Capitulo 14: Cuando No Es Como Debiera Ser…

Ok, se que me tarde muchísimo escribiendo el capitulo pasado, jeje, pero es que la comedia no es precisamente mi fuerte ¬¬, así que unas cuantas amigas me ayudaron; y por eso les dedico este nuevo cap a: Miyuki, AkiaNekoi e Ime. Las quiero amiguis! XD Bueno, les dejo este nuevo capitulo, para que no se pierdan. Les recomiendo que lo escuchen con la canción de Panda: Cuando No es como debiera ser… Y los que lean, por lo menos dejen reviews…

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Al llegar Enero, los días de invierno se van haciendo menos crudos, y las lluvias frecuentes empapan las calles desiertas de Londres.

Una silueta alta, envuelta en una gabardina negra, caminaba por aquellas calles, en dirección al cementerio, con un ramo de flores blancas, las cuales dejó sobre una tumba cubierta de hiedra. Con las manos comenzó a retirar la hiedra, hasta que la inscripción toscamente hecha en la piedra, pudo vislumbrarse:

"Ángel Night.

Septiembre, 1946"

- Aún vives - Murmuró para sí- Pero ese día murió mi compañera, mi amiga, mi ángel…

Salió del cementerio con paso parsimonioso, y anduvo sin rumbo fijo por las calles lluviosas, hasta que sus pasos lo llevaron a la iglesia. Las puertas estaban abiertas, y un sacerdote de rostro bondadoso, lo recibió y le ofreció una toalla:

- No es necesaria, Padre – Dijo él – La lluvia purifica mis pecados.

Se acercó al altar e hincó una rodilla frente al crucifijo, y luego salió de la iglesia. No tenía ganas de seguir caminando, así que se subió al techo de la iglesia y, apoyando la espalda contra la cruz que había en el techo, dejó que las gotas de lluvia corrieran por su rostro sereno, como las lágrimas que ya nunca derramaba. Con los ojos abiertos miraba el cielo, como tratando de desentrañar su inmensidad, cuando el recuerdo de una escena parecida, se fijó en su memoria…

FLASH BACK

Debajo de un frondoso sauce, a las orillas de un río, se encontraban 2 personas; un chico y una chica.

- ¿Crees que pronto dejará de llover?- Preguntó la chica

- Lo dudo mucho

- ¿Y el enano? ¿Dónde está?

- ¡Que no me digas enano!- Respondió una tercera voz, la de un muchacho, el cual se encontraba sentado con fastidio en una de las ramas más altas del sauce.

- Ya déjalo en paz- Dijo el otro a la chica, dándole un suave golpe en el hombro.

- Es que no hay nada que hacer- Dijo ella, tumbándose sobre el pasto húmedo.

- Podrías cantar- Insinuó el otro, recostando su espalda en una de las raíces del gran árbol.

- No tengo ganas- respondió la chica, calándose la boina negra hasta los ojos- Además, los días de lluvia me deprimen.

- ¿Por qué?

- No lo se. Me hacen pensar en las lágrimas.

- Las lágrimas son buenas. Te ayudan a desahogar el dolor…

- Entonces, ¿Por qué tú nunca lloras?

- Quizá olvidé como hacerlo…

- No se puede olvidar como llorar… ¿O sí?

- Tu que crees…- Dijo él alzando una ceja, de forma inquisitiva.

Se hizo un silencio prolongado, después del cual, la chica volvió a hablar…

- Recuerdo que, cuando llovía en mi casa, yo solía cantar canciones tristes…

- ¿Estabas deprimida?

- No lo se. Solo lo hacía.

- Pero depende de la canción, ¿no lo crees?

- Tal vez- dijo, encogiéndose de hombros- Mi canción favorita nunca la entendí…

- ¿Cómo decía?

Ella, calándose aún más la boina, comenzó a cantar con voz suave y clara la canción a la que se refería.

- Quizá algún día entiendas lo que significa esa canción… - Dijo él, cuando ella terminó.

- Tal vez… - Dijo ella, recostándose en su pecho y quedándose dormida.

- Solo tal vez- Dijo él, acariciando su cabello, y quedándose dormido también.

FIN FLASH BACK

- Aquel día no entendiste esa canción – Murmuró para si mismo – Y ahora, tristemente, si la entiendo yo…

Aquella melodía, triste y melancólica, comenzó a llenarlo de una extraña mezcla de sentimientos. Comenzó a susurrar, hasta que aquel murmullo nostálgico, llenó el ambiente frío y lluvioso:

Ya no volveremos a hablar, nos volveremos tampoco a ver…

Es su decisión…

Quise pedirte perdón por tantas cosas que ni realicé…

Pero ya no… Ya lo pensé…

Me duele tanto decirlo, pero no se dio…

Ya lo pensé… Mi dignidad es primero…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Tal vez así es mejor… Recuerdas que fácil es…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Pues ya tranquilo estoy…

Si, existe un modo para que tú me puedas hacer muy feliz…

Quiero ser feliz…

Lo único que tú tienes que hacer, amor mío, es morir…

Y lloraré por ti, pues esta es, la forma más sencilla para no pensar en ti…

Poder ahorrar… Mis lágrimas se terminan…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Tal vez así es mejor… Recuerdas que fácil es…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Pues ya tranquilo estoy…

Ya no quería darte la razón…

Pero quería cambiar tu opinión…

Ya no quería darte la razón…

Pero quería cambiar tu opinión…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Tal vez así es mejor… Recuerdas que fácil es…

Tal vez así es mejor… Ódiame…

Pues ya tranquilo estoy…

Los murmullos poco a poco se fueron apagando, devolviendo todo a la acostumbrada calma de Londres. Sacó de su gabardina un paquete de cigarrillos, y con dificultad encendió uno. Levantó la vista al cielo, como si estuviese disfrutándolo, y solo el inmenso cielo y la soledad, vieron esa única lágrima que rodó por su rostro taciturno.

- Y yo que pensé que lo había olvidado – Dijo, limpiando la lágrima con el dorso de su mano.

Bajó del techo de la iglesia y comenzó a caminar nuevamente por la calles. En la esquina del parque, pudo divisar a una chica pelinegra, envuelta en una capa blanca, y sosteniendo un paraguas sobre su cabeza. Se acercó a él:

- Supuse que estarías aquí…

Levantó el paraguas para cobijar en él, al recién llegado, y comenzaron a caminar por el parque.

- ¿Ya lo decidiste?- Le preguntó ella.

- Ahora estoy decidido – Dijo él, tomando los lentes oscuros y colocándoselos.

- Si quisieras yo podría hacerlo… - Dijo la chica, como tratando de disuadirlo.

- No – Dijo él, en tono cortante – Esto es algo que yo debo hacer…

- ¿Podrás soportarlo? – Dijo ella, dudosa.

- ¿Qué ya no lo he hecho antes? – Dijo él, con tono de fingida despreocupación.

- A mi no me engañas – Dijo ella, notándolo.

- El detalle no es si puedo o no soportarlo. El detalle es que es algo que debo hacerlo. Quiero hacerlo…

- Si quieres hacerlo, no te detendré…

- Gracias por entenderlo.

- Para eso estamos los amigos.

Caminaron un trecho, hasta llegar hasta un banco de piedra, bajo un gran olmo. Ambos se sentaron. Él despeinó su cabello, y tomó otro cigarrillo, al ya haberse terminado el primero. Ella se envolvió más en la capa, y se acurrucó en su pecho.

- ¿Sabes que se parecen mucho?

- No sería la primera vez que me lo dices – Dijo ella, con picardía, arrebatándole el cigarrillo, y dándole una corta calada.

- Y a la vez son tan diferentes, como dos gotas de agua…

- Como dos gotas de sangre… - Dijo ella, con una sonrisa traviesa.

Suspiró. Le arrebató el cigarrillo a la pelinegra y le dio una larga calada, expulsando un humo gris claro, que se confundía con la neblina que había en el ambiente. Se puso de pié, y tendiéndole la mano a su acompañante, le dijo burlonamente:

- ¿Regresamos Milady?

- Con mucho gusto, Sir Wolf- Dijo ella, con un suave empujón, riendo débilmente- Ya comienza a enfriar- Dijo, mientras se frotaba los antebrazos con las manos.

El rodeó su cuerpo con un brazo, y así ambos caminaron bajo la sombrilla, hasta que la neblina del parque hizo desaparecer sus siluetas de la vista.