Capítulo 160: Final a la vista

Aunque Xana-Lucemon sabía que se arriesgaba a perder una torre apartando a MetalSeadramon del agua, nunca imaginó que aquel reducido grupo de críos acabase con varias de una sola vez.

—Mi señor… No logramos dar con Neptunemon —informó un Phantomon.

—Lo más seguro es que esos niñatos lo hayan eliminado —dijo apretando los puños con rabia —. Tantas torres desactivadas de golpe… Evidentemente, el control sobre él ha debido desaparecer.

Ignorando cualquier otra cosa que el Phantomon le estuviese diciendo, se encaminó hacia la base de la fortaleza, donde Piedmon y Matadormon trabajaban en diferentes experimentos. Empujó la puerta y observó el gran tanque en el centro de la estancia alrededor del cual no paraban de moverse Bakemons cargando con miles de cosas.

—¿Cómo va el experimento? —preguntó sin más.

—Amo Xana-Lucemon —alzó la vista Piedmon —. Ya casi está todo…

—Lo quiero ya —dijo seriamente.

—Mi señor, forzar la fusión de los datos podría resultar peligrosa —intervino Matadormon.

—Me da igual. Quiero a éste allí abajo matando a esos niñatos ya.

—Como ordene, mi señor —aceptó Piedmon.

Matadormon se quedó quieto, viendo cómo Xana-Lucemon empezaba a abandonar el lugar a paso firme. Cuando el ángel caído hubo desaparecido de vista, se volteó hacia el payaso.

—No quiero tener nada que ver en tu fracaso —dijo.

—Tampoco necesito tu ayuda —declaró Piedmon —. ¿Qué tal si te entretienes en tus lecturas y me dejas seguir a mí?

—Es precisamente lo que pretendía hacer —aseguró dándole la espalda y alejándose.

Dentro del tanque, MetalSeadramon observaba con rabia y odio a Piedmon. No aceptaba todavía la forma en la que le habían engañado y traicionado para acabar allí, atrapado e inmovilizado a merced de las locuras del payaso.

—Tranquilo, amigo mío —dijo el payaso sin mirarle —. Pronto serás libre para seguir nadando por tus mares… Bueno, hasta que el auténtico dueño regrese, por supuesto.

—Mal…di…to…

—No malgastes energía, que este lugar no tiene extra para ti.

...

Neptunemon tardó casi dos días en recobrar el conocimiento. En todo ese tiempo, Chiaki no se alejó demasiado de la cama en la que lo habían acostado, propinando al mismo tiempo que cualquier misión a las profundidades quedara aplazada al no contar con ella.

—Tranquilo, no pasará nada —dijo cuando vio al digimon intentando enderezarse —. Deberías seguir tumbado.

—No hay tiempo para descansos… —respondió Neptunemon.

—Sí, los hay —insistió Chiaki —. ¿Cómo estás?

—Algo mareado.

—Lopmon ha dicho que es una de las opciones, así que es normal —murmuró.

—Es increíble…

—¿Qué?

—Lo mucho que hacía que no te veía, hermanita.

—Ah, esto… —intentó decir, mirando a todos lados.

—No lo recuerdas, ¿verdad? —preguntó. La chica negó lentamente —. Tiempo al tiempo…

—Estamos todos en la misma situación por aquí… Nadie recuerda nada en general. Pero no pasa nada. Lo que importa ahora es el presente, no el pasado.

—Tienes razón —asintió intentando levantarse de nuevo —. Por eso, hay que ponerse en movimiento.

—¡Aún no tienes la energía suficiente para ello! —intentó retenerlo Chiaki.

—Entonces tendrás que transmitir tú la información, Mer —se rindió.

...

Jeremy y Aelita trabajaban codo con codo ante la pantalla del ordenador del hangar. Tras ellos, Gaomon y Lunamon jugaban a cartas, rodando los ojos cada vez que los dos humanos tenían ideas contrarias.

—Y allá van de nuevo —suspiró Lunamon.

—Al menos, hay que agradecer que uno se deje ayudar y la otra haya cambiado el objetivo al que atacar —dijo Gaomon.

—Sí, es lo único bueno… Pero de saber que iba a ser así…

Un par de Toucanmons entraron empujando un carrito con comida y bebida. Ambos digimons se pusieron en pie y corrieron a ayudarles, agradeciéndoles y asegurándoles que ellos se encargarían de que los niños humanos comiesen también.

—¡Jeremy! ¡Esto es urgente! —entró a la carrera Chiaki.

—¿Un ataque? —preguntó Aelita, totalmente tensa y con la mano a medio camino hacia su D-Tector.

—No… no es malo… Bueno, no del todo —dijo tomando aire.

Atraídos por la carrera y los gritos de la guerrera del agua, algunos empezaron a asomarse a la puerta del hangar, quedando allí no muy seguros de si seguir avanzando o no.

—Coge aire con calma y explícanos qué ocurre —indicó Jeremy.

—Neptunemon me ha dicho… Que la torre a la que me acerqué el otro día es importante para Xana-Lucemon.

—¿Importante? ¿En qué sentido? —preguntó Aelita.

—No lo sé, pero...

—Esperad —pidió Jeremy, tecleando a toda prisa en el ordenador —. Tengo una teoría.

—Te oímos —animó Aelita.

—Quizás esa torre está conectada directamente con la Rosa de las Estrellas —dijo mirándolas seriamente —. Desgraciadamente, no cuento con ningún mapa más allá de esa zona que me ayude a elevar las probabilidades de acierto de mis palabras.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Lunamon. Por detrás, alguno empezó a acercarse con curiosidad.

—Quiero decir que desconectando esa torre haríamos daño directo a la base enemiga.

—¿Se puede hacer eso? —saltó rápidamente Emily —. ¿Podemos golpearle donde más le duele a Xana-Lucemon sin tener que acercarnos?

—Bueno, no sé exactamente cuán lejos está…

—Si se trata de mapas, podrías habérnoslos pedido a nosotros —se alzó Patamon, sobrevolando a todos hasta llegar al ordenador —. ¿Desde dónde dices que necesitas distancias?

—Aquí —señaló. Lopmon y Gatomon le sobresaltaron al interponerse entre él y la pantalla —. Deberíais separaros de la pantalla u os haréis daño en la vista.

—Oh, cielos… —murmuró Sissi.

—¿Qué? ¿Se acerca el enemigo? —preguntó Odd mirando alrededor.

—No, nada de eso —negó la chica.

—Jeremy lanzando advertencias sobre el peligro de las pantallas y no se las aplica… ¿Está el Digimundo cambiándonos a todos? —preguntó Yumi pasando la mirada de Jeremy a Odd.

—¿Por qué me miras a mí?

—Será porque has estado teniendo mejores ideas desde que estás aquí que en toda tu vida —suspiró Labramon.

—¡Yo siempre tengo buenas ideas! ¡Las mejores!

—Ya, claro —asintió William.

—Bueno, ¿nos podéis decir algo alegre? —pidió Tommy.