No puedo creer que me haya tomado AÑOS volver a retomar esta historia. Y reconozco que lo hice porque no ví mucha aceptación en la premisa, sin embargo, vuelvo más que nada por amor a la trama que se había formulado en mi cabeza y que quiero terminar.
A ti, querido lector que has llegado hasta aquí, espero quieras acompañarme a descubrir cómo termina esta divertida historia.~
Capítulo 2
Applejack salió del despacho, sintiéndose un poco mejor. Aún sopesaba la pérdida de su amiga, sin embargo, las palabras que le dijo la princesa Celestia le ayudaron a poner las cosas en perspectiva.
Una aventura más. El reino, si no es que el mundo, corría peligro. Las dos se dieron cuenta sin saberlo, tras ver el abrumador poder de aquella espada, que esta misión no sería fácil, y Twilight había decidido que era Applejack la que debía encargarse del trabajo si es que una de las dos debía sobrevivir.
El corazón le pesaba, pero ahora con un motivo, pues no iba a permitir que su sacrificio fuera en vano. ¿Y qué mejor forma de honrar su memoria, si no es salvándolos a todos?
—Creo que ahora sí podré demostrarle a Twi que puedo enseñarte a hablar en poco tiempo, ¿a que sí, Spike? —Susurró al pequeño lagarto en su hombro, el cual sacó la lengua en respuesta.
Inflando el pecho con valentía, se encaminó hacia los niveles inferiores del castillo, donde tenía que hacer una visita rápida a otro miembro de su familia.
A más profundo era el descenso, más el calor que la envolvía, haciéndola sudar. No era para menos, pues la gigantesca caldera tenía que estar en un sitio donde no pudiera dañar a nadie en caso de accidentes… salvo a quienes trabajaban adentro, como maestros artífices o aprendices de los mismos.
Como una pequeña niña de cabellos rojizos.
A Applejack nunca le hizo gracia que su pequeña hermanita Applebloom, decidiera formar parte de uno de los equipos de trabajo más peligrosos del reino. Pero, ¿cómo debatías las implicaciones de un oficio con tantos riesgos cuando se jugaba el pellejo cada vez que salía del reino? En ese momento, la paladín no fue lo suficientemente ágil mentalmente como para darle una respuesta, y para cuando la había encontrado, Applebloom le estaba enseñando su carta de aceptación firmada por la propia ministra Luna.
Pero debía reconocer que la pequeña tenía talento tanto para diseñar cosas como para arreglarlas, y era algo que incluso el jefe de los artífices le había reconocido un par de veces para su propio orgullo.
Después de todo, el trabajo ahí era importante. La caldera no solo proporcionaba calor y energía a distintos aparatos y mecanismos dentro del castillo, sino también a la gran mayoría de las viviendas circundantes de la ciudadela.
Así que nunca encontró la fuerza ni las palabras para hacer abandonar a su hermanita de aquel caluroso sitio.
—¿Applejack? —La pequeña figura se reacomodó los lentes protectores para visualizar mejor con sus propios ojos a la mayor. Cuando lo hizo, fue corriendo a su encuentro con los brazos abiertos. —¡Applejack!
La paladín atrapó a la joven en el aire cuando esta dio un salto. Su corazón también saltó de alegría al verla bien tras todo el alboroto.
—¿Cómo va todo aquí, pequeña? ¿Sentiste el temblor?
—Sí, y fue horrible. Tuvimos suerte de cerrar todas las válvulas y redirigir la presión hacia todos los escapes posibles. Por poco y volamos en mil pedazos.
Applejack no supo si reír o llorar doble por esa posibilidad. No hizo ninguna de las dos. Tan solo revolvió los rojizos cabellos de su hermana, mostrándole una mirada llena de orgullo.
—Eso es porque te tienen a ti. —Dijo al fin.
Spike salió de su escondite para saludar.
—¡Spike! ¿Dónde está Twilight? —Razonó.
—Escucha, no tengo mucho tiempo, Applebloom. —Cortó de inmediato cualquier inicio de interrogatorio. Si le dejaba formular más preguntas, delante de ella, no sería ni remotamente capaz de mentir. Era terrible haciéndolo.
El rostro serio de su hermana mayor fue suficiente para olvidarse de los detalles y le prestó atención.
—Voy a salir en una misión super importante de inmediato y quizá esté fuera unos cuantos días.
Applebloom asintió. Ya conocía la rutina, Applejack solía desaparecer semanas incluso hasta asegurarse de que todo estuviera en orden antes de volver a mostrar su rostro por la granja.
—Necesito que me prometas que te vas a portar bien y que no le causarás problemas ni a Big Mac ni a la abuela, ¿me lo prometes?
—Si, Applejack. Prometo no hacer nada. —Respondió la menor, rodando los ojos y alargando innecesariamente las vocales, aburrida de la misma charla.
La rubia no hizo sino sonreír. Su pequeña hermana era su mayor orgullo. Por eso la abrazó con fuerza, queriendo mantener en sus sentidos la sensación de familia a la que tenía que proteger en casa todo el tiempo que estuviera fuera.
—Sé que lo harás bien. —Sin embargo, su voz se quebró, y eso claro que extraño a la menor.
Esta no hizo más que corresponder el abrazo con la misma fuerza, susurrando un débil "te quiero" para el camino.
De alguna forma, adivinó que las cosas no iban bien arriba.
El cambio de temperatura le sentó fatal. De entrar y salir por los cálidos corredores del subterráneo del castillo para volver al fresco exterior, se ganó un escalofrío que le caló hasta los huesos, estornudando varias veces como consecuencia.
Spike estaba igual, solo que sus estornudos eran más peligrosos, pues lenguas de fuego verde eran disparados hacia el exterior. A lo cual la paladín optó por establecer una distancia segura entre ella y el pequeño reptil.
Atravesando el corredor que la conducía hacia el exterior del castillo, varias sombras se unieron en un mismo punto justo delante de ella. Poco a poco, las mismas sombras se empezaron a alzar como si de una manifestación física se tratara y al disiparse, la figura de la ministra Luna se reveló.
Applejack de inmediato hincó su rodilla.
—Majestad.
—De pie, campeona de Canterlot, —pidió complacida Luna y la paladín obedeció. —Tengo entendido que saldrás hacia lo desconocido.
—Así es. La princesa Celestia me dio una idea de lo que tengo que hacer. Le prometo que no le fallaré, alteza, detendré esto antes de que empeore. —Dijo con determinación.
Sin embargo, el semblante de Luna no cambió.
—Ya veo. ¿Y tienes idea de a dónde ir?
Applejack se quedó muda. Sabía lo que tenía que hacer, mas no dónde comenzar. La princesa Celestia no había dado más detalles que una simple leyenda sacado de un viejo libro de cuentos.
Ese silencio hizo sonreír a la ministra.
—No te preocupes. Nadie sabe cómo detener esto, pero creo que conozco a la persona que podría guiarte.
Entonces la sonrisa fue compartida por la paladín.
—Gracias, alteza.
El que Applejack fuera de las pocas en el reino que reconocía su estatus como parte de la realeza le hizo sentir culpa.
—Del bosque Everfree manan varias corrientes de agua. Algunos creen que estos ríos tienen propiedades mágicas y buscan asentarse cerca de ellos. Más específicamente al sureste, en el bayou, ahí vive una chamana de nombre Zecora. Ella puede guiarte en tu camino, campeona de Canterlot.
Zecora. Se iba a asegurar de no olvidarlo.
Zecora del bayou. Chamana. No conocía muchos, así que tampoco sabía qué esperar de ella.
—En verdad, muchas gracias, alteza. Siempre se puede confiar en usted. —Ahora se sentía más aliviada. Incluso, podía decir que con un ánimo que hacía tiempo no la llenaba en el pecho.
Si tan solo Twilight…
—Tenemos que preparar las cosas para el viaje, Spike, —decía al pequeño dragón, a quien le daba de comer algo parecido a una piedra preciosa. —¿Qué te parece ir al Carrousel B.? Hace tiempo que no vemos a Rarity.
La idea pareció agradar al reptil, quien por poco deja caer su bocadillo al no contener su emoción. O al menos eso es lo que le pareció a Applejack.
No entendía cómo es que a parte de Twilight, había desarrollado un inusual apego a su otra amiga maga.
Saliendo del castillo, tomó un sendero que la conduciría hacia la zona comercial de la ciudadela, donde fue bien saludada por medio mundo. Al menos, los que no estaban atentos a hacer las reparaciones a los edificios tras el terremoto.
Pudo ver considerables pedazos de roca y hormigón derrumbados sobre el camino, también a algún que otro lesionado, pero por lo general, no se había detenido el movimiento en la zona más transitada del interior de los muros. En parte, eso la tranquilizaba. Las alertas aún no habían sido dadas y la paz, de cierta forma, seguía imperando.
Lo único que no le gustó de todo el paisaje era el cielo nublado. No se le hizo natural de ninguna forma.
—¡Vuelve aquí! —Chilló una voz, poniendo en alerta los sentidos de la paladín.
Miró a un lado, y después al otro. No la veía, pero estaba cerca.
—¡Oye! ¡Regresa!
La voz era femenina. Parecía desesperada. ¿Un ladrón? Posiblemente.
—¡Vuelve!
Parecía que iba en su dirección. Por lo que desenvainó su espada ropera y se puso en guardia.
Ningún ladrón hacía de las suyas estando ella presente. Pasó un rato y una encapuchada de verde se precipitó hacia ella, siendo derribada en el acto con el filo de su arma apuntando a su cabeza.
—¿A dónde vas con tanta prisa, amigo…? —Applejack abrió grandes los ojos. A quien detuvo se trataba de una fémina de más o menos su edad, quien le miraba con ojos vidriosos y muy asustados.
De ninguna forma ella podía ser la ladrona, ¿no? ¿Qué ladrón se dejaba el cabello rosa? Era demasiado llamativo, pensó la paladín.
Cerca de ellas, un chillido insistente reborboteaba de los labios de un curioso conejo blanco portando un sombrero de copa negro en medio de sus orejas. Parecía que se estaba riendo del par.
—¡Ángel! ¡Vuelve aquí! ¡Devuélvemelo! —La chica dirigió su mirada suplicante hacia el roedor, extendiendo una de sus manos hacia él, pero este hizo caso omiso y se perdió entre la multitud.
Applejack no comprendía qué demonios estaba pasando. Apenas escuchó llegar a un par de guardias quienes tomaron a la chica por los brazos para asegurarla.
—Tranquilos, caballeros. Yo me encargo. —Dijo finalmente la rubia, guardando su espada en su lugar y tomando con gentileza el brazo de la joven, al menos para aparentar delante de los soldados quienes volvieron a su sitio.
Vaya día. Ahora le debía una disculpa a la joven.
—¿Te puedo invitar algo? —Preguntó, mirándole a los ojos, estando muy apenada.
La joven, después de pensarlo mucho, asintió.
Applejack reparó más tarde en el hecho de que, donde había estado parada la chica, crecieron flores.
—Entonces te llamas Fluttershy.
—Así es.
—Y viniste por un mandado para tu tía.
Fluttershy nuevamente asintió, bebiendo una novedosa bebida hecha a base de hielo rallado con jarabe dulce de sabor vainilla. Granizado, dijo que se llamaba la mesera. Lo bebió tan rápido que un fuerte dolor de cabeza la golpeó, y no por ello dejó de beber.
—¿Entonces quién era ese conejo? ¿Y por qué se estaba riendo de nosotras?
—¡Ah…! —Primero se repuso del dolor de cabeza antes de responder. —El conejo se llama Ángel. Es mi mascota, pero es muy traviesa y le gusta gastarme bromas que suelen terminar mal.
Por alguna razón, decidió no cuestionar su declaración.
Spike salió de su escondite, tentado por el aroma dulce en el aire. Al verlo, Fluttershy chilló impresionada.
—¡No puede ser! ¡Un bebé dragón!
El grito casi asusta al pequeño reptil, sin embargo, tras ver bien a la joven todo miedo se disipó. Es más, incluso tuvo el valor de trepar hasta sus hombros ante la mirada incrédula de Applejack.
—Wow… ¿cómo hiciste eso?
Spike se veía realmente a gusto con las caricias que le estaba propinando la de cabellos rosados. Parecía que incluso iba a quedarse dormido en cualquier momento.
—Spike no suele ser tan confiado con la gente extraña.
—No es de extrañar, en realidad. Los dragones tienen un temperamento complicado de por sí, más cuando son bebés y empiezan a crear lazos afectivos con los seres de su entorno. Se dice que sus círculos sociales más íntimos se forman hasta los primeros diez años de vida, —dato que recordó que, quería conocer. —¿Cuántos años tiene?
Applejack se encogió de hombros. Realmente no lo recordaba, y eso que había asistido a todos los cumpleaños que le Twilight religiosamente preparaba año tras año.
—Su dueña podría responder eso.
—Oh, así que nació en cautiverio. ¿Y quién es su madre? —Corrigió suavemente la chica de capucha verde.
Applejack suspiró con pena.
Fluttershy era alguien extremadamente sensible, por lo que ese gesto le bastó para entender la situación. Ahora ella era quien bajaba la mirada con pena.
—Lo siento mucho. —Susurró.
La paladín, en cambio, negó con la cabeza.
—Está bien.
No, no lo estaba. Pero tenía que aparentar. Aunque poca idea tenía de que delante de ella eso no servía. Aún así, Fluttershy respetó su silencio frente al asunto.
Pero como si el clima sintiera la misma pena que la campeona de Canterlot, poco a poco las nubes comenzaron a llorar. Primero fue algo leve, y en poco tiempo las nubes dejaron caer su deprimente llanto por toda la ciudadela.
Applejack vio que estaban cerca del Carrousel B., por lo que tomó a Fluttershy de la mano hacia el interior del edificio que parecía más bien una carpa de circo por cómo estaba construida la fachada.
—¡Oh! ¡Applejack, querida! Menos mal llegaste, aunque parece que te mojaste un poco.
—Hola, Rarity. —Sonrió la rubia, recibiendo un afectivo abrazo de su amiga.
—Gracias por traer a Sweetie Belle sana y salva, cariño. Siento mucho si te causó molestias a ti y a tu… amiga.
Fluttershy enrojeció un poco al verse siendo inspeccionada de pies a cabeza, bajo la muy atenta mirada de Rarity. Y ciertamente, Applejack no podía culparla. Ese era el efecto que su amiga tenía.
—Creo que a ti no te conozco. ¿Cómo te llamas?
—Eh… yo... Fluttershy. —Respondió casi en un susurro, sin embargo, Rarity alcanzó a oírla.
—Encantada de conocerte, Fluttershy. Mi nombre es Rarity, y soy la dueña del Carrousel B., la mejor tienda de suministros que puedas encontrar en Canterlot. —Un ojo le guiñó.
Al escuchar su melodiosa voz, Spike salió a saludar, dejando sorprendida a la tendera.
—¡Oh! ¡Hola, mi lindo Spiky-wiky! —El dragón no tardó en lanzarse a los brazos de la tendera, quien lo atrapó feliz en el aire, para más tarde acomodarlo sobre sus hombros. —Vaya, esto no me lo esperaba. Spike no suele acercarse tan fácilmente a los extraños.
—Eso le dije yo. —Intervino finalmente Applejack, quien se había perdido un rato mirando los estantes que estaban pegados a las paredes de la tienda.
Grandes muebles de madera y repisas ordenaban dentro de sus espacios productos de todo tipo. Latas con comida, frascos de cristal con golosinas o conservadores e incluso medicinas.
No era lo que realmente quería Rarity exponer en su tienda, pero era lo que mejor se vendía. Al menos lo suficiente como para seguir cuidando a su pequeña hermana, costear su educación y para darse pequeños lujos ocasionales. En general, no podía quejarse.
—¿Y Twilight?
Applejack se paró en seco. Respiró hondo y exhaló el aire muy lentamente.
Tomó de prisa algunas cosas y las puso en el mostrador.
Su semblante serio decía muchas cosas, pero nada que pudiera ayudar a la tendera a comprender qué es lo que estaba pasando.
A priori, pensó que sus amigas se habían vuelto a pelear.
—¿Cuánto es? —Su voz se escuchó ronca. Había puesto las manos sobre el mostrador para ayudarse a sostener su peso, pues sentía que en cualquier momento sus piernas iban a dejar de responderle.
Escondió la mirada hacia el suelo, pero poco a poco su cuerpo entero comenzó a temblar.
Rarity se acercó con precaución hacia Applejack, pero tenía miedo de tocarla, como si al hacerlo su amiga se fuera a derrumbar como un castillo de naipes ante la más débil brisa.
—Twi… light… ya no… está…
Las palabras del dragón fueron las que terminaron por iniciar un silencioso llanto en la paladín, que calló de rodillas con la frente apoyada en uno de los lados del mostrador.
Rarity también se mostró afectada por la noticia, sintiendo que su corazón dejó de latir un momento. De hecho, de no ser porque Fluttershy estaba cerca para sostenerla, también habría caído al piso.
—Pero… ¿cómo?
No podía creerlo. No podía ser posible. La estudiante estrella de la princesa Celestia no…
De forma breve pero objetiva, Applejack le contó la historia, a las dos de hecho, y los detalles de su nueva misión. Al final, aceptó el pañuelo que gentilmente la de cabellos rosados le extendió para soplarse la nariz.
Increíble, no recordaba la última vez que había llorado tanto en toda su vida. Vaya heroína se estaba hecha delante de una de sus amigas más antiguas, y una chica que apenas conocía.
Sin embargo, ninguna de las dos la juzgó.
De hecho, Rarity no demoró en darle un abrazo. Después de todo, Twilight también fue su amiga y la pérdida le afectaba tanto igual que a Applejack.
Fluttershy no pudo sino verlas con un poco de envidia, frotándose los dedos entre sí.
—Si es por el bien de la misión, toma todo lo que necesites, querida. Quisiera ayudarte al menos con eso.
—Gracias, Rarity… —Sorbió la rubia ya un tanto más tranquila.
Luego, la tendera se dirigió a la rosada.
—¿Tú que necesitas, cariño? Si vas a ayudar a mi querida Applejack, también puedo hacer algo por ti.
Ante tan generosa oferta, no pudo sino negarse con algo de pánico. No lo creía correcto, además, no tenía mucha relación con la paladín más allá de un malentendido.
—No hay por qué, de verdad. Solo… vine por esto. —Musitó, sacando de entre sus ropajes una hoja de papel con una lista inscrita en ella.
Rarity tomó el recado y lo leyó con calma.
—Tengo la mayoría de las cosas, pero lo último es un preparado que podría hacer de inmediato, aunque me hace falta un ingrediente, —dijo al fin. Poco a poco, fue llenando el mostrador de varios frascos pequeños, correspondiente a la compra de Fluttershy.
Ella bajó la cabeza apenada, pues no pensó que regresaría sin lo más importante de su mandado. Rarity interpretó su expresión así que intentó animarla.
—Es algo que se consigue fácil. Una resina de un árbol muy específico, de hecho. Si me das tiempo hasta mañana, puedo ir al lago donde sé que hay uno y extraerlo.
La opción le pareció buena a la chica. Y Applejack vio en ello una forma de reparar su error con la joven.
—Iré yo. —Anunció sin más. —¿Dónde queda ese árbol?
—Cariño, está a punto de oscurecer, —quiso disuadirla, pero sabía que era en vano. Cuando una idea se le metía a la cabeza a Applejack, ni Celestia podía desviarla de su objetivo.
Es más, hasta se estaba acomodando mejor el cinturón sobre sus pantalones. Rarity no pudo sino frotarse el rostro. Pero quizá era algo que necesitaba hacer para mantener la mente ocupada, por lo que suspiró con pesar.
—Está bien. —Se perdió un momento en la trastienda y al regresar, extendió sobre el mostrador un pequeño mapa de los alrededores.
Tomó un lápiz de carboncillo rojo y encerró en un círculo la zona del lago donde debía estar el árbol.
—No está muy lejos, pero ten cuidado, ¿quieres? A esta hora suelen salir las criaturas de sus madrigueras y escondites, y pueden ser muy peligrosas.
Esas palabras no le gustaron del todo a Fluttershy, por lo que, tras reunir valor, dio un paso al frente.
—Iré con ella, entonces. —Y en su mirada se vio que no estaba dispuesta a cambiar de idea.
