Cuando volvió a despertar, aún se encontraba en la habitación del vampiro antiguo. Por suerte, no había tenido pesadillas, lo que la hacía levantarse de muy buen humor. Mientras se estiraba, empezó a escuchar ruidos, provenientes de su espalda y al girarse se encontró cara a cara con Heinkel.

Se incorporó bruscamente, pues no se esperaba la presencia del chico en Hellsing:

- ¿Qué haces aquí?- Preguntó Ella

- ¿Acaso no puedo venir a visitarte?- Dijo él sonriendo con malicia, mientras se quitaba los lentes

- Si, Como no.

- ¿Y como va tu vida aquí? ¿Alguna nueva conquista?- Dijo él picaramente

- ¡Hey! ¿Cómo…? Olvídalo- Dijo ella al fin, suspirando

- ¿Eso significa que si hay alguien? ¿O me equivoco?

- Bueno… bueno… si hay alguien- Dijo ella sonrojándose

- ¿Quién es? ¿No me digas que el rubio que cuida la entrada?

- ¡NO! Por supuesto que no!

- ¿Entonces…? ¡Ah! ¡Ya se quien es! Es el de la casaca roja, ¿No es cierto?

Ángel se sonrojó violentamente.

- Lo sabía. Eres demasiado romántica. El misterio será tu perdición.

- Tu no te metas en esto, ¿Me oíste?- Dijo ella empujándolo, lo que ocasionó que él cayera sobre la cama.

- De acuerdo- Dijo el sonriendo, pero luego adoptó una expresión más sombría- Pero recuerda que no has venido a Londres a jugar. ¿Cómo va tu búsqueda?

- Bien… Supongo.

- ¿No has hecho nada todavía?- Dijo él, con una mirada reprobatoria, mientras se levantaba.

- ¡Es que no se por donde empezar!- Dijo ella, justificándose- Aunque pienso que Hellsing es un buen comienzo. Ya que se dedica a cazar vampiros, en algún momento me toparé con ese bastardo.

- Buen uso de la lógica. Te felicito. Por una vez estás usando esa cabezota- Dijo, tomándola por la cabeza y despeinando su cabello.

- Ya suéltame- Dijo quitándoselo de encima- Todavía no he olvidado como me dejaste aquí, si más.

- Tenía que hacerlo. Estabas mal herida. Además, tenías que cumplir tu misión.

- Pensé que te habías ido de Londres- Dijo ella, mientras su voz temblaba- que me habías dejado sola y me habías olvidado- En ese momento, se aferró a su regazo, mientras intentaba aguantar las lágrimas.

- Jamás te olvidaría- Dijo él, con voz casi dulce, mientras acariciaba su cabello- ¿Cómo podría? ¿Realmente crees que podría olvidarme de una latosa como tú?- Dijo burlonamente

- Hey, no te aproveches de la situación- Dijo ella, mientras se limpiaba las lágrimas y lo empujaba lejos de ella, riendo- Pero en fin, ¿Qué te trae por aquí?

- Pasaba por aquí- Decía mientras se estiraba- y decidí ver como seguías- Dijo mirándola con un solo ojo.

Ella enarcó una ceja. Obviamente era una mentira.

-¡Oh! De acuerdo- Dijo el muchacho, viéndose descubierto- Necesito que me ayudes en una cacería.

- ¿Cacería?

- Si. Verás, tengo días persiguiendo a un sacerdote sicario, y esta noche voy a poder atraparlo. Lo que sucede es que se va reunir con una militar Nazi.

- Entiendo…

- Es por eso que pensé que te gustaría tener un poco de "acción". Para recordar viejos tiempos.

- Sabes que estoy más que dispuesta, pero… ¿Qué voy a hacer con Sir Integra?

- No lo se. Dile que saldrás de cacería con una amigo, y ya.

- ¿Estas loco? Me mataría. Ni siquiera deja salir de cacería a los dos que tiene bajo su mando, menos a mí.

- Bueno, entonces inventa algo. Siempre lo has hecho. Dile que saldrás a visitar a alguien o algo así. No tiene que saber la verdad- Le dijo con picardía.

- Bueno… Lo haré- Dijo al fin, resignada- Pero esta vez será la última. Te lo advierto, Heinkel.

- Si, si, lo que digas- Dijo él, burlonamente- Pero si yo fuera tú, pensaría en algo rápido, porque vienen a buscarte…

- ¿Qué? ¿Cómo…?

- Mejor apresúrate. Nos veremos a las 12, en el extremo sur del puente al lado del Big Ben.

- De acuerdo. Pero vete, ¡Pronto!

Él volvió a colocarse los lentes, y se fue.

Al minuto siguiente, Victoria había abierto la puerta de la habitación:

- ¿Con quien hablabas?- Preguntó Victoria

- ¿Quién? ¿Yo? Seguramente estas oyendo cosas…- Dijo mientras sonreía forzadamente.

- Puede ser. Walter quiso que te avisara, que Sir Integra te quiere en su oficina. Ahora.

- Dile a Walter que iré enseguida

- Muy bien. Como quieras- Dijo Victoria mientras cerraba la puerta.

Ella se tiró en la cama nuevamente. Miró al techo y comenzó a pensar. Recordó su misión. Ella tenía que buscar a Arucard, pero con la cantidad de cosas que estaban sucediendo en Hellsing últimamente, no le quedaría mucho tiempo. Aunque, como ya le había dicho al muchacho, cabía la posibilidad de que se encontraran, y entonces ella cumpliría su destino y lo mataría. También pensó en la visita de Heinkel. Él no solía hacer ese tipo de cosas. Definitivamente la situación tenía que ameritarlo, pues el solo solía llevarla de "cacería", cuando necesitaba ayuda. Sonrió divertida. Iría con Heinkel a disfrutar su última noche de "acción". Ya pensaría después que le diría a Sir Integra…

Se levantó de la cama, tomó su chaqueta, y salió de la habitación.

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Se oyeron pasos en el corredor. Alguien tocó la puerta.

- Adelante - Respondió una voz gélida.

Integra levantó la mirada y vio como Ángel entraba en su despacho. Le indicó una silla frente a su escritorio, y ella se sentó.

- Hicieron un buen trabajo anoche…

- Fue sencillo- Dijo Ángel quitándole importancia co un gesto de la mano.

- … Pero me temo que no será el último.

Ángel la miró intrigada.

- En la cinta que trajiste anoche, se les informaba a los Ghouls que mataron, que debían darle captura esa noche a Sir Wright, y que así darían inicio a un plan para capturar a todos los miembros. Intuyo que piensan transformarlos en Ghouls, ya que hablaron de un chip maestro que uno de sus espías les llevaría pronto y que les permitiría completar su plan.

- ¿Y que desea que yo haga al respecto, Sir Integra?

- Deberás averiguar en que orden pretenden atacar los Ghouls a los miembros de la mesa redonda, y si es necesario, les pondremos sobre aviso. Tienes 3 días.

- ¿Y que le hace suponer que yo puedo hacer ese trabajo?

- Se diferenciar a alguien sin habilidades- En ese momento pensó en Ceres- de alguien que puede apañárselas solo.

- Preferiría que no fuese sola. Preferiría que Victoria me acompañara.

- Solo sería un estorbo. Necesito ese informe en 3 días.

- Sir Integra – Dijo ella levantándose y acercándose al escritorio con paso decidido- Ella está en un entrenamiento a cargo de mi persona, y considero necesario que me acompañe para completarlo.

Integra enarcó una ceja.

- Además – Dijo ella colocando ambas manos sobre el escritorio- Considero que para la organización Hellsing, sería más útil, el tener 2 vampiros fuertes, en lugar de uno solo.

Integra la miró intrigada. ¿Acaso eso significaría que ella no era un vampiro?

- Ahora Sir Integra, me retiro, ya que tengo deberes que cumplir esta noche.

- El primer lugar donde debes comenzar…- Comenzó a decir Integra, pero Ángel la interrumpió

- Sir Integra, esta noche no podré satisfacer sus deseos con respecto a la misión, debo salir de cacería

- ¿Cacería?- Dijo Integra frunciendo el ceño, y mirándola por encima de sus lentes

- Si señora. Debo ir con un viejo amigo a una cacería en la cual me ha solicitado ayuda

- Te prohíbo que salgas de cacería, si quieres seguir viviendo en esta casa- Dijo Integra de repente, levantándose de su escritorio.

- Le informo de mis acciones solamente, Sir Hellsing, más no pido su consentimiento. Pero si recibe informes por mi causa, estará en todo su derecho de hacer conmigo lo que quiera - Dijo Ángel, mientras salía del despacho.

Integra se sentó nuevamente, sorprendida. Nadie se había atrevido a desobedecer una de sus órdenes, nunca. Definitivamente esa chica tenía carácter. Como ella bien había dicho, si recibía un informe, le ordenaría a Arucard, llenarle la boca de plata. Tal vez, no iba de cacería, en el sentido estricto de la palabra. De todas maneras, ya mañana se averiguaría lo sucedió, pero mientras tanto, debía mantenerla vigilada…

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- ¿A dónde vas?- Le preguntó Victoria

Ella ladeó la cabeza para mirarla a los ojos con severidad.

- De cacería- Le respondió con seriedad

- ¿Cacería?- No le parecía que alguien como Ángel, fuese adicto a las masacres.

- Regresaré muy tarde así que debes dormir pronto, pues mañana debemos salir de misión

- ¿Qué haremos?

- Sir Integra ordenó que le siguiéramos la pista los Ghouls de ayer, ya que planean atrapar al resto de los miembros de la mesa redonda.

- ¿No puedes posponer la cacería para después?- Le rogó ella

- No - Dijo Ángel en tono cortante

Tomó los lentes oscuros que había sobre la mesa de noche y salió de la habitación.

En la sala encontró con el vampiro antiguo, recostado de la pared de las escaleras.

- ¿No tienes nada que hacer esta noche?- Le dijo ella

Él levantó la mirada del suelo. Esa noche se veía diferente. No como en la mañana, cuando parecía una adolescente infantil y sin ninguna preocupación. Ahora sus ojos eran levemente rojizos y tenía una mirada penetrante con expresión muy seria. Tenía puestos pantalones negros anchos con botas gruesas de cuero, una camisa blanca que degradaba el blanco hasta el rojo, y sobre todo esto, una chaqueta de gabardina negra, que le llegaba hasta la rodilla y tenía largas mangas que terminaban en las manos de la chica, que sostenían 2 pistolas. Definitivamente, aquel cambio le favorecía, y mucho.

- A Integra no le ha hecho mucha gracia lo de la cacería- Le dijo él en tono burlón.

- Lo sé- Le respondió ella- Pero debo hacerlo

- No sería bueno que salieras sola

- No estoy sola- Dijo ella, mientras le sonreía- O al menos no lo estaré por mucho tiempo.

- Te harán buena compañía- Le dijo el vampiro, mientras señalaba las pistolas.

- Colt-1900. Una de mis favoritas- Dijo ella mientras se dirigía a la puerta.

- No llegues tarde- Dijo el burlonamente- El sol no es tu mejor amigo.

- El sol no me preocupa- Dijo ella riendo- Lo que me preocupa es que dirá Sir Integra cuando llegue al amanecer.

Lo miró nuevamente, se puso los lentes oscuros y salió.

Caminó hasta llegar al puente indicado por Heinkel. Faltaba poco para las 12. En ese momento lo vio aproximarse desde el otro lado del puente hacia donde ella se encontraba.

- ¿Lista?- Dijo él, mientras le sonreía irónicamente.

- Vamos- Dijo ella, devolviéndole la misma sonrisa.

Caminaron juntos varias cuadras, hasta llegar a los muelles, de la barrera del Támesis. Allí, Heinkel comenzó a contar depósitos, hasta llegar al numero 13. Allí abrió la puerta con cautela, y ambos entraron. Se sentaron, escondidos detrás de un cargamento, y comenzaron a esperar. 12:15… 12:30… 12:45… 1:00…1:30

- ¿Estás seguro de que es aquí?- Dijo al fin Ángel, cansada de esperar

- Seguro. No se porque se han tardado tanto.

En ese momento, una luz iluminó el depósito. Alguien había abierto la puerta. Un hombre rubio, con lentes y ojos verdes, envuelto en una gruesa chaqueta gris con alzacuello blanco y un crucifijo de plata, entró, seguido de una chica esbelta, de cabello negro muy largo en una larga trenza y ojos violetas, tras las enormes gafas. Vestía un uniforme militar Nazi, color verde, y en la mano tenía un imponente rifle. Al entrar ambos, el rubio cerró la puerta y la chica encendió la luz. Ambos se dirigieron a unas cajas que estaban en el fondo del depósito.

- Muy bien. Es ahora o nunca- Dijo Ángel, mientras intentaba ponerse en pie, pero Heinkel, con delicadeza, la hizo sentar otra vez

- Muchas veces hemos hablado del elemento sorpresivo, el cual será muy imperante ahora. No te apresures.

- ¿Qué sugieres, entonces?

- Yo trataré de subir a la segunda planta del depósito. Y cuando veas mi señal, ataca a la militar, que yo me encargaré del sicario.

- Entendido.

Heinkel caminó oculto por las imponentes cajas, hasta llegar a las escaleras que conducían al segundo piso. Al intentar subir sigilosamente, las escaleras chirriaron, porque estaban oxidadas. Ambos, sicario y militar, miraron en dirección al ruido, pero Heinkel ya no se encontraba allí. Ángel suspiró aliviada. Definitivamente ese chico debía ser más cuidadoso.

En ese momento, al mirar al techo, vio un ligero destello. Esa era su señal. Con cautela se acercó a la chica, y saltó tras de ella y le colocó la pistola en la cabeza, pero cuando se disponía a disparar, una bayoneta le atravesó el brazo. Volteó y vio al sicario con otras dos bayonetas en la mano, una sonrisa maniaca y dispuesto a atacarla nuevamente. En ese momento, sintió la punta del rifle en su espalda. Heinkel, ayúdame, pensó ella. Pero sabía que ya no tenía salvación posible. Cuando sintió el gatillo, apunto de dispara, saltó ágilmente, de manera que el balazo le dio en la frente al sicario.

- Uno menos. Falta otro.- Dijo ella con superioridad

Pero se equivocaba. El sicario volteó a verla. La bala en su frente ya no estaba y la herida se estaba cerrando.

- Un regenerador… No me lo esperaba…- Dijo sonriendo con malicia

El sicario corrió a su encuentro, y ella hacia él, al mismo tiempo. Él Le lanzó una bayoneta, que se le encajó en el muslo izquierda, mientras que ella, le baleó tres veces en el hombro derecho. Ambos se miraban a los ojos, Ángel se quitó la bayoneta de la pierna con rudeza, mientras que las heridas del sicario se cerraban con lentitud.

- Si pudiera saber con quien tengo el honor…- Dijo Ángel socarronamente

- Paladín Alexander Anderson, Sección XIII del Vaticano

- Ángel Night

- Curioso nombre para alguien que está apunto de hundirse en las tinieblas- Dijo él, mientras nuevamente afloraba en sus labios, una sonrisa maniaca.

Se lanzó nuevamente al ataque. Ella se plantó frente a él, solo esperando. Pero de repente, el sicario que venía hacia ella, se transformó en gran cantidad de pergaminos en latín, que volaban a su alrededor. Ella aún sentía la presencia del sicario, así que se mantuvo atenta. Pero sintió la presencia de quien le lentamente se acercó por su espalda y le disparó de lleno. Ella escuchó la bala dirigirse hacia donde ella se encontraba y apenas tuvo tiempo para esquivar la bala, sin que esta siquiera le rozase.

- Son dos- Dijo ella sorprendida- Bueno… así será más interesante- dijo sonriendo descaradamente.

Saltó hasta llegar a las vigas del techo, donde se mantuvo un tiempo, mientras el sicario trataba de encontrarla, y cuando la vio se lanzó a su ataque, pero ella, saltando desde donde se encontraba, cayó detrás de la militar, y le disparó en la cabeza, cosa que ella esquivó fácilmente, y fue a parar al muslo del sicario. Al segundo siguiente, los brazos de aquella militar tenían atrapado su tórax:

- No eres tan hábil como crees- Murmuró en su oído- En especial cuando no tienes nadie que te ayude

En ese momento, se oyó algo que se rompía y, sorprendiendo a la militar, cayó Heinkel del techo, dándole suficiente tiempo a Ángel, para safarse de ella.

Ambos quedaron espalda con espalda y mirando cada uno a su debido contrincante.

- Pensé que no me ayudarías- Dijo ella malhumorada

- Bueno… Pero estoy aquí, ¿o No?- Dijo el chico, tratando de excusarse.

- ¿El sicario o la militar?

- La militar, sin dudar- Dijo el sonriendo cínicamente.

Ángel se lanzó contra el sicario nuevamente, mientras que Heinkel iba tras la militar. Ella intentaba dispararle, pero el muchacho le esquivaba con bastante facilidad. En un momento, se perdió de vista y la militar salió inmediatamente tras él, mientras Ángel y Anderson continuaban peleando.

Él y ella se lanzaban continuamente el uno contra el otro sin lograr hacerse gran cantidad de daño. De repente, el sicario se lanzó contra ella con decisión y ella le disparó en las piernas, pero él, aún así, siguió corriendo. Ella sonrió nuevamente de manera descarada y corrió al encuentro del sicario. Se acercó lo suficiente y el sicario intentó rebanarle el cuello con las bayonetas, pero ella, saltó a su espalada, creyendo que con ello lo había esquivado, pero se equivocó. Unos fuertes brazos la tomaron por los hombros, inmovilizándola. Ella trató de safarse, pero en ese momento, dos bayonetas se clavaron en sus muñecas y al mismo tiempo la clavaron a la pared del depósito., luego dos bayonetas más, atravesaron sus rodillas, dejándola completamente inmóvil. Forcejeó para soltarse, pero al poco tiempo cesó, ya que el forcejeo terminaría destrozando sus articulaciones. Entonces gritó:

- ¡Cobarde! ¿Porque no te muestras? ¿O acaso le tienes miedo a una mujer?

Poco a poco, de las sombras del cargamento, fue saliendo la figura de un muchacho alto, con gafas y chaqueta gruesa. Era Heinkel.

- ¿Tú?- Dijo ella, casi en Shock- ¿Cómo pudiste…?

- No empieces nuevamente con esto Ángel- Dijo él en tono irónico

- ¡No puedo crees que me hayas hecho esto! ¡Y yo que confié en ti por tanto tiempo!

- Cierto. Fue una buena actuación, ¿No lo crees así?- Dijo el riendo

Ella lo miraba furiosa. Sus ojos, antes levemente rojizos, habían tomado un color rojo muy intenso, como el fuego y la sangre.

- ¿Por qué lo hiciste Heinkel? ¿Por qué?

- Digamos que tuve mis razones- Dijo el sonriendo con superioridad, mientras que, con el dedo índice, señalaba su sien.

El Paladín, quien también se había mantenido oculto, salió hacia la luz, nuevamente.

- Contigo he cumplido mi palabra- Le dijo Heinkel al sacerdote- Y luego de ofrecerte un rival digno, le verás morir con toda la indignidad de una carroña como su tipo.

- ¿O sea que ya habías planeado todo? ¿Todo el tiempo fue una trampa?

- Todo el tiempo. Pero tenía que encontrar una forma de atraerte. Y esta resultó una muy buena- Dijo mientras se acercaba a ella, lentamente.

Le quitó los lentes con descaro, con lo que sus ojos sangrientos quedaron al descubierto. Y el también se quitó los suyos. Luego se acercó a su rostro lentamente, con una expresión de lujuria, pero Ángel, sabiendo lo que él pretendía hacerle, volteó el rostro y no se dejó hacer.

- Pensé que no querrías morir sin sentir un último beso- Dijo riendo burlonamente- Pero eres demasiado orgullosa.

Ella ladeó la cabeza y lo miró directamente a los ojos. Así sostuvieron las miradas por varios segundos. Se transmitían mutuamente, el odio que ambos sentían.

- No me vengas con ese viejo truco de nuevo Ángel- Dijo él, desviando la mirada- Tú sabes que conmigo, ese truco no sirve.

- Ese tal vez no – Dijo ella, con descaro- Pero este sí.

Y haciendo presión con todo su cuerpo, tensó los músculos de sus muñecas y rodillas, lo que ocasionó que las bayonetas salieron volando de sus articulaciones y se estrellaran, donde antes estaba el Iscariote. Entonces, con furia ciega, se lanzó sobre Heinkel, con inmensas ganas de destazarle poco a poco. El muchacho la esquivó con facilidad, y ella se lanzó sobre él nuevamente, pero el Iscariote se interpuso entre ellos, atacando a Ángel nuevamente.

Ambos comenzaron a pelear de nuevo. Mientras que, la militar se dedicaba a apuntarle a Ángel. Esto había durado ya suficiente. Pero en ese momento, Heinkel se colocó entre ella y su blanco. La chica levantó la mirada perpleja.

- No la sigas protegiendo- Dijo con evidente molestia

- No lo hago- Dijo Heinkel sonriendo irónicamente- Pero no me gustaría que las cosas terminasen tan rápido.

- Tu sabrás- Dijo ella suspirando hondamente.

- Tranquilízate Rip,- le dijo el muchacho- ya llegará tu turno.

Mientras tanto, el Sicario y Ángel seguían peleando. Pero en un momento, Ángel se distrajo, y el sicario le clavó su bayoneta en el estomago. Un espasmo cruzó por el rostro de la chica. Se retorció contra su estomago y comenzó a gruñir y a agonizar por el dolor. El Sicario sonrió nuevamente de forma maniaca. Ángel tambaleante, poco a poco fue acercándose y en ese momento, levantó el rostro con una sonrisa de triunfo.

- ¿Creíste que esto me dañaría? ¿Supones que soy una criatura cualquiera?- Dijo sonriendo con superioridad- ¡Pues piénsalo dos veces!- Dijo mientras sacaba la bayoneta de su estomago y con un movimiento rápido, la clavaba en el cuerpo del sacerdote.

Este cayó al suelo, inmediatamente. Aún tenía la misma sonrisa macabra y sus ropas se teñían de rojo. Aún no estaba muerto y ella lo sabía.

En ese momento, Heinkel se retiró de la vista de la militar, quien, mientras Ángel se creía a salvó, le disparó con precisión. Pero en ese momento, brazo rojo, que terminaba en una mano enguantada, se atravesó en el camino, y atrapó la bala a medio vuelo.

Ángel se volteó a ver, y vio a su salvador: su vampiro de casaca roja. Heinkel estaba furioso.

- ¿Qué haces tú aquí?- Le gritó furioso- Esto no te concierne

- Lo que tenga que ver con Millenium me concierne a mí

- No me hagas reír

- Ve y dile a tu jefe que recuerde que ahora esta guerra es contra Hellsing

Corrió hacia donde se encontraba el muchacho, pero este, con un impresionante salto hacia atrás, desapareció de la vista. La militar ya había desaparecido. Y cuando volteó a ver el lugar donde se encontraba tendido el Iscariote, solo había retazos de pergamino por el suelo.

Se acercó a donde estaba Ángel.

- Te dije que no era buena idea que salieras sola.

- Que puedo decir, me confié un poco. ¿Regresamos?

- Con gusto.

Ella caminó hasta la puerta del depósito, la abrió, y con un gesto masculino, le hizo seña al vampiro para que saliera. El sonrió burlonamente y salió del depósito en pos de la chica. Ella caminó un par de pasos, pero en un momento, cayó obre una rodilla. Él se acercó y la ayudó a levantar.

- Parece que aún estoy un poco sensible- Dijo sonriendo, mientras traba de ocultar una expresión adolorida.

- Ya veo- Dijo él, mirándola.

Entonces, colocó el brazo de ella, alrededor de sus hombros, y con su brazo, rodeó su cintura.

- Así te será mucho más fácil- Dijo él, sonriéndole con ternura.

Ella se sonrojó. Era la primera vez que él le sonreía así. El notó el sonrojo y la aferró más hacia sí.

Caminaron en silencio, hasta llegar al puente del Támesis.

- No debía haberle hecho caso. No debí haber venido. Debí haber pospuesto la cacería como me dijo Victoria. Pero no- Dijo mientras reviraba sus ojos- era más importante Heinkel

- La próxima vez, entonces ¿Le harás caso a la chica policía?

- De ningún modo. Nadie me da ordenes- Dijo haciendo énfasis en la última frase.

- ¿Y que tal, Sir Integra?

- ¿Ella? Ella ya es otra historia.

- El vampiro antiguo sonrió en tono burlón.

- No puedo creer que Heinkel me haya traicionado así- Dijo Ángel, mientras su puño se crispaba.

- No te culpes. No puedes hacer nada.

- Es un traidor. Un traidor.

- Que el sea o no un traidor, no es tú culpa- Dijo él, mientras le tomaba la mano empuñada, y la bajaba, intentando relajarla.

- Lo se. Pero no puedo evitarlo. Algún día, mi venganza será muy dulce.

Arucard sonrió con malignidad. Pensar en que una chica que parecía tan inocente, estuviese pensando en una dulce venganza, le resultaba bastante irónico.

- No debí haber confiado en el nunca. Debí haberlo dejado morir.

- ¿Cómo lo conociste?- Dijo él, intentando no mostrarse curioso.

- En uno de mis viajes. Estaba poseído por un Cambiom.

Él la miró, pensativo.

- Un Cambiom es un pequeño demonio que no muestran signos de vida, hasta que cumple 7 años de edad, y escoge a un ser humano, para entrenarlo y hacerlo su sirviente. Normalmente estos demonios, son mas y amables y considerados con los seres humanos, que los de otras especies. Es extraño que lo estuviese poseyendo- Dijo él, pensativo.

- Lo se. Pero aún así lo ayude a deshacerse de él. Entonces nos volvimos compañeros, y me trajo hasta Londres.

- Entiendo

- Cuando lo conocí, aún era una Ancilla. Aún era joven. No soy un Antiguo como tú. Apenas unos 200 años.

¿200 años? Una chica tan bien entrenada, tan decidida, tan aguerrida, tan seductora y buena cazadora, y ¿Apenas tenía 200 años? Había estado demasiado tiempo aletargado, pensó el vampiro antiguo.

- Si, apenas 200 años- Dijo ella, mientras le sonreía.

Él también le sonrió. No había notado que estaba pensando en voz alta.

- ¿Y porque estabas peleando con el regenerador?- Preguntó él, tratando de cambiar el tema.

- No lo sé. Nunca antes lo había visto. Aunque sé que pertenece a Iscariote XIII.

- ¿Qué hacías allá, entonces?

- Heinkel me pidió ayuda para acabar con un sicario y una antigua Nazi, y cuando me di cuenta, ya me encontraba envuelta sin querer en aquel alboroto.

- Te aseguro que no será la última vez que te encuentres con el sicario.

- Lo supongo. Pero él no me preocupa. Pero ahora a quien busco es a Heinkel.

- ¿Y que hay de tu otra búsqueda?

- ¿Cuál?- Dijo Ángel, mientras intentaba hacerse la ignorante

- ¿Qué viniste a hacer a Londres entonces?

- De acuerdo. Vine a buscar a alguien aquí en Londres. Pero no te diré quien es.

- Tampoco iba a preguntártelo. No me gusta meterme en asuntos de mujeres- Dijo sonriendo con picardía.

- Ya puedo caminar- Dijo ella, de repente- Si quieres puedes soltarme

- Pero no quiero- Dijo acercándola más.

Ella se sonrojó. Habían estado tan entretenidos, que no se habían dado cuenta que estaban prontos a llegar a la Mansión Hellsing.

- Por cierto- Dijo ella, casualmente- ¿Sir Integra te envió, acaso?

- No era necesario. Un vampiro sabe cuando actuar.

- ¿Me estabas espiando?- Dijo ella, simulando enojarse.

- Jamás lo he insinuado- Dijo él, riendo.

Entonces ella, lo tomó por la corbata, y acercó su boca a su oído y le murmuró:

- No importa si me estabas espiando o si Sir Integra te envió. Ahora te debo una. Y te lo agradezco, mucho.

Y en ese momento, ante la mirada atónita del vampiro antiguo, Ángel lo besó. Esos labios tenían un sabor dulce y eran muy cálidos. Nunca había sentido un beso como aquel. A ella no le había importado si antes no se habían llevado bien, o si él estaba enamorado de Integra, ella lo había besado así, sin más. Él la aferró más contra sí, y con sus dos brazos rodeó su cintura, alzándola del suelo, y besándola con más pasión. Cuando se hizo evidente la falta de oxígeno, ambos se separaron a respirar. El la soltó y ella se separó un poco, en busca de más aire. Entonces lo miró, le sonrió con picardía, y corrió hasta la mansión, incitándole a seguirla.

Él se dispuso a seguirla, pero sintió la presencia de alguien a su espalda y se volteó, para encontrarse cara a cara con Heinkel.

- Que escena tan romántica, o debería decir, más absurda- Dijo él, riendo.

- Me imagino que fue más patético, cuando intentaste hacerlo tú- Dijo el vampiro sonriendo con superioridad

- Jajaja, lo que tu digas- Dijo sarcásticamente- Pero no creas que por haberla salvado esta vez, la próxima vez lo lograras. Ella pronto morirá.

- Si tú eres su enemigo, lo dudo mucho- Dijo él, riendo

En ese momento, Ángel, quien se había devuelto a buscar al vampiro, pudo oír las últimas palabras que Heinkel le decía:

- Ríe cuanto quieras, pero recuerda que el que ríe de último, ríe mejor, Nosferatu Arucard.

Y desapareció.

Arucard volteó, y vio a Ángel, con una mirada atónita, ante su reciente descubrimiento. Él intentó acercársele, pero ella se echó hacia atrás horrorizada. Y luego, con lágrimas en los ojos, se dio la vuelta y no dejó de correr, hasta que se encontró a salvo en la biblioteca de la mansión.

¿Porque estas cosas le sucedían a ella? ¿Por qué? Nunca lograba ser feliz. Y ahora que por fin había encontrado al amor de su vida, debía matarlo por su código de honor. La vida era injusta. SU vida era injusta. Eso fue lo que pensó Ángel, mientras, sentada tras de las puertas cerradas de la biblioteca, lloraba con inmensas lágrimas de amargura surcando su rostro.