17. Some one else

Mientras Bella caminaba por el estacionamiento buscando el automóvil de Alice, su cuerpo se tambaleaba de un lado a otro sin que ella pudiera evitarlo. Tristemente, confirmaba así que su ex mejor amiga tenía toda la razón. Su cuerpo no estaba listo aún, las heridas que le habían causado eran extremas, y aunque ella quería seguir adelante, su naturaleza reclamaba tiempo.

Tiempo que no tenía, pero tiempo, al fin y al cabo.

Aunque siguió caminando con el control remoto del vehículo en mano, apuntando a todos lados, no pudo luchar, y de pronto todo se oscureció, alcanzo a apoyarse en el capot de uno de los vehículos estacionados, evitando con eso caer de bruces al suelo.

Tomo aire, una y otra vez, hasta que de pronto todo volvió en colores.

La imagen nítida del estacionamiento la calmo. Intento una vez más tratando de dar con el vehículo, no podía recordar el número que había señalado Alice, y entonces sintió un ruidito "bip, bip" justo en la fila de atrás.

Unas luces se encendieron por un breve momento. Lo había encontrado.

Tomo aire profunda y pesadamente, se enderezo. Camino tratando de no trastabillar. Abrió la puerta del piloto, pero a duras penas logró montarse sobre el asiento. La cerró trabajosamente, acto seguido su cuerpo se inclinó sobre el manubrio.

Tomó entre sus manos el duro metal con la vista pegada al suelo del vehículo. Esto no iba a funcionar.

Por favor… por favor… no te desmayes. Pensó mientras cerraba los ojos en un intento de recomponerse. Era como si las fuerzas estuvieran abandonándola. Por fin comprobándole que agente o no, al final del día, ella era solo humana y no un superhéroe salido de una historieta.

Había tenido suerte al no morir deshidratada, pero moriría si hacía caso omiso a su condición actual. Necesitaba reposo, necesitaba un hospital. Paradójicamente estaba en el estacionamiento de uno, luchando para irse.

Cerró sus ojos unos segundos.

¿Ahora qué? Hilo tratando de parecer coherente mientras permanecía en esa posición.

Sus manos temblaban incapaces de soltar el manubrio. De pronto giro su rostro y pudo ver que las vendas que Alice le había puesto estaban manchadas de sangre, su sangre.

Era la seña que su cuerpo estaba pasando la cuenta. Tomó aire. Inhala, exhala, inhala, exhala pensó.

¡No puedes desmayarte! ¡Tienes que irte de aquí! Se repitió con la cabeza apoyada en el manubrio. Volvió inhalar esta vez profundamente, y cuando levanto la vista al frente, lo vio.

¿Acaso podría ser posible? Reflexionó mirando el cuerpo que estaba frente a ella, impidiéndole el paso.

Incapaz de quitar la mirada del hombre, solo vio atenta y sin perder detalle, como este comienza a rodear el vehículo para acercarse hasta su ventana. Una vez allí y sin que Bella pudiera siquiera oponer resistencia, abre la puerta sin mayor dificultad.

Bella es incapaz de reaccionar.

No puedes manejar en estas condiciones –observó con autoridad el recién llegado. Su tono era firme pero pacifico, algo tan característico en él.

Estás en Shock –continúo explicando algo demasiado evidente pero que Bella era incapaz de procesar. –y a menos que realmente quieras morirte, es mejor que me dejes ayudarte –concluyó, algo para lo que no había que ser adivino pensó la muchacha.

Bella estaba muy consciente que su cuerpo esta ad portas de rendirse. Así que la reciente sensatez que estaba aflorando, acepto el ofrecimiento.

Soltó el manubrio y deslizó a duras penas su cuerpo hasta el asiento del copiloto, sin quitarle la mirada a su nuevo salvador, contempla como este entra y se acomoda en el vehículo.

El motor se activa, y el vehículo toma movimiento. Bella parpadea por primera vez. Unos metros más allá están fuera del estacionamiento del hospital.

El silencio asfixia. Bella lucha por permanecer consciente durante el trayecto, su cuerpo esta por colapsar. De reojo el piloto advierte la lucha que lleva a cabo la muchacha, mete su mano en la solapa de su chaqueta y saca un objeto, se lo entrega a Bella quien lo sostiene con sus dedos temblorosos.

La muchacha queda contemplando la jeringa con la sustancia translucida en su interior.

Adrenalina –le confirma. –Te ayudará a sentirte mejor –asegura.

¿Cómo puedo confiar en ti, Carlisle? –pregunta de vuelta Bella.

Su mano temblorosa toma posición para presionar el embolo.

Con fe, la misma fe que has tenido en Edward, y en todos nosotros, durante todos estos años –le contesta sin quitarle la mirada.

La triste realidad es que no está en posición de otra cosa que justamente tener fe, por lo que inhala y se inyecta todo el contenido contra el muslo de su pierna derecha. De inmediato siente una sensación de calor invadirla. El latido de su corazón se dispara, todo el aletargamiento se disipa.

De pronto siente como si su cuerpo volviera a funcionar, sin dolor, sin cansancio. Sabe que será un efecto momentáneo, pero lo acepta. Se acomoda en el asiento porque sospecha certeramente que el viaje será largo.

¿Vacaciones? ¿Es en serio? –cuestionó Emmett con el papel entre sus dedos aún.

Así es –confirmo con seriedad Jasper - Es necesario, después de todo lo que hemos pasado –explica.

Entonces tú, y Edward también se tomarán vacaciones –interrumpe abruptamente tratando de confirmar sus sospechas.

En todos los años que llevaba en la Agencia, Aro jamás había sido tan generoso como para darles vacaciones. De hecho, a duras penas, se habían tomado alguna que otra licencia, así que de pronto ofrecerlas era más que extraño, definitivamente sospechoso.

No –aclaró – Sólo tu.

¿Por qué?

Jasper tomo aire. Sabía antes de hacerlo que Emmet no se tragaría semejante mentira, entonces porque hacer el vano esfuerzo de encubrir, caviló unos segundos recordando la orden de Edward.

Edward lo ordenó. El piensa que te hará bien tomarte unos días de descanso. – finalmente agregó y aunque no era del todo cierto, tampoco era completa mentira.

Emmett lo observó un tanto descolocado, pero no lo objeto. Tal vez podría haberse imaginado que algo así sucedería con "todos ellos" en la Agencia, pero que le dieran vacaciones solo a él, era algo para lo cual no estaba preparado.

¿Qué está sucediendo Jasper? ¿Por qué me quieres lejos? ¿Edward lo sabe? –cuestionó encarando su mirada. Jasper no dijo nada, pero su mirada confirmo sus sospechas. -¿ Él lo ordeno? ¿Acaso esta dudado de mis capacidades? –volvió a preguntar, recordando como Carlisle lo había noqueado.

Solo tomate las vacaciones quieres -insistió este dándole una palmada en el hombro para alejarse, dejando a Emmett completamente desacomodado.

El movimiento de detención hizo que Bella abriera sus ojos. La luz incesante la hizo advertir que ya no estaban en la carrera, sino que en una gasolinera. Diviso a través del espejo retrovisor la suela de Carlisle mientras este abría el estanque de bencina. Se incorporó un poco, justo cuando iba a desabrocharse el cinturón de seguridad sintió el golpe en el vidrio, atrayendo su atención.

Necesitamos cambiar tus vendas, pero antes debo ir a la tienda a comprar agua y algo para que comas. Espera aquí. -indicó Carlisle mientras se alejaba.

Observar a Carlisle curarla no dejaba de impresionarla, no porque no lo hubiera hecho antes, sino porque la misma dedicación era la que podía ver en Edward. Ambos se parecían mucho, a pesar de no tener ningún tipo de parentesco, era como si en otra vida, tal vez hubieran sido hermanos o hijo o padre. El efecto de la adrenalina inyectada comenzaba a disiparse y el dolor volvía, no pudo evitar que un quejido saliera de sus labios. Carlisle se detuvo prestándole atención.

Necesitas descansar -señalo incorporándose desde el suelo, abrió la cajuela del vehículo como buscando algo, luego volvió a acercase a ella. – Hay un motel a unos cuantos kilómetros, me detendré ahí pero mientras toma esto -agregó entregándole unas pastillas blancas.

¿drogas? -cuestionó Bella, mostrándoselas de vuelta.

Sedante, tu cuerpo necesita...

¿Porqué? -interrumpió Bella mirándolo directamente a los ojos. Era hora de confrontar la verdad, todos lo necesitaban. Ambos lo necesitaban.

¿Porqué qué? -contrapregunto Carlisle.

Traicionarnos, salvarme. Todo esto. -Bella hizo una pausa - ¿Qué es lo que esta pasando realmente Carlisle? ¿Qué secreto tan poderoso te tiene haciendo todo esto?

Y el momento había llegado. Carlisle lo sabía, desde el minuto en que decidió salvarla, sabía que iba a tener que explicarlo. El problema que nunca es fácil mostrar vulnerable, menos para alguien que ha sido entrenado justamente lo opuesto.

No puedo explicarlo, es mejor…

No me vengas con esa estupidez -interrumpió Bella sin poder evitar que la rabia inundará sus palabras. Era difícil no pensar en todo el sufrimiento, y quería saber que tan buena excusa había detrás de todo, que era lo tan poderoso que podía propiciar tantas traiciones - ¡Mírame! -increpó levantando sus manos vendadas -¡Míranos! -agregó exasperada a la nada.

El silencio se hizo presente una vez más. ¿Bella podría entender sus motivos? ¿Sería su motivo lo suficientemente poderoso para que valiera la pena todo lo que había hecho? Cavilo mientras decía su siguiente paso.

Y por favor no digas que es por todos nosotros, porque no te creeré. No nos utili… -agregó la muchacha, pero esta vez fue el turno de Carlisle para interrumpirla.

No. -confirmó. -no fue por ustedes - y era hora de enfrentarlo.

¿Qué es lo más poderoso que puede motivar a alguien a traicionar de la forma en que Carlisle estaba haciéndolo? Reflexionó la muchacha sosteniéndole la mirada.

Carlisle saco su teléfono móvil y luego de unos segundos se lo entregó a Bella.

Es mejor si lo miras por ti misma -explico ofreciéndole el aparato. Esta lo tomó entre sus dedos, era una cámara de seguridad de una habitación, en ella dos personas, era la silueta de una mujer y una… niña, ambas jugando

Bastaron unos segundos para que la muchacha hilara la historia. La verdad develada ante sus ojos. ¿Qué es lo más poderoso que puede motivar a alguien a traicionar? Pensó de inmediato.

Era tu hija -exclamó Bella.

Sí -confirmó Carlisle. – Aro nos la arrebató apenas nació -explicó. – Por años trate, tratamos. -agregó haciendo una pausa. – Lo siento, pero necesita recuperarla -confesó. -Se que es demasiado egoísta…

No lo es -rebatió Bella entregándole el teléfono móvil de vuelta. – Solo hiciste lo que cualquier padre hubiera hecho -y no hay nada más poderoso que el amor de un padre a su hijo pensó mientras se acercaba al vehículo y abría la puerta.

Carlisle guardó su teléfono en la chaqueta y luego de tomar aire, también entro al vehículo. Encendió el motor, justo cuando iba a pasar el cambio, sintió la delgada mano de Bella posarse sobre la suya.

Te perdono por todo. -exclamó la chica. -Así como también lo hará él. -aseguró.