– ¡Estás haciendo trampa! —exclamó intentando apretar los botones de mi control.

– ¡No estoy haciendo trampa! Sólo lo dices por que eres terrible jugando. ¿Ves? Ya te gané.

Dejé caer el control en el sofá y me burlé. Pude ver su rostro colorarse antes de que me golpeara en la nuca con la palma de su mano.

– ¡Dolió, idiota!

Nos envolvimos en una pelea y llamamos la atención de Rin que nos encontró en el suelo con Menma tirándome del cabello mientras yo le hacía una llave alrededor del cuello.

–Ya está, ya está, sepárense. Ya no tienen cinco años —demandó cruzándose de brazos hasta que nos soltamos. Parecía molesta, pero pude verla sonreír cuando dio media vuelta para volver al living.

–Ya me tenía que ir de todas maneras.

Di unas palmadas en su espalda y me puse de pie.

–Quédate a dormir. Podemos pedir tu comida favorita y ver una película.

Fruncí los labios. Sabía que me atraían aquí para que me mantuviera alejado del lado sur de la ciudad por el mayor tiempo posible.

Pero la realidad es que no importa cuánto te alejes, los problemas siempre encontrarán la manera de volver.

–En serio me gustaría pero hice planes —dije apenado.

Lo había desanimado y me sentí culpable por eso.

Rasa estaba dormido en la escalera de la entrada cuando llegué y Temari estaba viendo televisión en la sala de estar. Rasa tenía prohibido usarla desde que le hizo un agujero a la última.

–Hola amigo —acaricie a Kurama que se lanzó sobre mi en cuanto crucé la puerta.

– ¿No están Hinata y Gaara contigo? —preguntó Temari en cuánto cruce la puerta.

–No los he visto desde la mañana, ¿por qué?

–Suelen volver directo a casa luego del trabajo.

Levante los hombros con despreocupación.

–Tal vez fueron a algún lado.

Se cruzó de brazos.

– ¿Tu que harás ahora?

–Iré a dormir —dije estirando los brazos— ayudaré a Kiba a construir una nueva casa para su perro y llevaré a Kurama.

–Oh, esta bien —respondió algo ida.

–Temari —la llamé con voz de regaño— volverán.

Frunció el ceño y asintió antes de volver a mirar la televisión. Me di una larga ducha y acaricie la cabeza de Kurama que había llegado a acostarse junto a mi.

Cuando volví a despertar, estaba abrazándolo y escupí unos pocos pelos de mi lengua.

– ¿Que? —pregunté adormilado, el teléfono en el mueble junto a la cama seguía sonando. Noté que Kankuro no había vuelto aún.

La brillante pantalla hizo que mis ojos dolieran por unos segundos, cuando pude ver noté que un número no registrado había llamado varias veces en los últimos cinco minutos.

En ese momento, el número desconocido volvió a llamar.

– ¿Quién es? —pregunté bostezando.

–Sasuke —respondió.

Abrí la boca sorprendido, ¿tal vez aún estaba durmiendo y esto era un extraño sueño?

– ¿No vas a hablarme? —sonaba ebrio.

– ¿Qué quieres? Son casi las 3 de la mañana...

– ¿Puedes venir, por favor?

La sorpresa me hizo callar.

— ¿Es en serio? La última vez casi me rompiste la nariz.

–Lo siento, yo... lo siento —repitió.

–Voy a cortar.

–No, espera. Sé que estoy siendo una molestia pero... en serio quiero verte.

El sonido de vidrios quebrándose me alertó.

– ¿Qué fue eso?

–No me siento muy bien... ¿vas a venir?

–Sasuke es de madrugada y—

La llamada se cortó. Suspiré y alejé el aparato.

–No es mi problema —dije a Kurama. Dejé el celular sobre la mesa y abracé mi almohada— no es mi problema...

Cerré los ojos y me volví a acomodar.

–No es mi problema.

En la calle, se escuchaba un grupo de chicos riendo y un auto haciendo rugir el motor.

–Maldición —dije entre dientes. Me levanté y busqué mis pantalones. Kurama me observaba con curiosidad.

–Quédate aquí. Volveré pronto, ¿esta bien?

Tomé mi bicicleta y me dirigí a la casa de Sasuke con los nervios de punta pensando en que podría haberse lastimado y algo enfadado por qué su casa quedaba a una hora.

No habían luces prendidas y solo estaba su auto cuando llegué.

– ¿Sasuke? —dije en voz baja, no parecía haber nadie pero aun así temía que su padre estuviera aquí.

No hubo respuesta.

–Maldición, Sasuke... espero que me saques del calabozo si llaman a la policía.

Cerré la puerta silenciosamente y me adentré echando un vistazo a todas las habitaciones del primer piso. No había nadie y todo seguía en silencio aun después de llamarle un par de veces.

Cuando estaba por rendirme y volver a casa, me acerqué a la ventana de la cocina, se veía la piscina, el único lugar que estaba iluminado y más allá, una pequeña casa.

¿Tal vez...

Pasé la piscina y al estar mas cerca pude ver la tenue luz de una televisión desde el ventanal. Abrí la puerta corrediza y ahí estaba el pelinegro acostado en el sofá con su brazo estirado y junto a su mano estaba su celular en el suelo.

–Hey —exclamé, al ver que no se movía me acerque— no estás muerto, ¿cierto?

Rió suavemente y comenzó a ponerse de pie, pero estaba peor de lo que imaginé cuando apenas apoyó su mano en el sofá se resbaló al suelo y comenzó a reír con mas fuerza.

Rodé los ojos y lo ayudé a ponerse de pie.

– ¿Por esto me hiciste venir hasta aquí?

Se abalanzó y estampó los labios sobre los míos, apenas sentí su lengua lo alejé de un empujón.

– ¿Qué mierda?

– ¿Qué? Sé que te gusto.

–Ese no es el punto —dije alejándome cuando vi que volvería a intentar besarme— no puedes simplemente... estar con otra persona cuando ya tienes pareja.

Ladeó la cabeza con una expresión de diversión.

–Rompió conmigo una semana después de que supiera —soltó una risa y caminó hasta la puerta— me sentí aliviado cuando lo hizo, no dejaba de sentirme culpable por querer buscarte, pero luego... no tenía la valentía para hacerlo.

Negué con la cabeza.

–Así que te emborrachaste y me llamaste... que imbécil, Sasuke, de veras. Me iré a casa.

Salí rápidamente de la pequeña casa, avancé unos pasos y fui empujado a la piscina. Tomé aire con fuerza cuando llegue a la superficie, un poco de agua había entrado en mi nariz y no paraba de toser.

Sasuke estaba a un metro de mí, riendo imparable y apenas manteniéndose a flote.

Una taza de café y una hora se necesitaron para que se calmara.

– ¿Me dirás que pasó? —pregunté mientras volvía a secar mi cabello con la toalla.

Ahora entiendo porqué Gaara se enfadaba cada vez que tenía que hacerse cargo de mi cuando me emborrachaba, fue un fastidio cambiar la ropa mojada de Sasuke mientras se comportaba como idiota.

–Nada, estaba aburrido.

Suspiré cansado.

–Nadie se emborracha solo y en una habitación a oscuras solo porqué está aburrido.

Rodó los ojos.

–Olvídalo, ¿ok? No debí llamarte.

–Estoy de acuerdo. Debería volver.

–Espera —dijo entre dientes, comenzando a sonrojarse— ya te lo había dicho, cuando llegaste...

Levanté una ceja.

–Sabes que esto no es fácil para mí... no me fastidies.

–Está amaneciendo, ¿lo notaste? Y no tengo ganas de lidiar con tus problemas de hetero confundido.

Frunció el ceño.

–Me gustas, no estoy confundido.

–Pero tienes miedo de que lo sepan.

Bajó la mirada y siguió bebiendo de su café.

–Lo siento por lo que dije esa noche... sobre tus padres. Al menos no tienes que lidiar con esto.

–...Está bien, tampoco jugué limpio.

Nos mantuvimos en silencio, fingiendo mirar el televisor. Cuando pensé que nada pasaría y solo había sido un accidente de borrachera, Sasuke se acercó para volver a intentar besarme. Esta vez no me alejé.

–Ahora yo iré arriba —dijo.

La nueva casa de Akamaru tendría que esperar.

.

.

.

– ¡Por favor, paren! —grité golpeando la pared con mis puños, llorando de la impotencia. Los golpes seguían y débilmente podía escuchar los gemidos de dolor.

Pegué mi frente a la pared, estaba agotada de gritar y llorar.

Ellos nunca se rindieron, solo habían mantenido un perfil bajo. Lloré con mas fuerza cuando la realidad me golpeó con fuerza; lo matarían. Lo matarían por traición.

La puerta se abrió con fuerza y un chico de largo cabello rubio sonrió hacía mi. Deidara.

Lo segundo que noté cuando volteé del susto fueron sus puños ensangrentados.

–Déjanos ir, por favor —me cogió del brazo con fuerza y me sacó de la habitación— puedo conseguir dinero, ¡sabes que puedo conseguir la cantidad que pidas! Déjanos ir

–Tu sabes que esto no es por dinero, niña.

Iba a protestar pero en cuanto noté que nos dirigíamos a la habitación donde se escuchaban los golpes, me apresuré a entrar.

Me detuve de golpe y aguanté la respiración para no vomitar.

Lo habían maniatado a una silla y le habían quitado la camiseta, no había ni una sola parte de su torso que no estuviera amoratado. Levantó la mirada con lentitud, la sangre le había chorreado hasta el cuello y a simple vista no podía determinar de donde salía toda esa sangre.

–G–Gaara —lo nombré, con la voz temblorosa.

Me arrodillé junto a el y toqué su rostro con delicadeza. Apenas reaccionaba.

–Por favor... déjanos ir —repetí.

–Aún no hemos terminado con el —respondió riendo— solo te traje para que te despidieras.

Intenté zafarme cuando volvió a cogerme del brazo. Lloré con pesar haciendo fuerza para liberarme, cuando comencé a arañarle el brazo me empujó contra un mueble y chasqueó la lengua.

Mi vientre había sido el que recibió el golpe. Llevé una mano al lugar afectado y respiré con dificultad.

–No me hagas perder la paciencia, ¿quieres? O Gaara no será el único que pagará con su patética vida.

Tomé un cenicero de vidrio que estaba sobre el mueble y lo golpeé en la cabeza, los trozos saltaron y uno de ellos me cortó la mano. No le tomé importancia, corrí hacía Gaara y me arrodillé para desatarle.

–No —logró modular. Las ataduras que tenía eran tan apretadas que habían lastimado sus muñecas— Hinata.

–No hables, ya te soltaré y...

–No hagas nada —enderezó su espalda haciendo una mueca de dolor— no pelees... no los provoques y ellos no te lastimarán.

–Puedo desatarte y–

– ¿Y luego qué? Lo viste por ti misma... estamos en medio de la nada. Conozco este lugar, no hay nada en kilómetros.

Más gente entró en la habitación, seguramente alertados por el ruido. La vista de todos viajó con confusión por el lugar, primero hacía nosotros y luego a Deidara que seguía inconsciente en el suelo.

Me alejaron de el en un pestañeo.

–Ya deben estar buscándonos —le dije al hombre que me sostenía— ya habrán alertado a la policía.

Rio con burla.

–Sabemos exactamente quién vendrá y créeme, el poco cerebro que ese tonto tiene sabe que llamar a la policía no es una opción.

Deidara había despertado y seguía sosteniéndose de su compañero a quien ya le había manchado la ropa con su sangre.

–Espero que te hayas despedido, pequeña zorra.

.

.

.

Estiré los brazos con pereza y busqué el calor de otro cuerpo para soportar el frío de la mañana. Solo una manta nos cubría y apenas entrábamos en el futón.

–Creí que no estarías aquí cuando despertara —dije

Me atrapó entre sus brazos, seguía algo dormido.

–No lo volveré a hacer.

Sonreí.

–Por cierto... ¿Dónde están todos?

–Mis padres fueron a una conferencia fuera de la ciudad y mi hermano... no lo sé. Con sus amigos, supongo. Ya duérmete.

Me acomodé para volver a cerrar mis ojos. Dormimos otro par de horas hasta que el sol salió y nos dio en la cara.

–Naruto...—murmuro somnoliento— apestas.

Rei entre dientes.

–Eso es tu culpa.

– ¿Quieres que tomemos una ducha?

–Pero antes...

Me puse de pie y lo tome del brazo con fuerza para sacarlo del futón.

– ¿Qué estas haciendo? —pregunto apenas siguiéndome el paso.

– ¡Esto seguro te despertara! —grite corriendo hacia la piscina. Antes de que intentara detenerse lo levanté y nos lancé al agua.

– ¡Idiota!

–Me la debías.

Las cosas seguían calientes aun después de terminar la ducha. Todo iba bien y recordé que no sabia donde había dejado mi teléfono. Cuando lo encontré en la casa junto a la piscina la batería estaba muerta y pensé en que aún no tenia noticias de Gaara y Hinata desde anoche, pero seguramente ya habrán vuelto. Estaba seguro de eso.

Cuando volví a la habitación de Sasuke, el seguía con la toalla en su cintura. Nunca había conocido alguien que tardara tanto en arreglarse.

–Necesito cargar mi teléfono, ¿puedo...

Apuntó junto a la cama y espere a que prendiera, me sentía ansioso por alguna razón mientras veia la pantalla.

Tenia varios mensajes y llamadas perdidas desde hace 5 horas. Sentí que mi corazón se detuvo.

– ¿Qué pasa? —pregunto el pelinegro.

–No lo se.

Llamé a Temari y contestó de inmediato.

– ¡Naruto! ¿Dónde estas? ¿Esta Gaara contigo? —estaba muy alterada.

– ¿Aun no vuelve?

–Los amigos de Hinata no saben nada de ella desde ayer en la tarde y la estupida policia dijo que debo esperar al menos un dia para denunciar una desaparicion, Naruto si sabes algo debes decirme, ¡ahora antes de que pierda la cabeza!

Tiré de mi cabello, no quería creer que algo así estuviera pasando.

–Estaré ahí pronto, ¿esta bien?

–Pronto, Naruto.

– ¿Pasó algo? —preguntó apenas guarde mi teléfono.

–Si. ¿Puedes llevarme? Necesito estar ahí y rápido.

No volvimos a dirigirnos la palabra hasta que llegamos a la casa de Gaara. De repente todo lo que habia pasado esa mañana se sentia... extraño.

– ¿Es Ino? —pregunto apuntando a la casa, ella y Temari parecían estar discutiendo.

Fue difícil convencer a Temari de que haría lo que pudiera para saber donde se encontraban, la policía no haría nada por nosotros ahora, ella lo sabia. Se quedarían en casa por si volvían y yo iría por ellos.

Cuando me di media vuelta, Sasuke seguia junto a su auto, contrariado. Ino se acerco y murmuró.

–Creí que se había terminado, la ultima vez te reventó la nariz —se cruzó de brazos y miraba a Sasuke con rencor.

–Fue algo repentino —respondí con vergüenza.

–Mira, se que es todo un Adonis, el problema es que... es un imbécil, Naruto. Mereces algo mejor

Suspiré mirandolo de reojo. No tenia tiempo para pensar en eso ahora.

–Buscare unas fotos de ambos y las publicare, podria ser de ayuda.

–No —dije apresurado— yo... yo puede que tenga una idea de lo que paso.

– ¿Que? —hizo una mueca de confusión— tienes que decirle a Temari.

–No, los encontrare. No les digas nada.

–Pero Nar

–Por favor —insistí.

Ino frunció los labios y asintió con inseguridad antes de seguir a Temari a la casa.

– ¿Ya nos podemos ir? —preguntó Sasuke con aburrimiento.

–Gaara y Hinata están desaparecidos —respondí con frialdad, alzó una ceja con indiferencia.

–No es mi problema.

Mordí mi mejilla con irritabilidad.

–Bien, entiendo que no te agrade Gaara, ¿pero que hay de Hinata? La conoces hace años y fue tu novia, ¿en serio no te importa que pueda estar en peligro? No te pido que te intereses, solo te pido que me ayudes...

Se cruzó de brazos.

– ¿Como estás tan seguro que sabes donde están? No quiero meterme en problemas.

– ¿Ahora no quieres meterte en problemas? —reí con burla— no sé donde estan exactamente, pero sé donde comenzar a buscar. Míralo de esta manera; por fin podrás saber sobre Akatsuki.

–Sabes que la mayoria de mi familia son policias, ¿cierto? Ellos sabran que hacer.

–No —dije con firmeza.

– ¿Por que crees que podrás tu solo? Ellos tienen experiencia y–

– ¡No me voy a arriesgar! Siempre hay policías corruptos que trabajan con esa gente, lo he visto miles de veces.

Suspiró con fuerza.

–Sube al auto.

Fuimos al parque donde solían juntarse los chicos a fumar y pasar la tarde. Extrañamente, los tipos encapuchados no se habían vuelto a ver hace un dia o dos.

Fuimos a la ciudad donde trabajaban, en la construcción dijeron que había cumplido su jornada como todos los días, no notaron nada extraño.

En la cafetería tuvimos un poco mas de suerte. Habían visto a Hinata esperar fuera del local con un hombre.

– ¿Cómo era? —pregunté exaltado.

El chico me miró sorprendido.

–No vi su cara pero era alto y tenía el cabello gris.

– ¿Musculoso?

–Si.

Golpeé la mesa con emoción, haciendo saltar a ambos chicos por el fuerte ruido.

Empujé a Sasuke de vuelta al auto.

– ¿Lo conoces?

–Si. Un hijo de puta, si lo enviaron a el... significa malas noticias.

– ¿Qué haras ahora?

Marqué en mi teléfono y esperé.

–Por fin llamas —contestaron con una risa.

–Deidara —apreté los dientes, era definitivo que ellos estaban detrás de todo.

– ¿Perdiste algo? —preguntó, volviendo a reir con mas fuerza.

.

.

.

– ¡No me toques! —grité intentando alejar sus manos de mi.

–No seas tímida, seré amable —murmuró apretando mis muñecas. Cerré los ojos con fuerza sintiendo su respiración en mi rostro.

–Hidan —lo llamaron con reproche— ya déjala, no seas asqueroso.

Bufó y se bajó de la cama, me habían traído a una habitación con solo una sucia cama en medio.

–Solo estaba bromeando —exclamó con aburrimiento— ¿Qué? ¿Intentas proteger a la novia de tu primo?

– ¿Eres su... familiar? —pregunté sorprendida. El chico siguió inexpresivo con los brazos cruzados en su pecho— ¿por qué permites que le hagan esto?

–...El se lo buscó.

– ¡No mas parloteo, por dios! —volvió a levantar la voz el hombre de cabello gris, mirándome de pies a cabeza— sabes... ser madre soltera es una mierda. Si te quedas aqui podemos cuidarte —dijo con una sonrisa— claro que tendrás que darnos algo a cambio.

Hice una mueca de asco y me cubrí con la única manta que había sobre el colchón.

–Como quieras. ¿A que hora volverá ese idiota? Quiero ver como grita el mocoso.

Llevé mis manos a mi cabeza. Todo esto parecía irreal, mi mente no dejaba de buscar maneras para escapar y mi vientre dolía, tenía miedo.

Quería volver a casa.

–Oh, vamos. No estés triste, volverás a casa en una pieza en cuánto terminemos.

Apreté mis labios reteniendo las lágrimas.

–Quiero volver con Gaara —dije, mi voz estaba quebrándose.

Rió con burla.

– ¿Quieres saber por que estás aquí también? —preguntó agachándose. No respondí— conocemos a Gaara. No es fácil manejarlo, por algo fue uno de los favoritos de Obito, a este punto ya habría encontrado la manera de escaparse.

–Hidan —volvió a reprenderlo el pelirrojo.

–Eres su talón de Aquiles —dijo con una sonrisa cínica— le dijimos que si no venía con nosotros, te mataríamos. Ha sido muy obediente desde entonces.

Mi pecho se apretó.

– ¿Y quieres saber cómo es que estás aquí? Sin su ayuda no habríamos sabido donde buscarlos, si... esa chica pelirroja. Ella nos dijo donde estaban. Si, mira.

En la pantalla de su teléfono estaba la foto que nos había tomado ese día.

Entreabri los labios sin poder creerlo. Tayuya nos había delatado. El volvió a reir fijándose en mi reacción.

–Tu amiga te vendió, ¿no es eso triste?

Bajé mis manos a mi vientre, una punzada dolorosa me forzó a encogerme y mi respiración se detuvo por un momento.

–Vamos, Deidara ya volvió

–En realidad, me gustaría quedarme aquí otro rato, nos estamos divirtiendo.

–No seas un idiota —gruñó el pelirrojo.

– ¿Que? ¿Quieres protegerla? —su voz se había vuelto grave e intimidante. El chico frunció el ceño y dio media vuelta.

–Da igual.

Se apoyo en la pared con los brazos cruzados y una sonrisa.

–El va a morir, ¿sabes eso? No mas familia feliz.

Solloce aún tocando mi vientre.

–Por favor, no sigan. Gaara no lo hizo.

– ¿Por que demonios sigues defendiendolo? Sabes que estuvo involucrado y el sabía las consecuencias si no salía bien. ¿Crees que va a cambiar solo por que vas a tener un engendro?

–El cambió —dije entre dientes, estaba temblando y el dolor aumentaba.

–La gente no cambia. ¿Quieres saber quien era Gaara antes de que se largara? ¿Antes de que comenzara su farsa?

Se agachó junto a la cama para mirarme.

–Era un maldito monstruo. No dudaba en golpear a alguien hasta que terminara en el hospital si se lo pedias, aún si no sabia por qué lo estaba haciendo. En serio creo que lo disfrutaba.

–El ya no es así —murmuré. Estaba segura de eso— no lo conoces.

Volvió a reír, con mas fuerza que la vez anterior.

–Niña, solo lo conoces hace unos meses... ¿quieres saber cuando me di cuenta de que era un monstruo? Estaba haciendo mi trabajo, ya sabes, cobrar dinero que debían al jefe. De vez en cuando algun idiota creía que era lo suficientemente inteligente para escapar. Ya sabes como termina eso.

Pasó su pulgar por su garganta con una sonrisa.

–Todos estaban ocupados ese día y yo odiaba encargarme solo de la limpieza, pero no puedo evitarlo, me emociono demasiado y termina siendo un regadero de sangre. Hasta que vi al joven Gaara con su amigo rubio y tuve una idea. Naruto era demasiado compasivo, se volvería loco en cuanto viera como dejé al pobre idiota, pero Gaara... siempre fue un chico serio, como si nada le afectara. Quería romperlo, un niño de quince años no podía ser lo suficientemente fuerte.

Rió entre dientes mientras recordaba.

–Ni siquiera pestañeó. Me ayudó a deshacerme del idiota, limpiar hasta no dejar rastro y todo con calma como si estuviera horneando galletas. Así que... ¿aún crees que lo conoces?

Me costaba respirar mientras procesaba lo que acababa de escuchar.

–Bueno, me iré antes de que me pierda toda la diversión. No te pongas muy cómoda, te irás en cuanto terminemos.

Bajé de la cama con dificultad y me arrastre hasta la puerta. Estaba cerrada con llave, por supuesto. Apoyé mi frente en ella y volví a llorar.

–Gaara... espera un poco más.

Una punzada mas fuerte me obligó a recostarme en el suelo. Gemí adolorida y cerré los ojos.

–No ahora —supliqué.

No sentía a mi bebé moverse desde hace un rato. Solo me quedaba esperar que Naruto lograra sacarnos de aquí a tiempo.

Mis ojos se sentían pesados. Apoyé mi cabeza en el suelo, solo necesitaba descansar un poco.

.

.

.

Le indiqué que siguiera el camino de tierra, ya había anochecido y solo las luces del auto iluminaban el camino. La mansión de Obito estaba entre unas pequeñas montañas que ocultaban el lugar perfectamente.

–Apaga las luces y dejamos el auto aquí, si nos ven llegar no será lindo.

–Conozco este lugar...

– ¿Que di– ¿¡Que estas haciendo?! —grité cuando acelero tan fuerte que mi espalda se estrelló contra el asiento— ¡vas a hacer que nos maten!

Nos detuvimos frente a un gran portón iluminado, Sasuke no quitaba su mirada con una expresión de sorpresa.

–Esto es propiedad de mi familia. Solía venir en vacaciones cuando era un niño...

El gran porton se abrió y el pelinegro no dudó en avanzar.

– ¿Qué mierda estás haciendo? —pregunté cuando aumentó la velocidad y se dirigía a la mansión— vamos a morir —me dije a mi mismo.

–Voy a arreglar esto ahora.

– ¡Sasuke, espera!

Apenas frenó frente a la entrada, la puerta de la mansión se abrió y varios hombres con mala cara salieron. Sasuke bajó del auto y cerró la puerta de un golpe, estaba enojado.

– ¿Quiénes son esta gente? ¿Qué hacen aquí y donde está mi–

Uno de ellos golpeó a Sasuke tan fuerte que la sangre de su nariz saltó al piso.

–Por fin llegas —entre ellos, apareció Deidara— llévenlo con el otro idiota.

Me cogieron del cabello y fui arrastrado hasta la bodega.

–Gaara, tu amigo está aquí.

Me empujó al suelo con fuerza y cuando levanté la mirada la rabia me hizo hervir la sangre. Gaara estaba cubierto de sangre y no parecía estar consciente.

Solo pude con tres de ellos antes de volver al suelo por una patada en la espalda. Sasuke también intentó pelear contra ellos.

– ¡No pueden hacer esto! Llamaré a–

– ¡Cállate! Sé un buen chico y cállate si no quieres terminar como estos dos.

Volvió a patearme cuando terminó de gritarle a Sasuke. Me volteé a ver al pelirrojo, aún no reaccionaba y la sangre seguía brotando de su pecho.

– ¿Qué hiciste?

–Tu sabes lo que le hacemos a los traidores.

Deidara tomó un mechero de una mesa y la flama azul iluminó el rostro de todos.

–Quitenle la camisa.

Antes de que se acercara con el artefacto, el sonido de explosiones y vidrios rotos llamó la atención de todos.

– ¿Que mierda?

Otra explosión hizo a todos reaccionar, dejaron todo y salieron corriendo a ver lo que sucedía.

–Ayúdame —exclamé a Sasuke.

Desatamos al pelirrojo y pasé su brazo por mis hombros.

– ¡Despierta! Tenemos que buscar a Hinata.

– ¿Qué fue esa explosión? —preguntó empujando la puerta con fuerza hasta que logró romperla.

–Aún tengo amigos aquí. Me debían una.

Abrimos cada puerta hasta dar con una que estaba cerrada. Sasuke la pateó y lo primero que vimos fue a Hinata en el suelo en posición fetal.

–Mierda —el pelinegro la tomó en sus brazos y la examinó— no está herida pero... no se ve bien.

–Tómala y vámonos.

Fuera de la bodega, el lugar estaba rodeado de miembros de Akatsuki siendo distraídos por el grupo de intrusos.

–Vamos a tener que dar la vuelta —dije. Mi hombro se sentía húmedo por la sangre de Gaara.

–Entremos —exclamo el pelinegro.

– ¿Estás loco?

– ¡Conozco este lugar! Esta llena de habitaciones unidas, podemos pasar entre ellas. El auto está justo ahí.

Chasquee la lengua. Sonaba como otra terrible idea pero no sabia que más hacer para salir de aquí.

– ¡Despierta, Gaara! —grité cuando ya pasábamos por la segunda habitación.

Otra explosión hizo temblar el lugar.

– ¿Qué mierda es eso?

–Les dije donde Deidara esconde sus juguetes —otra explosión. Esta vez mas fuerte, nos estábamos acercando.

–Hinata —el pelirrojo llamó débilmente. Me apresuré a llevarlo a una silla.

–Abre los ojos, vamos reacciona, tenemos que salir de aquí.

– ¿Dónde esta Hinata? —puso una mano en mi hombro con fuerza y me hizo a un lado para levantarse. Apenas podía mantenerse erguido.

–Está ahí, mírala. Tenemos que irnos antes de que esto se ponga mas feo.

– ¡¿De donde salieron?! Están por todos lados.

– ¡Ya lo sé!

Estaban muy cerca.

–Vamos por aquí —volvimos a escuchar junto con el ruido de una puerta abriéndose.

–Cruzamos la sala y salimos por la cocina —susurró Sasuke. Volví a pasar el brazo del pelirrojo por mi cuello.

Podíamos visualizar la salida y nos apresuramos. Gaara apenas me seguía el paso.

Un disparo a la pared nos hizo parar de golpe y al voltear vi a Deidara cogiendo con fuerza la pistola. Tanto que sus manos temblaban.

–Ustedes... no se iran sin pagar por matar a Obito.

–Nosotros no...

– ¡Estuvieron ahí!

Sasuke se giró hacia mi con intriga.

–Pero no lo matamos. Nosotros no lo matamos.

Apretó el gatillo y la bala rozó mi hombro. Cubrí la herida con mi mano que no tardó en gotear sangre.

Sasuke maldijo entre dientes. Hinata había despertado y el pánico en su rostro era claro. La bajó al suelo y cubrió en un abrazo diciéndole que todo estaría bien.

–No nos dejó opción.

–Buen intento. ¿Crees que matándolo a el acabaría todo? Imbécil... el era solo un peón, como todos nosotros solo recibía ordenes. Tenía mas poder pero seguía siendo solo eso.

– ¿Que dices? —pregunté. No entendía nada.

–Que chico mas tonto... ¡el no es líder de Akatsuki!

– ¿Nos mintió?

–Nunca dijo que fuera el líder, imbécil. No sabes nada de el.

–Oh, ahora recuerdo —el pelirrojo se apoyó en mi hombro para mirar directamente a Deidara— te acostabas con el. Seguramente tienes tantas ganas de vengarte que convenciste a todos de ayudarte, ¿cierto? Que gracioso.

– ¿Y que? Se lo merecen.

Volvió a apretar el gatillo y Gaara cayó.

– ¡No! Deidara, no sigas.

– ¿Quieres saber por que Obito fue un buen tipo contigo por tantos años, Naruto? Sentía pena por ti.

Me arrodillé junto a Gaara, esto estaba mal, muy mal.

–Tu madre era policía, ¿recuerdas? Cuando esto recien estaba comenzando ella fue la asignada para investigar. Era un puto fastidio, igual que tu.

– ¿Conocías a mi madre?

–Claro que la conocía, Obito fue el que la mató.

– ¡Mientes! Mis padres murieron en un accidente.

–Y el auto que lo causó desapareció, ¿recuerdas?

Me estaba costando respirar. Por un tiempo consideré a Obito como un hermano mayor y lo admiraba, pero ahora...

Me impulsé y alcancé a agacharme cuando el volvió a disparar. Lo derribé, tomé la mano que sostenía el arma y comenzamos a forcejear.

Sasuke pisó su mano y Deidara gritó a la vez que soltaba el arma que fue pateada lejos.

–Maldito imbécil —golpeo mi rostro con fuerza para quitarme de encima y pude ver como abría una navaja automática antes de lanzarse a Sasuke.

Un disparo y Deidara cayendo nos congeló a todos.

–Ya fue suficiente —un hombre de traje y cabello largo nos miraba desde el segundo piso, guardando el arma en su saco con tranquilidad— Deidara, ¿por que estás aqui, intentando apuñalar a mi sobrino mientras un montón de niños destruyen mi hogar?

–Madara —lo llamó Sasuke— ¿que está... ¿tu también estás detrás de todo esto?

–No deberias estar aquí —dijo antes de comenzar a bajar con una calma aterradora. Nunca había visto a este tipo.

El ruido que venía de afuera se detuvo y cuando ese hombre estuvo junto a Sasuke, Itachi entró por la cocina. La cara de confusión de Sasuke nos reflejaba a todos.

–Ya está todo controlado, ¿Qué quieres que hagamos con ellos?

–Denles una lección y los dejan ir —pasó junto a Sasuke para estar frente a mi. Aun seguía en el suelo y desde este ángulo se veia aun mas amenazante.— Seguramente este de aquí los trajo.

Moví a Gaara para buscar la entrada de la bala. Le había dado en el hombro y la bala había salido, suspiré de alivio por un momento.

Deidara no quería matarnos, solo quería vengarse. Pero si Gaara seguía en este estado... tenia miedo. Nunca había visto a Gaara así, podía notar que hacía todo lo posible para mantenerse despierto. Hinata lloraba mientras tomaba su mano.

–Lo siento —Deidara habló entre dientes, apretando con fuerza el orificio en su pierna.

–Hablaremos mas tarde.

– ¿Que mierda estás haciendo aquí? —el hermano de Sasuke lo cogió de la camisa. Ambos estaban furiosos.

– ¿Tu sabías sobre esto? ¿Todo el tiempo supiste y eras parte? Eres policía, Itachi, se supone que–

–Cállate. No te dije nada por que no es tu problema, lo único que tienes que hacer es ir a clases y no preocupar a mamá. Solo tenías que hacer eso.

El hombre de traje se acercó a nosotros y Gaara con una mueca de dolor se sentó y empujó a Hinata tras el.

–Obito siempre me habló sobre ustedes. Era demasiado sentimental y se lo advertí... cría cuervos y te sacarán los ojos. Pero como siempre, nunca me hizo caso.

Volvió a sacar su arma y apuntó a mi cabeza.

–Debería matarte por hacer que asesinaran a mi hijo... pero ya me encargué de eso. Y su último deseo fue que le prometiera que no les haría nada.

– ¿De que estás hablando? N-No entiendo—sentí una puñalada en mi pecho y lo mire esperando una respuesta, aún sabiendo cual era.

–Akihiko pagó por lo que hizo.

Bajé la mirada y cerré mis ojos con fuerza.

–Obito era mi mano derecha y sin el todos creían que podían apoderarse de todo lo que yo he construido. Tuve que encargarme de recordarles que nada ha cambiado.

–No te importa Obito —murmure. La realización era dolorosa— no te importa que este muerto... solo te importa tu poder.

Su mirada era aún mas fría que la de cualquier Uchiha que conocí hasta ahora. Fijo su vista en Hinata por unos segundos y volteó hacia Deidara.

–Levántate —exclamó demandante. Cuando Deidara pudo ponerse de pie, apuntó a Hinata— ¿tu trajiste a esa chica?

–Si, señor...

– ¿Sabes quien es ella?

Bajó la mirada y asintió.

–Es una Hyuga. Metiste a una Hyuga a mi casa, ¿sabes los problemas que tendré si su familia sabe?

Suspiró con fuerza y apretó el puente de su nariz.

–Itachi, sácalos de mi vista.

Empujó a Sasuke hacia el pasillo y se acercó para tomar a Hinata.

–Estoy bien, estoy bien... puedo caminar.

Fuera de la mansión lo único que había eran escombros. No había rastro de los chicos.

–Este no es mi auto —dijo Gaara, quejándose cuando lo empujé para que se acostara en el asiento trasero.

–Yo me encargo de eso, solo salgan de aquí —Itachi cerró la puerta por Sasuke y le tiró el cabello— llevalos a un hospital y luego directo a casa, ¿entendiste?

– ¿Luego qué? ¿Quieres que pretenda en casa que sigues siendo el perfecto y correcto policía?

–...Hablaremos cuando vuelva.

Íbamos a toda velocidad por el desierto, Hinata acariciaba el cabello del pelirrojo que estaba acostado en el asiento trasero.

–Gaara —lo llamó, no hubo respuesta— ¡Gaara! —exclamo, moviéndolo un poco para que despertara— ¡Naruto, no despierta!

Se estaba desangrando. Hinata le tomo el pulso y palideció.

–Tenemos que llegar rápido a un hospital.

– ¿Qué camino debo tomar? —pregunto Sasuke a la vez que aceleraba.

–No iremos a un hospital.

– ¿Qué? —exclamaron ambos morenos.

– ¡Todo está bien! Iremos a otro lugar, uno donde... no harán preguntas.

Lo guié por la ciudad hasta llegar nuestro antiguo barrio y entramos por un callejón.

–Es aquí.

– ¿Estás bromeando? —exclamó— es una chatarrería.

Tomé la mano del pelirrojo y tiré de el hasta sacarlo del auto.

–Hinata, ve a golpear la puerta.

Empujó la pequeña puerta de fierro en la entrada y corrió a la casa.

–Será mejor que te mejores —lo subí a mi hombro y hice una mueca de dolor, por un momento había olvidado que también recibí un disparo— o Temari nos matará a ambos.

La anciana abrió y se sorprendió cuando solo entramos directamente.

– ¿Qué están haciendo aquí? —exclamó. Se detuvo sorprendida cuando vio a Gaara en el sofá, completamente inconsciente y ensangrentado— iré... iré por las cosas. Naruto, ayúdame.

La seguí hasta un armario al fondo del pasillo, repleto de vendas y cosas que sirvieran para ayudar a un herido.

– ¿Qué pasó?

–Abuela Chiyo... sabes que si estamos aquí es por que no queremos preguntas.

– ¡No me importa! Es mi nieto el que esta ahí.

Suspiré y seguí tomando los implementos.

–Primero haz lo que tengas que hacer —me dio una mirada de reprimenda— por favor.

–Está bien. No haré preguntas, porque sé que Temari se los hará aun mas difícil.

.

.

.

Los chicos intentaron convencerme de que seria mejor para mi estar en otro lugar, pero no lo haría. No me alejaría de Gaara mientras estaba en ese estado.

Lo habían llevado a una habitación y el suelo estaba repleto de paños manchados en sangre. Le habían quemado el pecho, justo sobre su corazón.

–Dejará una cicatriz muy fea —dijo pasando algodón en su pecho para limpiar la sangre seca— son unos salvajes, quemándolo de esa manera. No es primera vez que le hacen esto a esos chicos.

Ayudé a vendar la herida en su hombro, necesitó un par de puntos y si no despertaba en la mañana, lo llevaríamos al hospital. Había perdido una cantidad considerable de sangre y lo habían golpeado brutalmente.

– ¿Y tu cómo te sientes?

–Bien... gracias.

–No tienes buen color.

– ¡Eso le dije! —exclamó Naruto, volviendo a acercar el celular a su oreja— no, no. Están bien... no, Temari no hagas eso, estaremos allá lo antes posible, ¿está bien?

Se adentró en la casa y dejé de escucharlo cuando cerró la puerta de la habitación.

–Listo —dijo la anciana, dándole una palmada en la venda de su pecho que me hizo saltar del susto, deseé decirle que fuera un poco mas delicada— no te preocupes, Gaara es fuerte. En unas semanas estará bien y con nuevas cicatrices que lucir. Ten, limpia tus manos —me entregó una pequeña toalla húmeda y cuando trate de quitar la sangre el dolor de mi mano me exaltó. Había olvidado que me había cortado.

– ¿Estás herida? Déjame darle un vistazo.

–No es nada, es sol—

Tomó mi mano de igual manera.

–Es un gran corte pero no es profundo —dijo examinándola, me acercó a la pequeña mesa que habían traído y comenzó a limpiarla. Sin la sangre pude notar que en realidad la herida casi cubría mi palma completa— no es bueno guardarse el dolor, ¿sabes?

La vendó y se puso de pie.

–Gracias —me incliné en agradecimiento y ella sonrió con tristeza.

–Pueden sacar ropa de la habitación de Sasori, el ya no las usará de todas maneras... ire a preparar la cena y les traeré unos futones a los chicos.

Cerró la puerta y me quedé junto a Gaara por unos segundos, de pronto mis manos comenzaron a temblar y me sobresalté cuando la puerta volvió a abrirse.

En cuanto vi a Naruto no pude controlar mi llanto. El rubio me miró sorprendido y cuando reaccionó, corrió a abrazarme. Rodeé su cuello con fuerza.

–Tenia tanto miedo de que no llegaras a tiempo —logré decir entre lagrimas— crei que lo matarían.

–Todo está bien ahora —intento tranquilizarme— no volverán. Lo escuchaste, hizo una promesa.

– ¡¿Y si no despierta?! Escuché todo, escuché como lo golpeaban una y otra vez y no puedo sacar esos sonidos de mi cabeza.

Me abrazó con mas fuerza y prometió que todo estaría bien. Me tomo varios minutos dejar de llorar y una taza de té para parar mis temblores.

Cenamos en silencio y en la habitación los chicos acomodaron los futones junto a la cama donde Gaara seguía inconsciente. Acordamos irnos en cuanto despertara, Naruto ya había hablado con Temari y logró convencerla de que no viajara hasta aquí.

No fue hasta el día siguiente por la tarde que se levantó por si solo y caminó hasta la sala de estar donde estábamos, apenas podía caminar sin encorvarse del dolor.

– ¡Debiste llamarnos! —exclamo Naruto, corriendo a su lado para ayudarlo. Gaara llevó con lentitud su mano para alejarlo.

–Estoy bien. Volvamos a casa, es como si pudiera sentir el enfado de Temari.

–Eso no es el enfado tu hermana —dijo la abuela Chiyo, apretándole el brazo en regaño— son costillas rotas. Ahora déjame revisarte a ti, Naruto. ¡No lloriquees! Solo te rozo la bala.

Lo ayudé a vestirse en silencio, el ambiente era incómodo y era primera vez que estábamos solos desde lo que pasó.

– ¿Por que no me miras? —pregunté en un susurro.

–Es mi culpa que terminaras envuelta en esto. ¿Te hicieron algo?

Negué con fuerza y bajé la mirada.

– ¿Qué te hicieron?

– ¡Nada!

–Sé que mientes.

–No me hicieron nada —volví a decir con enfado— solo me dijeron... cosas. Sobre ti.

Frunció el ceño y se alejó.

– ¿Qué cosas?

–No importa, no les creo —mentí— te conozco.

– ¿Por qué estás tan segura?

–Ya avisé a Temari que —Naruto entró sonriente y se detuvo cuando notó el ambiente— ¿interrumpo algo?

Gaara me miró para que respondiera y yo volví a bajar la mirada, solo quería librarme de esta situación.

Durante la comida, la anciana no dejó de hacerme preguntas. Era la abuela paterna de Gaara y una enfermera retirada. Ella ya sabía de mi por que Temari la llama diariamente, me sentí un poco apenada ya que no sabía que el pelirrojo tenía una abuela. Así como no sabía que su primo estaba en Akatsuki.

¿Qué mas no me había contado?

Dormimos en futones separados esa noche.

La abuela Chiyo nos entrego unos aperitivos para el camino, decía estar feliz por conocer a su primer bisnieto y tiró de la oreja de Gaara cuando nos fuimos, pidiéndole que no nos metiéramos en mas problemas.

Sin embargo, en cuanto salimos los problemas parecían seguir.

Había un auto frente a la casa y apoyados en el estaban Deidara y Sasori.

Deidara fue el único en acercarse, cojeando notablemente.

–Quédense aquí... no creo que siga buscando pelear —dijo Naruto.

Estuvieron varios minutos charlando y antes de marcharse, Deidara le entregó algo.

Otro auto llegó y el chico lanzó las llaves a Naruto antes de que el callejón volviera a quedar vacío. Era el auto de Gaara.

– ¿Qué quería?

–Me dijo algunas cosas y... me entregó esto —abrió su mano dejando ver una cadena. Era sencilla, plateada y tenía un anillo colgando de el.

Un anillo que reconocí de inmediato y lo tomé para verificar. Era el abanico de los Uchiha.

– ¿Dónde he visto este dibujito antes? —Naruto alzo la cadena haciendo que el anillo girara. el pelinegro se adelanto y le arrebato la cadena.

– ¿Por que te entrego esto a ti? Es una tradición de mi familia, no se lo entregaría a nadie.

–Tal vez no se sentía tan apegado a las tradiciones de su familia por que nunca lo trataron bien —aseveró, volviendo a tomar el anillo y guardándolo en el bolsillo de su pantalón— no es para mi, es para alguien mas.

– ¿Quien?

–No seas chismoso, Sasuke. Ya vamonos, tenemos que volver antes de que Temari pierda la cabeza.

El viaje fue silencioso. Podía notar que Gaara disimulaba su dolor.

– ¡¿Que hicieron ahora?! — gritó la rubia cuando nos vio, mas específicamente cuando vio a los chicos heridos.

Naruto luego de explicarle todo a Temari, volvió a subirse en el auto de Sasuke y se largó diciendo que tenía alguien con quien hablar.

–Déjame ver —insistió tratando de subirle la camiseta a Gaara.

–No, no —respondió adolorido, volviendo a acomodarla— con algo de suerte, esta vez si se termina todo.

–Yo digo que ya es hora de que piensen en volver a ese departamento que tu tío les dejó, bien lejos de aquí —Ino mordía sus uñas con nervios. No habia dejado de preguntarme si me habian lastimado o de ofrecerme ir a su casa. Un secuestro y lo que le hicieron a Gaara... tal vez si tenía sus consecuencias. Aún me sentía extraña.

–Me iré a acostar —dijo con fastidio.

Temari suspiró y acarició su frente.

– ¿Tú estuviste ahí?

–Si —respondí jugando con los pliegues de mi ropa, esperé a que Gaara subiera a la habitación y seguí— nunca había visto a alguien tan golpeado y... tanta sangre.

–Dios...—tapó su rostro y suspiró aún con mas fuerza— ¿estás segura de que no quieren ir al hospital?

– ¿Y si vuelven? —Ino exclamó asustada— si fueron capaces de esto, seguramente querrán volver a intentarlo.

–No estoy segura, pero...—recordé al tío de Sasuke disparándole en la pierna a Deidara por lo que causó— creo que todo quedó arreglado.

Temari asintió con duda.

–Yo ya tengo que volver, puedes ir a mi casa y quedarte el tiempo que quieras, piénsalo, ¿si? —Ino se levantó y me abrazó con fuerza.

–Gracias.

Temari me observaba con lástima.

–Creo que deberías ir con Gaara a descansar. Te ves agotada.

Cuando subí a la habitación no estaba en la cama como había dicho.

– ¿Gaara? —exclamé y me sorprendió sentir el miedo en mi voz y los latidos acelerandose.

La puerta del baño se abrió con fuerza, el pelirrojo salió igual de agitado que yo. Llevé una mano a mi cabeza y suspiré con alivio.

– ¿Que pasa?

–Perdón, es que... no estabas en la habitación y...

Gaara frunció los labios y asintió, entendió de inmediato.

–Iba a tomar un baño, ¿quieres unirte? Así no me pierdes de vista.

Lo ayudé con sus vendajes y nos relajamos por unos minutos en el agua caliente de la bañera después de quitarnos el jabón e intenté no mirarlo teniéndolo justo al frente mío, se veía tan mal y no podía evitar recordar todo.

–Estás llorando —advirtió.

Limpie mi rostro con prisa.

–Perdón.

–No tienes que disculparte —alcanzó mi mano y la acarició con suavidad— no tuviste nada que ver con esto.

–Ese hombre... me dijo que lo ayudabas con sus... cosas. Me dijo que cuando vivías en Suna solías lastimar a mucha gente y no te importaba. Que eras un monstruo.

Soltó mi mano y la llevó a su rostro.

–Mierda —dijo apretando el puente de su nariz— no quería... no quería que supieras eso.

–Entonces es cierto.

–Era un idiota, creía que... esa era la única vida que podría tener así que no deje que nada me afectara. Quería ser fuerte así nadie se metería conmigo y con mi familia.

–Lo que hiciste con esa gente... está mal, no solo es inmoral también es ilegal, pudiste proteger a tus hermanos de otra manera.

– ¿Que? —murmuró perplejo— no estuviste ahí, no sabías como era todo antes de que todo eso pasara.

– ¡Sé que hay mejores formas!

– ¿Cómo cuales? Por favor, dime cuales son esas formas.

–N-No lo sé, pudiste...

–Exacto, no sabes, ¡por que no estabas ahí!, ¿Crees que nuestro único problema era el dinero? No tienes idea.

Me encogí por el dolor punzante de mi vientre, gemí adolorida y por instinto tomé la mano de Gaara.

–Me duele mucho —exclamé a punto de llorar— algo está mal.

–Hinata...

Se puso lentamente de pie en la bañera sin soltar mi mano, seguí su mirada de miedo hacia mis piernas.

La sangre comenzaba a esparcirse en el agua.