Capitulo 10: Ataque al Big Ben

Ok, se que me tarde muchísimo escribiendo el capitulo pasado, jeje, pero es q los trabajos me tenían full. Por suerte, ya terminé ¡ALELUYA! Bueno, los dejo con este nuevo capitulo, para que no se pierdan. Se lo dedico a mis friends Dany, Betsi e Inte. Les recomiendo que tomen sus cotufas y refresco, y se acomoden en la silla más cómoda frente a su compu, porque el capítulo es muuuuyyyyy largo. Y los que lean, por lo menos dejen reviews…

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Se escuchaba el rugido de un motor caliente, en la entrada trasera del edificio. Una chica esperaba afuera, pacientemente, apoyada en el capó del auto. Levantó la mirada y vio a su compañera, quien salía del lugar, lista para luchar. Lentes oscuros, gabardina y un par de Colt-1900, sus favoritas.

- Valla que tardaste

- ¿Y que esperabas? Ya sabes como son este tipo de cosas.

- Si, si. ¿Y por cierto, donde está…?

- ¿Él? Dijo que los esperáramos un poco.

- Le doy 5 minutos. Si no, nos vamos.

- Que actitud tan seria

- Quiero terminar rápido con esta carnicería, ¿de acuerdo?- Dijo obstinada.

Esperaron en silencio. Al poco tiempo, del edificio derruido, salió un muchacho de cabello negro, bastante largo y rebelde, y ojos verdosos fijos y penetrantes. Vestía unos jeans blancos, con una camisa también blanca, que el centro tenía una cruz roja en la que estaba bordado en letras doradas: "In nomine Pater, et fili, et spiritu sancti". Complementando su atuendo, tenía sobre todo esto, una capa roja carmesí, en la que bordada en dorado, había una cruz. Se acercó a las chicas, quienes le esperaban impacientes.

- Bueno, es ahora o nunca- Dijo él.

- No esperemos más, si no queremos arrepentirnos- Dijo la que estaba sobre el capó.

- Vámonos entonces – Murmuró la de lentes.

Montaron en el auto, y arrancaron en dirección al puente de Londres, cuyas luces, estaban a pocas cuadras de aquel lugar.

Al llegar, encontraron gran cantidad de camiones, de los cuales bajaban los hombres que se disponían a despojar al Big Ben de su último recurso contra ellos.

Se amontonaron rápidamente frente al Conjunto gótico del parlamento británico, esperando sus "ordenes".

Ángel bajó del auto, con evidente supremacía, y se situó frente a los mercenarios:

- Esta noche, hemos venido a recobrar lo que es nuestro por derecho, ¡Nuestras Vidas, y Nuestra Libertad! Adentro, el enemigo espera, paciente y angustiante comas las agujas del reloj, pero debemos ser valientes, y no dejarnos dominar por el miedo. Vengaremos a nuestros compañeros muertos, y recobraremos el honor que hemos perdido. Por Dios, la reina, e Integra Wingates Hellsing.

- ¡VENGANZA!- Dijeron los mercenarios al unísono.

- ¡En el nombre de Dios, que las almas impuras de los muertos vivientes, sean condenadas eternamente!

- ¡Amén!- Exclamaron todos al unísono.

Como pudieron, fueron tomando el cargamento, y equipándose para su misión, mientras que, Ángel, Dárius, Pip y Victoria, se encontraban alejados, discutiendo su plan de ataque.

- El parlamento tiene 3 entradas- Dijo Dárius, señalándolas en un mapa, que había dibujado- Nos dividiremos en tres grupos, ¿Cómo sugiere hacerlo, capitán?

- Dividámoslos entre los francotiradores, los técnicos en explosivos y los exterminadores. Sería lo más lógico- Sentencio Pip.

- En ese caso, las fuerzas humanas tendrían mucha desventaja- Argumentó Ángel.

- Deberían entrar primero los técnicos en explosivos, los cuales podrían planear una ruta de escape, si es necesaria – Sugirió Victoria.

- Excelente idea- Le felicitó Dárius- Los técnicos en explosivos planearan la ruta de escape, y será la que pasa por el Big Ben, pero tendremos que saltar entre los edificios.

- Pondremos explosivos en la torre del Reloj, y si se acercan, la haremos estallar- Dijo Ángel

- No podemos hacer eso- Le recordó Pip- Le prometiste a Integra que no causarías desastres.

- Se pueden colocar explosivos de baja intensidad. Con eso los asustaremos mientras escapamos- Señaló Dárius.

- El único problema que veo aquí es – Dijo Victoria, mientras que todos centraban su atención en ella- ¿Cómo haremos para que no se note que son las fuerzas de Hellsing? Es decir, alguien se dará cuenta, y si buscan evidencia, esto- Dijo señalando el logo en su brazo- nos va a delatar.

- Buen punto- Dijo Dárius.

- Muy Bueno- Dijo Pip, suspirando.

- Shssssssss. Déjenme pensar- Susurró Ángel.

Mientras pensaba como evitar que los descubrieran, pequeños recuerdos como relámpagos, empezaron a llenar su cabeza, hasta que recordó algo, vagamente familiar:

- ¿Qué opinas?- Preguntó- Lindo, ¿no?

- Si, muy lindo- Dijo Heinkel despectivo- Pero es un símbolo de guerra, no el logo de una escuela, ¿Capichi?

- Bien, bien- Suspiró resignada- Lo intentaré de nuevo.

Tomó de encima de una mesa cercana a ella, un trozo de tela gris, y un hilo azul. Bordó en el, por un buen rato, y luego, se lo mostró a Heinkel.

- ¿Está mejor?- Dijo con una amplia sonrisa.

- Mucho mejor- Dijo Heinkel, tomándolo en sus manos- Pero… ¿Qué significa?

- Tiene el símbolo Nazi, la S y D, de costado. Todo lo que dijiste.

- Millenium S.D. Suena bien, ¿No?

- Si, lo que sea- Dijo ella con fastidio.

- Ángel, eres una aburrida- Dijo Heinkel tirándole un cojín en la cara.

- ¡Oye! No empieces- Dijo ella tirándole otro cojín.

Ambos rieron estruendosamente, hasta que alguien abrió la puerta.

- ¿Qué escándalo es este?

- Lo siento, Capitán Gütchner, señor. Fue mi culpa- Dijo Heinkel, bajando la cabeza- Aquí está lo que pidió- Dijo entregándole lo que había hecho Ángel.

- El símbolo del terror de Millenium S.D.- Dijo Ángel con malicia.

El capitán lo tomó, lo guardó en el bolsillo delantero de su uniforme, y salió de la habitación, cerrando la puerta con violencia.

Una visión… No del todo inútil, pero no le mostraba nada. No recordaba que eso hubiese sucedido nunca. Pero le llamaba la atención ese capitán, y un presentimiento se hizo notar en su pecho. Sacudió la cabeza con violencia, y se dirigió a donde estaba Dárius.

- Tengo una idea, ¿Y si colocásemos el símbolo de Millenium en vez del nuestro?

- Interesante idea- Dijo el pelinegro- Continúa.

- Que Pip, valla a un lugar cercano y se encargue de comprar 7 aerosoles en spray de color azul marino y 7 color amarillo brillante. Yo me ocupo del resto.

- Voy, raudo y veloz- Dijo Pip.

- Ten- Dijo Ángel, y le arrojó las llaves del auto- Llévatelo. ¡Pero no lo destroces!

- No te preocupes- Dijo Pip despreocupado, mientras iba a su misión encomendada.

- ¿Qué planeas?- Le preguntó Victoria.

- Espera y verás- Susurró Ángel.

- Mientras el humano regresa- Dijo Dárius, tratando de captar su atención- Ocupémonos de lo nuestro, ¿Quieren?

- ¡Oh! Si, seguro.- Dijo Victoria.

- Bien. A los técnicos en explosivos los coordinaré yo. Trazaremos una ruta de escape, y colocaremos los explosivos, y cuando todo esté preparado, les daré la orden de entrada. Ángel entrará entonces, por el ala oeste, cercana al museo, con los francotiradores. Victoria, tú y Pip, entraran luego por el ala este, con los exterminadores.

- Por mi, no hay problema- Dijo Ángel

- Si, eso creo- Dijo Victoria dubitativa- pero no creen que deberíamos evitar el…

- ¡No!- Dijeron Dárius y Ángel al unísono- ¡No se puede evitar el derramamiento de sangre!

- Ok. Ya entendí- Dijo Victoria con una gotita en la frente.

Siguieron discutiendo la estrategia, y en un rato llegó Pip.

- Aquí está lo que pediste- Dijo, colocando una caja sobre la mesa.

- ¡QUITA ESO DE ALLÍ!- Le gritó Dárius, quitando la caja de encima de la mesa, y arrojándola lejos- ¿No ves que puedes destruir el mapa?

- Cuidado con la caja, enano- Dijo Ángel a Dárius, pasando tras él para recoger la caja y dándole un golpe en la cabeza.

Apartó el mapa, lo enrolló y se lo dio a Dárius de mala gana, para luego colocar la caja sobre la mesa, y revisar su contenido. Estaban los 7 aerosoles azules, los 7 amarillos, y 4 más.

- ¿Y esto que se supone que es?- Le preguntó a Pip.

- Bueno…- Dijo con una gota en la frente – Estaban a buen precio, y con la compra de una docena de aerosoles, te llevabas 4 gratis.

- ¿De que color son?

- Son de gris brillante- Dijo el rubio- Lo necesito para arreglar algunos detalles en el campo de entrenamiento.

- Pues puedes olvidarte de esos arreglos, pues declaro los spray oficialmente míos.

- Pero…- Estaba a punto de decirle algo, cuando Victoria puso una mano en su hombro.

- Tranquilo. Ya compraremos otros, más tarde.

- Bueno…- Dijo el rubio suspirando.

- Bien, llama a los mercenarios- Ordenó Ángel.

- ¡GRUPO DE BORRACHOS, VENGAN AQUÍ!- Gritó Pip.

Los mercenarios se reunieron alrededor de donde estaban las fuerzas especiales.

- Ahora, estamos prontos a ejecutar nuestro plan- Comenzó Ángel- Pero desprestigiamos a nuestra organización, con nuestros deseos de venganza- Todos los mercenarios bajaron la cabeza, y comenzaron a murmurar- Y es por ello que también debemos recapacitar lo que estamos haciendo.

- Sin embargo- Agregó Victoria- Para los que no tengan remordimientos- Dijo afilando la mirada, y mirando a Ángel, quien al sentirse observada, sintió una gota rodar por su frente- ideamos el siguiente plan. Ya que queremos vengarnos sin manchar la organización, inculparemos a nuestro enemigo de nuestras acciones, y así estaremos en libertad.

- El equipo explosivo irá primero, conmigo al mando- Continuó Dárius- Luego por el ala oeste entrará Ángel con los francotiradores y luego Victoria y Pip, con lo exterminadores por el ala este. ¿Alguien tiene alguna objeción? Que hable ahora o calle para siempre.

Ninguno de los mercenarios hizo comentario alguno.

- Bien, entonces, pasen a despojarse de la culpabilidad y prepárense para entrar en acción – Dijo Pip, buscando animarlos.

Todos gritaron al unísono.

Entonces los mercenarios fueron agrupándose con sus distintos jefes de grupo.

- Los técnicos en explosivos primero, por favor, pasen de una vez- Gritó Ángel a los mencionados.

Estos fueron hacia donde ella estaba, esperando comenzar a trabajar. Ella, con cuidado, les arrancó el logo de Hellsing del uniforme, y con el spray les dibujó el de Millenium que había visto en su visión.

Al terminar, este grupo esperó en la puerta a su jefe, mientras este hablaba con ella.

- ¿Estas conciente de que no se si regresaré con vida? ¿Verdad?

- Si- Suspiró- Lo estoy.

- ¿Y acaso eso no te preocupa?

- No más de lo que debería- Dijo con indiferencia

- Ángel, ¿Cómo puedes ser tan fría?- Dijo el muchacho, mirándola con tristeza.

- Se que regresaras con vida- Dijo, tomándolo de los hombros- Te conozco. Se que puedes hacerlo. Sangre fuerte corre por tus venas.

- Es verdad- Dijo el muchacho una sonrisa

- Y no estoy preocupada, porque se que cuando regreses te espera un buen castigo- Dijo ella en burla.

- No eres mi madre- Dijo él, quitándosela de encima.

- Tienes razón, pero aún así, me toca preocuparme por ti.

- ¿Crees que todo salga bien?

- Claro que sí Dárius. No te preocupes más y ve, tu equipo te espera.

Él corrió hacia los técnicos que lo esperaban, y entraron en el edificio, no sin antes, hacerle una seña de despedida al equipo que no sabía si volvería a ver.

Victoria se acercó a Ángel, y le preguntó:

- ¿Acaso Dárius y tú, son familia?

- No- Dijo ella, negando con la cabeza, mientras se limpiaba los ojos humedecidos, a la vez que sonreía- Solo nos une un vinculo afectuoso. El hermano que nunca tuve.

- Entiendo- Dijo Victoria

Ángel limpió lo que quedaba de lágrimas, con la manga de su chaqueta, y se fue hacia el resto de los mercenarios a terminar con su trabajo.

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- Ya hay 7, jefe. ¿Así están bien?

- No. Aún falta una.

- ¿Dónde la pondremos?

- ¿Qué le parece cerca de la campana del reloj?- Dijo otro- Así cuando explote, hará tanto ruido que llamará la tención.

- Buena idea, háganlo.

- Señor, si señor.

Dárius ya estaba terminando de colocar los explosivos, y por suerte, aún no había sucedido nada sospechoso. Dentro de un momento llamaría a su apoyo, para buscar al Iscariote. En ese momento, bajo la torre comenzaron a escucharse pasos…

- ¡Todos escóndase!

- Pero…

- ¡YA!

- Señor, si señor.

Los técnicos en explosivos se escondieron entre la torre, mientras Dárius se quedaba a observar, escondido entre los engranes del reloj. Abajo, en el pasillo, apareció un militar. Un hombre alto y rubio, de ojos verdes y fríos. Caminó hasta el final del pasillo, y antes de atravesar el portal, gritó al viento lo siguiente:

- Ya sé que estás aquí. Mejor vienes a enfrentarme, no sea que yo te busque, pues eso no te gustará- Dijo, y luego, salió de ese pasillo.

Dárius suspiró del alivio, al irse el militar. Nada de eso se le hacía bueno…

- Ángel, responde.

- ¿Qué sucede Dárius? ¿Ya todo está listo?

- Si, todo.

- Entonces iremos.

- Esperen.

- ¿Qué sucede?

- Ya saben que estamos aquí, así que deben andar con cuidado.

- ¿Cómo lo sabes?

- Me lo dijo un militar.

- ¿Rubio? ¿Ojos verdes fríos?

- El mismo. ¿Lo conoces?

- No. Pero no me da buena espina.

- Si vas a entrar, aprovecha este momento. Dile a Victoria que entre 15 min., después.

- De acuerdo. Nos vemos adentro. ¡Que Dios y la reina estén contigo!

- ¡Amén!

El pelinegro apagó su Walkie Talkie y se reunió con su equipo:

- Acabamos la empresa que nos hemos propuesto. Ahora solo nos queda esperar.

- ¿Cuánto tiempo hemos de esperar, señor?

- Lo que sea necesario, o hasta la fatídica retirada. Lo que suceda primero.

- No podemos estar aquí sin hacer nada por tanto tiempo- Dijo otro, golpeando el suelo con el puño- No podemos ser tan cobardes, algo hemos de hacer.

- El tiene razón, señor- Dijo el primero- No nos quedaremos aquí, haciendo el papel de gallinas. Tenemos que pelear.

- ¡Tenemos que pelear!- Dijo el otro, tratando de animar al grupo, el cual no constaba, sino de 12 personas.

Los otros 10, se miraron entre si, dudosos.

- Bien- Dijo entonces el primero, exasperado- Si ustedes se esconderán aquí como cobardes, yo no. Síganme los que quieran, pues yo no obligaré a nadie.

- Voy contigo- Dijo el otro

- ¡Alto!- Dijo Dárius con voz imperiosa.

Los 2 soldados vacilaron, pero seguían dispuestos a irse.

- Si se van- Dijo, casi con frialdad- … Por lo menos, déjenme acompañarles. Que las gallinas se queden si desean- Dijo refiriéndose a los otros, con tono burlón.

Los 2 soldados intercambiaron miradas de alivio, mientras que los otros 10, un poco molestos, comenzaban a cargar algunas pistolas.

- Se dan cuenta de que somos 13- Dijo Dárius- Y dicen que ese número trae mala suerte. Pero el 13 debemos convertirlo ahora, en el número de Hellsing.

- Señor, si señor- Dijeron los 10 a coro.

- Y a ustedes 2- Dijo Dárius, en tono, mitad amenazador, mitad burlón- No se pretenderán ir sin nosotros ¿o si?

Los 2 soldados se miraron aliviados. Esperaban una reprimenda y no aquello.

- Desde ahora, ustedes serán los generales de la brigada de explosivos: Hikaru- Dijo refiriéndose al primero, cuyo cabello era rubio y casi blanco, con ojos azul muy claro- y Negai.- Dijo refiriéndose al segundo, pelo negro y ojos grises

Los soldados se miraron entre sí.

-Ustedes serán encargados de este equipo, cuando el capitán Bernardotte o yo, no estemos.

- Señor, si señor- Respondieron los mencionados al unísono.

- Ahora… a matar freaks se ha dichos, señores. ¡A la carga!

Y se lanzaron por el pasillo, en dirección a su enemigo.

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En el ala oeste del parlamento, Ángel y su equipo de francotiradores, se encontraba caminando por dentro del enorme museo. Caminaban con sigilo, en dirección a las oficinas principales del parlamento, las cuales se encontraban en el tercer pido, de la torre sur, la cual se encontraba al lado del reloj, y a la cual, según el plan de Dárius, todos se dirigían por caminos diferentes, con el fin de acorralar al Iscariote.

Salieron del museo, y caminaron por unos cuantos minutos, hasta llegar a las escaleras que conducían al piso superior. Los soldados comenzaron a subir en tropel, con todo el sigilo posible, pero se detuvieron, cuando Ángel les hizo una señal.

- ¿Qué sucede señorita?- Preguntó el más cercano, un muchacho de pelo rubio cenizo, y ojos ámbar, caracterizado siempre, por una pañoleta verde pantano.

- ¿Es que acaso se les hace tan difícil decir Ángel?- Dijo la chica exasperada

- Perdón señorita Ángel- Dijo, inclinándose.

- Ya que- Dijo la chica suspirando

- Señorita Ángel, ¿Por qué no seguimos con el camino ya previsto?

- Porque nos siguen, así que mantente alerta Kagami.

- Pero señorita Ángel- continuó Kagami- si nos estuviesen siguiendo, ya nuestro equipo lo hubiese notado.

- Esto es algo que no podría notarlo las más alta tecnología- Dijo Ángel con sigilo- llámalo sexto sentido, quizá.

- Entonces, ¿Qué haremos?- Preguntó intrigante

- Haremos lo contrario de lo que esperan. Bajaremos.

- ¿?

- ¿Qué acaso no confías en mi?

- Nunca he insinuado eso- Dijo excusándose.

- Entonces que no se hable más. Bajaremos.

Kagami le hizo una seña al resto de la tropa, las cuales comenzaron a bajar por las escaleras, hasta llegar a lo que parecía un túnel subterráneo. Comenzaron a caminar, en dirección descendente por el túnel. Caminaron por largo tiempo en silencio, hasta que se encontraron con unas escaleras de caracol, por las cuales comenzaron a ascender. Después de un rato de caminar, se encontraron con una pared que les bloqueaba el paso.

- Esta cerrado- Dijo Kagami- No podremos seguir por aquí. Tanto trabajo para nada.

- Abran paso- Dijo Ángel, quien, desde la retaguardia, intentaba llegar a donde se encontraba Kagami.

- Esta cerrado, ¿lo ves?- Dijo golpeando la pared- Roca sólida.

- Ya verás que podremos salir- Dijo Ángel, mientras comenzaba a tantear la pared.

- ¿Qué estas buscando?

- Shssssssss, necesito concentración.

Después de un momento de estar buscando en la pared, Ángel empezó a escuchar pasos a la lejanía, pero que se acercaban rápidamente. Luego escuchó los seguros de varias pistolas, que se soltaban simultáneamente, y luego, un silencio aterrador.

- ¡ES UNA EMBOSCADA!- GRITÓ- ¡TODOS AL SUELO! ¡AHORA!

Se escucharon varios disparos simultáneos, que, afortunadamente, todos chocaron contra las paredes del túnel.

- Señorita Ángel, sáquenos de aquí antes que les de tiempo de recargar- Le apresuró Kagami

- Un momento… Ya casi… Lotería- Dijo encontrando el bloque.

Lo sacó de su lugar, donde encontró un seguro. Lo soltó, y a la derecha del pasillo, se abrió una puerta de metal grande.

- ¡¿QUE ESTÁN ESPERANDO?! ¡¿LA INVITACIÓN?! ¡CORRAN ¿QUE ESPERAN?!

El resto del equipo, comenzó a correr en dirección a su puerta salvadora, mientras trataban de esquivar los disparos que se dirigían a ellos. Ángel por su parte, más por oído que por instinto, les disparaba a sus atacantes con sus Colt- 1900, mientras igualmente, corría en dirección a la puerta. Al llegar, se lanzó a través de ella, y se apoyó en la pared con la respiración agitada. De repente, un grito agudo le alteró nuevamente.

- ¿Quién gritó?- Preguntó exasperada.

- Fue Kagami- Dijo uno- Probablemente lo hirieron, pero ya es demasiado tarde para regresar por él…

- Lección No 1: Nunca es demasiado tarde, soldado – Dijo ella, lanzándose nuevamente a la otra habitación.

En ella pudo observar, como los disparos seguían atravesando la habitación, como si fuera una trampa antigua. Entonces, divisó un bulto, cerca de la pared cerrada. Corrió, esperando que en verdad, aún no fuese demasiado tarde. Al notarla, quienes disparaban, le apuntaron a ella. Ella intentaba acercarse, sin que la convirtieran en queso roquefort, hasta que logró alcanzar el bulto, pero al moverlo, descubrió una mochila enorme, cubierta por una manta, pero Kagami no estaba.

Levantó la mirada y vio el resplandor del arma del muchacho. Con ella en la mano, y arrastrando su pierna, se encontraba cerca de la puerta. Corrió hacia el muchacho y lo tomó por la cintura, mientras que corriendo en dirección a la puerta, se lanzaba por ella, y su equipo la cerraba con violencia.

- Pero señorita Ángel- comenzó Kagami- pudo haber muerto.

- No habrá perdidas en mi equipo, ¿quedo claro?- Dijo mientras le guiñaba un ojo.

- Como el cristal- Dijo el muchacho mientras le sonreía.

Ángel se puso de pie. Subió la manga de su chaqueta, y vio que su brazo izquierdo, había sido alcanzado por una bala. Con dificultad, intento sacar la bala que estaba incrustada en el. Al lograrlo, se la guardó en el bolsillo de la chaqueta, del cual, sacó un pañuelo con el cual, limpió la herida, haciendo que el pañuelo se tiñera de rojo, y luego, vendándolo con este mismo. Entonces se bajó nuevamente la maga de la chaqueta, aparentando que nada había sucedido.

Kagami, al igual que ella, intentó ponerse de pié, pero sus piernas flaquearon y calló de nuevo al piso.

- Es la pierna, no te preocupes- Le dijo él.

- ¿Alguien tiene vendas, o algún pañuelo que podamos usar?

Todos negaron con la cabeza.

- Entonces tendremos que arreglarnos con lo que tenemos a mano. Desabotonó los dos últimos botones de su camisa, y de allí rasgó una larga tira, la dejó en suelo, mientras amarraba la camisa, un poco más arriba de su ombligo. Tomó dos tablas sueltas que encontró tras la puerta, y procedió. Con cuidado, sacó la bala de su pierna, la cual por suerte, no estaba muy profunda. Luego, colocó su pierna entre las dos tablas y las amarró firmemente con la tira de su camisa.

- ¡Listo!- Dijo ella, secando el sudor de su frente con una manga- Creo que ya podrás caminar.

Con dificultad, Kagami intentó pararse nuevamente. Dos de sus compañeros, por si acaso, lo sostuvieron de los hombros, y él, se apoyó de ambos, agradecido.

- Fue una buena idea lo del señuelo- Le dijo Ángel.

- Por suerte la mochila no tenía nada importante- Dijo él, con superioridad.

- No me refiero a la mochila, me refiero a mí. ¿O acaso crees que no me di cuenta, que me usaste para distraer a los soldados, mientras tú llegabas hasta la puerta?

Kagami se sonrojó violentamente.

- No fue esa mi intención. En serio.

- Y el grito… pudiste haber gritado que no cerraran la puerta. Gritaste como chica.

Kagami desvió la mirada, mientras sus mejillas se tornaban más rojas, si es que aquello era posible.

- Muy bien. Basta de juegos- Dijo atrayendo la atención del resto de los soldados, los cuales se encargaban de cargar las armas necesarias- Si creyeron que antes estaban en peligro de muerte, aún no han visto nada. Manténganse juntos, pero no más de 5 o 6 personas, pues serían blanco fácil, como en la emboscada.

Rápidamente, el grupo de mercenarios, se separó en la cantidad señalada.

- La mitad del grupo, entrará por las puertas principales- Dijo, mientras señalaba unas enormes puertas de robles- Al trasponer aquellas puertas, llegaran al salón principal que estamos buscando. Sitúense en sus respectivos lugares, y esperen mi señal. La otra mitad vendrá conmigo.

El grupo señalado antes, se apearon a la pared, y entraron en tropel, atravesando las puertas, y cerrándolas con violencia.

Unos minutos angustiosos pasaron, hasta que sonó el Walkie Talkie de Ángel:

- Aquí todo en orden. Continúen.

Ángel suspiró aliviada.

- ¿Crees que vallan a estar bien?- Preguntó Kagami.

- Lección No 2: Confía en tu equipo- Dijo ella, mientras pensaba- Ojala que les valla bien.

Haciéndole una seña al grupo que quedaba con ella, comenzaron a subir por unas escaleras que había en la habitación.

- Ahora crucemos los dedos y esperemos lo peor- Murmuró para si misma.

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- ¿Ahora?

- No.

- ¿¡Ahora!?

- No.

- ¡¿AHORA?!

- No.

-¡Oh! Ya pasaron los 15 minutos. Vamos ya.

- Aún no me parece una buena idea.

- ¡Por todos los cielos, Victoria! No comiences con esto nuevamente.

- Estoy esperando algo Pip. Ten calma.

Victoria estaba apoyada en el borde de la torre este. Mecía sus piernas al ritmo del viento, desde la azotea donde miraba el paisaje nocturno. Pip se encontraba de pie a su lado, casi como velándola. El resto del equipo se encontraba sentado aparte, hablando en secreto y jugando cartas mientras que algunos fumaban.

- Victoria, ¿está todo listo?

- Si, ya está todo- Dijo Victoria. Ya se había acostumbrado a las intromisiones de Ángel en su mente.

- Victoria, no pueden entrar por el ala este.

- ¿Por qué no?

- Porque caerán en una emboscada como caímos nosotros.

- ¿Está todo bien?

- Si. Tomamos la ruta del salón secreto del primer ministro y en el túnel nos emboscaron. La otra ruta también estaba vigilada. Escuche pasos y voces extrañas.

- Entonces, ¿Qué sugieres que hagamos?

- Deberían descolgarse por el techo de la torre este. Por allí no los esperan. Entonces, ábranse paso hasta el salón principal, por el pasillo sur.

- Pero ese está lleno de oficiales de la reina. Están protegiendo la corona.

- Lo se. Pero si no me equivoco, Dárius ya se debe de haber encargado de ellos.

- ¿A que te refieres con "si no me equivoco"?

- No he podido hablar con él. Apago su Walkie Talkie.

- Entiendo.

- Bien, yo ya casi llego. Ocúpate de llegar lo más pronto posible.

- De acuerdo… Pero Ángel…

- ¿Qué?

- Cuídate, ¿Sí?

- Yo estaré bien. Preocúpate por ti, Chica Policía.

Ella esperaba que estuviese bien. Que ambos estuvieran bien. Pero ya era hora de preocuparse por las vidas que tenía su cargo.

- Señores, hay cambio de planes- Anunció- Bajaremos por la torre este.

Todos asintieron y comenzaron a arreglar su desorden para poder empezar. Victoria, mientras el resto del equipo se preparaba, volvió a sentarse en el alfeizar del techo, y al poco tiempo, sintió como Pip la abrazaba por la espalda, colocando sus brazos alrededor de su cintura, y su barbilla en su hombro.

- ¿Qué te preocupa?- Le preguntó el rubio.

- No es nada.

- Sabes que no me puedes engañar, vamos, dime que te sucede.

- Es que… olvídalo.

- ¿Qué es?

- No creo que esto esté bien. No puedo con esto yo sola. ¿Qué pasaría si los mercenarios se convierten en ghouls como en el ataque de los hermanos Valentine? Creo que no podría soportarlo.

- No tienes que ser tan pesimista. Además, los de Iscariote también los exterminan, así que no creo que haya ghouls ni freaks en el edificio.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro? Además, no puedo seguir actuando como si no pasara nada, cuando de un momento a otro, ustedes pueden morir por mi causa.

- ¿De que hablas Victoria? Yo se que tu jamás te atreverías a atacarnos.

- No en condiciones normales, Pip. Pero la sed de sangre últimamente es demasiado fuerte. Recuerda que yo soy una criatura de la noche. Sin embargo, habrá un momento en el que no podré soportarlo más, y terminaré matando a alguien, que es lo que más me temo- Dijo mientras abrazaba sus rodillas.

- Podrás controlarlo. Tú no eres un monstruo, ni una criatura cualquiera. Tú tienes un corazón humano, y es eso lo que te hace diferente de los otros.

- Pero y si fuese a ti, Pip, al que hubiera de exterminar y…

- Ya, ya, ya- Dijo dulcemente, posando un dedo en sus labios- Yo me asegurare de que nada malo suceda. Solo confía en ti misma, y veras que todo irá mejor.

- No es tan fácil como parece.

Pip la abrazó con más fuerza, manteniendo el momento, por algunos minutos más, y luego, lentamente la fue soltando. Le tendió una mano para que se levantara, mientras le murmuraba

- Ahora, le toca a usted dar las ordenes, capitana.

Pip se fue con el resto de los mercenarios, mientras Victoria se ocupaba del resto. Cuando ya estuvo listo su tropel, ella habló con calma:

- Los planes han cambiado, porque la situación se ha vuelto más difícil de lo esperado, y quiero que eso lo tengan en cuenta. De aquí en adelante lo viene es, balas, sangre, batallas, y quizá la infantería pesada. Quiero que se muevan con cuidado y estén alerta, porque no quiero tener una carga de conciencia por culpa de ustedes, si es que algo llegase a pasar. Así que ahora, dedíquese a hacer lo que mejor saben: exterminar.

Sabiendo que no era el mejor momento para gritar, los mercenarios se limitaron a asentir con la cabeza, y empezar su trabajo de exterminación.

El techo de la torre este, estaba hecho de vidrio industrial, así que, con cuchillas, elaboraron pequeños huecos, por los cuales, bajarían hasta el pasillo sur, con cuerdas. Poco a poco, el tropel fue descendiendo, y pronto le tocó el turno a Victoria. Cuando ella se disponía a bajar, el vértigo la atacó, pues estaba bastante alto.

- Malditas emociones humanas- Pensó- Si el maestro me viera en este estado, seguramente se molestaría.

Entonces, recordó lo que Pip, hace poco le había dicho:

- Tú eres diferente, porque tienes un corazón humano.

Es verdad que a veces era un dolor de cabeza, sin embargo a veces decía cosas muy sabias.

En ese momento, sintió como el rubio capitán, colocaba una mano en su hombro en señal de apoyo. Victoria agradeció el gesto, sintiendo cada vez más fuerza, y confianza. Cerrando los ojos, se agarró de la cuerda, y bajó con todo el cuidado posible, y antes de darse cuenta, ya se encontraba en el suelo. Al poco tiempo, Pip se encontraba en el suelo, junto a ella, y con dificultad, intentaba desamarrar la soga, que había quedado hasta arriba. Victoria, con un jalón, desató la cuerda, la cual cayó por el agujero, que no notarían si no hasta mañana por la mañana.

Caminaron en tropel por el pasillo sur. No tuvieron ningún inconveniente. Tal y como había pensado Ángel, los oficiales no se encontraban allí. Victoria esperaba que no les hubiese sucedido nada malo.

Pronto, los tres grupos, se encontraban a punto de entrar en la que podría ser luego un cementerio, o su futura victoria, por un buen tiempo.

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En la mansión Hellsing, Integra se encontraba fumando un puro, y viendo la televisión, en busca de algún incidente fuera de lo normal.

Walter entró en ese momento, con una bandeja, con una taza, una tetera, y una azucarera con su cucharilla de plata.

- Le he traído su té, Sir Integra. El té de hoy, es una mezcla de Jamaica, una rara flor extranjera, con un toque de manzanilla y limón.

Integra tomó la taza, y se sirvió un poco, para luego, aspirar un poco su olor, el cual, era bastante agradable. Tomó la cucharilla, le sirvió azúcar, y luego dejó todo ordenado como antes.

Walter estuvo cerca de Integra, hasta que ella terminó el té. Luego se llevó la bandeja con todo lo que había traído.

Al llegar al pasillo, un ruido le llamó la atención. Al asomarse a la puerta de una de las habitaciones, encontró a Arucard, sentado frente a un pequeño televisor, con una copa de vino en las manos, la cual rompió con evidente molestia.

- ¿Algo te molesta?- Dijo el mayordomo socarronamente.

- Largo- Dijo vampiro, tirándole un trozo de la copa quebrada, el cual el mayordomo esquivó con demasiada facilidad.

- No es para que la pagues conmigo- Dijo el, muy calmado.

- Que no es nada, te digo.

- Claro que es algo. ¿Acaso te molesta haberte quedado en la mansión? Porque podría decirle a Integra que te deje ir de misión si quieres.

- ¡Cállate ya viejo! Alguien podría escucharte.

- Eso significa que estoy en lo cierto, ¿no es así?

Arucard no le respondió. Se volvió a la mesa que se encontraba al lado de la silla, en donde tomando otra copa, se sirvió más vino de la botella.

- No te pierdes de nada. Es más, ni si quiera se sabe que han ido a buscar.

- Pero el punto no es ese, Walter.

- Tanto tiempo encerrado, hace que nos vallamos oxidando de a poco. ¿Hace cuanto que no sales de cacería? ¿Un mes, digamos?

- O un poco más.

- Entiendo tu frustración. Pero no es hora de que te comportes como un niño. Debes cuidar de la mansión.

- No es necesario.

- ¿Por qué lo dices?

- Ángel dijo que se llevaría a todos los mercenarios, sin embargo, solo se llevó la mitad.

- Creo que ella no confía en ti- Dijo burlonamente.

- Pues tendrá que aprender a hacerlo

- Con el tiempo…

- Bueno, entonces- Dijo el vampiro poniéndose de pie- creo que tengo mejores cosas que hacer.

- ¿Cómo cuales?

- Que Integra ya está de mal humor, lo que no es una novedad, así que me voy- Dijo atravesando la pared, en dirección al despacho de la líder de Hellsing.

- A mi no me engañas, Arucard. Yo se que no es solo eso, lo que te tiene así- Dijo el mayordomo, continuando su camino hacia la cocina.

Integra miraba aún la televisión, con expresión malhumorada, cuando el vampiro atravesó la pared de su despacho.

- Ya estás aquí- Dijo ella sin sorprenderse.

- ¿Qué sucede?

- Mira esto- Dijo señalándole el televisor.

En el televisor, estaban pasando un reporte especial, en el cual comentaban de un ataque a edificio del parlamento británico. Al parecer, había habido una explosión la torre del reloj. Los oficiales que custodiaban la corona, no aparecían por ningún lado, pero, extrañamente, nadie podía o nadie quería entrar.

- Ángel- fue lo primero que se cruzó por la mente de Integra, y Arucard lo supo.

- ¿Quieres que me encargue de recoger los pedazos sobrantes?

- No será necesario. Saben que si no están aquí antes del amanecer, no habrá mañana.

- Sin embargo, no es bueno que los hayas dejado ir solos.

Integra lo meditó unos momentos. Entonces se puso de pié y tomó su espada.

- Vamos al parlamento- Dijo secamente.

- Si, Amo- dijo Arucard desapareciendo.

Walter, quien se encontraba tras la puerta, escuchó la idea de Integra, y sabía que no la convencería de lo contrario, así que fue a preparar el auto.

Integra, al bajar las escaleras, encontró a Walter en la puerta, esperándola.

Tomó asiento dentro del auto, y este arrancó en dirección al parlamento británico. Específicamente, la torre del Big Ben.

Mientras tanto, Arucard, desde las sombras, la seguía…

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En la enorme habitación, no había nada fuera de lo común. Estaba poco amueblada: había una enorme alfombra color café, y el centro de ella, había un televisor muy pequeño sobre un mueble de madera muy tallado. Frente al televisor había un sofá clásico muy grande, de color crema, sobre el cual había una bandeja con un frasco de metal, en forma de cilindro, y una nota a su lado.

Ángel, Dárius y Victoria, sigilosamente se acercaron hacia allá. El resto de las tropas permanecía en sus lugares.

- El sofá aún está caliente- Dijo Dárius- Alguien estuvo sentado aquí hasta hace poco.

- Y la televisión- Continuo Victoria- también fue apagada hace poco.

- Una emboscada muy bien planeada. Estén alerta- Dijo Ángel, mientras tomaba la nota y la leía- Miren esto- les llamó al terminar.

En la nota estaba escrito: "Si aún se encuentran vivos, es probable que nos encontremos, luego que este lugar, desaparezca por la pelea"

- Curioso- Comentó Victoria- ¿Qué querrá decir?

Dárius comenzó a pensarlo, y pronto un martillante sonido, le sacó de su ensimismamiento: un constante tic- toc.

- ¡Es una bomba!- Gritó.

Ángel tomó el cilindro, y al abrirlo, descubrió en el, la bomba. La tomó y con una mano, la lanzó lo más lejos que pudo, pero con tan mala puntería, que fue a parar contra la pared de la sala de la corona, ocasionando que volara en pedazos.

Todos se cubrieron como pudieron. Cuando el humo comenzó a dispersarse, pudieron hablar nuevamente.

- Valla que eres torpe- Le dijo Dárius a Ángel- Ve a ver si prestas más atención la próxima vez.

- Lo siento- Dijo ella, con una mano en su nuca, mientras una gota resbalaba por su frente, pero luego, cambió su expresión a una más seria- Si no llegamos antes del amanecer, no habrá una próxima, ¿Quedó claro?

- Ya lo se- Dijo Dárius, mientras se sacudía la camisa de polvo- por cierto, ¿Dónde quedó Victoria?

- Por allí estará- Dijo Ángel, haciendo lo mismo que el pelinegro.

En ese momento, unos aplausos, pausados pero fuertes, comenzaron a escucharse por toda la habitación, los cuales provenían del segundo piso, que parecía más una terraza interna, debido a que era como un enorme pasillo, construido alrededor de las paredes.

- No creí que sobrevivirían a la explosión, se nota que son hábiles.

- Mucho más de lo que tu crees- Murmuró Dárius para que Ángel lo escuchara.

Ángel levantó la mirada, y observó la sombra contra grandes ventanales, de un sujeto gordo, vestido de blanco, cabello castaño, y enormes anteojos.

- Sin embargo, ya que ahora dispongo de poco tiempo para ocuparme de su miserable existencia, dejare que alguien más lo haga por vosotros. ¡Sieg Heil!- Dijo Max Montana, alzando la mano en son de despedida, mientras se alejaba de la baranda.

- ¿Pero quien diablos te crees que eres?- Dijo Dárius, furioso.

Haciendo un salto descomunal, para alguien de sus habilidades, intentó llegar a la terraza, y hacerle tragar a ese tipo sus palabras, pero en ese momento, el militar que había visto antes, saltó desde la terraza a su encuentro. Feliz de encontrar por fin un rival, Dárius sacó tres afiladas dagas, las cuales lanzó contra su oponente. Este, todavía en el aire, con elegantes giros, las esquivó sin dificultad, cayendo luego en el piso, donde tomó impulso para arremeter nuevamente contra el pelinegro.

El muchacho esquivó su embestida por poco, o eso había pensado él, hasta que una patada en su nuca, lo hizo caer de bruces al suelo.

Ángel, mientras tanto, estaba anonadada mirando el combate, mientras recordaba su nombre: Capitán Gütchner, Hans Gütchner. Tan concentrada estaba en sus meditaciones, que no se dio cuenta de a ella también la atacaban, hasta que sintió la punta de una cuchilla en su garganta.

- Nos encontramos de nuevo, compañera.

- Hace mucho que perdiste el privilegio de llamarme así, Heinkel- Dijo Ángel, mientras le daba una patada en el estomago para alejarlo.

El muchacho se echó hacia atrás, y con superioridad, prendió un cigarrillo al cual le dio una lenta calada, sin apartar los ojos de la chica.

- ¿Preparada?

- Nunca lo estaré más que ahora.

Ambos se lanzaron el uno contra el otro, sin piedad. Fuerza y estrategia definirían quien ganaría, lo mismo que Dárius y El Capitán.

Dárius se encontraba sobre apoyado en el suelo, mientras intentaba hallar la localización del capitán, quien había desaparecido de su vista, pronto sintió su presencia tras él, y rápidamente los cinco disparos de la Beretta que tenía en las manos, fueron en dirección al capitán, quien los esquivó, para encontrase frente a frente con el pelinegro, el cual, ágilmente, habiéndose colocado tras el luego de disparar, acaba de balearle muy cerca de su tórax, pero dada la gruesa gabardina verde, solo una de las balas le tocó, y muy superficialmente.

Al encontrarse tras él, el pelinegro intentó acuchillar su espalda, pero cayó al suelo, cuando un codazo del capitán fue a dar en su frente. Se levantó, pero solo para caer al suelo nuevamente, pues el capitán, había aprovechado la situación y, tomando impulso desde el suelo, se lanzó contra el, dándole un puñetazo en el estomago, que le sacó el aire casi por completo. Dárius saltó hacia atrás, buscando aire y alejarse de su oponente, pero este, arremetió contra él, nuevamente y con violencia saltó, para con un giro, dar una patada que lo lanzó contra la pared destruida del salón de la corona.

Como pudo, Dárius se levantó y, con una nueva idea, arremetió contra el capitán. Ambos se lanzaron, y el capitán con intenciones de atacarle nuevamente por la espalda, saltó, e inició una pirueta, muy parecida a la anterior, pero Dárius, preparado para esto, realizó un salto hacia atrás, quedando frente a frente con el capitán, aprovechando la oportunidad, para enterrar una de sus dagas, entre las costillas del capitán, cosa que ni la gabardina pudo evitar. Entonces el capitán, rápidamente, sacando una afilada cuchilla de su manga, arremetió contra la cara del muchacho. Dárius lo esquivó, sin embargo, un corte en la mejilla, le indicó que había estado muy cerca, entonces con un cabezazo, se quitó de encima al capitán.

Este calló hacia atrás por el violento golpe, y con brusquedad, sacó el puñal de entre sus costillas, y se lanzó hacia Dárius, el cual ya se encontraba corriendo hacia él. Se lanzó contra el pelinegro, con intenciones, de dar este golpe más certeramente. Estaba disfrutándolo mucho, pues la pelea le recordaba a otra, con un muchacho extrañamente parecido a él. Dárius, tenía intenciones de acuchillarle en el tórax nuevamente, así que él decidió, no exponerse de nuevo, y atacó por la espalda, colocándose detrás de él, y con su cuchilla, a punto de destrozar su cuello.

Justo en ese momento, Dárius, agachándose, con un giro, pateó el pié del capitán, quien, al mantener todo su peso en este, inevitablemente calló al piso. Al intentar con su otro pié, alcanzar al muchacho, este ya tenía la punta de la Beretta en su frente.

El capitán, reconociéndose vencido, con un salto descomunal, calló nuevamente en la terraza, y saltó por la ventana del segundo piso, desapareciendo de la vista del muchacho pelinegro, quien entonces, concentró su atención en la pelea entre Ángel y Heinkel.

Ambos se encontraban ya bastante exhaustos; Ángel tenía una bala en la pierna y varios rasguños en la cara y ambos brazos. Heinkel, por su parte, cojeaba de una pierna, en el brazo derecho tenía dos balas y la cara igual de rasguñada de Ángel. Era obvio quien llevaba la delantera.

Ya harto de esta inútil pelea, Heinkel decidió dar la estocada final, y arremetió contra ella. Ángel, hizo lo propio, y pronto se encontraban mirándose a los ojos, Heinkel la cuchilla en el cuello de Ángel, y ella con su Colt- 1900 en su frente. Ambos tenían una cruel sonrisa en sus rostros, mientras disfrutaban de la pelea.

- Ojala recordaras aquellos dulces tiempos en que…

- ¡Oh! Heinkel, no empieces con esto de nuevo- Dijo Ángel dándole una patada en el estomago, alejándolo de si.

- Es cierto, y lo sabes- Dijo él, arremetiendo contra ella nuevamente- Pero quizá lo has olvidado.

- Aunque quisiera, no podría hasta acabarte- Dijo con una amarga sonrisa, disparando en contra de su oponente.

Heinkel esquivó las balas, aunque no sin algo de dificultad por su pierna lastimada, sin embargo, esto aún no se daba por terminado. Se lanzó hacia su espalda con un giro impresiónate, pero antes de llegar a tocarla, una daga se enterró en su brazo.

Con brusquedad se deshizo de ella, pero al poco tiempo, su visión comenzó a tornarse borrosa. Atacó a Ángel nuevamente, a lo que la muchacha comenzó a disparar contra sus pies, entonces, saltó con decisión, dispuesto a acabar con su rival de una vez por todas, pero un disparo en su hombro lo hizo caer al piso, donde un enorme charco de sangre, comenzó a formarse.

- Declárate derrotado si no quieres morir- Dijo Ángel, colocando la pistola en su frente.

Heinkel, quien había perdido ya, bastante sangre y su visión era nublada, no le quedó más remedio que asentir con la cabeza, luego, con lentitud se incorporó, sosteniéndose el hombro con una mano, y dio un salto tremendo, hasta el segundo piso.

Desde allí, observó la escena de devastación que se había formado con ambos combates, y sonrió con desden. Quizá Ángel había salido bien parada en esta ocasión, pero a la siguiente, no estaba tan segura. Entonces, como por sexto sentido, volteó hacia donde se encontraba Dárius, asombrándose con su presencia.

- Pensé que el capitán Gütchner acabaría contigo, pero ya será para otra ocasión, compañero- Le gritó a Dárius-Te prometo que no es la primera, ni la ultima vez que nos vemos, Dárius. Ya en otra ocasión me vengaré por lo de hoy- Dijo, mientras seguía el paso del capitán, y también saltaba por la ventana.

- Para otro día quedará, compañero- Murmuró el pelinegro.

Levantó la mirada y encontró a Ángel, observando algo que estaba en el suelo, con bastante detenimiento.

- ¿Qué miras?- Le preguntó.

- Esto- Dijo con la mirada fulminante, señalando una daga que se encontraba en el suelo- Es una de las tuyas, ¿No es verdad?- Dijo ella furiosa, lanzándola contra su dueño.

Él, con dos dedos, la atrapó a medio vuelo y volvió a guardarla.

- No es necesario que te enfades.

- Muchas veces te he dicho que no te entrometas entre la peleas de Heinkel y Yo. ¿Por qué nunca me haces caso?

- Estabas agotada, y así, la pelea acabó más rápidamente.

- Pero él era mío, y seguirá siendo mío, hasta el día en que yo lo mate- Dijo, cerrando su mano en un puño.

En ese momento, un estrepitoso ruido se escuchó del otro lado de la habitación. Era Victoria, quien a duras penas, corría bajo el pesado fardo que cargaba: El Paladín Anderson.

- ¿Qué hace él aquí? ¿Acaso lo mataste?- Preguntó Dárius.

- Claro que no- dijo la rubia- después les explico, pero ahora, hay que salir de aquí, ya.

- ¿Qué sucede?- Intervino Ángel.

- En donde lo encontré, había un grupo de ghouls encerrados, y al no soportarlo las puertas, se rompieron, y ahora se dirigen hacia nosotros- Dijo ella sin aliento.

En ese momento, vieron la gran masa de ghouls, proveniente de donde había aparecido Victoria. Los francotiradores, exterminadores, y los técnicos en explosivos, les dieron con todo lo que tenían, y aunque mataron muchos, el número no parecía disminuir.

- Ya lo escucharon soldados- Dijo Ángel- ¡RETIRADA!

Los mercenarios, entonces, atropellándose contra las puertas principales, se encontraban saliendo. Ángel, Dárius, Victoria y Pip, se abrieron paso hasta llegar al principio.

- ¿Por donde nos vamos?- Preguntó Pip.

- No puede ser por donde nosotros- Dijo Victoria- Está frente al salón de la corona. Pasar por allí es imposible.

- Ni por donde subimos nosotros- Añadió Ángel- Los freaks que nos emboscaron, quien sabe si aún estarán allí.

- Entonces, usaremos la ruta de escape- Dijo Dárius, con una sonrisa socarrona.

Se dirigieron a la torre del reloj, por el mismo pasillo que el equipo de Dárius había usado antes. Comenzaron a subir en tropel, hasta que no quedó ni uno abajo. Saltaron hasta llegar al edificio más cercano, por el cual, bajaron las escaleras, y montaron en los camiones, para regresar a Hellsing antes del amanecer, para lo cual, no faltaba mucho. Pip se encargó de llevar al, al parecer, moribundo Anderson en la camioneta, sin embargo, Ángel, Dárius y Victoria, se quedaron.

- ¿Por qué nos quedamos?- Preguntó Dárius intrigado.

- Aún hay algo que hacer- Dijo ella- Victoria- Llamó, para atraer la atención de la rubia- Necesito que aquel mueble de madera que estaba en el salón principal, lo traigas aquí nuevamente. Que Dárius te acompañe.

- ¿Y tu que harás?- Le preguntó la rubia

- Tengo que ocuparme de algunos asuntos.

Victoria y Dárius, se lanzaron nuevamente al salón principal, mientras que Ángel, quien se encontraba frente a las puertas principales del parlamento, comenzaba a recitar, lo que parecía ser, un hechizo.

Dárius y Victoria, regresaron al poco tiempo, con el mueble, encontrando a Ángel, aún recitando.

- ¿Qué haces?- Preguntó.

- Terminando de sellar este lugar- Dijo ella, al terminar.

- Te mata la culpa, ¿no es cierto?

- Ya sabes como son estas cosas- Dijo ella, apoyándose en su hombro- Por lo menos ahora no se deshará hasta el amanecer. Si salen, están perdidos. Si no lo hacen, nos encargaremos de ellos, mañana.

Se dirigieron nuevamente a la torre y cuando iban a salir, Dárius se devolvió.

- Olvidé algo- Dijo.

Ambas chicas, lo esperaron en la azotea del edificio contiguo. Al poco tiempo, comenzaron a escucharse detonaciones, por parte del muchacho, en la torre del reloj. Entonces el pelinegro se reunió con ellas, nuevamente.

- Ahora ya podemos irnos.

Bajaron y, tras el parlamento, encontraron el Jaguar, un poco empolvado pero aún intacto.

- Vámonos- Fue lo único que articuló Ángel.

Mucha gente se encontraba frente al edificio, atraída por las explosiones, pero nada que les causara gran molestia. Derraparon frente al parlamento, y observaron por un momento "su desorden".

- Creo que mañana, Milady nos regañará muy fuerte por esto- Comentó Dárius

- ¿Milady? ¿Desde cuando llamas así a Sir Integra?- Dijo Ángel con suspicacia.

- No estoy haciendo nada malo- Dijo el chico con malicia.

En ese momento, vieron como un auto negro, un poco antiguo, pero con mucha clase, se estacionaba frente al parlamento, igual que el suyo.

De él, Integra bajó a contemplar lo sucedido.

- No podemos dejar que nos vea- Murmuró Victoria- O estaremos en un lío.

- Ella tiene razón- Dijo Dárius- Estamos condenados.

- Claro que no- Dijo Ángel- Solo esperamos a que ella se valla, y luego nos iremos nosotros.

En ese momento, gran cantidad de Freaks, aparecidos de quien sabe donde, se lanzaron contra el auto de la líder de Hellsing. Instantáneamente, de las sombras apareció Arucard, quien, defendiendo "a muerte" a Integra, disfrutaba eliminando a los ghouls lentamente. Las ganas de matar se extendían por todo su cuerpo.

En ese momento, ese sexto sentido que le indicó la emboscada a Ángel anteriormente, volvió a molestarle nuevamente. Entonces levantó la mirada y observó sobre el parlamento, al capitán Gütchner, quien, con una mirada sombría, examinaba el paisaje, dando con Integra. Las perspicacia de sus ojos se acentuó, cuando sacó de entre sus ropas, una pequeña daga, bañada en sangre, en la cual, Ángel reconoció, una de las de Dárius. Apuntando con extremo cuidado, lanzó la daga, hacia el cuello de la líder de Hellsing, tan de prisa que a Ángel y Arucard, apenas les dio tiempo de reaccionar.

La chica, veloz cual rayo, se lanzó dispuesta a recibir el impacto, lo cual ocurrió en su hombro derecho, mientras que Arucard, se lanzaba contra el capitán. Su furia y su sed de sangre, ocasionaron que, accidentalmente, Ángel pudiese leer su mente. Lo que escuchó, la dejó un poco más desconcertada de lo normal.

- Walter que decía que yo tenía reticencia para cazar hombres lobo, si se entera de esto tendré que retractarme.

Ángel sonrió ante el irónico comentario, en la mente del vampiro antiguo. Luego volvió a "sus labores".

Integra, estaba asombrada a medias por su encuentro cercano con la muerte, sin embargo, era algo mínimo, y no se dejaría llevar por esa emoción.

Ángel por su parte, decidió actuar como si nada ocurriera, y cuidando de su hombro, se levantó en dirección al auto otra vez.

- Ángel- le llamó Integra, y ella ladeó la cabeza para mirarla.

- ¿Alguna orden, Sir Integra?

Ella dudó al principio, pero le hizo una seña para que se acercase. Ángel lo hizo. Integra, la contempló por un rato, sin decir nada, y luego, inesperadamente, sacó la espada de su cintura y se la ofreció a Ángel. Ella, sin embargo, vió que Integra, realmente no quería deshacerse de ella, y por mucho que deseara la espada, no quería obtenerla de esa manera.

- No puedo aceptarla, Sir Integra. Si lo hace para agradecerme, paga un precio demasiado alto. No la puedo aceptar.

- Pero quiero que la tengas- Dijo Integra con tono firme- De alguien que casi se sacrifica por mí, para alguien que hoy, a medias, hizo lo mismo.

En ese momento, Integra amago una fugaz sonrisa, mientras Ángel tomaba la espada (por insólito que parezca, damas y caballeros, esto es algo que quizá nunca se repita), expresión que desapareció cuando la de ojos ambarinos levantó la mirada. Ángel sonrió agradecida, y, guardando la espada en su cintura, se dirigió al auto nuevamente.

- ¿Qué te dijo?- Preguntó Victoria.

- Por lo menos te tuvo que haber dicho algo por "sacrificio" ¿o no?- Señaló Dárius.

- Solo les diré que…- Dijo ella, mientras sacaba la espada de su cintura- Tengo un arma nueva queridos amigos.

- ¡Si! Te lo dije ¿no te lo dije? Te dije que te conseguiría esa espada.

- Pero no me la conseguiste tú, enano. Si yo no me "sacrificaba", no me la hubiese dado.

- Pero, Pero…

- Así que aún me debes lo de hace dos noches.

- ¡Nooooooooooooooooo!

Victoria, quien aún confundida, escuchaba la conversación, tenía su mente en otras cosas. Por ejemplo el paladín Anderson y su traumático encuentro con los ghouls, y su principal preocupación: ¿Por qué esta misión había resultado tan sencilla? Preguntas que rondaban por su cabeza, pero que no se atrevía a formular, por miedo de hallar las respuestas que esperaba. Así que decidió borrarlas de su cabeza, hasta que se respondieran por si solas.

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Integra miraba alejarse el jaguar negro, pensando en la actitud de su nueva subordinada. Pues, si bien es cierto que pensaba en que ella le tenía algo de estima, nunca tanta, como para hacer aquello.

En ese momento, Arucard regresó con expresión malhumorada:

- ¿Lo atrapaste?- Preguntó ella.

- No- Dijo él vampiro, con evidente molestia, mientras arrojaba a los pies de ella, una mano humana, al parecer, acabada de cortar.

-Bien…- Tenía que cobrar venganza, pero pronto amanecería así que no era el momento. Observó la mano con interés por un momento.

- ¿Sus ordenes?- Dijo él, sacándola de su ensimismamiento.

- Regresemos a la mansión- Dijo ella, aunque no sin cierto brillo extraño en sus ojos- Ya está amaneciendo.

Nuevamente, tomó asiento en el auto, en dirección a la mansión Hellsing.

Al llegar, Walter la recibió, informándole de la captura del Paladín Alexander Anderson, y también de su estado crítico. Ella ordenó que se ocuparan de él, pero que lo mantuviesen controlado, pues, si llegaba a escapar, causaría muchos problemas.

Entonces, subiendo las escaleras, se dirigió a su habitación, donde pudo notar que estaba amaneciendo.

- Justo a tiempo, Ángel- Murmuró.

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Ángel llegó a su habitación, y se tendió sobre la cama, exhausta.

- 6 de la mañana. Por poco no llegamos- Le dijo Dárius, quien le contemplaba desde la puerta.

- Tú no hubieses llegado vivo, déjame decirte, si no hubieras arreglado la puerta de mi habitación.

Una gota corrió por la frente del pelinegro, y un escalofrío por su nuca, cuando Ángel lo miró con malicia.

- Bien, será mejor que vallas a dormir, enano. Esas heridas no se curaran solas.

- No como en tu caso- le dijo él, insinuándole su condición.

- Largo- Le dijo ella, lanzándole una almohada- quiero dormir.

- Esta bien, esta bien- Dijo el, mientras cerraba la puerta.

- Por cierto- En ese momento, se acercó a la mesa de noche, de donde sacó un ungüento que le arrojó al muchacho- Te ayudará un poco con tu "condición".

- Muy graciosa- Le dijo mientras lo tomaba y cerraba la puerta.

La chica se envolvió en las sábanas de la cama, y quedó dormida casi instantáneamente. El vampiro antiguo al poco tiempo apareció en la habitación, esperando hablar con ella, pero encontrándola en aquel estado, no quiso despertarla. Se sentó a su lado, y acariciando sus cabellos, murmuró para si mismo:

- ¿Cuánto más me costará que confíes en mi Ángel?

Mientras tanto, aquella chica de ojos ambarinos, que escuchó su nombre como en un sueño, se aferró más fuerte a su letargo, aliviada de que este día por fin hubiese terminado.

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Bueno… por aquí se termina esta interesante historia… pero por este año nada más.

¡ME VOY DE VACACIONES A MARGARITA!!! Y como no pretendo regreser, por lo menos hasta el 6, no voy a poder escribir, así que, luego nos vemos, jeje!!!

A mis amiguis, Dany, Inte, Azrakil, Burn, Vestí, y a todos los demás, ¡FELIZ NAVIDAD! A ustedes y a todos lo que se paseen por aquí estas navidades. Se cuidan mientras no estoy, caminen por la sombrita y no tomen más de la cuenta, que los estaré vigilando y tambien si me dejan reviews. Les debo el capitulo de navidad y… Hasta el 2007!!