Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling.

Tokyo Ghōul, pertenece a Sui Ishida.

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Fem-Harry (como siempre).

Será convertida en una Ghōul, de forma igual a Kaneki.

Iniciará desde 1991 y no desde 1993. No tendremos a Fem-Harry (Artemisa), viajando atrás en el tiempo, como en el otro Fic.

Harem: Lily Potter (de una línea de tiempo alternativa), Hermione Granger, Daphne y Astoria Greengrass, Padma y Parvati Patil, Susan Bones y Tōka Kirishima.

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Artemisa: Una Ghōul en Hogwarts (Versión 1.5) (O versión 1, pero modificada)

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Capítulo 26: Sobre el Torneo de los Tres Magos.

Cuando Artemisa, Tōka, Hermione, Daphne, Astoria, Padma, Parvati y Susan, abordaron el Expreso de Hogwarts; ya se había extendido la noticia de que Artemisa Potter y Tōka Kirishima, habían hecho frente a los Mortífagos, durante el Mundial de Quidditch.

Los Mortífagos que lo vieron y los Trabajadores del Ministerio, que tenían hijos, contaron a sus herederos, sobre los hechizos de Artemisa y Tōka, que les permitían generar tentáculos escarlata puntiagudos que agujeraban el torso de sus enemigos o alas de las cuales arrojaban plumas que atravesaban la carne como cuchillos. Los hijos de los primeros, tenían órdenes explicitas de: "no molestar a Potter y a Kirishima o podrían ser asesinados en un segundo o menos".

―Mi madre me ha enviado una carta, diciéndome que este año, tendremos a Alastor "Ojo Loco" Moody, como profesor en DCAO. ―dijo Padma ―Se trata de un Auror retirado, porque la Profesora McGonagall está preocupada, luego de lo ocurrido en el Mundial. Y quiere que estemos lo más preparados posible.

Cuando llegaron a la Estación de Hogsmeade, descendieron, atravesaron el pueblo y avanzaron por el ancho camino, balanceándose peligrosamente bajo lo que empezaba a convertirse en un temporal. Pegando la cara a la ventanilla, Artemisa podía ver cada vez más próximo el castillo de Hogwarts, con sus numerosos ventanales iluminados reluciendo borrosamente tras la cortina de lluvia. Los rayos cruzaban el cielo cuando su carruaje, tirado por los Thestrals, se detuvo ante la gran puerta principal de roble, que se alzaba al final de una breve escalinata de piedra. Los que ocupaban los carruajes de delante corrían ya subiendo los escalones para entrar en el castillo.

Se formó una fila y todos ingresaron en el Gran Comedor, se acomodaron en sus mesas y pronto, ingresaron los nuevos alumnos de primer año. Pasando uno por uno por el taburete y ser sorteados por el Sombrero Seleccionador.

Luego del sorteo, llegó la comida y cuando esta terminó, la profesora McGonagall se puso de pie. ―Como cada año, quiero recordaros que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo. Es también mi doloroso deber informaros de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso. ―En ese momento, parecía que se estaba a punto de formar un golpe de estado, por parte de los fanáticos del Quidditch. ― ¡Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores… pero estoy seguro de que lo disfrutaréis enormemente!, este año, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. ―Todos se alegraron al instante y comenzaron a silbar y aplaudir, comenzaban a hablar felices. ― ¡Solo los alumnos de 7mo podrán concursar y solo serán tres personas, una por cada colegio! ―muchos se entristecieron, ante esa noticia. La puerta se abrió y por ella ingresó un hombre, que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores. Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia la profesora McGonagall. El resplandor de otro rayo cruzó el techo. Hermione ahogó un grito. Aquella luz había destacado el rostro del hombre, y era un rostro muy diferente de cuantos Artemisa había visto en su vida. Parecía como labrado en un trozo de madera desgastado por el tiempo y la lluvia, por alguien que no tenía la más leve idea de cómo eran los rostros humanos y que además no era nada habilidoso con el cincel. Cada centímetro de la piel parecía una cicatriz. La boca era como un tajo en diagonal, y le faltaba un buen trozo de la nariz. Pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico eran los ojos: Uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante; el otro era grande, redondo como una moneda y de un azul vívido, eléctrico. El ojo azul se movía sin cesar, sin parpadear, girando para arriba y para abajo, a un lado y a otro, completamente independiente del ojo normal… y luego se quedaba en blanco, como si mirara al interior de la cabeza. El extraño llegó hasta McGonagall. Le tendió una mano tan toscamente formada como su cara, y McGonagall la estrechó, murmurando palabras que nadie consiguió oír. ―Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras ―dijo animadamente la profesora McGonagall, ante el silencio de la sala―: el profesor Moody. ―Muchos aplaudieron, más por cortesía, que otra cosa. ―, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. Bien, algunos de vosotros seguramente no sabéis qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa. El Torneo de los tres magos tuvo su origen hace unos setecientos años, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades… hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo. Los jueces, seremos los directores de las tres escuelas, junto a un par de trabajadores del Ministerio y la selección de los alumnos, tendrá lugar en octubre.

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Luego de una larga y reparadora noche de sueño, a la mañana siguiente estaban listos para las clases, comenzando con la de Herbologia, siendo llevados por el embarrado camino que llevaba al Invernadero 3; pero, una vez en él, la profesora Sprout lo distrajo de ellas al mostrar a la clase las plantas más feas que Harry había visto nunca. Desde luego, no parecían tanto plantas como gruesas y negras babosas gigantes que salieran verticalmente de la tierra. Todas estaban algo retorcidas, y tenían una serie de bultos grandes y brillantes que parecían llenos de líquido. —Son bubotubérculos —les dijo con énfasis la profesora Sprout—. Hay que exprimirlas, para recoger el pus…

— ¿El qué? —preguntó Seamus Finnigan, con asco.

—El pus, Finnigan, el pus —dijo la profesora Sprout—. Es extremadamente útil, así que espero que no se pierda nada. Como decía, recogeréis el pus en estas botellas. Tenéis que poneros los guantes de piel de dragón, porque el pus de un bubotubérculo puede tener efectos bastante molestos en la piel cuando no está diluido. —Exprimir los bubotubérculos resultaba desagradable, pero curiosamente satisfactorio. Cada vez que se reventaba uno de los bultos, salía de golpe un líquido espeso de color amarillo verdoso que olía intensamente a petróleo. Lo fueron introduciendo en las botellas, tal como les había indicado la profesora Sprout, y al final de la clase habían recogido varios litros. —La señora Pomfrey se pondrá muy contenta —comentó la profesora Sprout, tapando con un corcho la última botella—. El pus de bubotubérculo es un remedio excelente para las formas más persistentes de acné. Les evitaría a los estudiantes tener que recurrir a ciertas medidas desesperadas para librarse de los granos.

— ¿Eloise Migden no intentó quitárselos mediante una maldición? —preguntó Hannah Abbott, alumna de Hufflepuff, en voz muy baja.

—Una chica bastante tonta —afirmó la profesora Sprout, moviendo la cabeza—. Pero al final la señora Pomfrey consiguió ponerle la nariz donde la debía tener.

El insistente repicar de una campana procedente del castillo resonó en los húmedos terrenos del colegio, señalando que la clase había finalizado, y el grupo de alumnos se dividió: los de Hufflepuff subieron al aula de Transformaciones, y los de Slytherin hacía la clase de Historia de la Magia.

Todos los alumnos de cuarto habían apreciado un evidente incremento en la cantidad de trabajo para aquel trimestre. La profesora McGonagall les explicó a qué se debía, cuando la clase recibió con quejas los deberes de Transformaciones que ella acababa de ponerles. —¡Están entrando en una fase muy importante de su educación mágica! — declaró con ojos centelleantes—. Se acercan los exámenes para el TIMO.

— ¡Pero si no tendremos el TIMO hasta el quinto curso! —objetó Dean Thomas.

Artemisa lo miró, como si fuera un idiota. —Puede que eso sea cierto, pero cuanto menos te lo esperes, estaremos hasta el cuello con los TIMO, Thomas.

—Es verdad, Thomas, pero créeme: ¡tienen que prepararse lo mejor posible! La señorita Potter y la señorita Bones siguen siendo las únicas personas de la clase que ha logrado convertir un erizo en un alfiletero como Dios manda. ¡Permíteme recordarte que el tuyo, Thomas, aún se hace una pelota cada vez que alguien se le acerca con un alfiler! —Susan y Artemisa, que se habían ruborizado, tratando de no parecer demasiado satisfechas de sí mismas.

El profesor que enseñaba Historia de la Magia, les mandaba redacciones todas las semanas sobre las revueltas de los duendes en el siglo XVIII; la profesora Potter los obligaba a descubrir antídotos, y se lo tomaron muy en serio porque había dado a entender que le daría una poción de sueño profundo a uno de ellos antes de Navidad para ver si el antídoto funcionaba; y el profesor Flitwick les había ordenado leer tres libros más como preparación a su clase de encantamientos convocadores.

Hasta Hagrid los cargaba con un montón de trabajo. Los presentó con unas extrañas criaturas, a las cuales llamó: "Escregutos de cola explosiva", eran parecidas a langostas deformes de unos quince centímetros de largo, sin caparazón, horriblemente pálidas y de aspecto viscoso, con patitas que les salían de sitios muy raros y sin cabeza visible. Hagrid estaba encantado y, como parte del proyecto, les sugirió ir a la cabaña una tarde de cada dos para observar los Escregutos y tomar notas sobre su extraordinario comportamiento. De vez en cuando saltaban chispas de la cola de un Escreguto que, haciendo un suave «¡fut!», salía despedido a un palmo de distancia. —Recién nacidos —dijo con orgullo Hagrid—, para que podáis criarlos vosotros mismos. ¡He pensado que puede ser un pequeño proyecto! Serán empleados en el Torneo de los Tres Magos y pueden seguir rastros de magia. —Eso logró acallar a Wilhem y a Malfoy, quienes estuvieron a punto de replicar, sobre la utilidad de tales criaturas.