Ya estaba anocheciendo. Una extraña hora para despertar. Miro alrededor, buscando a alguien conocido, pero a nadie encontró. Ya no estaba en la posada en la que se encontraban, la última vez que despertó. Se preguntó si ya estarían en Londres. Se levantó de la cama en donde se encontraba, se dirigió hacia la puerta. Miró la habitación. Tenía el aire de antiguo calabozo, pero amueblado, como si alguien pudiese vivir allí. No había ventanas en ningún lado, lo que le hizo suponer que estaba bajo tierra. Extraño lugar. Al pasar frente al espejo, notó que ya no tenía su ropa, sino unos pantalones cortos verde limón, junto con una franela sin mangas color blanco. Se preguntó donde podía estar Heinkel, así salió a buscarlo. Movió la pesada puerta de metal, y salió al oscuro y húmedo pasillo, para buscarlo. Pero por más que miraba, no lograba encontrarlo. De improviso, tuvo la sensación de que le observaban, pero, a su alrededor, no había nadie. Pronto, escuchó pasos pausados, pero que caminaban hacia donde se encontraba. Los vellos de su nuca se erizaron. Eso no le daba buena espina, caminó rápidamente hacia el pasillo, pero al poco tiempo se encontró corriendo, hasta que al final del pasillo, vio una puerta, por la cual se lanzó al instante, cayendo al suelo de una suntuosa sala.
Se incorporó de inmediato. El lugar estaba bastante sombrío como para ser una base militar, pero con el suficiente decorado como para ser una sala de espera. Frente a la puerta principal, se alzaban amplias escaleras que conducían a los pisos superiores, y por las cuales bajaba un mayordomo de aspecto ingles, con una coleta de caballo, y en la mano izquierda una bandeja con una taza caliente y una azucarera.
- ¡Ah! Ya a despertado señorita- Dijo el mayordomo dirigiéndose a ella- ¿Cómo se siente?
- Bien, eso creo- Dijo ella con cierta timidez- ¿Dónde está Heinkel?
- ¿Quién?- Dijo él, confuso.
- Heinkel. El muchacho que venía conmigo.
- Creo que usted todavía está un poco confundida- Dijo él, mientras la conducía hacía la habitación- Tómese esta taza de té caliente, que yo volveré en un rato…
- ¿Y yo que debo hacer mientras tanto?
- Descanse…
Y cerró la puerta. Escuchó los pasos alejarse por el pasillo, en dirección a la puerta nuevamente. Ignoraba en que lugar estaba o en que manos había caído, pero era mejor estar preparada. Miró en derredor y encontró el bolso con sus cosas. Tomó la COLD MK Stacticallii-1911, que siempre cargaba con ella y se apeó cerca de la puerta, en espera de que alguien llegara.
Nuevamente se escucharon pasos por el pasillo y volvió a tener esa extraña sensación en la nuca. Los pasos se acercaban a la puerta, pero ella estaba lista, no tenía nada que perder, y mucho que ganar, si en dado caso la atacaban, así que se dispuso.
La puerta se abrió…
¡BOOM!
Sonó un disparo…
Alguien había caído al piso…
Miró de nuevo hacia la puerta. ¡Maldita puntería! Había fallado de nuevo. En el suelo, sentada en las rodillas justo en el marco de la puerta, se encontraba una chica; rubia, con uniforme de pantalón corto y camisa ceñida de color azul, junto con botas gruesas. Lo que más destacaba era sus ojos rojos. Ella no era humana. Se echó hacia atrás, mientras la chica, aún la miraba desconcertada.
- Oye, Oye, Cálmate- Exclamó la vampira- No estás en peligro.
- Si no lo estoy, entonces responderás a lo que te pregunte, ¿Cierto?
- Claro. Si es que puedo. Pregunta lo que quieras.
- 1era pregunta: ¿Dónde estoy?
- En los cuarteles generales de la Organización Hellsing.
- 2da pregunta: ¿Dónde está Heinkel?
- Si te refieres al muchacho con quien venías, ya se fue. Dijo que ya había cumplido su promesa de traerte a Londres, y que no tenía nada más que hacer aquí. Pero dijo que en cuanto despertaras, te dijera que estabas en buenas manos, pero que se volverían a ver.
- Entiendo. 3era pregunta: ¿Cómo te llamas?- Dijo ella suavizando su expresión, y tendiéndole la mano para que se levantara.
- Ceres, Victoria.
- Mucho gusto Victoria. Yo me llamo…
- Ángel. Ya lo sabía- Dijo ella con familiaridad
Ella la miró desconfiada. Victoria solo suspiró.
- ¿Te lo dijo Heinkel?- Preguntó Ángel
- No. Lo encontré en esto- Dijo lanzándole el relicario- Si me necesitas, estaré en el campo de entrenamiento.
- Seguro- Dijo Ángel con la mirada perdida
- Como quieras- Dijo Victoria, acercándose a la puerta.
- Espera- Dijo Ángel de repente
- ¿Qué sucede?
- ¿Dónde está el campo de entrenamiento?
- Pregúntaselo a Walter. El Mayordomo.- Dijo, mientras salía de la habitación.
Ángel tomó el relicario, y se sentó sobre la cama, observándolo. Por primera vez en mucho tiempo, Heinkel la había dejado sola. Creo que empezaba a darse cuenta de que ahora ella estaba empezando a depender de él. Sonrió para sí. Después de todo, él había cumplido su promesa, y no podía culparlo. Lo extrañaría, si, pero se volverían a ver, y eso no lo dudaba. Sonrió nuevamente. Ya se las pagaría cuando se vieran. Pero ahora tenía que concentrarse en la misión que la había traído a Londres: Buscar a Arucard.
En ese momento, volvió tener la sensación de que la observaban. Miro en derredor y no vio a nadie. Su mirada entonces se mantuvo fija en la pared que tenía en frente, en la que poco a poco, se fue materializando un hombre con casaca y sombrero rojo sangre y gafas con cristales rojos igualmente. Con paso decidido, se acercó a Ángel, quien no retrocedió en lo más mínimo, tomó una silla que había cerca de la cama, y sentó, observándola fijamente.
- Veo que no estamos tratando con una basura de Millenium- Dijo burlonamente.
Ella, que había tenido, aún su arma levantada, la bajó lentamente.
- Pues no- Dijo ella, orgullosa- Ya vez que se, perfectamente, cazar basuras de tu tipo.
- No lo dudo- Dijo el sonriente, mostrando uno de sus colmillos- Pero no sabes con quien estas tratando.
- ¿Estás seguro?- Dijo ella, misteriosamente
- Ya lo veremos- Dijo él, mientras se quitaba el sombrero y las gafas.
Ella miró sus ojos, color rojo sangre con cierta nostalgia. Vio en su mente, oscuros y profundos abismos, y decidió arriesgarse con ellos.
- Verás entonces, pronto, lo buena que puedo ser- Dijo sonriendo
- Pronto, muy pronto.- Dijo él, mirándola a los ojos, directamente.
Ambos sostuvieron la mirada por varios segundos, pero fue Ángel quien la desvió primero.
- Si me disculpas, tengo cosas que hacer- Dijo el vampiro, mientras desaparecía entre las sombras.
Reapareció en la oficina de Integra, quien al parecer, ya lo esperaba. Esta sentada en su escritorio, con montones de papeles sobre su el, y miraba al vampiro fijamente.
- ¿Qué opinas?- Le preguntó Integra
- Si hablas de la chica, no está nada mal. Podría enseñarle uno o dos trucos, pero sabe a que se enfrenta.
- ¿Sabes que hace aquí?
- Lo ignoro, todavía- Dijo haciendo énfasis en la última palabra.
Sir Integra se levantó, y miró por la enorme ventana de su oficina. El vampiro, inmediatamente se colocó a su lado.
- ¿En que piensas?- le preguntó.
Esperaba una respuesta fría y gélida. Pero se equivocó.
- ¿Crees que esté haciendo lo correcto? Digo, con respecto a Maxwell y la compañía de los "Gansos salvajes"
- Usted es el amo. La decisión el suya- Dijo él, aunque no sin sorprenderse.
Pero aún la sorpresas no habían terminado, pues en ese momento Integra tiró de la corbata del vampiro y le arrastró hacia sí.
- Por lo menos, de esto estoy segura- Dijo ella sonriendo, por primera vez desde hacía mucho tiempo.
Y rodeándole el cuello con lo brazos lo besó. El vampiro, aunque sorprendido por su actitud, no tardó en devolverle el beso. El la tomó por debajo de los brazos y la cargó hasta sentarla en su escritorio. El siguió besándola, cada vez más intensamente y, ella lo besaba a él también. Sus lenguas se juntaban, se sentían, se cubrían… se amaban. Ella tomó su pin de plata que tenía en la corbata y se lo quitó, ya que sabía que él, no podía tocarlo. El se quitó su sombrero y lo puso a un lado del escritorio de Integra (al lado del pin). Ella deslizó sus brazos hasta su espalda bien torneada y le despojó de la casaca roja, que cayó al piso junto a la suya. El vampiro se separó de ella y se miraron unos segundos, y él siguió besándola por la comisura de los labios y empezó a bajar. Integra intentaba con todas sus fuerzas no soltar ningún gemido o suspiro, pero se estremecía al sentir los labios del vampiro bajando hasta tocar su gargantada y abrió los ojos, sintió como comenzaba a besarla. Jugaba con su cuello, lo mordía y, después los suavizaba lamiéndolo hasta que dejó una visible marca roja. Él comenzó a desabrochar levemente la camisa de su amante con los dientes, hasta que esta caía al suelo, mientras que ella aferraba a él.
Corrió un poco el primer tirante del camisón y siguió jugando con su hombro, jamás imaginó que la piel de Integra fuera tan sabrosa. Ella enroscó sus finos dedos en el cabello negro de él y soltó un gemido mezclando con su nombre.
De su hombro, siguió la clavícula y también la mordió juguetonamente. Sintió como se ponía tensa al ver como bajaba hacia el nacimiento de sus senos, por lo tanto; se detuvo. Luego la tomó entre sus brazos y la cargó. Pero ella se safó del abrazo.
- Este no es el mejor momento- Dijo ella separándose de él, aunque se notaba que lamentaba que tuvieran que separarse.
- Como usted diga- Dijo él
Ella se acercó nuevamente y depositó otro fugaz beso en sus labios y volvió a sentarse detrás de su escritorio. Él volvió a tomar su lugar frente a él.
- Ya puedes retirarte- Dijo Sir Integra, haciendo un gesto con la mano y concentrándose nuevamente en la gran cantidad de trabajo que tenía al frente.
- Como tu lo desees, Mi Ama- Dijo él, desapareciendo en la oscuridad.
En ese momento notó, que quien estaba desapareciendo no era él, sino la habitación. Confundido, se vio envuelto en un remolino de imágenes y colores que le mostraban lo que había sucedido hace pocos minutos y se detuvo en la imagen en la cual, él aún se encontraba en la habitación de la chica nueva; mirándose a los ojos, fijamente. Y al notarlo nuevamente, se encontraba en la misma habitación, pero la chica que le devolvía la mirada en ese momento, no era la misma que había estado allí antes.
Había cambiado los pantalones verde limón y la camiseta blanca, por una falda negra plisada con botas altas hasta la rodilla y una camiseta al cuello con una cruz roja y una chaqueta con mangas largas del mismo color. Ahora su cabello color miel, no parecía un revoltijo como hace pocos minutos, sino ahora lo tenía peinado y grafilado hasta el cuello, adornado con una boina negra. Los ojos, miel también, le devolvían la mirada con expresión divertida.
- ¿Te ha gustado lo que viste?- Preguntó.
Tenía que admitir que lo habían pillado por sorpresa, así que solo se limitó a sonreír maliciosamente.
- Parece que tienes un truco o dos bajo la manga- Dijo complacido- Pero se requiere de mucha concentración para controlar así las mentes de las personas.
- Digamos que es una habilidad de nacimiento- Dijo ella sonriente- Ahora si me disculpas, voy al campo de entrenamiento.
Tomó su arma, que ahora estaba sobre la cama, y salió de la habitación.
- No es mala- Pensó el vampiro para si mismo- Pero aún le queda mucho por aprender- se dijo mientras desaparecía entre las sombras.
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- Sr. Walter, ¿Podría decirme donde está el campo de entrenamiento?
Walter se sorprendió al notar el cambio. De hace unos pocos minutos, ver a una chica débil y enfermiza, convertirse en una tigresa. Con cordialidad se acercó a ella y le indicó la puerta:
- Siguiendo esta caminería, ya hacia el final encontrará el campo de entrenamiento. No puede perderse, pero si lo hace, guíese por los sonidos de disparos srta.…
- Ángel. Ángel Night. Pero dígame solamente Ángel.
- Como prefiera. Walter C. Dorn, a su servicio- Dijo mientras desaparecía escaleras arriba
Ella salió afuera y vio como el sol se iba ocultando lentamente al final del sendero por donde caminaba. Escucho voces, risas, y disparos. Esto le traía viejos recuerdos, así que se apresuró. Al llegar, vio a los mercenarios en la entrada del laberinto, mientras que Victoria trataba de explicarles, aunque un poco confundida, lo que debían hacer. Rió por lo bajo. Alguien tenía que darles a los mercenarios una lección de cómo se trabajaba. Sigilosamente se acercó hasta el lugar donde estaba Victoria y gritó de repente:
- ¿Y porque no nos enseña usted, profesora, como se hacen esta clase de trabajos?
Victoria se sobresaltó al notar la presencia de la chica y los mercenarios voltearon al instante para localizar de donde provenía esa voz.
Ángel se acercó a Victoria y le pasó un brazo alrededor del hombro:
- ¿No crees que deberíamos enseñarles como se trabaja?- Dijo arqueando la ceja
- Bueno, a decir verdad… -Dijo ella dubita.
- ¡Vamos a demostrarle como tratar con Ghouls!- Dijo ella decidida
Se acercó entonces al mercenario que estaba más cerca de la puerta, y que resultó ser Pip, y le murmuró algo al oído. Este al principio pareció no gustarle la idea, pero luego cambió de parecer. Se apeó a la puerta y esperó pacientemente.
Ángel se acercó a Victoria y le dijo que preparara el campo, mientras ella cargaba su Halkonen. Cuando regresó ambas estaban listas para la "demostración". Victoria le ofreció una AK-47, pero ella la rechazó mostrándole su COLD MK Stacticallii-1911. Victoria se apeó de la puerta, apoyando la espalda contra la pared, mientras que Ángel les hablaba a los mercenarios:
- Compañía de los "Gansos Salvajes"- Exclamó- ahora van a ver como exterminan Ghouls, las personas capacitadas, preparadas y bien entrenadas por la Oficial Ceres- Victoria se sonrojó levemente- Presten atención a cada uno de nuestros movimientos, pueden aprender mucho. El Capitán Bernardotte- Este se sorprendió al escuchar su nombre- Se ha ofrecido a vigilar el entrenamiento y ver que todo se haga como es debido. Ahora quiero tres vítores para la oficial Ceres, y ¡Prepárense para la acción!
Los mercenarios vitorearon a Victoria y también a Ángel. Ambas colocaron la espalda contra la pared y apoyadas por los vítores de los mercenarios, entraron.
A los 10 minutos de haber entrado, salió Ángel, perfectamente limpia y sin rastro de fatiga, y tras ella, y Victoria, que cargaba su Halkonen, y la camiseta manchada de sangre, pero con una expresión bastante alegre.
- ¿Cuanto nos hemos tardado, oficial Bernardotte?- Preguntó intrigada.
- Uno 10 minutos con 7.4 segundos. Todo un record…
Los mercenarios las vitorearon. Ángel se limitó a apoyarse sobre la pared, mientras Victoria, quien estaba levemente sonrojada, recibía los vítores.
- Ahora mis amigos, es hora de celebrar- Dijo Ángel.
Todos vitorearon la idea y se fueron a buscar algunas botellas. Victoria mientras tanto, se dirigía de nuevo a la mansión. Ángel, quien lo había notado, le hizo una seña a Pip, y ambos le pasaron una mano por los hombros.
- Bueno, nosotros también debemos celebrar de alguna forma- Le dijo Ángel a Victoria.
- Ella tiene razón mignonette. ¿Qué tal si salimos a la ciudad?- Dijo Pip
- Excelente idea oficial Bernardotte- Le dijo Ángel- ¿Qué tal al bar de moda?
Victoria al ver que no podría safarse de esta, solo suspiró y asintió con la cabeza., mientras que, tras su espalda, Ángel y Pip chocaban sus manos.
Pip las acompañó hasta la entrada de la mansión, y allí ellas siguieron hacia sus habitaciones. Victoria entró a su habitación a quitarse las ropas manchadas de sangre, mientras Ángel entró en el suyo solo a descansar.
Se quitó su chaqueta, se recostó sobre su cama y miró al techo, relajada. En ese momento, volvió a sentir la presencia de alguien más.
- Sal ya. No estoy de humor ahora- Le dijo Ángel.
La casaca y los lentes rojos del vampiro antiguo, fueron materializándose en la oscuridad.
- Fue bueno el truco que le hiciste a la Chica policía- Le dijo este.
- ¿De que hablas?
El solo sonrió maliciosamente.
- Está bien. Lo admito- Dijo Ángel sonriendo para si misma- Pero ha servido para darle confianza, al menos por el momento.
- Todavía no se ha tomado muy enserio su condición inhumana.
- Lo suponía. Se nota que no tiene mucho tiempo convertida, así que decidí ayudarle un poco.
- Si lo nota, no será muy bueno para ti.
- No te preocupes, no lo averiguará muy pronto.
Rió para si misma nuevamente. Victoria le recordaba un poco a ella, por eso había decidido ayudarla. Ella iba a ser el Heinkel de su historia. Cerró los ojos, y recordó los momentos que habían pasado juntos, entrenando y cazando, y una leve sonrisa se asomó en sus labios. Al levantarse de la cama nuevamente, el vampiro ya no estaba. Tomó su chaqueta nuevamente y se acercó al picaporte de la puerta. Miró nuevamente alrededor del cuarto y se sonrió. Se puso su relicario y salió de la habitación sigilosamente, mientras unos ojos rojos, le seguían en la oscuridad.
