Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling.
Cazadores de Sombras, pertenece a Cassandra Clare.
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81: Donde Madame Dorothea.
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Jocelyn, Luke, Janeth, Daphne, Jace y Clary, tomaron un autobús, para dirigirse al edificio en donde vivían Jocelyn, Clary, Janeth y Daphne.
—Entonces, ¿hace cuánto que viven aquí en Brooklyn? —preguntó Luke a Janeth y Daphne.
—Nos mudamos a comienzos de año, luego de nuestra boda —le sonrío Janeth, mientras tomaba la mano de Daphne, quien besó en la mejilla a su novia. —Le he contado a Daphne, tanto como he podido, sobre los acontecimientos que se nos vienen encima, la he entrenado en esgrima y en tantas armas como pude adquirir, mientras trabajaba en el Mercado de Sombras de Londres, para prepararse y detener a Valentine y a Sebastian.
— ¿Qué es el Mercado de Sombras? —Preguntó Clary.
Antes de que Luke contestara, lo hizo Jocelyn. —Son mercados dispersos por el mundo, en donde los Subterráneos pueden vender casi cualquier cosa. Casi cualquier artefacto mágico o en donde los vampiros, pueden comprar sangre, donde los Brujos van para abastecerse de ingredientes mágicos y las Hadas venden alimentos o prendas de vestir. Cosas así —Clary asintió.
El viaje en el tren se estaba alargando. Clary miró a Jace: el chico en quien su padre, el malvado Cazador de Sombras: Valentine Morgenstern, había usado Sangre de un Ángel y que su madre no supo cómo adquirió (Janeth estaba furiosa con Valentine, solo quería matarlo y no tenía intenciones de decirle). Miró a su hermana, la versión incorrupta de Jonathan Christopher Morgenstern.
Sin poder concentrarse, Clary saco un pequeño blog de notas, un lápiz y dibujó en él. Y apartó violentamente la mano, mirando con fijeza. Sus dedos habían tocado no papel seco sino el blando plumón de unas plumas. Los ojos relampaguearon hacia arriba en dirección a las runas que había garabateado en la esquina de la página. Brillaban, del modo que había visto brillar a las runas que Jace dibujaba con su estela.
El corazón le empezó a latir con una rápida, y firme intensidad. Si una runa podía hacer que un dibujo cobrara vida, entonces a lo mejor… empezó a dibujar a toda prisa lo primero que le vino a la mente. Era la taza de café que había en la mesilla de noche junto a su cama. Haciendo uso de sus recuerdos de la clase de bodegones, la dibujó con todo detalle: el borde manchado, la rajadura en el asa. Cuando terminó, era tan exacta como era capaz de hacerla. Impulsada por algún instinto que no comprendía del todo, alargó la mano para coger la taza y la colocó sobre el papel. Luego, con sumo cuidado, empezó a bosquejar las runas junto a ella. —Ya entendí como lo hiciste. Muy ingenioso, mamá. Verdaderamente, muy ingenioso. —Se bajaron en la estación y miraron a Clary y su dibujo detallado e hiperrealista de una taza de café. Ella pasó la mano sobre el dibujo; luego, con un rápido movimiento, la introdujo dentro del papel. Janeth y Daphne sonrieron, pero por sus ojos, Clary decía que estaban asombradas. Jace, Luke y Jocelyn jadearon. Cuando sacó la mano al cabo de un momento, allí estaba la taza de café, balanceándose en sus dedos.
— ¿Tú has hecho eso? —preguntó Jace sorprendido. Clary asintió. — ¿Cuándo?
—Justo ahora, durante el viaje en el metro —decía Clary, mientras subían por las calles y ella le entregó la taza de café a Luke, quien le dio un sorbo y arrugó la cara.
—Te faltó dibujarle, los terrones de azúcar —dijo Luke de buen humor, aunque su rostro mostraba la amargura de esa taza de café. — ¿Cómo lo hiciste?
—Dibujé las Runas y el dibujo cobró... —pensó ella en una palabra indicada — se hizo realidad. Pues cobrar vida...
— ¿Has usado runas? ¿Cuáles? —preguntó Jace.
Ella sacudió la cabeza negativamente, toqueteando la página ahora en blanco. —No lo sé. Me vinieron a la cabeza y las dibujé exactamente como las vi.
— ¿Unas que viste antes en el Libro Gris? —preguntó Jace.
—No lo sé. —Seguía negando con la cabeza. —No podría decirte.
— ¿Y nadie te enseñó nunca cómo hacer esto? —insistió Jace— ¿Tu madre, por ejemplo?
—No. —dijo Jocelyn, mientras caminaban hacía la casa de las Fray. —Yo siempre le dije que no existía algo como la magia… al menos, que fuera en ficción como en El Señor de los Anillos o El Aprendiz del Mago. Quería... alejarla de esta vida y ahora, está metida en el ajo a más no poder. Necesita aprender, necesita saber cómo sobrevivir a lo que Valentine nos tiene preparado o no existirá un mundo en el que vivir.
—Clary es infinitamente poderosa, cuando se trata de Runas —dijo Janeth sonriendo orgullosa —tiene este... raro poder de usar o crear Runas a voluntad. Recuerdo cuando Clary creó una Runa similar a la del Parabatai, para la Batalla en el Valle de Brocelin, que permitiría a los Subterráneos usar las habilidades de los Cazadores de Sombras y Viceversa.
— ¿Cómo sabes de eso? —preguntó Jocelyn, mirando con cierta sorpresa a Janeth.
Janeth sonreía, mientras lo narraba, tal y como lo recordaba: —Lo que sea que esté planeando la Clave ahora, ella está en el centro de ello —dijo Valentine, al enterarse—. Hugo cuenta mucho. La vio sobre el estrado en el Salón de los Acuerdos. Si ella le muestra su poder a la Clave…
—Entonces, ellos lucharán —le contesté yo, cuando todavía era... un hombre. Cuando era Sebastian. Pero en aquel momento, sin el tinte en el cabello, cuando me hice pasar por el chico Verlac—. Que es lo que nosotros queremos, ¿no? Clary no importa. Es la batalla la que importa.
—La subestimas, creo —dijo Valentine en voz baja.
—Estuve observándola —le aseguré a Valentine–. Si su poder es tan ilimitado como pareces creer, lo podría haber empleado en sacar a su amiguito vampiro de la prisión…, o en salvar a ese idiota de Hodge cuando estaba muriéndose…
— ¿Hodge murió? —preguntó Luke, abriendo los ojos.
—Hodge fue encarcelado en el Gard: —dijo Janeth, entonces se giró a Clary, para explicarlo —El Gard es el lugar oficial en el que la Clave se reúne y el hogar del Cónsul... los cazadores de sombras adultos están permitidos en los terrenos de Gard; luego de que Hodge escapara, por un ataque contra el Instituto y lo descubrieran vagando, directo hacía Idris, para intentar detener a Valentine, de conseguir el Espejo Mortal, pues para ese momento, ya tenía la Espada Mortal. Luego de su encarcelamiento, Jace, Clary, Simon (quien había sido convertido en un vampiro), Isabelle y Alec, lo encontraron y lo sacaron de la celda, obligándoles a contarles todo. Él les dijo que había descubierto que el Lago Lyn era el Espejo Mortal. Clary puede crear Runas, con varios usos. Será útil a lo largo de la guerra y nuestra meta de evitar que Valentine, consiga los tres Instrumentos Mortales.
Jocelyn cruzó el vestíbulo hacia la puerta de Dorothea, pisando con cuidado. Con la claraboya ennegrecida por la suciedad y la bombilla de la entrada aún fundida, la única iluminación provenía de la luz mágica de Jace y un par de esferas de luces, una sujetada por Janeth y otra por Daphne. La atmósfera era calurosa y pesada, y las sombras parecían alzarse ante ella igual que plantas que crecieran mágicamente a toda velocidad en un bosque de pesadilla. Alzó el brazo y golpeó con los nudillos la puerta de Dorothea, una vez ligeramente y luego otra vez con más fuerza.
Se abrió de golpe, derramando un gran chorro de luz dorada sobre el vestíbulo. Dorothea estaba allí de pie, colosal e imponente, envuelta en bandas de tela verde y naranja. Ese día, el turbante era amarillo fluorescente, adornado con un canario disecado y un reborde de cinta en zigzag. Unos pendientes de colgante se balanceaban contra sus cabellos y llevaba los enormes pies descalzos. Clary se sorprendió: nunca antes había visto descalza a Dorothea, o calzando otra cosa que sus desgastadas zapatillas. — ¡Jocelyn, Luke, Clary! Dios bendito, me han asustado.
—Estamos aquí, buscando cualquier cosa que nos guie hacía algo llamado la Copa Mortal —contestó Clary—, y Valentine pensó que mi madre la tenía. Es por eso que se la llevó.
Dorothea se mostró total y realmente atónita. — ¿La Copa de Ángel? —preguntó, y la incredulidad tiñó su voz. — ¿La Copa de Raziel, en la que mezcló la sangre de ángeles y hombres, y dio de beber de esta mezcla a un hombre, creando así al primer cazador de sombras? ¿sabes lo que vas a hacer ahora? Dondequiera que la haya escondido, no puede ser fácil de encontrar…, si es que deseas que sea encontrada. Valentine podría hacer cosas terribles si pone las manos en esa Copa.
—Te la entregué, hace ya algunos años, Dorothea —dijo Jocelyn —la baraja del Tarot, que pinté para ti. Dorothea asintió y fue por la baraja. Eran cálidas al tacto, casi resbaladizas. Las entregó a Jocelyn. En aquel momento, Jocelyn percibió el poder de las runas pintadas en el dorso pulsando a través de las puntas de sus dedos. Localizó el As de Copas por el tacto y lo sacó, depositando el resto de las cartas de nuevo sobre la mesa. —Aquí está —afirmó. Todos la miraban, expectantes, totalmente inmóviles. Giró la carta lentamente y volvió a mirar la obra de su madre: la delgada mano pintada, los dedos rodeando el dorado pie de la Copa Mortal. Jocelyn sacó su estela, sintiéndola cálida y dando la impresión de estar viva, repasó las runas dibujadas en el dorso: un giro aquí y una línea allí, y significaban algo totalmente distinto. Cuando volvió a girar la carta, el dibujo había cambiado sutilmente. Los dedos habían dejado de sujetar el pie de la Copa, y la mano parecía casi estarle ofreciendo la Copa como diciendo: "Toma, cógela".
Se metió la estela en el bolsillo. Luego, aunque el rectángulo pintado no era mayor que su mano, la metió en su interior como si la introdujera en una enorme abertura. Su mano rodeó la base de la Copa y sus dedos se cerraron sobre ella, y cuando la retiró, con la Copa firmemente sujeta en ella, le pareció oír el más quedo de los suspiros antes de que la carta, ahora en blanco y vacía, se convirtiera en cenizas que se escurrieron por entre sus dedos hasta el suelo alfombrado.
En ese momento, llegaron Alec, Isabelle, ambos por un sentimiento de que su amigo estaba en peligro e incluso Simon, quien llevaba buscando a su amiga, todo el día. El chico Mundano, se acercó a paso lento, hacía el apartamento de Madame Dorothea.
