N/A: Hola, queridos lectores n.n ¡Les dije que estaría aquí cada dos viernes, puntual como un reloj! Seguro que no me creían, muajajaja, ya ven que por una vez cumplo mi promesa… y a qué precio (ya les explicaré abajo) En fin, no me quiero enrollar mucho en las notas iniciales porque ya me he explayado bastante en las finales comentándoles otras tantas cosas… Espero que saquen fuerzas de la nada después de este tremendo cap y se las lean, porque son anuncios importantes (nada que ver, pero ya no sé qué decir para que lean mis notas, juajua xD)
¿A quién le dedico este cap? Pues… ¡a todos los lectores que han vuelto conmigo y han disfrutado leyendo el cap 1! n.n Me han hecho muy feliz, en serio, no esperaba tantísimos r/r (Dik se emociona y se seca una lágrima) No lo digo en broma, realmente me emocioné muchísimo… Ay, esta vieja escritora tiene el corazón de mantequilla xD Quiero mandarle un saludo especial a ciertas personas que me sorprendieron bastante, ya que no me esperaba encontrarlas de vuelta aquí. Una de ellas es mi hermana Fami, a la que agradezco mucho su apoyo. Otra es mi amiga Cintu, que realmente me dejó pasmada xD Espero que no te aburras mucho con mi loca historia y SÍ, ya va siendo hora de que tú también actualices… Y, finalmente, a la gran Elanta, cuyo r/r casi me mata de la sorpresa. ¡Qué alegría encontrarte aquí! Soy sincera, no me lo esperaba, pensé que me habrías mandado al carajo, y no te culparía por ello… me emocioné mucho, no haces más que decir que R es muy bueno, pero yo creo que The Marauders es mucho mejor, de hecho es uno de los únicos fics de HP que he seguido en todos estos meses. Mil gracias, querida, y me quito el sombrero. Te prometo que la plaga de boggarts irá dedicada exclusivamente a ti, juju ;) A todos los demás… ¡nos vemos abajo, en las notas finales! Y, sin más preámbulo, les dejo con este cap 2, que está bastante cambiado.
ADVERTENCIA: esto es un AU ambientado en la época de los Merodeadores, Respuestas tiene ya casi cuatro años, empecé a escribirlo antes de la publicación de la Orden del Fénix y en su mayor parte está basado en los rumores que corrían en aquella época sobre el libro 5º. En consecuencia, pocas cosas te vas a encontrar aquí que tengan que ver con la línea argumental que ha seguido JK Rowling en los últimos dos libros. Ni Mundungus Fletcher ni Arabella Figg son como nos los ha pintado JK, y bueno… resumiendo, no te fíes, porque si eres nuevo en R no sabes con lo que te puedes encontrar, jeje… Recuerdo también el formato del fic: cada capítulo es la respuesta a una pregunta referente al pasado de los Potter, de ésas que circulaban por los foros cuando la OdF aún no había salido. No me importa que algunas de esas preguntas hayan sido ya contestadas, repito que esto es un AU, especial para quienes busquen alternativas. Y a los que ya me conocen, sólo decirles:
¡A leer!
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RESPUESTAS
2ª pregunta: ¿Cómo se formó el grupo?
"¡Bienvenidos a Hogwarts!"
Izzy Black no había sido del todo sincero con su hijo y su ahijado aquella mañana del primero de septiembre en la estación de King's Cross. Era cierto que tenía una reunión muy importante a la que debía acudir, y era cierto también que debía irse pronto para no llegar tarde. Pero, mientras las campanadas del Big Ben anunciaban a Londres que acababan de dar las 11, en una calle cualquiera de la ciudad pudo verse a aquel hombre alto de anchos hombros, envuelto en una larga gabardina negra, atravesar la puerta de una taberna de aspecto simple y cochambroso que nada tenía que ver con el Ministerio de Magia… y que resultó ser el Caldero Chorreante, entrada oculta a uno de los barrios mágicos con más actividad de la vieja capital inglesa.
Pero no era el Callejón Diagon lo que había llevado allí al director de la Oficina de Desinformación. Cuando el ambiente cálido de la taberna lo recibió al entrar, Izzy se bajó el cuello de la gabardina, resoplando mientras se apartaba el pelo de la frente con un gesto, y se acercó al mostrador en tres zancadas, sus ojos claros brillando a la mortecina luz de las velas. Casi se alegró de que fuera un día gris y el ambiente estuviera en penumbra. Eso le evitaba ser reconocido por los escasos parroquianos que se encontraban allí, y la consecuente (y, en esos momentos, indeseable) atención sobre su persona.
-Buenos días, Tom –saludó en voz baja pero amigable, esbozando una abierta sonrisa con la que pretendía ocultar el ligero nerviosismo que acababa de instalársele en la boca del estómago.
-Buenos días, señor Black –el tabernero, que se encontraba tras la barra secando unos vasos altos con un trapo, alzó la vista hacia él y sonrió con la misma tensión disimulada y el mismo tono apenas audible. Dirigió una rápida mirada a los pocos clientes diseminados por las mesas, cada cual absorto en lo suyo, y se inclinó hacia el recién llegado para susurrar-. Todos lo están esperando ya, tercera puerta a la derecha.
-Muchas gracias.
Y, sin más, Izzy rodeó la barra y desapareció por una puerta lateral que iba a dar al largo y estrecho pasillo donde se encontraban los salones privados del Caldero Chorreante. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando la puerta que daba al bar se cerró tras él, y se sintió estúpido por dejarse influenciar por aquel aire lúgubre. A pesar de lo ridículas que le habían sonado en su momento las palabras de Andraia, ahora no podía dejar de repetirlas mentalmente…
¿Me estás diciendo que pensáis actuar al margen del Ministerio?
¿Os habéis vuelto locos? ¿No os dais cuenta de que podéis meteros en infinidad de problemas?
Todos se estaban jugando el cuello con aquella reunión. Si algo salía mal… Izzy sacudió la cabeza, intentando alejar esos pensamientos. "No seas infantil –se dijo, frunciendo el ceño-. ¿Qué puede pasar? Técnicamente, no estamos haciendo nada ilegal, sólo somos un viejo grupo de amigos que se reúnen para charlar". Y, sin embargo, no pudo evitar inquietarse ante el recuerdo de uno de esos amigos, Jonathan Flathery, condenado al exilio 18 años atrás, acusado de mago corrupto, sólo por haber tenido el valor de decirle al ministro ciertas verdades a la cara.
Suspiró desganado, echando un vistazo a las paredes del angosto corredor. Era ya casi un hábito alquilar alguno de aquellos salones, habían vivido tantas anécdotas allí… desde reuniones de antiguos alumnos de Hogwarts, hasta comidas de trabajo, o celebraciones más familiares, como cumpleaños o aniversarios. Eran buenos recuerdos plagados de risas y animación, pero en ese instante, y aún sabiendo que al cruzar la tercera puerta de la derecha sólo se iba a encontrar con viejos amigos, sintió que ese aire tan sombrío le ponía enfermo. La situación no podía ser más distinta que las vividas antiguamente, y tuvo la impresión de que aquel día marcaría un antes y un después en su vida… otra vez.
De todas formas, era mejor no inquietarse antes de tiempo ni adelantar acontecimientos. Sólo era una reunión. Una reunión calculada al milímetro, eso sí. Johnny se había encargado de ello. Llevaba varios días preparándolo todo con la máxima discreción, y estaba en pie desde primera hora de la mañana, coordinando la llegada de los diferentes miembros del grupo al Caldero Chorreante, para que no resultara masiva ni llamativa. Jonathan se hospedaba allí desde el día anterior. Icarus y Melpómene venían en traslador desde King's Cross. Zephirus llegaría a través de la red flu directamente desde Kent, mientras su esposa se encargaba de llevar a su hijo mayor al Expreso. Jeremiah y Violette habían desayunado allí, el primero porque no tenía hijos en edad escolar y la segunda porque había cedido a sus hijos mayores la responsabilidad de cuidar de los pequeños. Linus debía haber llegado hacía poco, también por la chimenea, aprovechando que vivía muy cerca de la estación. Y Albus Dumbledore… Bueno, Dumbledore podía elegir la forma de viajar que más le gustase, pero él tenía el presentimiento de que se habría aparecido desde Hogsmeade. El último en llegar era Izzy, a pie desde King's Cross. Y así daría comienzo la junta.
Se detuvo ante la puerta indicada, reparando en una oscura forma que había junto al quicio, recostada en una silla. Un simple vistazo le sirvió para comprobar que el mago allí sentado (posiblemente un auror, por la pinta que tenía) estaba inmerso en el mundo de los sueños. Con la mirada vacía, los ojos entornados y la boca ligeramente abierta, mostraba todos los síntomas de haber sido recientemente desmemorizado y continuar aún a la espera de un nuevo recuerdo. Seguro que había sido obra de Johnny… ésa era la mejor forma de dejar fuera de combate al tipo aquél durante un buen rato. Al ver la expresión del joven mago, Izzy fue repentinamente consciente de la auténtica seriedad de aquella reunión y agarró el picaporte con fuerza, apretando los dientes una última vez. El rostro preocupado de su esposa volvió a pasarle por la mente, pero cerró los ojos, respiró hondo y abrió, entrando al cuarto rápidamente y cerrando de nuevo tras él.
-Siento haberos hecho esperar –anunció, recuperando el aplomo-. Pero ya estoy aquí para que podáis disfrutar de mi maravillosa presencia.
Todos los ocupantes del salón, que se habían vuelto hacia la puerta al oírle llegar, sonrieron entre aliviados y agradecidos. Izzy pasó la vista rápidamente por la sala, apenas iluminada, registrando cada detalle. De pie, cerca de la puerta, estaba Melpómene Figg, con una vaporosa túnica de corte griego y la espesa mata de rizado pelo azabache suelta, cayendo en cascada por su espalda hasta la cintura. Parecía una princesa medieval recién salida de un cuento, y, cuando dirigió sus ojos color miel hacia él, esbozó una amplia sonrisa y se acercó con rapidez para saludarlo. Tras ella se aproximó Zephirus Lupin, que había estado hablando con Mel hasta ese momento, e intercambió con él un apretón de manos, también sonriente, aunque Izzy pudo leer en sus ojos de un intenso color celeste que aquella sonrisa ocultaba un sentimiento intranquilo muy similar al que le invadía a él.
Junto a la chimenea, Icarus Figg, el marido de Melpómene, alzó una mano en señal de bienvenida, el fuego arrancando destellos de su corto cabello cobrizo. Tenía barba de varios días y una sombra escondida al fondo de sus oscuros ojos azules. A su lado, el corpulento Linus McKinnon le dedicó una inclinación de cabeza, haciendo brillar también su pelo color zanahoria, y sus ojos claros centellearon en la pálida cara cubierta de pecas.
Violette Bones ya estaba sentada a la mesa rectangular que dominaba el centro del salón, obviamente colocada allí para acoger a los 10 miembros del grupo. Nadie diría que había sido madre de 8 hijos al ver su delgada figura sentada elegantemente allí, con la espalda recta y las manos enguantadas entrelazadas sobre el regazo, con aspecto de muñeca de porcelana. Llevaba el larguísimo pelo rubio recogido en un moño muy juvenil del que escapaban casualmente algunos mechones, dándole aspecto de adolescente. No aparentaba para nada los 40 y muchos años que en realidad tenía, siempre había sido una mujer sin edad. Sus grandes ojos oscuros se clavaron en él y brillaron con esa chispa de diversión que tanto la caracterizaba. Parecían negros, pero Izzy sabía que en verdad eran de un extraño color burdeos que hacía honor al nombre de su dueña.
Al lado de Violette había un hombre bajito y delgado que también parecía veinte años más joven de lo que realmente era, con el cabello y los ojos negros, inclinado hacia delante para acodarse en el respaldo de la silla de su compañera. Era Jeremiah Wealth, escritor y editor, con un sentido del humor tan ácido y un comportamiento tan flemático que se le podría considerar inglés de pura cepa, a pesar de que su complexión menuda, los rasgos de su delgado rostro y el color tostado de su piel le dieran cierto aire oriental. Miró también a Izzy a través de sus gafas de montura cuadrada y los mechones de su largo flequillo y exclamó un "Bienvenido seas, Black, ya nos estábamos fosilizando aquí" con un tono de broma tan patente que calmó bastante la tensión que se respiraba allí. Iba totalmente vestido de negro, y la sonrisa de Izzy se ensanchó al recordar que antiguamente lo llamaban "el capo de la mafia china"… con cariño, claro.
Frente a Violette y Jeremiah, sentado también, había otro hombre con los brazos cruzados sobre la mesa y una expresión divertida en la cara. Izzy sintió de inmediato que el nudo que llevaba en el estómago se aflojaba y el nerviosismo se terminaba de esfumar. Siempre era reconfortante cruzar una mirada con los ojos de Jonathan Flathery, de ese color azul tan transparente que lucen las aguas de las playas tropicales, quizá porque había sido una especie de tutor para la mayoría de los que estaban allí y su presencia transmitía seguridad. Hacía dos años que no lo veía, desde la última reunión organizada a raíz de la repentina muerte de Grace Potter, y su aspecto no parecía haber variado mucho desde entonces. Llevaba el cabello trigueño algo alborotado y largo hasta pasados los hombros, recogido en una coleta baja. El descolocado y fino flequillo le caía sobre los ojos y su sonrisa limpia y sincera reflejaba el ánimo inquebrantable que las dificultades, patentes en las incipientes arrugas, el cuerpo escuálido y el austero atuendo, no habían conseguido apagar. Le hizo a Izzy el típico saludo militar y éste se lo devolvió, relajándose visiblemente.
-No te preocupes, Izzy, has llegado puntual, como estaba previsto. Señoras y señores, tomen asiento, por favor. Será mejor que empecemos cuanto antes, porque me temo que no tenemos mucho tiempo por delante.
Todos volvieron la vista y Black por fin pudo localizar, al fondo, la imponente figura del director de Hogwarts, Albus Dumbledore, que parecía iluminar con su presencia toda la habitación. A su lado distinguió la flacucha y desgarbada silueta de John Potter, vivo retrato de su hijo James, con el mismo pelo negro alborotado y los mismos ojos castaños miopes. Ambos amigos cruzaron miradas y Johnny le dedicó una débil sonrisa. Hacía dos años que Potter apenas podía sonreír… Mientras los demás se aproximaban a la mesa y elegían sitio silenciosamente, Izzy se acercó a John y se sentó junto a él.
-¿Al final no ha podido venir Andraia? –interrogó inmediatamente Johnny en un murmullo, mirándolo fijamente.
-No –respondió Izzy, quitándose la gabardina y dejándola en el respaldo-. Prefería volver al Observatorio en vez de dejar allí solo a Dedalus Diggle. No se fía ni un pelo de ese muchacho, creo que teme que termine haciendo explotar las instalaciones… ¿Qué tal las cosas por aquí?
-Todo bien, Tom es de confianza, ha sido una suerte poder contar con él. Hemos tenido que dejar reservado este salón desde ayer y bloquear la chimenea para que no pudiera acceder nadie ajeno a la reunión. Dumbledore se ha aparecido aquí mismo y el traslador que han usado Icarus y Mel también estaba programado para traerlos directamente a este cuarto, así que nadie los ha visto entrar. Jonathan y yo hemos desayunado aquí, luego se nos han unido Jeremiah y Violette, llevamos esperando desde primera hora, pero no ha habido ningún problema.
-¿Y el tipo que hay en la puerta durmiendo la mona?
-Ah, ¿te refieres a Ellison? Es el guardia que han dejado encargado de vigilar a Jonathan mientras esté en el Caldero Chorreante. Aún es muy joven y muy nervioso, por eso le encargué este puesto. Lo pillé desprevenido cuando llegué esta mañana, y, como después de todo, yo soy su jefe, bajó la guardia ante mí y lleva durmiendo la siesta desde entonces. Cuando termine la reunión le modificaré la memoria y lo colocaré en otro sitio para que se crea que ha sido una mañana tranquila y sin incidentes. Tom apoyará su versión, así que estamos cubiertos.
-Como se enteren de que haces esas cosas a tus subordinados, no volverán a nombrarte empleado del mes en el Ministerio nunca más. Qué me dices de ese traslador… ¿también es otro de tus chanchullos?
-No estaba autorizado por el Ministerio, si es a lo que te refieres –contestó Potter, y parte de su viejo humor chispeó en sus apagados ojos castaños-. Pero lo bueno de tener ciertos contactos en el Departamento de Transportes Mágicos es que detalles como ésos nunca suponen un problema, igual que lo de la chimenea…
-Luego dicen que el Ministerio se está corrompiendo…
-¿Qué tal en King's Cross?
-Perfecto, hemos tenido un viaje muy tranquilo y sin incidentes. Eso sin contar, claro, el alboroto que han armado los niños en la estación con esa condenada lechuza de Sirius. Estaban algo nerviosos, pero se les notaba el entusiasmo en la cara.
Los ojos de Johnny brillaron momentáneamente con un aire nostálgico que no pasó desapercibido a su mejor amigo. Abrió la boca para hablar, titubeó y al final susurró con voz insegura:
-¿Cómo… cómo estaba James?
Izzy tuvo que hacer un esfuerzo por tragarse la respuesta mordaz que le vino a la mente.
-Eso, amigo mío –entonó, clavando en él una mirada fulminante-, ya te lo puedes imaginar tú.
Potter bajó la vista, se hundió en su asiento y no volvió a abrir la boca.
Mientras ellos dos hablaban, el director se había encargado de atrancar la puerta de la sala e insonorizarla por completo con un par de movimientos de varita. Cuando por fin tomó asiento a la cabecera de la mesa, con John, Izzy, Icarus y Mel a su derecha, y Zephirus, Jeremiah, Violette y Linus a su izquierda, todos clavaron en él sus miradas, notablemente tensos. Jonathan, sentado al otro extremo de la mesa, frente a Dumbledore, se encargó de empezar a servir té e ir pasando las tazas a todos los presentes. El denso silencio se alargó un par de minutos más.
-Antes de nada, quiero daros las gracias a todos por haber adaptado vuestras agendas a esta reunión –añadió el profesor Dumbledore, uniendo las yemas de los dedos mientras se acodaba en la mesa-. Quizá haya sido un poco precipitada y lamento las molestias.
-Ni precipitada ni molesta, Albus –intervino Violette con voz serena, mirándolo directamente a los ojos-. Pero no puedo evitar preguntarme el motivo. Sé que muchos de los niños entran este año en Hogwarts, pero no nos hemos reunido cada vez que alguno de mis hijos empezaba el colegio…
-No habríamos ganado para reuniones, de ser así –dejó escapar Jeremiah, provocando que un leve murmullo de risa recorriera la estancia.
-Me temo que en parte es culpa mía –sonrió Jonathan, y envolvió con ambas manos su taza de té-. A partir de este año me va a resultar aún más complicado poderme poner en contacto con vosotros. Como mi hija acaba de empezar su primer año en Hogwarts, nuestro querido señor ministro me ha hecho llegar una misiva informándome de que, debido a las visitas anuales que me veré obligado a hacer a la capital durante los próximos 7 años para traerla a King's Cross, me será proporcionada una escolta de aurores que me acompañarán desde mi residencia en Belfast hasta Londres y se convertirán en mi sombra durante todo el tiempo que esté aquí. He tenido suerte de que ahora sólo hayan dejado a un auror vigilándome, porque el resto de mis guardaespaldas se han ido a llevar a mi niña a la estación, ni siquiera me han permitido a mí acompañarla, pero vendrán a recogerme a la 1 para asegurarse de que vuelvo a mi casa hoy mismo.
-Bromeas, ¿no? –espetó Linus con indignación, incorporándose en la silla.
-Esto es el colmo –Icarus se llevó una mano a la frente, con cara de incredulidad-. Suena a chiste que hagan algo semejante, cuando abolieron el exilio hace casi 14 años. Deberían dejarte en paz, ¿por qué la siguen teniendo cogida contigo después de tantísimo tiempo?
-A Adam le da miedo todo lo que no comprende o no puede controlar –la voz de Mel sonó desganada, mientras inclinaba la cabeza y la cascada de rizos le tapaba media cara-. Es una actitud ridícula, se obceca como un niño pequeño. Hace ya tres años que Jonathan volvió y sigue sin dejarle respirar. Recordad que no le permitió irse a vivir fuera de Gran Bretaña.
-Por no hablar de los espías que le colocó en Belfast para llevar la cuenta de las visitas que recibía –masculló Zephirus-. Como si fuésemos tan imbéciles de presentarnos todos allí en pelotón. Lo próximo será acompañarte también al cuarto de baño, no sea que escribas un comunicado separatista en el papel higiénico…
Jonathan esbozó una sonrisa, pero la melancolía se reflejó en sus ojos cuando bajó la vista hasta el humeante té.
-En parte comprendo su actitud –comentó-. La inestabilidad empieza a dejarse notar, es normal que quiera tener vigilado a todo aquél con antecedentes. Y, para mi desgracia, yo me convertí en una especie de leyenda urbana cuando me procesaron. Si estalla una revuelta, lo primero que va a necesitar es alguien a quién echarle las culpas, y nadie lamentará que usen de chivo expiatorio a un marginado del sistema. Lo mejor para mí y para mi familia es que vuelva a marcharme cuanto antes. Allí nadie vigilará mi casa, ni controlará mi correo, y, en cierto modo, gozaré de más libertad de movimiento. Espero poder hacerlo pronto.
-Y ésa es la otra razón por la que os hemos convocado –concluyó Johnny, hablando en voz alta por primera vez. Los demás lo miraron con aire sombrío-. Todos sabéis que, durante los últimos años, hemos estado basando nuestro plan de acción en los consejos y directrices de dos personas: Jewel y Jonathan. Tras la muerte de Jewel, y si Jonathan consigue marcharse de nuevo, nos quedaremos completamente aislados. Ésta es, posiblemente, la última vez que estaremos todos juntos en quién sabe cuánto tiempo. Sería conveniente que nos planificáramos los próximos años.
Un resoplido general recorrió la mesa. Violette clavó la vista en el suelo, con el ceño fruncido, y el cuero de sus guantes crujió cuando apretó los puños. Zephirus se acodó en la mesa, pasándose una mano por el cabello rubio para apartarse el exageradamente largo flequillo de la cara. Y los demás quedaron hundidos de hombros, como instados a guardar un respetuoso silencio por la memoria de una de sus viejas compañeras caídas. Jonathan cruzó una mirada con Dumbledore y el anciano profesor asintió.
-No quiero dar por perdido aún el apoyo por parte del Ministerio –exhaló, mirando a los presentes con sus penetrantes ojos claros, a través de sus gafas de media luna-. Seguiré intentando hacer entrar en razón a Adam. Pero tampoco es el momento más indicado para crearnos falsas esperanzas. Desde que echaron a Jonathan del Departamento de Misterios, nadie que realmente comprenda la magnitud de este asunto se ha hecho cargo de vuestro caso. Muchos han sido los consejeros, pero sólo se limitaban a revisaros periódicamente, ninguno de los funcionarios que llevan este tema está verdaderamente instruido sobre él, ni ha tenido la capacidad suficiente para convertise en vuestro nuevo Tutor -extendió las palmas hacia arriba, como mostrando algo obvio-. Lamento ser tan crudo, pero vuestra seguridad ya casi depende sólo de vosotros mismos. Vosotros decidís las medidas a tomar al respecto.
Jeremiah suspiró, recostándose en el respaldo de su silla, y se cruzó de brazos tras subirse las gafas con un gesto mecánico y cara de concentración.
-Normalmente –empezó, con ese tono desapasionado que lo caracterizaba, como si se dispusiera a hablar del clima en vez de la seguridad nacional-, soléis llamarme desde paranoico hasta visionario, pero… la evidencia clama a gritos que todo esto no es casual. Desde el principio no lo es. Primero le llenaron la cabeza de pájaros al antiguo ministro para que desterrara a Jonathan, la única persona de todo el Ministerio capacitada para hacer lo que él hacía. Después se encargan de quitar de en medio a Jewel, la única que podía servirnos de ayuda para enfrentarnos a lo que se avecina. Ahora, vuelven a acosar a Adam para que estreche el círculo en torno a Jonathan y le obligue a largarse otra vez –enarcó una ceja, mirando a sus compañeros-. Teniendo en cuenta que nuestro ministro es un títere de las antiguas familias obsesionadas por la pureza de sangre… ¿es sólo mi imaginación, o el enemigo nos ha tenido comiendo en la palma de su mano desde hace casi 20 años?
-Por una vez estoy de acuerdo con Jeremiah –apoyó Zephirus, medio recostado aún sobre la mesa y con la mano derecha enredada entre el pelo, como si intentara sujetarse la cabeza-. Esto no es casualidad. Si lo que quería ese maniaco era dejarnos a todos en paños menores, lo está consiguiendo bastante bien.
-Eso implicaría dar por supuesto que tiene contactos muy cercanos al ministro, o incluso gente infiltrada en el Ministerio… -exclamó McKinnon con voz ahogada.
-Es que tiene espías en el Ministerio, Linus –atajó Icarus, tenso-. Eso no es ninguna novedad…
-¡Pues entonces no sé qué demonios hacemos rogando la ayuda del Ministerio! –Linus volvió a incorporarse, como si no soportara estar sentado allí-. ¡Más nos vale actuar por nuestra cuenta! Quizá a ti te dé lo mismo, Figg, o quizá a Potter ni le preocupe porque de poco le sirve, ¡pero te recuerdo que la protección del Ministerio es lo único que nos mantiene a salvo a nosotros tres! –con un gesto brusco, señaló a Violette, Jeremiah y a él mismo-. ¡Si el Ministerio se corrompe, estamos perdidos!
-No nos pongamos nerviosos –intervino rápidamente Jonathan, pacificador-. El Departamento de Misterios no tiene nada que ver con los demás. Las medidas de seguridad son impresionantes, y más con respecto a vosotros siete. Es cierto que habéis cambiado de consejero con más frecuencia de la aconsejable, pero os aseguro que nadie sale de allí tan fresco. Todos los inefables se someten a entrenamientos muy duros contra posibles ataques de Legeremancia. A veces incluso se someten a sí mismos a encantamientos enmudecedores, que les impiden revelar absolutamente nada a nadie sobre la naturaleza de su trabajo. Y otro aspecto muy importante es el de basar la seguridad en la compartimentación. Los inefables sólo saben cosas de su campo de investigación. A veces ni siquiera lo saben todo sobre un mismo asunto. Y ni siquiera el ministro tiene acceso a la información que se maneja allí. En nuestro caso, el único que conserva todos los datos sobre vosotros es el Tutor, y nadie ha ocupado ese puesto desde que yo me fui…
-Gracias al cielo… -puntualizó aliviado Zephirus.
-… así que, por el momento, estáis a salvo –continuó Flathery-. Es muy improbable que los espías logren penetrar en el Departamento de Misterios, y mucho menos llegar hasta la información que os concierne, de modo que seguimos teniendo ventaja sobre el enemigo –sus ojos se oscurecieron de repente-. Lo que no os puedo asegurar es cuánta.
-Hace dos años que murió Jewel –Violette tomó la palabra, con su típico tono imperturbable, aunque mantenía el ceño fruncido-. Y creo que todos estaremos de acuerdo en que ése fue el principio del fin. Desde entonces las cosas no han hecho más que empeorar…
-Fue como el pistoletazo de salida –siguió Icarus, también apagado-. La luz verde que dio inicio al conflicto. Sólo es cuestión de tiempo que empiecen a actuar abiertamente.
-Ya lo han hecho.
La voz de Potter les puso a todos los pelos de punta. John tragó saliva y los miró detenidamente antes de continuar.
-Secuestros, desapariciones, muertes en extrañas circunstancias… Son casos aislados y aparentemente inconexos, pero tampoco casuales –intercambió una mirada elocuente con Jeremiah Wealth-. Aún no se han dado a conocer al mundo, pero creedme cuando os digo que el momento está cada vez más cerca. Lo sé.
El silencio se cernió nuevamente sobre el grupo. Albus Dumbledore respiró hondamente, con una expresión tan seria que casi parecía antinatural.
-Es momento de pensar en el futuro, y conviene ir haciéndolo ya.
Melpómene agrandó sus suaves ojos color miel, mirando al director sin comprender.
-¿Qué… qué quieres decir, Albus?
-Es hora de plantearse el hablar con los chicos –sentenció Jonathan sombríamente.
Zephirus estampó una mano sobre la mesa, sobresaltando a Icarus y Linus.
-Apoyo la moción –dijo con rotundidad.
-¡Pues yo no! –exclamó inmediatamente Icarus, y se volvió hacia Dumbledore con cara de reproche-. ¿Qué necesidad hay de contar nada a los chicos? ¡Todavía son muy pequeños!
-¡Estamos a las puertas de una guerra! –replicó Lupin, mirando a su compañero con dureza-. ¿Crees que a ese loco le importará la edad que tengan nuestros hijos?
-¡No aportará ningún cambio que les contemos lo que ocurre o no! –se entercó Figg, alzando la voz-. ¡Son niños, dejémosles ser niños! Además, ni siquiera sabemos con certeza cuáles son los planes de Vol…
-¡Sus planes son mandarnos a todos al hoyo, Icarus, parece mentira que digas algo semejante! ¡Cuánto más preparados podamos estar contra esto, mejor!
-¿Y qué preparación pretendes darles, si se puede saber? ¿Entrenamiento en maldiciones? ¡¿Con 11 años?!
-¡El mero hecho de estar enterados de lo que ocurre ya es preparación más que suficiente!
-¡Os agradecería a los dos que dejarais de chillar! –cortó violentamente Linus, haciéndose oír sobre la acalorada discusión.
-Zephirus –Mel Figg miró al aludido, casi suplicante, mientras colocaba una mano en el pecho de su marido para frenarlo-, escucha, dejemos que elijan los demás. Dentro de lo que cabe, tú y yo casi no tenemos voz ni voto en este tema. Nuestros hijos no tienen nada que ver con todo esto, para eso hemos hecho tantos sacrificios durante estos años, ¿no? Dentro de 4 años cumpliré los 40 y entonces…
-¿Dentro de 4 años, Mel? –el tono de Zephirus adquirió un leve deje desesperado-. ¿Quién sabe qué habrá sido de nosotros dentro de 4 años? Pueden pasar muchísimas cosas, las tornas se pueden cambiar por completo y entonces lamentaremos habernos confiado. Es cierto que creímos haber logrado salvar a nuestros hijos de esto, pero también creímos que tendríamos más tiempo… ¡Y míranos ahora! ¡Mira a Jewel! Cualquiera diría que ella también había conseguido salvarse, y sin embargo siempre nos decía que no nos confiáramos jamás. ¿Qué te hace pensar que no irán a por vosotros dentro de poco? Y si te pasa algo a ti o a tu marido, ¿cómo le explicarás después a tu hija que la has estado mintiendo? Aún soy responsable de tu seguridad, Melpómene, ¡no me pidas que dé la espalda a semejante irresponsabilidad!
Un devastador silencio cayó en la sala tras aquellas palabras. Icarus y Mel se quedaron mudos, mirando a Lupin con los ojos muy abiertos, mientras éste respiraba agitadamente, haciendo un esfuerzo por recuperar la compostura. Izzy, que no había abierto la boca en toda la reunión, estaba impresionado. Jamás había visto a Zephirus alterarse de esa manera, siempre había sido un hombre con un sentido del humor a prueba de bombas, al que la tensión solía resbalarle en situaciones como aquélla. Dumbledore colocó una mano en el brazo del rubio que tenía a la izquierda, como para tranquilizarlo, y volvió la vista hacia su diestra.
-Johnny… ¿Tú qué opinas?
Los nueve pares de ojos se clavaron en John Potter, que estaba hundido en su asiento, con la cabeza gacha y la castaña mirada oculta tras el enmarañado cabello negro.
-Si hubiese querido que James se enterara de lo que está pasando… no habría hecho lo que hice cuando ocurrió lo de Grace –murmuró con voz lúgubre.
De nuevo nadie se atrevió a hablar después de eso. Jonathan frunció el ceño.
-¿Quieres que tu hijo pase por lo mismo que tú, Johnny? –soltó firmemente-. ¿Que sólo salga de la ignorancia cuando maten a su padre y ya sea tarde para poder explicarle nada en persona? Pensé que tu comunicación con James era bastante mejor que la que tú tenías con tu padre, pero puede que me haya equivocado y que utilices esa actitud derrotista que luces desde hace dos años para alejar a tu hijo y ahorrarte responsabilidades.
Johnny alzó la mirada hacia su antiguo tutor, estupefacto. Sus ojos castaños brillaron con una chispa de desconsuelo que nadie dejó de notar. El ambiente se tornó aún más incómodo de lo que ya estaba y todos se removieron en sus asientos, inquietos.
-Si seguís así, el aire se pondrán tan denso que moriremos asfixiados –la voz monótona de Jeremiah rompió el silencio esta vez-. No sé por qué armáis tanto jaleo. Os informo, por si no lo sabéis, de que nuestra familia no tiene más remedio que mantener informados a nuestros vástagos en todo momento de nuestra auténtica naturaleza. Nacen y crecen sabiendo quiénes son y por qué, porque nuestra protección consiste en la unión familiar. Los poderes especiales pueden surgir en cualquiera de los miembros y en cualquier momento de su desarrollo. Eso sin contar la prueba que deben pasar siendo niños para descubrir quién es el elegido. No digo que sea sencillo explicarle a un crío toda la historia familiar, pero os aseguro que a la larga es mucho más práctico.
-No soy quién para deciros cómo criar a vuestros hijos –añadió Violette, mirando intensamente a Mel y Johnny-, pero Jeremiah tiene razón. Si todos los miembros de la familia saben a qué atenerse, se crea una unidad especial. Se protegen unos a otros, están más alerta. Por no hablar del descanso que le queda a uno al poder compartir sus problemas e inquietudes con la propia sangre –sus grandes ojos oscuros se fijaron en John-. No es bueno guardar secretos entre padres e hijos, Johnny…
-Izzy –Zephirus retomó la conversación con renovadas energías-. Izzy, la situación de Mel y Johnny es diferente a la nuestra, pero ¿no crees que al menos nuestros hijos deberían saberlo? Nuestra misión es protegerlos…
La atención de todo el mundo se centró ahora en Black. Izzy miró a sus compañeros, suspiró y se cruzó de brazos, acariciándose distraídamente la elegante perilla y tornándose pensativo. Parecía un poeta recién salido del Romanticismo.
-Entiendo tu punto de vista, Zephirus, y de hecho estoy de acuerdo contigo –empezó con cautela-. Pero sólo en parte, porque reconozco que a Icarus tampoco le falta razón. Los chicos aún son pequeños para contarles esto, pero crecen deprisa y dentro de poco estarán perfectamente preparados para entender a lo que se enfrentan. Sin embargo, la inocencia se pierde tan deprisa que… ellos se merecen que les dejemos ser niños un poco más. No es necesario asustarlos. De momento seguimos en tregua, ¿no? Pues hasta que la guerra no sea una realidad irrefutable, es mejor que los chicos disfruten de la infancia.
Dumbledore alzó las cejas, gratamente impresionado.
-Bravo, Izzy –comentó divertido-. No podría haberlo dicho mejor ni yo mismo. Muy alentador ese despliegue de sentido común por tu parte, es reconfortante comprobar que todos los años invertidos en tu educación no fueron en balde.
-Sí, se pasa calladito toda la reunión y luego nos deslumbra con uno de sus discursos para dárselas de listo –bromeó Jeremiah, dedicando a su compañero una sonrisa burlona-. Eres un genio, Black.
-Lo sé, gracias, sé que me amáis –replicó el susodicho, con una abierta sonrisa. Los demás imitaron el gesto y la tensión se aligeró bastante. Luego añadió, recuperando la seriedad-: No obstante… Yo no le contaré nada a Sirius si Johnny no se lo cuenta a James –dirigió una elocuente mirada a Potter-. No puedo exigirle a mi hijo que le oculte algo así a su mejor amigo.
-Yo tampoco puedo exigirle nada a mi hijo si vosotros no estáis de acuerdo –cedió Zephirus, alzando las manos y dirigiendo una mirada de disculpa al matrimonio Figg-. Así que me rindo. No le diré nada, pero sólo hasta que yo lo considere conveniente, ¿de acuerdo?
Icarus y Mel asintieron.
-Cometéis un error –sentenció Linus-. La confianza es la base de la protección, y más en nuestro caso, que sólo nos podemos proteger entre nosotros. Cuando empiece la guerra, estaremos en peligro constante. Quién sabe qué ocurrirá o cómo estarán las cosas en el Ministerio para entonces…
-Cuando empiece la guerra no sólo estaremos en peligro nosotros, Linus –intervino Mel, cabizbaja-, sino muchísima gente inocente más, muggles y magos. Me parece muy triste que nos ocupemos únicamente de nuestra seguridad, se supone que nuestra condición debería darnos la ventaja de poder hacer algo por los demás, pero ahora nos vemos obligados a escondernos como vulgares ratas asustadas.
-Es lo que se dice irónico, ¿no? –Violette se unió al razonamiento de Mel-. Los más poderosos y a la vez los más frágiles. Sólo espero que el Ministerio entre en razón cuanto antes, o todo esto le vendrá demasiado grande como para poder afrontarlo.
-De hecho… no hay por qué cederle todo el peso de la responsabilidad únicamente al Ministerio, ¿no os parece?
Nueve rostros confusos se giraron hacia la risueña cara del director de Hogwarts.
-¿Hay algo que quiera compartir con nosotros, estimado profesor? –entonó Izzy, alzando las cejas con la chispa de la diversión bailando nuevamente en sus ojos claros.
-Simplemente –Dumbledore le siguió el juego-, creo que no es necesario que nos quedemos de brazos cruzados ante esta situación que, por lo demás, ya teníamos prevista, y le neguemos nuestra colaboración a la comunidad mágica.
-Me encanta la forma que tienes de decir que se te ha ocurrido una manera para que podamos hacer lo que nos dé la gana, al margen del Ministerio –Jeremiah se frotó las manos, incorporándose en la silla-. Esto se va a poner interesante…
-¿Qué tienes en mente, Albus? –Jonathan sonrió de lado a lado.
-Como ya os he dicho, no he perdido la fe en el Ministerio de Magia –empezó el anciano, recostándose en su respaldo y entrelazando los dedos a la altura del pecho-. Pero, dadas las circunstancias y visto lo visto, tampoco pienso sobreestimarlo. Violette tiene razón al decir que, si no empiezan a prepararse ahora, cuando esto estalle les quedará grande. Bien, nosotros tenemos esa ventaja: ya estamos sobre aviso. Y además tenemos una idea bastante aproximada de lo que está por llegar. Sería ridículo desaprovechar esta oportunidad de organizar la resistencia.
-¿A dónde quieres llegar? –Johnny lo miraba extrañado, pillado completamente por sorpresa.
-Mi intención no es actuar al margen del Ministerio, ni crear una facción separatista para mis propios intereses, sino trabajar paralelamente a ellos por un bien común. Si el Ministerio no nos escucha, habrá que empezar a movernos por nuestra cuenta. Y, cuando empiecen los problemas, agradecerán tanto toda la ayuda posible que ni se plantearán de dónde hemos salido –su sonrisa se ensanchó, dándole un brillo muy particular a sus ojos claros-. Id pensando en gente de confianza que nos pueda ayudar, porque de momento el proyecto es grande y los aliados pocos. Cuando empiece la guerra, volveremos a reunirnos y entonces comprenderéis de qué os hablo.
El discurso del director terminó con esas enigmáticas palabras, y los otros nueve se miraron entre sí, con la confusión reflejada en sus rostros, y la determinación grabada en sus miradas.
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-James Potter, eres un… eres un…
-Lily, por Merlín, déjalo ya. Llevas atascada en lo de "eres un" más de media hora…
La pelirroja se volvió hacia Sirius, erguido a su izquierda en la fila de estudiantes de primer curso que aguardaban su selección, y le dedicó un gruñido de fiera.
-Tú cállate, B-B-Black –tartamudeó, aún tiritando y acurrucándose bajo el abrigo de piel de topo de Hagrid.
-Shhh… -chistó Remus, desde el otro lado de Sirius.
-James, eres un… ¡cerdo! –consiguió decir por fin Lily, roja de furia y vergüenza.
Al parecer no pensaba perdonarle el incidente ocurrido en el bote, y tampoco parecía importarle estar delante de todo el colegio y provocar interferencias con sus quejas en la canción de un sombrero viejo y andrajoso, colocado ante ellos sobre un taburete: el Sombrero Seleccionador.
-Por favor… -renegó Sirius, poniendo los ojos en blanco.
-Chicos, bajad la voz –añadió Belle, al otro lado de James.
-Y un… ¡pervertido! –siguió Lily, mirando con rabia a su compañero de diestra e ignorando a todos los demás.
Sólo recibió un suspiro de paciente resignación por parte de James.
-Lily, ya basta –exigió Remus, con los dientes apretados. Todo aquello le parecía muy bochornoso.
-Y además un… un…
-¡Lily, ya está bien! –estalló James, molesto, y se volvió a mirarla con el ceño fruncido-. Déjalo ya, ¿de acuerdo? Sabes que no fue culpa mía, ¡te caíste encima de mí!
-¡Tú fuiste quién me sujetó! –lo retó Lily, elevando la voz más de lo aconsejable.
-¡Intentaba impedir que te cayeras al lago! –masculló James, apretando los dientes.
-¡Terminé en el lago de todas formas, así que de poco me sirve tu excusa!
-¡Lily! –espetaron a la vez Belle y Remus, escandalizados por el alboroto.
-No sé por qué montas tanto lío, porque, sinceramente, Evans, no había mucho que tocar –soltó Potter, perdiendo ya el control sobre sus palabras.
La boca de Lily formó una enorme O de indignación, mirando al muchacho ofendidísima.
-¿Me estás llamando pecho-tabla? –barbotó.
Sirius dejó escapar un estridente chirrido cuando se tapó la boca para contener la carcajada que había estado a punto de soltar. Remus se estampó una mano en la cara y Belle empezó a frotarse el entrecejo con los dedos.
-Estoy diciendo que tenemos 11 años y tú no estás precisamente desarrollada, como para incitar a nadie a que te meta mano –contraatacó James, su mirada cada vez más dura.
-¿Y encima tienes la desfachatez de admitírmelo en la cara? –las mejillas de la pelirroja habían adquirido el mismo tono que su cabello-. ¡Perdone que yo no cumpla sus expectativas, señor Potter!
-¡Aarrrggg! –James estuvo a punto de tirarse de los pelos-. ¡Aclárate! Primero te enfadas porque te toco y luego te enfadas porque te digo que no quería tocarte… ¡Eres insoportable, Evans!
-¡Pues bien que te entretuviste tocando, y eso que según tú no te motivaba!
-¡¿QUÉ?!
-¡No te hagas el tonto conmigo! –chilló la pelirroja, perdiendo los papeles.
-¡Lily! –gruñó Remus, ya harto-. Cállate ya, te está mirando todo el mundo…
-¡ME IMPORTA UN PIMIENTO! –exclamó ella, descompuesta.
Pero con lo que no contaba la chica era con que en ese preciso instante acabó la canción del Sombrero Seleccionador y su exclamación resonó en todo el Gran Comedor de Hogwarts, dejando a todos los alumnos con la boca abierta y a medio camino de aplaudir al Sombrero. Lily se sonrojó tanto que no se sabía dónde acababa su cara y dónde empezaba su pelo, y se hundió todo lo que pudo en el abrigo enorme que la cubría. Sirius empezó a agitarse violentamente por la risa contenida, hasta que Remus le dio un codazo en las costillas. James resopló hastiado y clavó la vista en el techo mágico, murmurando algo así como: "Madre mía, qué cruz…". Belle carraspeó ligeramente, tapando una sonrisa con la mano, y Peter (junto a Remus) que se había dedicado a asistir a la disputa en calidad de mero espectador, no se molestó en ocultar el murmullo de risa que se le escapó. Los demás simplemente fijaron en Lily sus ojos atónitos. A ella le hubiese gustado exclamar: "¿Tengo monos en la cara, o qué?", pero se tragó las ganas de volver a abrir la boca.
La profesora McGonagall, una mujer de aspecto severo, a pesar de estar rondando los 30 años, con gafas de montura cuadrada y el pelo oscuro recogido en un apretado moño, miró al grupo con el ceño fruncido a modo de reprobación, erguida junto al taburete del Sombrero, y carraspeó sonoramente para atraer de nuevo la atención de los alumnos. Sacó un pergamino y lo desenrolló con aire solemne.
-¡Avery, Edward! –exclamó un tanto irritada.
Y así dio comienzo la Selección.
Había al menos 70 alumnos nuevos allí de pie, pero James reconoció al chico que se adelantó hacia el taburete donde esperaba McGonagall: era uno de los que estaban en la barca con el tal Snape. Frunció el ceño instintivamente y cambió una mirada con Sirius: él también lo había notado. La profesora colocó el Sombrero sobre la cabeza del chico y no tardó en escucharse "¡Slytherin!" en el Gran Comedor. La mesa que estaba en el extremo derecho estalló en vítores al recibir a su nuevo miembro.
-¡Bishop, David!
-¡Gryffindor!
La mesa opuesta a la de Slytherin rompió en gritos y aplausos para recibir al muchacho, algo más alto que los demás, que acababa de acercarse trotando a ellos, contento.
-¡Black, Sirius!
El susodicho sonrió, guiñó un ojo a sus amigos y alcanzó a murmurar, antes de adelantarse:
-Deseadme suerte, chicos.
Belle le dedicó una sonrisa, por lo que Sirius se sentó en el taburete con la misma alegría que si fuese a recibir el regalo más impresionante de su vida.
-¡Gryffindor! –exclamó el Sombrero tras varios segundos, y la casa de los leones volvió a vitorear.
-¡Blustrode, Gregor!
James dejó escapar un suspiro de alivio, sonriendo, y Lily, que ya había recuperado el aplomo, se volvió a mirarlo.
-¿Qué te pasa? –le preguntó en el tono más civilizado que había usado con él en la última hora.
Al parecer, el bochorno pasado había calmado su mal humor. Potter la miró suspicaz por un segundo, pero prefirió no hacer comentarios. Lo que menos le apetecía en esos momentos era retomar la incoherente discusión con la chica.
-Gryffindor es la mejor casa –contestó-. Nuestros padres fueron allí, y nosotros siempre hemos cruzado los dedos para ir también. Pero ya te explicaré más tarde…
Tuvo que interrumpirse cuando Slytherin volvió a vitorear y silbar para recibir a "Connor, Liverlie" (la niña morena e impertinente que les había aguado, literalmente, el viaje en bote hacia Hogwarts) porque McGonagall había captado que estaban hablando y les dirigía una de sus fulminantes miradas de advertencia. Los dos niños tragaron saliva y guardaron silencio, encogiéndose, hasta, tras un par de muchachos más, la profesora exclamó:
-¡Evans, Lilian!
La pelirroja dio un respingo, pillada por sorpresa, y se adelantó algo sonrojada y vacilante. McGonagall le tendió la mano para librarla del abrigo y Lily titubeó, pero no era cuestión de discutir con la profesora en esos momentos, así que se desprendió de la enorme prenda de piel de topo y se la pasó a la mujer, que fue a devolvérsela a Hagrid, mientras Lily esperaba sentada en el taburete. El Sombrero se revolvió un poco sobre su cabeza, y James tuvo la impresión de que la joven Evans se iba encogiendo conforme pasaban los segundos, haciéndola ver cada vez más pequeña. No tardó mucho más de un minuto en exclamar "¡Gryffindor!", y todos los aludidos comenzaron a aplaudir con fuerza, menos Sirius, que se subió a su asiento y empezó a silbar con estridencia exagerada. Lily, mojada y sonriente, con cierta expresión de alivio, fue a sentarse con él.
-¡Figg, Arabella!
James estaba mirando alrededor para localizar a la susodicha, cuando notó que Belle se adelantaba, acercándose a la profesora. No pudo evitar quedarse mirándola con la boca abierta. "¿Belle? –se dijo, incrédulo-. ¿Su verdadero nombre es Arabella? Wow…". Miró a Sirius y casi soltó una carcajada por la cara de estupefacción de éste.
-¡Gryffindor!
Lily empezó a aplaudir con mucho entusiasmo, mientras Sirius intentaba reaccionar y los demás componentes de la casa soltaban exclamaciones de alegría. Belle bajó de la tarima casi dando saltos y se sentó junto a Lily, intercambiando una sonrisa con ella y haciéndole burla al mohín ofendido que le dedicaba Black.
-¡Flathery, Samantha!
Una chica de pelo color trigo, que le caía liso hasta la cintura, se adelantó con paso inseguro. Aprovechando el momento, Remus y Peter se acercaron disimuladamente a James.
-¡Pst, James! –llamó Remus en un murmullo.
Potter se arrimó a ellos como quién no quiere la cosa.
-¿Ya hiciste las paces con Lily? –preguntó Lupin, preocupado. No le agradaba la idea de que dos de sus recién conseguidos amigos se pelearan por semejante tontería-. Me ha parecido ver que te dirigía más de dos palabras sin chillarte…
-Pues no sé –rezongó James-. Es una cabeza dura, tan pronto está furiosa como no, no hay quién la entienda…
-¡Gryffindor! –volvió a gritar el Sombrero, y éstos enloquecieron mientras la chica rubia se dirigía a la mesa.
-¿Pero qué pasó exactamente en el bote? –murmuró Peter, curioso-. No termino de entender por qué se ha puesto como una energúmena. ¿En serio le metiste mano?
-¡Pues claro que no! –exclamó James, exasperado-. ¡Todo está sacado de contexto! Verás, en realidad… -comenzó a explicarles lo ocurrido y los tres permanecieron hablando de ello en susurros, inconscientes de que la Selección seguía en marcha.
Samantha Flathery llegó hasta la mesa de Gryffindor y fue a dejarse caer junto a Belle con un resoplido, como si acabara de quitarse un enorme peso de encima.
-Tranquila, amiga –rió ésta-. Ni que vinieses de la guerra…
-Pues casi… -murmuró Samantha, sonriendo de lado con algo de timidez-. Han contado tantas historias sobre la Selección en el tren que estaba hecha un manojo de nervios. Además, ya creí que me enviaban a otra casa… Menos mal que me tocó Gryffindor, tenía muchas ganas de venir aquí.
Y levantó la vista, contenta, cuando la mesa de al lado, Hufflepuff, recibió con gran algarabía a su primer miembro de la noche.
-Pues me alegro de que te alegre estar aquí –entonó Belle en son de broma, con ojos divertidos, y le tendió la mano-. Me llamo Arabella Figg, pero mejor llámame Belle.
-Encantada, Belle –asintió la chica, ampliando su sonrisa mientras estrechaba la mano de la morena-. Samantha Flathery, pero mejor Sam.
-Lily Evans –se presentó también la pelirroja, con aire risueño y aún un tanto chorreante.
-Ahhh, tú eres la chica que gritó mientras cantaba el Sombrero, ¿no?
-No fue mientras cantaba –corrigió Sirius, con una socarrona sonrisa-, sino cuando terminó y todo se quedó en silencio, ¿verdad, Lily?
Black se echó a reír cuando ella le propinó un codazo.
-Pero ¿qué te pasaba? –preguntó extrañada Sam.
-Bueno, es que… Bah, olvídalo, es una tontería…
-¡Aja! Así que por fin admites que fue una tontería –exclamó Sirius, triunfante-. Se lo diré a Jamie en cuanto llegue –y señaló orgulloso un asiento reservado a su lado.
-Pues yo le diré que le has llamado Jamie –amenazó una molesta Lily.
-Como si le importara… Ya está acostumbrado.
Y estalló de nuevo en risas maquiavélicas. Belle se volvió hacia Samantha con cara de resignación.
-Él es Sirius Black –aclaró, señalándolo con el pulgar.
-A su servicio, señorita –añadió el susodicho con una floritura de la mano y un ademán de reverencia.
-Encantada, Sirius –sonrió Sam, y añadió en un murmullo, dirigiéndose a Belle-. ¿Está sobreactuando o se comporta siempre así?
-Lamento decirte que ése parece ser su estado natural, por lo que he podido averiguar –rió Belle, encogiéndose de hombros con impotencia. Luego se volvió hacia Black, que miraba fijamente a una alumna que caminaba hacia la mesa de Ravenclaw-. Oye, Sirius, estás muy seguro de que James terminará en Gryffindor…
-Por supuesto –exclamó él, centrando de nuevo su atención en sus compañeras y haciéndose el ofendido-. ¿Qué crees? Si yo estoy en Gryffindor, él también, somos uña y carne, no nos pueden separar, como lo envíen a otra casa me quejo al director.
-Imagina que acaba en Slytherin –comentó Belle con sorna.
-Entonces no hará falta que me queje, seguro y se ahorca antes de llegar siquiera a la mesa…
La joven Figg soltó una carcajada.
-La verdad, me da un poco de pena esa guerra que hay entre nuestras dos casas –comentó Sam, pensativa, estirando el cuello para echar un vistazo a la mesa del otro lado del comedor-. En el Expreso me han estado contando cosas de Hogwarts, y dicen que es imposible llevarse bien con las serpientes porque ellos mismos detestan a todos los que no sean de los suyos. ¿Creéis que serán tan radicales de verdad? Mi padre dice que no es bueno fiarse de las apariencias y que lo importante es dar lo mejor de ti mismo estés donde estés…
-Sí, claro, ésa es la teoría –sonrió Sirius-. En realidad todos dan lo mejor de sí mismos, querida, sólo que en el caso de Slytherin, lo mejor de ellos es lo peor de la raza humana.
-Jo, qué radical… -sonrió la rubia.
-Sí, eso mismo me dijo Remus…
-¡Eh, chicos, callad un momento! –exigió Lily, entusiasmada-. Ya llegan a la "L".
Durante su conversación, el Sombrero Seleccionador había repartido a cerca de la mitad de los chicos y chicas entre las 4 casas, aunque la mayoría habían ido a parar a Ravenclaw y Hufflepuff. Después de que los aplausos de Slytherin se apagaran para recibir a "Laidlaw, Agnes", McGonagall gritó:
-¡Lestrange, Rodolphus!
Y un chico enjuto y con aspecto amargado se aproximó hacia la profesora, se sentó en el taburete y se puso el Sombrero en la cabeza.
-Eh, ese tipo me suena –le murmuró Sirius a Lily-. Es otro de los que iba en el bote del Snape ése…
Antes de que pudieran decir nada más, el Sombrero exclamó con voz potente:
-¡Slytherin!
El muchacho fue recibido con vítores especialmente efusivos, mientras los gryffindors que lo observaban seguían sus pasos en el ceño fruncido.
-¡Lewis, Hayden!
-Lógico que haya acabado en Slytherin –comentó Belle, hablando aún de Rodolphus Lestrange-. También estaba en el compartimento de al lado con Snape y Connor esta mañana, cuando se armó todo ese jaleo por lo de las maldiciones… Menudos tipos más despreciables.
-¡Ravenclaw!
-¿Por qué dices eso? –preguntó Lily, agrandando sus ojos verdes con un brillo extraño que nadie pudo identificar-. ¿Es que todo lo malo tiene que ir siempre allí?
-¡Line, Destynee!
Sirius, Belle y Sam se volvieron hacia la pelirroja.
-Sí –contestó Black con rotundidad.
-Ser despreciable es condición indispensable para entrar en Slytherin –añadió Figg.
-Normalmente –puntualizó Flathery, alzando un dedo-, pero seguro que también hay excepciones… o eso creo.
-¡Hufflepuff!
Lily abrió la boca para decir algo, pero la voz de McGonagall la interrumpió.
-¡Lupin, Remus!
-Ah, ya le toca a Remus –murmuró, recuperando el entusiasmo y centrando su atención nuevamente en los alumnos de la Selección-. ¿Creéis que vendrá a Gryffindor?
-Por supuesto –aseguró Belle, muy convencida, con una extraña sonrisa en la cara-. Tiene madera para estar aquí.
Remus se adelantó un poco temeroso, oyendo tras él los ánimos de James y Peter, y se sentó en el taburete temblando. Cuando McGonagall colocó el Sombrero Seleccionador sobre la mata de desordenado pelo castaño claro de Lupin, Sirius cruzó los dedos con fuerza. Al igual que a James, Remus le caía demasiado bien como para resignarse a que lo enviaran a otra casa. El Sombrero se agitó un tanto indeciso, obviamente inmerso en una conversación privada con el muchacho, y, tras algo menos de cinco minutos, gritó:
-¡Gryffindor!
-¡BIEN! –chilló Sirius, levantándose en su asiento y silbando con fuerza.
Todos los gryffindors recibieron con aplausos y vítores a Remus, que se veía pálido, pero sonriente. Buscó con la mirada a sus compañeros de viaje y Sirius empezó a hacerle señas con los brazos desde la parte central de la mesa, donde estaba aposentado con las niñas, indicándole que fuera a sentarse con ellos.
-¿Qué te dijo el Sombrero? –le preguntó Black con aire serio en cuanto él se acomodó a su derecha.
-¿Por qué lo dices? –se extrañó Lupin, mirándolo con sus ojos grises abiertos de sorpresa.
-Porque estás más pálido que cuando entraste esta mañana en nuestro compartimento, que ya es decir…
-Bueno, no es nada… -pero entonces titubeó y resopló con aire cansado-. Sirius, ¿tú sabes que el Sombrero Seleccionador lee todo lo que tienes en la cabeza?
-Sí, pero…
-Simplemente –lo interrumpió Remus, alzando una mano- sacó a relucir un tema del que yo no tenía muchas ganas de hablar…
Y dicho esto, se hundió de hombros y fijó la vista en el plato vacío que tenía delante. Lily y Belle, que observaban la escena en silencio, abrieron la boca para intervenir, pero Sirius las calló con la mirada. Luego se volvió de nuevo hacia Remus y le pasó un brazo por los hombros en plan amistoso.
-Me alegro de que estés en Gryffindor, hermano –le dijo alegremente.
Lupin levantó la vista hacia Sirius y sonrió con sincero agradecimiento. Los repentinos gritos de los de Hufflepuff los sobresaltaron a ambos, pues estaban recibiendo a una chica de la que no alcanzaron a oír el nombre. La siguiente chica en ser seleccionada, "MacRae, Hannah", también fue a parar a Gryffindor, pero, de los siguientes diez alumnos, sólo uno más terminó en la casa de los leones.
-¡O'Brian, Iris!
-Iris ha sido compañera mía durante el viaje en tren –comentó Sam en voz baja, sin dirigirse a nadie en especial-. Es bastante maja.
-¿Ibais en el mismo compartimento? –inquirió Belle, mirando cómo la profesora colocaba el enorme sombrero sobre la cabeza de la muchacha.
-Sí, con otra de primero que se llama Dominique, creo que ella ha terminado en Ravenclaw…
-¡Gryffindor!
Flathery se interrumpió para unirse a los aplausos de sus compañeros de casa. Cuando Iris fue a sentarse a la mesa, Sam agitó la mano en su dirección y ella, al verla, le devolvió el saludo, sonriente, levantando los pulgares en gesto de victoria. Sin embargo, se quedó en los sitios próximos a la cabecera, donde había otro par de nuevos alumnos.
-Íbamos con otros chicos de tercero de Gryffindor –continuó la rubia, volviéndose hacia Belle y Lily-. Lo hemos pasado muy bien, pero a media mañana hubo mucho revuelo en el tren por no sé qué cosa que pasó en el vagón de atrás, la gente empezó a movilizarse para enterarse de lo que ocurría y vinieron a nuestro compartimento un par de slytherins para fastidiar un rato. Debían ser del mismo curso que nuestros compañeros, porque se conocían y se detestaban. Por desgracia, a uno de ellos también lo conocía yo –Sam volvió a estirar el cuello, su mirada volando de nuevo a la mesa de las serpientes-. Ahí está, sentado con ese Lestrange del que habéis estado hablando antes… ¿Veis al del pelo castaño que se está riendo justo ahora? Es Ethan Nott. El tipo con pinta de gorila que está a su lado se llama Rabastan, y creo que es el hermano mayor de Lestrange, porque tiene el mismo apellido… Es el que vino con Nott esta mañana con ganas de jorobar.
-Sí, se parecen –Lily arrugó la nariz-. Los dos son igual de feos.
Sirius y Remus, que habían estado inmersos en su propia conversación, al margen de las chicas, dejaron de hablar al oír las palabras de la trigueña y alzaron la vista rápidamente, con claro interés reflejado en los ojos.
-¿Conoces a esos tipos? –preguntó Remus abruptamente.
Sam, que ya estaba empezando a hablar otra vez, se quedó con la palabra en la boca y se volvió hacia Lupin, clavando sus ojos en los de él. Todo ocurrió en un dos por tres. Al verlo, la muchacha abrió los ojos al doble, quedándose completamente boquiabierta, como si Remus fuese una especie de aparición de ultratumba. Pero, a los dos segundos, reaccionó bruscamente y sacudió la cabeza, como si se hubiese dado cuenta de que su extraña actitud llamaba la atención de los demás. Abrió la boca para hablar, intentando recuperar la compostura y actuar como si no hubiese pasado nada, pero aún parecía un poco aturdida por la sorpresa y no atinó a enlazar más de dos palabras, así que se limitó a inclinarse sobre la mesa, apartándose el largo flequillo de los ojos para mirar a Lupin con mayor atención.
El joven se estremeció ante el escrutinio de aquella niña, no le gustó nada que lo mirara de esa forma tan directa a los ojos, y tuvo la horrible sensación de que se quedaba igual de desprotegido que un conejo en una pradera pelada.
-P-perdona –barbotó rápidamente, antes de que a Sirius le diera por empezar a reírse o por soltar alguno de sus famosos comentarios totalmente fuera de lugar, empeorando aún más la situación-. No me he presentado… Soy Remus Lupin.
Hizo ademán de tenderle la mano, pero Sirius, Lily y Belle lo separaban de ella, por lo que reprimió el gesto con nerviosismo y algo de torpeza. Sin embargo, eso bastó para Sam, que le dedicó una simpática sonrisa y le agradeció el detalle con una inclinación de cabeza, retornando en el acto a su estado natural.
-Nada que perdonar, Lupin. Samantha Flathery –contestó, con su suave tono habitual-. Y sí, conozco a esos tipos. A Rabastan Lestrange sólo porque lo he visto esta mañana en el tren y he asistido a una bonita pelea verbal entre él y un compañero nuestro de tercero llamado Frank Longbottom. A Nott ya lo conocía de antes, porque su padre fue compañero de trabajo de mi padre y… -la chica se interrumpió repentinamente, tragándose sus propias palabras y ensanchando su sonrisa para disimular-. Bueno, no es que me entusiasme su presencia. Es una familia un tanto… ¿cómo decirlo?… peculiar.
-No te andes por las ramas, si es un despreciable, es un despreciable y punto final –sentenció Belle enérgicamente-. No te cortes, Sam. Yo no tengo ningún problema en afirmar que Snape es un despreciable. Y Lestrange también. Y Connor, que no hay quién la aguante…
-Y todos, ya que te pones –terció Sirius, la diversión chispeando en sus ojos azules.
-¡Pettigrew, Peter!
-Chicos, ya es el turno de Peter –anunció Lily, por si alguien no había oído la voz de McGonagall, por encima de los aplausos de Hufflepuff, que aún no se extinguían.
Ya sólo quedaban unas doce personas en la fila.
La pequeña y regordeta figura de Peter se adelantó hasta el Sombrero Seleccionador y la profesora se lo caló en la cabeza.
-Seguro que Peter también viene a Gryffindor –sentenció Sirius con un bostezo-. ¿Cuándo se acabará esto?
-Normalmente, la Selección termina cuando terminan los alumnos a seleccionar, ¿no te parece? –entonó Evans, como si fuese algo obvio.
Belle rió y chocó las palmas con la pelirroja. Sirius las miró con ceño, entornando los ojos y apretando los labios en una mueca.
-Evans 3, Black 0 –dejó escapar Remus, indiferente, y, cuando su amigo lo fulminó con la mirada, se encogió de hombros, a la defensiva-. ¿Qué? Sólo me limito a decir lo que diría James si estuviese aquí…
-Remus me contó antes de entrar en el Gran Comedor que Lily lleva todo el día dándole planchazos al lento de Sirius –le explicó Belle a Sam, que parecía un poco perdida, riendo animadamente-. Y no la culpo, yo también lo haría. ¡Es tan divertido ver la cara de odio que pone!
-Bueno, bueno, no te emociones, ricura –por primera vez desde que se conocían, Sirius le dedicó a la morena esa mirada cortante que intercambiaba con James cuando ambos discutían-. Con la graciosilla de Evans ya hay más que suficiente. A ver si os creéis que me voy a dejar torear por semejante par de individuas sólo porque tengáis delirios de bromista –se irguió, adoptando una postura digna-. Lamento deciros que os queda mucho para llegarme siquiera a la suela de los zapatos en este campo.
Lily y Belle se miraron, parpadearon y estallaron en carcajadas.
-¡Habló el rey de Roma! –exclamó Figg, sujetándose el estómago.
-¿Quién delira ahora, Black? –añadió la pelirroja, sus ojos lanzando chispas verdes de diversión.
-Nadie preguntó tu opinión, r-e-t-a-c-o –contraatacó Sirius con aire triunfal, recalcando con énfasis la última palabra-. Y tú ya tendrás oportunidad de comprobar si soy o no el rey, A-r-a-b-e-l-l-a.
La reacción de las chicas no se hizo esperar. La risa de ambas se esfumó de inmediato y adquirieron expresiones ofendidas, rompiendo en una retahíla de protestas incoherentes.
-¡No me llames retaco, tú… espárrago mal parido…!
-¡Te lo advierto por primera y última vez, Sirius Black: no vuelvas a llamarme Arabella…!
-¡… yo no tengo la culpa de que te medicaras de pequeño para crecer más de lo normal…!
-¡… no aguanto que me llamen por mi nombre completo…!
-¡… como vuelvas a meterte con mi estatura, te juro que…!
-¡… la próxima vez que lo hagas, te juro que…!
-¡… TE ROMPO LOS DIENTES! –terminaron las dos a la vez.
Sirius soltó una estentórea carcajada, hizo crujir los nudillos con gesto experto y entonó, con un aire de desquiciante superioridad:
-Es taaan divertido ver las caras de odio que ponen…
Sam no pudo evitar reírse, aunque trató de disimularlo llevándose una mano a la boca y desviando la mirada. Belle y Lily se dispusieron a soltar una nueva perorata de insultos y amenazas, pero la voz de Remus las cortó en seco.
-Eh, callaos un momento –murmuró, con el ceño fruncido y la vista fija en la cabecera del comedor-. ¿Qué demonios está pasando allí?
Los otros cuatro dejaron de reír y discutir, reparando por primera vez en los murmullos que recorrían la enorme estancia, y se volvieron extrañados hacia la mesa de los profesores, donde Peter seguía sentado en el taburete, con el Sombrero Seleccionador en la cabeza.
-¿Qué? –exclamó atónito Sirius y miró su reloj-. ¡Lleva ahí más de cinco minutos!
-¿Sólo cinco? –inquirió Lily-. ¡Yo diría que lleva más de diez!
-No seas exagerada, Evans…
-Da igual, el caso es que lleva ahí más que cualquier otro –terció Belle, arrugando la frente-. ¿Cómo puede ser?
-Quizá tenga demasiadas cosas en la cabeza –comentó Sam, dirigiendo sus grandes ojos oscuros hacia la rechoncha figura que se agitaba nerviosa ante todo el alumnado de Hogwarts.
Sirius captó la mirada extrañada de James, que se encogió de hombros, dando a entender que no comprendía lo que pasaba. De repente, el Sombrero Seleccionador comenzó a removerse y abrió el tajo que tenía por boca para decir algo, pero en el último momento volvió a callar y siguió inmerso en su conversación privada con Peter.
-Esto no me gusta –murmuró Sirius al rato, tras otros tantos minutos de espera-. ¿Qué rayos estará hablando con el harapo ése?
-No te impacientes –replicó Lupin, aunque él mismo seguía arrugando el entrecejo-. Unas personas necesitan más tiempo y otras menos, no somos todos iguales. Le doy la razón a Flathery, es posible que Peter lleve demasiadas cosas en la cabeza y tenga que ponerlas en orden…
Un minuto después, el Sombrero gritó:
-¡Gryffindor!
Y todos en la mesa comenzaron a aplaudir, aún un poco extrañados por la tardanza. Peter se quitó el Sombrero con manos temblorosas, se apresuró a devolvérselo a la profesora y corrió hacia sus nuevos compañeros dando traspiés. Cuando llegó hasta los chicos, se sentó al lado libre de Remus con brusquedad, resoplando, como si quisiera desaparecer cuanto antes del campo visual de los demás alumnos. Se le veía asustado y sudoroso.
-Peter, ¿qué ha pasado? –exigió saber Sirius, pero la voz de McGonagall le interrumpió e hizo que se volviera en el acto.
-¡Potter, James!
El último componente del grupo se acercó al taburete con aire seguro, pero ojos preocupados (por Peter, no por él) No pudo evitar echar un vistazo a la mesa que estaba a su espalda, revisando con rapidez las caras de los que, a partir de ese día, serían sus profesores, hasta que sus ojos se cruzaron por casualidad con los del director de Hogwarts. Albus Dumbledore alzó las cejas, sonrió y le dedicó un guiño en apenas dos segundos, y el niño también sonrió, sin saber muy bien por qué, al llegar junto a McGonagall. Se sentó tranquilamente y esperó con el Sombrero sobre la cabeza, sin saber que años más tarde, muchos años más tarde, alguien con su mismo apellido se sentaría en ese mismo taburete, mantendría una importante conversación privada con ese mismo Sombrero y los alumnos de ese mismo comedor murmurarían emocionados con su presencia. Pero, claro… en ese momento, James Potter no podía sospechar algo así.
Sirius esperó impaciente durante siete segundos contados, cruzando los dedos y apretando los dientes. No serían capaces de separarlo de su hermano… ¿verdad?
-¡Gryffindor!
-¡ASÍ SE HACE, JAMES! –gritó Black a pleno pulmón, loco de alegría, elevando al aire un puño victorioso antes de empezar a aplaudir con furia, mientras todo el mundo en dos metros a la redonda se reía de él.
Potter trotó hasta la mesa de Gryffindor con una radiante sonrisa y, al llegar junto a sus amigos, fue chocando las manos con cada uno de ellos.
-¡Eh, debe ser el destino! –rió lleno de entusiasmo.
-Aquí, Jamie –le indicó Sirius, empujando hasta dejarle un hueco entre él y Lily.
James le dedicó una mirada asesina, pero no estaba claro si era por el hecho de que le había llamado Jamie, o porque le había dejado al lado de la chica que lo quería asesinar.
-Gracias, Sirius –masculló sarcástico, apretando los dientes.
-¡Randall, Susan! –gritó McGonagall más fuerte de lo normal, como para acallar los murmullos de los gryffindors (claro que no lo consiguió)
-Mira quién se nos ha acoplado mientras tú aún estabas allí arriba luciendo palmito –añadió Black, ignorando el aura malhumorada de su mejor amigo, y señaló con la cabeza a la tercera chica agregada al grupo-. ¿No te resulta familiar?
James se volvió hacia Sam y los dos se sostuvieron la mirada durante un par de segundos, parpadeando.
-¡Eh, tú eres el chico que casi me atropella esta mañana! –exclamó ella, esbozando una abierta sonrisa al reconocerlo.
-¡Y tú eres a quién casi atropello! –la expresión de Potter también se iluminó de entusiasmo-. ¡Caray, qué casualidad!
-Y que lo digas, llevan todo el rato hablando de "Jamie", pero ni idea de quién eras –Sam le tendió una mano a distancia-. Soy Samantha Flathery.
-Encantado. James Potter –y el muchacho, a diferencia de Remus, aplastó a Lily y a Belle para estrecharle la mano a la rubia con un simpático apretón. Evans hizo intento de apartarse de él, pero estuvo a punto de caerse de espaldas al suelo. Sin embargo, James no pareció darse cuenta, porque siguió hablando como si nada-. Si es Sirius el que ha estado hablando de mí, no le hagas ni caso, se habrá inventado la mitad de las cosas… Y, por lo que más quieras, te suplico que no me llames "Jamie".
-Ah, tranquilo, te entiendo, yo también detesto que me llamen "Samantha", suena muy… largo.
-¡Gryffindor! –una salva de aplausos ahogó la conversación.
-¡Rosier, Evan!
-Potter, me estás aplastando –se quejó Lily repentinamente, apretando los dientes-. ¡Hazme el favor de sacar tu codo de mi estómago!
James se miró a sí mismo y comprobó que no sólo tenía todo el brazo izquierdo cruzado encima de los muslos de la pelirroja, sino que había ido a acodarse sobre ella, a la altura de su vientre, y debía estar haciéndole polvo la cadera. Se apartó rápidamente de la niña, todo lo que le permitía su limitado espacio, pero esta vez, lejos de cohibirse, le dedicó la misma mirada dura que le dirigía ella.
-Ya decía yo que me estaba clavando algo duro –replicó, cortante-. Como no eres más que huesos, pensé que estaba apoyado directamente sobre el banco.
Lily se sulfuró en un abrir y cerrar de ojos, miró con odio a su compañero y los demás casi creyeron notar cómo le empezaba a salir humo por las orejas, pero por suerte la potente voz del Sombrero no le dio tiempo a replicar nada.
-¡Slytherin!
-Vaya, otro que va para Slytherin –se apresuró a comentar Belle con aire casual, antes de que estallara otra batalla campal entre Potter y Evans-. Mirándolos con atención… ¿no os da la impresión de que todos tienen la misma pinta?
-Sí, la misma pinta de asesinos psicópatas –bromeó Sirius-. Seguro que más de uno sería capaz de echarte un veneno mortal en el zumo de calabaza…
A Evan Rosier lo siguió una muchacha de aspecto siniestro llamada Maeve Rutherford, también para la casa de las serpientes, y después…
-¡Snape, Severus!
La conversación fue inmediatamente olvidada y todos se volvieron hacia la mesa de los profesores para ver avanzar al delgaducho muchacho de pelo grasiento.
-Slytherin –murmuraron los cuatro chicos a la vez.
Y el Sombrero Seleccionador no tardó más de diez segundos en gritar:
-¡Slytherin!
-Cómo no… -masculló de nuevo el cuarteto anterior.
Sirius siguió el trayecto de Snape hacia la mesa de Slytherin con el ceño fruncido, luego atrajo a James, Remus y Peter y les murmuró algo que provocó las risas de éstos.
-¿Qué tramarán? –murmuró Lily, entornando los ojos hacia ellos, desconfiada.
-No lo sé, pero espero que sea una broma MUY pesada contra ese maldito Snape –contestó Belle, uniéndose distraídamente a los aplausos con los que los gryffindors recibían a uno de los últimos chicos de la fila.
La Selección terminó con "Yaxley, Theresa", que también fue a parar a Slytherin, y la profesora McGonagall se llevó el Sombrero Seleccionador rápidamente. La ceremonia se había prolongado más de la cuenta y los alumnos ya estaban impacientes y nerviosos. James y los demás tuvieron que tragarse de nuevo las ganas de preguntarle a Peter qué rayos le había pasado con el Sombrero, porque en ese instante Albus Dumbledore se levantó de su asiento presidencial en la mesa de los profesores, y ninguno de ellos tenía el descaro de hablar cuando todo el Gran Comedor se sumía en un silencio sepulcral.
-Mis queridos niños… -empezó el director, tomando aire y mirando a todos sus alumnos con una radiante sonrisa-. ¡Bienvenidos a Hogwarts! Un año más, os deseo una feliz estancia aquí, para que podáis relacionaros con nuevas personas y lleguéis a ser magos y brujas de provecho (creedme, es mi mayor deseo) Como cada año, espero que llenéis vuestras mentes con los sabios conocimientos que seguro olvidasteis en el verano, o que al menos pongáis algo de empeño y no dejéis demasiado obvio que las clases os importan un rábano. También os repito, y en especial a los nuevos…
James y Sirius brincaron en sus asientos cuando los ojos de Dumbledore se clavaron en ellos, e intercambiaron confusas miradas ante aquel extraño gesto.
-…que el Bosque Prohibido, como su propio nombre indica, está prohibido. Y, aunque no lo creáis, es por vuestra propia seguridad. Este curso, además, tengo que advertiros de la presencia de un ejemplar de sauce boxeador en los terrenos del colegio –lo dijo con total naturalidad, pero Sirius notó cómo Remus se hundía en su asiento y comenzaba a juguetear con el mantel-. Es un árbol bastante peligroso y tiene muy mal carácter, así que no os acerquéis a él a no ser que queráis pasar un largo tiempo en la enfermería… y no, señor Prewett, lanzarse contra el sauce voluntariamente no le eximirá de realizar los EXTASIS a final de curso, por muy maltrecho que termine –una carcajada general sacudió la mesa de Gryffindor, mientras un joven pelirrojo sentado en los asientos de delante hacía un gesto de fastidio-. Bien, creo que eso es todo por un año, sólo me queda deciros que espero lo mejor de todos vosotros y… ¡a comer!
Como por arte de magia, los platos se llenaron de comida al instante, y el Gran Comedor estalló en el murmullo constante de animadas conversaciones.
-¡Comida! –chilló Sirius, emocionado-. ¡Por fin! –llenó su plato con todo lo que pudo y más, y luego se volvió hacia Peter mientras se llenaba la boca-. Weno… a'asta ei'ntriga… -tragó ruidosamente-. Vamos, Peter, cuenta.
-Sí –añadió James con interés-. ¿Qué pasó?
Peter bajó la vista hacia su plato, con aire afligido, sirviéndose un poco de cada cosa.
-N-nada en realidad… -tartamudeó, sus manos temblando ligeramente.
Remus lo miró incrédulo mientras tragaba un enorme trozo de carne con salsa.
-Te quedaste… espera que lo miro… -examinó su reloj con cara de concentración-, ocho minutos y medio contados allí plantado con el Sombrero, ¿y pretendes hacernos creer que no pasó nada?
-Sí –sonrió Sirius-, yo pensé que ya te fosilizabas allí…
-Si no nos lo quieres contar, vale, pero al menos no digas que no ocurrió nada…
-La verdad es que no sé qué pasó –explicó Peter atropelladamente, evitando las miradas de sus tres amigos-. El Sombrero empezó a decir cosas extrañas que yo no entendía, como que una parte de mí quería salir, pero otra parte no la dejaba, que no sé qué perjuicio me ataba y me impedía hacer no sé cuánto, que a veces confundía prioridades y mi forma de enfrentar los problemas no es siempre la correcta, aunque tenga buena intención… ¡Yo qué sé! Cosas por el estilo, no me enteré de nada. Creo que estaba indeciso entre dos casas…
-Bueno, Gryffindor sería una –dedujo James-. ¿Cuál era la otra?
Peter se puso tan nervioso que derramó todo el zumo de calabaza sobre el mantel.
-Eso n-no lo dijo –contestó, su voz más aguda de lo normal, mientras intentaba limpiar el desastre-. Sólo dijo: "Podrías ser un gryffindor, aunque también… Bueno, dejémoslo en Gryffindor", y entonces gritó el nombre de la casa…
Remus se volvió hacia Sirius y James con el tenedor en la boca y se encogió de hombros, como preguntando su opinión. Ellos sólo repitieron el gesto. Si el suceso se reducía a eso, la reacción de Pettigrew resultaba exagerada, pero tampoco le dieron más importancia. Peter no estaba obligado a contarles los detalles de su conversación con el Sombrero si no quería, y la verdad es que ninguno de los tres tenía muchas ganas de insistir con semejante banquete delante. Así que dieron carpetazo al tema y pasaron a comentar lo rica que estaba la comida, lo impresionante que era la decoración del Gran Comedor y lo genial que resultaba estar por fin en Hogwarts. El castaño recuperó el ánimo enseguida y pronto los cuatro chicos reían y bromeaban despreocupadamente.
A su lado, pero en una especie de mundo a parte, las chicas hablaban también sobre Hogwarts, al margen de la conversación de sus compañeros.
-Había mucha gente nueva este año, ¿no os parece? –comentó Sam, que parecía estar teniendo algunos problemas para partir su enorme filete, intentando mantener el aire educado-. Casi me dio un ataque cuando llegué al andén y vi semejante masa de gente… pero luego resultó que muchos estaban en las mismas condiciones que yo. Con sólo dar dos pasos hacia el tren me crucé con dos chicas que estaban igual de perdidas y nerviosas.
-Yo estaba muerta de miedo cuando entré en King's Cross –admitió Lily, bebiendo un buen trago de zumo de calabaza-. Mis padres son muggles, así que no pudieron hacer mucho para tranquilizarme. Creo que estaban aún más asustados que yo. Mi madre quedó en shock cuando entramos al andén 9 y ¾, y cuando me despedí de ella todavía llevaba la boca abierta.
Sam y Lily rieron animadamente.
-Pues yo llegué renegando –Belle estaba estirándose sobre la mesa, intentando alcanzar una fuente de puré de patatas con mantequilla-. Mi madre se empeñó en que metiera un montón de chuminaditas en el baúl y pesaba como un muerto. Ellos se fueron temprano porque habían quedado con unos antiguos compañeros de no sé qué, o algo por el estilo, así que me quedé tirada en el andén con el condenado baúl yo sola. Si no llega a ser porque Sirius y James me ayudaron a subirlo al tren, aún estaría intentando levantarlo del suelo…
La morena cortó su discurso cuando una pareja de gryffindors, un chico y una chica, de los cursos superiores, llegó correteando desde la cabecera de la mesa y ocupó un par de sitios libres que había delante de las tres niñas.
-Espera un momento, Molly, deja que los cuente –decía el chico, de unos 16 años, pelirrojo como la sangre, sentándose ágilmente frente a Lily-. Ya iremos después a decírselo a Gideon, como sigamos por allí de pie, McGonagall va a terminar bajándose de la mesa de profesores para echarnos la bronca.
-Vale, vale, ¡pero date prisa, Arthur! Ese estúpido Malfoy va a tragarse sus palabras. Después de la que ha montado esta mañana en el tren con la imbécil de Narcisa, no puedo esperar para ver desaparecer de su cara esa asquerosa expresión de autosuficiencia… -replicó la chica, de la misma edad, también pelirroja y con el cabello casi tan rizado como Figg, dejándose caer a su lado.
El chico sostenía en sus manos un trozo de pergamino y una pluma bastante usada, y apartó un poco su plato y sus cubiertos para hacerse un sitio y poder apoyarse en la mesa.
-Vamos a ver… -murmuró, subiéndose las gafas para revisar el pergamino con ceño-. En Hufflepuff… un, dos, tres… diecinueve, en Hufflepuff diecinueve. En Ravenclaw… mmm… dieciséis. En Gryffindor… un, dos, tres, cuatro…
-Ey, ¿tenéis apuntados cuántos fueron a cada casa? –exclamó Lily, incorporándose en su asiento y estirándose para ver por encima de las bandejas de comida.
La chica de rizado pelo rojo levantó la vista y miró a Lily, sonriendo al ver su homóloga tonalidad de cabello.
-Sí –contestó orgullosa, mientras su compañero contaba-. Hicimos una apuesta con un tipo estúpido de Slytherin llamado Lucius Malfoy para ver quién se llevaba más alumnos este año, si Gryffindor o Slytherin. Ha estado toda la mañana picándonos porque dice que este año entraban a Hogwarts muy buenos candidatos para su casa y que seguro que a la nuestra sólo llegarían los más inúti…
-¡Dieciocho! –exclamó el chico con entusiasmo, interrumpiéndola-. ¡Molly, vinieron dieciocho! Creo que a Slytherin sólo fueron diecisiete… Vamos a ver…
-¡Estupendo! –rió la llamada Molly, con una palmada-. Como ese desgraciado de Malfoy no nos pague la apuesta, se va a arrepentir de haberse burlado de Molly Weasley –su compañero levantó la vista lentamente y la miró enarcando una ceja. Ella se sonrojó en el acto-. Ehhh… quiero decir, Molly Prewett…
-¡Arg, maldita sea! –renegó el pelirrojo-. ¡Fueron dieciocho también!
Y, con gesto de enfado, tiró el pergamino y la pluma sobre la mesa y se cruzó de brazos, haciendo una mueca.
-¡Vaya! –gruñó Molly con frustración, y se golpeó la palma izquierda con el puño derecho.
-¡Arthur! –exclamó otro pelirrojo, que asomaba la cabeza por encima de los alumnos sumidos en sus cenas, unos metros más allá-. ¡Arthur! ¿Ha habido suerte?
-¡Para nada, Stu! –el pelirrojo de las gafas se encogió de hombros, negando con la cabeza-. ¡Hemos quedado en empate, hermanito! –hizo aspavientos, señalando una zona aún más alejada de la mesa, hacia el extremo más cercano a la mesa de profesores-. ¡Díselo a Gideon, anda, que no se emocione!
-Bueno, mirad el lado positivo –sonrió Sam-. Al menos no tendréis que pagarle nada…
-Ya, pero él a ellos tampoco –añadió Belle, enfrascada ahora en intentar coger la fuente del pollo con arroz en salsa.
-Belle, ya se te sale la comida del plato, creo que sería mejor empezar a comer y servirte más si te quedas con hambre, esta noche no vas a poder pegar ojo…
-Lily, no te preocupes por mí, mi padre no me llama "saco sin fondo" por nada, créeme…
-Déjalo, Molly, seguro que ese cretino no nos habría pagado ni aunque hubieran venido aquí doscientos y allí sólo tres –seguía el chico, e hizo una pausa para pasarle a la morena la bandeja del pollo distraídamente-. Es increíble. Nos llamará pordioseros, pero él es el más agarrado de todo el colegio, no hay quién le saque un knut… -en ese momento se fijó en Belle y en las otras dos niñas, y su expresión cambió-. Eh, vosotras sois las nuevas gryffindors, ¿verdad?
-Sí, nosotras y estos cuatro brutos de aquí –bromeó Lily, señalando a los futuros Merodeadores.
James pareció captar que alguien había dirigido un insulto hacia su persona y se volvió hacia la niña con el ceño fruncido.
-Evans, ¿es que de vez en cuando te aburres y te da por fastidiar al que tengas más cerca? –gruñó, mirándola con una mueca.
-Quién se pica, ajos come, Potter –replicó ella, dirigiéndole una mirada retadora y manteniendo el mismo tono de voz.
-Yo por lo menos no voy de esquizofrénico por la vida, enfadándome porque la gente me mira o me toca.
-¡No empieces otra vez con lo mismo, porque sabes perfectamente que no…!
-Creo –exclamó Belle, alzando la voz por encima del nuevo arranque de la pelirroja- que ya hemos tenido suficiente discusión para lo que nos queda de año por este estúpido asunto.
-Déjalos que peleen –terció Sirius, divertido, uniéndose a la conversación-. Jamie no suele sulfurarse así, el retaco consigue sacarlo de quicio incluso más que yo, es el mejor espectáculo que he visto en años, Arabella…
En dos segundos, pareció producirse una explosión en la mesa.
-¡Olvida de una vez lo de Jamie si no quieres que te rompa la cabeza!
-¡Te he dicho que no me gusta que me llamen Arabella! ¿Necesitas que te lo repita o prefieres que te parta la boca la próxima vez que lo digas?
-¡Como repitas lo del retaco, te voy a patear hasta que no sepas dónde tienes el estómago, Black!
-Bueno, Evans, si mides 1'30, acéptalo, nosotros no tenemos la culpa, es mejor asumirlo que vivir renegando…
-¡Cierra el pico, Potter!
-¡Si me hubieses dicho desde el principio cómo te llamabas realmente, ahora te dejaría en paz! –reclamó rápidamente Sirius, dirigiéndose a Belle e ignorando los desvaríos de los otros dos-. Es lo que hacen las personas normales. ¿Acaso has visto que Jamie se presente como "Jamie Pots"? Pues no. ¡Es de sentido común! Él dice: "Me llamo James Potter, pero si quieres me puedes llamar Jamie". ¡Y así todo queda claro!
-¡Que dejes YA de llamarme Jamie! –rugió el moreno de gafas.
-… que lo hiciera el retaco da lo mismo, porque "Lily" es un nombre más normal…
-¡No me digas retaco! –espetó Evans, cogiendo el tenedor de forma amenazante.
-… quizá en los países árabes se presenten a medias, pero aquí la gente suele decir nombre completo y apellidos…
-¡Gitana! –soltó bruscamente Belle, con una voz tan potente que la mitad de la mesa se volvió a mirarla. James y Lily se callaron en el acto, y Sirius enmudeció, parpadeando.
-¿Qué?
-¡Tengo ascendencia gitana, estúpido, no árabe! –renegó la morena, sus ojos azules brillando con furia contenida. Parecía otra persona cuando su eterna sonrisa pícara desparecía de su cara-. ¡Y, para tu información, los gitanos provienen de la India, no de Arabia, aunque luego se extendieran por toda Europa! Los antepasados de mi madre fueron gitanos griegos, pero la familia de mi padre es tan inglesa como lo puede ser la tuya, y yo nací y me crié en Lancaster, así que no te las des de listo conmigo y ahórrate ese tipo de bromas, porque no me gustan ni un pelo. ¡Y no vuelvas a llamarme Arabella! –concluyó, estrellando los puños en la mesa y haciendo tintinear las copas de sus compañeros-. A ti también te fastidiaría dar tu nombre completo si fuese uno tan horrible, ¡detesto ese nombre!
Peter se había quedado boquiabierto y con un trozo de comida a medio camino de la boca. James y Lily estaban congelados, la segunda con la mano derecha alzada en un amago de clavarle el tenedor al primero, mientras éste la sujetaba por la muñeca para detenerla, ambos con los ojos como platos fijos en la joven Figg. Y Sirius, por primera vez, parecía haberse quedado sin argumentos para refutar aquello.
-Belle, relájate un poco –comentó Remus como quién no quiere la cosa, aún inmerso en su cena y con una chispa de humor iluminando sus ojos grises. Parecía que la perorata de la morena le había resbalado por completo-. Esos arranques de genio tuyos te terminarán provocando problemas de tensión el día menos pensado. Y, por cierto –se volvió hacia ella y le dedicó una calmada sonrisa-, yo creo que Arabella es un nombre precioso.
-¡Lupin! –gruñó Belle, mirándolo con reproche.
-Estoy de acuerdo con él –intervino Sam, y sus labios temblaron al reprimir una sonrisa. Se la veía bastante entretenida con la escena, sin darle importancia al hecho de que Figg acababa de perforarle los oídos con su berrinche-. Hay cosas peores. Si vieras el lío que me montan a mí… Mi familia me llama por mi segundo nombre, mis amigos por el primero, los vecinos que tengo donde vivo ahora por mi apellido, y en la ciudad donde nací me llamaban por el apellido de mi madre –una abierta sonrisa se extendió por su rostro-. Preferiría tener un solo nombre, aunque fuese horrible.
Belle masculló algo incoherente y se cruzó de brazos, hundiéndose en su asiento y dándose por vencida, enfurruñada. La tensión de la pelea se desvaneció y los demás salieron de su letargo, retornando a la normalidad, ya sin miedo a ser agredidos por ella en un acceso de ira. Sirius aprovechó esa derrota para recuperar el habla e intentar también arreglar un poco la situación… a su manera. Antes de que alguien notara que había vuelto a abrir la boca y pudiera detenerlo, soltó con fingida altanería.
-Es increíble que te pilles semejante rebote por algo así. Si no sabes encajar todo tipo de bromas, es que eres una amargada. Fíjate en James y en Lily: los dos se enfadan conmigo, me gritan, me insultan, se sulfuran un poco, pero no intentan asesinarme (al menos, no siempre) y no entran en erupción como un volcán cada vez que los fastidio un poquito…
-Sirius… -empezó James en tono de advertencia, con un tic en la ceja derecha, mientras Lily, a su lado, cerraba con fuerza un puño y hacía esfuerzos sobrehumanos por contenerse y no estrellárselo en la cara a alguien.
-Hazme caso, Arabella, no deberías enfadarte tanto por esas tonterías, te provocarán vejez prematura…
Belle le dirigió una gélida mirada de odio, con los ojos convertidos en finas rendijas relampagueantes.
-Cállate –refunfuñó, dedicándole una mueca-. Tú no deberías dedicarte a sacar de quicio a los demás, o te terminarás encontrando con una desagradable sorpresa. Y el día que me veas vieja y con canas y arrugas a los 30 años, lloverán grageas de todos los sabores –añadió con tono irónico, sin sospechar que en un futuro, no demasiado lejano, Albus Dumbledore le pediría que se hiciese pasar por una anciana loca para vigilar al hijo de dos de sus mejores amigos.
-Bueno, esto ha sido realmente estimulante –sonrió de repente el pelirrojo, interviniendo antes de que empezara otra discusión.
Los siete novatos parecieron recordar en ese instante que tenían público y se sonrojaron, cohibidos por aquel numerito, siguiendo de inmediato con la cena con una extraña mezcla de aire casual, rapidez y nerviosismo, intentando actuar como si aquel incidente no hubiese ocurrido. El muchacho rió, y su compañera se llevó una mano a la boca para acallar su risita, sus ojos claros chispeantes de buen humor.
-Tranquilos, no hace falta que os comportéis como si fuerais normales, ya he visto lo bien que os lleváis –bromeó él, divertido-. Sois un grupo peculiar, creo que no vamos a tener nada que envidiar a las estrellas que han llegado este año a Slytherin, según Malfoy. Soy Arthur Weasley, uno de los prefectos de Gryffindor. Normalmente son los de quinto los que se encargan de guiar a los nuevos a la Torre, así que no os larguéis corriendo después de cenar, que tenéis que ir con ellos. Aunque a mí tampoco me importaría acompañaros, el año pasado me lo pasé en grande con los enanos… digo, pequeños. Vosotros diréis, y eso siempre y cuando sobreviváis a la cena…
Ellos asintieron mansamente, con caras de niños buenos. Ya habían dado bastante la nota para todo lo que quedaba de noche.
-Yo soy Molly Weas… ehhh, Prewett, Molly Prewett –se presentó la chica sentada junto a él, sonriendo-. No soy prefecta, pero os puedo acompañar también igualmente. Si os portáis bien y tenéis ganas, incluso podríamos llevaros a dar una vuelta por Hogwarts, ¿verdad, Arthur?
-¿Ves? –Sam se volvió hacia Belle, sonriendo-. Molly también tiene bastante facilidad para cambiarse el nombre sobre la marcha. No eres la única que tiene ese tipo de manías.
La susodicha pelirroja rió, llevándose una mano a la cabeza.
-Nah, es sólo que estoy practicando para cuando… ¡Ay! ¡Arthur! –se volvió con cara de enfado hacia su compañero, que parecía observar los pajaritos invisibles del techo.
-¿Qué? –respondió él a la defensiva, encogiéndose de hombros.
Belle soltó una carcajada ante la escena, pero se atragantó con la comida y montó de nuevo tal espectáculo, que todos se olvidaron del incidente de la joven pareja.
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-Oye, Arthur… no te has enfadado conmigo, ¿verdad? –preguntó Molly, entristecida.
-¡Claro que no! Es sólo que… -Weasley miró alrededor y bajó la voz-, no sé, Molly, la verdad es que todavía no me termino de acostumbrar a que lo sepa todo el mundo, a veces creo que aún nos vemos a escondidas y debemos ser discretos. Después de todos los problemas que tuvimos con lo del año pasado, de lo que menos ganas tengo es de que la gente vuelva a centrar su atención en nosotros. Es difícil… porque, a fin de cuentas, tú y yo somos bastante evidentes.
Los dos se miraron y sonrieron con complicidad.
-De verdad, creí que me quitarían el cargo de prefecto –suspiró Arthur-. Menos mal que Dumbledore lo tomó con sentido del humor, dijo que una escapadita nocturna de esas características no tenía la menor importancia, pero que fuésemos más responsables de ahora en adelante…
-¡Pues, si no tenía la menor importancia, ya podía habérselo dicho a Pringle antes de que te impusiera ese asqueroso castigo! –protestó Molly con dolor y resentimiento en la voz-. Mira que tenerte todo lo que quedaba de noche con esos malditos grilletes… A veces pienso que las marcas que te dejaron en las muñecas no se borrarán nunca –y cogió con aire cariñoso uno de los brazos de su novio, levantándole un poco la manga de la túnica para recorrer con los dedos las señales, en una leve caricia.
-Las cicatrices de las muñecas no son las peores que me quedaron –sonrió Arthur, mirándola con ternura-. Pero me da lo mismo. Además, a raíz de esto quitaron por fin los castigos físicos. No creo que le hiciera mucha gracia a Pringle, pero, cuando Dumbledore me encontró en la enfermería al día siguiente, me dijo que ya estaba harto de esas cosas… ¿Quieres saber qué fue realmente aterrador? Tener que enfrentarme después a tu hermano. Esa actitud suya de "Has mancillado el honor de mi hermanita y vas a pagarlo con tu sangre" pone los pelos de punta. Fue terrorífico.
Molly dejó escapar un murmullo de risa, sus ojos brillantes otra vez.
-Gideon puede dar bastante miedo cuando se lo propone –comentó, risueña-. Pero la verdad es que fue puro teatro, eso se le da genial. Llevaba ya varios meses fastidiándome para que hiciera una escapadita por ahí contigo y echáramos una cana al aire, me tenía harta con sus bromitas. Alégrate de que Fabian ya hubiese terminado en Hogwarts y no estuviese aquí cuando todo esto ocurrió, porque él sí que te habría echado una maldición primero y habría preguntado después. Es el síndrome del hermano mayor. Además… -su sonrisa se amplió-, pensé que, según tú, lo peor había sido lo de Bertha…
-¡Arrgg, no me lo recuerdes! –Arthur puso los ojos en blanco e imitó una voz aguda, típica de chica chismosa-. ¿A las cuatro de la madrugada, Weasley? ¿Cómo se te ocurre? ¿Qué andabas haciendo a esas horas y con quién? ¿Y sólo te pusieron ese castigo? ¿No pillaron a tu amiguita? –soltó un bufido de resignación-. ¡Maldita Bertha! Los rumores circularon para todo lo que quedaba de año…
-Bueno, ya te dije la bronca que me echó a mí la Señora Gorda –replicó Molly-. Y lo malo es que todavía me la recuerda cada vez que me ve, es peor que mi madre… Por favor, no es tan grave salir a dar un paseo por la noche, ¿no? ¡Mal pensados! Deberíamos haber colgado en la sala común un cartel que dijera: "¡Somos novios decentes!".
Arthur se echó a reír y le pasó un brazo por los hombros.
-Muy ingeniosa, Molly…
Y ella le devolvió la sonrisa.
Ambos caminaban en cabeza del grupo de primero que les había acompañado en la cena, guiándolos hacia la Torre de Gryffindor, rodeados por la pequeña masa de chicos y chicas que formaban sus demás compañeros de casa, todos inmersos en conversaciones salpicadas de bostezos y el ruido de pasos arrastrados. En realidad, los cuatro pre-Merodeadores deberían haberse acoplado al grupo de novatos gryffindors que conducía la pareja de prefectos de quinto curso, pero el joven Weasley había intercambiando unas palabras con sus colegas y se había hecho cargo de los niños, prometiéndoles una pequeña visita guiada por los lugares más significativos del castillo, siempre que no supusiera desviarse de la ruta. Los prefectos de quinto, al ver la cara un tanto psicópata de Sirius y la irritante hiperactividad de James, habían cedido la responsabilidad a su superior con mucho gusto, y ahora caminaban a unos metros de ellos, seguidos de una fila de pequeñitos con aspecto mucho más sumiso e inocente.
Tras Molly y Arthur, iban Remus y Peter, envueltos en una conversación sin relevancia sobre la cena. Y justo detrás de ellos, James y Sirius hablaban en susurros sobre algo mucho más serio, aprovechando el primer momento que tenían para estar a solas desde que subieron al tren aquella mañana.
-¿Y no te parece demasiado extraño? –murmuraba James a su mejor amigo-. Claro que hay gente que tarda un poco más de tiempo en ser seleccionada, pero lo de Peter fue exagerado. Y no he querido hacer más comentarios en la cena porque se le veía realmente mal…
-No hace falta que me lo digas –respondió Sirius, con un aire serio muy poco típico en él-. Ya viste la pinta que tenía cuando se quitó el Sombrero, salió corriendo como si la piltrafa ésa se lo fuera a comer y, al llegar a la mesa, parecía que habían venido persiguiéndole un par de dementores…
-Su actitud cuando le preguntamos fue también muy rara. El Sombrero no se corta un pelo cuando habla contigo, dudo que se callara la otra casa a la que lo quería enviar. Creo que no nos ha dicho la verdad.
-De todas formas, ¿qué le asustaba tanto? No creo que el harapo se planteara mandarlo a Slytherin, ¿no? No veo a Peter con futuro allí, es demasiado… inocentón.
-El Sombrero puede ver muchas cosas que a nosotros se nos escapan, Sirius. Cosas incluso que se le escapen al propio Peter. Quizá mencionó Slytherin y Peter se sintió tan avergonzado que no nos lo quiso contar… Lo mismo se pensaba que nos íbamos a molestar con él, o algo así.
-Si ha terminado en Gryffindor, ¿qué importa lo demás? Eso quiere decir que el Sombrero le ve con más madera para estar aquí que con las serpientes, ¿no te parece? Sinceramente, si es eso, podría habérnoslo dicho, porque tampoco es para tanto. A mí el Sombrero me ha dicho que tengo aptitudes para las cuatro casas y eso no significa que sea un bicho raro o tenga desdoblamiento de personalidad.
-No estoy tan seguro –bromeó Potter con sorna. Black le dio un ligero codazo a modo de reproche-. Pero bueno, hermano, ten en cuenta que nos conocimos esta mañana, y se necesita un poco más de tiempo para confiar en la gente –y su mirada se perdió pensando en Remus y su misteriosa enfermedad.
-Estás pensando en Remus, ¿verdad? –Sirius siempre parecía leerle la mente-. Otro que se las trae, pero lo suyo es mucho más extraño…
-¿Cómo puede bajar dos tallas en un mes? –se extrañó James-. ¡Es absurdo! Ni que lo hubiesen metido en un horno… Se comporta como si tuviera una enfermedad mortal, o algo así. Estuve observándolo esta mañana y no hacía más que quedarse medio autista todo el rato, con los ojos llenos de preocupación, como si le diese miedo relacionarse con nosotros. Luego disimulaba, claro, porque es muy simpático y se le da bien tratar con los demás. Pero el miedo seguía ahí, como si lo llevara incrustado en los ojos.
-Sí, y eso que no viste la cara que traía él también después de hablar con el Sombrero, ya te digo, parecía que acababan de darle el disgusto de su vida –Black bajó la voz todavía más-. No es como lo de Peter, Remus parecía más fastidiado que otra cosa, como si alguien acabara de arruinarle el día. Le pregunté qué le sucedía y sólo me dijo que el Sombrero había sacado un tema del que no quería hablar. ¡Me apuesto el pellejo a que era algo sobre su enfermedad, sea cuál sea!
-Pues me gustaría saber cuál es –murmuró distraídamente James, mirando al chico casi rubio que caminaba delante de él, hablando animadamente con Peter-. No sé, Remus me preocupa, parece buen tipo, me pregunto qué ha podido ocurrirle para que esté así. A veces, cuando hablaba con él, me daba la impresión de que se contenía… era como si quisiera hablar más, reír más y bromear más, pero algo le detuviera, como si otra persona tirara de él hacia dentro y no le dejara soltarse tanto como a él le gustaría…
Sirius ladeó la cabeza, alzando las cejas, divertido.
-¿Te has planteado alguna vez hacerte psicólogo, Jamie?
-Cállate, idiota, y no te burles que te estoy hablando en serio…
-Lo sé, lo sé, no te enfades –suspiró Sirius, sonriendo tristemente-. Entiendo lo que quieres decir. A mí también me cae bien Lupin, hermano, pero no podemos ir a sonsacarle información por la fuerza. Yo creo que, si de verdad nos considera sus amigos, nos lo terminará contando más tarde o más temprano…
-Eso espero…
-¿Sabes lo que realmente me preocupa a mí? –la expresión del moreno de ojos azules se amargó inmediatamente, y a James le bastó con un simple vistazo para averiguar sus tribulaciones.
-Liverlie –sentenció con firmeza.
-La han mandado a Slytherin, James –se quejó Black, con una mirada triste que su amigo raras veces veía en él-. Igual que Narcisa. No es que esperase que la enviaran a otra casa, en realidad, pero… Buf, espera a que papá se entere, tendrá ardor de estómago durante todo el mes.
-Tú no puedes hacer nada –replicó James, colocando una mano en el hombro de su amigo-. Ya conoces a tus primas. Las vi esta mañana cuando estábamos subiendo al tren y las dos nos estaban mirando con cara de odio. ¡Y ya viste la que ha montado Liverlie en el lago! No tienes por qué sentirte culpable de que su madre sea hermana de tu padre, Sirius, pero más te vale ir haciéndote a la idea de que las cosas no van a mejorar. Y si de verdad quieres seguir adelante con ese plan de ignorarla todo lo posible para que nadie sepa que sois familia, ya de plano te aconsejo que te tragues esos arranques de cólera, como el de esta noche en el lago. No sólo parecíais primos, sino hermanos odiosos.
Sirius arrugó la nariz con desagrado, pero no replicó. Permaneció un par de segundos con la mirada perdida en el corredor que atravesaban, sumido en sus pensamientos, hasta que dejó escapar un hondo suspiro.
-¿Vendrías mañana conmigo a ver a Andrómeda? –inquirió quedamente, mirando a James con ojos grandes y expectantes-. Quería haber hablado con ella después de cenar, pero no la he visto. Debe estar medio deprimida por todo esto, tengo muchas ganas de verla, aunque primero la tengo que localizar. Qué suerte tiene, a fin de cuentas ella termina este año y no va a estar aquí para ver lo que viene…
-No te preocupes –Potter le dedicó una sonrisa de apoyo moral-. Mañana iremos a buscar a Andrómeda, seguro que le alegras el día con tu visita, tú te quejas por tener unas primas como Narcisa y Liverlie, pero Andrómeda es su hermana…
-Sí, tienes razón, pobre mi querida prima… Siempre he pensado que Andrómeda debería haber sido mi hermana y no la de ese par de… arpías.
-Creo que Molly tiene un hermano mayor que también está en séptimo, podemos preguntarle qué clases comparte con Ravenclaw y así la podremos localizar.
-Buena idea, hermano.
A varios metros de distancia del cuarteto de oro, mezclada entre los otros miembros de primer curso, Belle no apartaba sus ojos azules de James y Sirius, escaneándolos con una mirada suspicaz. De vez en cuando, al oír la monótona y soporífera voz del prefecto de quinto que les hacía de guía (y que tenía un aspecto demasiado emperifollado para su gusto) se preguntaba por qué demonios no se habían acoplado a los compañeros de viaje de Lily, en vez de estar allí, durmiéndose mientras aquel sabelotodo les recitaba de memoria Historia de Hogwarts.
-Belle, ¿qué te ocurre? –le preguntó en susurros la pelirroja, que caminaba junto a ella. Sam, al otro lado de Lily, cambió su cara de aburrimiento supremo y se volvió hacia ella también.
-¿Eh? Ah, nada, sólo estaba pensando… -se volvió hacia sus amigas, frunciendo el ceño-. ¿No os da la impresión de que está pasando algo raro?
-¿Qué quieres decir?
-Pues eso –y señaló a la pareja de "hermanos" con el pulgar-. Sirius y James no han parado de cuchichear desde que salimos del Gran Comedor, aprovechando que Remus y Peter se han adelantado un poco, hablando de tonterías. Es como si hubiesen estado esperando una oportunidad para aislarse de los demás, y, por las pintas que llevan, deben estar tratando algo importante. Qué raro se me hace verlos en ese plan… ¿Alguna de vosotras ha visto a Sirius Black serio más de cinco segundos seguidos?
-Yo no –sentenció Sam, enarcando las cejas-. Al menos, no en las últimas dos horas. Aunque, claro, sólo lo conozco desde hace dos horas…
-¿Lily? Tú llevas con ellos todo el día… ¿Qué te parece?
-Bueeenooo… -Evans se llevó una mano al mentón, pensativa-. Creo que no deberías darle importancia. Que hagan lo que quieran, es mejor no meterse en sus líos. James y Sirius son viejos amigos, se conocen desde hace mucho y se tratan más como hermanos que otra cosa. Estarán hablando de algo personal y por eso van así… Claro que también es posible que estén tramando alguna de las suyas. Podría ser contra ti por haberla tomado con Sirius durante la cena…
-Eso no me consuela, sinceramente…
-… podría ser contra mí, por haberme estado metiendo con James toda la noche (cosa que TAMPOCO me consuela) o podría ser contra Snape, que es lo más probable. James dijo que quería desquitarse con él por haberse metido con nosotros esta mañana. Y créeme que son meticulosos cuando se ponen a elaborar uno de sus planes locos, se lo toman con mucha profesionalidad.
-Snape, ¿eh? –la expresión de Belle cambió a una mucho más soñadora y esperanzada-. Podrían intentar que se lo comiera el calamar gigante. Pagaría por ver a Severito chapoteando en el lago y chillando "¡Socorro!" sin parar.
Lily soltó una carcajada.
-Al menos así se lavaría el pelo…
-¿Quién es Snape? –preguntó Sam, arrugando la frente.
-¿No te fijaste en él en la Selección? –inquirió Lily, dirigiendo su mirada hacia ella.
-Bueno, me fijé en que os fijabais en él, pero ni idea de qué tiene que ver con vosotros…
-Es un indeseable de pelo grasiento y nariz ganchuda con el que los seis hemos tenido la desgracia de toparnos durante el viaje –explicó Belle, asqueada con el sólo recuerdo del tipo en cuestión.
-Atropelló a James y a Sirius en el pasillo del tren, a mí intentó echarme de mi compartimento, estuvo gritando a Remus y a Belle y amenazó a Peter con echarle una maldición para lucirse delante de unos tipos de sexto –especificó la pelirroja.
-¿Fue Snape el que organizó todo ese jaleo en el tren a media mañana por no sé qué de unas maldiciones? –Sam parecía sorprendida-. El alboroto llegó hasta el vagón en el que yo estaba, se movilizaron casi todos los prefectos del tren…
-Básicamente, fue Snape –Belle puso cara de pocos amigos-. Aunque tampoco le faltó apoyo por parte de otro par de idiotas que han ido a parar a Slytherin también. Nos arruinaron el viaje por el lago, intentaron volcar nuestro bote, Lily terminó en el agua y, para rematar, la llamaron sangre sucia.
-¿Te llamaron sangre sucia? –la sorpresa se mezcló con la indignación en los ojos de la rubia, que se agrandaron para mirar intensamente a la más bajita de las tres.
-Sí, y… James estuvo a punto de lanzarse a él y masacrarlo –comentó Belle con una sonrisita y aire casual.
-¿Qué estás insinuando? –gruñó Lily.
-¿Yo? Nada…
-¿Pero cómo sabían que eres hija de muggles? –intervino Sam, impaciente, antes de que se internaran en un tema escabroso y empezaran a discutir.
-Bueno… -suspiró Lily, alzando los ojos al techo-. Creo que, entre las muchas cosas que le grité a Snape mientras intentaba echarlo del compartimento, solté una frase del estilo de: "¡Acabo de descubrir que soy bruja, vengo de una familia normal, no sé nada de este mundo y lo primero que me encuentro es al rey de los cretinos, FUERA DE MI VISTA!".
-Jo, ojalá lo hubiese visto… -se emocionó Belle, con ojos brillantes.
-De todas formas, no permitas que nadie te llame sangre sucia –siguió Sam, adquiriendo una expresión dura-. Es el peor insulto que pueden echarle a un mago o a una bruja.
-Cierto, Lily, yo en tu lugar le partiría la cara a ese tipo como vuelva a decirte algo así –la morena estrelló el puño derecho contra la mano izquierda, en un gesto amenazante.
-Bueno, quizá partirle la cara sea algo excesivo… -empezó Flathery, y, al ver las expresiones escépticas que le dedicaron las otras dos, esbozó una maliciosa sonrisa-, yo me conformaría con echarle un veneno mortal en el zumo, así no te ensucias las manos.
Las tres chicas se echaron a reír.
-¡Eh, Sam!
La aludida alzó la mirada y sonrió al ver acercarse a una muchacha de aspecto vivaracho, con el pelo castaño corto por encima de los hombros. Venía acompañada de otra niña con el cabello largo y negro, peinado en dos trenzas.
-¡Hola, Iris! –exclamó la rubia, contenta, cuando las dos chicas se reunieron con ellas-. ¿Qué tal la Selección y la cena?
-Buff, todo genial, creo que voy a reventar de todo lo que me he zampado, pero en mi vida había visto tanta comida… ¡Hogwarts es impresionante!
-Y que lo digas… Éstas son Lily Evans y Belle Figg –las dos susodichas alzaron la mano a modo de saludo-. Chicas, ésta es Iris O'Brian, mi compañera de viaje.
-Encantada –sonrió Iris. Tenía claros síntomas de hiperactividad-. Ésta es Hannah MacRae, nos hemos sentado juntas en la cena.
-Nos conocemos –Belle intercambió una sonrisa con su homóloga morena-. Nosotras también hemos sido compañeras de viaje.
-Hay cuatro chicas más –informó Iris, señalando con el pulgar hacia la cabecera del grupo de primero-, pero se han quedado a escuchar a ese pico de oro que nos está soltando el rollo del siglo. He tenido que largarme porque estaba a punto de darme un colapso con tanto bla, bla, bla…
-Y yo ya estaba hasta las narices de compartir el mismo aire que Sue Randall –añadió Hannah, haciendo una mueca-. Hacía tiempo que no conocía a una chica tan inaguantable… Y Janet Horner tampoco se salva.
-Por eso se han hecho amigas y van juntitas a todas partes sin separarse mucho, no sea que se infecten al mezclarse con la plebe –Iris puso los ojos en blanco-. Pero Sarah e Irene son bastante simpáticas, si os venís os las presento.
-¿Ya conoces a todo el mundo? –Sam parecía divertida ante la cháchara ininterrumpida de su compañera.
-¡Sam, me subestimas! –Iris hizo crujir sus nudillos con gesto experto y una sonrisa traviesa-. Dame cinco minutos y te presento a quién quieras de nuestra casa –se llevó una mano al pecho con aire solemne, imitando una voz pomposa-. Mi madre dice que tengo don de gentes.
Las cinco niñas rieron animadamente. Pero una risa mucho más sádica y escalofriante se impuso a las suyas, asustándolas. La masa de gryffindors se paralizó en mitad del corredor y levantó la vista para ver cómo, por encima de ellos, flotaba la figura de un personaje bastante inquietante. Era un hombrecillo pequeño, como un duende, con ojos oscuros y perversos que taladraban a la multitud de alumnos, centrándose especialmente en los de primer año, con su boca ancha contorsionada en una escalofriante sonrisa. Llevaba las manos a la espalda, como si escondiera algo, y aquello no les dio buena espina a ninguno de los presentes.
-¡Qué alucine! –exclamó Iris, con los ojos muy redondos-. ¿Qué es esa cosa?
-Es Peeves, el poltergeist del colegio.
Las niñas se giraron al ver que sus cuatro compañeros de cena acababan de aparecer junto a ellas, con James en cabeza, siguiendo a Arthur Weasley, que se había adelantado apresuradamente con el ceño fruncido para hacerse cargo de la situación. James, que era quién había hablado, miró a las niñas seriamente.
-No os asustéis, no es peligroso, pero es mejor que no lo perdáis de vista.
-¿Asustarme? –Iris se veía emocionada, sentimiento que no parecían compartir las otras cuatro chicas-. ¡Es una pasada! Si me hubiese traído la cámara de fotos…
-¿Cómo sabes todo eso? –preguntó en voz baja Lily, sin apartar su desconfiada mirada del individuo suspendido en el aire.
-Porque Arthur nos lo acaba de explicar –contestó Sirius por su amigo, divertido ante la escena.
-¡Peeves! –rezongó Weasley, alzando la voz y con aire cansado-. ¡Déjanos la noche en paz, te lo advierto! Supongo que no querrás que te pase lo mismo que el año pasado, ¿verdad?
-¿Qué ocurrió el año pasado? –Belle se arrimó a Remus, con la inquietud reflejada en la cara.
-Peeves hechizó el corredor de las armaduras para que éstas atacaran a los de primero –explicó Lupin-. Pero Arthur rompió el hechizo mientras la otra prefecta de su curso iba a buscar al Barón Sanguinario, el fantasma de Slytherin, y cuando éste llegó se armó una buena. Nadie volvió a ver a Peeves en todo el mes y aún es un misterio lo que ocurrió con él.
Peeves zarandeó la cabeza, como fingiendo pesadumbre e indecisión.
-Ahhh, novatos, novatos… -sonrió maliciosamente, con su cara ancha radiante de instinto psicópata-. No es igual la llegada a Hogwarts sin novatada… ¡Este año traigo artillería pesada, Weasley!
Y, sacando las manos de detrás de la espalda, lanzó sobre la multitud una cantidad ingente de enormes canicas, como si fueran surgiendo por arte de magia de las palmas de sus pequeñas manos, a modo de proyectiles de cañón. Todo el mundo empezó a gritar con fuerza, cubriéndose la cara con manos y brazos, y los que intentaban huir resbalaban con las canicas que ya cubrían el suelo y caían estrepitosamente.
-¡Maldita sea, Peeves! –gritaba Arthur a pleno pulmón, tapándose la cara con ambos brazos, mientras intentaba sacar la varita de la túnica y Molly chillaba, parapetándose tras él.
-¡JAJAJAJA! –reía el poltergeist, totalmente descontrolado, sin dejar de bombardear a los pobres estudiantes-. ¡Si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo!
-¡Qué alguien llame al Barón Sanguinario! –volvió a chillar el pelirrojo, que ya cedía bajo el ataque y estaba a punto de desplomarse sobre el suelo.
-¡PEEVES! –rugió una voz, acercándose.
Lily pudo levantar la vista lo justo para ver aproximarse a la profesora McGonagall (según había dicho Arthur, ella era la jefa de Gryffindor) junto con un hombre alto y enjuto. Pero no pudo ver nada más, porque el bombardeo continuaba.
-¡Peeves, ya basta! –chilló McGonagall, llegando al campo de batalla.
El susodicho se volvió hacia ella con la intención de bombardearla también, pero entonces ocurrió algo que hizo gritar a la mayoría de los alumnos. Fue como si un rayo de azul eléctrico estallara en el pasillo, rociando de chispas las cabezas de los chicos y chicas que miraban atónitos la escena. Peeves se marchó dando botes y gritando todo tipo de insultos y groserías con aire furioso. El hombre que había llegado con McGonagall bajó su varita lentamente y siguió la trayectoria de Peeves con el ceño fruncido.
-Te lo dije, Minerva –masculló-. Sólo así podemos tratar con ese tipo, ¡el día que Dumbledore lo eche de aquí, será fiesta nacional!
-Sí, muy bien, pero hasta entonces no tenemos más que soportarlo, así que ten cuidado con lo que haces –replicó la profesora algo molesta, sacudiéndose las chispas de la túnica.
Los alumnos, aún conmocionados, empezaron a levantarse poco a poco, agarrándose unos a otros para no resbalar.
-Wuuaaa… demasiadas emociones para un sólo día –gimió Belle, sujetándose con una mano la cabeza y agarrándose con la otra a Sirius para levantarse-. ¿Qué ha sido eso?
-Ni idea –gruñó Black, con cara de fastidio-. Por si fuera poco con lo del tren y lo del lago, ahora los chichones y, de remate, a chamuscarnos… Bonita bienvenida, ¿eh, Belle?
Cerca de ellos, James y Sam ayudaban a incorporarse a Evans, que seguía algo atontada por los golpes que había recibido en la cabeza.
-¿Estás bien, Lily? –preguntó Sam, preocupada.
-Creo que no –sentenció James, viendo la cara noqueada de la pelirroja y sus ojos en espiral. Levantó la vista hacia el hombre que había provocado la huída de Peeves y frunció el entrecejo-. ¿Quién es ese tipo?
El susodicho estaba ayudando a los alumnos que tenía más cerca, al igual que McGonagall. Era un palmo más alto que la mujer, y muy delgaducho. Tenía el pelo corto y espeso de un blanco plateado brillante, todo alborotado, como los típicos científicos locos, que parecen entretenerse metiendo los dedos en los enchufes. Su rostro era afilado y estrecho, de piel pálida y facciones muy marcadas, y con una seriedad que le daba aspecto de estar esculpido en piedra. No parecía capaz de sonreír o mostrar siquiera algún tipo de emoción, pero James notó que toda la expresividad de su persona se concentraba en sus ojos, de un azul tan cristalino que parecían transparentes y con una intensidad tan impactante que daba miedo mirarlo directamente a ellos. Fue entonces, al mirarlo más detenidamente, cuando se dio cuenta de que no debía tener mucho más de 40 años, y que el color de su cabello nada tenía que ver con la edad. Era un albino puro.
-Es el profesor de Pociones –contestó Arthur, que trataba de sujetar a Molly y a Remus a la vez, ya que Peter aún estaba intentando levantarse-. El profesor Fletcher, Mundungus Fletcher.
-Pues podría relajarse un poco –gruñó Sirius con aire molesto, sacudiéndose el lacio pelo negro. Luego añadió, con tono remilgado-. Casi me chamusca mi hermosa cabellera…
Belle rió, pero se tambaleó sobre las canicas y tuvo que volver a callarse, agarrándose a Sirius aún más fuerte.
-Muchachos, ¿estáis todos bien? –preguntó el profesor Fletcher, acercándose.
James lo miró. Según caminaba el hombre hacia ellos, las canicas se apartaban, dejándole el paso libre. Parecía tener un campo de fuerza invisible que las alejaba de él, del mismo modo que se repelen los polos iguales de un imán. Iris, que estaba aferrada a Molly mientras tiraba de Hannah para levantarla, dejó escapar un leve silbido y murmuró algo así como "Qué pasada de tío". Potter se preguntó si la castaña sería de ese tipo de personas que disfrutan las vistas del paisaje durante una caída libre sin paracaídas desde lo alto de la Torre de Astronomía.
-Sí, estamos bien… más o menos –jadeó Peter, que ya se había puesto en pie y casi le cortaba a Remus la circulación del brazo con su exagerado agarre.
Pettigrew se tambaleó, lo que provocó que Remus, Arthur, Molly e Iris, que estaban en cadena, perdieran el equilibrio. Hannah terminó de espaldas contra el suelo otra vez.
-¿Y qué le ocurre a vuestra amiga? –volvió a cuestionar el hombre, dirigiéndose a James y Sam. Ellos aún sujetaban a Lily, que no terminaba de recuperarse.
-Sigue un poco aturdida… -murmuró la rubia.
-Ahhh, comprendo…
El profesor Fletcher hizo una floritura con la varita y apareció un vaso de agua flotando en el aire. Lo cogió y, ante las caras atónitas de los niños, lo vació con brusquedad en el rostro de la pelirroja. Ella dio un brinco y despertó de golpe.
-¿Qué… qué? –balbuceó, mirando a todas partes.
-¿Se encuentra bien, señorita? –inquirió de nuevo el profesor. Se percibía cierto aire divertido en su voz, pero su expresión seguía completamente seria. Con un gesto, hizo desaparecer el vaso.
Lily enredó las manos en su pelo rojo y comenzó a gimotear.
-Me duele mucho la cabeza…
-No me extraña, ese maldito Peeves… Todos ustedes tendrán que meter la cabeza en un cubo de agua helada, si no quieren tenerla mañana como una coliflor… -levantó la varita a todo lo que le permitía la extensión de su brazo y gritó-: ¡Accio!
En ese instante, todas las canicas salieron disparadas por el aire, entre algún que otro grito femenino, y se reunieron en una enorme bola multicolor que flotaba sobre la cabeza del profesor Fletcher, que hizo otro gesto de varita y la esfera desapareció con un leve "¡plop!". Luego se dirigió a los gryffindors allí presentes y exclamó:
-¡Escuchad! La mayoría de vosotros ya tenéis la desgracia de conocer a Peeves, pero a los nuevos quiero advertiros que no os acerquéis a él a menos de medio kilómetro de distancia. Es un ser realmente detestable y no tiene nada mejor que hacer que fastidiar a todo el mundo. Y si os encontráis con él, para desgracia vuestra, ¡os doy permiso para que le echéis una maldición! A ver si así nos lo quitamos de encima…
-¡Fletcher! –exclamó la profesora McGonagall en tono de reproche, escandalizada-. Aquí nadie va a echarle una maldición a nadie, ¿entendido? ¡Niños, vayan de una vez hacia la Torre y acuéstense! Mañana empiezan las clases y no deben llegar tarde.
Y, agarrando al profesor de un brazo, lo sacó a rastras de allí, regañándolo en voz baja como si fuese un joven alocado.
-Pero bueno, Mundungus, ¿qué crees que haces? –gruñía ella, mientras se alejaban por el pasillo-. Te agradecería que no le inculcaras valores psicópatas a los chicos de mi casa, tú haz lo que quieras con los de Slytherin…
-¡Minerva, piensa en lo feliz que sería la vida en Hogwarts sin esa cosa flotando por ahí día y noche!
-¡Esa no es la cuestión…!
Los dos adultos desaparecieron tras una esquina y la mayoría de los alumnos se quedaron con la boca abierta.
-Vaya… -silbó Sirius, impresionado-. ¿Cómo es ese hombre dando clase, Arthur?
-Un poco loco, pero es uno de los mejores de todo el colegio.
Desaparecidas las canicas y sin peligro de caer al suelo, la cadena humana se deshizo lentamente. Los prefectos de quinto empezaron a llamar a voces a los de primero y asumieron de nuevo el control de la pequeña masa de novatos. Sin embargo, James y los demás se quedaron con Arthur y Molly, y las cinco chicas se les unieron por inercia.
-Venga, vámonos –murmuró Weasley, paseando sus ojos castaños por el grupo de niños que le acompañaba y subiéndose las gafas-. Estáis todos bien de verdad, ¿no?
Ellos asintieron y se unieron a la gente que ya volvía a movilizarse, cada vez más agotada, gruñendo y protestando.
-Madre mía, qué cansancio… -bostezó James, estirándose perezosamente-. Ha sido un día demasiado movidito…
Lily, que caminaba a su lado, le dio un codazo en las costillas.
-¿Y tú te quejas? –le gruñó, escurriéndose la melena rojiza-. ¡Tú no has tenido una noche pasada por agua, Potter!
Pero, antes de que empezaran a discutir, los otros se encargaron de separarlos rápidamente. Ya habían tenido bastante por un día.
--Fin del capítulo 2--
Preguntas que pronto encontrarán respuesta…
¿Quiénes son los miembros del antiguo grupo y qué les une? ¿Por qué el Ministerio exilió a Jonathan Flathery y por qué le siguen vigilando después de tantos años? ¿Qué es eso que nadie quiere contarle a los niños? ¿Y qué se trae entre manos nuestro querido director? Quizá se hagan una idea de cuál es el plan de Dumbledore… ¿Quiénes son en realidad los Flathery? (antaño usé a esta familia para explicar algunos de los rumores confirmado sobre HP5 que ya no necesitan explicación, pero se metieron tanto en la historia, al igual que todos mis personajes secundarios, que no podía prescindir de ellos, je) ¿Qué les ha parecido esta versión de Mundungus Fletcher? Sé que es muy diferente a la JK, pero es uno de mis personajes principales y no podía cambiarlo, ojalá no les resulte muy raro. Y, ahora sí… ¿Por qué James odia que le llamen Jamie? ¿Qué le ocurrió a Grace Potter? ¿Podrá Sirius sobrevivir a la odiosa de su prima? ¿Qué pasará con Snape y los slytherins? En fin, ya saben, si he conseguido picarles, sigan leyendo. Todo y más (o menos xD) en el próximo capítulo: "Secretos profesionales y el profesor de Pociones" (¿Quién es Mundungus Fletcher?)
Próximamente… en esta mierda de web! xD
N/A: Ohayo n.n ¿Qué les ha parecido este segundo cap? Tiene muchas variaciones con respecto al antiguo, pero espero sinceramente que haya sido para mejor. Si les digo la verdad, estuve muy indecisa sobre si incluir la escena del Caldero Chorreante o no, pero al final decidí dejarla. Siempre he lamentado mucho no poder darle más juego a los padres de los chicos y tengo pensado hacerlo ahora, ya me dirán qué les parece la idea. A los veteranos de R, esa escena no creo que les haya suscitado intriga alguna, porque conocen ya toda la trama. Pero si hay algún lector novato por aquí, sólo decirle que no se coma mucho la cabeza con los datos y los nombres que vayan apareciendo. Son pistas importantes, pero todo se irá solucionando a su debido tiempo y no merece la pena que se empiecen a hacer bolas con la información. Disfruten de los niños en estos primeros caps, que son sobre todo cómicos (o al menos pretenden serlo, jeje) y dejen a los mayores pulular por alguna que otra escena sin prestarles mayor atención.
Otra cosa que les quiero comentar es el asunto de Liverlie Connor. Como todos deben saber ya, ella es Bellatrix Black, pero les recuerdo que empecé a escribir R mucho antes de la publicación de la OdF y, a parte de que no tenía ni idea de que era familia de Sirius, me tuve que inventar su nombre. Lo del parentesco lo he corregido en este remake, pero el nombre lo he conservado, porque cuando leí HP5 se me ocurrió una buena forma de adaptarme a él sin tener que cambiar mucho R y la quería mantener. Andrómeda, Narcisa y Liverlie son primas de Sirius por parte de madre (su madre es hermana de Izzy) lo que soluciona el tema del apellido. Y, como una característica de este fic es que todos los mortífagos son rebautizados con un apodo cuando se unen a Voldemort, Liverlie perderá su nombre cuando se haga mortífaga y pasará a llamarse Bellatrix, que, como seguramente ya sabrán, en latín significa "mujer guerrera". Se supone que ese apodo sólo se utiliza entre los mortífagos, pero ya saben lo extremista que es esta mujer, así que es muy probable que adquiera definitivamente ese nombre y se olvide para siempre del suyo de nacimiento. La familia Black de R tiene poco que ver con la de JK, pero también es un mundo bastante tortuoso que se irá descubriendo a lo largo del fic. Si les interesa, cuando tenga listo el blog, subiré allí alguna información sobre las familias de los chicos, porque cada una tiene su punto. Me encanta romperme la cabeza desvariando sobre ellos, juajuajua n.n
Hablando de los Black, tengo una duda que consultar con ustedes. Llevo meses planteándome la inclusión de Regulus en este fic, pero no me termino de decidir… ¿qué les parece? Por supuesto, no sería el hermano menor de Sirius (él es y seguirá siendo hijo único) pero podría ser otro de los primos (Izzy tiene dos hermanos más a parte de Delia, que es la madre de las Connor) Me vendría bien tener un personaje como Regulus en R, no sé por qué me ha caído bien ese individuo, pero quizá ya sea rizar demasiado el rizo. Espero sus opiniones, porque con este asunto sí que haré lo que les parezca mejor.
¿Qué más? Seguro que se me olvida decirles algo, pero no caigo… Estoy haciendo esto a toda velocidad porque esta misma tarde me voy de viaje y estoy todo el fin de semana fuera. No quería retrasar la actualización hasta el lunes, así que hoy me he saltado las clases de la universidad para rematar este cap y ahora me siento bastante culpable (sin contar el hecho de que, como se entere mi madre, me corta la cabeza…) Quería haber repasado el cap entero una última vez, pero ya no me da tiempo, así que lo volveré a subir la semana que viene si encuentro algún error garrafal cuando vuelva.
Espero ansiosa sus comentarios. ¿Les han gustado los cambios? Las demás chicas de primero de gryffindor no van a tomar mucha relevancia, a pesar de su aparición en la última escena del cap, el grupo seguirá compuesto por Lily, Sam y Belle, pero me paré a pensar antes de empezar esta revisión de R y me di cuenta de que, con esas edades, las chicas buscan más estar con otras chicas. Este trío seguirá siendo amigo de los Merodeadores, pero les quiero separar un poco y relacionar a las chicas un poco más con sus otras compañeras de curso, que, además, antes ni siquiera mencionaba. Es otro de los aspectos que no me gustaba de la versión anterior, los siete protagonistas estaban suspendidos en el espacio-tiempo como si no existiese nadie más en Hogwarts a parte de ellos. Quiero corregir ese detalle, meter más nombres y más personas, aunque no sean importantes para la historia, pero al menos hacen bulto, ¿no?
¿Qué les parece si me paso por el forro la nueva norma de contestar r/r? xD Mmmm, estoy indecisa, me muero de ganas por contestarles, pero tampoco quiero tentar mucho a la suerte. Sea como sea, no puedo dejar de darles las gracias… ¡23 R/R EN UN SOLO CAPÍTULO, EL DOBLE DE LOS QUE RECIBÍ EN LA EDICIÓN ANTERIOR! Me vuelvo loca de alegría, ¡gracias, gracias, GRACIAS!
