Capitulo 8: ¡Fiesta en la Mansión Hellsing!

Me inspiré escribiendo este capítulo, pues al igual que la mayoría se va a fiestas de Halloween y esas cosas, nuestros personajes también pueden hacerlo. Este capitulo no es apto para dramáticos, pero si para quienes quieran entretenerse con un capítulo diferente. Espero q guste pero también q dejen más reviews…

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Estaba abriendo los ojos, y acababa de anochecer, por la poca iluminación que quedaba. Se levantó de la cama y se dirigió al baño, donde, al abrir la puerta, salio una gran cantidad de vapor caliente. Lo apartó con una mano, y entró. El vidrio frente al lavamanos estaba totalmente empañado, así que con su mano lo limpió. Bostezó quedamente y lavó su cara. Al buscar la toalla para secarse el rostro, lo que encontró en su lugar, fue la casaca roja del vampiro antiguo, el cual en ese momento abrió la puerta de la ducha, para ver quien era. Le sonrió con descaro:

- Hay espacio para más de uno aquí adentro.

- Gracias, yo paso- respondió con burla.

Salió del baño, y buscó en su bolso, algo con que cambiarse. Al ya estar peinando su cabello, Arucard salió del baño totalmente vestido, si sombrero ni lentes. Ella se acercó a él, y le rodeo el cuello con los brazos:

- Deberías conservar esta apariencia- Le dijo ella

- ¿Tu crees?

-Si. Te ves mejor sin los lentes.

El vampiro acercó sus rostros lentamente, pero en ese momento alguien tocó la puerta.

Su cerebro comenzó a trabajar a gran velocidad. Si la conseguían ese estado, abrazada con Arucard, su vida en Hellsing, pasaría de patética, a insoportable. Integra no querría verla si quiera, y pasaría a ser la burla de los mercenarios y de Victoria. Eso no podía suceder.

Se oyó el toque de la puerta con más insistencia.

- ¡Ángel! ¿Puedo pasar?- Era la voz de Victoria

¿Qué hacer?, ¿Qué Hacer?, entonces se le iluminó la mente. ¡Escondería a Arucard!

- ¡Rápido! ¡Escóndete! ¡RÁPIDO!- Le dijo ella

- ¿Dónde?- Dijo él

Ella alzó la mirada y vio el escondite perfecto.

- ¡Allí! En el closet. ¡Rápido! - Dijo mientras lo empujaba dentro de closet.

Él trató de replicar, pero ella lo empujó con el pié en la cara, closet adentro, y le cerró la puerta en la nariz.

Victoria abrió la puerta, y vio a Ángel empujando algo dentro de closet con el pie, y luego cerrar la puerta estruendosamente.

- ¿Qué sucede?- Dijo Victoria confundida

- Nada- Dijo Ángel con una gota en su frente- Solo que tengo demasiada ropa

- Bien. Como quieras- Dijo Victoria encogiéndose de hombros- ¿Algo nuevo para hoy?

- Bueno, estaba pensando en un entrenamiento especial

- No creo que los mercenarios estén para eso, especialmente Pip.

- No es para ellos. Es para ti.

- ¿De que se trata?

- Alguna vez se te ha ocurrido ¿Por qué es tan difícil localizar a un vampiro?

- ¿?

- Porque pueden cambiar su forma. Voy a intentar enseñarte. Aunque dudo que en tu dura cabeza entre algo más.

- ¡Oye!

- Es broma. Pero a cambio, vas a tener una cosa por mí.

- Claro, lo que quieras. ¿Qué es?

- Mañana te enterarás- Dijo Ángel pasándole una mano por los hombros, mientras trataba de esconder una sonrisa malvada.

A Victoria le corrió una gota por su frente, pero intentó ocultarlo mientras ella la sacaba de la habitación y cerraba la puerta estruendosamente.

El vampiro abrió la puerta del closet, en parte ofendido, en parte malhumorado. Se levantó del suelo y pegó la cabeza del estante.

- ¡Maldición! ¿Quién puso aquí este estante?

Frotándose la cabeza se incorporó con más cuidado, y se colocó frente al espejo. Con las manos se quitó las arrugas del traje, y se sacudió el cabello, lo que hizo que de él, cayera una tanga fucsia, directamente en su nariz. Él con una mano, quitó la tanga, y la tiró a la otra esquina del cuarto, y se deshizo entre las sombras, jurando que Ángel se las pagaría.

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Toc, toc, toc

- Pase

- Aquí esta su vestido para la fiesta de esta noche Sir Integra

Walter colocó el vestido sobre la cama de la habitación de Integra. Ella, quien usando cantidades industriales de gelatina, trataba de acomodar su cabello frente al espejo, volteó a verlo:

- ¿Qué significa esto?- Gritó histérica, 5 segundos después.

- Su vestido, Sir Integra- Dijo Walter, mientras una gota bajaba por su nuca.

- Te dije que el vestido debía ser negro.

- ¡Pero… si es negro!

- Walter, creo que ya te dio el daltonismo. ¡Este vestido es azul!

- No es cierto.

Integra levantó una ceja malhumorada.

- Bien, veré que puedo hacer con él.

- Es que definitivamente, es algo que ni Ceres usaría- murmuró ella para si misma.

Walter comenzó a imaginar como se vería Victoria en ese vestido, especialmente el escote.

- ¡WALTER!

- ¿Qué sucede Sir Integra?- Dijo el verde mayordomo, quien había sido sacado abruptamente de sus pervertidas imaginaciones.

- Walter, lárgate

- De acuerdo. Pero antes… ¿El esmoquin azul o negro?

- ¿?- Integra tenía cara de que le hubiesen dicho que la Reina era su hermana gemela perdida

- Para Arucard. Preferiblemente escogería el negro. Combina bien con el color de sus ojos, aparte de que le queda divinamente…

- ¡El no va a ir a ningún lado! No necesito un perrito faldero que valla tras de mí. Para eso te tengo- Dijo en un tono tanto afectuoso como sarcástico

- ¿Con que sí, eh?- Dijo Walter haciéndose el ofendido- Pues ahora te tocará ir a la fiesta sola. ¡Y ahora te la calas!- Dijo mientras cerraba la puerta estruendosamente.

- Definitivamente, aquí el agua parece tener algo muy extraño- Dijo ella mientras suspiraba y tomaba un trago de la botella de agua Minalba que estaba sobre su mesa de noche.

Walter mientras tanto, salió del pasillo en dirección a la sala de tiro. El también necesitaba descargarse un poco. Aparte de por la pelea que acaba de tener con Integra, también porque de su mente no desaparecía la imagen de Arucard, vestido con un ceñido esmoquin negro.

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- …Y así es como los bebes vienen al mundo.

- Pero Ángel, ni siquiera hablábamos de eso.

- Bueno… creo que hoy estoy un poco despistada. Vamos, ahora practica lo que te enseñé.

- ¿Cómo?

- Lo primero que debes hacer, es párate frente al espejo, y luego trata de concentrarte en a que quieres cambiar, concentrando cada fibra de tu ser en eso…

- Ángel, olvídate de una carrera como motivador vocacional.

Ángel la miró con cara malhumorada.

- Vamos, has el ejercicio. Intenta cambiar- Le dijo Ángel a la vampiresa.

Victoria se concentraba todo lo que podía, pero de repente la distrajo un leve olor a quemado.

- Ángel, ¿No hueles a que algo se quema?

- Si… huele a salmón con vino España, o cóctel de camarones… o… ¡Victoria! ¡Estas pensando demasiado!- Le gritó al ver que lo que se freía era el cerebro de la chica.

- ¡Me quemo!- Victoria empezó a correr por toda la habitación.

- Tirate al piso y rueda- Le ordenó Ángel.

Ella lo hizo, pero como el piso era de piedra, comenzaba a molestarle. Pero dejo de sentirlo en el momento que Ángel, muerta (literalmente hablando) de risa, le echó un balde de agua en la cabeza, ocasionando que su delineador se corriera por completo.

- Si fueses hombre., no necesitarías usar delineador – Dijo Ángel burlonamente.

- Ya verás que si puedo cambiar- Dijo la vampira malhumorada.

Se colocó frente al espejo, y se concentró todo lo que pudo en cambiar, hasta que la voz de Ángel interrumpió sus pensamientos.

- ¿No habías dicho que serías hombre? ¿Por qué ahora eres una chiquilla?

- ¡No soy una chiquilla!- Dijo Victoria casi haciendo un berrinche, para voltear y ver que se había convertido en una niña de 5 años, con un vestido rosado sin mangas, y en la mano, un bolsito con la cara de Barbie.

- ¿Qué me hiciste?- Dijo Victoria casi llorando

- Yo no hice nada- Dijo Ángel riéndose- Te lo hiciste tu misma.

- ¡No es justo!- Dijo Victoria haciendo un berrinche- ¿Por qué tu puedes y yo no?

- Porque tu eres una enana de cinco años, y yo no.

- ¡¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!

- Vamos, más compostura. Vuelve a transformarte, esta vez en hombre. Intenta alguien que conozcas, será más fácil.

- Snif. Bueno, lo intentaré.

Se concentró con toda su fuerza, y al poco tiempo notó que el cabello en el cuello le estaba molestando. Pero ella no tenía el cabello tan largo. Abrió un ojo con dificultad, y dio un grito, que hasta Enrico Maxwell escuchó.

- Sabes, que hasta te ves mejor que el propio. Deberías considerar el mantener esa apariencia.

- ¡No quiero ser Pip!

- Entonces cambia.

Ella lo intentó nuevamente.

- Por lo menos Pip, era más aceptable que Jack Valentine.

Victoria hizo una mueca de asco.

- Bien, ahora deberás convertirte en lo que yo te diga.

- Lo intentaré.

- ¡Walter!

Victoria se transformó en el mayordomo, aunque con el cabello un poco más largo.

- Nada mal. ¿Qué tal...? ¡Ferguson!

Victoria cambió al calvo general.

- Nada mal. Esta vez quiero a… ¡Integra!

Victoria se convirtió, aunque no sin algunos desperfectos.

- Primero: Si integra tuviera tanto escote, se caería e bruces en la escalera.

Segundo: Si no tuviera los ojos azules, no la llamarían dama de hielo

Y Tercero: La próxima vez que te conviertas en Integra, recuerda que no tiene una camiseta que dice, ¡Viva el Cáncer de Pulmón!

Victoria, giró la mirada, como si no la hubiese escuchado.

- Bueno, creo que has aprendido bien, chiquilla. Sigue practicando- Dijo mientras abría la puerta de la habitación.

- ¿A donde vas?- Preguntó Victoria.

- A donde el viento me lleve- Dijo Ángel, cerrando la puerta, mientras agregaba- Deberías probar vestirte de Arucard con un esmoquin negro, en la sala de tiro…

- ¿?

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Integra, por primera vez en sus… 20, 25, 30, 35, o cuantos años tuviese, tenía que manejar. ODIABA MANEJAR. Pero eso le sucedida por haber querido cargársela con Walter. Aunque ella no tenía la culpa de que él se tomara todo tan literal.

Estaba intentado mirar a través del vidrio ahumado de la Hummer Negra que manejaba, cuando distinguió, a lado opuesto de la calle, un guapo muchacho de cabello negro y ojos verdes, quien vestía un esmoquin negro sin la chaqueta. Solo con un partó, como Walter cuando era joven. En ese momento, por primera vez, se le ocurrió una brillante idea. Bajó el vidrio, y le hizo señas al muchacho para que se acercase, lo cual él hizo, con evidente galantería. Podía fingir que Walter había tenido un trágico accidente, rejuvenecedor. O algo se le ocurriría. Cuando el chico subió al auto, ella arrancó rápidamente en dirección al palacio de su majestad, mientras le daba indicaciones, cosa a la que él, solo respondía con una seductora sonrisa.

Al llegar al palacio, el muchacho se bajó primero y le ofreció el brazo con galantería, cosa que ella no rehusó. Subieron las escaleras, y al llegar a la puerta, el chico las abrió de par en par, anunciando.

- ¡Abran paso a Lady Integra Fairbrok Wingates Hellsing, Ama y Señora del Universo!

Todos los presentes voltearon a ver, de donde había provenido la voz, pero lo único que pudieron ver, fue a una despampánate Integra, bajando las escaleras.

Ella volteó la mirada, y puedo ver al muchacho, quien ya estaba debajo de las escaleras, esperando recibirla.

- Cuando necesite de mí, Lady Integra, yo lo sabré. Llámeme Dárius.

Ella le dedicó una mirada de agradecimiento, mientras se dirigía a la pista de baile, donde varios pretendientes esperaban para bailar con ella.

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Ya era bastante tarde, Dárius manejaba la Hummer negra, en dirección a la mansión Hellsing, cuando, de repente, frenó bruscamente, frente a una enorme casa.

Integra le dirigió a Dárius, una mirada interrogante. El le sonrió y bajó de la camioneta. Al cabo de 10 minutos regresó con 3 enormes caja, las cuales subió a la camioneta, para continuar su camino.

- ¿Qué hay en las cajas, Dárius?- preguntó Integra.

- Solo algunas cosas que necesitaremos para mañana, Lady Integra.

Ella levantó una ceja interrogante.

Llegaron a la mansión, donde Dárius se ocupó nuevamente de Integra, hasta dejarla en la sala, mientras él, preparaba su habitación. Definitivamente ese chico tenía un gran parecido con Walter, de joven, claro está.

A los pocos minutos, Dárius regresó y condujo a Integra hasta una habitación, la cual no era la suya.

- Me tomé la libertad de prepararle otra habitación Lady Integra, ya que la suya, ha tenido algunos problemas técnicos con agua, y lo que parece ser champaña.

Integra se imaginó a Walter en tangas saltando sobre su cama con una botella de champaña, mojando todo, mientras los mercenarios intentaban limpiarlo con una enorme manguera.

- Me imagino que pudo haber sucedido- Dijo ella suspirando.

- En ese caso, hasta mañana Lady Integra- Dijo Dárius mientras la dejaba en la habitación.

La habitación era igual a la suya. Se acercó y sentó en la cama. Había un juego completo de dormir, con bata de seda, sostén e hilo, con encaje negro. Cortesía de Dárius seguramente. Sonrió con malicia. Se acercó a la mesa de noche, y encontró una botella de agua. Bebió de ella, y al momento, comenzó a sentir unos fuertes mareos, que al poco tiempo, la dejaron desmayada en la cama.

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Al día siguiente, Arucard, al aparecerse en la oficina de Integra, sorprendentemente no la encontró allí.

Bajó y la encontró en el comedor de la familia, envuelta en una bata de seda blanca, con una copa de líquido negruzco en las manos, mientras charlaba animadamente con Victoria, quien trataba de que la escena no pareciera, por demás, extraña.

Ya había arreglado su pequeño inconveniente con Walter, y este al poco tiempo le trajo una copa con liquido negruzco, e Integra le hizo seña de que se sentara en la mesa, cosa que obedeció al momento.

Bebió rápidamente el contenido de la copa, el cual tenía un extraño y dulce sabor.

AL Walter llegar con el desayuno, Integra se levantó furiosa y tiró la bandeja al piso.

- No quiero té con galletas de dieta como todas las mañanas. Hoy quiero algo diferente.

- ¿Cómo que?- Inquirió el mayordomo

- ¡Pastel de Calabaza!

- ¿Qué?- Exclamaron todos los presentes al unísono.

- ¡Quiero pastel de Calabaza, Walter! Y no me hagas repetirlo. Y cuando lo termines, llévalo a mi oficina- Dijo mientras se levantaba y salía del comedor- Pero mientras tanto, no quiero que nadie, y con ese me refiero a ti Arucard, me moleste mientras estoy en mi habitación.

Quienes quedaron, cruzaron miradas por el extraño comportamiento de Integra. Pero nadie se atrevió a decir nada en voz alta. Walter, suspirando, se dirigió nuevamente a la cocina. Arucard por su parte, desapareció, mientras que Victoria, se dirigió al campo de entrenamiento, en busca de Ángel, por quinta vez ese día.

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- Por fin te encuentro… ¿Dónde estabas?- Le regaño Victoria.

- Por allí, ocupándome de algunos asuntos- Dijo Ángel con picardía.

- Bien, ya perfeccioné la técnica.

- Te felicito, chiquilla.

- ¡Oye!- Dijo con malhumor- Por cierto…- Dijo cambiando de tema- No he visto a Pip, desde la "fiesta" del otro día.

- De repente, fue a matar el tiempo por allí. ¿Quién sabe? Quizá no sea del bando que nosotras pensamos.

- ¿A que te refieres con eso?

- ¿No se te ha ocurrido que, tal vez, Pip haya dejado de fastidiarte porque descubrió que era del otro bando?

- ¿?

- Que es Gay, Victoria.

- Oh, eso.

- Quien sabe si es así.

- No lo creo- Dijo Victoria con convicción.

- ¿Y si así fuera?

- Ya veremos- Dijo Victoria, aunque luego murmurando para si misma- Estoy segura que el sueño de anoche no tiene nada que ver.

- Bueno, te lo dejo chiquilla. Tengo que arreglar unos asuntos. Nos veremos más tarde- Dijo mientras agitaba la mano en señal de despedida.

Sonrió malévolamente. Ya se había ocupado de dos cosas. Integra no parecía estar en condiciones de estropear su "maléfico" plan, y Victoria pasaría todo el día tratando de averiguar sobre el sueño que ella le había ocasionado. Solo faltaba ocuparse del mayordomo y del vampiro antiguo. El resto era historia.

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- ¡Walter!

El mayordomo volteó la mirada, para encontrarse cara a cara con si mismo, cuando joven.

- Walter, Lady Integra espera su pastel de calabaza.

- Dile que pronto lo terminaré. ¿Y tu…?

- ¿Yo que?- Dijo inocentemente

- ¿Qué haces aquí?

- ¡Oh! Disculpa mi descortesía. Mi nombre es Dárius. Acompañé anoche a Lady Integra al baile, y ella me pidió que me quedara unos días. Espero no causar problemas.

- No, ninguno Dárius. Di a Sir Integra lo que te he dicho.

- Si, Walter – Dijo mientras se dirigía a la puerta, cuando recordó algo – Por cierto, también dijo que pusieras a congelar lo que hay en las tres cajas que trajo anoche y compraras algunas serpentinas.

- ¿?

- No me preguntes. Yo solo sigo órdenes.

- Ya lo sé.

- Aquí entre nosotros, Walter- Dijo acercándose al mayordomo confidencialmente – Creo que alguien puso algo en su bebida anoche, y por eso está así.

- Debe ser eso.

- Entonces tendremos que cuidarla hasta mañana. Recuerda que aún sigue siendo la líder de Hellsing, y puede mandar a que te fusilen si le desobedeces.

- Cierto- Dijo Walter con un escalofrío.

- Bueno, regresaré a cuidar de Lady Integra. Y tú, termina ese pastel- dijo señalándolo con el dedo.

- Pronto, pronto- murmuró el mayordomo, mientras se acercaba a ver el pastel en el horno.

Dárius salió de la cocina con una siniestra sonrisa, rumbo al despacho de Integra.

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- ¡Arucard!

El vampiro apareció frente a el líder de la organización Hellsing, esperando encontrarla reestablecida… Pero el caso era peor de lo que se habían imaginado.

- ¿Qué tal me veo?- Le dijo Integra al vampiro.

En vez de tener, su tradicional traje color claro, tenía un vestido largo color negro. Sin mangas pero con cuello, y hasta la rodilla. Estaba viéndose frente a un espejo que había mandado a traer por Dárius.

Volteó a ver al vampiro, que tenía cara de haber visto al Mayor corriendo desnudo por la calle con un sombrero cowboy, pero rápidamente recobró la compostura.

- Me alegro que te guste – Dijo ella, mientras se sentaba nuevamente tras su escritorio, con semblante amable.

El vampiro se disponía a irse, cuando…

- Espera un momento, Arucard…

Él volteó la cabeza, para mirarla.

- Siéntate.

Él obedeció la orden, aunque no sin cierto temor, pues, aunque Integra tuviera un rostro amable, nunca se podía esperar nada bueno en esas circunstancias.

- La otra noche, cuando fuiste a buscar al sicario…

- Y ya empezamos de nuevo con esto – Pensó Arucard

- … Ángel trajo un chip. Quiero que veas que tiene.

- ¿?

Integra entonces, sacó un control remoto de una gaveta de su escritorio, y presionó un botón. A lejos empezó a escucharse una leve música, que al poco tiempo comenzó a llenó el despacho de Integra.

Era una mezcla de merengue con pop. Extraña mezcla. Al poco tiempo entro Victoria, quien traía a Walter agarrado por la cintura, intentando bailar, mientras que el mayordomo intentaba que no se le cayera el pastel de calabaza.

De repente, el mayordomo tropezó y el pastel voló por los aires…

- ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!- Gritaron todos al unísono

… Y terminó estrellándose en la cabeza de Arucard.

Todo el mundo quedó inmóvil. Hasta que Integra, con cuidado se acercó y tomo con su dedo, un poco de crema del pastel, que estaba en la cara del vampiro, y lo probó.

- ¡mmmmmmmmmmmmmm!- Dijo con una mueca de felicidad- Esta delicioso Walter, te felicito.

- Gracias, Sir Integra.

- Y tu, Arucard- Dijo volteando a ver al susodicho- ¡Relájate!- Agregó con una sonrisa, mientras besaba su mejilla, y se lamía la crema que había quedado en sus labios- Hoy es Halloween- Dijo feliz, mientras un fulgor ambarino ilumina su mirada.

Entonces, con movimientos rápidos, casi bailando, salió del despacho cantando "Hips Don't Lie", mientras todo los presentes la miraban con desconcierto.

Arucard, quien volteó a ver a Walter, con la mirada más desconcertada de todos, alegó:

- Bueno… entonces… Feliz Halloween!- Dijo con una mueca de desconcierto

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- ¿Es necesario?- Dijo Arucard con una mueca de asco.

- Sir Integra lo ordenó- Dijo Walter, mientras le arreglaba el moño.

Suspiró.

- Espero que se le pase pronto- Dijo Arucard

- Yo igual- Dijo Walter con un suspiro- ¡Listo! Ya puedes salir.

Arucard abrió las pesadas puertas que daban al sótano, y vio, lo que el consideró, lo más horrible de su vida.

Los muebles color crema, estaban cubiertos por mantos de brillantes colores, y toda la habitación estaba adornada con serpentinas de colores, calabazas con velas, y murciélagos de plástico, colgando del techo.

Suspiró resignado, y se sentó en el mueble que tenía más cerca, el cual tenía un manto azul eléctrico, y decidió esperar a que todo terminara, mientras que Walter, discretamente observaba la escena desde la puerta, aún pensando en lo bien que se veía Arucard en esmoquin negro.

Mientras tanto, en el campo de entrenamiento…

- … Y por eso debes hacerlo

- No estoy muy convencido, Ángel. ¿Segura que funcionará?

- Claro que si. Yo misma me ocupé de eso.

- ¿Y que me voy a poner?

- No lo se- Comenzó a pensar, y pronto se le iluminó el rostro- Te pondrás unos pantalones negros, y en la cintura te colgarás el cinturón de tus pistolas. Una camisa blanca con mangas largas y un moño como el del traje de Arucard. Y trénzate el cabello, no lo olvides.

- Como sea- Dijo Pip- ¿Para cuando es?

- ¿Cómo que para cuando?- Dijo Ángel histérica- Para ya mismo. ¡Ve a vestirte, Gay!

- Pues claro que si, chica- Dijo Pip, con un tono de voz afeminado, mientras se alejaba.

- Todo listo- Murmuró Ángel para sí misma- Ahora ¡Que comience la fiesta!

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Ya estaba harto de esperar, y que Integra no bajara. Ya Dárius le había dado dos copas de ese negruzco líquido, e Integra aún no bajaba. Estaba bebiendo la segunda copa, cuando de repente escuchó un ruido en las escaleras, y cuando volteó para ver, encontró a Integra en el suelo. Al parecer se había tropezado, y se levantaba cuidadosamente, frotándose la columna con expresión adolorida.

Él se acercó y la ayudó a levantar, con delicadeza, lo que hizo ruborizar a Integra, quien depositó un beso en su mejilla.

- Walter, una copa por favor- Dijo ella con tono autoritario.

El mayordomo enseguida trajo lo solicitado.

- Quiero brindar con ustedes, por este día de Halloween. Por Ángel, que, aunque no esté presente, ha traído grandes cambios a Hellsing. Por Dárius, quien ha sido una ayuda en la ausencia de Walter. Por Pip y Victoria, quien también son una gran ayuda para Hellsing. Por el delicioso pastel de calabaza que el servicial Walter hizo esta mañana, y por Arucard, que siempre a estado a mi lado. ¡Salud!- Dijo alzando su copa

- ¡Salud!- dijeron todos al unísono, bebiendo el contenido de sus copas, de un solo golpe, lo que ocasionó que al poco tiempo todos tuvieran unos rubores en sus mejillas, cortesía del alcohol.

Walter en ese momento, comenzó a saltar sobre los muebles, gritando incoherencias como:

- Capitán… eres mío… Rip, Integra ya tiene novio… Dr., el capitán y yo no somos novios… Ángel, bájate de la mesa… Dárius, no metas la mano bajo la falda de Victoria- Y cosas por el estilo.

Ángel y Dárius, sin embargo, no aparecían por ningún lado.

Pip, quien estaba esmerado tratando de arreglar sus uñas, no notó como Victoria se acercaba por detrás y le tapaba los ojos.

- ¿Quién soy?

- ¿Dárius? Mi amor, te dije que no en público- Dijo mientras tomaba a Victoria de las muñecas.

Victoria, lo miró horrorizada.

- ¡Oh! Eres tú, mignonette. Si vez a mi Dárius, dile que lo estaré esperando en tu habitación.

Victoria, aunque horrorizada, lo tomó por la muñeca antes de que se fuera.

- ¿Qué sucede mignonette? ¿Tienes algo que decir?

Victoria no podía soportarlo. Era cierto, que a veces le molestaba el comportamiento tan natural de Pip para con ella, pues sabía que él sentía amor hacia ella. Pero no podía soportar verlo convertido es eso. Pues aunque ella no quería admitirlo, muy en el fondo, ella también sentía amor por él.

Lo abrazó con fuerza y él le devolvió el abrazo también. Y entonces, para que fuera suyo, para siempre, besó los labios del muchacho con ternura.

Pip, contento, le devolvió el beso con pasión, y al poco tiempo, ambos estaban acostados sobre el sofá…

Integra por su parte, estaba sentada en el regazo del vampiro antiguo, quien le hablaba de muchas cosas, mientras acariciaba su cabello.

De repente, Integra gritó:

- ¡Pip! ¿Por qué tú y Victoria no se van al sótano? Creo que estarán más cómodos.

- Excelente idea, Lady Integra. Vámonos mignonette- dijo mientras la alzaba en brazos y la llevaba al sótano.

- Como crecen estos muchachos hoy en día- Dijo Integra, quien volteaba nuevamente a ver al vampiro, mientras acariciaba su oscura melena.

- Soy testigo de eso. Te he visto crecer- Dijo él, casi provocativamente.

- No tanto como crees- Dijo ella mientras le tomaba la corbata, y le plantaba un beso en los labios.

Él devolvió el beso, pero al poco tiempo, comenzó a sentir que algo no estaba bien, y cortó el beso con suavidad. Cuando miró a Integra nuevamente, sus ojos eran color miel, y tenía una sonrisa traviesa.

- ¿Qué sucede aquí?- Dijo él, desconcertado.

- ¿Qué acaso no te has dado cuenta?- Le respondió una voz, que no era la de Integra, pero era extrañamente familiar.

- ¿Ángel?

- Veo que te costó darte cuenta- Dijo ella con una risita- Creo que tu amor por Integra, te cegó un poco.

- Ya lo creo. ¿Dónde está Integra?

- En una habitación más allá- dijo señalando el pasillo sobre las escaleras- Aún duerme. No despertará hasta mañana.

- Eso espero. ¿Te imaginas su cara, si viera este desastre?

- Sería como para tomarle una fotografía- Dijo mientras reía.

Nuevamente, comenzaron a besarse con pasión, mientras Walter, seguía haciendo niñerías en los muebles.

Ambos se levantaron en dirección al sótano, cuando Walter a lo lejos gritó:

- Sir Integra, no creo que deba perder su vida con una animal como ese.

- Tampoco la perderé si no lo hago, Walter- Dijo Ángel, siguiéndole el juego

Ambos se adentraron en el pasillo.

- ¿Qué sucederá mañana?- Preguntó Arucard

- ¿A que te refieres?- Dijo inocentemente

- Cuando todos despierten…

- Nadie se acordará de nada. Para eso era el licor.

- ¿Y nosotros?

- Eso no nos afecta, querido. Mañana será un día feliz.

- Ya lo creo.

Ambos entraron a la habitación del vampiro antiguo.

Él se recostó sobre la cama, mientras ella se dirigía al baño. Se quitó la chaqueta y la camisa, y las dejó sobre el sofá, y volvió asentarse en su sitio. Al poco tiempo, Ángel salió, siendo ella, y no Integra. Tenía un camisón corto transparente, que la hacía verse tan angelical, y la vez, tan provocativa.

Ella se acercó a él, y se sentó en su regazo, mientras le besaba con pasión. Él no pudo soportar más la tensión, y con un movimiento rápido, las estampó contra la cama.

Bajaba por su cuello, sintiendo nuevamente aquella suave piel, tan blanca como la nieve pero cálida a la vez. Sentía su agitación, como se revolvía bajo suyo y lo llamaba, o simplemente soltaba gemidos con su nombre. Mordió su piel y luego la lamió, saboreándola.

Siguió bajando, corriendo la ropa que le empezaba a exasperarle. Más ropa, más piel... sí, eso quería, más piel y piel, quería descubrirla. Su lengua delineó el contorno de su clavícula, luego el nacimiento de sus senos, corriendo el sostén con encaje.

Pero se alejó, sosteniendo todo su cuerpo por sus manos, para mirarla a los ojos. Veía como su pecho subía y bajaba a causa de la agitación. Como su camisón pálido solamente cubría su vientre y muslos. Como sus ojos se enfocaban en los suyos, deseosos, anhelantes, oscuros.

Lo deseaba. Podía entenderlo. Toda ella lo deseaba, hasta casi le parecía oír lo que su mente susurraba. ¿O era su imaginación?.

Siguió bajando, pero sin tocar sus pechos, rozando apenas su piel. Escuchaba sus jadeos, como se revolvía intentando que la tocara, perdiendo toda su paciencia. Sonrió para sus adentros, sabía que esa tortura le estaban encantando, lo sabía. Como sus labios, sus manos apenas tocaron su piel, pero solamente sacaron el camisón, que cayo lentamente por el suelo.

La chica se tensó, al ver hacia donde sus labios iban a dirigirse, pero se calmó al ver que se desviaron hacia su muslo hasta el dedo del pie y hacía lo mismo que el otro. Todas aquellas descargas, la sacudían violentamente, su mente estaba sumergida en un mar de placer y lo único que pensaba con claridad, era su nombre. El nombre de quien tanto amaba.

Ahí estaba ella, medio desnuda, ante sus ojos. La apresó por la cintura y la elevó un poco, pegándola con fuerza contra su pecho. Ella gimió al sentir tan cerca su piel caliente. Sus manos varoniles, acariciaron su espalda con extrema dulzura y llegaron al broche del sostén. Por unos momentos, se quedó sin hacer nada, solo jugueteando con el broche, hasta que finalmente lo soltó y la prenda se deslizaba por entre sus brazos.

Nuevamente, ella gimió al ser estampada contra la cama. Sintió como los labios de él recorría otra vez su pecho y se detenía en uno de sus senos, y empezaba a jugar con su pezón. Gimió más fuerte, apretando con fuerza la sabana. ¡La estaba volviendo loca!

Cuando subió para besarla, ella abrió sus ojos a más no poder. El vampiro hundió un dedo en su intimidad. Ella soltó un suspiro ronco entre el beso, y lo cortó sutilmente, gimiendo. Ahogó un grito en su garganta cuando el hundió otro dedo y luego los sacó, para luego volver hacerlos entrar. Entraban y salía, entraban y salían. Gemía más y más fuerte.

Cuando los sacó finalmente, lamió sus dedos, observándola. Ella sólo jadeaba por la tanta pasión que latía en todo su cuerpo, sus venas parecían querer explotar a igual que su cerebro. Cuando él se acercó, ella se colgó de él y empezó a besar por el cuello, como el chico lo hacía. Lo mordía, lo lamía y luego lo besaba, plantando besos de mariposa.

Lo tomó por sus hombros y, con un impulso, ella se puso al mando. Lo besó apasionadamente, con lentitud mientras que sus manos acariciaban sus brazos. Recorrió su cuello y pecho, lamiéndolo y también ¿por qué no? mordiéndolo con levedad. Podía sentir su esencia, fuerte y varonil, como él. Sus gemidos roncos y fuertes, a igual que sus suspiros y quejidos, mezclándose con su nombre.

Acarició su rostro, corrió algunos mechones negros que tapaban su visibilidad, vio la profundidad de sus ojos rojos y sonrió. Lo amaba cada vez más. Hacer el amor con él era algo tan nuevo y excitante, como sentir sus manos acariciar su espalda.

Cuando él volvió a tomar el mando, ella sólo esperó. Lo deseaba, pero a la vez no quería que terminara. Se aferró a su espalda como un salvavidas, entrecerró los ojos y esperó. Cuando pronunció su nombre de una forma suave y ronca, penetró con fuerza, haciéndola casi gritar.

Sus uñas amenazaron con dañar su piel, pero aquello lo excitaba más. Se movió dentro de ella, con rapidez, como si de repente una fiera se apoderaba de su cuerpo y tomaba el control. Quería que ella gritara de éxtasis, quería que hasta la más mínima parte de su cuerpo se estremeciera de placer, que lo único que su mente le hiciera recordar fuera a él y a sus caricias, a él y sus besos. Solamente a él.

Él seguía entrando y saliendo, pero esta vez más suave y prolongado, como una mecedora que iba perdiendo la velocidad, hasta que finalmente se detuvo dentro de ella. Dio una ultima embestida y cayó rendido, jadeando, a igual que ella.

Una sonrisa satisfecha cruzó sus labios cuando lo abrazó con fuerza, recuperando el aliento. No podía evitarlo, la hacía sentir viva cada vez que terminaban de hacer el amor. Nadie jamás le explicó aquella paz que se sentía cuando terminaba ese ritual. No era sexo, era hacer el amor con la persona que más amaba en la vida.

Arucard enterró su cara en su cuello, aspirando suavemente ese olor que desprendía el cabello de Ángel y ese dejo a flores que salía de su piel. La adoraba, aquella forma en que ella gemía su nombre, la ternura que desprendían sus actos a cada caricia. Como lo había pensando antes; era única. Tanto en la forma de amar como en demostrarle que le importaba.

–Te amo –susurró Ángel, casi sin voz, cerrando los ojos con cansancio y acomodándose bajo su pecho.

Arucard le acarició la cabeza, le dio un beso en la sien y otro en el cuello, para luego besarla con lentitud, ambas lenguas entrelazándose.

–Lo sé, yo también –murmuró Arucard,

Y recibió abrazados la mañana, ambos cuerpos abrazados de los dos amantes. Arucard y Ángel.