Star Wars pertenece a Disney (creado por George Lucas)

Harry Potter pertenece a J.K. Rowling

Harem de Anakin: Padme Amidala, la futura maestra del consejo Adi Gallia, las caballeras Jedi Bultar Swan y Luminara Onduli.

Harén de Harry Potter: Hermione Granger, Susan Bones, Daphne y Astoria Greengrass, Parvati y Padma Patil. Aayla Secura y Maris Brood.

Star Wars: El Nuevo Camino

Capítulo 31: Sobre el Torneo de los Tres Magos.

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Los carruajes atravesaron las verjas flanqueadas por estatuas de cerdos alados y luego avanzaron por el ancho camino, balanceándose peligrosamente bajo lo que empezaba a convertirse en un temporal. Pegando la cara a la ventanilla, Harry podía ver cada vez más próximo el castillo de Hogwarts, con sus numerosos ventanales iluminados reluciendo borrosamente tras la cortina de lluvia. Los rayos cruzaban el cielo cuando su carruaje se detuvo ante la gran puerta principal de roble, que se alzaba al final de una breve escalinata de piedra. Los que ocupaban los carruajes de delante corrían ya subiendo los escalones para entrar en el castillo. También Harry, Susan, Hermione y Neville saltaron del carruaje y subieron la escalinata a toda prisa, y sólo levantaron la vista cuando se hallaron a cubierto en el interior del cavernoso vestíbulo alumbrado con antorchas y ante la majestuosa escalinata de mármol.

El Gran Comedor, decorado para el banquete de comienzo de curso, tenía un aspecto tan espléndido como de costumbre, y el ambiente era mucho más cálido que en el vestíbulo. A la luz de cientos y cientos de velas que flotaban en el aire sobre las mesas, brillaban las copas y los platos de oro. Las cuatro largas mesas pertenecientes a las casas estaban abarrotadas de alumnos que charlaban. Al fondo del comedor, los profesores se hallaban sentados a lo largo de uno de los lados de la quinta mesa, de cara a sus alumnos. Harry y Susan pasaron por delante de los estudiantes de Slytherin, de Ravenclaw y de Gryffindor, y se sentaron con los demás de la casa de Hufflepuff al otro lado del Gran Comedor, junto al Fraile Gordo, el fantasma de Hufflepuff. De color blanco perla y semitransparente, el Fraile llevaba puesto aquella noche su acostumbrado jubón, con una gorguera especialmente ancha que servía al doble propósito de dar a su atuendo un tono festivo. —Buenas noches —dijo sonriéndoles.

—Buenas noches Fraile —dijo Harry sonriente, sentándose en su lugar.

Susan también lo hizo, mientras veía a Hannah, sacando agua de sus zapatos. — "Me gusta mucho, esto de crear un campo de repulsión a nuestro alrededor, solo con la Fuerza" —Harry le dio una sonrisa alegra y asintió. Solo Las gemelas Patil, las hermanas Greengrass, Hermione, Susan y él, estaban secos, mientras que todos los demás, estaban mojados.

Después de la selección de los nuevos alumnos de primer año, todos comenzaron a comer.

— ¿Qué ocurre, Fraile? —preguntó Harry, el hombre se veía bastante enfadado. Por demás estaba decir, que eso era de lo más anormal.

—Peeves, por supuesto —explicó el Fraile, moviendo la cabeza, negándose a soportar más a Peeves —. Lo de siempre, ya sabéis: Quería asistir al banquete. Bueno, eso está completamente fuera de cuestión, porque ya lo conocéis: es un salvaje; no puede ver un plato de comida y resistir el impulso de tirárselo a alguien. Celebramos una reunión de fantasmas al respecto. Y aunque yo estaba a favor de darle una oportunidad, el Barón Sanguinario… más prudentemente, a mi parecer… se mantuvo en su lugar. Estamos buscando formas de desterrarlo o por lo menos, mantenerlo en el ala sur, que nadie utiliza desde los años 1223 antes de Nuestro Señor Jesucristo.

—Sí, ya nos pareció que Peeves estaba enfadado por algo —dijo Justin Finch-Fletcher en tono enigmático—. ¿Qué hizo en las cocinas?

— ¡Oh, lo normal! —respondió El Fraile Gordo, encogiéndose de hombros —. Alborotó y rompió cosas. Tiró cazuelas y sartenes. Lo encontraron nadando en la sopa. A los elfos domésticos los sacó de sus casillas…

¡Paf! Hermione acababa de golpear su copa de oro. El zumo de calabaza se extendió rápidamente por el mantel, manchando de color naranja una amplia superficie de tela blanca, pero Hermione no se inmutó por ello. —¿Aquí hay elfos domésticos? —preguntó, clavando los ojos en El Fraile Gordo, con expresión horrorizada—. ¿Aquí, en Hogwarts?

—Claro que sí —respondió la Dama Gris, fantasma de su propia casa, se veía bastante sorprendida de la reacción de Hermione—. Más que en ninguna otra morada de Gran Bretaña, según creo. Más de un centenar.

— ¡Si nunca he visto a ninguno! —objetó Hermione.

—Bueno, apenas abandonan las cocinas durante el día —explicó La Dama Gris—. Salen de noche para hacer un poco de limpieza… atender los fuegos y esas cosas… Se supone que no hay que verlos. Eso es lo que distingue a un buen elfo doméstico, que nadie sabe que está ahí.

—Pero ¿tienen algún tipo de remuneración? —preguntó Hermione en shock, por el hecho de que hubiera Elfos en Hogwarts—. Tendrán vacaciones, ¿no? Y… y baja por enfermedad, pensiones y todo eso…

—No. No los tienen —dijo Michael Corner, suspirando.

Pronto, Hermione quien parecía negarse a comer, sintió una mano en su hombro. Era Daphne. — ¿Sabes?, en mi familia, no se ha visto un solo Elfo Domestico, en más de un siglo. Mi tátara tátara abuelo, decidió que podíamos hacerlo todo con magia. —comenzó la rubia de ojos azules, mientras que Lisa Turpin, le dejaba un campo, para que se sentara —Pero existen algunas familias Sangre Pura, tan acomodadas, que no sienten que tengan mayores necesidades de usar su magia, en algo tan mundano como cocinar, fregar los suelos, quitar el polvo, etc.

—El verdadero problema, no es que los Elfos Domésticos, sean esclavos —dijo Padma Patil —el problema está en la propia naturaleza de esa raza. —los Hijos de Muggles, miraron en busca de saber más —Son... es casi como si... la propia naturaleza, que los ha creado, les diera un Núcleo Mágico inestable y agotable. Cuando un Elfo Domestico, hace un contrato con una familia, el Elfo Domestico recibe más magia, lo cual lo mantiene vivo y él trabaja. Casi como... como si su mente tuviera una especie de caja que se mantiene sellada, hasta que es contratado por una familia, momento en el cual esa caja con todos los conocimientos de cocina y limpieza se libera.

—A diferencia de los Orcos, de los que se sabe que un pasado muy remoto estos fueron Elfos Luminosos (como el personaje de Legolas del Señor de los Anillos) —empezó Daphne —hasta que un mago oscuro, los transformó en los Orcos, mediante alquimia oscura; los Elfos Domésticos, nacieron de la propia naturaleza, para servir a otros y ser simbiontes. Si tu núcleo mágico se agota, inevitablemente morirás.

Hermione agachó la cabeza, pero comprendió lo que le dijo su amiga, quien volvió a su asiento y siguió comiendo.

Cuando todos los platos estuvieron limpios, estos desaparecieron.

Minerva McGonagall volvió a levantarse. El rumor de charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante, y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeando contra los ventanales. — ¡Bien! —dijo McGonagall, sonriéndoles a todos—. Ahora que todos estamos bien comidos —Hermione lanzó un gruñido—, debo una vez más rogar vuestra atención mientras os comunico algunas noticias: Como cada año, quiero recordaros que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo. Es también mi doloroso deber informaros de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso. —Inmediatamente, todos comenzaron a quejarse y estuvo a punto de haber un motín, hasta que la directora usó su varita y lanzó un sonido similar al de un cañón. —Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores… pero estoy seguro de que lo disfrutaréis enormemente. Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts… —Pero en aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe. En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores. Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia Dumbledore. El resplandor de otro rayo cruzó el techo. Hermione ahogó un grito. Aquella luz había destacado el rostro del hombre, y era un rostro muy diferente de cuantos Harry había visto en su vida. Parecía como labrado en un trozo de madera desgastado por el tiempo y la lluvia, por alguien que no tenía la más leve idea de cómo eran los rostros humanos y que además no era nada habilidoso con el formón. Cada centímetro de la piel parecía una cicatriz. La boca era como un tajo en diagonal, y le faltaba un buen trozo de la nariz. Pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico eran los ojos. Uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante. El otro era grande, redondo como una moneda y de un azul vívido, eléctrico. El ojo azul se movía sin cesar, sin parpadear, girando para arriba y para abajo, a un lado y a otro, completamente independiente del ojo normal… y luego se quedaba en blanco, como si mirara al interior de la cabeza. El extraño llegó hasta McGonagall. Le tendió una mano tan toscamente formada como su cara, y la directora le estrechó, murmurando palabras que Harry no consiguió oír. Parecía estar haciéndole preguntas al extraño, que negaba con la cabeza, sin sonreír, y contestaba en voz muy baja. Dumbledore asintió también con la cabeza, y le mostró al hombre el asiento vacío que había a su derecha. El extraño se sentó y sacudió su melena para apartarse el pelo entrecano de la cara; se acercó un plato de salchichas, lo levantó hacia lo que le quedaba de nariz y lo olfateó. A continuación, se sacó del bolsillo una pequeña navaja, pinchó una de las salchichas por un extremo y empezó a comérsela. Su ojo normal estaba fijo en la salchicha, pero el azul seguía yendo de un lado para otro sin descanso, moviéndose en su cuenca, fijándose tanto en el Gran Comedor como en los estudiantes. —Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras — dijo animadamente McGonagall, ante el silencio de la sala—: el profesor Moody enseñará este año, pues la profesora Potter, ha pensado que necesitamos un nuevo enfoque, teniendo en cuenta lo ocurrido en el Mundial de Quidditch. —Cómo iba diciendo: —siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Ojoloco Moody—, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informaros de que este curso tendrá lugar en Hogwarts: El Torneo de los Tres Magos. Bien, algunos de ustedes seguramente no sabrán qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa. El Torneo de los Tres Magos tuvo su origen hace unos siete siglos, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades… hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo.

— "¿El número de muertes?" —susurró Hermione, algo asustada. Pero la mayoría de los alumnos que había en el Gran Comedor no parecían compartir aquel miedo: muchos de ellos cuchicheaban emocionados, y el mismo Harry estaba más interesado en seguir oyendo detalles sobre el Torneo que en preocuparse por unas muertes que habían ocurrido hacía más de cien años.

—En todo este tiempo ha habido varios intentos de volver a celebrar el Torneo — prosiguió Dumbledore—, ninguno de los cuales tuvo mucho éxito. Sin embargo, nuestros departamentos de Cooperación Mágica Internacional y de Deportes y Juegos Mágicos han decidido que éste es un buen momento para volver a intentarlo. Hemos trabajado a fondo este verano para asegurarnos de que esta vez ningún campeón se encuentre en peligro mortal. En octubre llegarán los directores de Beauxbatons y de Durmstrang con su lista de candidatos, y la selección de los tres campeones tendrá lugar en Halloween. Un juez imparcial decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los tres magos, la gloria de su colegio y el premio en metálico de mil galeones. Aunque me imagino que todos estaréis deseando llevaros la Copa del Torneo de los tres magos —dijo—, los directores de los tres colegios participantes, de común acuerdo con el Ministerio de Magia, hemos decidido establecer una restricción de edad para los contendientes de este año. Sólo los estudiantes que tengan la edad requerida (es decir, diecisiete años o más) podrán proponerse a consideración. Ésta —McGonagall levantó ligeramente la voz debido a que algunos hacían ruidos de protesta en respuesta a sus últimas palabras, especialmente los gemelos Weasley, que parecían de repente furiosos— es una medida que estimamos necesaria dado que las tareas del Torneo serán difíciles y peligrosas, por muchas precauciones que tomemos, y resulta muy improbable que los alumnos de cursos inferiores a sexto y séptimo sean capaces de enfrentarse a ellas. Me aseguraré personalmente de que ningún estudiante menor de esa edad engañe a nuestro juez imparcial para convertirse en campeón de Hogwarts. —Sus ojos de color azul claro brillaron especialmente cuando los guiñó hacia los rostros de Fred y George, que mostraban una expresión de desafío—. Así pues, os ruego que no perdáis el tiempo presentándoos si no habéis cumplido los diecisiete años. Las delegaciones de Beauxbatons y Durmstrang llegarán en octubre y permanecerán con nosotros la mayor parte del curso. Sé que todos trataréis a nuestros huéspedes extranjeros con extremada cortesía mientras están con nosotros, y que daréis vuestro apoyo al campeón de Hogwarts cuando sea elegido o elegida. Y ya se va haciendo tarde y sé lo importante que es para todos vosotros estar despiertos y descansados para empezar las clases mañana por la mañana. ¡Hora de dormir! ¡Andando!

Harry se dio la vuelta en la cama y una serie de nuevas imágenes deslumbrantes se le formaron en la mente: engañaba a aquel juez imparcial y le hacía creer que tenía diecisiete años… Lo elegían campeón de Hogwarts… Se hallaba en el campo, con los brazos alzados delante de todo el colegio, y sus compañeros lo ovacionaban… Acababa de ganar el Torneo de los tres magos, y de entre la borrosa multitud se destacaba claramente el rostro de sus amadas alumnas en la Fuerza, resplandecientes de admiración…