Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón II

de la saga La vida de ellas

Sobre cómo se sentía tener una nueva etiqueta: Novia

Tenía diez años cuando apareció.

Sonrisa con un hoyuelo del lado izquierdo, cabello rubio revoltoso, unos ojos oscuros que hacían contraste con su piel y su voz, una voz grave que era dulce al mismo tiempo.

—¿Es tu hermanita?

—Alice. Alice, él es Jasper. Un amigo de la escuela —nos presentó Edward.

Y lo supe, juro que lo supe entonces. Jasper sería alguien especial.

¿Podríamos detenernos un segundo y decir que soy la persona más afortunada y desafortunada al mismo tiempo en el amor? Bien, tal vez no, pero debo estar en la lista de las diez personas con las historias más estúpidas con idiotas y al mismo tiempo sé que debo estar en la lista de la más afortunada de todas.

Aunque el amor no es suerte, sino un montón de malas o buenas elecciones que te llevan a eso. Y creo que si me sentara y me pusiera a escribir un libro sobre mi ridícula vida tendría que empezar así. Ya. No dije que sería un libro vendible, solo un libro, un libro que alguien podría usar para prender una fogata, supongo.

Y si alguien no lo enciende, con todo el sexo que tuve anoche seguro que se incendiaría por sí solo. Es que seguro sería uno de esos libros del estante de erotismo, pero sin palabras de una película porno mal hecha, porque creo que he visto el porno suficiente para saber que de ahí salen esas frases y ya sabes que he visto ese porno para estudiar el sexo, aunque cierto espécimen humano que dejé en la cama esta mañana volvió a demostrarme que del sexo no sé nada.

Lo que sé es que sería un libro donde la narradora se distrae con facilidad y termina hablando de la mala pornografía que vio en lugar de enfocarse en el tema principal. ¿Y cuál sería ese tema? Mi experiencia en el amor.

Es decir, la experiencia que he tenido en las ultimas nueve horas. Porque los diez años anteriores los he desperdiciado con idiotas para evitar enamorarme; y del único hombre que me inmunicé resultó estar enamorado de mí por casi ese mismo tiempo. Eso sí es mala suerte, pero es nuestra culpa. Porque él decidió guardarse sus sentimientos para sí en lugar de confesarlos, y yo estuve evadiendo tener cualquier especie de romance distrayéndome con imbéciles cuando debí comprarme un buen consolador.

¿Entonces? No me dejes así.

El mensaje de Rose es insistente y me distrae de mi hora atrapada en el tráfico hablando conmigo misma y mi audiencia imaginaria. Grabo otro audio.

—Y resulta que soy ella —una risa tonta se escapa de mis labios—, que ha estado enamorado de mí desde hace años y todas esas cosas de las películas cursis. No me lo creo todavía, por eso no te llamé. Bueno, por eso y porque no salió de mi cama desde anoche. Ups. ¿Demasiada información para ti?

Envío el audio y espero un par de minutos antes de que ella vuelva a escribir.

Por supuesto que eres ella, Alice. Créetelo. ¿Entonces ya estás lista para citas dobles?

Iugh.

Por supuesto que no, nunca en la vida. Además, estoy segura que si saliéramos los cuatro, terminaremos teniendo un intercambio de parejas y sabes que no me refiero a quedarme con Emmet, sino a ellos dos juntos.

Rose me envía stickers de risa.

¿Y le dijiste que tú también lo amabas?

Rose envía corazones.

—No con esas palabras, pero creo que él lo entendió. Le dije que estaba enamorada de él… o que no quería estar enamorada de él, algo de eso, la verdad es que fue un poco dramático de mi parte. Estoy segura que saboteé una bonita confesión de amor en el restaurante.

Envío el audio y espero unos segundos, Rose se pone a grabar un audio. Ugh. Esto no me va a gustar.

—Sí que eres tonta cuando quieres, ¿pero él dijo que te amaba?

Mucho. Sonrío y vuelvo a grabar otro audio.

—¿No dije que tuvimos mucho sexo anoche? Esto puede sonar estúpido, pero, aunque prácticamente no hubo nada diferente, se sintió distinto. Y bueno, lo dijo mientras, ya sabes.

Rose envía un mensaje.

¿Mientras ya sabes? ¿Tener novio te hizo mojigata?

Reviso hacia ambos lados, el tráfico está de locos esta mañana y lo último que necesito es otra multa por enviar mensajes de textos al conducir:

Me hizo el amor, ya, lo dije. ¿Feliz?

No tengo que esperar mucho para su siguiente mensaje:

Lo escribiste. Cuentame más. ¡Por favor! He estado esperando esta llamada desde hace semanas.

Frunzo el ceño.

—¿Semanas?

Ella escribe:

Semanas. O años. Jasper ha sido tan lento, pero no significa que haya sabido guardar las apariencias.

Asi que cumplo el capricho de Rose con un poco más de información morbosa para ella.

—Bueno… y Jasper dijo que —siento mis mejillas calientes—, ya sabes, que me ha hecho el amor básicamente desde la primera noche que estuvimos juntos… y suena cursi, pero después me dijo que era tonta y ciega. Así que lo arruinó un poco.

Esta vez me gano una llamada de su parte, respondo.

—Amo a Jasper, si tú no puedes decirlo, lo haré por ti. Pero es que este hombre es tan —gritito de emoción, me río dentro de la camioneta y sola—, si en la cena de año nuevo él solo tenía ojos para ti, ¿cómo mierda no lo notaste? Estaba más preocupado por ti que por la reacción que pudiera tener Edward después de que recibió la llamada. Alice esas son los detalles importantes.

—Bueno, me llevas ventaja en la experiencia de las relaciones, pero no era obvio. La verdad pensé que iba a llevar a una cita en año nuevo.

—Es que eres —grito exasperado esta vez y finalmente suspiro—, lo bueno —dice con voz dulce— es que ahora lo sabes, y que sabes lo que sientes tú por él. Ahora absolutamente nada puede impedirte ser feliz.

—Supongo que Hacienda puede entorpecer mi felicidad un poco por los impuestos que tengo que pagar—consigo una risa de Rose—, pero me siento como si viera brillos y corazones por todas partes… aunque tal vez se debe a que estoy intoxicada con el desayuno que hizo Jasper, tuve que comerme ese experimento culinario. ¿Quién arruina un jugo de naranja?

—Los hombres que no cocinan.

—Así que creo que tengo un novio.

—¿Crees?

—No pusimos una etiqueta como tal, tiene treinta y dos años, Rose, eso no es algo que se haga. ¿No?

Tuerzo los labios sintiéndome inquieta sobre el tema por primera vez en el día.

—No, por supuesto que no. Pero tienes que aceptar que estás en una relación y dejar de ponerlo en duda.

—Supongo que lo haré cuando pase la impresión de anoche. Se sigue sintiendo irreal.

Volanteo para poder estacionarme.

—Bueno, tengo que dejarte porque ya llegué.

—¿Llegaste?

—Al edificio de Tanya. Es su cumpleaños, ¿recuerdas?

—¿Va a seguir adelante con su plan de hacer la fiesta hoy?

—Así es. Me pondré el vestido que iba a usar en la boda, es súper formal todo, no falles.

—Por lo menos hoy estarás ocupada torturando a Tanya.

Se refiere a que para cualquier otro evento, fiesta o salida paso mi día con Rose haciendo justo lo que tengo planeado con Tanya.

—Tú amas que te torture a ti.

—Un poco —admite—, pero no es mi día. Felicita a Tanya de mi parte.

—Hecho.

Tomo los tres globos de helio del asiento trasero y bajo de mi camioneta. Tengo que caminar una cuadra y media hasta llegar al edificio de Tanya, porque el de ella no cuenta con estacionamiento exclusivo y tampoco tiene un portero que sea lindo y busque estacionamiento por mí.

Lo único que no me gusta de su edificio es que ella no tiene elevador, así que subo quejándome los tres pisos, termino agarrando aire con mis manos contra las rodillas y arrastro mis pies hasta su puerta.

Toco una y otra y otra y otra y otra vez más hasta que al final abre la puerta y…

—¿James?

—Buenos días, Alice.

Apenas estoy sonriendo cuando Tanya aparece tras él, levantando un poco la voz para evitar que yo diga una imprudencia.

—James me trajo el desayuno, como regalo de cumpleaños.

James se encoge de hombros, se gira un poco y niega, sin razón alguna le deja con la punta de su dedo índice unos golpecitos en la nariz de ella, totalmente fuera de amistoso. Tanya se ruboriza porque ella tiene cero control sobre sus expresiones y emociones.

—Ya te dije que ese no es tu regalo, Tanya.

—Ya, claro. Me obsequió un pase todo pagado para ir con Daniel al restaurante con mirador de las afueras de la ciudad.

Me levanta Tanya una ceja para que mantenga mis comentarios para mí, Tanya no le contó que su exnovio es su exnovio.

Pero tú me conoces, ¿cierto? Yo pocas veces me guardo nada para mí.

—Actualízate James, ese idiota está en el olvido.

Y soltando esa información me introduzco en el apartamento.

—Ya era hora, Tanya —dice James a mis espaldas. Pongo los globos amarrados al elefante metálico que sirve de centro de mesa en la sala.

—¿Ya era hora? —pregunta ella con ese tono indignado.

—Ese idiota era demasiado para ti —replica James.

—Demasiado bueno, tal vez.

Ugh. Agarro el cojín del sillón y se lo lanzo a la cabeza, pero James y sus estúpidos reflejos dan un manotazo a tiempo para que el cojín caiga al suelo en lugar de llegar al cuerpo de ella.

—Bueno… puedes usar tu pase en invitar a Alice, parece que está más soltera que…

—No más —digo con voz cantarina y alegre—. Oficialmente dejé que Jasper se hiciera mi novio.

Consigo la atención de ambos. Y casi al mismo tiempo están sonriendo para mí.

—Lo dejaste, ¿eh? —se burla él.

Le entrecierro los ojos a James, ahora me siento estúpida por enviarle todos esos audios y mensajes acosándolo con información sobre Jasper.

—¿Lo supiste todo este tiempo?

James amplía su sonrisa, sin fingir inocencia.

—Por favor, creo que eres la única que no lo sabía —dice Tanya, tomando el cojín del suelo y acomodándolo en su sillón.

—¿En serio?

Ambos asienten mientras tienen sus brazos cruzados sobre sus pechos y ahora ambos me levantan la ceja izquierda como si eso les diera la razón.

—Es tan raro cuando hacen eso.

Les doy la espalda y me dirijo a la habitación de Tanya, específicamente a su closet, saco de ahí algunos vestidos de noche para ella y los dejo sobre la cama y entonces recuerdo que… me doy una palmada en la frente y salgo de la recamara.

—Lo olvidé por completo.

Me lanzo a los brazos de ella quedando agarrada de su cuello.

—Feliz cumpleaños, Tanya.

La aprieto entre mis brazos y cuando creo que ha tenido suficiente de mí, retrocedo, pero el brillo de sus ojos azules sigue siendo divertido.

—Oh, gracias, Alice. ¿Lo olvidaste? ¿No estás aquí para torturarme y obligarme a ir contigo a no sé dónde para estar un poco más presentable para la fiesta de cumpleaños?

—Olvidé felicitarte, sabelotodo.

—Gracias.

—Y no estarás un poco más presentable, me aseguraré de dejarte bellísima. Ese es mi regalo para ti. Un día con Alice.

—Eres mala en los obsequios —dice James mientras yo aprieto mis labios para no lanzarle un insulto.

—Va a gustarle, de hecho, va a gustarle a cualquier hombre con ojos y cerebro que vaya a la fiesta de hoy.

—Te conseguiste un novio y ¿crees que puedes conseguirme uno?

—Por supuesto —le lanzo una mirada fugaz a James— Vas a ir esta noche, ¿verdad?

—Tanya me mataría si falto.

—Será formal, lleva traje o ropa de boda o lo que sea que tengas. Y no lleves esos tenis.

—¿Qué tienen de malo mis tenis?

—Son tenis, los tenis son deprimentes por si solos. Te quiero en traje.

—Eso no es cierto.

—Los vans no son mocasines, ni zapatos formales, ni cumplen esa función.

—Para mocasines, Jasper. Pero yo, Alice, puedo ser tan formal y elegante sin importar los zapatos que lleve puestos.

Y no insisto porque sé que igual aparecerá con sus estúpidos vans.

—Dile a Victoria que lleve su vestido de noche —digo en su lugar.

—Victoria no irá.

—¿No? —pregunta Tanya sorprendida. Sorprendida pero aliviada, estoy segura porque Tanya y Victoria no se agradan.

—Tiene… algo.

—¿Algo? —pregunto yo, porque sé que Tanya quiere saberlo y la verdad es que yo también.

James asiente sin querer soltar más información, odio tanto cuando se hace el interesante.

—¿Terminaron?

Victoria es muy simpática y agradable, y a pesar de que su imprudencia me hizo creer que estaba metida en una relación no exclusiva o que a veces sea innecesariamente imprudente, es una buena persona. No significa que sea la persona correcta para James.

En cambio…

—No. Solo tiene algo qué hacer esta noche y no podrá acompañarnos, pero te envía saludos. Entonces… supongo que las veré a ambas esta noche —y sin más camina hacia la puerta y sale.

—Nos veremos ahí —dice Tanya—. Te veremos —recompone incluyéndome. Le saco el dedo medio a James, pero me ignora por completo.

—Suerte en tu día con Alice.

—La necesitaré.

Me cruzo de brazos.

—Yo sigo aquí, idiotas.

Cuando Tanya cierra la puerta la miro con una sonrisa cómplice a la que ella le rueda los ojos.

—Solo me trajo el desayuno, no es la gran cosa.

—James trayendo el desayuno es la gran cosa —debato.

—Fue por lástima, ayer le dije que me sentía una anciana que no ha cumplido sus metas.

—Punto número uno: no eres una anciana; en segundo lugar, creo que has cumplido muchas metas; y en tercero, eso no fue lástima.

—Bien, Alice, James me ama en silencio y ha puesto sus ojos en mí —señala su cuerpo—. Porque en este planeta los hombres como él se fijan en los sentimientos de las mujeres por debajo de los treinta y dos kilos que tengo extra.

—Tanya.

—No me siento mal, me amo, acepto mi cuerpo y soy consciente de mis posibilidades, y créeme, no es James. Además, yo jamás saldría con él.

—¿Nunca?

—No. Tengo una lista de buenas razones para ni siquiera considerarlo.

—Tú y Edward y sus estúpidas listas —se encoje de hombros mientras va a la cocina para lavar los trastes del desayuno— ¿Y cuál es esa lista?

—Es menor a mí, tiene novia, es guapísimo y solo conseguiría enviarme a terapia por baja autoestima; Y lo más importante: juega a tus juegos.

—Solo es menor a ti por unos meses; tiene una relación abierta que en cualquier momento va a terminarse; no es tan guapo y no puedes culparlo por la baja autoestima, llevas hundida en eso desde que llegaste a los treinta.

Tanya me entrecierra los ojos con molestia.

—Es que estás saliendo con ¿cómo lo llamaste la última vez que hablamos por teléfono?

—No lo digas —uso mi tono amenazador mientras la apunto con mi dedo índice.

—Don perfecto. Se cree tan perfecto que cree que voy a lanzarle mis bragas solo porque sonríe y se hace el difícil —imita lo que dije en la última llamada que tuvimos antes de que me enviara a esa desastrosa cita con su compañero de trabajo—. ¿Se las lanzaste al final?

—Me la arrancó con los dientes —se ríe al tiempo que niega con su cabeza.

—Eres imposible.

—¿A qué te refieres con que juega a mis juegos?

—A dormir con extrañas para tapar la falta de un corazón.

Abro la boca con indignación. Me llevo ambas manos a mi pecho izquierdo como si estuviera dándome un infarto.

—Guau, ¿de verdad dijiste eso?

Aunque no me puedo sentir ofendida por sus palabras, se trata de ella y además hasta hace unos meses ese era mi juego de fin de semana. Tanya suspira y mueve su cabeza de un lado a otro.

—Lo siento, solo no pensé que fuera a sentirme así hoy. La verdad creí que cuando Daniel dijo que quería hablar sobre nuestra relación, me propondría casarnos. No pensé que fuera a terminar conmigo.

—Pues aplaudo que no apareciera con un anillo, porque mereces mucho más que un esposo por consolación.

Tanya camina hacia su habitación y la sigo.

—Estás ahogándote en un vaso de agua —digo entrando a su recamara.

—No cabría en un vaso de agua.

—Tus chistes gordofobicos no me parecen graciosos —miro su cama con una flor en la mesita de noche, me acerco y la tomo— ¿venía en la cajita feliz del desayuno?

—Sí —Tanya mira la flor un par de segundos más antes de ir hacia su closet y sacar una ropa tras otra y lanzarlas a la cama.

Decido que hablar de James con Tanya no sirve de nada mientras James está en una relación y Tanya se rehusa a siquiera contemplarlo como una posibilidad.

—¿No quieres que te hable de Jasper?

Tanya mira hacia mí, deja su closet y se sienta en la cama a mi lado.

—¿Entonces ya estás en una relación oficialmente?

—Así parece —asiento.

—Tienes que contármelo todo.

Así que por segunda vez en el día me encuentro hablando de la noche anterior.

Y mientras le cuento con detalle todo, incluyendo la travesura de Coco y Channel con mi consolador, que hace reír por casi dos minutos a Tanya, recuerdo mi mañana.

Cuando volví a abrir los ojos tenía un fétido olor cerca de mí, bien, no exactamente, solo algo como pan quemado y huevos quemados y queso quemado y frijoles quemados. Pero entonces mi nariz detectó algo más, una colonia de hombre que reconocí enseguida.

—¿Te he dicho lo hermosa que eres con todo y baba al despertar?

Enterré mi cara en la almohada. Y sí. Mierda. Sí que había saliva seca en mi mejilla. Tallé un poco mi piel hasta que dejé de sentirlo, también me aseguré que no tuviera lagañas antes de volver a girar mi cara para mirar a Jasper.

—¿Si no me mataste con todo el sexo de anoche has decidido hacerlo por envenenamiento? —pregunté al notar el desayuno que estaba en la mesita de noche.

Se rio hincado en el suelo a mi lado de la cama. Estiré mi brazo hacia él hasta pasar mis dedos por el contorno de su cara. Y entonces usando mi mejor tono cursi añadí con ternura:

—¿Te han dicho que eres un fastidio desde temprano?

Sonrío, por supuesto, porque solo a Jasper mis comentarios le causan gracia.

—No. Creo que eso es una primera vez.

Y por supuesto no perdió su sonrisa, atrapó mis dedos con su mano antes de dejar un leve mordisco a mi piel.

—¿Lista para desayunar?

Me obligué a sonreír en lugar de rechazar su desayuno, porque eso era una primera vez. Claro que había tenido desayunos en la cama, por papá, por Edward e incluso por James después de lo que pasó con Peter, pero nada de eso era con un fin romántico. En cambio, esto era un desayuno preparado con amor… y cero conocimientos en la cocina.

Me senté en la cama pegando mi espalda al respaldo de madera y luego él puso sobre mis piernas la bandeja con: pan, huevo, frijoles y jugo de naranja. Opté por lo seguro: la bebida.

—¿Le pusiste azúcar?

—Yo no tomo el jugo de naranja sin azúcar.

—¿Cómo es que sigues con vida? No. ¿Cómo es que no te ha dado diabetes o algo así?

—Lo que pasa es que están hablando tus celos, pero no he dejado de ejercitarme ni un solo día de mi vida desde que estaba en la preparatoria.

Por supuesto que lo creí, Jasper tiene el trauma de haber padecido sobrepeso en la secundaria.

—¿Qué dices del fin de semana que pasamos juntos?

Sí, me refería a ese fin de semana en que me hizo enojar y terminé en casa de James. Sería un cabrón si después de haber ido a mi apartamento se hubiese ido a ejercitar.

—Te dormiste como dos horas por la tarde, digo, claro que eres muy encantadora dormida y con baba y todo eso. Pero son dos horas, Alice.

Eso sí que era de cabrones. Me pasé el enojo dándole una cucharada al desayuno. Y después me obligué a tragarlo, así que esperaba que la mala cara que puse la relacionara a la conversación y no al desayuno.

—Además el sexo es un ejercicio por sí solo.

—Creo que has estado usándome para bajar de peso —se encogió de hombros, pero sonreía— ¿estabas haciendo ejercicio antes?

—Eso hice toda la madrugada contigo.

—Ja. Ja. Y yo que pensaba que eran mis encantos.

—Un poco de eso hay.

Así que pasamos la siguiente media hora conversando de estupideces y obligándome a pasar el desayuno poniendo a prueba mi habilidad de fingir expresiones para mantenerla tan neutral como podía. Fuera del hecho de que el pan sí estaba quemado de un lado, que el jugo sí tenía azúcar, que el huevo estrellado lo había volteado por ambos lados arruinándole la cualidad de huevo estrellado, los frijoles sabían bien. Y Jasper se veía muy bien sin camisa, así que fue un buen desayuno.

Tuve a Jasper y su atención y mirada en mí todo el tiempo que duré comiendo y apenas dejé la bandeja en la mesita de noche lo tuve sobre mí, con su cuerpo encima del mío mientras nos besábamos acostados en la cama.

—¿No vas a desayunar tú?

—Eso estoy haciendo.

Y mientras lo dijo dejó una mordida en mi cuello haciéndome saltar en mi sitio, pero sus acciones y besos poco tenían que ver con el deseo.

Jasper dejó un beso en mi mejilla al mismo tiempo que yo enterraba mis dedos en su cabello y luego bajaba mis manos a su rostro para delinear su mejilla.

—Me gusta que no tengas barba.

—Yo tengo barba, solo me rasuro.

—Ya, pero me refiero a barba de verdad.

Porque a Jasper solo le salía un poco debajo de sus labios.

—Eres grosera, ¿eso se supone que era un halago?

—Lo es. Me encanta que no tengas. Tienes la piel suave.

Y para reafirmar lo que decía pasé mis labios de un lado a otro por su quijada dejando besos cortos en el camino mientras mis manos hacían su propio trayecto en la espalda de Jasper, encajando mis dedos a su piel.

Mientras nos acariciábamos pensé que desearía poder quedarme en su cama todo el día hasta que recordé que el tiempo seguía transcurriendo y yo tenía pendientes para hoy.

—Mierda, mierda —maldije debajo del cuerpo de Jasper. Levantó su brazo y me dejó salir de la cama—. Olvidé que es el cumpleaños de Tanya. Tengo que ir a comprar su regalo, y luego tengo una cita en la estética con ella y el manicure y toda una lista de cosas por hacer. Mierda.

Y todo eso lo fui diciendo mientras me quitaba la camiseta de Jasper y ponía una blusa de manga larga y a saltos iba poniéndome el pantalón de mezclilla.

—Pero son las nueve apenas.

—Demasiado tarde. Tú puedes quedarte aquí, no puedo esperarte.

Entré al baño a arreglarme y cuando salí, Jasper seguía acostado mirando al techo.

—Voy a decirlo una vez. Mi vestido es negro y me gustaría que fueras de blanco.

—No va a pasar.

Miro al techo y de regreso a él.

—¿Por qué?

—No iré a esa imprudente fiesta. Ya hablé con Tanya para que cancelara y no quiso, así que me rehúso a formar parte de esa idea. Si tu hermano se enterara de lo que… —lo interrumpí.

—Edward sabe y no le importa. Además, ya está pagado.

—No vamos a discutir tan temprano —me interrumpió palmeando la cama a su lado y fui a sentarme ahí. Jasper se sentó y quedamos a centímetros de distancia.

—Cierras la puerta por dentro para salir.

—Si te emborrachas, llamame. Y si te aburres temprano, también puedes llamarme para que te rescate.

—¿No quieres que te muestre el vestido que usaré?

Jasper negó acomodando el mechón rebelde de siempre tras mi oreja.

—No voy a ir.

Y supe que no lo haría cambiar de parecer.

—Me compré un vestido de muerte que no podré usar más que en una boda y a mí nadie me invita a bodas desde que se casó Rose.

Es decir, desde dos años atrás.

—¿Te planeabas robar la atención en la boda de tu hermano?

Sonreí y eso consiguió una risa de su parte.

—¿Qué tan de muerte?

—Hasta el papá de la novia babearía por mí.

—Pues tal vez lo haga —levanté una ceja.

—¿Irás?

—No.

—Bien, me voy —dije al tiempo que me ponía de pie, tomé mi bolsa y sin más salí de mi habitación—. No olvides poner el seguro —si dijo algo o no, no lo escuché y solo hasta que entré al elevador me cuestioné si no debí despedirme de un modo un poco más afectuoso.

E incluso ahora que lo pienso, creo que tal vez debí… ¿darle un beso de despedida? No es algo que en realidad estuviésemos haciendo estas semanas. Pero ya no somos amigos con derecho, estoy segura de lo que él siente por mí. ¿Pero debería despedirme de él de otra manera además de mi amistoso: hasta la vista?

Le envio un mensaje:

No te toques con mi ropa interior.

Bien, eso no es amistoso en absoluto y tampoco lindo.

Demasiado tarde.

Me rio como boba ganándome una mirada curiosa de Tanya que está terminando de vestirse para salir de aquí.

¿Sigues en mi piso?

Su respuesta llega de nuevo.

No. Estoy por despedir a tu hermano, está en la oficina en su primer día de vacaciones. Te envio mensaje más tarde.

Y supongo que eso es todo por ahora. Sin besos ni corazones.

¿Le debería yo enviar besos y corazones? Eso es algo de Rose. A falta de una mejor respuesta le envío una carita feliz de psicópata.

Soy un asco en esto.

Miro a Tanya de nuevo que está poniéndose el labial.

—Creo que apesto en esto de ser la novia de alguien.

Y Tanya en lugar de negarlo dice:

—Mientras Jasper no piense eso, todo estará bien.

Es-tu-pen-do.

Así que paso mi día con Tanya o Tanya pasa su día conmigo. Vamos a ponernos uñas, arreglarnos el cabello y que un estilista se haga cargo del maquillaje por nosotras. Sería un día tranquilo de no ser por Edward estropeando mi buen humor.

Me llamó porque está enojado ya que descubrió que su compañera de cuarto, mi empleada, trabaja horas extra y entra antes de tiempo. Bueno, eso y porque Priscila no le pagó su semana trabajada.

—Acabas de salir de una relación, estás herido y no piensas con claridad, Leo.

—Heidi no tiene nada que ver en esto.

—Tiene todo que ver, si ella no te hubiera dejado tú no sentirías que debes demostrarle algo —y apenas suelto eso me doy golpes mentales. Mierda. Por esto es que Jasper no quería hablarme de lo que escuchó en la pelea entre Edward y Heidi.

—¿Demostrarle algo? —pregunta él sin que se le escape el dato.

—Edward –de verdad que no era mi intención echarle en cara eso, aunque ahora estoy sin escapatorias.

—¿Demostrarle algo? —vuelve a exigir. Tanya sacude su cabeza a mi lado en desacuerdo con mi imprudencia, incluso la mujer que está arreglándome las uñas parece saber que pasé la línea.

—Leo, yo no…

—Dilo —ahora sí que está enojado. Suspiro contra el celular que tengo atrapado entre mi hombro y mejilla.

—Quieres demostrarle que no eres como ella. ¿Eso dijo no? Que le pertenecías porque eran iguales y que su amorío era algo superficial para divertirse porque tú tenías mucho trabajo.

Se queda en silencio, o nos quedamos.

—Los vecinos son una mierda —digo esperando que crea esa mentira y no sospeché de Jasper que fue el único que estuvo cerca de él esa noche.

—Yo no…

Y como ya he empezado, pues no puedo dejarlo ahí:

—Estás ayudando a esa chica porque es tu manera de comprobarte a ti mismo que no eres un imbécil superfluo y que eres capaz de sentir empatía con una desconocida. Lo eres, Edward, eres mucho mejor que Heidi o cualquiera de su círculo. Ahora, hazte un favor y deja que esa chica se vaya.

—No está aquí contra su voluntad —me río de sus palabras.

—Por supuesto que no, ¿Quién podría negarse a vivir en tu edificio? —hasta a mí me gusta más ese lugar que mi piso.

—Estoy ayudándola, Alice —suena cansado de repetirme lo mismo, pero yo no puedo cansarme tan fácil de ponerlo sobre aviso.

—Lo sé, eres muy bueno, pero no necesitas convertirte en su tutor para ayudarla.

—Alice, yo no…

—Edward, sí, tú sí puedes, sólo dile que se vaya, o búscale otro lugar, qué sé yo, puede trabajar aquí y puedes darle un aumento de tu bolsillo, pero así no pondrás en riesgo tu reputación.

Se queda de nuevo en silencio y por medio minuto sonrío creyendo que he conseguido convencerlo. ¿Acaso no puede ver que la única persona beneficiada con todo esto es ella? Edward ya ha pasado por demasiado para que vuelva a arriesgarse de este modo.

—Yo le ofrecí mi ayuda, Alice, mi palabra todavía vale algo. Y ella no se irá. Así que puedes ser una mandona si quieres, pero eso no hará que cambie de parecer.

—Edward —pero me interrumpe antes de que pueda continuar.

—Y si ella renuncia, voy a buscarle otro empleo, así que por el bien de todos preferiría que ella pudiera trabajar bajo tu supervisión en lugar de tener un empleo acomodado con mis influencias.

—Bien —replico con enojo.

—Bien.

Sólo mi hermano tiene el don de hacerme enojar de este modo.

Casi ocho horas más tarde, llego al lugar de la fiesta. El costoso salón que Edward pagó y que no pudimos cancelar. Bajo del taxi y espero a que baje Tanya y mientras lo hago no puedo evitar notar que de otros vehículos descienden personas con sus vestidos elegantes y trajes de pingüino.

—¿Soy yo o hay demasiadas personas aquí?

Tanya sonríe y baja de la camioneta.

—¿Tanya?

—Venga, Alice, quita esa cara.

La miro y reconozco su expresión, la ha tenido desde que éramos niñas y hacía alguna travesura.

—¿Qué hiciste?

—Yo no hice nada… aunque supongo que eso es lo que hice, no hacer nada.

—¿De qué…

—Hola, linda, ¿cómo está tu madre?

Reconozco a la mujer con nariz operada y un poco torcida, tiene el mismo tono artificial pelirrojo que Heidi, aunque a favor de esta mujer ella me parece un poquito más agradable. Se me cae la boca al comprender lo que ocurre aquí.

—¿Emocionada? Mañana será la boda —dice la mujer.

Mis ojos se abren gigantes ante la corroboración. Miro a Tanya que se encoge de hombros y sigue caminando hacia el salón.

¿No canceló la boda?

Me quedo un minuto con la madre de Heidi hablando sobre lo bonita de la noche y su vestido antes de lograr soltarme de ella con una excusa vaga. Encuentro a Tanya en el último escalón para entrar al salón.

—¿Has perdido la cabeza? —la confronto.

—Relájate, Alice. Cancelé todas las invitaciones de parte de Edward. Invité a algunos amigos y listo.

—No cancelaste las invitaciones de Heidi —comprendo.

—No era mi obligación, ¿o sí? Por favor, si fue tan tonta para no contarle a su madre de esto, significa que…

Me llevo las manos a la boca.

—Todos sus invitados van a venir —completo por ella.

Tanya sonríe.

—Upsi.

Tanya sigue sube el escalón para entrar al salón, la sujeto del brazo para evitar que cruce la puerta.

—¿Qué pasa contigo?

—No soy su sirvienta, ni su esclava, ni su dama de honor. No es mi responsabilidad. Era de ella, así que quita esa cara y diviértete porque Edward dejó pagada la cena y el alcohol. Y tengo intenciones de hacer valer cada centavo de mi primo favorito.

—Creí que yo lo era.

—No justo ahora.

—¿Jasper sabe de esto?

Pero sé la respuesta, a esto se refería con que era una imprudente fiesta y por esto es que se negó a asistir. Mierda.

—Sí. ¿Por qué te sorprende? ¿De verdad creíste que Heidi se tomaría la molestia de cancelar las invitaciones?

Hace unos años escuché a Jasper decir que entre yo y ella, Tanya le aterraba por mucho, ahora comprendo sus palabras. Seré una perra, pero no muerdo. Y Tanya tiene uñas y dientes afilados que no duda en usar para defender a quienes quiere.

Solo que esta vez nos ha empujado a todos a esto.

Suelto a Tanya y la dejo ir a su fiesta de cumpleaños, mientras tanto me quedo unos minutos parada con los brazos cruzados en las escaleras de la entrada.

Inhalo y exhalo y entonces me introduzco a la fiesta. Edward va a matarnos a todos si se entera de esto.

—¿Puedo ofrecerle una bebida? —pregunta un mesero con una bandeja. Tomo dos copas, me bebo una seguida de la otra y dejo los cristales de donde los tomé. Ya estamos aquí y lo mejor será disfrutar de esta noche.

¿Qué te ha parecido el capítulo de hoy?

Al fin de regreso con esta segunda parte.

Cuéntame, ¿qué te gustaría encontrar en esta secuela? Si ya leíste Una dama de burdel,puedes tener una idea de algunos de los acontecimientos que ocurren, pero es un hecho que descubrirán nuevas cosas que ocurrieron durante ese lapso de tiempo de las que Edward y Bella no tienen idea, por ejemplo, que a la fiesta de la boda asistieron los invitados de Heidi.