CHICAS AQUÍ LES DEJO UN NUEVO CAPITULO DE ESTA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE..
**Los personajes son de Stephenie Meyer al final les dicho el nombre del autor.
Capítulo Nueve
Edward
El sol apenas se asomaba por encima de las montañas cuando me detuve al lado de la primera parada de seguridad en el Complejo Mountain Cheyenne. Steve el primer oficial de seguridad para la Puerta Uno, escaneó nerviosamente mi placa y me hizo un gesto para que siguiera adelante.
Los dos kilómetros de camino de grava que llevaban hacia la segunda puerta se encontraban bordeados con una reja de varios metros que tenía alambre de púas en la parte superior y estaba vigilada por agentes de seguridad armados cada pocos metros. Los hombres y las mujeres iban vestidos con uniforme y cargaban armas semiautomáticas.
Me hizo preguntarme si este era un refugio para guerreros o un lugar para alguien que había sido llamado para desperdiciar sus talentos.
Como mi equipo, por ejemplo.
Karen me despejó para la Puerta Dos. Una barrera de tráfico se levantó y las puntas de metal se aplanaron en el suelo.
Conduje mi Toyota Land Cruiser modelo setenta y ocho a través de un estacionamiento exterior y un edificio administrativo para llegar a la tercera puerta y después a la entrada, un pequeño túnel salía de la montaña con el aviso COMPLEJO MOUNTAIN CHEYENNE en una señal blanca con letras metálicas en la parte de arriba. Conduje a través de este, adentrándome en la oscuridad, pasando las señales de advertencia sobre el camino de dos carriles y señales que llevaban a un estacionamiento asignado para nuestro departamento.
Fui el primero del equipo en llegar y aparqué mi camioneta en el centro entre cinco espacios libres.
El motor chisporroteó y murió una vez que giré la llave, me senté solo, pensando en mi noche con Bella. Incluso después de que entré, dormí como la mierda. Los pensamientos en mi cabeza eran muy ruidosos para dormir. Salí del auto y saqué mi mochila del asiento trasero.
Una vez que mi equipo llegó, caminamos juntos, hablando sobre nuestra tarde. Traté de quedarme fuera de la conversación, pero Tanya me acosó antes de que pudiera terminar la combinación en mi casillero.
—Estás muy callado, Mase, ¿Qué pasa?
—¿Yo? Nada.
Call se dio la vuelta para mirarme. —Escúpelo.
—Es solo... uh. —Suspiré—. Me estoy quedando en el hotel por ahora. Estoy buscando un lugar. Están todos estos equipos forestales allí por el incendio. Los gemelos Cullen son dos de ellos.
—¿Los chicos que investigabas para los federales? —preguntó Tanya.
— ¿Te están dando problemas? Dame dos horas. Se verá como un homicidio-suicidio.
—Reduce la velocidad, Tany. Vamos a aclarar las cosas antes de que comiences con la jerga asesina. Son buenos chicos.
En realidad, toda la familia lo es. Han sido amables. No es por ellos.
—¿Quién es entonces? —preguntó Tyler—. Porque te ves molesto.
—¿Molesto? ¿Qué mierda, Tyler? —dijo Call.
—Cállate, hombre. No está bien molestar todo el tiempo —espetó Tyler.
—¿Estás diciendo que necesitas molestar todo el tiempo por mí? — preguntó Call y dio un paso adelante.
—Es una chica —escupí.
—¿Una… qué? —preguntó Tanya.
—Una mujer. Es la nueva recepcionista del hotel. Es como una novia fugitiva. Huyó justo antes de prometer el resto de su vida al imbécil de su abusivo prometido. Pero él es militar. Ella no quiere tener nada que ver con nosotros.
—Bueno, eso es estúpido —dijo Tanya—. En cualquier grupo grande, vas a tener tus héroes y tus villanos. Mi esposo vivía y respiraba por la armada naval, y él era el mejor hombre del planeta, junto a ti.
—Él lo era —dije, tomando un momento para extrañar a mi amigo. Había tenido una esposa en casa a quien amaba más que a cualquiera de nosotros, y aun así, saltó en esa granada sin pensarlo dos veces. Luchaba cada día para ser merecedor de eso.
—Oye —dijo Tanya, tocando mi mejilla—. Sal de allí. —Me dio una bofetada y después mantuvo su mano en el lugar en el que acababa de golpearme. Tanya hacía mucho eso, sólo me golpeaba lo suficientemente fuerte para traerme de regreso al presente. Tocó mi hombro como Matt solía hacerlo—. Ya pasó. Es de la manera en que él lo quiso. Vuelve al presente.
Asentí y me volteé para poner mis cosas en el casillero.
—Oye, Tany. Mira esto —dijo Call, apuntó hacia arriba y mostró una placa con el apellido Denali grabado sobre el metal y atornillado en el borde superior del casillero junto al suyo.
—Hijo de puta —dijo Tanya, alcanzó la plata y la tocó con una sonrisa—. De verdad me sacaron de la sala para niñas.
Matt habría odiado esto, tener un casillero... un descanso para el almuerzo.
—Demonios, sí que lo odiaría. Pero habría amado pagar ese auto que tienes con su bonificación, así como lo hiciste.
Vamos a empezar. A toda marcha. Las rondas comienzan en noventa segundos —dijo Riley, colgando la correa de nylon para su arma sobre su pecho, revisó su arma y la deslizó en la funda, también tocó el táser y el cuchillo para cazar que se encontraban en cada uno de sus puntos solo para asegurarse de que iba armado y listo. Era excesivo para el trabajo, pero de nuevo, el Complejo era el tipo de instalación que no requería nada hasta que necesitabas todo.
—Masen, tenemos un cuatro noventa y nueve en el lado sur del Complejo, dos kilómetros desde el cable —dijo alguien por el radio.
Sonaba como Uley. Presioné el pequeño cuadrado pegado al cuello de mi camisa.
—Copiado. —Miré a Riley y él asintió.
—Bien. Las rondas pueden esperar. Vayamos.
Tyler se veía perdido y McCarty suspiró. —El Complejo tiene códigos. Un cuatro noventa y nueve es una posible brecha en el perímetro. Lee tu manual.
Tyler asintió. —Sí, señor.
Caminamos rápidamente al corredor Charlie, tomamos el ascensor para descender un nivel y salimos hacia la sala gigante que servía como almacenamiento de equipo. Teníamos todo, desde equipos de tácticas ligeras todo terreno —vehículos blindados— a tanques de combate en movimiento y vehículos de recuperación Hércules. Trotamos hasta el vehículo militar asignado y salté al asiento del conductor con McCarty de copiloto. Tanya y Riley se encontraban en el asiento trasero, Call y Tyler iban detrás.
Bajé por el camino sin pavimentar y atravesé a través del terreno hacia el sitio donde vigilancia captaba borrosos los tres objetivos, las llantas arrojaban rocas y polvo. El humo del fuego había sido como una pluma, esto era más como una manta siendo levantada y extendida en la estratósfera. Nos mantuvimos alerta. Además de las colinas ciegas, no había muchos árboles en ese lado de la montaña, haciendo fácil detectar personas no autorizadas.
—A las doce en punto —dijo Tanya.
Frené en seco, lo que creó una nube marrón a nuestro alrededor. Cuando se disipó, tres niños estaban de pies a centímetros de distancia del parachoques del auto.
Call y Tyler saltaron fuera de este, ladrando órdenes a los niños para que pusieran sus manos en el aire. Dos muchachos con el cabello alborotado con más o menos quince años y una chica. Ella era rubia, me recordaba a mi hermanita.
Sus caras se encontraban manchadas, sus cabellos cubiertos con una capa ligera de polvo.
—Tranquilo, Tyler —dije saliendo del lado del conductor—. ¿De dónde demonios vienen?
Tanya se bajó las gafas por el puente de su nariz y miró por encima de ellas. —Vinieron directamente por la cresta. Eso es bueno o habríamos estado por fuera.
Me incliné, notando las rocas debajo. —Auch. Todo parece igual aquí.
—Yo conduciré la próxima vez —dijo McCarty.
—¿Esa fue una broma? ¿Haces bromas ahora? —pregunté, cerrando un ojo por el sol.
Tanya empujó las botas de uno de los niños con su pie. —¿Qué están haciendo aquí, chicos?
—Ha-hay una fiesta. Tomamos el giro equivocado, creo —dijo uno de los chicos.
—Esa es una mentira —dijo Tyler aún alerta—. ¿Una fiesta a las seis de la mañana? Buen intento.
—Ya se acabó, imbécil —dijo la chica—. Vamos de camino a casa.
Tanya sonrió. —Me cae bien. —Tomó a la chica de la parte de atrás del cuello de su camiseta y tiró—. Llevémoslos a donde pertenecen.
Llamé por el radio. —Gerald, es Mase, cambio.
—Steve, señor, lo escucho fuerte y claro.
—Has que la policía de Colorado Springs nos encuentre en la puerta uno para recoger a unos jóvenes delincuentes que han allanado esta propiedad. Trata de que sus padres los recojan en la estación.
—Copiado, señor.
Call sonrió. —Creo que le gustas a Steve.
—Cierra la boca, Call. Pon al más pequeño en la parte de atrás.
—¿Y este? —preguntó Tyler, levantando al alto desgarbado. El pobre chico se veía como si estuviera a punto de cagarse en sus pantalones, pero tenía el presentimiento de que la próxima vez no se aventurarían a estar tan cerca del complejo.
—Todos van en la parte de atrás. Revísenlos primero. ¿Tanya?
—Entendido —dijo trayendo a la chica a su lado.
—¡Quítame las manos de encima, perra! —gritó la chica.
Todos nos quedamos congelados, esperando que Tanya rompiera el cuello de la niña. O que al menos le diera algunas bofetadas. Tomó un momento para que Tanya procesara que alguien había tenido las bolas para hablarle de esa manera, sabía que habían pasado años, y entonces se echó a reír.
—He cruzado caminos con mi yo de catorce años. Impresionante.
—Revisó a la niña y apuntó a la parte trasera del auto—. Supongo que tu mamá no te ha dado una paliza últimamente, pero si no metes tu trasero en ese auto, lo haré por ella… y te durará por un tiempo. Muévete. ¡Ahora!
La chica se asustó y se movió hacia la parte trasera con Call y sus amigos.
Tyler hizo un gesto a Tanya para ser la siguiente, luego entró él. Cerré la puerta y aceleré el motor.
—¿Vas a intentar volar por el costado de la montaña nuevamente?
—preguntó McCarty.
—Chúpamela, Emmett —dije.
Emmett se rio una vez y después su espalda se presionó contra el asiento mientras salíamos hacia la puerta uno.
—Creo que Colorado es bueno para ti. Esa es una sonrisa y media durante la misma mañana. —Su sonrisa se desvaneció y tomó el mango de su asiento, rebotando mientras atravesábamos el terreno rocoso.
Dejamos a los niños en la puerta uno y conduje al equipo de vuelta a la bodega. El ascensor se cerró detrás de nosotros y parecía extrañamente tranquilo mientras subíamos. Sonó justo antes de que se abriera y saliéramos hacia el corredor Charlie.
—Bien —dije sosteniendo mi rifle contra mi torso—. Riley, Tyler, ustedes a Alfa y Beta. McCarty, Call, ustedes a Charlie y Delta. Repórtense con Uley para vigilancia a las ochocientas horas. Tanya, estás conmigo en Echo. Los veo a todos en la oficina a las diez, nos reasignaremos y haremos la reunión. Mantengan la comunicación abierta.
—Sí, señor —dijeron todos al mismo tiempo.
Nos separamos y caminamos en direcciones opuestas. Cuando las botas de los demás se sentían lejanas, y con Tanya entramos a Echo, preguntó lo que esperaba. Sabía tan bien como yo que su asignación de rondas conmigo no era una coincidencia.
—¿Entonces? La chica… —dijo Tanya.
—Sí. Terminé quedándome despierto y hablando con ella. Entonces cuando finalmente me fui a mi habitación, no pude dormir ni una mierda.
—¿Y eso por qué?
—Su ex, hombre. Le puso las manos encima. Ella huyó, llegó aquí sin nada. No conoce a nadie. No tiene familia, en realidad. Su padre y su hermano murieron en un accidente hace unos años.
Tanya suspiró. —Suena como a un montón de equipaje, Mase. ¿De verdad te sientes atraído por ella, o estás tratando de salvarla?
—Esa es la cosa. Es hermosa. Quiero decir... intoxicantemente hermosa. —Le di un vistazo a Tanya, quien tenía la expresión que esperaba—. Y todos esos jodidos hotshots en el hotel la querían. Ella no quiere tener nada que ver con ninguno de nosotros, pero es dulce al respecto, ¿sabes? Y no quiero ser ese chico.
—¿Así que crees que todos los demás la desean?
—Ese es el problema. No creo que sea solo eso.
Tanya se detuvo y juntó sus cejas. —De verdad te gusta esta mujer.
¿Cuánto tiempo has pasado con ella?
Seguí caminando. —Como, nada. Es la cosa más jodidamente estúpida.
Tanya sonrió. —No puedes controlar la química, Mase. No puedes explicarlo. Demonios, Matt era un vaquero. Silencioso.
Podía tener una conversación con un objeto inanimado tan fácil como lo podía hacer con él. No era gracioso. No era particularmente interesante o presumido. De ninguna manera era mi tipo.
—¿Entonces por qué te enamoraste de él?
Sonrió. —Porque era un buen hombre, humilde, no jugaba... Y tenía un buen culo.
Me reí. —¿Eso es todo?
—Eso es todo. Quiero decir, sí, era agradable que supiera cómo usar un rifle y que no estuviera intimidado por mí en absoluto. Teníamos algunas cosas en común. Pero tenía sus momentos. Ocasionalmente era encantador. De verdad fue la manera en que se interesaba por mí, la manera en que me trataba y algo más que no puedo explicar. Tiene que ser química. O tal vez estábamos destinados a estar juntos.
—Definitivamente estaban destinados a estar juntos. Nunca he visto a un hombre amar a una mujer de la manera en que Matt te amó Tanya.
Me miró. —Él está allá arriba en algún lugar, aun amándome, tanto como yo lo hago desde aquí abajo.
Asentí. No iba a discutirlo. Si nuestras energías continuaban de alguna manera, no dudaba que Matt estuviera en algún lugar, aún enamorado de su esposa.
—No tiene que ser nada específico, Mase. No tiene que haber una razón en particular por la que te puede gustar. Incluso te puede gustar demasiado sin razón. Tal vez es que todavía no sabes la razón.
—Gracias, Tanya. Sabía que me ayudarías a comprenderlo.
Llegamos a una T y dimos vuelta hacia la derecha. El aire cambió haciendo que Tanya sostuviera su rifle más cerca.
—Creo que son esos experimentos de los que hablaban —dije—. Siempre he escuchado que hay un montón de cerebritos de espacio y de misiles allí.
—Hay mucho más que misiles aquí.
Nos detuvimos frente a una puerta grande, una franja de rayas rojas y blancas se extendía por la mitad con al menos media docena de señales de advertencia. Puse mi placa en el cuadrado negro en la pared por curiosidad. Parpadeó con color rojo y solo sonó un pitido.
Ambos dimos un paso hacia atrás y una pantalla pequeña cerca del lector de placas se encendió revelando a un grupo de hombres armados de pie —supuse— del otro lado. Uno de ellos dio un paso hacia adelante para presionar un botón en el panel de su lado, permitiendo que su voz fuera escuchada por nosotros.
—Fuera de aquí, Masen. No estás autorizado en esta área.
—Oh, ¿este es Deep Echo? Es, uh... no tan profundo.
—He experimentado cosas más profundas —dijo Tanya con una cara seria.
Los hombres en la pantalla sonrieron con suficiencia. —No estás ni cerca de Deep Echo. Den la vuelta.
—Me dijeron que tenía acceso por completo al edificio con excepción de Deep Echo —dije, no seguro si debí gritar o no, pero los hombres del otro lado parecían escuchar bien. Levanté mi voz de todas maneras.
—Díselo al general. Da la vuelta, Masen. Última advertencia. Tomó todo mi esfuerzo no preguntar qué harían si no me iba.
Ninguno de ellos parecía tener sentido del humor.
—Vamos, Mase. Lo discutiremos con Bianca. —Tanya tiró de mi chaleco y la seguí—. ¿Qué demonios fue eso? —preguntó una vez que estuvimos fuera de su rango de escucha—. ¿Deep Echo?
—No lo sé. Aparentemente está por encima de mi salario.
—Hay alguna mierda extraña pasando en este lugar. Mucho más extraña de lo que pensé. Así que, ¿qué vas a hacer con esta chica?
—¿Bella? —pregunté, aturdido por el súbito cambio de tema.
Tanya sonrió. —Hablaron. Sobre, como... mierda real.
—Sí —dije con una sonrisa. Se desvaneció—. Ella no saldrá con soldados. Su ex es militar.
—No eres un soldado. Eres de la marina.
—Vamos, Tanya. ¿Cómo te sentirías sin alguien tratara de engañarte con un tecnicismo?
—Patearía su trasero.
—Y no podemos hablar sobre este trabajo. Ella piensa que estoy en el departamento forestal.
—¿No la corregiste? —preguntó.
Negué con la cabeza. —Haces muchas preguntas que no puedo responder, Tany.
—Es una fugitiva que dejó atrás a un chico abusivo, un padre y un hermano muerto. La mamá no está en el panorama, y ella culpa a todos los militares por el comportamiento de su ex. Tendrás que mentirle por omisión sólo para salir con ella.
¿Todavía crees que es una buena idea?
Pensé en ello por un momento.
—Ella es mi chica… la indicada. Tanya negó con la cabeza.
—Vas a perderla.
—¿Qué debo hacer entonces? Este es mi trabajo. Tengo un equipo entero que depende de mí. No puedo alejarme de esto, y sé que suena loco, Tany... pero he dicho por años que sabría quién sería cuando la conociera. Es ella.
—Siempre he pensado que eres valiente. Lo sabes. No estoy segura de qué es esto. Si de verdad crees que ella es la chica de la que has estado hablando desde que te conocí, estás arriesgando mucho.
—Lo entenderás cuando la conozcas.
Tanya se dio la vuelta, luciendo halagada.
—¿Voy a conocerla? Debe gustarte de verdad. Porque vas a tener que hacer algunas acrobacias orales para explicarle quien soy.
Fruncí el ceño. —No pensé en eso.
—¿Tal vez alguna vieja amiga de los federales?
—No saldrá con militares, policías, bomberos… eso probablemente incluye a agentes federales.
—Oh, estás jodido. Estás totalmente jodido. Va a querer saber sobre tu pasado en algún momento. Entonces, cuando se entere, y lo hará, te odiará por no contarle y te quedarás con un corazón roto.
—Tal vez ni siquiera le guste, Tanya.
—¿Es estúpida?
—No —dije haciendo una mueca.
—Entonces le gustas. Y probablemente ya sabe que hay algo que no está bien, y que hay alguna cosa que no le estás diciendo.
—Definitivamente lo sabe. Se lo explicaré. De alguna manera... después. Sólo quiero que me conozca primero para que sepa que no soy lo que cree que somos.
—¿Cómo vas a explicarle si no puedes contarle sobre el trabajo?
—No puedo contarle sobre el Complejo. Puedo decirle que soy un contratista civil.
—De todas maneras, te va a agrupar con los militares. Lo siento, Mase. Sólo estoy intentando prepararte.
Me encogí. —Joder, tienes razón. Esto va a terminar mal.
—Deberías renunciar ahora.
Fruncí el ceño. —Debería. Pero no puedo.
—Lo sé —dijo, empujando mi brazo.
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