«La alegría está en tocar.»

—Charlie Brown.

—¡Mis pies me están matando!

Soi Fong se sobresaltó cuando la voz de su prometida y el sonido de su puerta siendo azotada interrumpió el silencio de su casa. Ella recién acababa de adelantar algo de papeleo y de ponerse la pijama, y en esos momentos se encontraba preparando té para descansar. Mientras quitaba la olla del té del fuego Yoruichi apareció por la puerta y desde la cocina Soi Fong pudo ver como se arrojaba como arrojaba su bolsa a un lado y luego ella misma se tiraba como saco de papas en uno de los sofás.

—Justo a tiempo para el té, Yoruichi —mencionó la capitana mientras servía el té en las tazas para luego tomarlas y llevarlas a la sala, se sentó en la porción de sofá que no ocupaba en cuerpo de la morena— ¿Muy difíciles las cosas en la academia?
—¿Díficiles? ¡Si estoy rodeada de idiotas! —se quejó Yoruichi, se movió un poco en el sofá para apoyar su cabeza en el regazo de la más baja— Media mitad de los alumnos son puro músculo y nada de cerebro, y la otra mitad se creen muy brillantes en el Kido pero no pueden ni hacer un mísero puñetazo de la manera correcta.
—Supongo que los de primer año son los peores —contestó Soi Fong acariciando con una mano el cabello violeta de Yoruichi mientras sujetaba su taza de té con la otra.
—Sorpresivamente no, de hecho son los que menos me desesperan —espetó la de ojos ámbar—. Esos son los de tercer año, son unos altivos pretenciosos que creen sabérselas todas sólo porque se van a graduar —Yoruichi soltó una breve carcajada burlona—. Me gustaría verlos cuando los acepten en sus escuadrones y tengan que ensuciarse las manos de verdad.
—Que horror. Cuánto más los imagino más pienso en un montón de clones de Omaeda —el comentario de la capitana entre la broma y el genuino desagrado sí que consiguió hacer reír a su novia.

Ambas mujeres estuvieron un rato ahí tendidas en el sofá, bebiendo su té y hablando de su día, más quejas de Yoruichi hacia los alumnos de la academia Shino y relatos de Soi Fong acerca de sus discusiones con Omaeda. Mientras Soi Fong jugaba con el cabello largo de Yoruichi y esta jugueteaba con los pliegues del camisón de pijama de Soi Fong entre sus dedos, descubriendo más piel de los muslos. Cuando ya las tazas de té se hallaban vacías la conversación se dirigió al mundo de los vivos, los contactos que tenían allí.

—Extraño a Kisuke y a Tessai, debería ir a verlos. Desde que entraron en la secundaria Jinta y Ururu los están volviendo locos, sobre todo Ururu y sus nuevos pretendientes —contó entre risas la morena aún recostada en el regazo de Soi como si fuese lo más cómodo del mundo. Ignoró el pequeño gruñido que se le salió a la capitana al mencionar al tendero, era ya una costumbre.
—Yo también podría visitar a Mei-chan. Podría pensar que me estoy olvidando de ella y verla paranoica es lo peor del mundo —comentó casualmente la capitana.

Esta vez le tocó a Yoruichi gruñir cuando Soi Fong nombró a su mejor amiga, a quien había conocido en el intervalo de tiempo entre la guerra de invierno y la guerra contra los Quincys y el Rey alma sabrá cómo fue que consiguió congeniar tan bien con la capitana siendo una simple humana. Lo cierto es que la relación de Yoruichi con Mei Ling nunca había sido muy... Placentera por decirlo de alguna manera, en un principio Yoruichi no había podido evitar sentirse amenazada por este nuevo vínculo que su pequeña abeja estaba creando, debido a la rapidez con la que Soi Fong se abría a esa mujer, la sobreprotección que aquella muchacha desarrolló hacia Soi Fong que fue detonante de varias discusiones explosivas con la ex-princesa y también... Porque Yoruichi tenía que aceptar que Mei era más atractiva que el promedio y no se le hacía descabellada la idea de que un día la capitana pudiese interesarse en ella. Por lo que fácilmente acababa perdiendo el norte producto de los celos, y del hecho de que podía ser la persona más pesada del mundo si se lo proponía.

Las cosas entre la humana y la antigua comandante se calmaron cuando Yoruichi supo que Mei ya estaba casada, aunque seguían teniendo esa tendencia a criticarse y provocarse la una a la otra, por lo menos ya Yoruichi no sentía el impulso de estrangular a la amiga de Soi Fong cada vez que la veía.

—Puedo oír su vocecita condescendiente ahora mismo —espetó la morena— "Estás muy tranquila para estar planeando una boda, Shihoin-san ¿En verdad sabes lo que estás haciendo?" —Yoruichi afinó su voz para imitar la de Mei Ling. Soi Fong se rió.
—No le digas que yo te dije, pero sí sonaste como ella —ese secretito juguetón por parte de la más baja le sacó una gran sonrisa a Yoruichi—. Ella me contó que su esposo apenas se despega de ella estos días ¿Será que al fin está embarazada?
—¿Será que le está endulzando el oído para llevarla a la cama? —replicó la morena a modo de broma, en respuesta Soi Fong le dio en la cara con un cojín del sofá.
—¡No seas vulgar, Yoruichi! —lejos de considerar su regaño la aludida se echó a reír con ganas.

Ambas estaban exhaustas luego de todo el estrés y correteo a lo largo del día, Yoruichi aún no terminaba de acostumbrarse a su nuevo trabajo como maestra de la academia Shino, menos aún en la época de exámenes, también conocida como "la época odiada por maestros y alumnos por igual", puesto que nunca le había tenido que enseñar a tantos a la vez, sin mencionar que era muy diferente controlar a un ejército de soldados ya entrenados y preparados, que a un montón de adolescentes con las hormonas —y el ego— revolucionados. Debido a que la espalda y las piernas de Yoruichi estaban de por sí tensas y agarrotadas se sentían aún más adoloridas al haber estado tanto tiempo en una posición incorrecta, decidieron levantarse del sofá y continuar la conversación en su habitación. Yoruichi entró a bañarse, puesto que no le gustaba sentirse pegajosa y entumecida al dormir, mientras que Soi Fong se quedaba en la cama escribiendo unas cosas en su diario.

Al cabo de otro rato Yoruichi salió con el cabello mojado, la piel húmeda y el cuerpo cubierto en una toalla, instintivamente Soi Fong se dio la vuelta en la cama para dejarla que se vistiera y siguió escribiendo, no es que a la morena le importase que su novia la viese desnuda, pero sabía que su abejita simplemente quería darle su espacio. En lo que a ella le concernía, era de lo más tierno.

—¡Estoy en el cielo! —exclamó la Shihoin, Soi Fong rodó los ojos y dejó su diario, levantó las cobijas para cubrir con ellas el cuerpo de su antigua mentora.
—Hace frío, no te quedes descubierta —le dijo con cariño,un cariño poco común en la ruda comandante del Omnitsukido.
—¡No quiero trabajar más! —lloriqueó Yoruichi con su rostro entre las almohadas, Soi Fong volvió a rodar los ojos— No quiero revisar exámenes, no quiero controlar a esos mocosos, ya no quiero ir a la academia —se siguió quejando como una niña haciéndole berrinche a su madre, y en una especie de énfasis en sus palabras, se cubrió la cabeza con las almohadas.

La capitana sólo atinó a reírse levemente, encontraba tierno cuando Yoruichi se ponía a hablar como una niñita caprichosa, en lugar de quitarle las almohadas o la cobija la misma Soi Fong también enterró su cabeza bajo las mismas, de manera en la que sus rostros se encontraron.

—Si no te conociera diría que odias a tus alumnos —le dijo la chica de cabello oscuro en voz baja.
—No los odio, sólo me desesperan —habló la morena también bajo, como si estuviesen compartiendo secretos entre ellas—. Ninguno ha llegado a tu altura, querida abejita.

Bien, eso definitivamente no se lo esperaba Soi Fong; con las mejillas encendidas a velocidad luz la capitana se giró con violencia en la cama de modo que quedó dándole la espalda a la morena, quien comenzó a reírse.

—¡Sólo te burlas de mí! —la acusó Soi Fong con las manos cubriendo su rostro, mientras que aún riéndose Yoruichi se le acercaba por la espalda y con su brazo izquierdo rodeaba a la chica a la altura del pecho, aún avergonzada Soi Fong atinó a poner una de sus manos sobre el brazo de su prometida, y los anillos de compromiso que ambas llevaban brillaron.
—No te negaré, soy culpable de eso —dijo la morena con una sonrisa traviesa—. Pero no es mentira, ninguno tiene la mitad de talento que tú tenías a su edad, Shaolin.

Las mejillas de la aludida ardieron aún más al escuchar su nombre de nacimiento, Yoruichi no solía llamarla así a no ser que estuviesen ahí solas en un sitio tan íntimo, y de todas maneras no es como si lo mencionase mucho. Eso y el hecho de que era literalmente la única persona que conocía su verdadero nombre hacía que la capitana siempre fuese tomada desprevenida.

¿Pero para qué mentir? También lo hacía más especial.

—Eres un desastre —murmuró Soi Fong con las mejillas enrojecidas.
—Y tú amas a este desastre —contestó la morena besando la sien de su novia, quien sólo se dejó hacer.

Después de eso ninguna de las dos dijo nada más, porque se les habían acabado los temas de conversación y porque de todas maneras no era necesario hablar. Ellas, siendo soldados que habían sobrevivido a dos guerras y una había atravesado un siglo de exilio, se encontraban tan tranquilas en los brazos de la otra como si fuesen simplemente dos mujeres comunes disfrutando de la otra. Fue imposible calcular a qué hora se quedaron dormidas, abrazadas, con los anillos de compromiso brillando en sus dedos y sin siquiera molestarse en quitarse las almohadas de las cabezas.