Capitulo 9: Plan de Ataque Nocturno

¡¡¡Q rabia!!! Pensé que el capitulo de Halloween iba gustar, pero solo Dany me dejó reviews. T.T. Ni siquiera Inte, Burn o Azrakil, que eran los fieles seguidores de mi historia. T.T. Pero para otros que leen mi historia, les dejo este nuevo capitulo, para que continúe la trama, aunque se me haga un poco difícil escribir. Jejeje. Y los que lean, por lo menos dejen reviews…

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Integra estaba de mal humor, se había levantado con un malestar horrible, y no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado el "día anterior", excepto que había conocido a Dárius, pues extrañamente, la imagen del muchacho aún estaba vívida en su memoria.

Suspiró y se sentó tras su escritorio. Tomó el té que Walter había traído pocos minutos antes, y los sorbió con delicadeza. Se suponía que la manzanilla debía calmar sus nervios y el estrés, pero no lo conseguía. Se levantó y asomó al balcón. Afuera estaba amaneciendo, y la niebla aún cubría la mayor parte de la mansión. No eran los nervios y ni el estrés lo que la tenía tan alterada, y ella lo sabía. Dejó la taza apoyada en el alfeizar del balcón y volvió a entrar. Hacía frío y los vidrios de la oficina estaban empañados, y Walter le había dejado un suéter negro en el escritorio, el cual ella con un movimiento de la mano, tiró al suelo con evidente molestia. No le decían la dama de hielo por nada.

En ese momento nada, absolutamente nada le preocupaba. Tenía la mente en blanco y ella conocía la razón. Se maldijo a si misma por estar pensando en cosas como esas, cuando una voz, que ella solo había escuchado 3 veces, pero ya conocía muy bien, interrumpió sus pensamientos.

- ¿Está usted bien, Lady Integra? Creí escuchar que me llamaba.

Ella levantó la mirada. No se encontraba sorprendida en absoluto. Sin embargo, no entendía el porque de aquella extraña sensación. Sentía que lo conocía de toda la vida, y, cuando lo miraba y lo sentía cerca, su cuerpo se tensaba rápidamente. Colocó su cabeza entre las palmas de sus manos, y negó con la cabeza suavemente.

- No es nada. Nada…- Dijo en fugaz susurro que escapó de sus Labios.

Entonces, comenzó a sentir frío. Levantó la cabeza, y vio como él había abierto las ventanas de su oficina.

- El frío ayuda a despejar la mente. Al igual que la neblina a los corazones turbados, en mañanas como estas.

Integra agradeció el gesto, y salió afuera a tomar aire en el balcón. La taza ya no estaba donde la había dejado. Sonrió para si misma y cerró sus ojos, dejando que el viento acariciara sus cabellos, y murmurando un nombre que solo ella pudo escuchar.

Él se dio cuenta, y sonrió. Evidentemente sabía que había dicho ella, pero no quiso interrumpir ese momento. Cerró la puerta sin hacer ruido y desapareció escaleras abajo.

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Con delicadeza se incorporó a medias en la cama, y en ese momento, notó un bulto aferrado a su pecho. Levantó la sabana y allí estaba ella. Durmiendo como una niña feliz, aunque al fin y al cabo, ella era su chiquilla. Sonrió para si mismo, y recordó lo sucedido la noche anterior. Tenía que darle las gracias a Ángel, después de todo había sido su idea lo del disfraz, aunque también había descubierto que, al final de todo, Victoria si lo amaba, pues aún y cuando el había fingido que no la quería, ella se resistió a creerlo, y fue cuando probó esos labios, que desde hace mucho lo traían loco. Recostó nuevamente la cabeza y cerró los ojos. Solo disfrutando ese momento entre él y su querida vampiresa.

Victoria se despertó con la salida del sol. Abrió la boca, y empezó a respirar sintiéndose pesada como si la noche anterior fuera todo menos un sueño. Su cabeza se desplomó sobre sus manos como si estuviera experimentando algún tipo de resaca. Entonces fue que ella comprendió algo: no estaba sola en su cama. Despacio bajó la mirada para ver lo que había al lado de ella

"Pip! " exclamó lanzando una pequeña exhalación. En realidad esperaba que todo aquello hubiese sido un sueño. Y si no lo era, al menos es probable que la hubiese dejado sola después de la extraña fiesta de la noche pasada, pero él se había quedado con ella a lo largo de la noche, y todavía estaba durmiendo al su lado.

Sintió como una lenta sonrisa se extendía por su cara mientras lo miraba dormir. Estaba de espaldas a ella, pero ella tenía el sentimiento de que él estaba durmiendo apaciblemente.

Y entonces se dio cuenta de que Pip no aparecía estar llevando ninguna ropa. Levantó las sábanas y se miró, llena de turbación. Ella también estaba desnuda en la cama con él, y la realidad de lo que pasó en la noche anterior le cayó como una tonelada de ladrillos.

Agitó su cabeza rápidamente, tratando de convencerse de que no era verdad. Pero despacio la realidad de la situación se hizo demasiado obvia como para ignorarla, y, en realidad ella estaba contenta de que hubiera sido así. Sonrió suavemente cuando se estableció en la realidad y se acercó más a él, aferrándose más a su pecho. Cerró sus ojos y continuó así durante varios minutos.

Despacio, Pip empezó a moverse, sintiendo el abrazo de la joven vampiresa, y Victoria levantó la mirada, observando esos ojos azulados, que le miraban con ternura. Su corazón tembló cuando él devolvió el abrazo y se volvió hacia ella, besando su frente suavemente.

Ella, un poco nerviosa, al estar ya conciente de lo que había sucedido, comenzó a separarse del muchacho, con un leve rubor en sus mejillas.

- ¿Qué sucede mignonette? ¿Acaso algo te preocupa?

- No, no es nada- Dijo mientras intentaba levantarse, pero tropezó y calló de nuevo en el pecho del muchacho.

- Mignonette, no tienes que preocuparte. Nadie en Hellsing es aún conciente de lo que sucedió anoche.

Estaba claro que él si lo sabía, y muy bien.

- Pero si te encuentran aquí, ambos estaremos en líos- Dijo ella preocupada

- Eso no me preocupa. Lo que me preocupará de ahora en adelante, será cuidarte y pasar lo que me queda de vida junto a ti.

Victoria se enterneció ante este gesto tan tierno, y le besó la mejilla.

- Creo que será mejor que te levantes "Capitán". Tus soldados ya deben estarse preguntando donde estás.

- No lo dudo. Aunque mi soldado más importante, sabe donde me encuentro- Dijo mientras esbozaba una sonrisa, y se incorporaba en dirección al baño.

Victoria, también esbozó una sonrisa. Si bien era cierto que lo amaba, nadie debía enterarse de lo sucedido. Solo la oscuridad sería testigo de su amor.

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Abrió los ojos, y trató de incorporarse, cuidando de no despertar a quien a su lado dormía. Se sentó en la cama y suspiró aliviado. En ese momento, sintió unos brazos que se aferraban a su cintura y nuevamente le envolvían entre las sábanas, para luego sentir una cálida respiración en su cuello, mientras el murmuraba al oído:

- ¿A dónde crees que vas?

- No lo se. Pensé que aún dormías.

- Yo nunca duermo. Solo descanso.

- Entonces continúa descansando.

- No tengo ganas- Dijo mientras se incorporaba y lo miraba a los ojos.

Él con su mano, apartó los mechones de su rostro y le dio un corto beso en los labios.

- Es tarde para estar durmiendo- dijo él incorporándose

- ¿Acaso le tienes miedo a Integra?- Dijo ella con picardía.

- No es temor- Dijo el sonriendo, enseñando un colmillo- Aunque admito que me tomaste por sorpresa.

- Sabes que ella no recordará nada. Te lo advertí.

- Lo sé. Pero estará enojada, y terminará pagándola con nosotros.

- No lo creo. Es probable que Dárius ya se haya encargado.

- ¿Lo conoces?- Dijo él sin tratar de parecer curioso.

- Es una larga historia. Algún día te la contaré- Dijo mientras se incorporaba también y le besaba con ternura.

- La esperaré con ansias. Aquí en Hellsing están surgiendo muchas intrigas.

- Y las que faltan todavía…

El sonrió con picardía. Ella se levantó de la cama, y recogió la toalla que estaba sobre el sofá y se dirigió al baño. Él, levantándose al fin, tomó su casaca, la sacudió un poco y se la colgó al hombro, para salir tras ella en dirección al baño.

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- ¿Acaso creen que es momento de jugar, cuando tenemos a Millenium y a Iscariote pisándonos los talones?- Decía un Integra bastante enojada.

- Te lo dije- Susurró Arucard

- Ya se le pasará- Le respondió Ángel en el mismo tono- Necesita descargarse.

Estaban ambos sentados frente al escritorio de Integra, quien estaba de muy mal humor, regañándolos como a niños pequeños. Ángel nuevamente se encontraba vestida con su falda y su chamarra roja, mientras que el vampiro no tenía el sombrero, pero mantenía las gafas para no tener que mirar a Integra directamente, puesto le traía los recuerdos de la noche anterior.

- Especialmente Walter, quien no ha debido dejar que los mercenarios se emborracharan…

- Pero Sir Integra…- Se excusó Ángel.

- No veo que haya motivo por el cual celebrar. Ni siquiera hoy que es Halloween.

Ángel se rió por lo bajo.

- ¿Acaso te parece gracioso Ángel? ¿Y si anoche nos hubiesen atacado?

- Tiene razón Sir Integra. Me disculpo por mi atrevimiento.

- No deberías ser tan dura con ella. Es solo una niña.

- No te pregunté Arucard.

- Además, ella no tiene la culpa, de que los mercenarios no se tomen tan en serio su trabajo- Dijo él con insolencia.

Integra estaba a punto de responderle, cuando alguien tocó la puerta. Entonces, Dárius, quien traía una taza de té en la mano, entró en la oficina, y depositó la taza en el escritorio de Integra.

- Walter se lo envía, Lady Integra. Le ha pedido que disponga de mí, mientras él se ocupaba de unos asuntos.

Integra suspiró resignada y tomó la taza de té del escritorio y la sorbió con delicadeza. Dárius se situó cerca de Arucard y Ángel, y esperó pacientemente.

- Siempre tan oportuno- Le susurró Ángel.

- Tenía que hacerlo. Después de lo de anoche, te debo una- Le susurró Dárius.

- Espero que no se te olvide. Y no se te ocurra propasarte con Integra. Te estaré vigilando.

- ¿Cómo puedes sospechar de mí? Sabes que soy un buen muchacho- Dijo con ironía.

- Y yo soy Elizabeth Bathory, ¿no?- Dijo ella, malhumorada- Presta atención y no molestes.

Él volvió a su puesto cerca de Integra, mientras ella, más calmada, comenzaba a hablarles nuevamente.

- Con referencia al Chip que trajo Ángel…

- No tiene la canción de Hips Don't Lie, ¿Verdad?- Dijo Arucard

Ángel le dio un codazo en el costado al mencionado. Integra siguió hablando como si no la hubiesen interrumpido, mientras el nosferatu se frotaba las costillas.

- … Parecía no tener ninguna información que no supiéramos, pero Dárius – Señaló al mencionado- logró descifrar el mensaje con un código, y encontró un texto antiguo, pero está escrito en rumano antiguo. Ya no hay libros que traduzcan ese idioma…

- Sir Integra, ¿me permitiría ver ese escrito?- Dijo Ángel de repente

- ¿Crees que puedas traducirlo?

- No lo se. Tengo que revisarlo.

- ¡Dárius!

A la voz de Integra, Dárius le entregó a Ángel, unas hojas, en las que había caracteres incomprensibles para los presentes.

- Necesito un tiempo para meditar esto, Sir Integra. Cuando logre traducirlo regresaré.

Y salió de la oficina.

- Con su permiso, Lady Integra. Veré en que puedo ayudarla.

Dárius salió de la oficina, en pos de Ángel.

- ¿No te parece que hacen una extraña pareja esos dos?- Le dijo Arucard a Integra.

- Tal vez. ¿Estas seguro de que no se conocen?

- Parecen tener una extraña relación

- ¿Cómo lo sabes?

- Tengo mis medios- Dijo el vampiro sonriendo con malicia.

- Pero en fin… Parece que dentro de poco habrá guerra de nuevo.

- Esta vez le recomiendo no salir, Ama. No queremos que suceda lo de la última vez.

El vampiro sonrió irónicamente al recordar lo sucedido.

- Además- Agrego- ya tienes a tu servicio 4 interesantes criaturas. Deberías aprovecharlas.

- No he pedido tu opinión.

- Solo es un comentario, Ama.

Hubo un tenso silencio entre ambos, por un rato que casi fue una eternidad. Integra se sentó detrás de su escritorio, y tomó un puro, y comenzó a fumarlo despacio, pero al poco tiempo, lo lanzó por la ventana casi con desagrado. Arucard por su lado, mientras Integra hacía esto, había estado puliendo su Jackal con un pañuelo de fina batista blanca. En un momento determinado, se levantó del escritorio, y colocó el arma cerca de la frente de Integra, pero sin llegar a tocarla. Ella por su parte, con un rápido movimiento, sacó una espada, que se encontraba bajo el escritorio, y la colocó cerca del cuello del vampiro, sin tocarlo aún. Arucard sonrió con evidente satisfacción. Acercó el arma aún más a Integra, mientras que ella, con la espada, tocaba la piel del vampiro, la cual comenzó a quemarse, pero al momento, alejó la espada pero aún así la mantuvo cerca.

- ¿Hay necesidad de esto?-Dijo el vampiro.

Poco a poco, el vampiro fue acercándose a Integra. Ella colocó la espada más cerca de su cuello, sin embargo, no se lo impidió. Lentamente, fue extendiendo su mano enguantada, hasta tocar el cabello de Integra con delicadeza. Ella relajó la mano que sostenía la espada por un momento, y el vampiro pensó que al fin se había dejado vencer, pero en ese momento, ella colocó la punta de la espada en su pecho.

- No puedes dejarlo, aunque sea por una vez…

- Ya hemos tenido esta discusión antes. No me hagas repartírtelo- Dijo Integra con cierto tono de melancolía en su voz

- No te pido que te entregues, pero al menos podrías…

En ese momento, el vampiro dio un paso hacía Integra. La mano de ella, tembló ligeramente pero no soltó la espada. Él, alejo el arma del rostro de Integra y apartó la espada con su otra mano. Integra, no pudiendo aguantarlo más, cerró los ojos con resignación, aunque también con alivio.

En ese momento, se escucharon unos rápidos pasos acercarse a la puerta, y un estruendo cuando esta se abrió.

Ángel contempló la escena: Arucard apuntándole a Integra en la frente, mientras que esta, le apuntaba al cuello con un sable.

- Esto no te conviene Ángel- Susurró el vampiro.

- Pues ahora sí…

- ¿Acaso crees que no puedo deshacerme de esta criatura?- Le dijo Integra, mientras la miraba furiosa, y apuntaba con la espada, la garganta del vampiro.

- Al contrario, Sir Integra. He venido a presenciar tan magnifico acto- Dijo Ángel, mientras le lanzaba una mirada de soslayo.

En ese momento, la mano de Integra se relajó nuevamente, aunque sin abandonar su lugar. Arucard miró a Ángel, en parte preocupado, en parte ansioso.

- ¿Lo has hecho?

- Era la única forma- Suspiró ella- Además, no me conviene que me mate, ni a ti tampoco.

- Por lo menos ahora puedo… - dijo el mientras se relamía, e intentaba acercarse a Integra.

- ¡NI LO PIENSES!- Le gritó Ángel furiosa.

El vampiro la miró, algo desconcertado por su actitud.

- Puede que esté semiconsciente, pero si haces un movimiento brusco, aún te puede matar.

El bajó el arma lentamente. Miró a Ángel, y luego a Integra.

- ¿Cuánto durará?

- Aproximadamente unos 20 segundos más- Dijo Dárius, quien se encontraba apoyado en el marco de la puerta, observando la escena.

- Además- Dijo Ángel, tratando de no alterarse más- debes estar en la misma posición que cuando ella tuvo la visión.

- ¿Y tú?

- Actuaré como si nunca hubiese entrado. Fin de la historia- Dijo cortante.

- 10 segundos- Anunció Dárius

- ¡No me hagas perder el tiempo!- Dijo Ángel.

Arucard volvió a colocarse en su antigua posición, no sin antes tener el descaro de acariciar los suaves cabellos de Integra, y pasar una mano enguantada por su delicado rostro.

Ángel y Dárius, salieron de la habitación y cerraron la puerta con delicadeza.

- … al menos podrías…

Integra se vio de nuevo en la misma situación que antes había imaginado que sucedería.

- No puedo, y lo sabes. Mi condición de Hellsing me lo impide- Suspiró.

- Si cambias de opinión, ya sabes donde estaré siempre… - Dijo el vampiro mientras se desvanecía a través de la pared.

Integra se recostó por un momento del escritorio, cuando sintió un leve golpeteo en la puerta.

- ¡Adelante!- Dijo con su gélida voz.

- Lady Integra, aquí están los informes- dijo Dárius, colocándolos sobre el escritorio

- Muy bien. Eso es todo. Ya puedes retirarte – Dijo Integra, haciéndole seña con una mano para que se retirara, y con la otra, tocando sus sienes.

- ¿Se siente bien, Lady Integra?

- No es nada.

- Si desea puedo traerle algo para su dolor de cabeza…

- Dije que no era nada, Dárius – Dijo ella con su voz tan imperiosa como siempre

- Como usted desee, Milady- Dijo Dárius mientras cerraba la puerta con sigilo.

- ¿Y bien?- Dijo Ángel, quien estaba apoyada tras la puerta.

- Todo en orden- Le respondió el muchacho.

- Pero te tardaste mucho tiempo. Te advertí que no te propasaras con Integra.

- No lo he hecho… Aún…- Dijo él, con cierto dejo de malicia en la voz.

- Has lo que quieras… - Dijo ella, malhumorada, y bajando las escaleras con rapidez.

- ¿A dónde vas?- Le preguntó Dárius

- A matar a cierto no muerto- Dijo ella mientras atravesaba la puerta del sótano, y la cerraba con violencia.

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Pip se encontraba frente al campo de entrenamiento, apuntándole a un blanco que estaba a 500mts de distancia, mientras le explicaba a los mercenarios como realizar el disparo, cuando alguien se acercó corriendo desde el extremo del campo, llamándolo:

- ¡Capitán Bernardotte!

El levantó la mirada un milímetro, para observar el rostro del chico pelinegro, que se acercaba, y luego, volvió a puntarle al blanco, sin darle importancia al asunto.

- ¡Capitán Bernardotte! ¡Por fin le encuentro!

- ¿Qué sucede Dárius?

- Es Lady Integra…

- ¿Qué sucede con ella? ¿Qué te ha ordenado?

- No es eso.

- ¿Entonces?

Dárius lo tomó del hombro, y lo apartó de los otros mercenarios, para que no pudieran escuchar. Luego le dijo en un susurro casi inaudible.

- No amaneció muy bien esta mañana.

- ¿Y que quieres que haga al respecto? ¿Llevarle un té de hierbas y limón?- Pip comenzaba a molestarse, pues a su parecer, Dárius idolatraba demasiado a Integra.

- No me refiero a eso, Capitán. Se ha molestado, porque tus mercenarios, amanecieron como unos borrachos.

- ¿De que demonios hablas?

- ¡Oh Por Dios, Capitán! ¿Qué acaso no recuerda la fiesta de anoche?

- ¿Fiesta?- Dijo él. Confundido.

- Si las palabras Gay, Victoria, y Cama no te recuerdan nada, entonces me rindo.

- Shssssssss. No tan alto- Dijo el capitán tapándole la boca con una mano.

- Bueno… ¿Qué vas a hacer con tus subordinados, entonces?

- Tendré que ponerlos a trabajar a campo traviesa o algo así.

- Eso incluye a Victoria, ¿Cierto?- Dijo Dárius, con cierta picardía.

- Supongo que si- dijo el rubio suspirando.

- Te tengo una propuesta mejor

- Te escucho- Dijo Interesado.

- En el Big Ben hay algo que necesito, o mejor dicho, algo que Hellsing necesita…

- Continúa…

- Si trajeras lo que hay adentro, estoy seguro que Lady Integra, aparte de perdonar a los mercenarios, los respetaría más.

- Me gusta como suena eso.

- Sabía que te gustaría la idea.

- El único problema aquí sería, ¿Cómo movilizar a tantas tropas humanas, sin que nadie, si quiera Integra, lo note?

- Buen punto. Pero creo que se me ocurre algo.

- Háblame.

- Cerca del lugar que te hablé antes, hay un edificio abandonado, donde guardan alguna armería pesada. Le pediré a Ángel, que pida esta noche de permiso para los mercenarios, y ellos, vestidos de civiles, llegaran a este edificio. Allí yo me ocupo de todo.

- Excelente idea, querido mini-Walter.

- ¿?

- Por lo de las estrategias y eso…

- Como sea… ya sabes lo que debes hacer.

Dárius soltó a Pip, y al momento, el reunió a todos sus subordinados, para explicarles lo que sucedería en la noche.

- ¿Y Victoria?- Preguntó de repente el rubio, notando su ausencia.

- Quizá aún esté en su habitación- dijo, dirigiéndole una mirada cómplice- Yo me ocuparé de avisarle.

- Gracias Dárius. ¡Te debo una!

Dárius se alejó lentamente hacia la mansión, con una sonrisa siniestra, mientras murmuraba para si mismo.

- Y no eres único, capitán.

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- ¡ÁNGEL!

- ¿QUÉ QUIERES?

- ¡ABRE LA PUERTA!

- ¡NO!

- ¡ÁBRELA!

- ¡YA TE DIJE QUE NO! ¡NO MOLESTES!

- ¡SI NO ME ABRES, TENDRÉ QUE HACERLO POR LA FUERZA!

- ¡HAZ LO QUE QUIERAS!

En ese momento, resonaron por la mansión, tres disparos, luego, alguien empujó la puerta del cuarto de Ángel, que cayó al piso con un ruido metálico y las bisagras destrozadas.

- ¿Qué has hecho? ¿Ahora como pretendes que repare la puerta?

- Yo te lo advertí. Pero la arreglaré más tarde. En cuanto me ayudes, claro está.

- ¿Qué quieres?

- Necesito que le pidas a Lady Integra, un permiso para los mercenarios. Lo necesito para esta noche.

- ¿¡QUÉ!?

- Vamos Ángel, por favor.

- Es imposible, te lo digo, ¡IMPOSIBLE!

- Pero podrías…

- Ni lo pienses. Ya jugué bastante con la mente de Integra por un día.

Dárius suspiró resignado, cuando de repente, una feliz idea iluminó su cabeza.

- ¿Has visto la espada que tiene Lady Integra cerca de su escritorio, cierto?

- Si. Es hermosa.

- ¿Qué me dirías si te dijera que te la puedo conseguir?

- Diría que estás loco.

- Es en serio. Yo podría convencer a Lady Integra, que te la regale.

- ¿Lo crees así?- Dijo con indiferencia, pero en su voz se notaba un toque de curiosidad.

- Te lo aseguro. Pero necesito ese permiso.

Ángel comenzó a meditar la situación…

-mmmmmmmmmm… si le consigo el permiso a Dárius, aparte de que me deja en paz, me consigue la espada. Si no lo hago, tengo la noche libre, pero el enano me sigue ladillando, y me quedo sin espada… Difícil decisión… Aunque es un poco difícil tratar a Integra, creo que con algo de ayuda, se puede conseguir el permiso.

- Y bien… ¿Qué me dices?- Dijo Dárius, interrogante.

- Trato hecho. Pero quiero la espada, a más tardar para mañana en la noche.

- Si todo sale bien, la tendrás mucho antes.

- Eso espero.

- Muy bien, entonces ve a hablar con Lady Integra, mientras yo arreglo la puerta.

- Si- Dijo Ángel, mientras se dirigía al despacho- Por cierto… - volteó la cabeza para verlo- eres de lo mejor Dárius, ¡Te debo una!

- No te preocupes – dijo él sonriente, mientras Ángel se alejaba.

Cuando estuvo tan lejos que ella no podría escucharlo, murmuró.

- Recuerda que un favor, con un favor se paga.

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- Sir Integra, ¿Puedo pasar?

- Adelante- respondió ella con su típica voz gélida.

Integra estaba sentada tras su escritorio, con puro en la mano. La miraba atentamente con sus ojos fríos, mientras expulsaba el humo por la comisura de los labios. Sentía como si, sus ojos pudieran leer su mente, y descubrir que planeaba algo. Ella no dejaría que ella se percatara de nada, así que, con altivez, entró al despacho de la líder de Hellsing, y se sentó frente a su escritorio.

- Espero que haya revisado ya, lo que le mandé a traer con Dárius.

- He estado ocupada en otros asuntos –Dijo Integra cortante.

- Pues es una lastima, pues venía a ofrecerle una propuesta con respecto a ello.

- ¿Qué clase de propuesta?- Dijo Integra, interrogante, mientras alzaba una ceja.

- Pues… - Suspiró- Ya que en el ultimo encuentro que tuvo Hellsing con los de Iscariote, la organización no salió muy bien parada- En ese momento, una sonrisa traviesa afloró en sus labios- pensé en recobrar algo que perdió en ese momento, aparte de su libertad, claro está.

Era obvio que Ángel sabía mucho más de lo que expresaba con ese comentario, incluyendo lo de su encarcelamiento, y el pacto de que si no se encontraba casada a los 40 años, la reina le buscaría un marido a su gusto. Lo importante de la situación era si era bueno o no, que Ángel estuviese al tanto de la situación.

- Entonces, ¿Qué me dice, Sir Integra? ¿Está de acuerdo?- Dijo Ángel, apoyando ambos brazos sobre el escritorio.

- Hay muchas cosas que han quedado al aire- Dijo Integra, mientras expulsaba humo por la comisura de los labios- Como por ejemplo, ¿Qué es lo que pretendes recobrar? Y más importante aún, ¿Con quien? Y ¿A cambio de que?

Ángel ladeó la cabeza y la miró con una sonrisa traviesa. Integra vio en sus ojos, los enigmas que ocultaban su vida y sus acciones, así que había que proceder con cuidado. Aún no podía estar segura de que estaba de su lado.

- Si me permite- Ángel se sentó en la silla frente al escritorio de Integra, y echó el espaldar hacia atrás, buscando una postura más cómoda, suspiró, como tratando de recordar algo, y luego habló pausadamente- En realidad, lo que recobraremos, me han pedido que lo mantenga en estricto secreto, hasta que lo hayamos recuperado. Así será todo o nada: O le sirve para algo, o no.

Suspiró nuevamente, y miró al techo.

- Con respecto a quien me acompañará, como sé que no hemos de dejar la mansión Hellsing sin protección, Dárius, Victoria y los mercenarios, irán a buscar lo que necesitamos, mientras Arucard y Yo, nos quedaremos vigilando la mansión.

Integra levantó un ceja. Eso definitivamente no le gustaba.

- Antes que continúes- Interrumpió Integra- No creo que los mercenarios, sean buenos peones en tu juego de ajedrez. Estar jugando con tu enemigo, no es lo más correcto.

- Al contrario, Sir Integra. Los mercenarios son precisamente los peones que necesito en mi "juego de ajedrez", como usted le llama. Además, que importa sacrificar algunas tropas, si se protege a la reina- Dijo, mirándola maliciosamente.

La había atrapado en su propio juego. Algo que ni Arucard había logrado tan fácilmente. Una vez la había retado, y la había vencido. Esta vez, nuevamente la retaba, pero de manera diferente. Era una chica enigmática, pero parecía alguien en quien se podía llegar a confiar. Se sorprendió pensando en eso, y darse cuenta de que empezaba a simpatizar con ella, algo que no le gustaba mucho, pero que no podía evitar.

- Y respecto a lo que quiero a cambio- Continuó Ángel- Realmente, no puedo pedir nada, pues para mí es más satisfactorio, el hacer mi trabajo que otra cosa. Sin embargo- Dijo, haciendo énfasis- consideraría mi servicio pagado, si dejáramos de tratarnos de usted. ¿Qué opina? ¿Acepta o no?

Integra tenía que admitir, que era un proposición bastante interesante. Como mover las piezas de tablero, para tantear que hace el oponente. Ángel era otra pieza más en su tablero, pero una que comenzaba a tener vida propia, como Walter y Ceres, y a la cual pronto no podría controlar, como Arucard. Tenía que mover sus piezas con cuidado, y así su jugada saldría a la perfección.

Pero se estaba olvidando de Dárius. Otra importante pieza en sus jugadas, la cual, jugándola con cuidado, le sería de gran ayuda.

Tal vez, probaría esta noche, que tanto podía ceder a su humanidad. Le daría total control sobre los mercenarios esa noche. Y cuando, como a todo hombre, el poder se le subiese a la cabeza, descubriría a la verdadera Ángel. No le apetecía quedarse toda la noche sola con Arucard, pero era un sacrificio necesario en su elaborado plan.

- Bien…- Integra apoyó los codos sobre el escritorio, entrelazando sus manos, y apoyando su barbilla sobre ellas- Podrás hacer lo que quieres, solo si tú tomas el control de la tropa. De otro modo, los mercenarios no pueden manejarse.

- Sir Integra, un alfil maneja los peones casi tan bien como la reina. Y quiero decir, casi.- Dijo sonriendo con malicia- pues una torre, quizá pueda hacerlo mejor.

- ¿Qué sugieres?- Dijo Integra con suspicacia

- Y ¿Por qué no Dárius?

- Interesante propuesta. Digamos que la acepto. Tú, ¿Qué harías entonces?

- Lo haga falta, Sir Integra.

Ángel no iba a dejar que su plan cayera tan fácilmente, y menos que fuera descubierto. Integra, se dio cuenta de que Ángel no era como sus demás soldados, y eso le hacía, quizá, más interesante.

- Bien. Entonces Dárius comandará a los mercenarios. Y solo se cumplirán tus peticiones, si nadie se entera de lo sucedido, y están aquí, antes del amanecer. Si no, el trato queda anulado.

- Estoy totalmente de acuerdo, Sir Integra. Así que si me disculpa, me retiro, pues he de aprovechar el tiempo.

Y salió de la oficina, dejando a Integra, sumida en sus pensamientos.

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- ¿Y Bien? ¿Conseguiste el permiso?- Le apresuró Dárius

- Pues… - Dijo ella, un poco apenada.

- ¿No me digas que te dijo que no?- Dijo el muchacho incrédulo.

- En realidad hice todo lo que pude…- Dijo ella tratando excusarse

- Pero ya vez que no ha resultado, así que…

- No me has dejado terminar- Dijo ella, con malicia- …hice todo lo que pude, y al final resultó.

- ¡Menos mal, que al menos para algo has servido!

- ¡Oye!

- Es broma. Mañana tendrás tu espada.

- Si, pero Sir Integra a ordenado, que estemos de regreso antes del amanecer.

- Eso puede solucionarse.

- Entonces… ¿Me dirás que es lo que haremos, o no?

- La paciencia es una virtud, Ángel.

- Y yo no la tengo ahora- Dijo ella, tomándolo del cuello de la camisa, y zarandeándole con violencia.

- De acuerdo, de acuerdo, pero ya suéltame- Dijo él, quitándosela de encima.

- ¿Y bien?

- Bueno… En realidad no vamos a buscar nada, en específico. Es para congraciar a los mercenarios con Lady Integra.

- ¿Qué? ¿Me tuviste casi una hora intentando manipular a Integra, para nada?- Dijo Ángel histérica.

- No es lo que piensas. En realidad atacaremos el Big Ben.

- ¿El Big Ben? ¿Estás loco? ¿Sabes lo que nos hará Integra si se entera?

- Tranquila Ángel. Ya lo tengo todo planeado. Nosotros destrozaremos la ciudad, y el Vaticano tendrá la culpa de todo.

- ¿Y como pretendes hacer eso?

- Pues… En el Big Ben, está escondido Anderson, y él será el causante de todo. Aunque si quieres vengarte, no te lo reprocho, aunque yo tengo una mejor idea.

- ¿Qué sugieres?

- Si lo traemos hasta acá, nuestra recompensa sería grande.

- Es muy escurridizo. ¿Cómo pretendes que no se te escape?

- Tú podrías hacer lo de la última vez.

- ¿Cuándo?- Dijo ella tratando de hacerse la inocente.

- La vez que salvaste al Conde de Heinkel y Alexander en el muelle.

- Sabes que es muy fatigoso.

- Pero si lo logras, créeme que las cosas en Hellsing, mejoraran para tu bien, y el mío.

- Muy bien. Te tomaré la palabra por esta vez.

- Ve a preparar todo, yo avisaré a los mercenarios.

- De acuerdo.

- Y avísale también a Victoria.

- Descuida, lo haré.

- Nos vemos afuera en media hora.

- Si, mi comandante mini-Walter.

- ¡Que no me digan así!

- Oye, solo fue una broma.

- S, claro. Ahora vete.

Ángel abrió la puerta del sótano, y bajó, mientras que Dárius se dirigía al campo de entrenamiento.

- ¡Victoria!- Gritó Ángel

No hubo respuesta.

- ¡Victoria!- Gritó nuevamente.

- Un momento- Su voz se escuchaba débil y lejana.

- ¿Qué sucede Victoria?- Dijo la chica

- Nada Ángel, no pasa nadaaaaaaaaaaaaaaaa!!!- PUM!! Y se escuchó el ruido de algo estrellándose contra el suelo.

- ¡¿Qué sucede?!- Dijo Ángel, entrando apresuradamente en el cuarto de Victoria.

La escena, era por demás extraña. El suelo de la habitación, estaba bañado en agua, y Victoria, la cual cargaba una gran caja, se encontraba tirada en el suelo, con la caja sobre su abdomen, lo cual le impedía levantarse.

Ángel rió de la extraña escena. A su parecer, Victoria parecía una tortuga boca arriba. Quitó la caja de encima de Victoria, y la colocó sobre la cama de esta, para luego tenderle la mano, y ayudarla a levantarse.

- Gracias- Dijo la vampiresa.

- No tienes porque darlas, créeme –Dijo ella, para luego agregar en tono sombrío- No se debería de dar las gracias a quien viene con tan malas noticias.

- Entonces, ¿A que se debe tu visita?- Preguntó Victoria preocupada, mientras se sentaba en el borde de la cama.

- Esta noche hay cacería nuevamente Y esta vez te toca venir.

- ¿De nuevo?

- Me temo que si. Tenemos a un pez muy gordo en la mira.

- ¿Es el Iscariote? ¿O me equivoco?

- Tienes razón- Dijo Ángel, con un suspiro- Pero no te dejes abrumar por eso. Simplemente míralo como algo necesario.

- Es mejor sobreponerse a que ya no estoy entre los vivos- Dijo Victoria apresumbrada, con la cabeza entre las manos

- No te engañes, Ceres Victoria- Dijo Ángel, en tono bastante serio, lo que hizo que la vampiresa levantara la cara y la mirara a los ojos- Tu humanidad es lo único que te separa de los Ghouls, y por eso debes conservarla.

Victoria comenzaba a darse cuenta del nuevo sentido de las palabras de Ángel. Se sintió más fuerte, y decidida para afrontar lo que sucedería esa noche. Se puso de pie y tomó de su mesa de noche, una Bersa 5.

- Entonces, vamos a patear algunos traseros de Ghouls- Dijo ella entusiasmada.

- Así se habla- Dijo Ángel, poniendo su brazo alrededor de los hombros de la vampiresa y dirigiéndose al campo de entrenamiento.

Allí, encontraron a Dárius, quien con una libreta en las manos, anotaba algunas cosas, mientras los mercenarios se subían a los camiones que los llevarían de misión.

- Oficial Night y Oficial Ceres reportándose, comandante mini-Walter, señor- Dijo Ángel, tratando de sonar formal, mientras Victoria aguantaba las ganas de reírse.

- Muy graciosa, Oficial Night. Usted, y la Oficial Ceres, irán conmigo en el Jaguar Negro. Seremos el trío de fuerzas especiales.

- Como quiera, comandante. Pero que quede claro que yo conduzco.

- ¡Oye!- Dijo el, irritado.

- Aúno no se puede decir que eres mayor de edad. Así que yo conduciré- Dijo Ángel, sentándose en el puesto del conductor.

Dárius suspiró resignado, y subió al auto junto con Victoria.

Ángel pisó el acelerador, y salieron a toda velocidad, rumbo al Big Ben.