Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Dragon Ball (Z, Super y…. supongo que GT) pertenecen a Akira Toriyama.
(Naruto x Caulifla x Kale x Vados x Margarita x Towa)
Renacimiento: Reescribiendo el pasado.
Capítulo 60: Refuerzos.
Uchiha Obito estaba furioso, por cómo había resultado todo últimamente: Sin Akatsuki, sin la base en Amegakure, la pérdida del Rin'negan de Nagato (por la muerte de este último) y con la destrucción del Gedō Mazo, entonces el plan Ojo de Luna, ya no tenía razón de ser. ―Afortunadamente, todavía cuento con la guarida en Kusagakure y el árbol de genes del Shodaime —pensó un feliz Obito. —Y Madara me enseñó a siempre, tener un plan B. —Y se permitió desaparecer con el Kamui, llegando hasta Okane to makuru no machi (Pueblo del dinero y la juerga), una de las cunas del crimen, más peligrosas y prácticamente inaccesibles (al menos de que fueras Obito) de toda Hi no Kuni. Caminó por sus calles y se pensó seriamente, sobre si quizás debería de atraer a algunos de los bandidos. Pero prefirió no hacerlo. Sacó su libro Bingo y lo leyó.
Fue de un bar a otro, buscando a alguien que él sabía, podría ayudarlo. Cuando un hombre muy alto y fuerte, intento detenerlo en la puerta, el Uchiha Nukennin solo se desmaterializó, atravesándolo a él y a la puerta, acercándose hasta un hombre de cabello gris oscuro peinado hacía atrás, de ojos rasgados y azules, quien llevaba una chaquetilla vino tinto y un pantalón negro, siendo acompañado por dos chicas. —Entonces, ¿Quién eres y qué quieres de mí? —preguntó el sujeto, mirando con una sonrisa arrogante, al sujeto.
—Sé que eres Sugawara Goro —dijo el enmascarado, ganándose que su interlocutor entrecerrara las cejas. —Asesinaste al heredero del Daimyō de Kaminari no Kuni, masacraste y robaste todos los pergaminos del Clan de Kumogakure. Llevas escapando ya mucho tiempo y puedo ofrecerte un lugar cómodo, además de aquel gran combate que tanto llevas buscando y que te haga sentirte vivo —Se giró y buscó con la mirada, con su ojo derecho, hasta ver a otro sujeto, al cual se acercó.
Era alto, tenía el cabello blanco que caía por su espalda, como una cola de caballo, ojos grises. Vestía con una camiseta pegada al torso, siendo que el torso de su camiseta era azul, contabas con unas largas mangas negras. Llevaba un pantalón negro — ¿Qué quieres de mí, Shiraoka Hiro? —Apoyó un pie en la mesa, haciendo que un vaso de Sake, volara hasta sus manos y bebiera de él.
Obito abrió su mano derecha y la miró firmemente, dejando que el portal de su Mangekyō Sharingan apareciera y extrayendo de su dimensión, una bolsa de piel que colocó ante Hiro, quien lo miró con una ceja levantada. — ¿Esto sería un buen incentivo para que vinieras conmigo?
Hiro frunció el ceño y miró dentro de la bolsa, lanzado un suspiro asombrado, miró con ojos muy abiertos a su contratista. — ¿Cómo adquiriste piedras elementales?
—Eres un usuario del Santōryū de Kumogakure. —dijo Obito, causando que Hiro levantara una ceja y por el movimiento de su mano, seguramente ya estaba listo para desenfundar una Katana —Se dice que usas tres espadas y tienes tres elementos: Fūton, Katon y Doton. Cada una de estas piedras, aumentaría el poder de tus espadas. —Hiro le enseñó una peligrosa sonrisa a Obito, poniéndose de pie te consideraré, dentro de mi pequeño proyecto, entonces. Entonces, junto a Hiro y Goro, caminaron hasta una mesa donde estaba sentada una mujer.
—Eres muy valiente al decidir acercarte a mí, enmascarado —dijo la mujer de cabello negro, atado en forma de un bollo sobre su cabeza.
—Llevas muchos años siendo una líder del crimen, Niimura Naomi. Sabes muy bien, que los últimos vestigios del Yondaime Mizukage todavía vivos en Kirigakure, es la captura por tu cabeza —dijo Obito, eso hizo enfadar a Naomi —te buscan, porque eres la única que ha pulido el Doton, hasta alcanzar el Daiyōton (E. Diamante) y gracias a este, destruiste el pueblo de Kaigodū, llevando a Kirigakure y a Mizu no Kuni a sufrir de un enorme declive económico, no importando si siguen en guerra o buscan la paz. Yo te ofrezco cierta... protección, al moverte por todas partes y no quedarte aquí, a esperar que te capturen.
Naomi lanzó una carcajada, mientras le daba un trago a su bebida. Pero al mirar el ojo de Obito, dejó de reírse y una sonrisa definitivamente malvada, apareció en su rostro. —Veamos si vales mi tiempo, enmascarado. Aunque estés tratando de formar un grupo de mercenarios, puedo reconocer que tienes muchos engranajes moviéndose dentro de esa cabecita tuya.
Alguien lanzó una carcajada, todos vieron a un hombre que llevaba una pañoleta en su cabeza, una camiseta gris manchada de alcohol y un pantalón corto negro. —¡¿Qué ofreces por mí: Takanashi Sadaharu?!
—No me interesas —gruñó el enmascarado, mientras se retiraba con sus nuevos compañeros.
— ¿Te atreves a menospreciarme? —gruñó el tal Sadaharu, antes de arrojarle la mesa en la que él y otros bebían. La mesa salió a una velocidad vertiginosa, pero Obito la detuvo, solo con su mano derecha. Demostrando una gran fuerza física. Sadaharu saltó y enseñó una espada Zanbatō, lista para partir a Obito. Se levantaron trozos de madera y algunos trozos diminutos de esas tablas, salieron volando. Entonces los ojos de todos se abrieron, al ver intacto al contratista de los otros tres.
El enmascarado le golpeó en el rostro, con la mano abierta y siendo la mano izquierda, estaba hecha a partir de los Zetsus, empleando el Mokuton presente en esa misma mano, absorbió la energía vital de Sadaharu, antes de darle un gancho a la barbilla, que lo levantó del suelo, moverse hasta quedar de espaldas a él y cuando caía, lo tomó de la cintura, le hizo un suplex que lo dejó inmóvil. —Vengan, salgamos de aquí: se me agotó la paciencia —Goro, Hiro y Naomi sonrieron, mientras seguían a Obito, quien se los llevó de allí gracias al Kamui. —Nuestra próxima parada, es en Tsuchi no Kuni, la ciudad costera de Hisatō. —Si no podía tomar el control del mundo, con el Plan Tsuki no Me, entonces lo haría con el poder de los más diestros y peligrosos Nukennin y.… uno que otro Daimyō corrupto. Conocía al menos, a un par de ellos: Personas que venderían su dinero, por la cantidad y el peso suficiente del diamante. —Lo lamento mucho, Madara. Pero ya no vale la pena, el intentar revivirte. No sin Nagato, habiéndose perdido el Rin'negan para siempre y sin el Jūbi o la luna.
