Se encaminó al sitio de las cabañas y mientras caminaba con algo de dificultad, tomó una nota mental: No volver a jugar con un juez del inframundo.

Fin del capítulo 6


Continuará...

Me gustó mucho esta historia divergente, casi como para inventarme otra aparte jaja XD Pero bueno, ya lo pensaré después, porque no pienso terminar todavía el fanfic.

Muchas gracias por leer y comentar :3

14/Febrero/2023