Antes de la tormenta, hubo un silencio sepulcral y luego, varias cosas sucedieron al mismo tiempo.
McLaggen corrió hacia la puerta, mientras los tipos del DALM intentaban desalojar el estrecho pasillo. Pansy se lanzó a la chimenea.
Dos bolas pegajosas sellaron la puerta y la chimenea, impidiéndoles escapar. Pansy soltó un chillido cuando el polvo flu se escapó de sus manos.
Ginny mantenía a James contra su pecho, más como un escudo, que un bebé que lloraba.
Los demás se replegaron contra la pared, en silencio.
—Ahora —dijo la suave voz de Hermione—, ¿les importaría explicarnos porqué Ron tiene la cara llena de granos, por qué tengo la sensación de que McLaggen merece una nariz rota y qué carajo es eso de las apuestas, por favor?
—Tranquila, Pansy —dijo Draco con calma, mientras guardaba su varita—, ¿por qué de repente quieres huir?
—Creo que es momento de tener una linda conversación con todos nuestros muy queridos amigos —comentó Hermione con una sonrisa—, ¿té?
—Sería encantador, gracias, Hermione —contestó Theo mientras tomaba asiento en una otomana. Draco lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada. Su prometida desapareció en la cocina.
—¿Por qué no todos toman asiento? —sugirió Draco mientras elegía un sillón—. Será una noche larga.
—Llevaré a James a... —intentó Ginny, mirando la chimenea sellada con desesperación—. Él necesita dormir...
—Dáselo a Draco —dijo Hermione, regresando con una bandeja de té.
Ginny parecía presa del pánico mientras Draco lo tomaba en sus brazos y desaparecía con él.
—¿Estás secuestrando a mi hijo? —titubeó Harry mirándolos.
—Lo estoy poniendo en la cama —contestó Draco con una sonrisa—. Una criatura inocente no debería servir de escudo de sus padres.
Ginny y Harry vieron cómo Draco se alejaba de James con horror.
—¿Ginny? —dijo Harry tomando su mano—. Creo que sé lo que sintieron mis padres antes de ser asesinados.
—No seas ridículo —contestó Hermione, haciendo flotar las tazas hacia ellos y bebiendo de la suya—. No te asesinaré, que salgas con todas tus extremidades intactas es otra cosa.
—Todo será más fácil si nos cuentan todo desde el inicio. —Draco tomó asiento al lado de Hermione y los miró.
El grupo de amigos se encogió visiblemente.
—¿Algún voluntario? —preguntó Hermione mientras sonreía.
Pansy se dejó caer con poca elegancia contra un estante.
—Bueno, supongo que Weasley puede esperar —comentó Draco mientras los observaba—. O James y sus planes para el viernes por la noche.
Todos mantuvieron el silencio.
—Es tan bajo que nos secuestres, Malfoy —siseó Pansy—. Tengo una cita en media hora.
—Pues cancélala —siseó Draco en respuesta—. Y no hay nada más bajo que apostar contra tus amigos.
—Supongo que podemos usar ese equipo de tortura que te regalaron mis padres, ¿no? —soltó casualmente Hermione cuando los demás permanecieron en silencio.
—Esa Pinza para Cirugía Dental, tiene una punta muy fina, puedo ponerme creativo sobre dónde meterla... ¿Cómo la llamó tu padre aquel día?
—¡Ah! ¡los fórceps! —contestó Hermione con una sonrisa—. Desafortunadamente no eres dentista y no necesitas mantener la ética al usarlas.
—Una lástima —dijo Draco—. ¿Quién va primero? ¿Blaise?
—Hermione, cariño —intervino Ginny—, no es que no queramos hablar, no podemos. Y antes que nada, lo siento mucho... Fue algo que pasó hace muchos, muchos años.
—¿Hicieron un Juramento Inquebrantable? —preguntó Draco, mirando a Potter a los ojos—. No serían tan estúpidos...
—Por supuesto que no —bufó Pansy—, pero nos puede pasar lo mismo que a Weasley.
Hermione examinó a Ron quien roncaba suavemente.
—¿Es permanente?
—No sé... —dudó Blaise, mirando a Weasley—. ¿Quizás?
—¿Quizás? —repitió Hermione, su cabello había comenzado a vibrar, electrificando su alrededor.
—¡Bien! —exclamó Potter, levantando las manos—. ¡Yo lo haré!
—¡No, Harry! —gritó Ginny—. ¡Puedes quedar marcado de por vida!
—O no —puntualizó Draco—, porque al parecer, ustedes son tan imbéciles que firmaron una clase de contrato que los puede dejar o no, marcados permanentemente, idiotas.
Harry se puso de pie y observó a la pareja.
—Hace muchos años, muchos, en realidad, comenzamos a apostar sobre cuándo se declararían sus sentimientos obviamente mutuos. —Potter se calló, pero nada sucedió, así que continuó—. Fue una apuesta inocente con George después de una de sus muchas escenas de tira y afloja.
—Unos cuantos galeones aquí y allá sobre el primer beso, la primera cita —murmuró Pansy, tocándose disimuladamente la cara.
—Éramos unos cuantos, todos sus amigos —señaló Potter—. Algo inocente para pasar la frustración de... bueno todo.
—¿Quiénes eran unos «cuantos»? —preguntó Draco con la mandíbula apretada. Si esa apuesta incluía a McLaggen, no fueron lo suficientemente cercanos.
—Pansy, Ginny, Blaise y yo —dijo Potter y luego lanzó un chillido ahogado mientras su cara se ponía de color rojo—. ¡Estos no son granos! —gimió mientras caía inconsciente en la alfombra.
—Ay por Merlín —murmuró Hermione, temblando—. Son unos verdaderos idiotas. ¿A quién se le ocurrió apostar y luego entrelazarlos con un maleficio de Bella Durmiente?
—Claramente a quienes llamábamos amigos.
—¡No fuimos idiotas, Malfoy! ¡Theo, sostenme! —chilló Pansy de repente—. ¡Nosotros mantuvimos esto entre nosotros hasta que ese idiota —señaló a McLaggen—, se enteró como el perro chismoso que es! ¡Fue con George y le pidió una de sus listas vinculantes, el cerdo tramposo! —Su cabello se electrificó y comenzó a convertirse en un penacho rojo, uno de los costados rapados tenía cabellos de otro color con la palabra «soplona»—. ¡Se ofreció como voluntario para llevar las cuentas y las apuestas y nunca nos dijo que había encantado el pergamino con algo! —Pansy chilló antes de caer inconsciente en los brazos de Theo, quien la dejó recostada en un sillón.
Ginny se agitó cuando los demás permanecieron en silencio.
—¡Son unos cobardes, todos ustedes caballeros! —Ginevra se puso de pie y miró a Draco con los brazos en jarras—. Cuida a James, Malfoy. —Luego, tomó aire y recitó lo más rápido que pudo—. Al parecer alguien comenzó a correr las apuestas hasta que llegaron a Ron y el cretino despechado de McLaggen comenzó a agregar más y más apartados. ¿Sabías que Blaise conoce un encantamiento Vinculante? ¡Bueno, pregúntenle cómo nos podemos enterar si ustedes hacían algo o no!
Ginny tenía ahora una reluciente calva con una serie de pecas que decían «soplona» en la parte de atrás, luego, cayó como un costal sobre su esposo.
Hermione miró a Blaise y luego al resto de la habitación. Draco se puso de pie, temblando con rabia.
—¿Blaise?
—¡Bien! ¡Bien! —Zabini levantó las manos, acobardado—. ¡Quizá hice un hechizo vinculante para que cuando pasara algo las puestas se cobraran de inmediato, sin intermediarios!
—¡¿Usaste un encantamiento confidencial de herencia para tus estúpidas apuestas!? —exclamó Draco, pasándose las manos por el rostro—. ¡Es ilegal! ¿Cómo Potter pudo estar de acuerdo con eso?
Zabini se removió, incómodo.
—Puede que no haya sido tan estúpido para decirle al Jefe de Aurores qué encantamiento fue y puede que dicho Jefe de Aurores no estuviese muy interesado en saberlo.
De repente, comenzó a toser y unas cuantas plumas salieron de su boca.
—¿De quién fue la idea de estas cosas si decían algo? —siseó Hermione. Draco la observó con cuidado, se veía pálida y sus manos temblaban—. ¿Exactamente cuáles fueron las apuestas? ¿quiénes están involucrados?
—¡McLaggen! —gritó Blaise antes de derrumbarse en la montaña de cuerpos durmientes.
—Estás muy callado, Cormac —dijo Theo, quien tenía su taza casi vacía y parecía muy entretenido, tan confiado el maldito. McLaggen había estado intentando abrir la puerta todo este tiempo y se detuvo cuando Theo le habló—. ¿McLaggen, te importaría terminar la historia?
—Es una tontería, Mione —dijo McLaggen, acercándose a Hermione, ella lo empujó—. Sabes que yo siempre he estado medio enamorado de ti, ¿no? Jamás haría nada para lastimarte o a tu reputación...
Todo se puso rojo mientras la sangre golpeaba furiosamente en sus oídos, palpitando con furia. La magia picó en la punta de sus dedos mientras el aire se escapaba de sus pulmones y lo único que pudo ver, fue a McLaggen.
—¡Tú, bastardo! —gritó Draco con las manos temblando—. ¡El tablero de anuncios, ahí tienes las apuestas!
—¿A qué te refieres, Draco? —preguntó Hermione y Merlín, su cara era una mezcla entre incredulidad y dolor.
—Tienen las apuestas a plena vista. En la mañana... yo... no lo imaginé.
El mundo avanzó lentamente mientras buscaba su varita en un sepulcral silencio.
McLaggen intentó correr hacia la cocina, pero Theo fue más rápido y lo pegó al piso.
—Será mejor que le digas a Hermione y Draco todo, Cormac —le recomendó Theo, mirándolo amenazadoramente.
—¡No fue intencional! —gimoteó McLaggen—. Las personas comenzaron a agregar sus ridículas apuestas, no tuve control, se me ocurrió que sería más divertido si modificaba el juramento inquebrantable para que nadie dijese una palabra, ¡lo hice por ti, Mione! Para que el rumor no corriera sobre... ¡sobre lo que Malfoy te obligaba a hacer!
Hermione se congeló y miró a McLaggen.
—¿Lo que... me obligó a hacer?
—Por favor —el imbécil se había erguido y miró a Hermione desde toda su altura—. Una chica tan linda y correcta como tú no se arrodillaría en el vestidor por un Mortífago.
De pronto, Hermione tenía a McLaggen en el piso con la nariz ensangrentada. Entonces gritó y comenzó a patearlo.
Draco reaccionó y tomó a Hermione, levantándola y alejándola.
—¡Suéltame! —chilló Hermione, lanzando patadas a todos lados.
Su codo conectó con su mandíbula y Draco gimió. Ella se congeló y lo miró con los ojos abiertos. Draco la dejó en el piso mientras se sostenía la mandíbula y Hermione revoloteaba a su alrededor. Tomó su mano y la mantuvo quieta.
—Ese bastardo —siseó él mientras lo miraba en el piso. Draco y Hermione intercambiaron una mirada y luego levantaron la vista.
Crooks brincó de quién sabe dónde y rasguñó con sus afiladas garras a McLaggen.
—Lárgate de mi casa, maldito idiota —siseó Draco, empujando a McLaggen fuera de su departamento—. Y prepárate para perderlo todo.
Luego, lo empujó por la puerta de un puñetazo.
Hermione estaba congelada en su lugar, sosteniendo su muñeca mientras Theo la examinaba cuando Draco entró en la cocina.
—¿Sabías de esto? —siseó Draco, empujando a Theo contra el refrigerador.
—No todo —susurró el hombre con tranquilidad.
—¿Y qué apostaste, maldito desgraciado?
—Nada —contestó Nott—. Sólo lo hice la primera vez, porque eres... Eras mi mejor amigo, Draco.
Hermione seguía sospechosamente en silencio, así que Draco se acercó a ella, se veía pálida y a punto de vomitar.
—Entonces ellos tienen una especie de corredor de apuestas donde ya no sólo apuestan sobre nuestra relación, sino lo que hacemos en ella y cuando alguien gana, cobran el dinero en automático, sin embargo, ya no solo son nuestros verdaderos amigos, sino cualquier imbécil que se anote en una lista. —Sus hombros comenzaron a temblar y Draco la atrajo hacia su pecho—. ¿Sabes sobre cuántas cosas podrían apostar? ¡Es una invasión total a la privacidad! ¡Todo mundo sabría si yo y tú...!
—Iré y arrancaré ese pedazo de anuncio y lo resolveremos, ¿de acuerdo?
Hermione asintió y se alejó, dando tumbos, pero sin mirar a los dos hombres a la cara.
—Iré a ver a James... O a vomitar.
Después de toda una juventud burlándose de Potter, Weasley, de reírse de las personas por su pobreza o no hablar correctamente, de años repitiendo como un loro lo que su padre decía y tratándolo como una verdad absoluta, tuvo un momento de duro crecimiento personal cuando los seres vivos a su alrededor comenzaron a morir.
Quizá el presenciar un poco de tortura aquí y allá, tener que practicar magia oscura y sentir que cada día que pasaba realmente podía morir si cerraba los ojos, hizo cierta mella en Draco, porque terminada la guerra, arrojada la sentencia y pedido las disculpas necesarias, decidió convertirse en un hombre mejor; uno pacífico.
Un hombre que no volvería a lanzar una maldición estando cegado por la furia.
Así que todos estos años de crecimiento personal, lágrimas silenciosas, escupitajos y empujones a lo largo del Ministerio, convirtieron a Draco en una persona más o menos equilibrada. Sí, todavía le encantaba la intriga, navegaría a su favor entre sarcasmo doloroso y arrogancia innata, pero en la acción, después de la última maldición lanzada en la Batalla, no volvió a levantar su varita buscando mutilar o herir de gravedad.
...Hasta ahora.
Las palabras de McLaggen cayeron en su lugar como un rompecabezas.
«¿No es así, Malfoy? Estas pequeñas son unas traviesas que les encantan soportar a un buen mago. Sobre todo, las nuevas.
Y una que ha tomado años en planificarse para salir al mercado. Tan cotizada por todos los hombres. Dime, Malfoy, ¿es tan buena como se ve?
Yo estoy esperando a dar mi vuelta en esa escoba y enseñarle dos o tres lecciones que aquí parece que todavía no ha probado. ¿Cómo le irá en un vuelo por la parte trasera?».
Varias copas explotaron y Theo silbó.
—¿A dónde vas? —preguntó Draco cuando lo vio alejarse hacia la red flu.
—Dijiste que irías a resolverlo y yo te ayudaré, supongo que necesitarás un Rompemaldiciones certificado.
—Supongo —susurró Draco vadeando entre los cuerpos de sus amigos.
El anuncio de escobas se veía bastante inofensivo, sin embargo, su inusual brillo le llamó la atención. El cómo pudo pasarlo por alto la primera vez, no lo entendió.
—Deberías hacer una apuesta para poder verlo —dijo Theo mientras examinaba el marco con su varita—. Así es como funciona esto —resolvió mientras examinaba varias runas.
Draco colocó un galeón en una pequeña ranura y anotó cualquier tontería.
El anuncio se desvaneció lentamente y en su lugar, docenas de garabatos aparecieron. Eran una mezcla de nombres conocidos y varios desconocidos.
En el centro, había seis nombres de seis personas que actualmente dormitaban en el piso de su casa.
Casi sonrió cuando vio la apuesta principal, rayada, corregida y actualizada, en lo que él supuso, fueron varios meses o años de frustración.
Draco se enamora primero y deja a Astoria
Draco se da cuenta que la ama y Hermione también lo ama.
Draco se da cuenta que la ama, pero lo arruina todo y Hermione también lo ama, pero espera a que él dé el primer paso.
Draco se da cuenta que la ama, pero lo arruina todo y Hermione también lo ama, pero espera a que él dé el primer paso se cansa de esperar y se lo propone adecuadamente.
Draco se da cuenta que la ama, pero lo arruina todo y Hermione también lo ama, pero espera a que él dé el primer paso se cansa de esperar y se lo propone adecuadamente en Roma Praga el Campamento el nacimiento de James el museo el consultorio Frankfurt Hogwarts París.
Ganador(a): -
Apuesta total:
300 galeones
1 reloj italiano +100 galeones
3 noches en los viñedos Zabini +500 galeones
2 boletos para las Arpías de Hollyhead +50 galeones
3 obras de arte (a elegir) +500 galeones
1200 galeones
NOTA: La apuesta se cobrará cuando se festeje la boda.
Draco se enamora primero y deja a Astoria
Ganador: Theo
Apuesta total:
50 galeones
NOTA: La apuesta se cobrará cuando se deje a la susodicha
COBRADA
Draco levantó la vista y miró a Theo, quien le sonreía.
—Dijiste que... ¿Cómo?
—Soy un Rompemaldiciones, Malfoy. Quiero creer que sé cuando alguien me arroja un encantamiento vinculante con somnolencia y maldición del soplón incluida con un toque de silenciador.
Draco apretó la mandíbula, pero Theo sólo le apretó el brazo.
—Yo no me mezclé más allá de la primera apuesta, cuando me consideradas tu amigo. Así que tranquilo, todo lo demás está borroso para mí.
—¿Entonces sólo puedes ver las apuestas que haces?
Theo asintió.
—Fue mi regalo cuando vi que todos comenzaban a meterse en esto por culpa del idiota de McLaggen.
Draco siguió leyendo y sus dedos comenzaron a picar con magia.
—Siguen siendo unos bastardos algunos de ellos.
—Fue cosa de McLaggen, escuchó a Pansy y Ginny hablar sobre su apuesta y el escurridizo se metió «inofensivamente» para retorcerlo todo.
—Por Merlín, son unos imbéciles —Los hombros de Draco comenzaron a temblar—. Hermione... También yo estaba pensando que sería la cosa más perversa del mundo, que básicamente sabrían todas las posiciones y lugares donde hemos tenido sexo y... —Comenzó a reírse, Theo sonrió—. Y escucha esto: «Malfoy la obliga a vestirse de Voldemort» .
—Son tan básicos —gimió Theo, riéndose con él.
—¿Qué tienen todos estos hombres con el culo? «Hermione le mete la varita por el... 10 Galeones», «A Malfoy le gusta tirar el jabón» «Malfoy usa un plug de serpiente» (Espero que no hablen del bastón de mi padre, eso sería preocupante).
—Tal vez no han salido del armario.
—Idiotas reprimidos.
—¿Y bien? —Draco miró a Theo, quien sonreía—. ¿Cuál apuesta ya se cobró tu inocente culete?
Ambos se rieron un rato hasta que Draco suspiró.
—Afortunadamente para Hermione, son tan patriarcales y falocéntricos que no pensarían que ella pueda recibir algo de su imaginación. Estoy es muy gay.
Theo resopló.
—Aprendimos nuevas palabras, ¿no?
—Es Hermione.
Ambos chicos asintieron.
—¿Por qué no les damos su propia medicina? —sugirió Theo, examinando el tablero—. Si el tarado de McLaggen pudo lanzarles algo para que nadie fuera un soplón, fácilmente podemos agregar dos o tres maleficios.
—A la mierda —siseó Draco, empujando su varita alrededor del tablero—. Quiero que paguen, pero también hay que despertar a esos seis en mi sala y se arrastren por el perdón. ¿Pero todos los demás?
—Que paguen —susurró Theo con una sonrisa.
Fue una hermosa mañana en el Ministerio, llena de personas con plumas de colores que escupían un secreto vergonzoso cada vez que les hablaban.
Así fue como Lavender gritó «¡Me como los mocos!», cuando George le preguntó la hora.
Y sobre todo, un hermoso cerdo rosado corrió despavorido por todos los pasillos de Deportes Mágicos, extrañamente, sólo respondía al nombre de McLaggen.
Cormac se tomó un año sabático, pero Pansy escuchó por ahí que Linda McCartney se rio de él durante una hora cuando le encontró una cola de cerdo.
—Nunca pensé que un pedazo de muro arrancado mediante explosivos sería la ofrenda más romántica que recibiría de tu parte —dijo Hermione cuando llegó a casa esa noche—. De todos modos, al DALM le hacía falta una remodelación.
—Esos idiotas falocéntricos patriarcales, ¿porqué tienen una obsesión con tu trasero? —preguntó más tarde, adormilada y feliz, en los brazos de Draco, a quien nunca, jamás, ni por equivocación, se le resbaló el jabón en ningún vestidor.
—¿Han vuelto a ser amigos?
—Eso creo…
—Él nunca me gustó, ¿sabes? —susurró Hermione mientras cerraba los ojos—. Fue su idea para sacudirte.
—Idiota.
—Eso le dije.
¡Feliz día de San Valentín! Mil años han pasado y mil veces escribí este episodio, pero seguía siendo más y más oscuro y para nada era el nivel que quería mantener. Sin embargo, finalmente salí del bache.
¿Ustedes habrían apostado? Yo sí.
¡Nos vemos muy pronto!
Besos,
Paola
