Capítulo beteado por Flor y Yani. Infinitas gracias por su ayuda, chicas.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 11

Edward

Ansioso miré mi reloj.

La cena se había prolongado más de lo previsto.

Conocer a los demás padres de los compañeros de mi hija no estaba en nuestros planes, tampoco que la mayoría pensara que Chelsea era mi esposa. Tuve que corregirlos en varias ocasiones para sacarlos de su error.

―Gracias por quedarte a la cena, papá. ―Ari me besó la mejilla―. Es bonito cuando no discuten.

Le sonreí a medias, aún no estaba convencido de lo que había aceptado.

―Mucha suerte en tus clases. ―Dejé un beso en su cabello―. Debo irme, nos vemos el lunes en casa.

―Te quiero, papá ―se despidió antes de salir corriendo hacia su habitación.

―Entonces… ―interrumpió la voz de Chelsea.

Dejé escapar el aliento y me restregué los dedos en la frente.

No solo estaba retrasado para volver a Forks sino que no daba crédito a lo que ella me había propuesto.

―Podría ayudarte a pagar el alquiler ―añadió.

Chelsea había tenido una idea. Y era quedarnos todos juntos en el mismo apartamento mientras mi trabajo y las clases de música de Ari fueran en la misma ciudad.

―No. ―Me negué a escuchar tal disparate―. Chelsea, debo irme y volver con mi familia.

Me sujetó del brazo, sin dejarme avanzar.

―Edward, por favor, escúchame. Sabes bien que la idea no es tan descabellada. No tengo suficiente dinero para rentar un hotel, menos pagar el alquiler de un apartamento que solo usaremos cada fin de semana ―me explicó―, no veo por qué no puedo quedarme aquí, será mientras la niña esté en sus clases de música.

―Te dije que podías quedarte este fin de semana ―le aclaré.

Sabía que no era la mejor decisión dejarla en el apartamento por un fin de semana. Sin embargo, no tuve opción cuando ella me lo pidió delante de Ariel.

Ahora vendría lo difícil que era explicarle a Bella que Chelsea se había quedado en el apartamento en el que yo vivía y lo ocuparía todo el fin de semana. Sabía que no podía ocultárselo por mucho que se molestara.

―Podría ayudar con la limpieza. ―Levantó el mentón señalando el desorden que tenía en los sofás y cocina.

―No es necesario ―gruñí―. Chelsea, no compartiremos este lugar, no podemos.

―Edward, ni siquiera nos veremos, no es como si fuéramos a vivir bajo el mismo techo. Te explicaré… tú vivirás aquí de lunes a viernes y Ari y yo podemos ocuparlo los fines de semana, si quieres puedo ayudarte con la mitad del alquiler, ¿qué dices?

―Prácticamente eso daremos a entender, que vivimos juntos y no tengo intención de que surjan malas interpretaciones, no ahora que estoy casado y amo a mi esposa.

―Si ella es inteligente y segura de sí misma no tiene por qué negarse.

Me llevé ambas manos al pelo y tiré suavemente de las hebras. Chelsea era insoportable y cansina por igual.

―Por supuesto que no soy un imbécil para plantearle tal estupidez. Bella tiene mi respeto y mi amor, nunca le haría pasar un disgusto.

―Esperaré tu respuesta ―dijo sonriente―. Por lo pronto te agradezco dejarme dormir aquí.

No me di cuenta si asentí o no, solo salí del apartamento directo a la camioneta. En cuatro horas estaría con Bella y Matt.

Bella

Estaba incrédula frente a mi mejor amiga.

La vi bajarse de otro coche ajeno al suyo y despedirse de beso de un hombre que no era su esposo y aún así seguía sin asimilar lo que habían visto mis ojos.

―Royce y yo no estamos bien. Desde hace mucho lo nuestro terminó ―dijo al mismo tiempo que sujetaba mis manos y miraba mis ojos―. Escúchame, Bella. Conoce lo que en realidad pasa.

Negué. Quise alejarme y soltarme de su agarre, pero ella no me lo permitió clavando sus uñas en mi piel.

―Lo que realmente pasa es que inventas pretextos para salir del trabajo y me doy cuenta que usas los mismos pretextos en tu casa. ¿A qué estás jugando, Rose?

―No me entenderás. ¿Sabes por qué? Porque estás recién casada, enamorada y llena de ilusiones. ¡Yo también lo viví!, estuve en tu lugar, pero una vez que pasa la magia la realidad golpea fuertemente y descubres que no se puede vivir de promesas sin cumplir.

―¡Estás siendo infiel! No pretendas envolverme en sermones para normalizar la infidelidad, no subestimes mi inteligencia, Rose.

―¡Bien! ¿Qué quieres que te diga? ¿Que lo siento? ¡No! No me arrepiento de nada de lo que estoy viviendo.

Ambas estábamos alteradas y sabía que nada bueno podía salir de nuestra discusión.

―Debiste hablar con tu esposo, terminar su relación antes de empezar otra.

Dejó escapar una risa. Y su cinismo me dolió, ¿quién era Rose? La chica dulce a la que yo consideraba mi amiga y en la que bien podía confiar mis secretos.

―De verdad que eres muy inocente, Bella. Necesitas años y un poco de malicia para entender cómo debes manejarte en la vida. No quiero ser yo quien te abra los ojos y te des cuenta de la realidad.

―Eres una descarada.

―Bella, esto es lo más normal. Si pones atención descubrirás que algunos tipos que acuden al restaurante no precisamente están almorzando con sus esposas.

―Es lo de menos, Rose. No me interesan sus vidas porque no les conozco, sin embargo, contigo es diferente porque creí que eramos amigas. Pudiste haberme contado lo que pasaba y no haberme hecho sentir como estúpida ahora que llegué a dejarle comida a Royce y tus hijos.

―Hablemos, Bella.

―Es tarde. Debo ir por Matt a casa de mi madre.

―Por favor, no le digas nada a Edward ―pidió en voz baja, luego soltó un hondo suspiro―. Deja que nosotros nos hagamos cargo… Emmett hablará con él.

.

Desperté a la medianoche después de que Edward se metiera bajo las sábanas y sus caricias me hicieran suspirar.

―¿Por qué tardaste? ―Acuné su rostro para que me dijera.

Dejó escapar una risa tonta antes de llenar de besos mi rostro y acomodar sus caderas entre mis piernas.

―El evento se extendió más de lo que creí, nena ―exhaló juguetón enterrando su rostro en mi cuello y empezó a besar mi piel―. Te extrañé demasiado. ¿Cómo estás tú? ¿Cómo está Matt?

Reí.

―Ambos te extrañamos mucho. ¿Cómo estuvo esa cena?

Él volvió a asentir con rapidez y su cambio de tema me descolocó.

―¿Crees que Renée pueda cuidar de él? Me gustaría que saliéramos a cenar nosotros solos y el domingo llevar a Matt al cine.

―Matt no conoce el cine.

Edward frunció las cejas.

―¿Por qué? ¿No le gusta?

―No. Lo qué pasa es que nunca lo he llevado, las películas las vemos siempre en casa ―le expliqué sintiéndome un poco avergonzada.

Edward lo entendió porque las puntas de sus dedos recorrieron mis mejillas con mucha delicadeza.

―Es tiempo de que conozca el cine, amor. Matt es un niño de seis años, tiene edad suficiente para comer palomitas y golosinas mientras mira una película en la gigantesca pantalla.

―Gracias… ―susurré, conteniendo mis lágrimas― por tenerlo tan presente en todos tus planes y no solo en los míos.

Besó mis labios fugazmente dejándome sentir un poco su peso, abrí más mis piernas.

―Bella, no puedes ponerte así cada vez que hablo de Matt. Quizá no es mi hijo, pero créeme que lo quiero realmente. Quiero que crezca feliz y sea un gran hombre.

―Te amo tanto, Edward.

―Shh… no llores, nena. ―Cubrió con besos mis lágrimas―. Me dijiste que te había venido el periodo, ¿no?

Asentí.

―Tal vez necesitamos practicar más para ese bebé ―añadió, al empujar sus caderas contra las mías, frotándose en mí―. No te imaginas todo lo que te he extrañado.

―Muéstrame.

Su boca besó hambrienta la mía mientras entraba en mí de una estocada profunda. Gemimos y jadeamos mientras el vaivén de nuestros cuerpos se aceleraba conforme necesitábamos hasta que el clímax nos derrumbó. Nos dejó agotados y durmiendo tranquilamente.

.

En la mañana sentí unos labios traviesos recorrer mi espalda. No abrí los ojos, solo sonreí aguantando la risa, su incipiente barba me daba cosquillas.

―Quiero hacerte el amor.

Jadeé. Quería estar con él, sin embargo, tenía la necesidad de contarle lo de Rose. Me di la vuelta sobre el colchón y quedé bajo su cuerpo.

―¿Has visto a Emmett?

Mi pregunta lo desconcertó porque su rostro se alejó para ver mi cara. Alcanzaba a filtrarse un poco de luz diurna entre las gruesas cortinas y era lo suficiente para poder apreciar sus hermosos ojos verdes.

Mis dedos recorrieron la barba recién naciente en sus mejillas.

―No lo he visto, ¿por qué?

―Bueno, quiero saber si está saliendo con alguien o… ―dudé en seguir hablando y preferí morder mi labio inferior.

Edward rodó por la cama, sentándose junto a mi cuerpo.

―¿Te molestó o pasó algo en mi ausencia?

Puse mi cuerpo de costado y apoyé la cabeza en su pecho desnudo. Sus brazos me rodearon al instante y sentí que besó mi cabeza.

―No. Por supuesto que no ―aclaré ante su equivocada percepción. No pasé desapercibido el tono hostil en que lo preguntó―. Edward, ¿pasó algo con él?

Exhaló de una manera que sus dientes rechinaron entre sí.

―No tengo la mejor relación con Emmett.

―Me doy cuenta ―susurré―. Nunca me has dicho la razón.

―No sé ―respondió, encogiendo sus hombros débilmente―, quizás es el hecho de que no somos tan unidos, él siempre en lo suyo y yo en lo mío. Hemos tenido desagradables discusiones a causa de nuestro trabajo, pero más por su desinterés en cuestiones familiares, ¿sabías que no soportó a mamá más de un día con él y la llevó a un hotel?

En el interior estaba riendo por la osadía de Emmett, no podía juzgarlo. Nadie era capaz de soportar por mucho tiempo a Esme.

―¿Qué pasó con él? ―preguntó.

Contuve la respiración. Llevé el cabello detrás de mis orejas y miré sus ojos en espera de mi respuesta.

―Él y Rose están saliendo ―revelé.

―¿¡Qué!? ¿Estás segura? ―Frunció el entrecejo por un momento y se quedó pensativo―. ¿Los viste?

―Lo hice.

―Ahora entiendo por qué Emmett anda tan misterioso últimamente, por supuesto que pensé que era por una mujer, pero no por una casada y menos que fuera tu amiga.

―Me preocupa Rose ―verbalicé―. Temo que cometa una locura.

―¿Querrás decir otra locura? Ya tener una relación extramarital es considerada una gran locura.

―Sabía que ella y Royce no estaban bien, solo que… no sé, siento que me oculta algo.

―¿Como qué?

Solo negué sin poder expresar lo que en realidad sentía. Tal vez era mi cariño por Rosalie o mi amistad sincera con ella o la maldita sensación de desilusión lo que me mantenía preocupada por su bienestar.

Algo me ocultaba y de ello no tenía duda, pero simplemente sería difícil lograr descubrirlo. Ella estaba acostumbrada a ser siempre la mujer fuerte, a quien nada le importaba, aunque sabía bien que era solo una fachada para ocultar todo lo que realmente guardaba.

―Voy a averiguarlo ―respondí.

―Preferiría que no nos metiéramos, nena. Suficientes problemas tenemos como para ganarnos más. ―Besó mi sien.

―¿A qué problemas te refieres? ―pregunté.

Me abrazó con fuerza a su cuerpo.

―Nosotros tenemos planes para este fin de semana, señora Cullen, y no tengo pensado cambiarlos por nadie.

―Es verdad… ―Salí del calor de sus brazos y bajé de la cama sin importar estar desnuda―. ¿Qué haremos hoy?

―Es una sorpresa, señora. ―Me dio un guiño.

A mí me gustaban las sorpresas y deseaba que fueran buenas.


Hola, les dije que vendrían capítulos un poco tranquilos (eso creo). Me gustaría saber qué piensan sobre este capítulo.

Les agradezco mucho todo el apoyo para la historia. Recuerden que pueden unirse al grupo de Facebook para que puedan ver imágenes alusivas respecto a cada capítulo.

Aquí quienes dejaron comentarios, besos: Pepita GY, terewee, Kaja0507, Jade HSos, jupy, aliceforever85, Diannita Robles, Antonella Masen, PaolaValencia, Noriitha, Kasslpz, Isis Janet, Cassandra Cantu, ALBANIDIA, Adriu, Smedina, Cary, Claryflynn98, Adriana Molina, Lupita Pattinson Cullen, Maribel 1925, Ballavampira, sandy56, saraipineda44, Torrespera172, Edith, piligm, Adriana Ruiz, Patty, Lore562, Andrea, cocoa blizzard, dery 05, Lili Cullen-Swan, Jimena, Elizabeth Marie Cullen, Flor McCarty-Cullen, Cinthyavillalobo, Dulce Carolina, Wenday14, Rosemarie28, Maryluna, mrs puff, Ary Cullen 85, rociolujan y comentarios Guest Si me faltó algún nombre me hacen saber por favor.

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