«Si estoy aquí, puedo ver la chica pelirroja cuando salga de su casa, si ella me ve observándola detrás de este árbol, pensará que soy la persona más tonta del mundo, pero si no lo hago, nunca la podré ver, significa que sí soy la persona más tonta del mundo. Eso explica porque estoy parado en hiedra venenosa.»
—Charlie Brown.
Desde un principio se podía notar que tanto Yoruichi como Soi Fong eran distintas desde los pies a la cabeza. Una de las múltiples diferencias que poseían era que a Yoruichi le aburrían las rutinas, mientras que Soi Fong se sentía mucho más cómoda con las mismas, según ella, porque sencillamente se sentía bien tener el control, las riendas de su día a día, era cierto que a veces le cansaba la monotonía, pero por lo general le gustaba.
Yoruichi había sonreído en ese momento: —Eres una fanática del control —dijo a lo que Soi Fong le devolvió la sonrisa.
—Soy capitana, Yoruichi-sama. Es obvio que soy una fanática del control.
Pero aún quitando el menosprecio de la Shihoin hacia las rutinas, había una cosa que ellas siempre solían hacer cada vez que Soi Fong venía al mundo de los vivos. Algo a lo que Yoruichi llamaba "viernes de locura".
Soi Fong nunca supo de dónde había sacado Yoruichi aquél término o más bien la idea de hacer locuras cada cierto tiempo, suponía que lo había mirado en una de esas películas juveniles que le encantaban a Yuyu Yayahara. Pero los llamados "viernes de locura" básicamente consistían en un día libre de ocupaciones, de misiones o investigaciones de presión espiritual —que eran lo que solía traer a la capitana al mundo de los vivos la mayoría de las veces—, dedicándolo a sencillamente a hacer lo que quisiesen. Para el alivio de Soi Fong, no necesariamente debían ser locuras como había pensado en un inicio.
Sobre todo porque la definición de Yoruichi de "locuras" era un tanto... Extrema.
Eso tenía algo que ver con la diferencia de opinión de ambas mujeres acerca de la rutina; los viernes de locura nacieron principalmente del deseo de Yoruichi de sacar a su novia de la monotonía, de que se divirtiera un poco mientras estaba cumpliendo su deber y además... El motivo más simple y cliché de todos, porque quería pasar tiempo de calidad con ella.
¿Qué? Había perdido ya demasiado tiempo, un siglo para ser exactos. No se la podía juzgar por querer estar más al lado de su abejita.
Pero en fin; durante esa semana, para sorpresa de la mujer morena Soi Fong no llegaba debido a una misión. De hecho, la propia capitana le había comentado, con una mala cara de por medio que el comandante Kyoraku le había "semi-obligado" a tomarse al menos una semana de vacaciones, y sólo era una semana porque Soi Fong había insistido en acortar su tiempo "descuidando sus deberes" ¿El motivo? Ambas sospechaban que la capitana Kotetsu tenía algo que ver, pues si bien la sucesora de Unohana era dulce y pasiva, el tiempo que había servido bajo la primera Kenpachi la había hecho desarrollar unas "estrategias de persuasión" bastante similares.
Cuando Soi Fong se lo comentó Yoruichi se estremeció de sólo pensarlo, e incluso se encontró mandándole condolencias a los demás capitanes. No quería saber en qué se había convertido la dulce y alta mujer que casi siempre yacía callada al lado de Unohana.
Pero en fin, la semana pasó lenta, algo aburrida. Yoruichi procuraba mantener ocupada a Soi Fong con cualquier cosa, puesto que la joven parecía al borde de sufrir un ataque de ansiedad ante la idea de descuidar su escuadrón —el propio Urahara se lo había dicho a lo que Soi Fong había contestado diciéndole que cerrara la boca—, pese a las súplicas y quejas de la más pequeña, la mujer morena no le permitió siquiera considerar el papeleo o cualquier cosa relacionada con sus deberes.
—Las vacaciones gratis sólo se obtienen una vez en la vida ¡Debes disfrutarlas! —eso era lo que Yoruichi le decía todo el tiempo a Soi Fong.
La muchacha sencillamente se dejaba hacer porque sabía que sería imposible detener a su novia en lo que a estas cosas se refería, aunque no podía quitarse de la cabeza esa sensación de culpabilidad de no estar haciendo nada realmente productivo, mentiría si dijese que no disfrutaba pasar ese tiempo libre que tenía con Yoruichi, con quien cada momento se sentía único y encantador por más que simplemente estuviesen recostadas juntas escuchando música o haciendo alguna otra cosa de lo más mundana.
—¿A dónde me llevas, Yoruichi-sama? —preguntó Soi Fong cuando ambas salían de la tienda el tan esperado viernes. Ambas vestidas con ropa más mundana de lo que acostumbraban, Soi Fong usaba una blusa amarilla sin mangas, pequeños shorts blancos y un largo chal blanco con capucha, llevaba tenis blancos de plataforma que la hacían ver una pulgada más alta.
—Es una sorpresa —contestó la morena guiñándole un ojo a su antigua discipula, sin soltarle la mano. Por otra parte; Yoruichi usaba vaqueros negros ajustados, una blusa roja de escote drapeado y botines negros. En respuesta la más baja se limitó a suspirar.
Luego de aquello Soi Fong no volvió a preguntar, y Yoruichi tampoco dio más pistas, pasaron unos minutos caminando de la mano, con unas pocas personas volteándolas a ver con curiosidad, algunas con sorpresa y una o dos las miraron con desdén. Les daba lo mismo la verdad, lo que pensasen terceros que ni siquiera las conocían al verlas juntas era algo que sabían no deberían siquiera considerar, no tenía nada que ver con su felicidad.
Para sorpresa de Soi Fong nuevamente, quien se hallaba preparándose mentalmente para encontrarse con algún lugar cuestionable al que su novia se le hubiese ocurrido llevarla, la mujer la llevó primero hacia un café encantador, con una decoración pintoresca típica de los locales de las películas románticas: Mesas de madera clara con lindas sombrillas en la terraza, las ventanas pintadas en tonos menta e incluso algunas luces y faroles parecidos a los que se colocan en navidad. Sí, en definitiva calzaba en el típico escenario de película juvenil.
—¿Me trajiste a beber Amazake, Yoruichi-sama?
—No exactamente —dijo Yoruichi con una gran sonrisa—. Tienen Amazake, pero te traje aquí por los batidos ¡Son exquisitos!
—No me gusta mucho el dulce Yoruichi-sa... —Soi Fong no pudo terminar de hablar porque la morena la jaló a aquél local, antes de que la muchacha se diese cuenta estaba sentada en una de las mesas de madera clara junto a la ventana y Yoruichi estaba en la barra ya esperando para poder pedir.
Bueno, por algo Yoruichi tenía el título de Diosa de la velocidad.
Aunque Soi Fong no era mucho de cosas dulces, el entusiasmo casi infantil de Yoruichi estando juntas en aquél café fue tal que la capitana no tuvo corazón para rechazarla y decidió beber un trago de su batido de arándanos abrió los ojos mirando la copa con sorpresa ¡Estaba más delicioso de lo que imaginaba! Para acompañar terminó pidiendo un pastel agridulce para no acabar tan empalagada, por su parte la mayor decidió pedir un batido de frutilla y un trozo de pastel de chocolate. Yoruichi también quiso pedir galletas para que compartieran, pero la más baja ahí sí que las rechazó firmemente.
No la juzguen, no se puede convivir a diario con los modales especiales para comer de Omaeda sin acabar desarrollando aversión a las cosas demasiado crujientes.
Sentadas una junto a la otra, con sus costados pegados se quedaron un rato charlando, en ocasiones soltaban carcajadas que asustaban incluso a los empleados del café, pero algunos de ellos incluso las miraban enternecidos al verlas ahí pegadas, con la mano de la morena sobre la cintura de la chica de ojos grises y ambas con la apariencia de dos personas que se sienten las únicas en el mundo.
Luego del café Yoruichi arrastró a Soi Fong a un pequeño lugar en el que ambas pidieron una bicicleta para dos, cosa que hizo que Soi Fong se pusiera de distintos tonos de rojo al verse a sí misma compartiendo una bicicleta con su novia. Otra escena digna de las películas románticas adolescentes, ninguna de las dos supo cuánto duró su paseo, pero de todas formas no les habría importado, incluso se atreverían a decir que se sintió demasiado pronto. El tiempo volaba cuando estaban juntas.
El paseo en bicicleta las condujo a la playa, la misma que alguna vez habrían visitado con los demás Shinigamis. Esta vez no traían trajes de baño pero eso no les impidió divertirse en grande estando allí; jugaron a seguir y luego huir de las sombras, se rieron a gritos cuando tuvieron que realmente huir de una parvada de gaviotas e incluso se tomaron varias fotos con los celulares de ambas. Mientras que Yoruichi posaba con toda natural Soi Fong al principio se veía incómoda cuando la cámara la apuntaba, pero momentos después se relajó lo suficiente como para ofrecerle a su novia fotos muy buenas junto al atardecer. Finalizaron su pequeña aventura con una selfie, en la que posaron abrazadas con las olas y el sol escondiéndose detrás de ellas.
Como si toda esta cita ya de por sí no tuviese mucho aire de fantasía adolescente, cuando regresaron a la tienda Yoruichi colocó películas que vieron abrazadas, cubiertas con una gruesa manta de tono rosado viejo y bebiendo Amazake, probablemente preparado por Tessai. La sala no tardó en llenarse de sus carcajadas cuando había alguna escena porno en las películas que veía, de lo malas y exageradas que les parecían, al punto de que ni siquiera podían tomarse en serio las escenas "serias".
Y para cerrar con broche de oro el día, unos besos inocentes durante la películas desembocaron en que Yoruichi cargase a la capitana para llevársela a su habitación.
Soi Fong se encontró agradeciéndole a su comandante por estas vacaciones forzadas, y a su propia novia por esta extraña costumbre de los viernes que la hacía sentirse en medio de un sueño juvenil.
