¡Buenas! ¡He vuelto a resucitar! Aunque seguro desapareceré pronto, la vida real es dura... Aun así, saco tiempo para traeros cositas con las que entreteneros. Y esta vez, una historia "del pasado".

Primer secreto es una escena de las que suceden antes del inicio propiamente dicho de la historia.

CONTEXTO

El despertar de los Guardianes era algo que se esperaba. Aun así, los "problemas" que pueden surgir son algo que se debe tratar. Y tres digimons tienen que decidir cómo proceder con las revelaciones que se les vienen encima a los renacidos.


Kerpymon cerró los ojos y esperó a que cualquier de sus dos compañeros y amigos en aquella reunión decidiese hablar primero. Aunque sabía que los dos escucharían sus palabras, también sabía que la situación que tenían entre manos era muy delicada y, dado que la delicadeza pegaba más con la dama que se sentaba allí, prefería saber antes qué pensaba ella.

—Bueno, ¿se os ocurre algo? —preguntó cansado de esperar.

—Baronmon lo ha dejado claro. Ninguno sabe quién es en realidad aunque hay vestigios que hacen pensar que podrían recordarlo —dijo Seraphimon bajando la mirada a los ocho dispositivos que habían en la mesa. Otra vez.

—Sí, lo sé —asintió cansinamente —. Me refiero a cómo vamos a tratarles. Si los digimons no lo saben, menos lo sabrán los niños.

—Para ellos sería algo demasiado increíble —habló Ophanimon —. Decirles que son reencarnaciones de antiguos digimons lo único que hará será darles confusiones.

—Pero no podemos dejarles sin conocimiento alguno de ese pasado —dijo el conejo —. A demás, si como Baronmon ha dicho, hay posibilidad de que recuerden, cuando lo hagan, ¿qué pasará?

—Por el momento, deberíamos dejar fluir las cosas como están —dijo el ángel de armadura azul y dorada, alzándose y caminando a una ventana —. Después, sólo podemos esperar y ver qué ocurrirá.

—¿Y cuando recuerden? —insistió Kerpymon.

—Cuando recuerden, esperemos estar cerca para ayudarles a conciliarse con ese yo antiguo —suspiró mirándolos a los dos —. Hasta entonces, no podemos hacer nada.

—¿Seguro que es lo correcto? —preguntó Ophanimon.

—Recemos para que sí lo sea —suspiró Seraphimon.

Dos golpes en la puerta hicieron que los tres miraran hacia ella. Seraphimon dio permiso para entrar, dando paso a Socerymon. El digimon brujo saludó con una inclinación de cabeza y pasó hasta quedar a tres metros de la mesa en la que estaban sentados todavía Ophanimon y Kerpymon.

—Mis señores... Han llegado los digimons que nos pidieron encontrar —anunció.

—Justo a tiempo —asintió Seraphimon tomando asiento —. Hazles pasar, por favor.

—Pero no hemos llamado a los niños humanos aún —observó Kerpymon.

—Lo sé, pero me gustaría tener unas palabras antes con estos digimons —aseguró —. Ve, Socerymon.

—Como ordene, señor Seraphimon —asintió.

—¿Acaso les vas a revelar a ellos quiénes son? —preguntó el conejo.

—No. Les voy a decir que han sido elegidos para ayudar a frenar la amenaza que se cierne sobre nuestro mundo —respondió el ángel.

—¿Y cuando pregunten por qué ellos y no digimons como los que pululan por tu castillo? —quiso saber el conejo.

—Les diré que he visto potencial en ellos —respondió.

—¿Voy llamando ya a los niños? —preguntó Ophanimon.

—Sí. ¿Podrás alcanzarlos a todos?

—Si no les entregas los dispositivos nada más entrar, puedo usarlos para mejor conexión —respondió poniéndose en pie.

—Todos tuyos —asintió —. Y también estos dos —añadió haciendo aparecer dos dispositivos.

—Supongo que necesitarás estos cinco también —ofreció Kerpymon.

—Ahora me van a faltar manos —rió tomando todos los objetos y alejándose.

Nada más salir la dama angelical por una puerta oculta, la principal de la sala se abrió, dejando entrar a ocho digimons que miraron con una mezcla entre sorpresa, duda e incredulidad todo a su alrededor.

—Bienvenidos —saludó Seraphimon —. Permitidme explicaros por qué estáis aquí.