13 FEB 2023 | NUEVO CAP!

Luego de los acontecimiento del torneo de Eskol y de cómo Atenea había abierto su corazón al niño, este se sentía completamente extasiado cuando había regresado y Sally con Paul se habían percatado que algo especial había sucedido entre ellos. Le costaba trabajo mantener su mente un tanto clara con respecto a las relaciones, pero siempre seguía pensando en ella. Habían pasado 10 años y las cosas, bueno, estaban en un limbo total, aunque la inmortalidad hacía que la comprensión del tiempo fuera completamente distinto y no hubiera una prisa inmediata por que las cosas sucedieran. Prueba de ello era la relación de Percy con Atenea, había mejorado mucho mientras que Percy se mantuvo como semidiós porque Atenea entendió la temporalidad de la existencia de Percy, pero luego de que se convirtió en inmortal no había una prisa por que las cosas avanzaran en un mejoría notoria y lo mismo pasaba con Artemisa, Percy estanco cualquier clase de avance o imposición luego de aquel acto delante de toda la caza y solo de dedico a su hijo, quien al no tener la inmortalidad aún, debía darle la mayor cantidad de buenos recuerdos.

Casi podía escuchar nuevamente la voz de ella de su último encuentro, hace poco más de dos años. No sabía de donde había sacado su valor, pero pensó para sí mismo, que más podía perder.

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Luego de varios meses siendo bombardeado por las imágenes de Katie siendo cruel con el hijo de Ares y coqueteando delante de él había decido que tenía que aclarar con Katie un par de cosas sobre la motivación para llevar esto hasta el límite, porque en su corazón Travis estaba sangrando con esas imágenes, sentía que hasta cierto punto se le estaba pasando la mano con ello.

Ya era de noche en el campamento y todo estaba en aparente silencio, aún no se había activado el toque de queda por lo que aún se podía andar con cierta libertad en el campamento y era la hora habitual en la que los campistas tenían reuniones en las cabañas para estrechar relaciones.

¿Quién anda allí? —escuchó la voz de Quirón quien iba caminando por el campamento en su recorrido de costumbre.

Solo soy yo —Quirón le dio una sonrisa amigable.

Travis ¿Qué te trae por aquí? —Travis suspiró mirando hacia donde estaba la cabaña de Deméter. Quirón podía entender cómo se sentía Travis, esta era una situación surrealista ya que llevaban mucho tiempo en una situación ambigua. El mejor que nadie sabía que solo era cuestión de tiempo para que Katie se rindiera, pero también podía pasar que Travis perdiera el interés. Pero sabía que Katie estaba dilatándolo más de lo necesario.

Solo paseando un poco —Quirón no podía creer la facilidad con la que Travis ahora esquivaba las situaciones, había vuelto esa personalidad antes de la perdida de Connor, había sido necesario lo que hizo Percy con él.

Creo que está en su cabaña ahora mismo —Travis se sorprendió un poco, se había cruzado con Quirón muchas veces y nunca se había metido en ello.

Oh —quería verla tanto que la ansiedad le mataba.

Se que no es fácil, pero solo está descargando toda su frustración —necesitaba escuchar eso, para no rendirse en sufrir con ver a Katie feliz con otra persona.

Si, debe haber mucha frustración —la sonrisa irónica de Travis le dolía al viejo maestro que no quería ver más esto suceder.

Debiste haberla visto cuando fue al Olimpo a gritar el nombre de Percy a todo pulmón —Travis se sorprendió al escuchar lo que Quirón le contaba, no había escuchado eso, ni Percy o algún dios le habían comentado esto en estos años.

No sabía que había llegado hasta eso —sentía más ganas de ir hacia ella.

Emprendió su propia búsqueda para encontrarte —le dio pena saber que le había buscado por todo el país cuando él había estado en otras partes del mundo.

No debieron dejar que lo hiciera —Quirón negó rápidamente, no había forma de frenarla.

No había forma de detenerla —una sonrisa ilusionada creció en Travis. Era determinada.

Bueno ya van 8 años que estamos en este tira y jale —estaba un poco ansiosos de todo el tiempo que había pasado.

Camino un rato más por el campamento, recordando las cosas que le habían tocado viví, fue hacia aquella parte de la playa donde antes había dado largos paseos con Katie. Todas aquellas imaginas estaban tan vivas en su mente, Percy le confirmaría que la memoria era una cosa increíble en la vida inmortal a través de la cual podía mantener tan vívidamente las cosas que les sucedían a lo largo del tiempo, tenía sentido también para las cosas relacionadas con los rencores y el resentimiento, al ser tan intenso el recuerdo provocaba también grandes emociones.

Cuando finalmente se sintió en sintonía con sus emociones se acercó a la cabaña de Deméter, se podía escuchar ruido dentro de la misma, por lo que era casi seguro que dentro estaría Katie. No se equivocó. Cuando abrió la puerta era ella, sus ojos alegres se volvieron en cuestión de segundos en una mirada de pánico, luego fue vergüenza y finalmente un tono adusto. Travis sabía que toda esta escena estaba llegando a su fin, pero el no quería más de esto, estaba siendo demasiado golpeado.

¿Qué quieres? —su voz era dubitativamente sería y fastidiada, eso era bueno, yo podía ver a través de todo esto, pero no quería que sintiera que no me importaba su acto.

Hola, venía a verte en realidad —pude sentir la voz de Mike en el fondo llamándole, pero luego de que ella volteo para ver a quien le llamaba cerró la puerta de la cabaña dejándonos a ambos fuera. El silencio era realmente incomodo, en estos casos prefería que me golpeara nuevamente en lugar de solo mirarme con cara de desagrado.

No deberías estar aquí —esas eran palabras que me molestaban, sentía que se estaba esforzando demasiado para hacerme sentir mal, lo lograba, a pesar de ello sabía que no iba a parar si no hacía algo al respecto. Percy ya me lo había dicho, debes impedir que ese rencor se agrande, cortalo de raíz, es mejor volver a empezar a que no puedas recuperarla. Travis suspiro hondamente, eran las clases de cosas de las que no se sentía bien hablar.

Solo quería saber una cosa —ella lo miro atentamente, por un momento vio entusiasmo en su mirada, solo un momento. —¿Hasta cuando piensas continuar con esto?—esas palabras hicieron que su rostro se volviera aún más adusto, si es que se podía. —¿Cuándo Mike llegue al final de su vida mortal? ¿No ha sido suficiente ya? —Katie estaba a punto de decirle un par de cosas para que se pusiera en su lugar, todo lo que había tenido que sufrir, a tal punto que su madre había tenido que intervenir para que no la avergonzaran.

Mi vida es mi problema, no es tu problema —esas palabras salieron un poco más violentas de lo que pensaba, se arrepintió cuando las dijo, de verdad que sí, pero cuando vio la cara impasible de Travis supo que tal vez el lo esperaba.

Solo quería que supiera que me has castigado lo suficiente como para que tenga el valor de decirte que no volveré más a este campamento —cuando escucho esas palabras, sintió la desilusión que sabía podría venir con todo lo que había planeado una vez que Travis se cansara de esperar por un palabra amable de su parte. No podía negar que había soportado todo esto de la mejor manera, siempre con una sonrisa dolorosa cuando la veía pasar sin detenerse a hablarle o cuando pasaba con Mike riendo y hablando de cualquier cosa por su costado. Solo tenía un remordimiento, esa vez que le había dado un beso en la frente, Mike había ido más allá de lo que se esperaba de su plan, pero en medio de sus sorpresa solo pudo reír nerviosamente, aunque luego le había dicho un par de cosas sobre ello para que no se volviera a repetir. —Asi que vine a decir adiós —el énfasis en la palabra adiós si que era una nueva forma en que Travis estaba diciendo basta a todo lo que había vivido estos últimos años. No había prisa, lo sabía, pero no quería ser el hazmerreír del campamento.

¿Lo suficiente? Ni siquiera tienes idea —susurró ella con despecho, sabiendo que todo lo que le había hecho pasar era poco comparado con la desesperación real que ella había experimentado.

Obviamente no, pero no pienso seguir con esto adelante, te dejaré en paz —su adiós y dejarla en paz sonaba a despedida, como si pensara en morir. Sentía que todo esto se le estaba escapando de las manos de alguna manera. —Será mejor que entres, tienes invitados —avanzó hacia ella y entró en pánico cuando extendía su mano a la altura de su cintura, cerró los ojos ni siquiera molestándose en detenerlo, pero después de unos segundos que no sintió su toque y solo escucho el crack característico de la cerradura se dio cuenta de lo que estaba pasando. La puerta se abrió para revelar a toda la cabaña mirando como Travis les daba un saludo con la mano y una sonrisa forzada para luego desaparecer corriendo hacía el bosque.

Espe…ra—era su voz hablándole al viento, por ya tenía muchos metros de distancia para escucharle.

Corrió tan duro como cuando estaba entrenando con Percy, aquellos kilómetros y kilómetros en los que había dejado su vida para que el dolor físico le ayudara a superar el dolor emocional que en ese momento estaba destruyéndolo. Supo en ese instante que era lo mejor para ella y para él, la única manera de librarla de su enojo completamente justificado, pero la estaba llevando a ser alguien que no era solo para hacerlo sentir todo lo que tuvo que sufrir y no quería eso para ella.

Por otro lado, estaba Katie, quien no podía dar fe de lo que acaba de escuchar y pasar. Mike quiso salir de la cabaña para hablarle, pero no estaba de humor para ello, por lo que solo volvió a cerrar la puerta de la cabaña y se quedo mirando a la nada por unos minutos, mientras pensaba como serían los días sabiendo que no volvería a verle entrar al campamento ni por casualidad. Tal vez no era una buena idea dejarlo irse con la última palabra tan rápido.

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Percy era el más emocionado que Atenea hubiera abrazado con amor a Eskol, era una cosa que no podía explicar, ella se veía tan radiante después de sus encuentro con él y le conto con lujo de detalles todas las cosas de las que habían hablado, de como la conversación se había vuelto tan calculada que termino llegando a un desenlace feliz para ambas partes. Eskol en sus oraciones le había comentado que era familia, pero que aún no habían definido que sería realmente, pero que había prometido escuchar sus ofrendas con atención siempre y cuando no fueran como las que había hecho para Percy que habían producido una jaqueca terrible.

Luego había venido la preocupación de Atenea por la presencia de ese reclutador que se veía demasiado interesado en reclutar a Eskol. Ella no tenía paz para dejar que se acercara demasiado al niño, Travis por otra parte ya se lo había dicho en el momento que había sucedido, pero no había desencadenado en nada raro por lo que simplemente le pidió que se mantuviera alerta si es que merodeaba por los alrededores. Atenea no era del todo feliz con ello y Percy sintió que se había activado un instinto protector demasiado fuerte como para poder contenerlo, por lo que sabía que la diosa de la sabiduría estaría más que atenta de cualquier movimiento.

Luego estaba su vida en la caza un constante aburrimiento y una carga que año a año se había vuelto más pesada de llevar, por lo que siempre trataba de meterle un poco de picante a la situación, esta vez había pensado en entrenar con ellas. Le había dicho a Artemisa que dejaría que se expresaran libremente dentro de las reglas de un entrenamiento normal y finalmente ella había accedido con tal de terminar la charla con Percy. Cuando miraba su dedo con el anillo de plata pulida, con nada más que sus iniciales grabadas en el sentía que se le revolvía el estómago, nada se sentía normal, nada de tener a Percy cerca se sentía agradable y sin duda prefería tenerlo lejos de su caza, pero era necesario vivir una vida matrimonial si quería conservar su estatus de diosa del Olimpo.

Percy la había dicho en más de una oportunidad que lo botara de sus aposentos para que pudiera volver a ser feliz en un arranque de molestia por la forma en que era tratado en la caza. Nunca había un sitio especial para él en la mesa al lado suyo, nunca se hacía una ofrenda hacía el de parte de la caza, pero aún asi, a la hora del almuerzo siempre sonreía. Las cazadoras no se molestaban en limpiar la parte del campamento en las que Percy pasaba su tiempo entrenando o perfeccionando sus armas. Percy había decidido no tomar una actitud arrogante con la caza, después de lo que había pasado con Phoebe pensó que era suficiente, pero en los últimos meses si que le había empezado a fastidiar esas actitudes, por lo que pensaba usar el entrenamiento para darle una pequeña lección.

—Bueno, veamos que pueden hacer —dijo Percy mientas blandía una espada de kendo de un lado para otro, no le gustaba lastimar innecesariamente, por lo que siempre que entrenaba con estas espada poniendo pintura en el filo y la punta para saber que puntos había tocado. Había llegado el momento en que el entrenamiento terminaba con ambos sin manchas de pintura, pero si empapados de sudor.

—Seguramente podemos hacer más de lo que piensas —respondió Phoebe avanzando con sus cuchillos de caza bien empuñados y bajo la atenta mirad de Artemisa.

—Chicas, si alguna logra herir a Percy le daré un arco de mi colección privada —Percy no pudo sino mirar con una sonrisa malvada a Artemisa porque sabía que lo deseaba con todo su corazón y la haría pagar por ello.

—Oh vamos —se quejo mientras sacaba de su bolsillo esa recompensa que le había dado Hécate por el trabajo que había hecho Eskol al rescatar a su hija Liz que ahora se encontraba en el campamento a salvo y ya había pasado por un proceso de desintoxicación de las porquerías que le habían inyectado. Inicialmente iba a dárselo a Eskol, pero aún no tenía edad ni el entrenamiento para darle un buen uso.

—Creo que es un estimulo más que suficiente —Percy asintió con una mirada desafiante, esto sería una gran lección. La caza estaba extasiada con la oportunidad de dañar al dios que osaba tener el titulo de esposo de Artemisa.

—Tengo un estímulo mucho mejor —todas lo miraron con algo de curiosidad, sobre todo Thalia que tenía el corazón dividido en todo esto. —Si logran hacerme sangrar entonces seré vuestro sirviente por una semana, pero si no lo logran entonces todas ustedes, incluyendo su señora serás mis sirvientas —todas quedaron en silencio, en sus mentes estaban sacando las cuentas, sería la forma definitiva de humillar al dios que había forzado a que Artemisa humillase a Phoebe.

—Perseo —susurró con peligro la diosa de la caza.

—Parece que mis sospechas eran verdad, no crees en lo más mínimo que puedas hacerlo —eso le hizo hervir la sangre, cerrando los ojos para no explotar y atacar directamente sin esperar nada.

—¡Mi señora! —gritaron todas tratando de que Artemisa respondiera al desafío.

—Me uniré a esa apuesta —chasqueó sus dedos convocando su armadura y sus cuchillos de caza hechos de plata olímpica y que brillaban bajo la luz de la luna.

—Será algo lindo de ver —dijo con sarcasmo mientras memorizaba las palabras del encantamiento de Hécate. —Denme unos minutos para prepararme —luego de ello chasqueó los dedos para que desapareciera la ropa que traía puesta en el torso dejándolo completamente expuesto y revelando una figura impresionantemente desarrollada, cada musculo en su lugar firmemente tonificado. Todas dieron un paso atrás, incluyendo Artemisa, quien sabía que todas se resistirían un poco en pelear de esta manera. Una fina capa de agua recorría el cuerpo de Percy haciendo que la luz de la luna lo hiciera brillar. Recitó entonces el encantamiento y todas estaban estupefactas de lo que estaban observando, la mayoría de ellas, sonrojadas. Pero Artemisa, estaba impasible.

—¡Que demonios! —gritaron todas al unísono y Thalia se acercó un poco pero luego sacudió la cabeza y se mantuvo en su sitio. El encantamiento de Hécate te hacía ver a esa persona amada que se encontraba en el fondo de su corazón. Para ese momento Percy estaba a punto de reírse de la forma en que todas estaban sonrojadas y avergonzadas, seguramente si el estaba sin ropa en la parte superior ellas estaban viendo lo mismo, pero con otros rostros.

—Tengo curiosidad de saber a quién estás viendo, Thals —Thalia negaba con la cabeza tratando de aclararse, pero era en vano, no era un encantamiento a la mente, realmente estaba viendo a través de una ilusión.

—¡Esto es un engaño! —gritó Phoebe que estaba hirviendo en rabia.

—Esta ilusión solo les mostrará a esa "persona especial" —dijo Percy formando un corazón con ambas manos.

—¡Cómo es posible que te atrevas a esto para poder ganar! —le recriminó Artemisa mientras empuñaba sus cuchillos con fuerza.

—Bueno ¿Quién vendrá primero? —desafió Percy empuñando su espada de Kendo llena de pintura para marcar a las cazadoras. No pudo evitar querer burlarse de ella un poco más y eligió a Thalia para ello, saco un pañuelo de su bolsillo y se lo entregó. —Thals, Thals, toma, estas… ¿babeando? —ella le dio un pequeño golpe en la mano rechazando el pañuelo. Seguramente sabía que es lo que ella estaba viendo.

—Eres un desgraciado —susurró para ganarse una brillante sonrisa sincera de alguien a quien apreciaba.

—Piensa esto como un regalo anticipado —luego de ello sus sentidos se pusieron en guardia al ver que Phoebe era la primera que avanzaba.

—¡Pagarás por esto! —grito mientras blandía sus cuchillos con toda la intensión de mutilar al dios de los héroes asi le costara el exilio o la muerte. Percy sonreía a la luna anticipando una noche de placer en niveles insospechados.

—¿Les gusta las fiestas de disfraces? —y blandió su espada con el propósito de terminar con nada más que sudor sobre él.

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Nada fuera de lo normal había sucedido en su itinerario de salvar y ayudar semidioses. Era un trabajo gratificante, ayudar a los chicos de la forma en que muchos de ellos nunca fueron ayudados simplemente hacía que valiera cada maldito minuto. Nunca podría hablar sobre lo que hacía una vez que dejaba a los semidioses en su refugio a salvo antes del llevarlos al campamento repuestos de la condición en la que los encontraba. Siempre prefería que en su refugio estuviera el o la diosa que eran padres de los semidioses que rescataba para que pudiera tener una palabra con ellos y explicarle que era el lugar al que iba a llevarlos. Pero mientras los semidioses pasaban tiempo de calidad con sus padre el entraba en el personaje de vigilante que impartía justicia, para eso era el pasamontañas o balaclava que le permitía ir de incognito a terminar el trabajo.

Era su parte de Black Ops de la que no tenía que rendir cuenta ni informar, solo hacerlo.

Percy lo sabía, los dioses padres de los niños lo sabían, nadie se oponía.

Era necesario y justo. De eso no tenía dudas.

Esos niños merecían que sus maltratadores recibieran castigo.

Ese era su trabajo. Rescate y castigo.

Por lo general no llegaba al extremo de tomar la vida del abusador, afortunadamente no había llegado tarde como para encontrar a los niños muertos, por lo que aplicaba el castigo de acuerdo a la condición en la que los encontraba. Sus métodos si que eran variados, ya tenía todo un recorrido, cual guía turístico para sus objetivos en los que se aseguraba que vivieran la peor de las experiencias para que no volvieran a pensar a en tratar a niños inocentes de esa manera. Luego de una de sus "visitas" necesitaba pasar tiempo en casa de Sally, con Eskol y Paul para poder purificar su alma de la violencia que aplicaba en cada misión, por lo que mantenía un tren de vida predeciblemente agradable y se mantenía cerca de Eskol para que siempre estuvieran a salvo. Eskol siempre le pedía que le contara como había ido la misión y el se encargaba de contarle con lujo de detalles el rescate, nunca hablaba del castigo, porque no era algo que Percy quería que supiera aún. Cuando fuera lo suficientemente maduro como para procesarlo sabría que no hay crimen sin castigo.

Pero siempre terminaba el tiempo en casa de Sally con esa sensación de que no podía quedarse más tiempo sin pedir una nueva misión, porque su ausencia podía significar que un semidios estaba sufriendo sin que nadie pueda ayudarle. Por lo que iba de camino al Olimpo para poder reunirse con Atenea. Ahora podía transportarse, pero que mejor manera de distraerse que transportándose de manera regular, tomando un taxi o caminando, eran cosas cotidianas que le daban una sensación de paz. Luego estaba Katie. Ella era esa variable que explotaba su realidad mental de paz y tranquilidad. No había vuelto a verla después de su ultimo encuentro y cada vez que había llevado a un semidios al campamento había optado por dejarlo en la entrada como cuando huía de ella, pero esta vez simplemente para no seguir en el mismo circulo vicioso.

Olimpo era todo aquello que se anhelaba en una vida normal y caminar por sus calles y ver toda la arquitectura que Atenea había llevado a cabo en honor de Annabeth era increíble. Grandes construcciones que mostraban la gloria del periodo greco-romano y que a uno que había leído sobre estas cosas lo dejaban sin aliento. No supo realmente si alguien había pronunciado su nombre o no, pero sintió una mano sobre su hombro, por lo que se giró rápidamente para encontrarse con la figura de Deméter siendo bañada por la luz dorada que hacía todo un poco más impresionante. Hizo una reverencia inmediatamente y cuando levanto la cabeza nuevamente se percató que la diosa no estaba sola, detrás de ella escondida por la figura de su madre estaba Katie con una sonrisa un tanto nerviosa. Percy ya se lo había dicho "debes mantener todo muy profesional para evitar hacer el ridículo."

—Mi señora —dijo amablemente dándole también una ligera reverencia a Katie, la diosa le sonrió sabiendo que estaba sobreactuando su respeto. No podía sino renegar de la situación que se había armado entre su hija y el hijo de Hermes.

—Me da gusto verte nuevamente Travis —Katie se mantenía en su sitio en silencio, no se atrevía a abrir la boca por temor a pasar vergüenza, pero casi que había obligado a su madre a salir a dar una vuelta por el Olimpo. Había visto a Travis llegar desde la torre del palacio de su madre y no podía dejar pasar el momento. Habían pasado 2 años. —Gracias por llevar a mi hijo al campamento a salvo —Travis asintió recordando como había sido el rescate. Eskol había ido como espectador esta vez, luego de la misión de Liz no quería volver a ponerlo en peligro por un tiempo hasta que entrenara con armas y pudiera hacer uso de ellas para defenderse.

—Ni lo menciones, estoy para servir —Deméter no sabía que más decir, porque prácticamente su hija era un ente inanimado. —Que disfruten su paseo —Travis no tenía tiempo para esto, solo era malo para ambos, asi que era mejor seguir adelante.

—Espera —la voz de Katie sonaba un poco lejana, pero él nunca podría no reconocerla. Por lo que se detuvo, solo para ver como su padre llegaba para unirse a la conversación silbando su melodía favorita. Era su salvación.

—Travis ¿Cuándo llegaste? —Hermes lo miró con esa típica mirada de "dime que llegue a tiempo" se sentía agradecido de ello.

—Padre, acabo de llegar —Hermes le dio una sonrisa de satisfacción mientras se acomodaba para saludar a la diosa y su hija.

—Deméter, Katie —dijo con un tono de fingida formalidad.

—Señor Hermes —le respondió Katie con respeto. La ultima vez que se habían topado ella había hecho pasar vergüenza a su madre por lo que no podía evitar sentirse en deuda.

—Solo Hermes, por favor —Deméter asintió con una sonrisa agradecida.

—Venía a buscar a Atenea para una nueva misión —Hermes asintió sabiendo que era ello a lo que venía. Pero esta vez sería un favor para él.

—De hecho, la misión que sigue es para mí —Travis no se sorprendió su padre era de los que más semidioses engendraba junto con Apolo. Vio a Travis mirando de reojo a Katie y esta también a Travis, pero sin cruzarse, sintió que no había un feeling en el aire como para que estos dos hablaran, salvaría a su hijo de una debacle.

—En ese caso ¿deberíamos hablar de los detalles? —pregunto nerviosamente pensando que su padre no leería el humor de la reunión y lo obligaría a seguir allí.

—Claro, sígueme. Señoritas, con su permiso —luego de ello alegremente activo sus sandalias aladas para llevárselo bajo la atenta mirada de madre e hija, Deméter con la satisfacción de que no tenía que escuchar una charla torpe y esquiva y Katie con la decepción de que no vio ninguna señal de que Travis quisiera seguir conversando con ella.

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1 SEMANA DESPUES

Había sido una satisfacción que bien podría mantener su sonrisa por 1000 años. Al final de la batalla solo estaban ellos dos de pie. Todas las cazadoras habían terminado con fuertes golpes en la cabeza que las había dejado fuera de combate y él estaba intacto. Había usado todas esas técnicas de lucha que mezclaban la lucha con el baile y los movimientos dignos de un gimnasta olímpico. Eso y su espada de quedo reforzada habían hecho caer una a una a las cazadoras. Artemisa había gruñido con rabia con cada una que caía porque podía significar la humillación final de Percy al tenerlas de sirvientas.

Al final su duelo era furioso, los cuchillos de caza de Artemisa cortaban el viento de haciendo ese sonido tan alegre que animaba más y más a Percy, supuso que al ser dios de las armas se deleitaba en que una de ellas fuera tan excelente y precisa. El duelo fue brutal y había tenía que usar más de una espada de kendo porque las había quebrado con la violencia de sus ataques. Pero finalmente decidió que ya no debía alargarlo más y con unos cuantos golpes certeros había logrado dislocar una de sus muñecas, nada serio, pero necesitaría a Apolo más tarde para ello. Ni siquiera quería acordarse de él ya que vivía tentándolo para ir a los antros a los que iba con Hermes y otros dioses alegando que aseguraban total discreción. Era la misma basura que le proponía Tritón. Cuando Artemisa los veía juntos chachareando no había falta ni saber de qué hablaban ella ya tomaba una mala actitud y ese día se volvía más insoportable de lo normal.

Cuando finalmente logró dar otro golpe doloroso a la otra muñeca de Artemisa supo que había ganado, pero ella no se iba a rendir asi que aún asi ataco con el dolor en la muñeca y Percy se aseguró de no titubear en el golpe. El sonido en el suelo del ultimo cuchillo tintineando en el suelo era el sonido de su victoria. Artemisa resopló con desagrado sin decir nada se dirigió desapareció de allí para ser tratado por Apolo y luego de ser atendida volvió solo para encargarse de llevar a sus cazadoras a sus tiendas. Percy por su parte había hecho encender fuegos artificiales toda la noche con la ayuda de Travis y Tritón. Era su forma de restregarles su victoria en la cara.

Lavado, encerado y pulido de sus armas era algunas de las tareas que las cazadoras tuvieron que hacer cada día sin falta, algunas lloraban de rabia mientras Percy con la ayuda de Afrodita habían preparado un uniforme de mucama que hacía que todo el campamento se viera como el palacio de Percy. Afrodita no pudo evitar soltar la carcajada cuando se había enterado de lo que Percy requería y de como le ayudaría sin pedir nada a cambio solo por verlo con sus propios ojos. Las cortinas de su palacio en Olimpo necesitaban limpieza y su propio palacio también, por lo que por el Olimpo desfilaron Artemisa y sus cazadoras con sus artículos de limpieza rumbo al palacio de Percy para hacer una limpieza total sin descanso. Era una humillación ver como muchos dioses tomaban fotos mientras pasaban y no poder hacer nada al respecto solo para cumplir el castigo del desafío. Luego de ello sería alimentado por la caza y recibiría aire de sus sirvientas para poder soportar la ola de calor que afligía al país. Lavar su ropa, afilar sus flechas, preparar la cama de Artemisa en la que él dormiría ahora mientras ella dormía en el sofá por si algo se le ofrecía durante la noche eran solo algunas de las cosas que estaban haciendo estallar a Artemisa y su caza al punto de querer romper el los termino del desafió, el acuerdo y su matrimonio. Ya no podía soportar esta humillación.

Luego de que los 7 días habían llegado a su fin las cazadoras quemaron los atuendos que Afrodita había preparado y Percy decidió darle un poco de espacio para que recuperaran su dignidad, no sin antes inmortalizar el momento en una foto grupal donde el único que sonreía era él. Sería una buena charla para tener con Eskol, por lo que solo le mando un mensaje a Travis para que lo llevara a su lugar secreto. Pero una vez más no contaba con que estaba siendo vigilado.

Cuando llegó Eskol ya estaba con Travis en el lugar colgando dianas en los arboles para poder practicar un poco de tiro con arco. Sin duda Eskol era increíble con el arco cuando estaba estático y con el control de todos los elementos, pero en movimiento aún su equilibrio y puntería tenía mucho que mejorar por lo que estaban llevando su entrenamiento a ello. Cuando Percy llego casi fue alcanzado por una de las flechas por lo que debía andarse con cuidado.

—¡Alto! —grito Percy saliendo de detrás de unos árboles, solo para toparse con la sonrisa cansada de Eskol quien corrió hacia él.

—¡Papá! —el abrazo que compartían valía la pena por el tiempo que no podía estar a su lado y ambos lo sentía asi.

—Veo que lo estás haciendo… —Percy dudo por un momento sobre la palabra que iba a usar.

—Estoy mejorando —dijo con entusiasmo mientras la cara de Travis dejaba miles de dudas.

—Pésimo es la palabra que iba usar —Eskol no pudo evitar sentirse herido y le dio la mejor cara dramática que le salió.

—Eso fue cruel —Percy choco puño con el para luego saludar a Travis de la misma forma.

—Bueno, tengo algo que puede animarte —por un momento los 3 pensaron en algo completamente diferente. Travis pensó en ese arco que Percy tenía preparado en su palacio para dárselo por el torneo que había ganado últimamente. Eskol pensó en algo un poco más personal como mandarlo al campamento donde habían llevado a Liz, digamos que se había quedado curioso del que había pasado con esa niña de cabello negro como la noche. Y Percy pues, pensaba en lo que había hecho con las cazadoras y Artemisa.

—Si es lo que pienso, no fallará ni una flecha de ahora en adelante — y posterior a ello chasqueo los dedos para mostrarles unas fotos relacionadas con ello.

No pudieron parar de reír por un rato muy muy largo, se sentía como que cada vez que se estaban tranquilizando alguno de ellos empezaba con una nueva ola de carcajadas que hacía que el resto volviera sobre sus carcajadas. Eskol no podía dejar tomarse el estomago porque empezaba a dolerle demasiado. Al final solo se escuchaban respiraciones pesadas de 3 tipos tirados sobre la tierra húmeda tratando de no descontrolarse nuevamente. Percy se pudo de pie tratando de poner su mejor cara de seriedad para darle la mano a su hijo.

—Creo que estas listo para poder dar apoyo con tu arco a Travis en caso sea necesario —Eskol reaccionó poniéndose de pie de un solo brinco y mirando con emoción al tío Travis.

—¡Enserio! —Percy asintió mientras pensaba en que deberían preparar un traje completo para él también. —Gracias papá —gritó mientras se lanzaba a los brazos de Percy. Se acercaba su cumpleaños número 11 y había demostrado que estaba hecho para el trabajo. Se soporte por lo general no requería su intervención, pero si le iba a dar el peso de la responsabilidad que se requería para que siguiera aprendiendo. Pero nada era felicidad cuando sintió que una flecha silbaba detrás suyo y la cara de espanto de Travis se lo dijo todo. Estaban en problemas. Pensó a la velocidad de la luz y miró Travis quien no titubeó para tomar a Eskol y arrojarlo detrás de un árbol.

—¡¿El acaba de llamarte papá?! —era Artemisa y sus cazadoras que estaban en posición de batalla detrás de su señor. La mirada de Artemisa era fuego, destrucción y rabia sin hablar del hecho de que había por lo menos 20 arcos apuntándole. Con la mano casi imperceptible Percy le hizo una seña que rápidamente atendió.

—Artemisa, ni siquiera lo pienses —le susurró con un peligro tal que todas estaban estupefactas y en el caso de las cazadoras asustadas, pero Artemisa estaba en un estado de descontrol que ni siquiera escuchó antes de dispara un par de flechas que Percy se encargó de disipar con unos bloques de agua.

—Eskol, ve a casa de tus abuelos y quedate allí —dijo Travis mientras tomaba de la mano a Eskol, pero este estaba demasiado preocupado por lo que podía pasarle a su padre.

—Padre —susurró, Percy no dudó en mirar a su hijo y su mirada se suavizo instantáneamente.

—Haz lo que dice Travis —luego de ello Travis se lo llevo transportándolos a las afueras del apartamento de Sally, pero no conto con encontrarse con Katie en la puerta del apartamento. Ni siquiera tuvo tiempo de saludarla cuando rápidamente abrió la puerta y empujó a Eskol dentro del apartamento y selló la puerta con su poder acuático cortesía de ser campeón de Percy. Eskol ya sabía que era lo que debía hacerse.

—Katie, debes irte, no es buen momento —dijo tratando de sonar lo menos severo posible para no ser grosero y Katie no entendía nada de lo que estaba pasando ¿Quién era ese niño? ¿Por qué puso un sello en la puerta de Sally? ¿Era hijo de Sally? ¿Era hijo de Travis? Esos pensamientos la estaban llevando a un estado de estupidez que no hizo más que balbucear.

—Solo quiero que hablemos —Travis no se detuvo a mirarla ni siquiera.

—¡Katie! Vete por favor —luego de ello se disolvió, transportándose nuevamente hacia donde estaba Percy.