Capitulo 7: Secretos…
Me disculpo por haber tardado tanto en escribir este capitulo, pero últimamente he tenido mucho trabajo, y es mas bien un milagro que lo haya podido escribir. Espero q guste pero también q dejen más reviews…
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Limpiando sus lágrimas con el dorso de la mano, levantó la mirada hacia la ventana en la habitación, y al notar que estaba amaneciendo, se acercó a cerrar las cortinas. Se detuvo mirando un poco el paisaje con nostalgia. Había mucha neblina, y el ambiente se veía distante y frío como su corazón. Cerró la cortina y se recostó en uno de los muebles. Ya no saldría más de este, su nuevo lugar, pues corría el riesgo de querer matar lo único que hasta ahora, tenía de bueno su vida. Comenzó a llorar nuevamente. Su vida era tan injusta…
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Caminaba por el pasillo, en dirección a la oficina de Sir Integra, cuando comenzó a escuchar murmullos en la biblioteca. Lentamente se acercó y repentinamente abrió la puerta. Lo que había estado cerca, al verse iluminado repentinamente por la luz del sol, se ocultó nuevamente en las sombras. Se preparó y tensó sus hilos, dispuesto a atacar a lo primero que se acercase. Después del ataque de los hermanos Valentine, no podía arriesgarse a nada. De repente una silueta se movió en la oscuridad, y levantando la mirada hacia él, murmuró con voz apagada:
- ¡Oh! Eres tú, Walter. ¿Serias tan amable de cerrar la puerta?
Suspiró. Solo era Ángel.
Como la chica le había pedido, cerró la puerta, para que la luz del sol no la molestase, pero se quedó aún en la biblioteca. Al verse a oscuras, Ángel encendió las luces y le indicó a Walter, un sillón. Este se sentó, y notó como al pie del mueble, la alfombra estaba mojada, pero no hizo ningún comentario. Cuando el silencio se hizo más incomodo, el mayordomo preguntó:
- ¿Qué haces por aquí en la biblioteca? ¿No deberías estar en el sótano a esta hora?
- No realmente- Respondió Ángel con voz apagada- ¿Sir Integra ya se enteró de mi regreso?
- Aún no. Venía a informárselo.
- Muy Bien. Necesito que le digas, que la empresa de las muertes de los miembros de la mesa redonda, se está haciendo más grande de lo esperado, pues, al parecer, los del Vaticano también están involucrados.
- ¿La Sección XIII del Vaticano? ¿Qué tendrán ellos que ver en todo esto?
- Lo ignoro. Pero se que están de parte de Millenium.
- ¿Objetivo?
- También lo ignoro, pero presumo que tiene que ver también conmigo, pues han intentado asesinarme esta noche.
- ¿Qué intentaron asesinarte? ¿Quién? ¿Por qué?
- Fue el Iscariote Alexander, y 2 chicos de Millenium, entre los que puedo nombrar a Heinkel Wolf, aunque no se quien era la otra chica.
- ¿Una chica?
- Si. Estaba con ellos. Tenía un uniforme Nazi muy viejo, el pelo negro en una trenza, y un imponente rifle.
- Entiendo. Arucard debe saber algo al respecto de esa criatura.
Ángel sintió una punzada de dolor al escuchar el nombre del vampiro, y recordar como la había ayudado.
- ¿Algo más?- Dijo Walter, sacándola de sus pensamientos.
- Si. Debes saber que me quedaré un tiempo en esta biblioteca, pues necesito unos archivos de suma importancia que se encuentran aquí.
- Yo podría ayudarte.
- No, gracias. Prefiero hacerlo a la antigua.
- Como quieras.
- También dile a Sir Integra que la misión de investigar a los Ghouls del otro día, sería mejor que la pusiera en manos más capaces. Tal vez debería confiársela a Arucard- Dijo, tratando de que no se notara, como su voz se había quebrado al pronunciar su nombre.
- De acuerdo – Dijo él, levantándose.
- Y por último…-Dijo Ángel antes de que se fuera- Debido a que permaneceré en la biblioteca unos cuantos días, te pido que no dejes que nadie me interrumpa. En especial Arucard. Pero si, Sir Integra desea que hablemos, no tendré ningún inconveniente en recibirla.
- Y con respecto a…
- Si te refieres a la comida, no te preocupes por eso. Ya comeré cuando salga de aquí. Así que, si me disculpas Walter, tengo mucho trabajo que hacer, así que te sugiero que continúes con lo que hacías antes- Dijo ella, empujándolo, casi literalmente, hasta la puerta.
- Pero…
- ¡¿Qué?!- Dijo ella volteando a verlo, al parecer, molesta.
Se dio cuenta de que estaba cambiada, ahora se comportaba de manera más fría y sus ojos miel, habían cambiado por unos ojos rojo intenso, como la sangre y el fuego. Un escalofrío recorrió su nuca. Cerró la puerta, y continuó con su camino al despacho de Sir Integra.
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- Maestro, ¿Ha visto a Ángel?- Le preguntó Victoria preocupada.
- No- Respondió el vampiro, secamente- Deberías buscarla en el campo de entrenamiento.
- Ya lo hice. No está en ninguna parte.
- Entonces, tal vez, está de cacería. Ya regresará- Dijo, quitándole importancia con un gesto de la mano.
Victoria se encogió de hombros, y de un salto, llegó al suelo de la mansión, a la cual entró con mucha prisa.
El vampiro antiguo se encogió de hombros. Hacía ya 3 días que no veía a Ángel. Tal vez ella quería estar sola, y, pese a sus impulsos, se resistió a buscarla, ya que aún recordaba el rostro lleno de tristeza con el que la vio, cuando ella se enteró de su nombre. Se preguntó el porque de su reacción, y aunque estaba tentado a buscarla y preguntárselo, decidió esperar a que ella dejara de esconderse.
En ese momento, pudo sentir como Integra, frustrada, se levantaba de su escritorio, para ir a tomar aire fresco a la ventana, así que decidió aprovechar la oportunidad para hacer de las suyas.
Mientras tanto, Integra, tal como Arucard había pensado, se encontraba ya frustrada. Tenía los informes que necesitaba, sin embargo, nada concordaba. ¿Por qué querrían los de Millenium, matar a Ángel, si su objetivo eran los miembros de la mesa Redonda? ¿Y Porque los de Iscariote XIII se habían aliado con Millenium? Muchas preguntas daban vuelta en su cabeza, así que se apoyó en el balcón de la oficina para tomar aire y despejar su mente, pero en ese momento, Arucard asomó su cabeza desde el techo, en una posición por demás extraña, pues estaba boca abajo, lo cual hizo a Integra ponerse de nuevo sobre aviso:
- Arucard, no estoy para tus juegos ahora- Le dijo con frialdad
Él se descolgó del techo, y en un rápido movimiento, calló en el suelo del balcón a lado de Integra.
- Debería tomar un tiempo para relajarse y despejar su mente de tantos problemas- Le dijo Arucard, arriesgándose a ser reprendido.
- Ahora No- Fue lo único que Integra le respondió, para luego cambiar el tema- Tienes trabajo que hacer.
Arucard levantó una ceja interrogante. Integra continuó.
- Ya tengo los informes sobre los Ghouls que hacían falta. Ahora lo que tú tienes que hacer es buscar al Iscariote.
- ¿Y por qué me das a mi la misión? ¿Acaso ya no la tenían alguien?
- Ángel se resistió a hacerlo, y, por lo sucedido hace 4 noches, tampoco pretendo obligarla.
- ¿Acaso los informes te los trajo ella?
Integra lo miró y solo le dijo:
- Ese asunto no te concierne.
- ¿Entonces que quieres que haga?
- Mañana debes salir a buscar al Iscariote. No regreses hasta encontrarlo. También debes averiguar sobre el chip maestro. Que relación hay entre el y Ángel.
- Entonces hasta mañana por la noche- Dijo él, mientras se desvanecía en la oscuridad.
Integra suspiró.
- Un perro viejo no aprende trucos nuevos- Pensó- Pero sin embargo, quien sabe si con Ángel aquí, las cosas podrían cambiar…
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Estaba caminando sola por las calles de Londres. Era extraño verla así. De su hombro colgaba un forro de guitarra, donde guardaba su Halkonen, por si llegaba a necesitarla. Se detuvo al llegar al puente, y apoyada en la baranda, miró al cielo. Apenas había pasado una semana, y ya Hellsing estaba en completo caos por culpa de Ángel. Ni siquiera habían formado tanto alboroto, cuando Integra había sido atacada por los hermanos Valentine. Se notaba que de ahora en adelante vendrían muchos más cambios. Suspiró resignada. Por lo menos, esperaba que las cosas cambiaran para mejor, en especial, con respecto a las constantes masacres.
Su cuerpo se tensó. Se dio cuenta de que estaba siendo observada, pero ignoró totalmente la sensación. El Ghoul que la vigilaba estaba muy cerca, podía sentirlo, y si hacía un movimiento brusco, escaparía. Después de esperar un tiempo considerable, se atrevió a voltearse; el Ghoul había desaparecido puente abajo. Ella lo siguió con sigilo, hasta llegar a los muelles, de la barrera del Támesis. Allí, el Ghoul se introdujo en el depósito numero 13. Ella abrió la puerta con sigilo, y se ocultó en la oscuridad. Allí, había otro gran grupo de Ghouls, que al parecer, esperaban recibir órdenes. El Ghoul que llegó se aproximó a hablar con su jefe, quien estaba sentado aparte. Al recibir la información, el jefe se levantó y el Ghoul volvió a su puesto con los demás.
- Ahora que ya lo hemos conseguido- Comenzó el jefe, quien se había puesto de pié- Solo falta capturar al portador del chip maestro.
Los Ghouls comenzaron a murmurar, estaban ya siendo incitados a destruir.
- Mañana en la noche, se lo entregaremos al Iscariote. Él hará el resto…
- ¿Y como encontraremos el chip maestro?- Preguntaron los Ghouls en un murmullo.
- Pues haciéndole perder poco a poco lo que más anhela- Dijo sonriendo, cínicamente- Primero fue su amor, y ahora serán sus amigos.
- ¿Y como lo haremos?- Preguntaron nuevamente los Ghouls.
- Pueden empezar con la rubia vampira que está detrás de las cajas, y luego se ocuparan de lo demás- Dijo mientras señalaba a donde ella se encontraba.
Los Ghouls, rápidamente se dirigieron a donde ella estaba, y ya que no le daba tiempo de sacar su Halkonen, comenzó a derribarlos, no sin ciertos escrúpulos, uno por uno con una Bersa 5.
Llegó un momento, en los que eran demasiados para acabarlos, así que salió corriendo del depósito, y caminó por todo el borde del muelle, mientras que los Ghouls la perseguían. El piso estaba mojado, y ella resbaló, Los ghouls rápidamente se abalanzaron sobre ella, pero con un golpe seco, todos cayeron al suelo. Ella levantó la mirada, esperando ver a su maestro, quien siempre la salvaba, y se asombró de ver a Ángel, parada pocos metros cerca de ella y con sus Colt-1900, aún humeantes.
Con cuidado se incorporó, tratando de no resbalar otra vez. Ángel sopló el humo que quedaba en sus armas, y las guardó los bolsillos de su gabardina negra.
- Será mejor que regrese a la mansión. No podré protegerte por siempre- Le dijo Ángel. Su tono de voz, era burlón, sin embargo, su semblante estaba serio.
- Pero es que allá adentro los ghouls…
- Yo lo vi todo, Victoria. Se lo que pasó.
- ¿Y que pretendes hacer al respecto?
- Esperar y callar- Dijo, mientras se daba la vuelta, y comenzaba a caminar por el borde del muelle.
Victoria, por su parte, se encogió de hombros y decidió hacer lo que le había sugerido Ángel, y dando la vuelta también, se dirigía a regresar a la mansión, cuando súbitamente, Arucard apareció frente a ella:
- ¿Dónde está?- Preguntó él
Ella sabía que se refería a Ángel.
- Se fue caminando por el lado contrario del muelle
Él asintió con la cabeza, y volvió a desaparecer en la oscuridad.
Comenzó a caminar nuevamente hacia la mansión Hellsing, mientras pensaba para sus adentros, que otro de los cambios que lograría Ángel, radicaba principalmente en su maestro, Arucard.
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Caminaba lentamente por el muelle sin rumbo fijo, con las manos en los bolsillos, para tratar de mitigar el frío. Había roto su voto. Había salido de la biblioteca, aún y cuando había dicho que no lo haría. Era tan débil. Y para colmo de males, faltaría que el vampiro antiguo se apareciera frente a ella, diciéndole que lo matara. Sonrió con ironía. Tal vez si eso sucediera, no fuese precisamente así. ¿Quién sabe? La vida tenía muchos giros.
Tan concentrada estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta, de que precisamente eso era lo que estaba sucediendo, y lo notó hasta que su cuerpo tropezó con el del vampiro, que estaba frente a ella, franqueándole el paso.
Ella inmediatamente se echó hacia atrás de un salto. Él se quedo parado justo donde estaba.
- ¿Qué haces aquí?– Preguntó ella.
- No lo se. Buscando algunas respuestas- Le respondió.
- No deberías estar aquí.
- ¿Por qué no?
- Deberías estar haciendo lo que Integra te ordenó.
- Mañana habrá tiempo para eso- Dijo mientras se acercaba, y la tomaba por los brazos.
Ella desvió la mirada, pero el, sin importarle, la abrazó. Fue como si el tiempo se hubiera detenido para ambos. Solo existían ellos dos, ese momento, y ese abrazo.
Los ojos de ella, comenzaron a humedecerse. Él la tomó por la barbilla, y la fue acercando lentamente hacia si, pero ella apoyó sus manos en su pecho, resistiéndose al contacto, y al mismo tiempo, tratando de alejarse. Él trató de acercarla más hacia sí, pero ella, con un brusco movimiento, logró hacerse para atrás.
- ¿Por qué te resistes a lo inevitable?- Dijo él, en quedo murmullo.
- Porque este no es mi destino- Dijo ella, también murmurando.
- Entonces, ¿Cuál es tu destino?
- No lo se- Dijo ella, mientras intentaba no llorar.
Él intentó acercarse a ella nuevamente, para consolarla, pese al rechazo que le había profesado la primera vez, pero ella le dijo, antes de que diera un paso:
- Se lo que pretendes, Arucard. No funcionará de nuevo- Dijo ella, esta vez con firmeza
- ¿Qué harás si lo hago?- Dijo arqueando su cejas, en tono casi burlón.
- No quiero matarte. Pero si me das motivos, te juro que no dudaré en apretar el gatillo- Dijo, mientras colocaba la punta del arma, en la frente del vampiro.
- Que sea como el destino quiera, entonces- Dijo mientras sonreía, y daba un paso hacia donde ella se encontraba.
Aún así, ella se resistió a dispararle, y solo se dio la vuelta, y corrió para no tener que verlo. Pero entonces sintió como él tomaba su muñeca, y se detuvo.
- ¿Por qué tiene que ser así?
- Tal vez, ese sea nuestro destino- Dijo ella, mientras su voz se quebraba.
Logró soltarse del agarre del vampiro, y salió corriendo nuevamente, para que no la viera llorar. Él, sin embargo, se quedó allí parado, viendo como ella se alejaba, y preguntándose, cuando se volverían a ver de nuevo.
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Caminaba sola nuevamente, en dirección a Hellsing. Pensaba sobre lo que había sucedido hacia pocos momentos. No podía creer que se hubiera dejado dominar así por sus emociones. Se recriminaba a si misma, el haber cedido así, antes los encantos del vampiro. Pero no podía evitarlo. Ella estaba enamorada de él: De su sonrisa, a veces maligna, a veces tierna. De su cabello, que recordaba a una noche sin luna, como esta. De sus ojos rojos, que le mostraban todo, y la vez nada. De su forma de ser, tan… ¡Wow! Definitivamente estaba enamorada. Pero ese amor, a pesar de ser correspondido, le estaba prohibido. Y todo porque ella no podía admitir que él, la criatura que ella más amaba, era en realidad, su padre…
¿Tendría que resignarse a pasar el resto de su vida huyendo? Eso es algo que ella no podía aceptar. Mientras caminaba por la calle principal, que conducía la mansión Hellsing, oyó como en una de las casas, se escuchaba una música que llamó mucho su atención.
"No Voy a Llorar y Decir
Que No Merezco Esto, Porque,
Es Probable Que lo Merezco,
Pero No lo Quiero, y
Por Eso Me voy…"
Una canción, que, se podría decir, reflejaba su actual situación. Comenzó a caminar con paso más apresurado. Es verdad, ella no podía dejar que nadie la pisoteara. Que nadie dirigiera su destino. Solo ella…
Sin darse cuenta, llegó a la entrada de la Mansión Hellsing, y con paso apresurado, se dirigió a la biblioteca.
Sin embargo, aunque nadie decida mi destino, hay algo que debo hacer antes, para poder complacerlo, pensó, mientras cerraba la puerta estruendosamente.
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- ¿Ha pasado algo interesante esta noche?- Dijo el mayordomo con cierta picardía.
- Nada interesante, supongo- Dijo el vampiro, mientras subía las escaleras que daba a la entrada principal de la mansión.
- ¿Estas Seguro?- Dijo el mayordomo, alzando una ceja
- ¿Por qué preguntas?- Dijo él, en la misma actitud.
- Pues no lo se… Extrañamente la Srta. Victoria llegó de buen humor. Al contrario de Ángel, quien tenía un humor de perros, literalmente hablando.
El vampiro antiguo enarcó una ceja.
- Vamos, no finjas. Te conozco demasiado como para caer en es viejo truco. ¿Acaso ustedes pelearon?
- No, no realmente.
- Entonces, ¿Qué sucedió?
- Digamos que se ha dado pie a que algo más suceda…
El mayordomo asintió, entiendo a lo que él se refería. Él, traspuso las enormes puertas y se dirigió al sótano, no sin antes preguntarse: "¿Qué podrá suceder ahora?"
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Al sentir que el sol la cegaba, se levantó y cerró las cortinas. Había dormido mucho, más de lo esperado. Ya estaría pronto a anochecer. Aproximadamente la 5 serían, calculo ella, por la poca iluminación que aún quedaba en el ambiente. Se acercó a los estantes de la biblioteca, y comenzó a buscar un libro. Buscó, buscó, y siguió buscando, pero al parecer, el libro que ella buscaba, no existía. Se sentó sobre un mueble, y colocando su cabeza entre sus manos, suspiró. Quizá había esperado demasiado de la biblioteca de la familia Hellsing.
Levantó la mirada, y volvió a pasarla por todos los estantes, y cuando estaba por darse por vencida, vislumbró, oculta por la oscuridad, sobre el estante más alejado, una caja grande y vieja. Rodó la escalera y trepó por ella, hasta llegar a la caja. La bajó y comenzó a revisarla. Tenía gran cantidad de papeles, sellos, antiguos escritos firmados por la reina y 4 libros viejos y polvorientos; dos grandes y empastados en cuero, uno rojo, y el otro negro. Los otros dos eran un poco más pequeños; uno tenía la apariencia de un antiguo diario, y el otro parecía ser un poemario, pero muy antiguo.
Tomó el libro rojo, y comenzó a hojearlo con cuidado. Estaba viejo y desgastado. En su mayoría, solo tenía informes de la Segunda Guerra Mundial en 1940, y algunas fotos. Nada de importancia. Lo cerró y abrió el negro.
El libro negro, estaba escrito en otro idioma. En su contraportada estaba escrito, con letras doradas, "Desastres locales 1455 - 1505, Rumania siglo XV". ¡Este era! ¡Ese era el libro que había estado buscando! Comenzó a hojearlo con avidez. Contaba toda la historia de las guerras contra los turcos, que se desarrollaron en Rumania, a mediados del siglo XV. Principalmente hablaba del llamado "Príncipe Empalador", cuyo nombre era Vlad Tepes, cuarto de su generación, a quien le dieron el título de Drácula, que significa hijo de Dragón (Emblema de reyes), cuando subió al trono a los 25 años en 1455. En general, hablaba de su vida, antes y después que subiera al trono; su traumática infancia, de los constantes enfrentamientos contra los turcos, la cantidad de batallas por provincias. Nada que ella no supiera ya, pues, ella antes, había vivido en Rumania, y curiosamente entendía el libro a la perfección. No encontró nada interesante hasta que…
Encontró algo que hablaba de una entrevista que tuvo con unos extranjeros en su castillo a finales de 1476, y los rumores hablaban de que ellos eran los únicos a quienes el príncipe no mató. Hablaba que solo se vieron rondando por el castillo 2 veces: A finales de 1476, como ya se había mencionado anteriormente, y a principios de 1477, después de la supuesta muerte del príncipe. Nada más. Ella se decepcionó, hasta que encontró una esquina doblada del libro, y al abrirla encontró que estaba escrito con una letra fina y de trazo rápido: "Diario, Pág. 215". ¡Al fin! Buscó el diario que antes había visto y reconoció en él, el mismo que había encontrado en el ataúd, aquel día hace tantos años; en su portada estaba escrito con letras doradas "La malédiction de Vlad Drácula". Se preguntó, ¿Cómo habría llegado el Diario, a manos de la familia Hellsing?, pero era algo que averiguaría después.
Comenzó a contar páginas del Diario, hasta llegar a la indicada. En ella estaban escritos tres párrafos con diferentes fechas cada uno. En el primero estaba escrito:
"Noviembre 9, 1476; Después de tanto días, por fin han llegado. Ya llevan 3 días aquí, y la excitación del pueblo cada día va en aumento, puesto que son los únicos que se han atrevido a desafiarme. Tuvieron el descaro de traer a Mina con ellos, para su protección, pero nos les servirá de nada, puesto que pretendo empalarlos a todos, uno por uno, menos a ella, por supuesto. Deberá venir esta noche, pues que Mina ha estado muy enferma y necesitarán donde poder atenderla. Esta noche se decidirá cual será su destino, si es que logran llegar al castillo, claro está… Ese Abraham es fuerte, pero Mina también es su debilidad, al igual que la del ingenuo Jonathan. Mi siervo irá tras ellos esta noche mientras los acompaña"
"Noviembre 13, 1476; Mina ha decidido quedarse por su propia voluntad, o al menos eso es lo que supone el ingenuo cazador. Mi siervo ya a regresado al castillo, y ellos han decidido abandonarlo, por sus propios medios. Veo en los ojos de Abraham, que no se ha dado por vencido en su intento, sin embargo, mientras yo tenga a Mina, no se atreverá a poner un pié en este castillo, sin sufrir las consecuencias. Mañana parto a Hungría nuevamente para atender algunos asuntos pendientes, y ella quedará a cargo del castillo. Ella será ahora la princesa empaladota de Vlad Drácula"
"Febrero 2, 1477; Mina a estado muy extraña últimamente. Supongo que es porque, al igual que yo, sabe que el grupo de Abraham ha vuelto por ella. Y aún cuando todos han dicho que he muerto, él se ha dado cuenta de que no es así. Fue astuto. Sin embargo, el que ahora yo esté muerto, o debo decir "no-muerto", me impide la ascendencia al trono nuevamente. Mina me ha pedido que no mate a Abraham si llegara a presentarse en el castillo, y yo he decidido cumplir su deseo. Dejaré que Abraham me haga dormir por un tiempo, para recobrar fuerzas, y luego volveré por ti, Mina, y por los hijos que sé que tendrás con Jonathan"
Los tres últimos párrafos de esa página. Pero el libro no había terminado, pues el resto de las hojas seguían escritas hasta la página 476, que era la última, hasta ahora.
Se recostó del mueble nuevamente. Eso era todo lo que estaba escrito que tuviera que ver con ella. Suspiró y cerró los ojos, mientras apoyaba su cabeza en el espaldar. Entonces una gran cantidad de imagines comenzaron a formarse en su cabeza, hasta que se dio cuenta de que estaba teniendo una visión…
Saliendo de una enorme e imponente catedral europea, estaba Jonathan, vestido de forma muy elegante, y a su lado, Mina estaba radiante, vestida con un elegante vestido de novia de la época, y tomada del brazo de su, ahora, esposo. Subieron al auto, y este arrancó a gran velocidad. Tan pronto como subieron, la cara de felicidad de Mina, se convirtió en tristeza. Jonathan al notarlo, la tomó de la mano y le preguntó:
- ¿Por qué estas tan triste Mina?
- Porque he cometido un pecado, del que no me bastaran tres siglos vagando en la tierra para poderlo pagar…
- ¿Qué sucede?
- Jonathan… Es que yo…- Dijo mientras se deshacía en lágrimas, y se aferraba a Jonathan.
- Tranquila Mina, lo que haya pasado, sabes que puedes contármelo- Le dijo con ternura, mientras acariciaba sus cabellos con delicadeza.
- Es… nuestro hijo…
- ¿Qué?
- Jonathan… Yo… tenía un hijo tuyo y…
- ¿Mío, Mina?… ¿Qué ha sucedido? Necesito que me lo cuentes todo
- Es que yo tuve un hijo nuestro… hija, debería decir… una hermosa bebé de cabellos y ojos color miel, pero… El Conde jamás quiso descendencia, y al saber que la tenía, corría el riesgo de morir, así que yo… -Se le hizo un nudo en la garganta
- Continúa Mina, por favor…
- Se lo dejé a una de las mujeres que cuidaba el castillo para que la criara…
Jonathan guardó un silencio prolongado, y luego dijo:
- No te culpo por haber hecho lo que hiciste, sin embargo, de saber que nosotros vendríamos esa noche, ¿Lo hubiese hecho?
Mina se mordió el labio inferior, con angustia, y luego exclamó:
- Jonathan… Yo era un monstruo de horribles y puntiagudos colmillos, y con inmensa sed de sangre, cuando esa indefensa criatura nació de mí… El conde me convirtió en eso… Sin embargo mi mayor temor era que nuestra niña se convirtiera en un monstruo así; sin piedad, y lleno de sed de sangre, como el Conde, así que tuve que alejarla de él, y de mí. Para que pudiera crecer feliz y sin convertirse en lo que yo más temía…
- Te entiendo Mina, pero… ¿Qué sucederá cuando nuestra hija crezca?
- No lo sé, Jonathan. Realmente no lo sé.
- Me preocupa que el Conde se dé cuenta, y que luego decida ir por ella, pensando que es una hija suya… y decida…- Se le hizo un nudo en la garganta de solo pensarlo.
-No creo que la encuentre en un buen tiempo. La he dejado muy bien escondida.
- Es un alivio. Ya verás que, esté donde esté, será feliz y no se convertirá en la bestia que tanto temes.
- Eso espero.
Sin embargo, sigue preocupándome el conde…
-No te preocupes ya por eso, que yo respondo de él.
Jonathan la miró con incredulidad, y ella se recostó de su hombro. El solo suspiró hondo, y pasó un brazo por los hombros de ella, para acercarla más hacia si.
Abrió los ojos, y de inmediato, la tristeza que antes tenía, se convirtió en felicidad y una sonrisa se esbozó en su rostro. Ella era hija de Jonathan, no de él. Entonces su destino no era matarlo, como antes había pensado. Llena de felicidad abrió la cortina y las ventanas de la biblioteca y miró al exterior. Una hermosa noche sin luna. Se sintió muy feliz, cosa que no le había sucedido en años. Siempre decía que la felicidad se escapaba de sus dedos como agua, pero ahora ella había atrapado esa agua, y ya no se escaparía. Levantó los ojos hacia el cielo, y vio a un murciélago en busca de su alimento. Eso era lo que ella debía hacer ahora, ir en busca de su felicidad, y arreglar el error cometido en la pasada noche.
Volvió a colocarse la chaqueta y los lentes, los cuales había dejado a un lado, y se lanzó desde la ventana de la biblioteca, la cual estaba en un segundo piso, hasta alcanzar el suelo. Levantó la mirada con superioridad, y pudo ver a Integra asomada en el balcón. Se miraron a los ojos por un momentos, y por la mente de ambas cruzó el mismo pensamiento "Como las dos caras de una misma moneda" Luego, bajó la mirada, corrió, traspuso la gran cerca que rodeaba la mansión y se fue corriendo en dirección a Londres, hasta perderse en la oscuridad.
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Había escuchado a la Chica Policía decirle a Walter, que los ghouls se encontraban en el depósito 13 la noche anterior. Recordó que también, cuando Ángel había peleado hacía varias noches con el Iscariote, había sido también en el mismo depósito. Siempre le había enseñado a Integra a buscar en el último lugar donde pensarías que puedes encontrar algo, así que él se dirigía al depósito 13; el último lugar donde buscaría al Iscariote.
Ya había escuchado todo lo que la Chica policía había contado sobre el ataque de los Ghouls de anoche, y ya suponía quien sería el líder: Heinkel Wolf.
Ese miserable le estaba haciendo la vida imposible a Hellsing, y el se encargaría de destazarlo poco a poco. Aunque no solo lo hacía por Hellsing, debía admitirlo, también lo hacía por Ángel. Sonrió para sus adentros. ¿Desde cuando él hacía algo por alguien que no fuera su amo? Todo lo hacía por órdenes, nunca por su propia voluntad. Que ironía. Y ahora lo haría por una chica que apenas tenía conociendo una semana. Que ironía, volvió a pensar, mientras suspiraba.
Esa noche, había prescindido del sombrero y los lentes carmesí, lo que le daba un aspecto lúgubre, para quien lo viese por primera vez, por ello, apretó el paso para llegar a su destino. Llegó a las puertas del enorme depósito, y convirtiéndose en sombras, las traspuso. El depósito se encontraba a oscuras, lo que le hizo más fácil el poder ocultarse entre ellas. No tuvo que esperar mucho, pues al poco rato, se abrió la puerta del depósito y por ella entró el Iscariote, quien apoyó la espalda en una de las cajas, y esperó. Él fue acercándose lentamente al sicario, hasta que este exclamó:
- Ambos sabemos que estas allí, bestia. No le veo motivo a seguir jugando a las escondidas.
- Por primera vez dices algo sensato- Dijo él, mientras le colocaba la punta de Casull en la nuca.
El momento, duró unos segundos, y hubiera terminado peor, de no ser porque alguien, que había estado en el segundo piso, había caído justo frente a Alexander. Él levantó la cabeza, sin sorprenderse, una sonrisa maniaca afloró en sus labios.
- Aquí tienes lo prometido- Dijo mientras le arrojaba un pequeño chip.
El alargó la mano, y tomó en el aire con habilidad. Luego volvió a su posición original.
- Y ahora…
La sonrisa maniaca del Iscariote se acentuó mucho más. Con un rápido movimiento de muñeca tomó una bayoneta, y clavó tras él, dando por sentado que el vampiro se encontraba en aquel lugar, pero una voz le susurró en su oído:
- ¿Acaso una chica que te derrota, te hace perder tus sentidos? ¿O no te has dado cuenta de donde estoy ahora?
Levantó la mirada el Iscariote, y observó a Arucard detrás del otro, y con un rápido movimiento se lanzó sobre él, pero nuevamente había desaparecido. Arucard rió por lo bajo. Entretener así al Iscariote le resultaba bastante divertido, pero de una manera u otra debía exterminarlo. Levantó a Jackal y comenzó a apuntarle en la cabeza, mientras este trataba en vano de encontrar al vampiro.
- ¿Es que acaso no te apiadas de un herido, miserable nosferatu?
A esa voz, las luces del depósito se encendieron, mostrando a Heinkel, quien, con cara de superioridad, se encontraba apoyado al lado del interruptor, observando divertido el "combate". El Sicario vislumbró al vampiro, e inmediatamente se lanzó sobre él, mientras que este disparaba. La bala se incrustó en la frente del Iscariote, quien a su vez, lanzó una bayoneta, que cortó con rapidez en la pierna del vampiro. Ambos se miraron, y sonrisas maniáticas surcaron por ambos rostros.
Con gesto agresivo, el Iscariote arrancó la bala de su cráneo, mientras que el vampiro volvía a regenerar su pierna. Mirándose a los ojos con la ferocidad de bestias enfrentadas desde la eternidad de los tiempos, cuando de repente, sorprendiéndolos a ambos, cayó Heinkel, en medio del depósito, con un balazo en el hombro derecho que sangraba abundantemente. Con la mano izquierda se sostuvo el hombro y se incorporó, no sin dificultad. Miró hacia el lugar donde había escuchado el sonido del arma, que estaba oculta entre las sombras, de las que poco a poco fue saliendo Ángel, con una pistola humeante, y una mirada penetrante, que contrastaba con la sonrisa de triunfo que se había formado en su rostro. Sopló el humo que aún salía del arma, con descaro, y lentamente se acercó a Heinkel. El muchacho, por su parte, se echó hacia atrás mientras trataba que su herida dejara de sangrar.
Entonces, ella comenzó a murmurar frases inteligibles, que para los otros resultaban desconocidas, pero Arucard reconoció que hablaba en Rumano
- ¿Qué tanto estas murmurando?- Le dijo Heinkel a la chica con desprecio- ¿Acaso crees que puedes detenerme?
- Ya quisieras que no pudiera…
- Inténtalo, entonces…
Entonces, se disponía a ejecutar un espectacular salto, cuando Ángel le gritó:
- Deténganse todos
En el acto, Heinkel quedó como una estatua, frente a ella sin poderse mover. Por su parte, el Iscariote, decidió aprovechar la interesante situación, para acabar con dos presas de una manera más fácil. Pero cuando intentó moverse, se dio cuenta de que no podía; sus pies estaban pegados al suelo, y sus brazos parecían enormes losas, y no los podía mover.
- No te esfuerces monaguillo. Hasta que yo decida, no podrás moverte- Dijo la chica sonriendo con malicia.
Levantó sus Colt-1900, y colocó una en la frente de Heinkel, y la otra en la frente del Iscariote. Su sonrisa se acentuó cuando puso sus dedos en el gatillo. Entonces sonaron dos disparos. Del muslo izquierdo de Heinkel, comenzó manar sangre a borbotones, sin embargo, el Iscariote no tuvo la misma reacción, cuando la bala se incrustó en su pecho. Soplando nuevamente las armas, las guardó en los bolsillos de su gabardina. Se acercó con lentitud a Heinkel y rebuscó entre la chaqueta, hasta encontrar un pequeño artefacto, el cual le arrebató y guardó en su bolsillo. Heinkel la miró furioso.
- ¡Maldita seas Ángel!
- Ya lo era, antes de que tú lo blasfemaras- Dijo con una sonrisa irónica.
Volteó a ver al vampiro, el cual tenía una sonrisa igual en su cara. Volteó a ver al sicario, quien la miraba de arriba abajo, murmurando en palabras inteligibles
- Habla ya, descarado. Si vas a decir algo, que tu voz resuene en el depósito como hace 5 minutos.
Ángel rió por lo bajo, por lo que acaba de decir. Sabía que el Iscariote no podía articular palabra, pero aún así le hacía sufrir.
- Sucubo…- Fue todo lo que pudo articular.
Ella con destreza, rápidamente se acercó al interruptor, apagó las luces, y luego salió del depósito.
Caminó hasta alejarse lo suficiente, y al poco tiempo, el vampiro se materializó a su lado.
- Tardaste mucho.
- ¿Qué puedo decir? Me gusta divertirme con mis presas.
- ¿Qué le hiciste?- Dijo ella despreocupadamente.
- Nada que tu no hubieras hecho- Dijo mientras comenzaba a reír.
Al poco tiempo, Ángel también empezó a reír, y sus carcajadas pronto resonaron en el inmutable silencio de la noche. Pero pronto las risas se tornaron en silencio, y nuevamente comenzaron caminar sin mirarse.
- Destino… una palabra con muchos significados… -Dijo el vampiro, como si no le diera importancia, mientras ella se quitaba los lentes- ¿Puedes decir cual es el tuyo?
- Destino… tienes razón… muchos significados puede llegar a tener esa palabra que, para muchos no tiene sentido.
- ¿Para ti, lo tiene?
- Cada vez se aclara más, sin embargo, ahora el mío ha cambiado…- Dijo mientras se detenía y lo miraba a los ojos.
- ¿Cuál es tu destino ahora entonces?- Dijo mientras acariciaba su mejilla
- Permanecer a tu lado- Dijo mientras le sonreía, y sus mejillas se teñían de un leve rosa- y el tiempo dirá cuanto.
El vampiro alargó su mano y acarició su mejilla, sonrió levemente al ver como la chica se sonrojaba notablemente ante ese gesto tan tierno. La agarró del mentón y lo levantó unos centímetros y la contempló en silencio. Entonces, acercándola lentamente, plantó un beso en los carnosos labios. Un beso largo y romántico, en el cual ambos expresaban lo que habían sentido en esos últimos días. Lentamente, Ángel cortó el beso con ternura, manteniendo los ojos cerrados, como si al abrirlos, todo fuera a desvanecerse como un sueño. Continuaron abrazados. En ese momento, ligeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre los dos.
- Creo que está lloviendo- Dijo mientras le sonreía de nuevo.
- No creo que quieras mojarte, ¿o sí?
- Pues, creo que no-Dijo pícaramente.
Entonces las sombras envolvieron a ambos, y reaparecieron en la entrada de la mansión. Se separaron un poco y nuevamente se miraron a los ojos. Los ojos de él eran rojos, como sangre, pero ahora tenían un toque distinto, sin embargo los de ella habían vuelto a ser de suave color miel, expresaban la dulzura y el cariño que su corazón sentía. Ella tomó su mano y el la acarició. Un sonrojo leve apareció en las mejillas de la chica, pero desapareció en el momento en que entraron en la mansión. Se dirigieron al sótano, a la habitación del vampiro. Al llegar a la puerta que allí los conducía, las sombras los envolvieron y desaparecieron de la vista del mayordomo, quien disimuladamente, los había observado desde las escaleras. Walter sonrió para si mismo, las cosas ya habían empezado a cambiar en Hellsing… para bien… o para mal…
