Capitulo 16: Un Extraño Despertar

x.X… (Bostezo) Ah! Ya recordé este fic, tan abandonado lo tenía… (Bostezo) Pero es que últimamente cero inspiración Aparte de que como raspé matemática me quitaron mi adorada computadora TTwTT… Bueno, les dejo para que lean este "capitulo santo" en esta "semana santa" (Q ironía ¬¬) Bueno, como les decía, sigan leyendo… Y los que lean, por lo menos dejen reviews…

------------------------------------------------------------------------

Tic, Toc, Tic, Toc, Tic, Toc…

Ojala que aún no fuese demasiado tarde…

Tic, Toc, Tic, Toc, Tic, Toc…

La puerta se abrió de par en par, mostrando una escena, aterradora para uno, y placentera para el otro…

El Iscariote se hallaba de pie, sosteniendo el borde de la cama, con su sonrisa que no lo abandonaba nuca. Por la comisura de los labios corría un hilillo de sangre que no se había molestado en limpiar. Miraba desafiante a quien se encontraba a pocos pasos de los recién llegados.

Este se encontraba algo golpeado, pero no por eso, el gesto desafiante había desaparecido de su rostro y su mirada. Tenía una bayoneta clavada en la pierna derecha, la cual tenía arrodillada en el suelo, mientras intentaba levantarse con la otra. Ni un solo espasmo de dolor cruzó por aquel rostro altivo.

Tic, Toc, Tic, Toc, Tic, Toc…

Se miraron a los ojos por largo tiempo. Los recién llegados no se atrevían a moverse. La escena era demasiado tensa.

Tic, Toc, Tic, Toc, Tic, Toc…

En un rápido movimiento, el herido arrancó la bayoneta de su pierna y se lanzó contra el sicario quien, olvidándose de su crítica situación, se lanzó en pos de su atacante. Silencio. Tres gotas de sangre cayeron en el suelo de la mazmorra.

El rostro del sicario ahora se encontraba destilando sangre por una de las mejillas.

- Esta te hará juego con la de la última vez – dijo el herido, altivamente.

- No creo que a ti te quede tiempo para saberlo… - Respondió el sicario.

Se miraron nuevamente a los ojos por largo rato.

Tic, Toc, Tic, Toc, Tic, Toc…

Los ojos del sicario, entonces, se volvieron totalmente blancos, y con golpe seco, terminó inconciente en el suelo de la mazmorra. Mientras tanto el otro, con la bayoneta clavada en el pecho, cayó de rodillas junto al Iscariote.

- ¡Dárius!

Ángel se lanzó a ayudar al susodicho, quien estaba arrodillado en un mar de sangre. Mientras, Arucard por su parte, observaba la escena un tanto divertido, sin atreverse a intervenir.

Dárius levantó la mirada y pudo ver a Ángel inclinada sobre él, con la mirada preocupada.

- No te preocupes – Dijo, intentando esbozar una sonrisa – Estoy bien.

- ¿Seguro? – Dijo la rubia, preocupada.

- Claro que si – Dijo el pelinegro.

Se levantó con cuidado, ayudado por Ángel. Se sacó la bayoneta, la cual, en realidad se había clavado en su costado, y se la dio a Ángel, mientras se sostenía la herida con una mano, y con la otra se apoyaba del hombro de la chica.

- ¿Seguro que puedes caminar? – Preguntó Ángel

- Por milésima vez, estoy bien – Dijo él, soltándose de Ángel y dando unos cuantos pasos - ¿Ves? No me pasa nada. Estoy tan bien que podría…

Pero no pudo completar la frase, porque repentinamente perdió el conocimiento, y golpeó el suelo secamente.

- ¡Dárius!

Ángel se apresuró a levantar al susodicho.

- Es un testarudo – Dijo Arucard, sonriendo para sí – Igual a ti…

Ángel tomó al muchacho, y se lo cargó a los hombros, para sacarlo de la mazmorra.

- ¿Lo dejarás allí? – Preguntó Arucard. Se refería al sicario.

- Tal vez venga más tarde a recogerlo. Si es que aún sigue aquí.

Salió de la mazmorra con Dárius en brazos, y el Rey no-muerto en pos de ella. Llegó hasta el salón principal, donde Walter se encontraba bajando las escaleras, y al ver a Dárius en ese estado, se acercó a ver en que podía ayudar.

- Está herido – dijo Ángel – No debe ser nada grave, pero estos último días… Bueno, digamos que no ha hecho lo que debía.

- Llévalo a su habitación – Ordenó Walter – Yo me ocuparé de él en un momento.

- Gracias Walter.

Ángel subió las escaleras y caminado por el pasillo a la derecha, llegó a la habitación del pelinegro, donde lo tendió en su cama a esperar la llegada de Walter.

A los pocos momentos llegó el mayordomo a ocuparse del herido. Ángel los observaba desde una distancia prudente, pero sin quitar los ojos de encima, mientras Arucard, atrás de ella, no se apartaba de su lado.

Cuando Walter terminó de ocuparse del pelinegro, le explicó a Ángel lo sucedido.

- Fue la perdida de sangre – Explicó – No fue en sí la herida, porque no es grave, pero la perdida de sangre le afectó mucho. No ha comido estos últimos días.

- Me lo suponía – murmuró Ángel para si.

- Despertará en un rato – Dijo el mayordomo –Siempre y cuando lo dejen descansar.

- Eso es lo de menos – dijo Ángel, como quitandole importancia – No creo que nadie venga. Yo ya me voy.

Abrió la puerta y se fue.

El rey no-muerto se disponía a seguirla, cuando el shinigami llamó su atención.

- ¿Qué sucede? – Preguntó.

- Si sabes lo que sucede, ¿Por qué no me lo cuentas?

Arucard sonrió con ironía. Era demasiado obvio, hasta para Walter.

- El muchacho tiene asuntos familiares con el sicario. Hace días intenta asesinarlo…

- De allí que últimamente siempre está rondando el calabozo.

- Exacto…

- Lo que me parece raro es… ¿ese muchacho es humano, cierto?

- Por lo que he podido entender de Ángel, no solo es humano, sino también su hermano.

- Ya veo… Entonces es extraño que tenga tal cantidad de sangre médica…

- ¿De que hablas? – dijo bajando un poco los cristales dorados para ver mejor al shinigami.

- Anoche entré en su habitación a buscar un libro que había pedido Sir Integra, y encontré bolsas de sangre médica, regadas alrededor de la cama. Era evidente que alguien las había roto y con desesperación.

- Hace rato… el tenía una copa de sangre allá abajo…

- Una copa de sangre se llena con un sobre de sangre… En la habitación había por lo menos doce…

- ¿Ángel lo sabe?

- Aún no…

- No se lo digas. Yo me encargaré de eso… - Dijo dándole la espalada.

- ¿Vas a buscarla? – Preguntó el mayordomo con suspicacia, sonriendo divertido – se nota que estás tan enamorado…

- ¿De que hablas, viejo? ¡Cállate de una vez! – Dijo volteando a verlo

- No he podido evitarlo – Walter disimuló una risilla – Ella se nota que te quiere mucho, pensé que sentías lo mismo por ella…

- Walter, déjalo ya

- No te preocupes Arucard, tu secreto está a salvo conmigo.

- Si dices algo sobre eso, te mato…

Para cualquiera esto hubiera sonado amenazador y hasta aterrador en cierto modo. Pero Walter lo conocía demasiado bien. Sabía que solo se chanceaba.

- Bien se ve que te ha cambiado…

Arucard le volvió a dar la espalda, haciéndose el indignado.

- ¿Ves a lo que me refiero? Te ha cambiado hasta el humor…

Arucard atravesó la pared y desapareció, pero su voz todavía estaba presente en la habitación.

- Eso no es lo único que ha cambiado desde que ella llegó… - La voz del nosferatu retumbó en las paredes del lugar.

Walter sonrió para si, divertido, y salió del cuarto, para dejar que el muchacho descansara.

----------------------------------------------

Apareció entre las penumbras de la mazmorra. El sicario se encontraba nuevamente en la camilla, pero a ella no la veía por ningún lado. De repente, apareció tras una cortina con dos bolsas de sangre médica en las manos. Una la estaba bebiendo. La otra aún estaba sellada.

- Es para él- Explicó ella.

- ¿Está conciente?

- Si, pero no por mucho.

Arucard se quitó los lentes dorados y los guardó en la gabardina.

Se le acercó por detrás y le susurró en el oído.

- ¿Por qué tan tensa? ¿No me digas que estas preocupada?

- No es eso…

- ¿Entonces que te preocupa?

- Últimamente Dárius ha tenido un comportamiento muy… extraño…

Será que notó lo de… no… no podía ser… ¿o si?

- ¿De que hablas? – Dijo el nosferatu, tratando se sonar neutro, mientras se quitaba el sombrero.

- No lo se… Debe ser por la fecha… supongo…

- ¿Qué sucede?

- Mañana es el aniversario de la muerte de lo padres de Dárius… Pero no creo que eso sea lo que está pasando… Tiene algo que ver con la sangre, su sangre… Yo lo sé…

- ¿Qué insinúas?

Ángel suspiró pesadamente.

- Ya que Dárius tiene mi sangre corriendo en sus venas, lo apasiona la guerra como a cualquier vampiro medianamente decente… A veces, las peleas lo ponen frenético y no puede controlar esa sangre… Entonces se dispone a matar todo a su alrededor para poder beber sangre. No le sucede muy a menudo, pero cuando sucede, no se controla… No es él… Podría llegar a matar a la persona a quien ama sin darse cuenta…

Arucard dudó. ¿Debía contarle a Ángel lo que está pasando?

- Para nosotros es fácil controlarla, pues toda esa sangre fluye por nuestro cuerpo y podemos vivir (Q ironía ¬¬) con ella… A él, esa sangre lo domina… Entra en un estado de Frenesí… es muy horrible para describirlo…

- Tal vez ya esté en ese estado de Frenesí…

- ¿De que hablas?

- Anoche Walter entró al cuarto de Dárius y encontró sobres desgarrados de sangre médica, esparcidos alrededor de su cama…

- Eso explicaría la copa…

- Eran demasiados. Unos doce o más…

Ángel abrió los ojos desmesuradamente. No podía estar sucediendo… No de nuevo…

- No de nuevo… - Susurró

Arucard se acercó a Ángel, quería consolarla. Ella se lanzó a los brazos del vampiro.

Se mantuvieron así largo rato, sin decir ni una palabra. Ángel no lloró. Arucard le transmitía su fuerza en ese abrazo. Ella debía ser fuerte.

Luego de un rato, se separaron suavemente.

- Gracias – Susurró ella.

El vampiro volteó a mirarla.

- Por estar ahí… - Dijo con una sonrisa ladeada pero melancólica.

Él le dio un corto beso en los labios.

- No hay por que darlas…

Ángel pasó una mano por los negros cabellos acariciándolos con ternura. Luego volvió a lo suyo.

Tomó el sobre médico sin abrir y lo conectó a una máquina, que comenzó a inyectárselo al sicario. En ese momento, entró Walter a las mazmorras.

- ¿Todo en orden? – Preguntó

- Todo está en orden Walter. No te preocupes –dijo Ángel.

- ¿Y eso? – Preguntó el mayordomo, señalando la sangre que se le inyectaba al sicario - ¿Le hace falta?

- Ya lo creo… Está totalmente ido… - Dijo Ángel

- Dijiste que estaba conciente – Dijo Arucard

- Lo está – Afirmó ella – Pero parece que su cerebro sufrió la falta de ella, ahora tiene serias consecuencias…

- ¿De que hablas? – Preguntó Walter intrigado.

Ángel miró a su alrededor, para asegurarse de que no había nadie más.

- De esto no debe enterarse nadie, ¿entendido? – Dijo ella – en especial, Dárius.

- ¿Qué es tan grave, Ángel? – Insistió el shinigami.

- Es que… Anderson ha perdido la memoria…

-------------------------------------------------------------------

Amanecía en la mansión Hellsing…

Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing acababa de llegar de una importante junta con los miembros de la mesa redonda.

La situación en Londres se estaba haciendo insostenible.

La pasada noche habían atacado la mansión de Sir Scarlett, el cual se encontraba, por suerte, en una fiesta en casa de Sir Island. Destrozaron el lugar. Ni sombra de lo que alguna vez fue. Al regresar, encontraron la mansión totalmente quemada. Las cenizas volaban por el lugar al rumor del viento, acompasando la escena. Una pared de la alcoba principal había quedado intacta, y en ella, estaba escrito con sangre:

"Pronto el final esperado

Por fin quedará concertado.

No más tiempo que desperdiciar

Ahora es tiempo de ganar para avanzar.

Tanto si a la iglesia sigues

Como si protestante te volviste.

Si a Londres proteges con fervor

O si lo que buscas es su destrucción.

Tiempo de avanzar

Tiempo de pelear

Tiempo de terminar con la paz"

Y cerca de la pared, el cuerpo del hijo de Sir Scarlett. Ni una gota de su sangre había sobrevivido. Una parte la había usado para escribir en la pared, y la otra la habrían bebido.

La ceremonia de entierro se celebraría aquella tarde, con todos los honores que corresponderían a un soldado de su rango.

El detalle en todo aquello residía en que, no se podía culpar a Millenium, ni al Vaticano, pues de ambos hablaban en la extraña escritura.

Entonces… ¿A que se enfrentaban ahora?

Abrió la puerta de su despacho, el cual esta desierto como siempre. Una bandeja con un nutrido desayuno y una taza de té.

Se sentó tras la silla del escritorio, y comenzó a desayunar con parsimonia. Al terminar, y tomar la taza de té es sus manos, encontró una flor azul marchita al lado esta. A cualquiera le hubiese parecido un extraño detalle, pero ella agradeció el gesto y guardó la flor. Sabía quien la había enviado.

Se disponía a levantarse del asiento cuando Walter entró.

- Sir Integra, ángel solicita una entrevista con usted. Dice que es importante.

Integra debatió por un momento…

- Dile que pase – dijo al fin.

Walter se retiró, llevándose la bandeja con el desayuno, y Ángel entró.

- Espero que sea rápido… - Dijo Integra, acariciando el puente de la nariz.

- Será rápido, lo prometo – Dijo la chica que acababa de entrar.

Integra se sentó nuevamente derecha, con las manos cruzadas frente a su rostro. Estaba dispuesta a escuchar, pero su paciencia tenía sus límites…

- Ya se habrá enterado de lo que sucedió el otro día con el sicario y Dárius…

Integra la miró con una mirada que expresaba: "Dime algo que no sepa…" Ángel continuó…

- A pesar de los cuidados que se esforzaron en brindar al cuerpo del mencionado, este sufrió algunos efectos colaterales debido a asuntos ajenos a su voluntad, y esto ha afectado algunas partes de su cerebro, ocasionando la pérdida de la memoria de este. Ayer descubrimos que puede ser peor de lo que parece…

- ¿Qué tanto? – ahora si tenía toda la atención de la dama de hielo.

- al parecer, nuestro sangriento ha desarrollado una doble personalidad. Una, con todas sus manías y recuerdos, voluntades y pasiones. La otra, carente de toda maldad, inocente, sin un norte, sin un sentido para vivir, en fin, una total marioneta…

- Ya veo…

- Sin embargo, este estado de su personalidad parece tener cierto desagrado por su contra parte, estando totalmente en contra de la iglesia; católica y protestante por igual.

Integra comenzó a interesarse de sobremanera. ¿Sería caso él quien incendió la casa de Sir Scarlett, la pasada noche?

- Anoche quiso salir a tomar aire. Ya que no poseía recuerdo alguno, o eso pensé yo, supuse que no había problema así que…

- ¡¿Lo dejaste salir?! – Dijo Integra, golpeando el escritorio.

- Ya se que no debí haberlo hecho pero…

- ¡¿Tienes alguna idea de lo que hizo?!

- Ya lo se. Le dije al capitán Bernardotte y a Ceres que lo llevaran a dar un paseo, pero se les escapó. Cuando regresó, tenía toda la ropa salpicada, el cabello chamuscado, y las manos cubiertas de sangre.

- ¡El asesinó al hijo de sir Scarlett!

- ¡Ya lo se! – Ángel sabía que Integra estaba alterada, pero ya ella estaba llegando a sus límites – Le pregunté porque lo había hecho y, con una sonrisa infantil en el rostro, me respondió: "Para bien o para mal, Inglaterra no necesita traidores. El fruto nunca cae muy lejos del árbol y si el árbol da malos frutos, hay que arrancarlo de raíz"

Aquellas palabras nunca hubiera esperado escucharlas de alguien como Alexander Anderson, y fue por ello que le impactaron.

- ¿Qué vamos a hacer con él, Integra?

Por primera vez en mucho tiempo, la dama del hielo dudaba.

- Deberíamos dejarlo en observación…

- Eso fue lo mismo que sugirió Walter. Pero si recupera su fuerza y su memoria, sería como tener un traidor entre nuestras filas.

- Dárius podría cuidarlo…

- Ni pensarlo, Sir Integra. Dárius no se va a involucrar en esto…

- ¿Tiene algo en contra de esto?

- Si queremos que Anderson nos dure vivo un poco más, créeme que no debemos hacerlo…

- Entonces, ya que eres tan lista, ¿Qué sugieres? – dijo Integra con suspicacia.

- Estaba esperando que dijeras eso… - Una sonrisa traviesa cruzó su rostro- Yo sugiero que lo dejemos en libertad…

- ¡¿Qué?!

- Déjame terminar… Podemos tenerlo una semana más, y convertirlo en uno de nosotros… Un espía de Hellsing en el Vaticano… Sabes lo que eso significa…

Integra comenzó a pensarlo. En realidad no era una mala idea.

- ¿Cómo sabes que no nos traicionará?

- Desde la noche en que despertó y se enfrentó con Dárius, lo he estado probando…

- ¿Qué tipos de pruebas has estado haciendo con él, sin mi consentimiento?

- Tranquila, no es nada de lo que te debas preocupar… Resulta que lo que en él predomina, esta nueva personalidad tranquila. Su antigua personalidad solo sale cuando está en peligro mortal. Eso lo vuelve, en ese momento, completamente invulnerable. El problema es que si, dichos cambios bruscos llegan a repetirse con frecuencia…

- … se va a quedar así para siempre…

- Eso me temo…

- Entonces… - Integra se levantó del asiento – Tienes mi consentimiento para llevar a cabo tu plan…

- Gracias Integra, digo Sir Integra Hellsing – Ángel hizo un respetuosa reverencia – Ya me voy. Sería bueno que descansara para el funeral de esta tarde – Y dicho esto desapareció por la puerta.

¡Vaya que esa chica era precipitada! Claro… Precipitada, aguerrida, audaz, un poco torpe a veces, pero lo suficientemente alegre para infundirle vida a la mansión Hellsing nuevamente. Una vida que había perdido desde la muerte de su padre, hacía varios años. Walter decía que le recordaba a sus días de juventud. Aunque ha decir verdad Dárius se parecía a Walter en su juventud, y Ángel a Arucard, pero solo en cierto modo.

Integra disimuló una sonrisa.

Por lo menos ahora no todo era malas noticias siempre.

Se levantó del escritorio, y dirigió a su habitación para descansar.

Y todo el que se cruzó con ella en el pasillo, pudo notar como traía en el ojal, una marchita flor azul…