Inapropiada Aparición
Capítulo 18 (primera parte)
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Lamento hacerlos esperar mucho tiempo.
¡Bienvenidos de nuevo lectores!
¡Disfruten la lectura!
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Los nombres no me pertenecen, están basados en los personajes del maravilloso manga Ranma 1/2 de Rumiko Takahashi.
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Akane se despidió brevemente de sus hermanas antes de bajarse del automóvil y, una vez que ellas se alejaron lo suficiente, caminó a paso lento hacia la tienda del abuelo. A pesar de que Nabiki le había dejado frente a la puerta de su edificio, en ese momento no se sentía con ánimo como para encontrarse con su compañero de apartamento, así que optó por ir a beber una buena taza de té y sacar sus frustraciones con el abuelo.
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La peliazul abrió con lentitud la puerta de la tienda y sonrió divertida al encontrarse con el anciano dormido, con la boca abierta y sobre su silla. Cerró la puerta con cuidado para no despertarlo y caminó hacia el primer estante donde estaban acomodadas las galletas para elegir dos paquetes de sabor a naranja.
El ronquido repentino del hombre, le hizo sobresaltarse en su lugar y comenzar a reírse en voz queda.
El hombre se removió en su lugar y comenzó a parpadear al escuchar la risita ahogada de la chica.
— ¿Eres tú, Akane? —preguntó el anciano, un poco atontado.
La mujer caminó hacia el mostrador y dejó los paquetes de galletas que había elegido.
— Lo siento, no quise interrumpir tu meditación.
El anciano asintió y se levantó de su silla para comenzar a desperezarse.
— ¿Galletas de naranja, hija? ¿Acaso planeas beber una taza de té con este viejo?
Akane sonrió y asintió al instante.
El anciano miró hacia el reloj que tenía colgado en la pared y asintió conforme.
—Bien, una taza no me vendría nada mal. Aunque solo me queda de té limón —murmuró el hombre antes de agacharse para abrir la pequeña cortina que había en el mostrador y sacar el pequeño juego de tazas y platitos que ocultaba para las ocasiones especiales.
— ¿Sabes, Abu? Aún me parece curioso que siempre tienes espacio para guardar estas cosas en la parte baja de tu mostrador —señaló la peliazul mientras tomaba un platito y vaciaba las galletas en él.
—A mi edad, Akane, mientras mejor preparado estés... menos tendrás que moverte —expresó orgulloso.
—Pero eso no le hará bien a tu salud, Abu.
— Tienes razón, pero a veces es mejor hacer cosas extrañas con tal de mantenerte calientito.
Akane amplió su sonrisa y tomó una galleta del plato.
—Hablando de cosas extrañas... ¿Recuerdas al joven que te compró uno de tus deliciosos bocadillos de piña?
El hombre frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—Muchos jóvenes vienen a comprar mis bocadillos, Akane.
—Bueno, el hombre que me acompañó ayer por la tarde.
—¿Te refieres al tipo de la trenza que vive en tu edificio?
—Ese mismo.
—No, no lo recuerdo... ¿por qué preguntas?
Akane se mordió el labio inferior con nerviosismo y miró hacia la galleta que tenía en su mano.
—Creo que el convivir conmigo le da mala suerte.
El anciano soltó una carcajada y negó levemente con la cabeza.
—¡Ay, Akane! De verdad que a veces te pareces a tu madre... ¿Cómo le vas a provocar mala suerte a una persona? —murmuró divertido.
Akane frunció el entrecejo y dejó la galleta sobre el plato.
—¡No es broma, Abu! —le regañó con ligera molestia, antes de continuar—: Basándome en todas las cosas y accidentes que le han pasado desde que nos conocimos... realmente creo que le atraigo la mala suerte.
—Eso lo dudo, pequeña —exclamó el anciano mientras se inclinaba hacia una orilla del mostrador para tomar la tetera caliente que se encontraba sobre una pequeña parrilla encendida y volver a erguirse—. La persona tendría que estar a punto de morir como para poder decir eso.
—Pues casi, tuve que llevarlo al hospital para que recibiera atención médica por un golpe severo en su cabeza.
El anciano sonrió con suavidad y tomó una de las manos de su nieta.
—No te puedes tomar todo el crédito por las cosas malas que le pasen, Akane. Además, él también debe traer cierta energía negativa como para que tenga que sufrir por todo eso, ¿no lo crees?
Akane lo pensó un poco y después de un largo minuto, se sintió un poco aliviada por las palabras del hombre.
—Sí, tienes razón, Abu.
El anciano se acomodó sobre su silla y la contempló engreído.
—Pues claro, yo siempre tengo la razón.
Akane rió y finalmente mordió su galleta.
— ¿Y qué hay del bocadillo? ¿Le gustó?
Akane sonrió de lado al recordar la noche anterior.
—No dejó ni una migaja. Le gustó mucho.
El anciano le dió un trago a su bebida y finalmente se animó a continuar la charla.
—Te gusta ese joven, ¿verdad?
La peliazul se atragantó un poco con su té y miró alarmada hacia el hombre.
— ¿Cuándo he dicho eso?
El anciano arrugó la frente y observó aún más el comportamiento de su nieta: cuerpo tenso, mejillas sonrojadas y mirada evasiva . Akane claramente se había flechado del joven.
—Solo fue una simple pregunta, Akane, no es para que exageraras.
Akane sacó un poco de papel higiénico de su bolsillo y limpió las gotas de té que se había derramado sobre la ropa.
—Pues no lo estoy, Abu. Yo solo lo veo como un compañero de piso.
El hombre suspiró incrédulo por sus palabras y se cruzó de brazos disgustado. Ahora tendría que esperar el momento adecuado para abordar al vecino de su nieta e investigar sobre sus intenciones con ella, ya que era evidente de que a Soun, su yerno, ni siquiera le había importado saber con quién se relacionaba su hija.
—Muy bien, entonces dejemos ese tema de lado y sírveme otra taza de té —le pidió el hombre cuando la notó más relajada.
La mujer tomó rápidamente la tetera y sirvió un poco de té en ambas tazas.
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En cuanto la puerta del departamento se abrió, el ligero aroma a canela de la vivienda lastimo inmediatamente la sentida nariz de Ranma.
Con los ojos llorosos, el de la trenza se apresuró a entrar y quitarse los zapatos con cierta torpeza para finalmente dirigirse a su habitación y encerrarse hasta que se acostumbrara al olor.
En los días pasados el aroma a canela le habían hecho sentirse en el cielo, pero después de ese golpe en la nariz, lo único que deseaba era que desapareciera totalmente del apartamento.
Dejó su maletín sobre el escritorio y se sentó en la cama. Sacó el celular de su bolsillo y rápidamente le texteó a Ryoga que ya se encontraba en el departamento y que no había tenido ningún colapso durante su viaje en el taxi. Inmediatamente, recibió un mensaje del susodicho, que le transmitía su alivio de que haya llegado con bien a casa y una serie de recomendaciones para evitar accidentes con su nariz.
Ryoga fácilmente le quitaría el puesto de "mamá preocupona" a Nodoka.
Después de aventar su teléfono a la cama, se sentó en el pequeño cojín frente a su escritorio y comenzó a contestar algunos de los correos que, por razones obvias, tuvo que dejar pendientes por responder.
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Cuando el último rayo de sol se alejó de su habitación, su nariz comenzó a dolerle. Ya eran las 6:30 pm y comenzaba a bajar un poco la temperatura. Levantándose del cojín, abrió la puerta de su habitación y se asomó al pasillo. Sin Akane en el apartamento, todo se sentía demasiado silencioso y apagado.
Ranma suspiró y volvió a entrar en su habitación, pensando en que tal vez debería aprovechar su soledad y tomar un buen baño de agua caliente.
Tomó todo lo necesario para su ducha y contuvo el aliento en su trayecto hacia el baño, pues aún le picaba la nariz por el aroma a canela del apartamento.
Una vez en el baño, abrió la cortina de la regadera y accionó la llave del agua caliente, mientras esperaba que el agua se calentara, comenzó a quitarse con mucho cuidado cada una de las prendas y observó su rostro en el espejo. Si tan solo no le hubieran golpeado la nariz, tal vez no tendría ese color verdoso en el rostro.
Ya que se encontraba completamente desnudo, soltó su cabello y entró a la regadera. Las continuas gotas de agua dibujaron suaves caminos sobre su rostro mientras esperaba a que se humedeciera completamente su cabello y pudiera lavarlo con shampoo.
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Akane cerró los ojos con fuerza y comenzó a cruzar las piernas con desesperación.
Sabía que después de esas cinco tazas de té limón debió haber pasado al sanitario en la tienda del abuelo, pero su desidia le estaba pasando factura mientras esperaba a que el elevador finalmente abriera sus puertas en su piso.
Dando pequeños pasos y brinquitos, Akane finalmente llegó al departamento con el número 18-B grabado y con una velocidad sorprendente abrió la puerta.
Aventando sin ningún tipo de tacto sus zapatos sobre la entrada, corrió descalza hasta la puerta del sanitario e ingresó sin molestarse en tocar.
—¡Oye! —le gritó Ranma, molesto, segundos antes de volver a encerrarse en la regadera para que ella no lograra verlo desnudo.
Akane se apresuró al retrete y se cubrió completamente el rostro con sus manos en un intento vago por ocultar su vergüenza del pelinegro.
—Ya sé, Ranma, discúlpame... pero no podía aguantar ni un segundo más.
El pelinegro suspiró y se cubrió la entrepierna con sus manos, solo en caso de que la cortina de la regadera pudiera transparentarse.
—Entiendo tu necesidad, Akane, pero al menos hubieras hecho un ruido antes de abrir la puerta...
—¡Perdón! Te juro que no volverá a ocurrir. Es más...mientras esté aquí mantendré los ojos bien cerrados —exclamó la peliazul en un intento de arreglar la incómoda situación.
Una vez que se escuchó el sonido del retrete y el agua del lavabo, Ranma entreabrió un poco la cortina y asomó su cabeza.
Siendo el reflejo del rostro de Akane lo primero que observó por el espejo. Notó que la mujer tenía los ojos firmemente apretados mientras iniciaba su higiene de manos.
Ranma volvió a ocultarse tras la cortina y suspiró.
— ¿Puedo pedirte un favor, Akane?
La mujer detuvo el movimiento de sus manos y se quedó muy quieta.
—Depende de la clase de favor, Ranma.
El hombre suspiró y se apartó un mechón de cabello húmedo de la cara.
—Tengo frío y necesito una toalla para cubrirme, ¿podrás pasármela?
Akane se tensó brevemente.
— ¿Sabes que tendré que abrir mis ojos para hacerlo, verdad?
—Sí.
—¿No prefieres que me vaya para que lo hagas tú mismo?
Ranma bufó disgustado y entre abrió la cortina para volver a asomarse.
— ¿Y entonces por qué aún no te vas?
Akane abrió los ojos y miró directamente hacia Ranma.
— ¡Eso es exactamente lo que estaba a punto de hacer!
— ¡Abriste los ojos! —le gritó él de vuelta.
La peliazul gruñó y se giró de nuevo hacia el lavabo.
— ¡Eres insufrible!
Akane se secó las manos con la toalla, dispuesta para irse, pero al dar un paso hacia la puerta, pisó un pequeño charco de agua que la hizo resbalar y comenzar a caer hacia el área de la regadera.
Mientras tanto, Ranma experimentó una sensación de deja vú al observar a la mujer caer y, sin importarle su actual estado, se acercó al lugar donde la mujer iba a aterrizar y la atrapó en el aire con dificultad, ya que la cortina se envolvió sobre su cuerpo.
— ¡Te tengo!—gritó victorioso cuando sintió el cuerpo de la mujer fuertemente abrazado al suyo.
Akane gimió adolorida y ladeo su cabeza sobre el pecho de Ranma. Esa era la primera vez que se estrellaba contra los pectorales de un hombre y le había dolido bastante.
—¿Estás bien, Akane? —le preguntó preocupado.
La susodicha se separó un poco del cuerpo masculino y colocó rápidamente las manos sobre su nariz.
— ¡Auch! ¡Duele! —chilló la mujer con los ojos llorosos y sin apartar las manos del rostro.
—Déjame verte, Akane —pidió el hombre al sujetar los brazos femeninos con delicadeza.
—¡No quiero! Me duele mucho...
Ranma suspiró.
—No sabré qué tan grave es si no me dejar ver... por favor, Akane.
La peliazul miró hacia el rostro preocupado de su compañero y lentamente retiró las manos de su rostro.
Ranma gesticuló una mueca de dolor y Akane comenzó a preocuparse.
— ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Tengo la nariz rota? —le cuestionó la peliazul, conteniendo el aliento en espera de su respuesta.
Ranma parpadeó un par de veces y ladeó ligeramente la cabeza para continuar evaluando su rostro.
—Creí que ese golpe te haría lucir hermosa como Calamardo en uno de los capítulos de Bob Esponja que ví ayer, pero... te sigues viendo exactamente igual que antes.
Cuando Akane comprendió el comentario de Ranma, la preocupación que se había insertado en su rostro se fue convirtiendo lentamente en completa ira.
— ¿Me acabas de llamar fea?
Ranma apartó la vista de la mujer y miró nervioso hacia la pared del baño.
—Siendo sincero, no pensé que captarías la referencia.
Akane formó sus manos en puños y comenzó a alejarse del hombre.
—¡Eres un idiota! —exclamó enfurecida antes de caminar hacia la entrada de la habitación y azotar la puerta al salir.
Ranma suspiró y miró con molestia hacia su abultada entrepierna que aún se ocultaba con la cortina.
"Gracias por tu inapropiada aparición mini-Ranma... Por tu culpa tuve que hacer que Akane me odie para que no notara tu presencia" pensó afligido mientras se quitaba la cortina del cuerpo y abría a la regadera para ducharse de nuevo. Solo que esta vez lo haría con agua fría.
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¡Hola!
Gracias por todos sus mensajes y sus comentarios para que continúe con la historia. No tienen idea de lo feliz que me hace cuando me llega la notificación. ( ꈍᴗꈍ)
Por otro lado, he notado que hay muchos fieles y nuevos lectores, así que quería enviarles un especial (y muy atrasado mensaje):
¡Muchas gracias por apoyar y regalarle a esta (y a mis otras historias) un poco de su tiempo a lo largo del 2022! ( ಥ‿ಥ ) Espero que este año continuemos juntos a través de la lectura.
¡Les envío un fuerte abrazo!
Soy Tóxo Kai Bélos y... ¡Nos leemos pronto!
