Capitulo 11: Días de Hellsing
Ohaiyo yaa!! He vuelto, mis queridos lectores, y les traigo un nuevo cap para que disfruten, al igual que las navidades y el año nuevo.¡¡Shin Nen Omedeto!! ¡Que viva el 2007! Fue algo corto que escribí acabando de llegar de mis "queridas vacaciones"(o sea, el domingo en la noche) y quizá no sea de lo mejor, pero al menos dejen algunos reviews… Es un poquito largo, y al final del capitulo entenderán porque…
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- ¡AHHHHHHHHHHHHH!
- ¡QUEDATE QUIETO!
- ¡PERO DUELE!
- ¡YA LO SE! Pero aún así, ¡ESTATE QUIETO, ENANO!
Dárius aullaba de dolor, mientras Ángel intentaba curar las heridas de su rostro, ocasionadas por el combate de hacía ya dos noches.
- ¡Listo!- Dijo la chica, con una sonrisa.
- Pues valla que eres brusca – Dijo el pelinegro, frotando su mejilla.
- Si has podido soportarlo tres noches, no veo porque ha de dolerte ahora.
- Pues si duele.
- Al golpe de la frente ya se le esta bajando la inflamación, pero el corte en la mejilla, fue algo profundo.
- Valla que si- dijo el pelinegro frotando su mejilla.
- Ve a ver si la próxima vez tienes más cuidado.
- Jajaja, mira quien habla- Dijo señalándole el hombro.
Producto de la herida con la daga de Dárius, la piel se encontraba levemente inflamada, pero con un extraño color negruzco. Ángel, por su parte, quien ahora vestía su común falda, y camisa al cuello tomó la chaqueta que se encontraba sobre su cama y colocándosela para disimular la herida, le dijo al pelinegro
- Es por culpa de tus inútiles artilugios
- Sea como fuere te salvaron de Heinkel.
- ¿Qué insinúas?
- ¿Yo? Nada- dijo el ojiverde, aparentando inocencia.
- Vamos- Dijo arrojándole una almohada- Hay que ocuparnos del Iscariote.
- En menudo lío nos hemos metido trayéndole hasta acá.
- Y si se llega a escapar, tendremos que recapturarlo, cosa que no me agrada mucho.
- Sinceramente a mi tampoco, pero, ordenes son ordenes.
- Cierto- dijo la chica con pesar, encaminándose a las mazmorras, donde mantenía capturado al sicario.
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- ¡QUE ÉL, ¿¿QUÉ??!
Los gritos de una, muy exasperada Victoria, habían resonado por toda la mansión.
- Shssssssss! No tan alto- Dijo el mayordomo en un susurro.
- Lo siento- Dijo la vampira, levemente sonrojada- Pero… ¿Sir Integra lo sabe?
- Claro que lo sabe.
- Pues lo disimula muy bien.
- Ya lo creo.
- Cuando lo traje, pensé que estaba muerto. Aún creo que lo está. Lo están manteniendo para nada.
- Yo, al principio, también pensé que estaba muerto, pero Ángel dice que no lo está.
- ¿Qué le hace pensar eso?
- Dárius sugiere que tenga algo que ver con su condición de regenerador.
Victoria, con una mano en la sien, se dejó caer sobre la cama, aún sorprendida por la noticia.
- Y pensar que pudo haberme matado, si lo hubiera querido- Dijo en un murmullo.
- Es inverosímil, Señorita Victoria, que aún esté lamentándose por este incidente- Dijo el Shinigami – Además, dentro de poco, a usted le toca hacer la guardia.
- ¿A mi?- Dijo Victoria, con un dejo de fastidio en la voz- Esto no puede empeorar- Dijo, con la cabeza entre las manos.
Lejanos pasos comenzaron a oírse en dirección a la habitación, y la puerta, abierta de manera súbita, captó la atención de la vampira.
- Te toca vigilar a tu presa, chiquilla- Dijo Ángel, mientras cerraba la puerta tras de si- 6 días haciendo guardia no es nada agradable.
- Ángel, ¿Acaso no ha quedado nadie vigilando?
- Tranquilo Walter- Dijo la rubia, poniendo una mano en el hombro del mayordomo- Dárius cuidará la puerta hasta que llegue Victoria.
- Si es así, tendrán que disculparme, pero debo ir a realizar mis deberes- Dijo Walter, mientras delicadamente, se quitaba de encima a Ángel.
Se dirigió hacia la puerta, y ya en ella, volteó para decirles:
- Sería bueno que ustedes hicieran lo mismo.
Y salió de la habitación, con paso apresurado.
- Y bien… dijo Ángel, apoyada contra la puerta del closet de la habitación de Victoria- ¿Me dirás ahora como encontraste al sicario?
Victoria suspiró.
- Es largo de contar…
FLASH BACK
¡BOOOMMMM!!!!
El estallido de una bomba, resonó por todo el edificio, lanzándola contra una pared. Se levantó, cuidando de no hacer ruido. El humo comenzaba a dispersarse, y pudo notar a Ángel y Dárius, discutiendo sobre algo, mientras Max Montana los observaba desde el piso de arriba. Intercambiaron algunas palabras, y cuando Montana desapareció, un militar de ojos verdes y fríos, comenzó a pelear con Dárius, mientras que Heinkel, hacía acto de presencia para pelear con Ángel. Ambas peleas se desarrollaban simultáneamente, y ella no veía como podía ayudar a alguno.
- Soy una inútil- Dijo con la cabeza entre las manos.
De repente, algo llamó su atención. Una luz titilante que provenía de una puerta, en la pared donde se había estrellado. Abrió la puerta con cautela, y la cerró tras de sí, esperando que no la notaran.
Se encontraba en alguna especie de ambulatorio improvisado, o algo parecido. Había gran cantidad de aparatos, todos rotos y esparcidos por el suelo, a causa de la explosión. No había ninguna camilla, pero varias cortinas, separaban los cubículos de otros. En uno, regado por el suelo, había gran cantidad de un líquido espeso y negruzco, que no quiso averiguar que era; en otro, gran cantidad de jeringas manchadas de sangre y con las agujas rotas, al lado de una libreta de anotaciones, sobre una mesa, en la cual, había una Cyclops 8, a la cual solo le faltaba una bala, y así sucesivamente en varios cubículos.
Al final de ellos, encontró una gran y pesada puerta de acero, al parecer, atrancada, pues no podía abrirla. Entonces, con la ayuda de su Halkonen, pudo volar la cerradura y así, luego de empujarla mucho, poder abrirla.
Una extraña luz verdosa, proveniente del suelo, iluminaba la estancia a la que daba la puerta; gran cantidad de frascos estaban colocados en el suelo, que contenían órganos humanos y otras cosas extrañas sustancias, sin embargo, entre ellos, había un camino que se adentraba en la habitación. Con cuidado, caminó por entre los frascos, no sin cierto asco, buscando que había más adelante.
Poco a poco, los frascos se acabaron, dando paso a grandes estantes negros, con amplias gavetas, y gran cantidad de nombres. Abrió uno, y lo que consiguió adentro fue un cadáver deforme y en descomposición. En el frente de la gaveta, estaba escrito el su nombre en vida, y una foto al momento de su muerte, junto con la forma en que murió. Había gran cantidad de ellos: unos quemados vivos, muertos por accidentes de transito, mutilados, desangrados, muertos en operaciones quirúrgicas fallidas, por balazos en el cuerpo o la cabeza, y de muchas otras clases, tantas, que se sintió asqueada con solo mirarlos. Estaban unos al lado otros, formando largos y amplios pasillos, que terminaron confundiéndola, cayendo en cuenta de que formaban un intrincado laberinto. Estuvo buscando la salida, por lo que le parecieron horas, cayendo varias veces en callejones sin salida, hasta que logró encontrar un pasillo que se alejaba de los estantes.
Caminó por el, hasta encontrarse con una cortina que le franqueaba el paso. La apartó de su camino con un manotazo, encontrándose así, con un cuerpo, amarrado a una camilla de hospital, con gruesas tiras de cuero. Al acercarse, pudo notar que se trataba del paladín Alexander Anderson. Al parecer se encontraba inconsciente, pues no se había movido al sentir su presencia. Solo tenía puestos, los largos pantalones del uniforme; la camisa y la chaqueta se encontraban colgados cerca de un enorme aparato, sobre el cual también se encontraban sus lentes, y un par de bayonetas. El enorme aparato, el cual se encontraba al lado de la camilla, parecía registrar los signos vitales del sicario, y la vez, contenía un gran frasco con un extraño suero verde limón que estaba siendo inyectado en el sicario. Siguió con interés el destino del suero, para encontrar la jeringa, enterrada en una de las venas del antebrazo izquierdo del sicario, por encima del codo. El resto del brazo, desde los dedos hasta el codo, se encontraba prácticamente sin piel, y se observaban los músculos y las venas, que extendían sobre los desprotegidos huesos. Gran parte del pecho, se encontraba de igual manera. Se detuvo a observar la gran cantidad de cicatrices que se observaban, donde la piel aún se mantenía, cuando un sonido, parecido al de una pared derrumbándose, sacándola de su concentración.
A lo lejos, pudo escuchar como se acercaba gran cantidad de pasos, y un fétido olor, como el de un cuerpo en descomposición, comenzaba a llenar el ambiente. Despacio, intentó alejarse del paladín, con tan mal tino, que tropezó la manguera que inyectaba el suero al sicario, haciendo que esta se desprendiera de él, y cayera al piso. El ruido de los pasos y el fétido olor, comenzaba a aproximarse, así que decidió alejarse del lugar. Entonces notó, que el cuerpo del sicario, comenzaba a moverse, y la piel de sus miembros, comenzaba a regenerarse, pero muy lentamente, más de lo normal. Sabía que si el paladín la encontraba, pasaría a la historia, así que decidió esconderse, y lo hizo, tras un estante que se encontraba cerca de la camilla. El sicario comenzó a moverse, su respiración se hizo más agitada, intentó ponerse de pié, pero las correas lo evitaron, así que las rompió. Se sentó en la camilla del hospital, mientras su respiración volvía a la normalidad. Se levantó, tomó su camisa y chaqueta, y comenzó a vestirse con parsimonia. Al terminar, tomando las bayonetas que se encontraban sobre la máquina, procedió a destruirla, junto con el frasco del extraño suero. Se colocó los lentes, y mirando en derredor, sonrió de manera macabra.
En ese momento, unos fuertes y rápidos pasos, se acercaron hasta el paladín Anderson, ocultándose su dueño a la sombra de la cortina, de manera que no podía verse quien era, pero Anderson ya sabía de quien se trataba. De cabello rubio hasta la barbilla, y vestido impecablemente de blanco. Lentes y sonrisa siniestra lo caracterizaban.
- Así que lograste escapar- Dijo sarcásticamente.
La sonrisa del sicario se acentuó aún más.
- Bien, bien, bien- Dijo calmadamente- Pero gastaste fuerza en la primera arremetida, y no te quedan ya fuerzas para la segunda.
- No me hagas reír- Dijo el sicario, con sonrisa malévola.
- Muy tarde- Dijo con una sonrisa malvada, mirándolo por encima de sus lentes.- El error lo cometiste al destruir la máquina.
- No intentaras asustarme, ¿o si?
- Si tan solo te hubiese dado cuenta- Dijo, señalando un charco negrusco, que se había formado a los pies de Alexander- Ahora es muy tarde. El veneno debe estar pronto a afectar tu cerebro.
El paladín se sacudió las botas, y se apartó del charco. Sacó sus bayonetas, para que él las viera a través de la oscuridad, formando una cruz con ellas, frente a su rostro.
- Es una lastima perder tan valioso espécimen, pero ya encontraré la forma de reparar este error. Hasta entonces.
Y con rapidez y eficacia, lanzó una inyectadota, que se clavó en el cuello de Alexander, cual mosquito, y luego se fue tan súbitamente como había aparecido.
Alexander sacó la inyectadota de su cuello como si nada, pero el veneno ya se había esparcido por su cuerpo, y sus condiciones de regenerador no ayudaban en casos como ese. Poco a poco el sopor lo fue invadiendo, hasta que perdió la conciencia.
Mientras tanto, escondida detrás del estante, pensaba en como escapar del paladín y el ejército que se acercaba, cuando un ruido sordo llamó su atención, y cuando volteó la mirada, encontró al paladín tirado en el suelo. En ese momento, vio la gran masa de ghouls que se acercaba al lugar; todos acabados de convertir, pues la carne aún estaba fresca.
Decidió salir corriendo del lugar, pues no tenía tiempo, ni municiones para acabar con todos ellos, y, cuando se encontraba a punto de dejar atrás aquella parte e internarse en los estante llenos de cadáveres, recordó al paladín Anderson.
- No puedo dejarlo aquí- Pensó primero,
- Déjalo, al fin al cabo es tu enemigo. Ya ha intentado matarte, no merece que lo rescates- Dijo una vocecilla en su cabeza.
- Tienes razón. Debo dejarlo.
Se adentró un poco hasta los estantes, pero no pudo avanzar más. Sabía que estaba mal, aunque fuera su enemigo.
- ¿Qué estas haciendo?- Le reclamo la vocecilla- Debemos escapar.
- No puedo- Dijo ella- Se que luego me arrepentiré por esto, y el maestro me matará, pero no puedo dejarlo aquí.
Corrió entonces y cargó al paladín sobre sus hombros. Pensó que sería muy pesada, pero estaba equivocada. Pesaba tanto, como un niño de 10 años. Lo cargó, y se encaminó hacia la salida, pero ya estando en el laberinto de cadáveres, comenzó a temer perderse. Trató de tranquilizarse, y a lo lejos, detectó el olor a sangre. Sangre de la batalla. Se dejaría guiar por el olor, pues era la mejor forma de salir de aquel laberinto. Ojala que a los ghouls los retrasara un poco. Guiada por sus instintos asesinos, al poco tiempo dejo atrás el laberinto, y el camino de frascos, hasta llegar de nuevo a las pesadas puertas de acero. Las traspuso y colocó el cuerpo del sicario junto a ellas, para luego intentar cerrarlas y las atranco con trozos de bloques y vigas, que habían volado de la explosión. Luego, cargándose al sicario nuevamente, salió corriendo del lugar.
FIN FLASH BACK
- … Y entonces fue que los encontré a ustedes discutiendo y corrí hacia donde se encontraban.
Ángel, recostada aún del closet, con los ojos cerrados, meditaba el relato de Victoria:
- Y dices que, ¿Cuándo tenía ese líquido verde lima, su cuerpo no podía regenerarse?
- Exacto. Era como si su cuerpo nunca hubiera tenido la capa de piel exterior.
- ¿Y sobre el pecho era igual?
- En parte. Solo alrededor del abdomen. La parte del pecho y el cuello estaba intacta.
- ¿Y tampoco había nada en la cabeza?
- Ahora que lo mencionas, creo que tenía un ligero corte cerca de una sien, pero no tan profundos como los otros.
- Ya veo- Dijo ella pensativa.
Victoria se recostó en la cama boca arriba, recordando lo sucedido, mientras Ángel meditaba la situación, entonces decidió preguntarle:
- ¿Ángel?
- ¿Sí?- Ella levantó la cabeza para mirarla, alzando las cejas en forma inquisitiva.
- ¿Crees que hice bien en traerlo hasta acá?
- Bueno…- Ángel meditó un momento antes de responderle- Quizá hayas hecho bien, puesto que ahora que lo tenemos en nuestro poder, podemos servirnos de él en lo necesario, aunque también pudiste haber hecho mal, pues a Sir Integra pueden perjudicarla por su causa.
Victoria bajó la cabeza.
- Pero no es momento de ocuparse de ello. Ahora debes ir a hacer tu guardia. Vamos. Te acompañaré hasta allá- Dijo colocando una mano en su hombro, haciéndola levantar.
Caminaron por el pasillo de las mazmorras, hasta las escaleras que bajaban hasta la mazmorra del sicario. Al llegar a ella, no encontraron a Dárius, pero si la puerta abierta. Entraron apresuradamente, con temor de que algo hubiese sucedido, impactándose con la extraña escena.
Alexander, quien acostado sobre una camilla yacía inmóvil, con los ojos vidriosos y casi muerto, tenía la manguera que le inyectaba el suero alrededor del cuello, ahorcándolo. La inyectadota insertada en la vena de su brazo derecho, que registraba sus signos vitales, se encontraba ahora en una vena del cuello, arrancando un hilo de sangre del susodicho, y, ocultándose entre la oscuridad de las cortinas, Dárius se acercaba al sicario peligrosamente, con un cuchillo encima y una mirada diabólica.
Victoria alcanzó a taparse la cara con las manos para no mirar, mientras que Ángel, se tiraba sobre el cuerpo de su amigo, para evitar que matara al sicario.
- ¡Ángel! ¡Suéltame!- Gritaba enfurecido el pelinegro.
- ¡Dárius!- Ángel le propinó una sonora cachetada al muchacho tendido bajo ella- ¡Reacciona!
Dárius, más enfurecido por la acción de Ángel, se la quitó de encima con brusquedad, e intentó ponerse de pie. Pero Ángel lo sujetó por los tobillos y lo hizo caer de bruces en el suelo, nuevamente.
Dárius se debatió con Ángel para intentar ponerse de pie, pero sin éxito, mientras que Victoria observaba la encarnizada lucha sin saber que hacer.
-¡Dárius, por favor! – Dijo Ángel, suplicante- ¿Es así como quieres que termine todo? ¿Es así como quieres vengarte? ¿De un cuerpo sin alma, sin vida y sin voluntad?
A Dárius le hicieron más efecto aquellas palabras, que la bofetada propinada por Ángel anteriormente. Dejó de debatirse. Cuando Ángel estuvo segura de que se había calmado, lo dejó levantar. Dárius se frotaba la mejilla insistentemente, intentando aliviar el dolor, mientras Ángel, quien no le quitaba la vista de encima, se sacudía sus ropas. Luego, con la sangre fría de un cirujano, procedió a liberar al sicario; lo liberó del estrangulamiento con la manguera y la inyectadota en su cuello, y volvió a colocar todo en su antiguo lugar. La herida del sicario, duró abierta un poco más, y luego, se fue cerrando con mucha lentitud.
Dárius, apoyado en el marco de la puerta, observaba a Ángel trabajar, mientras reflexionaba sus palabras.
- Me voy- Dijo de repente, sorprendiendo a loas dos chicas- Tengo que ocuparme de algunos asuntos. Regreso en unos días.
- ¿Cómo que en unos días?- Le reprochó Ángel- ¿Qué pasará con "tus obligaciones" en la mansión? – Y luego, agregó de forma picara- ¿Qué va a pasar con Sir Integra?
- Milady me sabrá disculpa. Además – Agregó un con dejo de fastidio- para algo tiene a Walter, ¿o me equivoco?
- No cometas una locura, Dárius.
- Descuida. Nada sabrás de mí, hasta que regrese.
Y cerró la puerta, alejándose por el pasillo. Ángel corrió hacia la puerta, para detener al pelinegro, pero al abrirla, él ya no estaba. Suspiró pesadamente.
- Ya me las pagará.
Volteó a ver a Victoria, quien se encontraba a lado de la camilla, observando la herida en el cuello del sicario, de manera bastante provocativa.
- ¡Victoria!
Ella salió de su ensimismamiento, al escuchar su nombre.
- Te toca hacer la vigilancia. Toma esto – Le dijo mientras le arrojaba una Bersa 7 y un par de granadas. Victoria la miró confundida- Por si te hacen falta- Agregó.
Con altivez salió del pasillo de las mazmorras, mientras que Victoria analizaba la situación, un tanto confundida.
--------------------------------- Dos semanas después… ----------------------------------
Integra, asomada al balcón, observaba a los mercenarios en una práctica de tiro con Ceres, mientras que Arucard, apoyado contra la pared del laberinto, observaba todo con expresión divertida.
¡BOOOMMMM!!!!
Nuevamente había volado algo que no debía. Los mercenarios, asustados, se refugiaban detrás de la barrera de protección, mientras que el vampiro mayor, respondía con sonrisa burlona a la cobardía del pelotón.
De repente, alguien irrumpió en la oficina de Integra, veloz cual rayo, y, con respiración agitada, colocó un delicado paquete sobre su escritorio. Integra volteó, para ver quien había irrumpido en su oficina, y encontró a Ángel, apoyada con una mano en el escritorio, y la otra en el pecho, tratando de calmarse.
Integra tomó asiento frente a su escritorio, cruzó las manos frente a su rostro, y con una mirada inquisitiva preguntó:
- ¿Qué sucede ahora?
Ángel, con la respiración aún agitada, puedo explicarle a la líder de Hellsing, a medias, lo que estaba sucediendo.
- Le trajeron este paquete, con una nota de amenaza, en la cual dice, que si no soltamos al sicario, en 7 días nos atacaran.
Integra alzó una ceja, de manera inquisitiva, y Ángel le señaló el paquete, el cual, por uno de los lados, esta rasgado lo suficiente como para que una persona pudiera averiguar que contenía. Integra la miró con severidad, y una gotita corrió por la frente de la rubia.
- 7 días es mucho tiempo, ¿no lo crees?
La voz profunda del nosferatu, resonó en la habitación, mientras se materializaba en una silla frente al escritorio. Ángel, al verlo, tomó asiento de igual manera. Al poco rato, Victoria entró en la habitación, con paso apresurado, y notar la tensa situación, se mantuvo a la margen, apoyada en el marco de la puerta.
- Poco sentido tiene entregar un cadáver viviente, a quienes buscan la inmortalidad- Murmuró Ángel, más para si misma que para los que se encontraban en el resto de la habitación, sin embargo, todos pudieron escuchar claramente.
- Concuerdo con ella, Ama.
- Pero Ángel- Espetó Victoria- ¿No habías dicho que estaba vivo?
Ángel volteó y la fulminó con la mirada. Victoria se dio cuenta de que había cometido un gran error. En ese momento, Walter entró con algunos papeles en la mano, y los colocó sobre la mesa, mientras intentaba explicar la situación:
- He revisado ya varias veces los monitores de la habitación donde tenemos cautivo al sicario, sin embargo, ninguno de los aparatos ha registrado anomalía alguna desde que llegó aquí…
- Es a lo que yo me refiero- Interrumpió Ángel.
- Sin embargo, sus signos vitales se han mantenido estables, por un lapso de tiempo considerable…
- ¿Eso quiere decir que está en coma?
- No exactamente- Continuó el mayordomo- Sin embargo, no se había registrado ningún tipo de actividad cerebral hasta esta noche. Específicamente, en la guardia de la Srta. Victoria.
- ¿Qué sucedió?- Preguntó Integra.
- Ya había notado ese extraño sonido zumbando en mi cabeza parte de la tarde, y cuando me decidí a seguir el sonido, escuché que provenía de la mazmorra. Pensando que sería la Srta. Victoria, entré a pedirle que guardara silencio, pero fue grande mi sorpresa al encontrarla absorta escuchando la tonada de Fur Elise, tarareada por el sicario.
Un tenso silencio se formó en la habitación. Por fin, Integra habló:
- Han de preparar al los gansos salvajes- Dijo refiriéndose a Ángel y Arucard- porque en la forma en que están, no podrán soportar una batalla dentro de 7 días.
Ángel y Arucard, cruzaron las miradas, con evidente satisfacción, y sonrisa fugaz. Sin embargo, Victoria, consternada por la actitud de la líder de Hellsing, salió resignada de la oficina.
Tras de Victoria salió Walter, y al poco tiempo, Arucard también desapareció, quedando en la habitación solamente Integra y Ángel. Cuando estuvo segura de que nadie podía escucharlas, Ángel habló:
- Hay algo que Walter no te contó. Cuando Anderson estuvo tarareando la letánica melodía de Fur Elise, poco tiempo después llegó esto…- Dijo poniendo una mano sobre el paquete.
- ¿Estás insinuando que hay alguna conexión?- Dijo Integra, sin cambiar su gélida expresión.
- No lo se. Pero lo que si se es esto. Si entregamos el cuerpo del sicario, nos vamos a arrepentir. Créeme.
Integra la miró con un asomo de duda.
- Se que crees que estoy exagerando. Pero es que no sabes lo que yo se.
- Pruébame- Dijo Integra con superioridad.
- Antes de llegar a Hellsing, Anderson estaba peor que ahora. Ceres me contó todo. Pero es una historia muy larga para explicar, así que déjame mostrártela.
Integra en ese momento, comenzó a ver la narración de Victoria en su cabeza como si fuera una película. Al terminar, Ángel le dijo:
- Y eso no es todo. ¿Notaste aquel líquido verde limón que inyectaban en su cuerpo?
- El que lo mantenía aletargado- Agregó Integra.
- No. Yo también lo pensé al principio. Pero no es así. Es melanina.
- ¿Melanina?
- Si. Y lo más extraño es que es melanina con cianuro. Y no se lo estaban inyectando, estaban sacándolo de su cuerpo. Lo que puede significar que estaban probando "la última teoría", pero al no estar muy seguros, no quisieron probarlo en el pecho. Si moría, sería una gran perdida.
- ¿Más vampiros?
- No solo vampiro artificiales, Integra. Estos nuevos vampiros tendrán la capacidad de regenerarse. Y no creo que Hellsing pueda con ellos por mucho.
Integra analizó la situación, colocando su barbilla sobre sus manos cruzadas sobre el escritorio.
- Ahora 7 días parecen poco- susurró Ángel, saliendo de la oficina de la líder de Hellsing.
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Ya habían pasado 7 días…
7 angustiosos días en que Hellsing se había armado hasta los dientes, preparándose para el inminente ataque que sobre ellos se cernía.
La compañía de los gansos salvajes se encontraba vigilando todas las puertas, en espera de lo pero, sin embargo, la neblina amanecida ese día, les impedía ver más allá de su nariz.
Integra estaba en su oficina, igual que cualquier día, dando a entender que la situación no le preocupaba en lo más absoluto.
Victoria, por órdenes de Ángel, se encontraba vigilando la puerta del despacho de Integra. Walter se había opuesto al principio, pero cuando Ángel le explicó su plan, no puso objeciones. Arucard, sin embargo, no aparecía por ningún lado, y Ángel se había negado a buscarlo. Ella había dicho:
- Si le aburre estar encerrado como un perro y cuando le consigo algo que hacer desaparece, es porque no pasará nada interesante.
Ya daban más de la media noche y nada había sucedido. Ángel, sentada en las escaleras principales, se quejaba del aburrimiento con Walter, quien estaba en la parte de arriba de las escaleras, apoyado en el barandal. De repente, una macabra melodía que heló la sangre de los mercenarios, invadió el silencio de la noche.
Fur Elise…
Ángel se levantó como un resorte, y se disponía a ir a revisar la mazmorra, cuando Walter, hilos en mano, se encontraba a su lado, pretendiendo hacer lo mismo.
- No podemos ir los dos, Walter – Dijo Ángel, colocando una mano sobre el brazo del Shinigami- Además, la obligación de proteger a Sir Integra no es mía, y , aunque debe hacerlo no se encuentra aquí, alguien tiene que ocuparse de eso, ¿No lo crees?
Walter suspiró resignado, y le hizo una seña para que se marchara pronto.
Ángel abrió la puerta del pasillo de las mazmorras y caminó hasta donde se encontraba capturado el sicario, con la melodía retumbándole en los oídos. De repente, la melodía se apagó tan súbitamente, como si hubiesen dejado de tocar un piano. Temió lo peor. Corrió hacia la habitación del sicario, pero al abrir la puerta, encontró el lugar vacío. En ese momento, un gran estruendo resonó en la mansión. Temiendo un ataque, subió rápidamente a ayudar a "su tropa", mientras se culpaba el haber permitido que se llevaran al Sicario.
Al llegar arriba nuevamente, encontró a todos en posición de ataque… pacientes… como un depredador que espera para atacar a su presa… formaban una barrera en torno a las escaleras, al parecer, dispuestos a defender a Sir Integra aún a costa de sus vidas.
Entonces, la puerta principal, con un chirrido descomunal, se fue abriendo lentamente, y pudieron ver la silueta de un cuerpo asomarse por ella. Los mercenarios apuntaron, dispuestos a derribarlo a quemarropa, pero Ángel reconoció la silueta, y, lanzándose sobre los mercenarios, los hizo caer de bruces para que no pudieran disparar. Aún así, los gatillos se soltaron, pero sin embargo, todos erraron el tiro, haciendo que las silbantes balas apenas pasaran rozando la silueta, quien las esquivó con grandiosa facilidad.
Cuando Pip estuvo a punto de reprocharle a Ángel lo sucedido, ella solo le señaló la puerta, en donde se encontraba Dárius, cargando el cuerpo inerte del sicario.
Ángel suspiró con alivio. No sería la primera vez que ese enano le salvaba el pellejo. Los mercenarios, al principio perplejos, rápidamente captaron la situación, y felicitaron al pelinegro, mientras que, desde las escaleras, Walter, Victoria, Ángel e incluso Arucard, levemente escondido en la penumbra, observaban las escena, con algo parecido a nostalgia y orgullo.
Walter se encargó con la ayuda de Ángel y Victoria, de colocar nuevamente al sicario en su antiguo lugar de reposo, mientras que la tranquilidad volvía a la mansión Hellsing.
Integra, en su oficina esperaba la llegada de Walter, para que le informara el motivo de la explosión, sin embargo, no se sorprendió cuando el vampiro antiguo se materializó en su oficina.
- Todo en orden como siempre, ama.
Integra no cambió su expresión en lo más mínimo.
- Sin embargo, ni 7 días fueron suficientes para preparar a los mercenarios. 7 días de entrenamiento, y aún así lograron llevarse al sicario.
Integra levantó una ceja interrogante.
- Descuida- Agregó el vampiro- El pequeño comandante recuperó el cuerpo.
Integra suspiró aliviada. El vampiro desapareció de la habitación. Ella se levantó y fue a mirar por el balcón, mientras los mercenarios intentaban acomodar todo antes de que amaneciera. Pudo sentir la presencia de Arucard a su lado, pero eso no la inmutó. Esta noche habían ganado. Ya mañana se ocuparía de lo demás.
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Bueno… para aquellos que no notaron el porque del lo largo del capítulo, ¡NO SE LOS DIRÉ!, pero les doy una pista: Cuenten los días que hay en el capitulo, y entonces lo entenderán, además de adivinar que pasará en el siguiente.
