Otra entrega nn

Cinco minutos, tres errores al adjudicar prendas de ropa y un par de calcetines verdes mas tarde, los tres resacosos jóvenes abrieron la puerta dispuestos a explorar el extraño lugar en el que se hallaban. No hubieron salido de la habitación cuando los abordó, mas bien los atacó un hombre inmenso de ancho y enano en altura. Era como un inmenso queso con cabeza, y olía exactamente igual que uno.

- Ahhh mucha alegro yuvenes despertidos!!!- dijo con un marcado acento de vaya usted a saber que idioma. Se retorció uno de sus bigotes negros y les miró con una sonrisa que solo podía calificarse de lasciva- mucho mucho ruido hace rato, despertar alegres?

Arthur y Remus retrocedieron instantáneamente dejando a Sirius y su maltrecha nariz delante.

- Esto…eh…- balbuceó al ver que le habían dejado solo. El mito de la valentía Gryffindor!

- Oooh fea herida, mañana activa tú? Mucho ruido, mucho ge-mi-dos- siguió el hombre, logrando que el moreno perdiera la compostura y echara a correr seguido de los otros dos, quienes no paraban de reírse a carcajadas.

- Eh Sirius, yo creo que te estaba proponiendo algo, no quieres volver?- se burló Remus mientras bajaban las escaleras de madera y salían como un huracán por la puerta.

Se encontraron en medio de ninguna parte, puesto que frente a ellos solo había un campo de hierba verde, bajo sus zapatos un camino rural de tierra marrón clarita y a ambos lados de la destartalada posada un par de huertas.

Arthur soltó un silbido y se paso una mano por el pelo al más puro estilo James, al que no podía dejar de meter aunque sea en pequeños detalles.

- Derecha o izquierda?- pregunto, indeciso. Como respuesta, Remus extendió un brazo y cerró los ojos.

- Dadme vueltas!- exclamó, con voz solemne. Los otros dos intercambiaron una mirada pero se pusieron a ello, deseosos de alejarse de allí cuanto antes. Demasiado deseosos, le dieron demasiado fuerte y demasiadas vueltas y el pobre Remus aterrizó en el suelo por segunda vez esa mañana, a punto de vomitar, y señalando el interior de la posada sin querer con el brazo.

Tras mirarle unos segundos, Sirius decidió tomar las riendas de la excursión.

- Yo digo que izquierda- el pelirrojo se encogió de hombros, y sosteniendo cada uno a Remus por un brazo, avanzaron renqueando por el camino.

Caminaron durante tres cuartos de hora bajo el sol, aguantando la resaca y a Remus, que parecía delgado pero pesaba lo suyo; y finalmente llegaron a un pueblucho donde Sirius tiró a Remus y siguió por su cuenta. A consecuencia de esto, Arthur perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, justamente en el pilón de la fuente. El licántropo se quedo apoyado contra la pared del pilón y sumergió la cabeza para desperezarse. Poco después, la cabeza pelirroja de Arthur surgió de la fuente.

- ¡¿PERO A DÓNDE VAS?!- le gritó a Sirius, que ya estaba en la plaza del poblado. Éste se volvió y voceó algo, pero no se le entendió nada. Como no parecía que fuera a abandonarles en plena Dinamarca y sin magia, se relajó y salió de la fuente.

- Ya estas mejor?- el castaño afirmó con la cabeza y se sacudió el agua del pelo- voy a coger una pulmonía, aparte de que Molly va a despellejarme vivo por fugarme sin decir nada y dejarla cargar sola con el embarazo y esos bichos de Bill, Charlie y Percy, aunque Percy es un niño muy bueno, además de que iba a visitar a su tía no se quién en no se donde y me advirtió que si la dejaba ir sola me crucificaría, porque como está con el embarazo…- veinte minutos pasó Remus, aún algo mareado, sintiendo la brisa veraniega en su rostro mientras Arthur hablaba sin parar de Molly, del nombre que le querían poner al niño si era niño y a la niña si era niña y a ambos si eran gemelos. Poco después de matar a ciegas a un mosquito que había tratado de picarle en el brazo, pues había cerrado los ojos a la tercera frase del pelirrojo, escuchó un ruidillo como de oxidado. Abrió los ojos cuando Arthur se calló de golpe y el ruidito se paró también. Era grande. Era larga. Era brillante. Y no era una banana hinchable.