Y luego de casi un año de no tener nada, volvimos con nuestro bebé mayor, en serio que no teníamos intención de entrar en hiatus, peeeeero, de verdad que hemos pasado por muchos cambios, así que, de todo corazón, esperamos que disfruten mucho este capítulo.
Esa noche los nervios y la ansiedad reinaron en el lugar, no había división que no aportara algo a la seguridad, a sus divisiones, aunque no había bajas ni pérdidas materiales, sintieron que había algo que estaba en juego.
Antes de llamar a sus capitanes, Kyōraku les había permitido reunirse con sus hombres para organizarlos, a Byakuya, Renji y Tōshirō les permitió estar al lado de las hermanas ¿sentimientos? Si, dos de ellas confirmadas, enamoradas de sus capitanes, ¿Y Saya? Bueno, ese era otro tema.
Estaba sentado frente a su escritorio, agobiado, cansado, pensando en que esa tarde vio en todo su esplendor lo que su pequeño jardín era capaz de hacer.
El olor a té lo invadió, abriendo los ojos, viendo a su Nanao dejarle una taza de té.
-Parece como si Hanako lo hubiera preparado- Murmuró, sintiendo en el dulce aroma, a su flor más grande.
-Ella dejó esa mezcla especial por si la llegase a necesitar, comandante- Estaba tan cansada como el, y no por haber peleado, pero verlo en su situación actual, también le afectaba.
-Hubieras de darme un trago de Sake- Rio, queriendo aliviar un poco la tensión en su teniente -Nunca, antes de una junta, ¿verdad?
Nanao lo miro en silencio, Okikiba se acercó a ellos, esperando alguna orden.
-Si el gotei está a salvo, es por ellas, al final, nos protegieron y se protegieron entre ellas- Suspiro pesadamente, tomando el té y sonriendo ante el sabor que su flor le daba siempre -Entre Kurotsuchi, Kenpachi y Hitsugaya, no sé qué voy a hacer, será una tormenta esa junta
-Genryuusai-dono siempre temió que algo como esto llegara a pasar- Nanao miro a su colega, mientras Kyōraku lo miraba con interés -El entrenó a las niñas para ser la última opción del gotei ante cualquier amenaza, sin embargo, no tuvo el valor de enfrentarlas a los Quincy
-Definitivamente todo hubiera sido más sencillo si ellas hubieran peleado a nuestro lado- Suspiro, agotado, sabía que debía llamarlos, mejor tarde que nunca.
…
Llevaba buen rato en la habitación, sentado a su lado, mientras la culpa lo corría, ¡Idiota! ¡Mil veces idiota! Nunca debió dejarla sola. Ahora solo le quedaba cargar con el remordimiento de haberla visto con un Bankai totalmente diferente al de aquella noche y, que, en palabras de otros, esa no era la Asami que todo mundo conocía.
Solo recordar el negro recorrer sus extremidades, en como su mirada violeta oscuro reflejaba la ira desbordante, la manera en que atacaba al capitán de la un décima, sin piedad, sin miramientos, todo aquello le causaba un escalofrío, ¿Debía temer de ella? No, no de ella, debía temer por el pobre alma que se enfrentara a ella a muerte.
Pero eso no era lo que le preocupaba de momento, si no, que su hija estaba creciendo en el vientre de la chica, y tanto la capitana Kotetsu como Kurotsuchi (¿Por qué le había afirmado el aquello?), le afirmaron y reafirmaron que la bebé estaba bien, que, de una u otra manera, Daya Kōu la protegía. Esto solo pudo despertar en el capitán de la doceava, la curiosidad por las zanpaku-tō de las niñas Yamamoto.
Suspiró, con pesadez, cansado.
-El comandante pronto llamara a junta- Kotetsu entraba por enésima vez a la habitación, y no por la chica, sino, que miraba con reproche a su colega -No deberías forzarte más, estas sobrecargando a tu cuerpo
Gruñó para sus adentros, apenas compensando su respiración, estaba en su limite…
-Si no lo hago…
Y si no lo haces, también podría afectarte más de la cuenta- Su voz sonó autoritaria, como pocas veces lograba hacerlo, tomándolo por sorpresa -Tal vez tengas un mayor control sobre tu poder, pero no por eso debes usarlo de esa manera, necesitamos a todos los capitanes del Gotei y, te recuerdo, que eres uno de ellos
Tenía toda la razón, no iba a poder proteger a nada ni nadie si comenzaba a armar un berrinche, así que, sin pensarlo más, dejo ir su forma dulta, volviendo a ser el pequeño capitán de la decima división.
-Gracias, Kotetsu- Se sentía más tranquilo, por lo que, sin pensarlo, tomó la mano de Asami, mirándola con los ojos enternecidos, haciendo a la capitana de la cuarta sonreír -La dejo en tus manos, es lo mas importante de mi vida en estos momentos
Se acercó a ella, besándole la frente y abandonando la habitación. La shinigami se acercó a ella, despejándole el rostro y sonriendo nuevamente.
-No sabes el cambio que has hecho en él, Asami-chan, era lo que le hacía falta para mejorar en todos los aspectos
Terminó de revisarla, antes de marcharse a la junta, porque ¿Qué sorpresas traería esta vez su colega de la doceava?
…
Caminar por los muros cristalizados, era algo que solo ella podía comprender, el laberinto seguía y se extendía, sin embargo, era un lugar que solo ella conocía, donde solo el tintineo de los diamantes con los caminos aluzados por los arco iris que se reflejaban en el piso guiaban sus pasos.
Pero el plano cambió, el ambiente se volvió nuboso, ¿neblina? Ella nunca había visto su mundo de esa manera, no cuando su visibilidad estaba nublada por aquel velo espeso; y ahí estaba, la silueta sutil del espíritu de su dragón.
- ¿Daya? - Y la silueta se giró, sonriendo, invitándola a acercarse, obedeciendo -Es raro que me llames…
-Bueno, creo que es importante que sepas lo que voy a decirte- La voz de su zanpaku-tō siempre había sonado muy suave, algo maternal, pero lejos de eso, eran amigas -He estado protegiendo algo que no sabias que existía, algo dentro de ti…
Un extraño viento sopló, alborotando el cabello de ambas, un silencio extraño que les permitió escuchar los pasos acercarse a ellas, ¿Qué no se suponía que solo ella podía estar ahí?
Los pétalos de las flores pasaron frente a sus ojos, y su vista se enfocó en la silueta de un hombre. Tomó la guarda de su espada, un gesto impropio en ella.
Daya se puso de pie, interponiéndose entre ambos.
-No vas a lastimarla- La imponente voz de la zanpaku-tō resonó como eco, haciendo vibrar los diamantes a su alrededor -No deberías estar aquí…
-Muévete- La voz del hombre sonó ecuánime, mirando al espíritu frente a él, haciéndola sentir miedo a ella; y Asami lo notó, algo diferente en sus ropas, en su cabello, el negro subiendo por las orillas de su kimono, por sus dedos, por las puntas de su cabello, todo, degradándose al gris, dando paso al blanco y su pureza total -Mis asuntos no son contigo
-Lo que tengas que decir, será frente a ella, con ambas- Sentir el apoyo de su portadora la hizo sentirse tranquila, el negro disminuyó - ¿Quién eres?
-Té he estado observando, y algo hubo en ti que hizo posible que mi espectro pudiera vivir en tu interior, en tu cabeza- Sonrió, mientras ella daba un paso hacia atrás al verlo acercar su mano -No deberías temer a una ilusión…
- ¿Como sabes que no es real? – Preguntó ella, mirándolo, con el ceño fruncido y la guardia en alto. Estaba muy a la defensiva ¿era por Daya?
-Alguna vez fui un shinigami- Esto llamó su atención, pero no por eso, bajo la guardia -Pero hay algo que tengo cumplir, y para eso, necesito acabar con los trece escuadrones, y tú vas a ayudarme
Sabía que tarde o temprano podría llegar a perjudicar a su hogar, a sus amigos, sus colegas; sus hermanas. Sin embargo, otra cosa rondaba su mente, las palabras con las que su zanpaku-tō había iniciado su encuentro.
- ¿Por qué crees que voy a ayudarte tan voluntariamente? – Cuestionó, soltando la guarda de su espada, mirándole con fiereza ¡Que raro! Daya sentía lo mismo - ¿Por qué siento que te conozco?
-Oh, tienes el mismo sentimiento que yo- Y se sentó sobre el tronco cubierto de diamante que yacía detrás de él, invitándola a sentarse a su lado ¿de verdad? -No tengo intenciones de atacarte, al contrario, quiero ofrecerte un poco de… ¿tranquilidad? – Bufo, burlándose de si mismo. Él solía llamar al caos y a la destrucción, no a la tranquilidad, pero algo en ella le insistía en que debía otorgarle un poco de aquello -Voy a congelar la esencia de tu espectro interno…
-Eres mi enemigo- Espetó, sentándose a su lado, con la vista de Daya sobre ellos y, sin querer, pudo al fin ver al espíritu que parecía resguardar al muchacho. Un espíritu muy similar al de ella y sus hermanas, Karyū y Kairyū probablemente pensarían lo mismo que ella ¿amigo o enemigo? -Pero algo dentro de mí… me dice que puedo confiar en ti de una u otra manera
Tomó asiento, y solo hubo silencio por unos cuantos segundos.
- ¿Por qué vas a ayudarme? - Pregunto ella sin miramientos, ladeándose hacia él, como si hablara con un viejo amigo -No sé si logro captar que quieres acabar con el Gotei, que vas a lograr que te ayude a hacerlo, pero ¿vas a detener al espectro en mi interior?
-Acertaste- Extendió una mano hacia ella, a su pecho, donde una pequeña esfera negra nació y desaprecio en su interior nuevamente -Cuando ese bebé nazca, vendré por ti
Bebé, la única palabra que podría descolocarla de manera tan abrupta.
¿Cuánto había soñado con aquello? Y ahora, a estas alturas, desearía que no fuera así. ¡Estaba en medio de una guerra!
-Té veré en otra ocasión- Se levantó, comenzando su andar hacia el laberinto de diamantes, donde desapareció. Y la vista de Asami se perdió en el laberinto, con Daya sentada a un lado de ella; tomaba sus manos con anhelo para llamar de nuevo su atención.
-Gracias por cuidar de el- Comentó la chica, mirando a su amiga al sentir sus manos sobre las de ella - ¿Puedes seguir haciéndolo?
-Por supuesto, la protegeré de todo lo que amenace a hacerle daño- Asami le miró con duda, ella se había referido a un bebé masculino, y su amiga a una niña -Es una niña…
El guiño en el ojo de su amiga marcó el final de aquel encuentro.
…
Hanako estaba sentada en su camilla en la división cuatro, con la espalda pegada en el respaldo, en los almohadones cuidadosamente esponjados a su alrededor para darle soporte. Una sonrisa dulce y discreta adornaba su expresión, el aroma cítrico inundaba sus fosas nasales, y aunque su mirada estaba perdida en la ventana, ya estaba saboreándose aquella fruta que le había sido prometida.
Byakuya estaba sentado al lado de la cama, pelando una naranja con parsimonia; sus uñas se habían enterrado en la cúspide de aquella fruta y ahora el noble había logrado retirar casi toda la cáscara de un solo corte espiral, arrancando el aroma entre dulce y ácido de la misma mientras algunas gotitas habían saltado por la presión, manchándole la piel.
Cuando los shinigamis que daban seguimiento a Hanako habían entrado para darle un chequeo general, minutos atrás, no habían podido evitar pensar en que aquella escena se sentía correcta, como si así debiera ser desde el principio. El noble pelando una naranja para la teniente mientras ella les dedicaba una mirada suave y les sonreía para invitarles a pasar. Siempre manteniendo la diplomacia.
—Me siento bastante mejor que la última vez —había prometido la joven mientras leían su reiatsu y vigilaban la sanación de su cuerpo —, esta vez no agoté mis reservas, de verdad me siento bien.
—Eso no quita que debamos cerciorarnos de tu seguridad, Hana-hime —murmuró suavemente el noble mientras comenzaba con su tarea de arrancar la piel de la fruta, en apariencia distraído, pero prestando especial atención a cada palabra dicha por los especialistas —, no podemos perder a la estratega del Gotei, suficiente tenemos con que su escudo y su espada estén en condiciones cuestionables.
—Kuchiki-taichō, voy a creer que está preocupado por mí —canturreó con dulzura mientras los shinigamis le arreglaban las almohadas para asegurar su comodidad, suprimiendo suspiros por aquellas palabras dichas, preguntándose si estarían invadiendo un momento íntimo.
—Hanako, tu seguridad es prioridad para el Gotei en este momento —inició el noble con monotonía, sin embargo, levantó la mirada hacia ella con los ojos encendidos en una chispa ígnea que le hizo pasar saliva con dificultad —, pero en lo personal, el Gotei entero puede esperar si eres tú quien está en peligro.
—Eso es muy... —inició con nerviosismo, viéndose interrumpida por el pelinegro.
—¿Egoísta?
Hanako hizo una pausa, sabiendo que los shinigamis que le atendían podían estar esperando la respuesta.
—Dulce —concluyó ella con una sonrisa soñadora.
Suspiros de los shinigamis mientras salían cuchicheando de la habitación, una risa discreta por parte de Hanako al ver a su prometido pasar saliva discretamente mientras volvía el rostro, y suprimir las ganas de salir de la cama sólo para robarle un beso, sabiendo que debía guardar reposo.
Sus heridas no eran graves, estaba agotada, pero no estaba malherida como en la ocasión anterior. Si les tenían ahí era para poder observarlos y asegurar su recuperación, así que la joven puso de su parte antes de levantar los ojos en dirección a Byakuya, intercambiando sonrisas suaves mientras el noble le mostraba la fruta a Hanako con un gesto distraído y ella asentía enternecida.
El noble casi terminaba de pelar la naranja, la cáscara colgaba de sus manos, adherida a la fruta solamente por el fondo cuando otro hombre entró a la habitación. Se notaba un alma longeva en el cabello canoso, la postura encorvada, el bastón que le servía de apoyo, pero Hanako no reconoció sus facciones.
Aunque al principio el noble sólo levantó los ojos para identificar al recién llegado, Hanako entornó los ojos con curiosidad al ver a su novio levantarse y hacer una reverencia suave, respetuosa, a manera de saludo para el recién llegado.
—Aoyama-dono —murmuró Byakuya antes de avanzar un par de pasos, pero la mano del consejero le invitó a detenerse, así que el pelinegro suspiró guardando la calma, percatándose de que todavía llevaba la naranja en las manos.
—Buenos días, capitán —saludó alegremente aquel hombre antes de dirigir su mirada a Hanako y hacer una reverencia ligara —, usted debe ser la teniente Yamamoto.
—Es un placer conocerle —respondió Hanako inclinando levemente la cabeza en un gesto diplomático, haciendo al consejero sonreír.
—Los rumores son ciertos —admitió aquel hombre antes de sentarse a los pies de la cama de Hanako y hacerla sonreír —, es usted tan hermosa como respetuosa.
—Procuro honrar la forma en la que fui educada —respondió a media voz antes de pronunciar su sonrisa.
—¿Cómo se encuentra el día de hoy?
—Afortunadamente me encuentro bastante mejor de lo que la mayoría cree, y preferiría estar en el Gotei apoyando a los pendientes previos a la junta con capitanes, pero entiendo que la tranquilidad de los shinigamis también es importante, así que permanezco aquí —concluyó con un suspiro ligero, tratando de ocultar que se sentía como una princesa atrapada en una torre.
Aoyama soltó una risa por lo bajo antes de asentir, divertido por el reproche de la joven, antes de levantarse y encarar a Byakuya, sacando un pergamino de la parte interna de su Haori.
(A tender feeling – Sword Art Online)
—Capitán —inició el consejero con una sonrisa dulce, haciendo a Byakuya tensarse en su sitio —, ella sabrá poner a más de alguno en su lugar —entregó el sobre al noble y ambos hicieron una reverencia como despedida —, volveré a mis asuntos, nuestra respuesta está ahí. Ishikawa-san y Kobayashi-san se oponían fervientemente, pero el resto de nosotros creemos que ya es momento de poner las cosas en el lugar al que siempre debieron pertenecer. Tengan un lindo día.
No añadió más, simplemente se dio la vuelta y se alejó a pasos calmados, apoyándose en su bastón y saludando a los shinigamis a su paso, un abuelito aprovechando una mañana tranquila.
Hanako y Byakuya permanecieron quietos un momento más, observando la puerta por la que Aoyama había salido, preguntándose qué se traería aquel hombre entre manos.
A Byakuya le tomó un momento más entregar la naranja a su prometida para proceder a destapar el pergamino y revelar su contenido.
Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras la mirada del capitán se deslizaba a través de los kanjis que componían aquella carta, y aunque Hanako moría de curiosidad, prefirió llevarse un gajo de la fruta a los labios y esperar por su novio.
—Lo aprobaron —fueron las primeras palabras pronunciadas por el noble mientras sus ojos recorrían el pergamino por tercera vez y Hanako terminaba la mitad de su naranja.
La chica apenas pudo proferir un gruñido a manera de pregunta, ya que tenía la boca llena de jugo, sonrió alzando la mirada hacia Byakuya que se giraba para mirarla con los ojos bien abiertos por la sorpresa contenida en sus propias palabras.
—Aprobaron el matrimonio —añadió volviendo a bajar la mirada hacia el pergamino, consiguiendo que Hanako se arrodillara en la cama para acercarse, ignorando toda la calma que le había llenado hasta instantes atrás —. Es por medio de esta carta que queremos comunicar a usted, cabeza del clan Kuchiki, que nos regocijamos en la decisión que toma este día de enlazar su vida a la teniente Yamamoto, y estamos de acuerdo en bendecir dicha unión —recitó a media voz el noble, dejándose caer de sentón en la cama, y permitiendo que los brazos de Hanako le rodearan los hombros, aspirando el aroma de la naranja la respiración de su prometida —. Debieron leer los pergaminos de nuestros abuelos. Los dejé en su poder cuando comenzó la emergencia y, ahora…
—Ahora tenemos luz verde —comprendió Hanako al fin antes de besar la mejilla de su novio y abrazarle con más fuerzas.
La mano de Byakuya alcanzó la coronilla de Hanako, dejando ahí una caricia suave mientras él mismo cerraba los ojos, dejándose embargar por una felicidad inmensa, sintiendo esperanza luego de tanto tiempo de vivir temeroso del incierto futuro.
Hanako, entre las pestañas, leyó el borde del pergamino, percatándose de que el sello y la firma pertenecían precisamente a Aoyama-dono.
En lo personal, creo que fue una decisión acertada la de tu abuelo y el anterior Capitán Comandante el arreglar tu matrimonio con la primera flor del jardín, tardaste tu tiempo en llegar a este desenlace, y ahora entiendes por qué estaba tan furioso tu abuelo cuando rechazaste tu compromiso con la familia Yamamoto, todos los caminos van al mismo destino, y sé que nos harás sentir orgullosos. Por favor, contrae nupcias antes de que este viejo cascarrabias se extinga, quiero verte partir al altar.
Felicidades, Kuchiki Byakuya. Y felicitaciones a la feliz novia.
¿Feliz? Por supuesto, como jamás lo había estado en la vida.
Byakuya se deshizo del abrazo de la teniente para poder tomarle las manos y mirarla a los ojos.
—Hanako, es oficial que podemos fijar la fecha de nuestro matrimonio —murmuró apretadamente —, pero quiero asegurarme de que…
Los labios de la teniente silenciaron los del capitán, haciéndole suspirar entrecortado al sentir aquella caricia suave en su boca.
—Sí quiero —murmuró ella uniendo sus frentes y cerrando los ojos, acariciando las mejillas y el cabello del noble mientras él suspiraba también, suprimiendo la sonrisa y soñando con un futuro mejor—. Sí quiero —repitió un poco más tranquila—, quiero casarme contigo.
…
La tensión se sentía en el aire.
Cada capitán disponible se encontraba ya en su sitio, con su teniente de pie a la derecha un paso atrás, esperando indicaciones.
Kyōraku dedicó una mirada pesada a todos los presentes.
—Quiero un recuento de daños.
—Las estructuras están casi intactas —comenzó Shinji con aires distraídos, sintiendo todas las miradas caer sobre sí mismo, aunque prefirió mantener la vista fija al frente mientras continuaba hablando—. Hemos hecho un recuento de heridos y no tuvimos ninguna baja, desafortunadamente son numerosos los shinigamis cuya salud se encuentra delicada, así que estamos diezmados. No estamos preparados para otro ataque.
—Capitán —llamó suavemente Hinamori al escucharlo detenerse tras decir aquello.
Antes de la junta habían hablado al respecto, Shinji le había confesado haber reconocido al hombre que logró poner a Saya fuera de sus cabales, y que ocasionó la destrucción de la mitad de aquella división después de su batalla con la teniente Yamamoto.
También había confesado no sentirse preparado para mandar a las hermanas a la horca, puesto que revelar aquella información le daría a los capitanes que todavía se encontraban renuentes, lo que necesitaban para condenarlas sin juicio ni oportunidad de defenderse. Pero también comprendía que no podía pasar por alto el hecho de que aquello tenía que significar algo más importante, y que callarse la información ponía en peligro a todo el Gotei.
—También identificamos a un sujeto que parecía colaborar con los genzanki —miró discretamente a Hanako de reojo, la teniente había contenido la respiración, como si se preparase para el golpe letal que Hirako Shinji estaba por darle, pero asintió suavemente, como si concediera el permiso de hablar de aquello y eximiera al capitán de sus culpas—, es un, fue un —se corrigió a sí mismo, sintiendo lo dolorosa de aquella aseveración—, uno de los shinigamis que servían a la quinta durante la traición original de Aizen, posiblemente... Posiblemente un experimento exitoso que está relacionado con...
—Con las hermanas Yamamoto —anunció el capitán de la duodécima mientras una sonrisa maniaca crecía en su rostro.
—Fue uno de los shinigamis a los que dimos por muertos —explicó Hirako a toda prisa, alzando un poco la voz y sintiendo que el pulso se le aceleraba—, el sujeto en cuestión desapareció incluso antes de que las hermanas Yamamoto iniciaran su formación como shinigamis. Ninguna de ellas tenía la intención de entrar a la academia siquiera y…
—Pero eran sus hermanas, y lo admiraban con fervor.
—¡Las hermanas Yamamoto —inició el teniente de la sexta, alzando la voz al grito— han dado todo de sí para proteger al Gotei, su sangre incluida!
—Renji —llamó suavemente el capitán Kuchiki, obligando a su teniente a guardar silencio.
—Sin duda alguna, es algo lamentable —inició Kurotsuchi mientras avanzaba con pasos suaves en dirección de Hanako, quien había ocupado el lugar de la capitana Rukia en la junta—, desde que estos enemigos comenzaron a aparecer hemos estado dos pasos por detrás de ellos, como si tuvieran un espía infiltrado en nuestras filas, lo que curiosamente coincide con la toma de puestos de las hermanas Yamamoto, a quien el anterior comandante tuvo convenientemente ocultas hasta su muerte. No sería extraño pensar que nos niegan el acceso a la única de ellas que podría brindarnos un poco de luz sobre todo este desastre, y que lo estuvieran haciendo a propósito —acusó entre dientes mientras se plantaba frente a la teniente bajo su mirada acusatoria, y comenzaba a extender una mano hacia ella—, y estén esperando el momento adecuado para atacar.
El sonido seco se escuchó por toda la habitación, algunos tenientes se quedaron boquiabiertos, otros retrocedieron medio paso, sorprendidos, Ikkaku estaba convencido de que Yumichika habría proferido un grito agudo si hubiese presenciado aquella acción. Tōshirō había torcido la expresión en una mueca de desaprobación y negaba con la cabeza y con los ojos cerrados por la imprudencia del noble, y Kurotsuchi abrió los ojos, ofendido por el gesto que Byakuya se había atrevido a proferir.
(Gakupo Kamui - Senbonzakura (Traditional Version))
Como si la escena hubiese sido perfectamente iluminada, encandilando a todos los presentes, ahora parecían esclarecerse las siluetas de capitán y teniente. Hanako permanecía con la mirada puesta al suelo, como una princesa orgullosa de sí misma y de su pueblo, pero dispuesta a dar la vida para salvar a los suyos. Le daba el costado a Byakuya, que se había aproximado a toda velocidad hacia ella para evadir el contacto, permanecía con los ojos cerrados y su expresión denotaba estoicismo, pero los que lo conocían bien pudieron notar la tensión en cada músculo de su cuerpo al cubrir a su doncella.
Había dado un golpe a Kurotsuchi. No, ni siquiera un golpe, le había dado un manazo que pretendía ser suave, como si castigara a un niño pequeño. Su mano encontró con violencia la del otro capitán cuando éste pretendió tocar la bufanda que la joven teniente llevaba puesta al cuello, y el noble pelinegro había evitado ese contacto dando un golpe a la mano de su igual.
Todos miraban la escena en silencio, incluso Kenpachi parecía algo sorprendido al percatarse de que Byakuya había intervenido, o tal vez lo que tenía a todos tan sorprendidos era el hecho de que Hanako no se había movido ni un milímetro...
Recuento de los hechos.
Kurotsuchi Mayuri había avanzado hacia Hanako expidiendo reclamos (qué novedad), la teniente había mantenido la mirada fija en el suelo como una princesa orgullosa, sabiendo que aquel científico loco no merecía una mirada de su parte. Suspiró molesta al percatarse de que el capitán pretendía tocarla, pero permaneció en su sitio al sentir cómo el reiatsu de su novio al costado pasaba de ser una flama titilante hasta convertirse en una hoguera... Y, por supuesto, en cuanto la mano de Kurotsuchi amenazó con tocarla, recibió un manazo por parte del noble, obligándolo a levantar el brazo (ambos) sobre sus cabezas por la violencia con la que aquel gesto sutil había sido proferido...
—No... toques... —amenazó con voz sigilosa, casi serpenteante —a-mi... prometida...
—¡Eh! —Kensei y Shūhei retrocedieron pasmados, soltando cada quien su exclamación de sorpresa.
Shinji abrió la boca por el shock que le supuso aquello, alternando miradas entre el comandante y la teniente, preguntándose de qué hablaban… Y percatándose de que Kyōraku parecía divertido por la feliz intervención del capitán de la sexta.
—Taichō... —murmuró Renji sorprendido por aquello, mirando a su capitán con respeto y sintiendo crecer en su pecho la, ya profunda, admiración que tenía por él.
Kyōraku suspiró resignado a la vorágine que se avecinaría sobre ellos luego de aquello, pero sonrió al percatarse de lo calmada y de lo ilusionada que lucía Hana ante la intervención de su novio.
Las respuestas de los presentes eran variadas todas, estaban expectantes del siguiente movimiento de los presentes.
¿Byakuya de verdad había dicho...?
La mano del noble descendió lentamente hasta despejar el rostro de Hanako y la teniente sonrió suavemente, levantando la mirada hacia el pelinegro antes de volver los ojos (una mirada feroz) hacia el capitán de la duodécima.
—¿Prometida —repitió Mayuri, asegurándose de haber entendido —o protegida?
—Prometida, capitán Kurotsuchi —esclareció Hanako con un gesto ígneo mientras Byakuya cruzaba los brazos sobre su pecho, negándose a dejar el costado de Hanako, como un ángel guardián protegiéndola con sus alas —. Matrimonio.
—Va para el capitán y va para todos los presentes —murmuró Byakuya entreabriendo los ojos y perdiendo la mirada en el muro del frente, sin hablarle a nadie en específico, mientras dirigía una mano al mando de su zanpaku-tō y dejaba la otra colgando al costado—, cualquier atentado contra la integridad de Hanako o de alguna de sus hermanas, se tomará como una ofensa al Clan Kuchiki, que me tomaré personal —añadió al final alzando la mirada también hacia Kenpachi, arrancándole un bufido de burla.
Byakuya extendió una mano hacia Hanako, una invitación silente que la teniente aceptó gustosa. El noble tiró suavemente de ella para guiarla un par de pasos (dados con tal gracia que pareció un gesto en cámara lenta), y situarla a sus espaldas. Los presentes casi podían ver la hojarasca de sakura y glicinas adornándolos con romanticismo mientras el noble usaba un brazo para cubrir a la joven teniente, antes de levantar una mirada mortífera y letal hacia el capitán de la doceava.
—¿Aclarado el punto?
—¡Por la ciencia —farfulló Mayuri para sus adentros, girando hacia su sitio y refunfuñando algunas otras cosas que los demás capitanes no alcanzaron a comprender—!
—¿Te alcanzó? —murmuró Byakuya encarando a Hanako y tomándole el rostro en un gesto suave que arrancó alguno que otro suspiro y más expresiones de sorpresa, así como un gruñido incómodo (reproche) de Tōshirō.
—Estoy bien.
—¡Qué emoción! —Exclamó Rangiku antes de soltar un chillido agudo que obligó a la mayoría a apretar el gesto —¿Habrá boda en medio del caos? ¡Nos hace falta una buena fiesta que...!
—Habrá boda, teniente —murmuró Byakuya sin soltar el rostro de su enamorada, haciéndola sonreír al adivinar el gesto sarcástico en los ojos de su novio —, será un evento privado, personal, al que claramente no está invitada.
—¡Eh! ¿Pero por qué no?
—¡Esto es una pérdida de tiempo! —exclamó Kenpachi antes de encaminar sus pasos hacia Hanako y Byakuya, quienes le dedicaron una mirada cargada de frialdad y desprecio —¡Más vale que...!
Pero tuvo que frenar en su sitio ante la amenaza inminente.
Ninguno de los presentes estuvo seguro de qué había llevado al sanguinario capitán de la undécima a frenarse, hasta que vieron la gota de sangre deslizarse por su mejilla, por debajo del parche y hacia su mentón, al mismo tiempo que otras dos gotas se deslizaban por su cuello y por su brazo.
¿Es que nadie lo había visto?
Tres pétalos de sakura partiendo el aire para hacer daño... Aunque Byakuya no hubiese desenfundado su espada…
Y luego los cientos de pétalos manifestándose en torno a ellos, creando una barrera para protegerlos mientras el viento se colaba entre todos los capitanes.
Byakuya miró extrañado el comportamiento de su Senbonzakura. Bajó el rostro hacia el mando de su katana y se percató de que seguía en su lugar. Y cuando alzó la vista hacia Mayuri en la distancia, esperando sentencia de muerte, el científico carraspeó frustrado y negó con la cabeza.
—Y después tenemos eso —espetó cruzando fuertemente los brazos sobre el pecho.
—Está volviendo a ocurrir —murmuró Tōshirō fastidiado—, ¿no es así?
—Así es —confirmó el científico—, las zanpaku-tō comienzan a comportarse como en aquella ocasión.
—¿Aquella ocasión? —La pregunta de Hanako fue proferida apenas en un murmullo que Byakuya escuchó mientras los pétalos se desvanecían en el viento, dejándoles a la vista de los capitanes otra vez.
(On the precipice of defeat - Bleach OST)
—Ocurrió hace un tiempo —explicó el pelinegro antes de levantar los ojos hacia Kyōraku en busca de guía—, hubo una guerra en la que nuestro enemigo fueron las propias zanpaku-tō —"¿Sólo las zanpaku-tō?" ironizó Shūhei entre dientes—. Y, si no me equivoco, se empiezan a comportar como en aquella ocasión.
—¿Podemos ir un tema a la vez —espetó Kensei furioso—? ¿Qué demonios está pasando?
—Mi hermano mayor fue visto en el campo de batalla, capitán —exclamó Hanako con voz poderosa rebasando a Byakuya y consiguiendo una expresión de sorpresa por varios de los presentes—, y tenemos la sospecha de que es quien ha dedicado los ataques al Gotei.
Murmullos se alzaron por toda la habitación mientras Kyōraku sentía algo denso bajando por su garganta, temía por la seguridad de sus retoños (había estado aterrorizado por perderlas desde que la cacería de brujas en su contra había comenzado), pero aquella declaración proferida por su flor fue demasiado.
—La teniente Yamamoto y yo hemos estado discutiendo el tema mientras esperábamos el alta en la división cuatro —prosiguió Byakuya secamente—, y llegamos a la misma conclusión que el capitán Kurotsuchi, sin llegar a las acusaciones.
—Yamagawa Takeshi —musitó Hanako con voz ahogada, rogando por estar equivocada al decir aquello, pero sabiendo que las evidencias estaban todas en su contra—, o algo muy parecido a Yamagawa Takeshi, lideró el último ataque al Gotei, se manifestó en la batalla, donde mi soldado más fuerte y yo lo identificamos y…
Pero no pudo terminar su frase, la culpa se instauró en su pecho como un ente vivo, amenazando con ahogarla.
—Takeshi conocía el Gotei como la palma de su mano —dijo Hirako apesadumbrado, sabiendo que no servía de nada ocultar información ahora—. El ataque organizado a la cuarta división para vulnerarnos, y el segundo ataque parecen algo que él organizaría.
—Suenas muy seguro —musitó Rose preocupado.
—Es que es algo que haría yo —admitió el rubio rascando su nuca y desviando su mirada hacia el costado—, y Takeshi solía aconsejarme en algunas situaciones de batalla cuando estaba en mis filas. Tenía la intención de postularlo como tercer oficial, pero…
—Teniente Yamamoto —llamó Risa con aires ausentes—, dijo usted "o algo muy parecido a Yamagawa Takeshi", explíquese.
Hanako tomó una respiración profunda y asintió para sí misma, tratando de llamar a la calma.
—Sus fluctuaciones de reiatsu eran… inestables. Por llamarlas de alguna forma. Pero no es lo más alarmante, sino el hecho de que mucho de él se siente como cuando ustedes usan sus hollows, mezclado con los rasgos residuales de los senshi.
—Podría ser Takeshi —musitó Hirako—, o algo con la forma de Takeshi.
—Muy bien —espetó Kensei—, tenemos al Gotei medio muerto, al hermano zombi de las hermanas atacando, y la inestabilidad de las espadas. ¿Algo que debamos sumar?
—Yamamoto Asami —dijo Risa inexpresiva—, y lo que sea que vayamos a hacer con ella.
El silencio que siguió a aquella sentencia fue incómodo, y se alargó más de lo que cualquiera habría esperado. Ni siquiera Kyōraku sabía cómo iniciar con aquello.
—El espectro tiene cierto control sobre ella —inició Mayuri con gestos desinteresados—. Se refleja en su incapacidad para leer el reiatsu de sus iguales. Sospechamos que, al igual que como pasó con Asakura, eventualmente la niña perderá por completo el control si no es tratada a la brevedad.
—¿Sugerencias —inquirió Kyōraku mirando al capitán de la duodécima—?
—Ninguna, comandante. Como ustedes alegremente le han negado a la división de investigación, bueno, pues investigar, no tengo nada que ofrecerle. Tal vez, si nos permitieran acercarnos a la niña y…
—¡La salud de Yamamoto Asami es delicada en estos momentos —urgió Isane con un tono más estridente de lo que le hubiera gustado—, no podemos someterla a estrés que comprometa su…! Condición —terminó serenando su voz, recordando que no podía revelar más información de la autorizada hasta ese momento.
—Comandante —llamó Mayuri con voz tranquila, contagiando a otros—, los exámenes que proponemos en la doce para la tercer oficial no son tan distintos de los que se llevan a cabo en la cuatro. Exámenes de sangre, lecturas de reiatsu, comprobación del estado físico y mental. Dos agujas y seis electrodos, es todo. Pero me parece que me han negado la posibilidad de hacer los análisis correspondientes por un berrinche hecho por la niña, y porque la niña me tiene miedo. La teniente Yamamoto puede dar fe de la naturaleza de las pruebas.
Las miradas cayeron pesadas sobre Hanako, quien sopesó las posibilidades, echando en falta la presencia de Byakuya a su lado ahora que había vuelto a su lugar.
—Es cierto, podrían hacerle análisis a Asami. Sin embargo, si el comandante lo autoriza, me gustaría que la información se discutiera primero a puertas cerradas estando yo presente para evaluar la cantidad de información pertinente a comunicar.
—¿Está diciendo que quiere ocultar información, teniente?
—Estoy diciendo, capitán, que dar información no solicitada podría propagar el caos. No estoy pensando como hermana mayor, capitán Kurotsuchi, estoy viendo a Yamamoto Asami como sujeto de observación y trazando un pensamiento coherente como teniente y estratega del Gotei. Si se difunde la información no concluyente de que Asami está poseída por un Espectro que tomará control de ella en cualquier momento, ¿cómo cree que lo tomarán los subordinados más débiles luego de haber visto su enfrentamiento con el capitán Zaraki. Y ahí tenemos otra cuestión.
—Desacato —musitó Matsumoto, pálida. La palabra que todos pensaban, pero nadie decía.
A esas alturas, a pesar de seguir presente el recelo y la desconfianza ante la situación de Asami, todos los shinigamis del Gotei sabían que las hermanas, o bien darían su vida por la causa, o bien eran demasiado poderosas como para enfrentarlas, juntas y por separado.
—Si vamos a hablar de Asami —urgió Kensei cruzando con fuerza los brazos—, deberíamos hacerlo con ella presente para que de su versión.
La risa maniática de Kenpachi llamó la atención de todos los presentes.
¿Cuánto más escalofriante podía ser ese sujeto?
Contuvo sus risotadas lo mejor que pudo y luego miró al comandante.
—Después de ese combate, no voy a presentar una queja contra la niña. ¡Quiero una revancha!
—¿Queja? —Espetó Tōshirō despectivo, sintiendo que Matsumoto le agarraba por la manga de su haori para detenerlo— Denos una buena razón para no cortarle la cabeza en este instante. ¡Atacó a las oficiales de la trece y mi tercer oficial tuvo que intervenir para evitar que se aprovechara de su situación vulnerable! Podría haber acabado con la única esperanza que tiene el Gotei de ganar si cualquiera de las tres Yamamoto caía esa tarde.
Murmullos que se levantaron en la sala, tenientes cuestionando a sus capitanes, Ikkaku pasando saliva ruidosamente antes de dedicarle una mirada pesada a su capitán.
Hanako se mordió la lengua para no agregar una barbaridad.
—Capitán —llamó Kyōraku con una sonrisa escalofriante.
Por un momento, a Hanako le pareció ver una silueta flotando alrededor del comandante, abrazándolo, mirándolos desde las sombras. ¿Su zanpaku-tō tal vez? Pero apartó ese pensamiento para después, sabiendo que ahora las cosas pendían de un hilo.
—Hay dos temas interesantes a considerar ahí —puntualizó Mayuri divertido—, el desacato del Capitán Esperpento, y el poder de las hermanas.
No, esta vez no hubo una risa desatada ante aquella palabra. La mirada de Zaraki alcanzó a Mayuri con un gesto despectivo, y luego alzó los ojos hacia el comandante.
—Me veo en la penosa necesidad de suspenderlo de sus funciones como capitán por tiempo indefinido —dijo tranquilamente Kyōraku mientras cruzaba los brazos por dentro de las mangas de su haori blanco—, aunque me encantaría tomar también su zanpaku-tō, podríamos llamarlo a la acción en cualquier momento.
Zaraki soltó una carcajada maníaca que le erizó los vellos de la nuca a más de uno.
—¿Entregar mi espada? Tendrían que quitármela.
La presión espiritual que llenó el lugar les hizo volver el rostro hacia Hanako.
—Capitán Zaraki —murmuró diplomática, con un falso pacifismo respaldado violentamente con su presión espiritual, que aumentó un poco más—, da un poco la impresión de que sus funciones ante el Gotei son meramente encaminadas hacia la fuerza bruta. ¿Será que tanta estocada ha dejado mella en su capacidad de pensamiento crítico, o es que nunca lo tuvo? Todos en este lugar estamos dispuestos a pelear, y sabemos de antemano que usted sería el primer voluntario en convertirse en nuestra fuerza ofensiva. Nos encantaría mantenerlo así. Disponible y preparado para pelear.
Una nueva risotada, esta vez por la sorpresa ante el control que ejercía Hanako sobre su propia fuerza. Si bien la presión disminuyó considerablemente, esta vez no se disparó a los suelos, sino que se mantuvo un poco por debajo de la presión del propio Byakuya en control.
—Usted tiene un trato, Yamamoto —concedió Kenpachi mirando a Hanako como algo que pudiera golpear—, pero en cuanto pase esta catástrofe, yo pediré una revancha a la que ustedes no podrán negarse.
—Le voy a pedir entonces que se retire, Kenpachi —sentenció Kyōraku sereno—, a la primera fluctuación de reiatsu de su parte, no dudaremos en tomar medidas.
—Sí, como sea. Amargados —espetó antes de salir de ahí, dejando a Ikkaku pasmado y, por primera vez en mucho tiempo, sobrecogido.
—¿Entonces es todo —espetó Mayuri con indignación mientras la puerta al fondo se cerraba lentamente—? La próxima vez que alguien alce su espada contra un colega ¿será suficiente con una carcajada para dejarlo pasar? No sólo estamos hablando de desacato, sino de negligencia. —Su remate vino acompañado con una mirada fulminante para Hanako, como si exigiera su respaldo por haber permitido a Kenpachi irse sin más— ¿Ahora nuestros altos mandos están autorizados a perder el control de esa manera?
—Hablando de perder el control y respecto a lo que concierne a Yamamoto Saya —inició Soi-Fong dejando una sensación de "¿ahora qué?" en el aire—, anteriormente recibió entrenamientos ocasionales conmigo, probablemente incluso con quien fuese mi maestra y que actualmente reside en el mundo humano. Quiero tomarla como miembro honorario de la segunda división e iniciar un entrenamiento exhaustivo.
Incredulidad.
Hanako bajó el rostro ligeramente para ocultar la sonrisa orgullosa que tenía en el rostro, mientras la incredulidad se incrementaba a su alrededor.
—El ataque de Saya…
—El ataque de Saya fue devastador —interrumpió la diminuta capitana al comandante, con un gesto soberbio clásico en ella—, su poder se salió de control y es en parte mi responsabilidad, así que quiero enmendar lo que un entrenamiento a medias pudo culminar como catástrofe. Si la capitana en función…
—Estoy de acuerdo —musitó secamente Hanako, haciendo sonreír a Soi-Fong.
—Asunto resuelto. Veremos el papeleo después.
—¿Es buena idea? —La pregunta tímida de Isane hizo a los capitanes mirarla, y ella se encogió en su sitio, odiando haber hablado— Quiero decir, si ya se salió de control una vez, podría volverlo a hacer. ¿No? ¿Cómo sabremos que la siguiente se contendrá?
—Yamamoto Saya siempre fue un orgullo para mi familia —inició Hanako con las manos entrelazadas—, su poder fluctuante suele estar fuera de control todo el tiempo, pero ella siempre ha sabido cómo mantenerlo en su lugar. El teniente Abarai puede dar fe de lo que estoy diciendo, después de todo, conoce bien a mi hermana y ha combatido con ella en distintas ocasiones. Sin duda puede hablar del autocontrol que tiene mi mejor soldado.
¿Conocerla?
Renji se quedó estático mientras las miradas le caían pesadas encima, pasó saliva discretamente, pero serenó sus pensamientos antes de mirar a los presentes.
Por supuesto la conocía. Mejor de lo que habría querido admitir, y más de lo que creía que haría.
—Saya es —hizo una pausa preguntándose por dónde comenzar, había tanto por decir—, definitivamente Saya es un desastre natural.
Hanako sonrió para ahogar la mueca de sorpresa y desasosiego, pero esperó paciente mientras el teniente reorganizaba sus ideas.
—Sin duda lo es —coincidió Byakuya a su lado para darle valor.
—Lo que quiero decir es que su fuerza es la de un desastre natural. Como un tifón, y eso la hace sumamente poderosa —muy bien, había comenzado. Ahora sólo debía seguir el cauce de sus pensamientos y fluir como el agua, como Saya le había enseñado—. Hemos combatido en múltiples ocasiones y ella me ha ayudado a entrenar y a mejorar mi bankai, pero es cierto. La teniente Yamamoto tiene razón, el autocontrol que tiene Saya es impecable. Y entiendo —añadió apretando los puños y bajando el rostro— que se haya salido de control al ver a su hermano, después de todo, sigue siendo humana. ¡Pero también se detuvo de atacar a Hanako! La reconoció, y no causó daños a otros shinigamis. Con el entrenamiento adecuado ella…
—Ella se convertirá en la espada del Gotei —prometió Soi-Fong determinada, haciendo a Kyōraku sonreír orgulloso.
—Entonces está decidido.
—¿Y respecto a Asami? —La pregunta de Tōshirō fue dicha con la frialdad con la que su zanpaku-tō solía reaccionar, volviendo a llenar la sala con incomodidad.
—Al menos se le retirará la zanpaku-tō—murmuró Mayuri esperanzado de que el comandante tomara una decisión racional.
Y, por supuesto, Kyōraku se arrepentiría el resto de su vida por lo siguiente, pero era pronto para que él lo supiera.
—No. Demostró ser útil y necesitamos todas las espadas disponibles para lidiar con este enemigo.
Hanako pasó saliva.
El espectro, el embarazo, el poder sin control de Asami…
Su mirada compungida hizo a Kyōraku comprender que ella también tenía sus dudas al respecto, pero no dijo nada para mantener las cosas en paz. Aunque ambos supieran que aquello era una pésima idea.
Suficiente escándalo había hecho al revelar así su compromiso como para añadir más drama a la situación.
No estaba de acuerdo. Asami debía permanecer tranquila. Pero estaban en guerra también.
Y, de volverse necesario, Hanako arrancaría la melena de la pequeña con sus propias manos.
—Si las fluctuaciones en el reiatsu de las zanpaku-tō siguen —añadió Mayuri llamando a la calma, sabiendo que no ganaría nada ir en contra del comandante—, me gustaría poder hacer pruebas, teniente Yamamoto. Tengo la teoría de que usted y sus hermanas comparten un secreto que incluso ustedes mismas desconocen.
—Cuente con mi cooperación, capitán.
—Creo que hablo por todos cuando digo que no me gustaría tener más sorpresas de su parte.
—Actualmente ha visto el alcance potencial de nuestro poder.
—¿Son las tres tan poderosas?
—¿Está comparando el jade con el rubí?
—¿Es usted tan poderosa como los otros capitanes?
—Todo metal se dobla bajo el incentivo correcto —respondió renuente, arrancándole una sonrisa a Mayuri.
—No me venga con el principio de palanca —soltó comprendiendo lo diferentes que debían ser sus maneras de manejar el reiatsu si la propia teniente no quería responder directamente—.
—¿Conoce el significado de tenacidad, capitán?
—¿Es usted más tenaz que nosotros?
—¿Qué permanece tenaz bajo el fuego? El agua encuentra su cauce, y diamante con diamante cede.
Fue el turno de Mayuri para reír. Asintió con la cabeza mientras la joven agradecía el final del interrogatorio, sabía que la conversación no terminaba ahí, pero al menos el capitán de la duodécima la dejaría reposar las ideas. Ella misma se presentaría en la puerta de la doce de ser necesario.
—Es todo por ahora —anunció el comandante por fin—, todavía tenemos tareas de reconstrucción que debemos atender, y hay asuntos pendientes, pero primero debemos reorganizarnos y reponer fuerzas.
Y mientras se fue quedando solo, pudo sentir una voz dulce y cadenciosa hablándole al oído, prometiéndole que lo estaba haciendo bien.
…
Kyōraku suspiró con pesadez, la junta había sido como una caldera, siendo avivada con más y más, sus flores estaban dentro del ojo del huracán, ahora los capitanes sabían del compromiso de Hanako y el capitán Kuchiki, el secreto de Asami seguía bajo llave, aunque estaba seguro de que Mayuri sospechaba algo y, si de verdad lo sabía, estaba actuando muy bien ¿Qué ganaba él con esconder ese tipo de cosas de sus colegas? Bueno, debía agradecerlo, pero no se lo diría, no directamente.
Pero tenía otro asunto y, es que, la manera en que la capitana de la segunda había dicho aquellas palabras y su ferviente decisión de entrenarla, ahora quería saber de ella, porque era la que solía pasar desapercibida en algunas ocasiones, ¿Por qué Genryūsai no hablaba tanto de ella como lo hacía de Asami y Hanako?
Y encontró el sobre, apoyándose en el respaldo de su silla, sintiendo aquella presencia rodearle nuevamente por la espalda, sonriendo; tomó la navaja que usaba para abrir los sobres y se dispuso a leer.
"Control del reiatsu de Saya"
Entrenar a Saya en el control de flujo de reiatsu fue más complicado, Hanako y Asami parecían expertas y, aunque igual de poderosas, al inicio del entrenamiento de Saya, tuve que colocar una barrera alrededor de la casa, pues su presión espiritual era inestable, muy poderosa para alguien tan joven, y que tampoco podía controlarse aun cuando durmiese.
El mayor problema de Saya es que, tanto ella como su reiatsu son como un mar en constante agitación, rugiendo, creando olas, algunas calmadas, otras más bravías que otras, pero siempre presentes. Su inagotable energía debía ser canalizada de manera correcta y, para eso, debí entrenarla en Hakuda.
Toda su energía y vitalidad serían un factor detonante para que pudiera darle alcance, en ese entonces, a la capitana de la segunda división; Yoruichi Shihōin, no equivocándome en el trayecto.
Saya acarreo muchos más problemas que sus hermanas, tan entusiasta y desesperada, deseaba aprender y hacer cosas antes de tiempo, como si quisiera volar antes si quiera intentara flotar, y mi bastón se convertiría en un arma de castigo para Saya, sobre todo, cuando no quería aprender de la manera correcta.
Ella se lanza al ataque, impulsada por sus instintos, su forma de pelear es impredecible, tal como la misma tormenta en mar abierto, no dándote tiempo siquiera para dar una bocanada de aire. Esta peculiaridad es lo que suele caracterizarla de cierta manera, ya que, podría estar atacando de una manera y, de la nada, arremeter con algo que nunca creíste que usaría, no traza planes o estrategias como Hanako, ella utiliza su entorno para sacar ventaja durante la pelea, su gran creatividad es la ventaja en ello.
Y mi preocupación aumento, cuando pudiera despertar el shikai, y que, para sorpresa, se trataba de espadas gemelas; posiblemente haya alguien entre mis capitanes que pueda enseñarle nuevos trucos, y a manejar con mayor delicadeza esas espadas, Syunsui sería un buen maestro para ella para enseñarle un poco de paciencia.
Saya supo combinar con maestría y creatividad sus espadas y el hakuda, para ella, eran una extensión más de sus brazos, ella y Kairyū tienen una coordinación y comunicación irrefutable, sin embargo, no le teme al poder que su zanpaku-tō obtiene para ella en cada golpe, al contrario, ataca con ferocidad, permitiéndole a la adrenalina convertirse en su droga, deseando más y no pudiendo controlarla; temí que fuese a desafiar a cada shinigami que se cruzara en su camino únicamente para mostrar su fuerza y habilidad.
Y así, difícilmente logré enseñarle a manejar esa energía y a usarla de manera responsable para cada ocasión.
Y las cosas se complicaron nuevamente, cuando el Bankai apareciera, y aquí rectifico que Kairyū es un dragón mucho más voluble que sus hermanas, porque puede pasar de la completa calma, a una tempestad completa, dependiendo de las emociones de Saya.
Al principio, dejaba salir su reiatsu de forma desmedida y peligrosa, incluso para ella, mientras más poder sentía más quería dejarlo salir, lo que provocó que cayera dormida durante todo el día y que uno de sus mechones del cabello se pintara de rojo, signo de la luna roja que auguraba una gran tempestad.
Considere por mucho tiempo el tener que ponerle alguna restricción si no lograba controlar su poder, pero descubrí que lograba serenarse al momento de escuchar música o cuando tocaba su guitarra, por lo que, sin dudarlo, envíe a que le consiguieran unos audífonos y un aparato musical, ya que el estilo que ella disfruta sería demasiado estridente para mí.
Saya llego a tener un dominio admirable en sus emociones, lo que le ayudo a controlar favorablemente tanto su shikai como su bankai, siempre logró mantenerse concentrada y atenta a su entorno durante los entrenamientos, sus reflejos son sagaces y puede continuar sin importar las heridas que le hagan, esto a que Kairyū la cura al momento. No llego a presentar más problemas en cuanto a dejar drenar de forma desmedida su poder, ella y Kairyū saben guardar energía extra para que no corra peligro tras alguna batalla, por más intensa que sea.
Saya encontró el equilibrio sobre sus emociones, aunque es impulsiva y competitiva. Sin embargo, puede que llegue el día que de la nada, y sin que ella se lo proponga, se salga de control.
Que algo o alguien provoque que sus emociones se desaten y la cieguen, y, por consiguiente, que su zanpaku-tō también se salga de control, ya que el agua es el mundo de las emociones.
Hanako sabría calmarla si eso llegara a pasar, ella sabe la restricción que puse en Saya.
Deseo fervientemente que nunca llegue el día que necesiten de ese plus que deje para ella, confío en que el control que tiene sobre sus emociones le permita continuar con su límite al máximo, según sea la ocasión. Podría llegar el día en que algo le haga perder todo su autocontrol, desatando una marejada sumamente destructora que, sin duda, arrasaría con todo a su pado si no se le detiene a tiempo.
Tengo fe en que la Capitana Soi-Fong se ayudara a continuar con sus entrenamientos, si alguien puede ayudarle a mantener la mente fría en la batalla, sin duda alguna, es ella; también confío en que le ayudara a aumentar su velocidad y tener un mayor control sobre su reiatsu.
Kyōraku suspiró, y sonrió, porque ya había visto en carne propia aquella tormenta desatada, quedaban pocas cartas, no estando seguro de lo que pudieran contener; pero su sonrisa venía de aquellas palabras escritas, nominándolo como el candidato para enseñarle a Saya un poco de paciencia.
Que cosa tan curiosa era el destino, porque ya le había enseñado algo hacía unos meses atrás, y ahora, solo quedaba enfrentar el resto.
…
¿Cuánto tiempo pensaría en aquello? La junta le había dado muchos más motivos para querer recurrir a quien tachara de un peligro para el gotei y su novia, su familia, y es que no era por demás sabido, que el capitán de la doce solo deseaba tener más información sobre las zanpaku-tō, poderes y habilidades de las hermanas.
Las nietas de Genryuusai habían llegado al gotei para hacer revolución, probablemente, y como siempre lo habían dicho, todas las guerras hubieran sido mucho más sencillas con ellas a su lado, los arrancar, los Quincy, y ahora, con la llegada de los genzanki, simplemente, no podrían hacerlo sin ellas.
No, no iba a pensarlo más.
Salió de su oficina, no avisando a su teniente de a donde se dirigía, cosa que la pelirroja, tal vez, entendería a donde iba, o tal vez no.
La simple mención de su nombre hacía temblar a su novia, odiaba ese lugar, y Yoshio estaba siempre dispuesto a tomar su lugar para que ella no se mortificara.
Mayuri Kurotsuchi en persona le abrió las puertas de su laboratorio, curioso, muy curioso.
-No es común verle por aquí, Capitán Hitsugaya- Soltó el mayor mientras caminaban hasta su "oficina", el menor en silencio, pensando aún si eso era lo correcto, sobre todo, por la insistencia del científico por poner sus manos sobre su novia - ¿Qué lo trae por aquí?
-Necesito que me ayudes a mantener mi forma adulta- Oh, curiosidad, bendita curiosidad que enmarcaba sus ojos, su sonrisa petulante, ansioso de saber más sobre sus habilidades -Hyōrinmaru me hace envejecer para poder tener control total sobre él, con el tiempo he aprendido a controlarlo de forma prolongada, pero aún no es suficiente
-Entonces debería dejar que el curso de su crecimiento sea gradual, hacerlo de manera exponencial sería sumamente peligroso- ¿Cuan insistente sería su víctima? -Mantener una transformación de esa índole debería costarle años de vida, o tal vez, el tiempo de duración en una batalla, restricciones del mismo cuerpo ante el uso prolongado de un reiatsu maduro
-Por eso estoy pidiendo tu ayuda- Mayuri lo miro con altanería, si, solo él podía hacer cosas que nadie más se atrevía, ¿Kisuke Urahara? Si, tal vez él también, pero no permitiría que aquel hombre se llevara la gloria ¿o sí? -Se que sabrás como solucionar todo problema que se suscite en el camino, estoy poniendo mi vida en tus manos
Mayuri unió sus dedos por las yemas, mirando a su colega con una sonrisa lunática, mientras tenía ya una manera de hacer aquel encargo.
-No está haciendo esto por su próxima paternidad, ¿cierto, capitán? – Tōshirō pasó saliva con dificultad, ¿Por qué sabía ese sujeto sobre su hija? Claro, los reportes de Kotetsu, los análisis, no estaba seguro si Akon, el teniente, habría hecho obtenido alguna muestra clandestina; y una sonrisa macabra asomo en la cara del científico -La imagen que se da a los hijos podría ser la más importante de todas, un niño no puede criar a otro niño
No espero respuesta, el albino se había quedado congelado en su sitio mientras Mayuri tecleaba en su computador, dejándolo sin habla, sin nada en que pensar.
-Un estabilizador de poder, la aplicación de flujo constante para compensar el deterioro por el uso de ese reiatsu definitivamente será de importancia- Datos y más datos, pruebas, necesitaba muestras de ese poder -Tardare en hacerlo, un mes aproximadamente, como puedes ver, hay trabajo mucho más importante
Claro que no deseaba interrumpir con sus investigaciones sobre los genzanki, el tema de esas cosas era de importancia, necesitaban acabar con ellos.
-Solo hará falta un artilugio, un amuleto que pueda llevar a cabo la función de estabilizador, algo que pueda utilizar que lleve a cada momento, todos los días- No lo miraba, simplemente esperaba por la respuesta de su colega, y si, Tōshirō tenía algo que usaba todos los días, a cada momento, algo que estaba tan cerca de su corazón, que podría decirse que estaba atado a él -Capitán…
-Has lo que tengas que hacer- Y le extendió el collar, Mayuri lo observo con un brillo extraño, la piedra que el dragón envolvía con su cuerpo le reflejó un brillo en sus propios ojos, un detalle tan curioso y peculiar entre el capitán con un dragón de hielo y su novia con un dragón diamantino -Solo no vayas a romperlo, vale mucho para mi
-No se preocupe Capitán Hitsugaya, no va a pasarle nada- Había tomado el collar, dejándolo en la bolsa de su bata, poniéndose de pie -Espere aquí mientras llamo a Akon, él se encargará de hacer las pruebas necesarias para llevar a cabo el proceso
Estuvo cerca de dos horas y media con el teniente en función, Akon le aseguró que, de necesitar algo más de él, le llamaría sin dudarlo.
Ahora iba camino al hospital, estaba cansado de haber utilizado su reiatsu para las pruebas, incluso Hyōrinmaru parecía agotado en ese momento, no mostrándose ante el capitán por mero respeto a su amo y complacencia de sus deseos.
Apenas había puesto un pie en la cuarto, cuando el bullicio de la gente llamó su atención.
- ¡Capitán Hitsugaya! - Gritó el tercer oficial, corriendo hacia él, hasta que tropezara con sus propios pies y terminara rodando, hasta detenerse frente a él, a sus pies -Asami-san… Asami ha, despertado
Tōshirō no necesito más palabras, se dirigió a la habitación de su novia, donde un suspiro escapó de su pecho.
…
El verla sentada sobre la cama, las almohadas a su rededor dándole soporte y a Kotetsu cuestionándola sobre sus afecciones; todo esto le daba tranquilidad.
-Estoy segura, Isane-san, no me duele nada y tampoco estoy herida- Había dicho la joven mientras la capitana la miraba con incertidumbre, cómo si hubiera algo que no le gustara -Ten por seguro que, de sentir algo, te lo notificaría de inmediato
Y ella giró la vista, mirando a su novio, sonriéndole, provocando que la mayor soltara un suspiro.
-Los dejare solos- Anunció ella, haciendo una reverencia y saliendo de la habitación, otorgándoles privacidad.
Tōshirō se sentó a la orilla de la cama, lo más cerca que pudo de ella, apoyándose en la cama para alcanzar a besarle la frente.
-No era ese el beso que esperaba- Comentó entre risas, haciéndolo a él sentir aún más tranquilidad -Te siento algo dubitativo, ¿pasó algo de lo que deba enterarme?
-Bueno…
-Y no me vengas con que Hanako dijo, quiero que me lo digas tú- Las palabras de la chica lo tomaron por sorpresa, haciéndole parpadear un par de veces antes de poder continuar.
-Kotetsu ya ha hecho las debidas pruebas respecto a lo que voy a decirte; y no hay nada malo que me haga dudar de que todo estará bien- Tomo sus manos, esta vez logrando que ella sintiera un poco de su ansiedad, ¿o emoción? -Luego del primer ataque, descubrimos que estás embarazada, y no sé cómo, no sé dónde, es que ese bebé está a la mitad del proceso…
-Niña…- Está intervención lo sorprendió, algo que esta vez, hizo a Asami sonreír -Daya me lo dijo, en nuestro mundo interior, es una niña que está feliz de proteger
- ¿Estas feliz? - Una duda, un miedo, un temor que sentía desde que él se había enterado, podría decirse, que hasta llegaba a tener pesadillas.
-Estoy feliz, aunque debo admitir que si tuve miedo, que sentí temor por no saber qué pasaría, pero teniéndote a ti y a mis hermanas, creo que lo demás no importa- Paz, un peso menos sobre sí mismo, palabras que le permitieron respirar con tranquilidad -Estas inquieto, puedo sentirlo
El la miro con curiosidad, se suponía que…
- ¿Puedes sentir el reiatsu? - Si, la última vez que estuvo con ella, recordaba que no podía sentir el reiatsu por culpa del espectro - ¿Se lo dijiste a Kotetsu?
-No lo recuerdo, me hizo tantas preguntas, que no recuerdo- Evasión, estaba tratando de evadir la respuesta ¿era prudente hablar de ese chico? -Siento que no te hace feliz
- ¿Se lo has dicho a alguien más?
-No, eres el único que lo sabe- Bien, evitaría esa preocupación de momento -Creo que es algo que debe saber el comandante
-Sería lo mejor- Esa era la respuesta más sensata de ese día, suspirando con tranquilidad -Quiero que dejes de trabajar en la división, Matsumoto, Yoshio y yo nos encargaremos de todo, quiero que disfrutes de esta etapa que tanto anhelabas y ese será mi regalo para ti
- ¿Regalo? ¿Estás de broma? - Bufo, entre ofendida y divertida -El mejor regalo que me has dado es ella, no quiero dejar la división, no el papeleo, los entrenamientos de Yoshio no son suficientes para mantenerme ocupada
-No quiero que te sobre esfuerces…
-No lo haré, tomaré siestas en el sofá, comeré bien y así podrás tenerme vigilada mientras estés en la oficina y la división y…- Un golpe, un movimiento tan leve, pero lleno de fuerza que la hizo sorprenderse, Tōshirō la miro con curiosidad por haberse callado tan de repente -Pude sentirla
- ¿Se movió? - Su mano busco con ilusión el vientre de la chica, y ahí, en un sobresalto, la sintió; el golpe de la vida que le llenó nuevamente de miedos e ilusiones -Aun no nace y ya me tiene atado a ella
-No puedo creer que me haya pasado la mitad de mi embarazo sin saber de ella- La mano sobre su vientre la reconfortaba, deseaba fervientemente que el tiempo pasara lo más rápido posible y, a la vez, no llegara el día en que podría traicionar a su familia - ¿Y tú? – Está pregunta lo hizo alzar la mirada, de una manera extraña que la confundió -No puedo dejar de centrarme en el hecho de que estas nervioso, preocupado, la conexión entre Daya Kōu y Hyōrinmaru es mucha, y ella también puede sentirlo
-Han pasado muchas cosas en tan poco tiempo, la verdad, es que todos nos encontramos así, y no quiero que eso te afecte- Sus palabras sonaban sinceras, tenían un toque autoritario en él, pero ya no lo tomaba como si fuera su superior, si no como el hombre que regía su mundo, su vida, algo más cercano y puro que la movía a querer obedecerle. Suspiro -Aceptaré tu trabajo en la división, tus condiciones me gustan, tampoco voy a limitarte
-Gracias- Algo nuevo había nacido entre ellos, no tenía explicación tal vez, pero les daba la fortaleza necesaria -Apuesto que no has comido nada ¿Cierto?
El albino bufo, un poco ofendido, porqué aquello era cierto.
-No quiero dejarte…
-Voy a estar bien aquí en la división, y no quiero interferir con tu trabajo, así que, por favor, quiero que vayas a comer algo y vuelvas más tarde- Su voz tuvo un peso significativo esta vez, algo muy diferente que le causó un escalofrío -Si me dan de alta, o algo pasa, le pediré a Kotetsu que te notifique
-De acuerdo, estaré al pendiente- Si, algo le instauró en el pecho la seguridad de dejarla sola otro rato -Volveré más tarde
Se apoyó completamente a los costados de ella, sobre la cama, besándole los labios con delicadeza, disfrutando ese contacto, mientras ella le abrazaba por el cuello. Un beso fugas que les lleno el alma, pero la acción del albino la llevo a sentirse dichosa, completa, cuando él se agachara hasta su vientre y depositara ahí, un beso que le hizo permanecer estático.
-Volveré pronto princesa- Esto la enterneció, sobre todo, al sentir el arrebato dentro de su cuerpo, algo que sintió al tener levemente la mejilla pegada al cuerpo de su novia -Esto es tan extraño…
-Tenemos poco tiempo para acostumbrarnos- Expresó ella, sonriéndole -Y mucho menos para tenerla entre nuestros brazos
Se despidieron nuevamente, por lo que, sin tener más que hacer, se dispuso a descansar.
Deseaba nuevamente encontrarse con aquel muchacho, ansiosa quizá, porque algo sentía en su pecho que le hacía sentir que estaba con un viejo amigo.
El comandante debería saber algo, probablemente le haría una visita en cuanto tuviera una oportunidad.
…
Hanako suspiró acariciando la cabeza de su hermana, observándola tendida en aquella camilla con una expresión serena en el rostro mientras se preguntaba si sería buena idea cortarle el cabello o esperar un poco más...
Suspiró de nuevo, levantando la mirada hacia la ventana, hacia los rayos de sol que se colaban tímidamente hasta los pies de la cama, brindando cierta calidez al día frío. Sonrió reacomodándose la bufanda de Byakuya y sonrojándose ligeramente al recordar los hechos ocurridos en la junta, antes de gruñir por lo bajo y cubrirse el rostro, completamente enrojecido.
-Sentido común, Hanako- Se dijo a sí misma, reprochándose y regañándose por el tamaño de su insensatez -, se llama sentido común, y ninguno de los dos parece poseerlo.
Por su parte, Asami reconocía esas caricias donde fuera, había suspirado al sentir el toque de su hermana, algo a lo que estaba acostumbrada.
-No, no parecen tenerlo- Había dicho al abrir los ojos, mirando el desconcierto en el rostro de su hermana -Hola
Su voz se quebró por alguna razón, pero no deseaba mostrar signos de debilidad en ese momento, no frente a su hermana.
-Hola -repitió Hanako como una exclamación proferida en un susurro, antes de acurrucarse al lado de Asami y despejarle el rostro con manos torpes y sonrisa cálida -, pero ¿de qué hablas, pequeña? -cuestionó con voz divertida mientras observaba la sonrisa de Asami y se preguntaba hacía cuánto la había cargado por primera vez -. Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas -reprochó ensanchando su sonrisa antes de besar la frente de su hermana y volver a mirarle.
Se acomodo al momento de sentir a su hermana aún más cerca, sonriendo, dejado escapar una risita traviesa.
-Oh, creí que recitabas un mantra- Y la miro por sobre la bufanda en el cuello, pestañeando con curiosidad -No me engañas, te pasa algo
Se acurruco en su pecho, como siempre le gustaba hacerlo desde que habían llegado con el abuelo. Un refugio a sus miedos, sus temores; justo en el momento en que la necesitaba.
-No, no -continuó Hanako cerrando los ojos y ensanchando su sonrisa -, el mantra sería: torpe, torpe, torpe teniente.
Y aunque dejó correr un par de segundos, disfrutando de la calidez de la cercanía con su pequeña, al final Hanako carraspeó y sonrió con ganas, sonrojada de nuevo.
-Bueno, tal vez me pasa algo. Y me pasa por imprudente yo y por imprudente mi... mi novio.
Se refugio bajo los brazos de su hermana, la calidez de su reiatsu le reconfortaba más de lo que pensaba, casi de la misma manera que el de Tōshirō; dos polos completamente opuestos.
-No creo que torpe sea la palabra correcta, hay cosas que no pueden evitarse- No quería alzar el rostro esta vez, quería dejar que ella continuara, pero la manera en que había dicho aquello le pico las costillas. Suspiro - ¿Byakuya? ¿Imprudente? A veces... creo, pero es válido si lo quieres plantear de esa manera, ¿que hizo esta vez?
Hanako suspiró con pesadez, resignada, divertida por qué no, antes de apresar a su hermana con un poco más de fuerza.
—Nada que yo no hubiera podido arreglar, torpe, torpe, torpe teniente... Pero supongo que estaba muy emocionada por la noticia que queríamos darles en una cena familiar como la del otro día —pausa... Hanako hizo una pausa midiendo el flujo de reiatsu de su pequeña —. Quiero que seas la primera en saberlo oficialmente, sin contar nuestro pequeño desastre natural. Los nobles han autorizado el matrimonio, y quieren unificar al clan Yamamoto y Kuchiki con la boda entre Byakuya y yo...
Algo se revolvió en su pecho, ¿O fue su vientre? No, no lo entendía, pero se sintió feliz por su hermana.
-Oye, eso es fantástico- Alzo el rostro esta vez, buscando sus ojos, sonriendo -Hanako Kuchiki… suena bien
Una risa traviesa se le escapó, había aceptado su relación tiempo atrás, y escuchar aquello le alegraba.
Enrojeció, sus mejillas se tiñeron de carmín en un instante y ella volvió el rostro, abochornada, antes de reír por el nerviosismo y negar con la cabeza.
—Ay, no, peque, no —murmuró la teniente mientras echaba una pierna sobre las rodillas de su hermanita, como cuando eran niñas y la más joven se asustaba por las historias que Saya solía contarle en las madrugadas —, Byakuya quiere que conserve mi apellido si es mi deseo, dijo que no... Que no quiere que este matrimonio arreglado me quite nada de lo que soy ahora...
Dejó correr un par de segundos antes de sonreír con picardía y añadir: —Ahora tomarás té en los jardines de la mansión.
-Si es con una mermelada de duraznos, creo que está bien- Claro, tenía que recordar aquella conversación en la que el capitán de la sexta ofrecía los duraznos de su jardín para complacer a la menor -Ten por seguro que ahí estaré, acompañándote
Y volvió a resguardarse en su pecho, disfrutando como siempre de su compañía.
-Y quítale lo amargado- Dijo con un puchero, haciendo reír a su hermana.
—Amargado —murmuró Hanako todavía entre risas, antes de proferir un suspiro y relajarse en su sitio, sintiendo el cansancio luego de tantas emociones, sintiendo que la vencía poco a poco, cobijándola con somnolencia y tranquilidad —. De eso me encargo yo, no te preocupes.
Suspiro, con tranquilidad, y ahora fue su turno de vengarse.
-No estás embarazada, ¿verdad? - Y sintió el ajetreo en el cuerpo y reiatsu de su hermana -Hana…
Sonrojo, sus mejillas se sentían calientes ante aquella insinuación, embarazo sí, suyo no...
—Byakuya es un caballero, Asami, ha sido muy respetuoso, y quiere hacer las cosas en orden.
¿Caballero? ¿Respetuoso? ¿De verdad?
Pero con qué otras palabras, le explicaba a ella, a su peque, que no existía esa posibilidad...
—Y una queriendo dormir tranquila —remató la teniente antes de apresar a Asami, quizá con un poco más de fuerza de la necesaria.
Se quejó ante el apretujón, pero su alma descansó ante el intenso contacto con su hermana.
-Muy fuerte- Dijo al fin, al sentir que no podía respirar correctamente -No respiro
Y los brazos de su hermana se aflojaron, suspirando de alivio.
—Sígase metiendo en las conversaciones ajenas —remató la teniente antes de volver a apresar suavemente a Asami contra su pecho, suspirando, aspirando el aroma en su cabello, y agradeciendo internamente seguir con vida, que ellas siguieran con vida —. No vuelvas a asustarme así —exigió pretendiendo sonar ruda, pero su reiatsu delató la gratitud que sentía en aquellos momentos —, o no volveré a preparar tartas para ti. Ni galletas, ni té, ni mermelada, ni galletas.
-No, entonces si será grave el asunto- Respondió entre un pujido y otro por el acto de su hermana, si, agradecía estar con vida en ese momento, para disfrutar de su familia, y aunque el afecto con Saya era diferente, también lo apreciaba -Pues tengo ganas de una tarta de fruta y un panque de nuez
—Ay, antojitos —murmuró Hanako entre dientes, un farfullo ininteligible que ni ella misma comprendió al expedirlo, que más que palabras fueron gruñidos que provocaron una mueca en el rostro de Asami para denotar su confusión y arrancarle a la teniente una risa cristalina —. Veamos que dice la capitana sobre una dieta y alimentación adecuada, y si sí, tendrás tu tarta.
-¡Pero si no tengo nada! - Exclamó la menor, haciendo un puchero -Lo que no quieres es cocinar ¿verdad?
—Nop, no quiero —soltó la mayor con aires infantiles, sonriendo ampliamente y reacomodándose en su sitio. Sin embargo, serenó su reiatsu y, más tranquila, añadió —Sólo quiero asegurarme de que de verdad estas bien, ambas. Saya está durmiendo todavía, así que necesito saber que de verdad estén de vuelta a mí, ¿de acuerdo?
-Siempre voy a volver a ti, y siempre voy a ser tu escudo- La abrazo con fuerza, con cariño, con un ronroneo familiar -Saya despertara cuando haya recuperado sus energías, aunque la verdad, no recuerdo mucho de la batalla
Guardo silencio un momento, sintiendo algo de duda en el reiatsu de su hermana.
-Pero no necesito saberlo, me alegra haber estado allí… aunque creo que no fue para bien…
—No digas tonterías, peque —murmuró Hanako con una sonrisa radiante —, incluso los incendios dejan la tierra fértil, todo cuanto pasa en nuestras vidas se puede aprovechar para crecer.
Hanako suspiró con un aire lúgubre, pero recuperó la sonrisa antes de besar la frente de su pequeña.
—No eres mi escudo, eres mi oso de peluche —exclamó abrazándola de nuevo con firmeza, haciéndola reír por sus arranques infantiles —, y a veces el saco de boxeo de Saya, pero no más.
Rio libremente al sentirse apretujada por los brazos de su hermana, lo más cercano que tenía a una madre.
-Saya siempre será nuestro saco de boxeó
Y rieron a carcajadas.
Hanako sonrió dedicándole una última mirada a profundidad a su pequeña antes de levantarse y encaminarse hacia la puerta.
—Y hablando de sacos de boxeo, iré a ver cómo está nuestra flecha. De todos modos, Kotetsu viene hacia acá, seguramente te hará un chequeo, ya estoy sintiendo su reiatsu.
Y salió ahogando su sonrisa, sumiéndose en sus pensamientos, sabiendo que, cuando llegara a la habitación de Saya la encontraría durmiendo, que acariciaría su cabeza, que le hablaría de Asami despierta, que le prometería que todo estaba bien antes de dirigirse a la décimo tercera y asegurarse de que su capitana y amiga volviera a la cama. Ella sostendría en sus hombros el peso de la trece, del Gotei entero, mientras su gente podía volver a levantarse y pelear.
Y cuando Hanako desapareciera, tal como lo había dicho, Kotetsu entró a la habitación, sonriéndole, examinándola, mientras en su mente, la duda y la confusión aumentaron. Hana no había mencionado ni pio de su embarazo, al contrario, había desviado el tema hacia la negación y defendido la caballerosidad de su novio.
…
Kotetsu no había decidido darle el alta hasta el día siguiente, comprobando que estaba bien de pies a cabeza, por lo que, esa mañana se iba a casa con estrictas reglas y condiciones de la médico.
-Necesito hablar con el comandante- Dijo en un momento del camino en el que ambos se habían quedado en absoluto silencio -Por favor, no es necesario que me acompañes o me esperes
-No voy a dejarte sola- Fue su respuesta más contundente, pero el apretón en su mano fue algo que ella necesitaba -No sé qué necesitas hablar con él, pero te acompañaré y esperaré por ti
Una sonrisa escapó de sus labios, feliz, y así continuaron charlando hasta llegar hasta la oficina del hombre más fuerte del gotei.
Generalmente prefería estar solo, o al menos que Nanao estuviera ahí con él, pero nunca le negaría la entrada a su jardín, mucho menos a la flor más pequeña.
-Asami-chan- Dijo el nombre de la joven con algo de cansancio y jovialidad muy bien mezclados - ¿Que te trae por aquí? Deberías estar descansando
-Kotetsu acaba de darme de alta, pero hay algo que siento que debo hablar con usted- Curiosidad, una espina clavada en su costado -Es sobre el espectro dentro de mi
Temas importantes como ese no podían dejarse pasar, así que mostró un mayor interés.
-Te escucho…
Tomo aire, una inspiración larga y profunda que exhalo con lentitud, no estaba lista, pero debía hacerlo.
-Mientras descansaba, me encontré en mi mundo interior por un llamado de Daya, ella…- Acaso ¿Sabría el comandante de su embarazo? Hanako no había hecho comentario alguno, y eso la tenía consternada -Alguien más estaba ahí a parte de nosotras dos, un chico…
Una alarma, peligro inminente, si lo que las cartas de Genryūsai decían, era verdad, entonces…
- ¿Puedes decirme cómo era?
-Era bastante alto, delgado, llevaba el cabello corto en color negro, muy similar a nosotras- Y sus ojos se abrieron, pasmados, y ahora debía disimular -No recuerdo mucho sus facciones, pero es como si ya lo hubiera visto antes, teníamos una extraña conexión que nos hacía confiar uno en el otro
- ¿Te hablo sobre algo referente a sus planes? ¿Hizo algo que este fuera de lo normal? - Y sus orbes violetas le transmitieron información, una silente afirmación - ¿Te hizo daño?
-No, pero…- ¿Por qué dudaba tanto? Ella no era así -Dijo que dormiría al espectro dentro de mí, hasta que… yo estuviera bien, y luego vendría por mí, porque yo le ayudaría a derrotar a los trece escuadrones, y cuando desperté, pude volver a sentir los reiatsu
Un sentimiento extraño se instauró en el pecho del hombre, si aquel chico se trataba de quien él creía, entonces ¿Por qué no recordaba a su hermana?
-Si ese chico vuelve a aparecerse en tus sueños o algo similar, necesito que me lo hagas saber inmediatamente- La joven se mantuvo serena y en silencio -Por otro lado, cabe destacar que en tu actual conducción será imposible realizar misiones al mundo humano, así que, si Hitsugaya requiere de tus servicios en la división, deberás obedecerle
Ah, entonces si lo sabía.
-Ya hemos hablado al respecto, me quedaré en la oficina mientras esté en mis posibilidades…
-Muy bien Asami-Chan, entonces no me queda más que felicitarte por esa niña que viene en camino- Un cambio de actitud, de tratarla - ¿Tienes algo más que contarme?
-No, señor- Una respuesta que sonara con algo de duda, el hombre notó aquello, por lo que alzo una ceja -No comandante, me retiro, gracias
Una reverencia, un andar lento que marcó sus pasos mientras salía de aquella de oficina.
No sabía si aquello había aligerado un poco su carga o, si simplemente había ido en aumento.
-Señor…
-No parecen querer darnos un respiro- Sonrió, con el cansancio enmarcando sus ojos -Si lo que Asami-Chan dijo es verdad, entonces, él está vivo
-Entonces, Aizen…
-Aizen se aprovechó de que el chico no murió en el intento, al igual que los vizard, como Hirako y Muguruma, podría ser que él fuera la clave para que aquello se hiciera posible- Nanao apretó las carpetas bajo sus manos contra su pecho, miedo, Aizen seguía siendo motivo de miedo en la sociedad -Él no va a hablar, interrogarlo sería perder el tiempo nada más
- ¿Que haremos cuando Hanako-san y Saya…?
-O es nuestro enemigo, o es nuestro aliado, no hay puntos medios Nanao-Chan- Los ojos de pasmo en su teniente lo hicieron componer una sonrisa tranquilizadora -Sabes que haré hasta lo imposible porque sufran menos
Nanao sabía lo mucho que aquellas niñas significaban para él, por lo que, sus palabras la reconfortaban.
Por otro lado, Asami llegaba a la salida, donde Tōshirō la recibiera con la mano extendida, esperando a que ella la tomara.
-No estoy enferma ¿Sabes? - Rio, divertida, mientras él la recibía con los brazos abiertos -Gracias por esperar
-Vayamos a comer- Se tomaron de la mano, iniciando un lento andar que no molesto a ninguno -Se que la comida de la cuatro no es de tu agrado
-Nadie se llena con esas porciones- Aquello la divertía, estaba relajada, tranquila -No puedo creer que no notara que estaba engordado, digo, había estado comiendo mucho y nunca pensé en atribuirlo a un embarazo
-Noté que comías de más, pero pensé que era por ansiedad y el esfuerzo que hacías al entrenar a Yoshio- Un extraño silencio se formó entre ellos, pero no había incomodidad, era como si quisieran decir mucho, pero no encontrarán las palabras -Tal vez no lo aparento, pero estoy feliz por esto…
-Lo sé, ahora que el espectro está… "congelado", sentirte es mucho más simple, así que no tienes por qué darme explicaciones- Suspiro, nerviosa - ¿Hanako y Saya lo saben?
Arrugó la frente, extrañado, ¿Hanako no le dijo nada?
- ¿Por qué lo preguntas?
-Hable con Hana ayer, pero no comentó nada, ni siquiera bromeó sobre el asunto- ¿Tristeza? ¿Decepción? -No sé, solo lo evitó, ella es así en veces y…
-Tranquilízate, deja que se le pase- Escucho el sonoro suspiro de su novia, notando esta vez como su vientre se notaba más en estos días -Sabes, no lo había notado, sobre todo porque no quería decirte nada hasta que se confirmara que estaba todo en orden, pero, tu vientre es mucho más notorio hoy
El rosa se apoderó de sus mejillas, un extraño temblor la sacudió.
- ¿Asami? – Una mueca retorcida en su rostro - ¿Te sientes bien?
-Si, solo… Mmmmm…- Se cubrió el rostro con ambas manos - ¿Te gusta… como me veo?
Sonrió con ternura, besando la mejilla de su novia.
-Me encanta, y no cambiaría nada de esto- Y ahora coloco su mano sobre el vientre -Las amo a las dos
Cuanta sinceridad había en sus palabras, calidez y confort que le daban paz y tranquilidad.
- ¿Podemos cenar en la cama? - Pregunto con picardía, emoción -Te ayudaré a cocinar
-No meterás mano en la cocina
-Oye, puedo hacerlo, no va a pasarme nada por ayudarte en una tarea cualquiera- Era entre una queja y reclamo, pero había burla en su voz también -Ya te lo dije, no quiero que me limites
- ¿Cómo voy a protegerlas si no me lo permites? - La mirada de Asami se dulcifico esta vez, frenando su andar y mirándolo desde arriba. Esos 28 centímetros que hacían la diferencia fueron muy notorios en ese momento -Debo confesarte algo…- Estás palabras la hicieron cambiar de expresión -Fui a donde Mayuri, a pedirle ayuda para mantener mi forma adulta de forma continua, el…
-Tōshirō…
-No he dejado de pensar en que, en este estado, en esta forma… no lo creo muy conveniente en alardear en que seré padre- Esas palabras le hicieron sentir apretujado el corazón, él lo estaba viendo por el que dirían -Quería que lo supieras, porque nada de lo que digas va a hacer que me retracte de mi decisión
-Y lo apoyo, Tōshirō- Esto lo tomó por sorpresa, sobre todo, al ver la sonrisa en el rostro de ella -Se lo mucho que detestas esa forma, que hayas tomado esa decisión por cuenta propia, habla mucho de ti, y yo también te confesare algo, y es que sin importar lo que pase, la forma que tengas, esta o la otra, te amo por quién eres, no por cómo te ves ¿entiendes?
La sonrisa sincera que todo lo curaba estaba ahí, en el rostro de ambos, quienes volvieron a tomar rumbo a su destino, un buen descanso en una cama decente y una buena comida les ayudarían a sanar el alma.
…
¿De cuantos privilegios podía gozar como capitán? Muchos, y es que, de igual manera, Matsumoto había jurado que se haría cargo de todo mientras él no estuviera en la división, por lo que le daba la oportunidad a él, de disfrutar y descansar al lado de su novia.
No quería mirar el reloj, no sabía la hora, pero podía presentir que era antes de medio día, y él seguía en cama, abrazando a su novia mientras ella descansaba.
Interesante etapa era el embarazo, porque de un momento a otro, había crecido, se notaba, sobre todo, con la delgada figura de ella.
-Se ha despertado- Murmuró, restregando su rostro contra el pecho del muchacho -Saya…
- ¿Quieres ir con ella? - Su pregunta los sumió en un silencio largo.
-No, probablemente sea mejor que Hanako lo haga- La conversación con Hanako le había dado a entender que algo había pasado entre las tres, y no quería alterar de nuevo a sus hermanas -La veré cuando salga
- No querrás marcar distancias, ¿verdad? - Asami arrugo la frente, un gesto extraño en ella -Asami…
-No, es solo qué tal vez necesitan espacio, creo que ellas fueron las más afectadas con esto y, no quiero que se sientan más confundidas, agobiadas- Y Tōshirō pudo sentir como algo extraño aún se movía en el interior de su novia, algo extraño que la hacía sentirse insegura, que quería alejarla -Ya no se si son los vestigios del espectro o síntomas del embarazo
-Mejor relájate, tampoco deberías pensar tanto en eso, en estos momentos no eres parte de la línea de combate- Un suspiro que hizo volver todo a la normalidad - ¿Has pensado en algún nombre para ella?
Un silencio que le hizo hacer muecas, caras, gestos, algo que lo divirtió a él, risitas traviesas que picaron su curiosidad.
- ¿En qué estás pensando? - Pregunto burlón, notando en ella un brillo diferente, algo que le otorgaba a él aún más felicidad de verla así - ¿Me dirás?
-Arashi- Dijo ella al mirar a su novio, confundido, extrañado por la peculiaridad del nombre -Creó que, no parece muy apropiado, pero creo que a pesar de la tormenta por la que estamos pasando, ella lo será, será nuestra luz en el mar y, creo, que, a la vez, es muy adecuado
-Me gusta- Y su mirada enternecida le fue suficiente a él, suspirando con fuerza mientras se recostaba sobre su pecho una vez más -Ahora, comamos algo para nuestra pequeña tormenta
Y hubieran seguido ahí, tirados en la cama, pero debían cumplir con las necesidades que aún gritaban por atención.
…
Byakuya suspiró encaminándose hacia la salida de la cuarta división, percatándose de que Renji permanecía en la puerta de la habitación de Saya, observándola con expresión compungida.
—Hierba mala nunca muere, teniente —murmuró el noble palmeando el hombro de su subordinado, tratando de infundirle un poco de valor, haciéndole sonreír —. Lo digo por experiencia.
Renji bufó divertido, por lo bajo, agradeciendo aquel intento de hacerle sentir mejor.
—No sabía que pensaba eso de usted, capitán.
—Ah, no —añadió alegremente antes de encaminar sus pasos —, de hecho, hablaba por ti y por mi sobrino.
Aunque bien, el pelirrojo no supo cómo tomarse aquellas palabras en un principio, al final sonrió suspirando mientras veía a su capitán partir.
—No volveré hoy a la división, Renji —anunció el pelinegro mientras se alejaba —, tengo asuntos pendientes con el consejo. Y tú deberías tomarte el día, sabré si volviste a la sexta.
—P-p-pero taichou...
(SYML - "DIM")
Un nuevo suspiro salió de su boca volviendo su vista a donde Saya seguía profundamente dormida.
Ya era el tercer día, y seguía sin despertar. Verla así, con esa expresión de total agotamiento, tan diferente al gesto sereno y calmado de aquella vez que la vio dormitar bajo la sombra de un árbol.
Apenas eran tres días, pero ya la extrañaba. Si, tres días sin escuchar su voz fuerte y burlona, molestándolo cada dos por tres, jugándole bromas como ponerle picante en su comida cuando comían juntos y escuchar su estridente carcajada mientras el trataba de quitarse el picor. Si, echaba de menos eso y apenas habían pasado tres días, dándose cuenta de lo importante que era Saya en su vida, lo esencial que esa había vuelto esa tosca shinigami en su vida.
Había estado llevando café, en la mañana, tarde y por la noche, todo con la esperanza de que, al despertar, tuviera algo caliente que tomar, algo que la reconfortara un poco tras lo ocurrido con el segundo ataque.
Recordarla en ese momento, con su furia descontrolada, peleando contra su propia hermana y teniente, pero, especialmente, sintiéndose incapaz y culpable de no poder hacer algo por detenerla. Así que, durante tres días, entreno más arduamente que nunca, pero no con el afán de volverse más fuerte para protegerla, si no, para poder ser capaz de luchar por ella cuando no pudiese seguir.
-Saya no es alguien que necesita ser protegida – le dijo a su capitán cuando lo vio entrenando sin descanso uno de esos días –Pero me volveré fuerte para poder continuar por ella en caso de que no pueda continuar.
Nuevamente, el café que había dejado en el buró a lado de ella ya estaba frio. La shinigami no parecía que fuera a despertar pronto, así que se lo llevó para traerle en la tarde otro, esperando que, al volver, pudiera encontrarla despierta.
Antes de irse, acaricia el desordenado cabello de la soldado, un gesto que marcaba su deseo, de todo corazón, en poder transmitirle fuerza y calma a la vez, palabras dichas en la mente, "recupérate pronto, el gotei de necesita… yo te necesito".
Renji abandono la habitación, cerrando cuidadosamente la puerta detrás de él, no imaginándose, que de la nada, y sin pizca de tener alguna corazonada al respecto, la morena despertaría a los pocos minutos de que él se fuera.
Los ojos de Saya se abrieron, lento, poco a poco en un par de parpadeos, acostumbrándose a la luz, desorientada, mirando a un lado y otro.
¿Qué había pasado?
…
Fue casi un suspiro quebrantando la tranquilidad de aquel momento, Hanako podría haberse aparecido en la puerta por la velocidad a la que se movió, pero Saya no se percató de su repentina presencia puesto que la teniente se movió tan rápido que ni siquiera provocó una brisa suave.
Ahí estaba su hermana, ahí estaba su flecha.
Hanako demoró un par de segundos más en la entrada de la habitación, analizando a profundidad a su hermana, preguntándose si de verdad estaba ella ahí, de pie, consciente, sana y salva.
(Chiquitita (Piano Instrumental))
Las facciones confundidas de su hermana menor confirmaron su sospecha, debía haberse despertado recién, debía estar cansada, confundida, asustada tal vez... Su pobre Saya...
Hanako pasó saliva con dificultad mientras su hermana parecía recobrar la consciencia de sí misma, mirándose las manos con aires confundidos.
- ¿Qué pasó? - Murmuró Saya abriendo y cerrando sus manos -Tuve un sueño...- Parecía que hablaba consigo misma, que trataba de convencerse a sí misma. Hanako no emitió ni una palabra al tener la incertidumbre de si Saya sabía que estaba en la habitación -O, mejor dicho, una pesadilla...
Se sostiene la frente con la mano, cerrando sus ojos con pesar, teniendo demasiadas cosas en la cabeza, un sin fin de imágenes, algunas confusas, otras grises, lo que estaba detonando que sintiera que sus emociones choraran una contra la otra.
Hanako se dejó caer de rodillas, todavía sumida en un mutismo escalofriante, se llevó ambas manos a la boca para contener mejor el sollozo que amenazó con quebrantar la quietud de aquella escena. No, seguramente Saya ni se había percatado de su presencia, le permitiría despertar mientras ella misma terminaba de comprender que sus pequeñas ya estaban de nuevo en casa.
—Ay Saya... —musitó Hanako con un hilo de voz, un murmullo quedo que apenas y se alzó por encima del sonido de su propia respiración.
Saya entonces fue más consiente de la presencia de su hermana, y al mirarla, supo entonces que no serviría de nada luchar contra sus emociones, negar lo que paso diciendo que fue una pesadilla.
Estaba en la habitación de la división 4, Hanako parecía aliviada de verla, como si hubiese salido de un coma.
Demasiadas emociones, demasiados pensamientos, no se sentía en control ni de sí misma; estaba confundida, en su cabeza nada tenía coherencia, nada tenía sentido.
No sabía ni lo que quería, no sabía que pensar.
Se sentó, de nuevo en la cama, cubriendo su rostro, reprochándose de sentirse de esa manera tan vulnerable, de no saber que hacer, de no tener control de sí misma, de caer en cuenta que la realidad era, que de verdad había perdido el control hace... no, no lo sabía, pero recordaba el dominio de la furia, de emociones negativas que hicieron que, por poco, fuera ahora ella la causante de destruir el gotei.
- ¿Cuánto tiempo dormí? – Preguntó, con las manos en la cara, por lo que su voz se escuchó algo débil.
—Diez años —soltó Hanako sonriendo con lágrimas en los ojos, una sonrisa suavizada y tranquila que pretendió brindar un poco de paz a su hermana antes de moverse en un parpadeo hasta su lado y abrazarle por los hombros, obligándola a pegarse a su costado —, ya hasta me volví más rápida que tú, tortuga —añadió antes de permitir que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas
Saya le hubiese seguido la broma, y aunque si se le dibujo una pequeña sonrisa en su rostro ante el comentario de su hermana que, claramente intentaba hacerla sentir mejor, simplemente era demasiado lo que la albergaba, todo su interior estaba echo un caos. Ni siquiera estaba segura de cómo se sentía, si triste, molesta, furiosa o era una mezcla insoportable de todo, pero no podía ponerle ni palabras a eso, simplemente…
-No puedo…– Dice entre dientes, con la garganta apretada al contener sus ¿ganas de llorar? – Hana… no puedo… pensé que tenía el control, pero no pude…
Hanako tomó una respiración profunda antes de enterrar sus manos en el cabello de su hermana, caricias dulces como cuando lloraron la muerte de sus padres, un consuelo como cuando supieron que habían perdido a su abuelo.
—Lo sé.
No dijo más. Durante largos segundos Hanako no dijo más, siguió acariciando el cabello de su hermana, sabiendo cuánto necesitaba su flecha quebrantarse. Porque si bien, Saya era fuerte por las tres cuando Asami o ella no tenían fuerzas para más, Hanako sería ahora la guardiana que siempre había encontrado en Saya para sí misma.
—Y está bien romperse de vez en cuando —murmuró a continuación la mayor, obligando a Saya a recostarse en la cama y recargar la cabeza en su regazo, acunándola como a una niña pequeña, acariciándole el cabello, el rostro, los brazos, los hombros —, las gotas de lluvia que caen en la tierra se parten en mil pedazos que dejan todo listo para germinar...
Quién sabe si fueron las palabras de su hermana, pero simplemente ya no pudo más. Si Saya era orgullosa en cierta manera, el demostrar que, pese a ser una soldado solo por título, podía llegar a ser tan o más fuerte que varios tenientes y algunos capitanes, se lo demostró a Renji en el tiempo que se hicieron rivales con tan solo verse.
Se jactaba de que podría con cualquier situación, y era verdad, pues tal como su elemento, se amoldaba a cualquier circunstancia, hacia lo mejor en cada momento, tan solo dejarlo fluir como el río, pero, justo ahora, se sentía como una presa quebrándose, ya no aguantando tanta presión, porque si, en ese momento albergaba más de lo que podía controlar.
Tenía la imagen de Takeshi, ese rostro arrogante tan diferente a como recordaba a su hermano mayor, escuchaba la voz de Hanako pidiéndole detenerse, pero no siendo capaz de controlarse, sentía aun el descontrol de emociones chocando una tras otras cual olas salvajes, y por si no fuera suficiente, existía un nuevo temor, un temor que pensó que desde hace mucho creyó ya no volver a sentir; el no ser capaz de controlar a su zanpaku-tō.
Y la presa no pudo soportarlo más, quebrandose, dejando su orgullo de lado, permitiendo que las lágrimas salieran, en un llanto desgarrador. No entendía porque lloraba, si por tristeza o furia, ¿impotencia?, pero no importaba, simplemente dejó que las lágrimas saladas salieran de sus ojos, empapando las rodillas de su hermana.
Si había alguien ante quien podía quebrantarse de esa manera, esa era Hanako. Probablemente también podía hacerlo ante Asami, pero, en ese momento, era su hermana mayor quien estaba ahí, simplemente, para permitirle quebrarse todo lo que necesitara.
-Tengo miedo Hana...- Admite entre sollozos incontrolables -No sé qué voy a hacer... no sé si sea capaz de seguir luchando como siempre...
Hanako no respondió, suspiró sintiendo el pesar en el reiatsu de su hermana, suspiró mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas y por las de su hermana, suspiró sabiendo que no había manera de ponerle orden a la tormenta de su hermana puesto que muchos años había visto cómo ese mismo miedo la consumía.
Inició como un zumbido, se convirtió en un sonido y evolucionó hasta volverse un arrullo... Hanako tarareó un arrullo dulce para su hermana, una melodía que no había sido entonada en décadas, no la cuna que su madre les cantaba, no las canciones favoritas de ellas. Sino la primera nana que Hanako entonó la primera noche que Saya pasó en la casa, recién nacida.
Porque la música siempre había sido el consuelo y el refugio de su flecha, su camino a seguir, así que ahora que no tenía palabras para su hermana, podía cantarle un arrullo del que ya no recordaba la letra.
—No tienes que poder —murmuró la teniente acariciando el cabello de su hermana, trenzándolo y despeinándolo, buscando dar consuelo con aquel gesto efímero —, nadie tiene que poder, yo no puedo —acotó encogiendo los hombros en un espasmo sin control —, nadie tiene que poder, y tú menos que nadie. Tú eres la que más derecho tiene de nosotros de romperse —concluyó determinada, sabiendo que ella misma se había quebrantado y reconstruido un sin fin de veces, y que Saya siempre había estado ahí para sostenerla.
No supo cómo continuar, así que se limitó a seguir entonando aquel arrullo sin nombre que alguna vez le cantó a su hermana pequeña las primeras noches que pasó en la casa. Una canción inventada por una niña pequeña, emocionada por convertirse en hermana mayor por primera vez.
No supo por qué con exactitud, pues si de algo se jactaba era su buen oído para reconocer prácticamente cualquier canción, pero, aquella reconfortante melodía que entonaba su hermana, a pesar de poner toda su atención, no la reconocía y, sin embargo, le era sumamente familiar, como si hubiera quedado archivada en una parte de su inconsciente. No tenía importancia el porqué, pero empezaba a sentirse más tranquila, la tormenta en su interior poco a poco comenzaba a atenuarse, y sus incontrolables sollozos, fueron convirtiéndose en leves gimoteos.
-Me es familiar esa tonada – Dice incorporándose al tiempo que se limpiaba las lágrimas –Pero no logro reconocerla
—Tres notas nada más —murmuró la teniente tomando el rostro de su flecha y limpiándole las mejillas con los pulgares, admirando bien el rostro de su hermana pequeña —, tal vez sea Debussy, o tal vez otra cosa.
Hanako trató de atraer a su hermana hacia su pecho, pero Saya opuso resistencia haciéndole renegar, al final la teniente desistió de sus intentos y miró a su hermana, poniendo suavemente las manos sobre su regazo y sonriendo suavemente.
—Saya —inició la teniente con un gesto amable y maternal que hacía mucho no componía para sus pequeñas —, no tienes que poder. Tú siempre eres fuerte, y siempre tienes una sonrisa para nosotras, y siempre nos haces reír cuando sentimos que nos desmoronamos por dentro. Tú siempre has sido mi pilar y mi impulso, y me has protegido toda nuestra vida. Y te has hecho responsable de las emociones de mi hermana y mías, pero ya no más. Saya, yo te libero de esa responsabilidad —sentenció Hanako poniendo una mano en el hombro de su hermana —, sé que seguirás cuidándome toda la vida, así como yo cuidaré de ti, mi confidente. Pero no es tu responsabilidad hacerlo, y si ahora te tienes que romper, pues te rompes y ya está. Y yo te cubro, es momento de saldar mi deuda.
-Hana…– Dice con una sonrisa reconfortante, de verdad, sintiendo que se quitaba un poco el peso sobre sus hombros –No hay deuda que saldar, y no tienes que liberarme. Una vez le dije a Asami que, aunque llegase ser la misma reina del gotei, eso no quitaba que dejare de preocuparme por ustedes y lo mismo va para ti, aunque seas mi hermana mayor, y sé perfectamente que si ante alguien puedo quebrantarme es con ustedes
Hanako vuelve a extender sus brazos en invitación al abrazo que rechazó hace unos momentos, Saya solo emitió una leve risa y se dejó consentir, dejó verse débil y vulnerable después de mucho tiempo, y vaya que sintió que un agobiante peso se desvanecía al fin, lo dejo notar en un enorme suspiro acompañado de una cálida sonrisa refugiada entre los brazos de su hermana.
—Y ya está —canturreó Hanako divertida, acariciando el cabello de su hermana mientras nuevas lágrimas bañaban su rostro, esta vez de tranquilidad —, se calman las aguas de tormenta.
Suspiró, sí, todavía un poco preocupada, porque, aunque podía sentir el reiatsu de su hermana un tanto más apaciguado, había ahí cierto aire turbio que no parecía dispuesto a desvanecerse. Sabía que Saya se culparía por lo ocurrido, sabía que se lo guardaría. No presionaría de más, simplemente se quedaría ahí, acompañando a su hermana y tratando de hacerla sentir mejor.
- ¿Y ahora que hay que hacer? – Pregunta, alejándose un poco de los brazos de Hanako, sintiéndose perdida, confundida, aunque ciertamente, más calmada –Tengo demasiadas cosas en la cabeza, no sé qué hacer
—Primero sanar —pidió la teniente despejando el rostro de su hermana y sonriendo suavemente, luego de haberse limpiado disimuladamente las lágrimas —, después planear una boda —añadió cuando un susurro en su oído le hizo prestar atención al hecho de que cierto reiatsu parecía estar merodeando a las afueras de la división —, y ya veremos lo demás.
-Oh, es verdad, estas a punto de que sea válido que te llame su majestad– Hanako ríe ante eso, alegrándose de que Saya por lo menos ya estaba tratando de volver a ser ella misma, y de mejor humor –Pues para luego es tarde, vayamos a casa y empecemos a planear esto junto con Asami
Se pone de pie, era evidente que aún se sentía algo cansada por la lentitud de sus movimientos, algo torpes y temblorosos.
-Yamamoto Saya, que gusto ver que al fin has despertado- Dice Kotetsu al momento de entrar, viéndola ponerse de pie.
-Sí, ya me siento mucho mejor- Intento demostrarlo, haciendo fuerza con su brazo, pero se le notaba aun débil –Me iré a casa, gracias por sus atenciones
-Oh no, me temó que aun debes quedarte un día más para observaciones– Responde de manera autoritaria, sintiéndose un poco apenada de frenarle el entusiasmo.
- ¿Qué? ¿Qué se supone que haga todo el día aquí? – Refunfuña, algo que alivia a Hanako, su flecha comenzaba a ser la misma chica inquieta de siempre.
-Terminar de reponerse- Responde Kotetsu, seguido de un gruñido de parte de Saya.
Hanako estaba a punto de decir que se quedaría con ella entreteniéndola, quizá Asami también vendría en un rato, pero entonces, Renji apareció en la habitación con un café en la mano, quedándose estático al ver primero a Saya, despierta y de pie, para luego observar a la capitana y a Hanako.
-Yo…- Fue lo que alcanzo a decir, sobre todo, por sentirse acorralado ante las miradas e Hanako y Kotetsu puestas en él, específicamente, en el café que llevaba en las manos -Lamento interrumpir, vendré… es decir…
Hanako soltó una risa suave, con los labios pegados y subiendo la bufanda para ocultar su boca.
La teniente se levantó con un movimiento elegante y le dedicó una sonrisa amplia a Renji, tratando de ofrecerle consuelo con aquel gesto amable.
—No hablaba de mi boda, Saya —soltó la joven antes de dirigirse hacia Renji y poner una mano en su brazo, un tacto dulce y cálido para serenar su reiatsu —, estoy segura de que si la capitana Kotetsu te requiere en observación es por una buena razón.
Hanako giró para mirar a Saya y sonrió ampliamente, de nuevo agradecida.
—Iré a decirle la nueva a Asami —anunció al final la teniente, acomodándose mejor la bufanda y sonriendo para el pelirrojo —, estará feliz de saber que despertaste tras diez años. ¿Te pido un favor? —remató mirando a Renji, haciéndole pasar saliva, esperándose el golpe, la burla, la broma a su costa.
—Dígame, Hanako-sa...
—Ay, no, dos favores, no me hables así, y asegúrate de que Saya no deje la cuatro hasta que regrese.
No esperó respuesta, salió de la habitación con un porte elegante, saludando a su paso y dejando a Renji con la boca abierta.
-Y yo iré a revisar a los otros pacientes- Dice la capitana con gesto amable y ocultando la doble intención de dejar a aquel par solos, a sabiendas de que casi todo el gotei conocía su relación tan peculiar -Por favor, Yamamoto-san, manténganse calmada un día más
-De acuerdo- Exclama aquellas palabras, dejando escapar un suspiro entre ellas, dejándose caer sobre la cama una vez más.
Tras pasar a un lado de Renji y de dirigirle una sutil indirecta con la mirada, lo que hizo que se tensara aún más, cerró la puerta detrás de ella, dejando un ambiente un tanto extraño en la habitación, es decir, el pelirrojo no sabía exactamente que decir.
La chica que estaba recostada en la cama, mirando con despreocupación hacia la ventana, era fuera de lo usual, parecía vulnerable, y eso, a Renji, lo descolocaba un poco, no estando muy seguro de que hacer o que decir ante la morena.
-¿De verdad planeas hacer guardia para evitar que escape? – Cuestiona Saya con sarcasmo, tal vez algo de molestia, y sin quitar su vista del cielo que veía por la ventana, abstraída por el azul y las nubes que pasaban con el viento.
-Como si yo pudiera evitar que escaparas, aunque parece que no tienes la menor intención de hacerlo- Soltó tras un suspiro, un poco más tranquilo, al ver que seguía siendo la misma Saya, aunque algo inquieto todavía por ella -Me sorprende el hecho de que hayas accedido tan obedientemente a quedarte, sin chistar
Se acerca a ella a pasos tranquilos, dejando sobre el buró a un lado de la cama, el café que llevaba para ella, haciendo que Saya mirara hacia donde el dejaba el vaso.
-No deseo causar más problemas…
Su tono de voz tenía algo de culpa, como si no tuviera ánimos para nada, apachurrada, y ese tono lo inquieto.
¿Y ahora? ¿Qué decía?
Saya siempre había mostrado mucha fortaleza ante cualquier adversidad, había sabido manejar a una chica desgarbada, confiara y retadora, pero, justo en estos momentos, tenía frente a él a una Saya rendida, una culpable, y no sabía como podía manejar aquello.
-Además…- Continuo la morena, sobresaltando a Renji, que estaba demasiado absorto en sus pensamientos, por lo que dirige toda su atención a ella -No me siento con fuerzas
Aquello lo había dicho con una voz débil, desanimada, aunque dándole un trago a su café.
-Descansar está bien, no somos inmortales- Sugiere el pelirrojo, con una tenue sonrisa en sus labios, esperanzado en poder ayudarla -Aunque acabas de despertar, aún te falta recuperación
-No hablo de mi fuerza física…
Saya se queda mirando el líquido en la taza humeante, como si encontrara en aquella bebida, la respuesta que buscaba, la salida a esas sensaciones tan inusuales en ella y, que la hacían sentirse fuera de sí misma.
Renji comprendió entonces, un poco, el cómo se sentía, por lo que se sienta a un lado de ella, respetando la distancia y otorgándole su espacio.
-El que te sientas insegura de ti misma, quiere decir que eres más fuerte e inteligente de lo que tu misma crees- Le mira fijamente cuando los ojos grises de Saya lo miraron, curiosa de aquellas palabras -Quien se jacta de su fortaleza y cree que nada ni nada lo hará derrumbarse, se confía, y eso hace que crea que no necesita superarse…
Ambos se sumieron en un silencio reflexivo, momento para el cual, Saya bajo la mirada de nuevo, mirando de nueva cuenta su café, suspirando. Y Renji prosiguió…
-Tú siempre estas segura y confiada en que podrás superar lo que se te ponga enfrente, porque tú actúas, y no piensas, solo te de dejas llevar por la situación
-Claro, como darle su lección a un teniente engreído, que creyó que una soldado era poca cosa para enfrentar- Respondió, de manera presuntuosa, dándole un trago al café e ignorando la mueca que hizo Renji.
-Sí, como sea…- Se aclaro la garganta, tratando de retomar su dialogo inicial -Tuviste miedo, el miedo hizo que actuaras fuera de ti, y ahora te sientes insegura de si podrás recuperarte- El gesto en el rostro de Saya, solo confirma que estaba acertando en sus palabras -Una vez te dije que no tenías por qué pelear sola, por más confianza que tengas en creer que tienes controlada la situación, por más habilidades que tengas para curar tus heridas- Hizo una pausa, permitiéndose tomar aire -Y no quiero decir que de verdad necesites protección, pero no tiene nada de malo, permitir que de ver en cuando, alguien continue por ti o te apoye, eso no es signo de debilidad
El gesto en el rostro de Renji era reconfortante, cálido, y Saya podía verlo claramente; la miraba con una tenue sonrisa ladina y los ojos llenos de comprensión y apoyo, dándole confort y alivio, y sí, quizá algo más en ese momento que no se atrevía a nombrar, pero aquellas palabras le hicieron sonreír, agradecida y con cierta dulzura.
Y un movimiento efusivo por parte de Saya, al lanzarse contra el pecho del pelirrojo y abrazarlo con fuerza lo tomó por sorpresa, descolocándolo; y mirando la coronilla de aquella impetuosa shinigami, mostrándose vulnerable, le removió el corazón, por lo que correspondió el abrazo y la cobijo, otorgándole el refugio que necesitaba en ese momento y, que él, con gusto le proporcionaría las veces que lo necesitara, siempre que ella quisiera o necesitara sentirse vulnerable.
…
- ¿De verdad no piensas ir a ver a tu hermana? – Había preguntado el albino por tercera vez esa tarde, la respuesta de su novia era la misma, "aún no" o "esta ocupada" y, claro, lo decía porque podía sentir el reiatsu del teniente de la sexta en la habitación con su hermana, cálido y reconfortante -Asami…
Suspiró, estaba leyendo en la sala, por lo que cerró de golpe el libro, sentándose recta en el asiento y mirando a su pareja.
-Esta bien, vamos- Dijo finalmente, resignada, a sabiendas de que su pareja no deseaba que hubiera mal entendidos entre ellas o algún tipo de problema -Si eso te tiene más tranquilo
Salir de la división diez, dirigirse hacia la cuatro y que no se toparan con nadie en el camino, era todo un logro, de todas maneras, llevaba el haori de capitán, no iba amarrado, pero podía disimular su vientre abultado.
Sonrió con ternura al entrar y ver a su hermana, platicando con el teniente de la sexta, tomando a Tōshirō por sorpresa, sobre todo, por la calma en el reiatsu de cuñada, el cual, siempre parecía estar una revolución.
-Hola- Fue su saludo inicial al ver a su hermana, llamando su atención y sonriéndole -Me alegra ver que estas bien acompañada
-Hola Asami- Saluda con un muy buen humor a su hermana -Bueno, era soportar a este o, morir de aburrimiento
Claro, la ofensa al pelirrojo no podía faltar, aunque lo dijera con algo de agradecimiento disfrazado, por lo que Renji solo torció el gesto en una mueca.
-Muchas gracias por acompañar a mi hermana, teniente Abarai- Asami se inclinó un poco, a sabiendas de que les habían dejado a solas a propósito, sin embargo, pudo oler el aroma del café -Mmmm, que interesante...
-Es en lo único que me supera- Se galardona, Saya tomando un sorbo del café.
- ¿Te mataría hacer un cumplido para variar? - Cuestiona Renji, ante la usual actitud de Saya para con él.
- ¿A ti? Posiblemente- Responde, simplemente con la taza cerca de la boca, mientras que Renji solo deja escapar un bufido al tiempo que sonreía de lado.
-Creí que el café te daba náuseas- Comenta Tōshirō, con malicia, notando como Asami se cubría la nariz un poco -Además de a Asami
-Tōshirō- Le dice Asami con un leve codazo -Sht
-Es verdad, hubo un tiempo en que no te sentaba bien el café- Comenta Renji, viendo cómo, ahora, prácticamente se lo tomaba de un solo sorbo -Eso fue raro
-Si, a mí también me pareció extraño- Deja la taza ya vacía a un lado de ella -Pero luego descubrí que no fue por causa mía
Saya miró a su hermana de forma acusatoria, lo que hizo a la menor mirarla con reproche, sonrojándose. Tōshirō suspiró, haciendo muecas a su cuñada, porque, claramente estaba siendo bastante directa.
-Parece que los efectos del primer trimestre han pasado, aunque podría volverte a pasar- Sonrió con malicia.
Renji miraba de manera aleatoria a todos una y otra vez, no entendiendo absolutamente nada de aquella conversación que parecía un código secreto entre ellos. Saya notó esto, por lo que suspiró con pesadez.
-Asami ten compasión de este soquete y explícale- Suspira Saya, dándose un golpe en la frente con la palma de su mano.
-Bueno, destacando el hecho de que es un secreto que ni siquiera el mismo Kuchiki sabe, se lo diré- La menor se cruzó de brazos, mirando la cara de confusión del pelirrojo -Va a ser Tío, teniente Abarai
Tōshirō contuvo la risa, mirando hacia otro lado, algo fuera de su estilo, pero sin dejar de mirar al teniente.
A Saya se le subieron los colores al rostro al entender la indirecta de su hermana, quien sonriera de forma maliciosa, por sus palabras, delatando a su hermana y su "ship" con el teniente; sin embargo, Renji tenía varias interrogantes apareciéndole en la cabeza, mientras se rascaba la mejilla con el dedo índice.
-Se que Rukia está a meses de dar a luz ¿que tienen eso que ver? - Prácticamente todos se fueron de espaldas, Saya lo hubiese hecho, de no ser porque estaba en cama, así que solo atino a darse otro golpe en la frente con la mano.
- ¿Porque no me sorprende? - Musito la menor, aunque no estaba del todo en posición para que el pelirrojo notara del todo su vientre -Bueno, no sé cómo se llamara el bebé de la capitana Kuchiki pero, a ARASHI le encantara tener un tío como usted, teniente Abarai
Le guiño un ojo a su hermana, a sabiendas de que preguntaría por el nombre.
-Por si no quedo claro...- Expresa Saya, entre impaciente y avergonzada -Asami está embarazada, pocos lo saben, así no que vayas a abrir tu bocotá- Y luego cayó en cuenta de algo, mirando a su hermana de nuevo -Espera, ¿Arashi? ¿Ya tiene nombre?
- ¡Por supuesto! Un bebé no puede pasar desapercibido, el nombre es lo más importante, escucharlo decir de la voz de sus padres es esencial- Afirmó la menor, acariciando su vientre por sobre la ropa.
- ¿Enserio? - Voltea a ver a la pareja, quien asiente, Asami con una sonrisa -Nunca imagine ver al capitán Hitsugaya siendo padre, felicidades- Mira luego a Asami -La verdad comenzaba a ver que estabas un poco más subida de peso, pero no creí correcto mencionarlo
Renji se rasca la nuca en un gesto apenado, y un tanto incomodo, por revelar aquello.
-Muchas gracias, Renji- La menor sonrió, a sabiendas de que no era necesario amenazar al pelirrojo, sabía que se atenía a ser perseguido por Saya el resto de su vida -No eres el único, Shūhei también me lo dijo, y se lo atribuí al hecho de que comía mucho y no estaba haciendo nada, más que entrenar a Yoshio, claro
Charlar sobre el asunto, ver que Asami volvía a ser la misma con su hermana; todo le había hecho tranquilizarse. Estaban bien, pero su novia si había necesitado ese empujón extra para acercarse a su hermana, sobre todo, por todo lo sucedido con anterioridad.
-Es hora de irnos, Asami- La chica volteo a verlo, entendiendo a que estaban arriesgándose -Yo estoy tranquilo, sabiendo que Abarai está con tu hermana
-La verdad es que si- Afirmo la menor, haciendo al pelirrojo sonrojar -Gracias por cuidar de ella Renji
-Nadie está cuidando de nadie- Saya se cruza de brazos, sonrojada y volviendo la mirada hacia otro lado -Yo ya me siento bien, pero Kotetsu insiste en tenerme en observación
-Y hace bien- Comentó la menor, a sabiendas de que no estaba bien, no espiritualmente -Pero te hace falta estar en casa, y al igual que Hana, no quiero que te sobre esfuerces, ella está loca, y no entiende, por lo menos, tú acata las órdenes de Kotetsu
-Tu hermana tiene razón- Secunda Renji, acercándose a la morena -Es mejor que te quedes
-Está bien, está bien- Exclama exasperada, especialmente al ver que hasta Renji se había puesto de lado de su hermana, haciendo una mueca a manera de disgusto -Supongo que no tengo opción
-Iré a casa cuando esto se calme un poco, ya hablé con el comandante y Tōshirō está de acuerdo en que un poco de trabajo de oficina no me hará daño, de todas maneras, debo trabajar más en Yoshio- Le dijo a su hermana al tomarle las manos, abrazándola al instante siguiente -No sé hasta cuando esto deba ser un secreto, pero entre más pase, menos podrá ser ocultado
Miró a Saya a los ojos, sonriéndole, un gesto silente de que estaba con ella.
-Aún tienen cosas que organizar, debemos darle una bienvenida digna a la pequeña Arashi- Dijo Tōshirō. Excelente, estaba comenzando a encariñarse con el nombre.
-Le daremos la mejor de las bienvenidas- Dice efusiva y abrazando de nueva cuenta a su hermana -Es por eso que quiero salir de aquí- Vuelve a rezongar -Tenemos que organizar tu baby shower
-Ay no, Saya, espera- Dijo la menor mirando con pasmo a su hermana -Deja que el comandante y Tōshirō se encarguen de esto primero, esto sigue siendo entre nosotros solamente, no quiero… no quiero ser objeto de investigación del capitán Kurotsuchi
Tōshirō pudo sentir el miedo en su reiatsu, por lo que se acercó a ella, tomándole la mano.
-Vamos a descansar, Saya también debe estar tranquila- Asintió, devolviendo un nuevo abrazo a su hermana -Hablaremos luego, los cuarto… cinco, si es que Abarai quiere unirse a la locura
Renji por respuesta solo dio un leve bufido y dándole una sutil sonrisa a Asami que denotaba el agradecimiento y confirmación a unírseles, dejando al teniente y a la soldado de nuevo a solas en aquella habitación.
-Creo que también debería irme y dejarte descansar- Dice este tras unos momentos de extraño silencio.
-Si quieres...- Inicia Saya, deteniendo al teniente, parando las intenciones de irse al querer escuchar lo demás -Si quieres puedes quedarte otro rato
Lo dice ladeando la mirada, con un gesto obstinado, aunque sonrojado; sonrojo que también se hizo presente en el rostro sorprendido del pelirrojo ante la invitación de Saya a quedarse otro poco con ella
-Digo, sé que no tienes nada que hacer, como siempre- Y aunque era de nuevo una clara ofensa, ya había aprendido que era la forma de Saya de tratar a quien estimaba, así que tan solo sonrió, resignado y volvió a sentarse en la silla a lado de la cama.
-Tengo una buena historia de terror que quizás te guste…
- ¿Enserio? - Cuestiona con escepticismo y alzando una ceja a modo de reto -Dudo que sea algo que no haya escuchado antes...
Renji permaneció con ella el resto del día, raro, porque Byakuya no había ido a buscarlo o mandado por él, por lo que pudo acompañar a la morena hasta que Kotetsu llegara de nuevo a revisarla.
No fue necesario que pasara la noche en el hospital, según el diagnóstico de la capitana, Saya se encontraba bastante estable, así que la mando a casa.
Creyó encontrarse con sus hermanas o alguno de sus amigos cuando saliera de la división, pero grande fue su desconcierto el ver a la capitana Soi-Fong delante de ella, parada firme, con el rostro duro e inflexible como siempre.
-Yamamoto Saya, no podemos perder el tiempo- Comenzó tajante, directa -Mañana comenzaremos un entrenamiento intensivo de una semana…
