N/A: Hola, hola a todos n.n ¡Sí, sigo viva! Siento haber retrasado una semana la actualización, pero el finde pasado fue para celebrar y me tomé unas pequeñas vacaciones, sin contar que he tenido bastante trabajo encima, juju… Pero, de todas formas, dudo que me hayan echado de menos, ¿eh? xD ¡Por fin estrenaron el Cáliz de Fuego! Buenísima, buenísima… pero ya les comentaré en las notas finales, que hoy son especialmente kilométricas, porque les hablo un poco de algunos personajes de R y… bueno, si les aburren esos trozos se los saltan y ya xD
No me enrollo más. Este cap va dedicado a todos los amantes del quidditch y de James y Lily, jujuju… Espero que disfruten los retoques. ¡Ya me contarán! Y nos vemos abajo ;)
ADVERTENCIA: esto es un AU ambientado en la época de los Merodeadores, Respuestas tiene ya casi cuatro años, empecé a escribirlo antes de la publicación de la Orden del Fénix y en su mayor parte está basado en los rumores que corrían en aquella época sobre el libro 5º. En consecuencia, pocas cosas te vas a encontrar aquí que tengan que ver con la línea argumental que ha seguido JK Rowling en los últimos dos libros. Ni Mundungus Fletcher ni Arabella Figg son como nos los ha pintado JK, y bueno… resumiendo, no te fíes, porque si eres nuevo en R no sabes con lo que te puedes encontrar, jeje… Recuerdo también el formato del fic: cada capítulo es la respuesta a una pregunta referente al pasado de los Potter, de ésas que circulaban por los foros cuando la OdF aún no había salido. No me importa que algunas de esas preguntas hayan sido ya contestadas, repito que esto es un AU, especial para quienes busquen alternativas. Y a los que ya me conocen, sólo decirles:
¡A leer!
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Aprovecho para recordar que, para todo lo relacionado con Santuario, tomé datos de uno de mis videojuegos favoritos, "Diablo II: Lord of Destruction", mezclándolos con mis teorías sobre el universo HP. Quiero aclarar que ninguna referencia a ese juego, ni todos los datos que tomé de las obras de Rowling, me pertenecen… Es por si alguien decide demandarme, que sepan que no tengo un céntimo, hago esto por puro entretenimiento…
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RESPUESTAS
5ª pregunta: ¿Cómo estalló la guerra entre las dos grandes casas de Hogwarts?
"Slytherin vs. Gryffindor: La guerra de las casas (II)"
El sol apenas había salido, y en la lechucería hacía un frío tan intenso, que Sam se preguntó si las lechuzas tendrían ese aspecto por estar dormidas o por estar congeladas.
-Y yo me pregunto –bostezó Sirius Black perezosamente-, ¿no podríamos haber venido después de desayunar, cuando esto no pareciera una cámara frigorífica?
-No digas tonterías, Sirius, estamos en invierno, tiene que hacer frío por narices –replicó la rubia con una sonrisa, mientras sellaba un grueso sobre de pergamino con unas gotas de cera líquida salidas de la punta de su varita-. Además, será un viaje largo, cuanto antes la enviemos, mejor…
Sirius se acercó con aire somnoliento a una lechuza parda que dormitaba en una de las barras inferiores de la lechucería y la acarició suavemente.
-Despierta, Ween, cariño… -murmuró con otro bostezo-. Tenemos una carta para ti…
La lechuza abrió uno de sus grandes ojos ambarinos y, al ver a Sirius, ululó levemente, como bostezando ella también. Aleteó con fuerza, desperezándose, y despertó sin querer a las lechuzas que estaban junto a ella, que emitieron chillidos de irritación y salieron volando hacia las barras superiores.
-No les hagas caso, amor mío, eres una incomprendida –la animó Sirius, haciéndole cariñitos, al ver que Ween ponía cara de culpabilidad-. Son todas unas amargadas. Aquí la más trabajadora, la más responsable y fiable, siempre serás tú, mi querida…
La lechuza ululó agradecida y le dio un picotazo cariñoso a Sirius en el dedo. El muchacho le tendió un brazo y Ween se aferró a él con un leve batir de alas, pero Sirius no acercó la lechuza a Sam, que esperaba con la carta en la mano, sino que se quedó ensimismado hablando con ella.
-¿Quién es la más guapa del universo, eh? –le decía Black con entusiasmo a su lechuza parda, que empezaba a hincharse de orgullo-. ¿Quién es la más adorable? ¡Ay, pero qué maravilla de lechuza tengo, por Merlín! –y empezó a rascarla cariñosamente, mientras Ween ululaba feliz.
Sam resopló y puso los ojos en blanco, hundiéndose de hombros.
-Sirius… ¿Hola, Sirius? –agitó los brazos, pero él seguía extasiado con su lechuza-. ¡Sirius! Date prisa, hombre, que nos van a dar las uvas…
Ween se encaramó con un sonoro alteo al hombro de su amo, que se acercó a su amiga lentamente y con cara de preocupación.
-Oye, Sam… ¿Esto es completamente imprescindible?
-¿Por qué pones esa cara? Ni que fuese a enviarla a la guerra… -hizo ademán de atarle la carta a Ween, pero Sirius se apartó, impidiéndoselo-. ¡Sirius! ¿Se puede saber qué haces?
-No enviaré a mi querida a una misión que sea peligrosa, Sam, y lo sabes –replicó Black con tono solemne, irguiéndose.
Ella resopló.
-Lo dices como si al llegar a Santuario la fuesen a bombardear o algo así. No somos unos salvajes, ¿sabes?
-Pero… ¿y si la confunden con otra cosa? ¿Y si la atacan? –empezó a retroceder, como si la rubia quisiera enviar a su querida a la muerte.
-No seas idiota, ¿con qué van a confundir a una lechuza? ¿Con un búho? Vamos, ven aquí.
-¿Seguro que no hay otra opción? –preguntó él, aún receloso.
-Mira, Sirius –suspiró Sam, perdiendo la paciencia-, llevo días intentando averiguar cómo hacer la Poción Multijugos permanente, pero no he encontrado nada. Tengo una ligera idea de cómo hacerlo, pero no puedo arriesgarme sin preguntar antes a mi familia. Detesto al pelo grasiento, pero tampoco lo quiero matar. Mi tío es druida y sabe muchísimo sobre pociones, así que trae aquí a Ween, ¡ahora! –Black no se movió-. Sirius… te juro que no le ocurrirá nada, en Santuario también nos comunicamos vía lechuza, sobre todo en los Reinos del Oeste, en Kehjistan utilizamos más los quetzales, que son los pájaros típicos de allí, pero para el caso es lo mismo… Así que, ¿me dejas enviar la carta, por favor?
Sirius pareció convencido por fin y se acercó a Sam a regañadientes. Pero, antes de que la niña pudiera atar la carta de una vez, comenzó a hablar con Ween de nuevo.
-Amor mío, te espera un viaje largo y difícil –le murmuró, acariciándola, mientras Ween lo escuchaba con suma atención-. Tía Sam tiene una carta para ti, tendrás que llevarla hasta Santuario, ¿podrás? –ella ululó de forma afirmativa-. Muy bien, confío en ti, Ween… Pero ten mucho cuidado, ¿de acuerdo? ¿Le harás caso a papá Sirius, eh?
-Por supuesto que te hará caso –sonrió Sam-, Ween es la mejor lechuza que he visto. Vamos, ven aquí, que le ato la carta…
Pero Sirius volvió a mirarla receloso.
-¿Estás segura… completamente segura… de que no hay otra opción? –Sam empezó a resoplar por enésima vez, y él se apresuró a añadir-: Es que… digo yo que, si nos arriesgamos con el pelo grasiento, tampoco pasa nada, ¿no? No creo que nadie lo eche de menos si la palma, ¿no crees?
Sam le dedicó un mohín, enarcando una ceja.
-¿Prefieres arriesgar la vida de una persona antes que la de un pájaro, que además no corre peligro alguno?
Sirius se irguió, ofendido.
-Pues mira, Flathery, si tengo que elegir entre Snape y mi querida Ween, me quedo con Ween mil veces, no sé si me entiendes…
-No lo digo por eso, ¿crees que a mí me importa la vida de ese imbécil? –exclamó la rubia, repentinamente exaltada-. ¡Pero, como nos lo carguemos, nos expulsan y nos meten en la cárcel, atontado! Además, necesitamos ingredientes que no podemos conseguir por las buenas. ¡Piel de serpiente arbórea africana! ¡Polvo de cuerno de bicornio! ¿De dónde pretendes que saquemos eso? Yo no pienso forzar los armarios privados del profesor Fletcher, eso tenlo por seguro…
-No, ni yo tampoco –coincidió Sirius atropelladamente, con una expresión que indicaba que antes prefería suicidarse a meterse en algún lío con dicho profesor.
-Pues entonces. La piel de serpiente arbórea africana está en casa de mi tío como está la sal en casa de los muggles, y el polvo de cuerno de bicornio lo usa hasta en la ensalada, ¡así que trae a Ween ya!
Black se resignó definitivamente y permitió que Sam le atara la carta a Ween, mientras sonreía satisfecha. La lechuza volvió a ulular, orgullosa de que le confiaran una misión tan aparentemente conflictiva.
-Toma, Ween –le dijo Sirius, sacando unos trozos de bacon del bolsillo y dándoselos a su lechuza con cara de preocupación-. Necesitarás fuerzas para el viaje… Y ten muchísimo cuidado, ¿me oyes?
Ween se comió el bacon agradecida y emitió un extraño gorjeo, como para decirle que no se preocupara, dándole un picotazo cariñoso en la oreja.
-Eres la mejor, amor mío –suspiró Sirius emocionado, con ojos brillantes-. La mejor, ¿me oyes? Como te ocurra algo me muero, eres mi vida, te quiero, mi nena… -y le dio un beso en el pico, un beso al que Ween respondió como si aquello fuese lo más normal del mundo.
Sam tuvo que aguantarse la risa. Resultaba un tanto irónico ver a Sirius perdidamente enamorado de su lechuza cuando, un año antes, a los pocos meses de haberla comprado, no se atrevía a encomendarle ninguna misión, ya que no se fiaba de ella en absoluto. Desde luego, pensó Flathery, el intercambio de correo que habían mantenido los siete amigos a lo largo del verano anterior (del que Ween se hizo completamente responsable) había contribuido a la mejora de la opinión de Black hacia su lechuza. "Madre mía, espero que Sirius nunca se entere de que Ween me ha estado llevando sus cartas a Santuario durante todo el verano, mientras estábamos de vacaciones allí…", se dijo Sam, intentando ocultar una sonrisa con la mano.
-Sirius, por favor, que es una lechuza… -comentó, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no reírse, al ver que el niño volvía a besar al animal-. Además, no necesitas hacerle la pelota, Ween llevará la carta hasta Santuario sin problemas, ya lo verás.
-No le estoy haciendo la pelota –renegó él, ofendido-. Es que no la voy a ver en mucho tiempo y quiero despedirme… ¿verdad, amor mío? –miró a Ween con ojos empañados-. Espero que todo te vaya bien, ten cuidado y vuelve lo antes posible, ¿vale? –ella ululó-. De acuerdo, te estaré esperando… ¡y te echaré de menos!
"Por Zakarum, pero qué dramático –pensó Sam, haciendo como que se secaba una lágrima-. Esta despedida es tan emotiva que creo que voy a llorar…". Sirius se acercó a una de las altas ventanas sin cristales de la lechucería y, con una última caricia, echó a Ween al frío amanecer del día de Navidad. Se quedó unos segundos viendo cómo se alejaba el amor de su vida y después, con un profundo suspiro, se volvió hacia Sam.
-Bueno… ya está hecho, ¿no?
Ella se le acercó con una sonrisa y le pasó un bazo por la cintura, como para animarlo, dándole unas palmaditas en la espalda.
-Vamos, vamos, Sirius, no te preocupes, volverá…
-Sí… -suspiró él, y una amplia sonrisa iluminó su rostro-, la verdad es que siempre vuelve, la muy desgraciada, jajajaja…
Sam le dio un empujón.
-¡Pero bueno! –regañó-. Después de todo lo que le has dicho a la pobre Ween… ¿Crees que es justo darle falsas esperanzas a esa lechuza? ¡Ella se desvive por ti!
-Sam… ¿Qué me estás contando? Yo adoro a mi querida, ¿te enteras? ¡Y me enfrentaré a cualquiera que lo ponga en duda! Lo que pasa es que aquí hace un frío de mil demonios y ya no sé ni lo que digo –compuso de nuevo una expresión preocupada, y Sam sabía que era sincero. Sirius quería mucho a Ween.
-Venga, no te preocupes más –sonrió su amiga, abrazándolo de nuevo-. Vamos a abrir los regalos, ¿te parece?
-¡Sí! –exclamó Black, entusiasmado-. Había regalos por todas partes, y por tu culpa no pude abrirlos antes –añadió, dirigiendo una significativa mirada de reproche a la niña-. Espero que James y Peter no se hayan comido las galletas de mi madre, Sam, porque, como sea así, tendré que matarte.
Ella se echó a reír y juntos salieron de la lechucería. El sol apenas se había separado ya de la línea del horizonte, y su tibia luz invernal empezaba a penetrar por los corredores. Todo Hogwarts estaba sumido en un silencio sepulcral, la resaca del baile de Navidad (aunque más bien era "el baile de Nochebuena", ya que se había celebrado la noche anterior) había provocado tal sopor en el castillo que los chicos estaban seguros de que el lugar no volvería a la vida hasta bien entrada la mañana. Los pocos madrugadores eran los alumnos de primero a quinto que se habían quedado a pasar las vacaciones, ya que ellos no pudieron asistir a la fiesta. Incluso los profesores parecían estar reposando aún la celebración, que terminó en la madrugada.
Como el ruido de la música se oía en todo el castillo y los más jóvenes no podían dormir en condiciones, se abalanzaron sobre los mayores en cuanto la fiesta terminó para interrogarlos sobre la misma. Los futuros Merodeadores pudieron hablar con Arthur y Molly, que parecieron llegar algo más alegres de la cuenta. No estaba claro si se habían emborrachado o no, pero lo cierto es que no hacían más que reírse de forma estúpida y se dirigían miradas tan intensas que los chicos, dándose cuenta de que sobraban, aceleraron el interrogatorio y se esfumaron como el humo. La pareja de pelirrojos no tenía palabras para describir lo alucinante que había resultado el banquete, la música y el hecho de ver a los profesores bailando. Arthur aseguró que el profesor Fletcher se pasó casi toda la noche bailando con la profesora McGonagall, y Molly no pudo aguantar las carcajadas cuando les contó cómo Dumbledore y la profesora Crockford fueron los únicos profesores que se atrevieron a bailar una polca escocesa bastante más movida de lo recomendado.
La verdad es que todos lo pasaron muy bien, las risas y los comentarios no cesaron hasta las dos o las tres de la madrugada, y aquella fiesta terminó entusiasmando a todas las chicas y a la mayoría de los chicos, aunque sólo fuese por la juerga que suponía. Sin embargo, nuestro grupo de amigos hubiese disfrutado aún más del jaleo que siguió a la fiesta si no hubiese faltado uno de sus integrantes. Sirius se había pasado todo el día 24 intentando convencer a Remus de que postergase la visita a su madre un día más, pero Lupin dijo que no era algo que se pudiese cambiar a placer y terminó enfadándose por la insistencia del moreno de ojos azules. De modo que los amigos del casi rubio tuvieron que resignarse a su ausencia y ya estaban impacientes por contarle sobre el imaginario romance entre Fletcher y McGonagall, y la polca del profesor Dumbledore con Fiona Crockford.
-¿Sabes qué, Sam? –comentó Sirius, cuando ya iban de camino a la Torre de Gryffindor-. Es extraño que, estando Remus en su casa, le hayan enviado los regalos aquí, ¿no crees?
Sam se tropezó y, si no hubiese sido porque Sirius la sujetó a tiempo, habría terminado estampada en el suelo. "Ya estamos otra vez –se dijo la rubia, nerviosa-. Remus me las va a pagar, nunca debí comprometerme a encubrirlo, ¡es aún más complicado que encubrirme a mí misma!". Las sospechas que percibía en sus amigos la estaban desquiciando a cada día más, y era un sinvivir intentar distraer la atención de los muchachos al mismo tiempo que procuraba evitar que Lily y Belle se dieran cuenta de lo que ocurría. Lupin le había suplicado especialmente que hiciera todo lo posible por que Belle no se enterara de nada, porque al parecer la morena era la única que podía echar por tierra toda su coartada. De modo que se pasaba el tiempo jugando a dos bandas y eso no la entusiasmaba en absoluto.
Le dio las gracias a Sirius, mientras pensaba a toda velocidad alguna historia más o menos creíble que soltar.
-Bueno… -empezó, reanudando la marcha-, ten en cuenta que Remus sólo va de visita, si su madre está gravemente enferma no creo que quieran que se quede por allí pululando, sería más un estorbo que otra cosa…
-Sí, tienes razón… ¡Ey! ¿Cómo sabes lo de su madre?
-Obviamente, porque él me lo ha contado –contestó Sam, con una irónica sonrisa.
Desde que acordaron ser cómplices en todo aquello, Remus le había contado absolutamente todo: la historia real y la versión que dio a los chicos. Sam aún se preguntaba cómo había sido capaz de meterse en semejante embrollo, y cómo podía estar ayudando a Remus en lo que ella consideraba una verdadera locura.
-No sé por qué no me sorprende que te lo dijera –entonó Black, con una pilla sonrisa-. Vosotros dos estáis muy juntitos últimamente, ¿no?
-Sirius… Si estás intentando insinuarme algo, será mejor que cierres la boca y te des prisa, o se comerán tus galletas de verdad…
-Sam, a ti te gusta Remus, ¿verdad? –insistió él, sin dejar de sonreír.
-¿Te importa? –replicó Flathery con aire digno.
-Pues sí. Teniendo en cuenta que Remus es uno de mis mejores amigos, sí, me importa.
Sam carraspeó y estuvo a punto de volver a tropezarse. A Sirius le divirtió notar que se estaba poniendo nerviosa.
-No pienso contestar a esa pregunta –exclamó, con una voz algo más aguda de lo normal, empezando a sonrojarse.
El moreno se echó a reír y, acercándose a su amiga, le pasó un brazo por los hombros.
-¿Sabías que hacéis muy buena pareja? Claro que eso no es asunto mío… -se apresuró a añadir, ante la mirada asesina que le dirigía Sam-. ¡Ejem!… Ehhh, ¿y qué me has regalado por Navidad, querida?
Le dirigió una radiante sonrisa angelical, y ella no pudo evitar reírse, devolviéndole otra pícara sonrisa, muy similar a la del propio Sirius.
-Te va a encantar –comentó, con aire psicópata-. Es algo que he hecho yo misma, así que tendrás que cuidarlo, ¿de acuerdo? –se irguió con orgullo-. Es una miniatura desarmable de Snape, que además grita mientras lo torturas.
Sirius soltó tal carcajada, que resonó en el desierto corredor.
-Sam, eres un encanto –rió divertido-. ¿Sabes qué? Siempre me lo he preguntado… ¿Allí en Santuario hacéis vudú?
Sam le dedicó una fingida mirada de horror.
-¡Pues claro que no! –exclamó, haciéndose la ofendida-. ¿Nos tomas por salvajes?
Pero Sirius se echó a reír de nuevo ante la expresión de la rubia, de ésas típicas que nunca convencen a nadie.
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El Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas se transformaba en las fechas navideñas. Las esferas de cristal en cuyo interior brillaban las velas que iluminaban salas y pasillos eran pintadas de rojo y dorado, como enormes bolas de Navidad. Cada puerta estaba adornada con acebo. En todos los rincones se erguían pequeños abetos decorados con carámbanos y nieve mágica, coronados con una enorme estrella de oro. En la sala de té para visitas de la quinta planta habían colgado esa misma noche un enorme cartel con letras mágicas que brillaban como la purpurina, formando un gigantesco "¡Feliz año nuevo!" que iba cambiando a "¡Bienvenido 1970!" de forma regular, repitiéndose una y otra vez.
Pero, por Zephirus Lupin, ya podría haber habido elfos domésticos bailando el hula-hula con faldas hawaianas en cada esquina, que no le habría importado menos en esos momentos.
Con los nudillos de la mano derecha apretados contra los labios y el brazo izquierdo cruzado sobre el estómago tratando de sostenerse a sí mismo, permanecía clavado como una estaca ante la puerta de la sala de urgencias del hospital, sin apartar su intensa mirada celeste de los numerosos sanadores que corrían de un lado a otro alrededor de la camilla de un inconsciente Icarus Figg, intentando reanimarlo. Más de una vez, un joven sanador en prácticas se había acercado a él, diciéndole amablemente que ya no había nada que pudiera hacer, y que sería más recomendable que subiera a la sala de té a tomarse algo y esperar allí. Pero Zephirus no se movió ni un ápice, no dio señales siquiera de haberlo oído, y, tras el tercer intento, el joven sanador también se rindió y entró a la sala para intentar ayudar en todo lo que pudiera, dejando al estático hombre plantado en el pasillo, observándolo todo ávidamente a través de los pequeños cristales de las puertas.
Había ocurrido todo tan rápido que apenas lograba asimilarlo todavía. Estaban en casa de los Figg, celebrando la Nochevieja con algunos amigos de la familia, como hacían todos los años. Su esposa, Selene, y él habían dejado a su hija pequeña al cuidado de los abuelos maternos para poder quedarse hasta tarde. Todo iba bien. Algunos compañeros del Observatorio, antiguos amigos de trabajo de Melpómene, socios de la empresa de Icarus… Escucharon juntos las campanadas de año nuevo a través de la radio mágica, bebieron a salud de todos, festejaron hasta entrada la madrugada. Algunos se despidieron temprano, otros se quedaron más tiempo. Y, mientras recogían, alrededor de las 5 de la madrugada, Icarus se acercó a él con mala cara y susurró:
-No me encuentro bien, Zephirus.
-Eso es que se te ha ido la mano con la hidromiel, mocoso –bromeó él, tomándose a risa su malestar y palmeándole el hombro, con la misma expresión indulgente que mostraría un padre al presenciar la primera cogorza de su hijo-. Acuéstate cuanto antes y duerme la mona. Mañana estarás como nuevo… cuando consigas que se te pase la resaca, claro.
-No, no es eso –replicó Icarus, agarrándolo fuertemente de un brazo. Y, en ese instante, Zephirus reparó en sus ojos opacos y en su frente perlada de sudor-. No me encuentro bien. Acompáñame a San Mungo, ¿quieres? Pero no se lo digas a Mel… No quiero que se preocu…
No pudo terminar la frase, porque cayó desmayado en brazos de su amigo.
El cómo consiguieron llegar exactamente al hospital era algo que se encontraba bastante borroso en la mente de Lupin. En un par de segundos, todas sus alarmas naturales se dispararon. A trompicones, despidieron a los invitados que aún pululaban por allí. Zephirus cargó con Icarus y Selene se encargó de Melpómene, que, al ver el pálido rostro de su marido, había entrado en un estado de nerviosismo incontrolable. Icarus recuperó la consciencia poco tiempo después, pero fue incapaz de desplazarse por sí mismo, de modo que, cuando atravesaron la entrada de San Mungo, aún lo arrastraba su compañero, con uno de los brazos de Figg alrededor de sus hombros. Los atendió rápidamente el sanador de guardia más cercano, que estaba al mando de la sección de Virus Mágicos, y, con un simple vistazo, diagnosticó:
-Usted sufre claramente un corte de digestión, señor Figg, seguramente provocado por la ingestión de demasiado alcohol con relación a la cantidad de alimentos sólidos que ha tomado a lo largo de la noche. Beber con el estómago vacío puede ser fatal. Aunque este invierno está siendo muy frío, es posible que también pueda haber cogido cualquier virus, desde una simple gripe a algo mucho más serio. Si es tan amable de acompañarme, le haré algunos análisis para asegurarnos de que…
Aún estaba hablando cuando Icarus sufrió una especie de catalepsia. Se estremeció violentamente, se puso rígido y se desplomó, completamente colapsado, como si estuviese muerto. Entonces empezó la locura. Zephirus observó, incapaz de reaccionar, el cuerpo inerte de Figg en el frío suelo de la sala de espera de San Mungo, oyendo de fondo la potente voz del sanador con el que acababan de estar hablando, que pedía a gritos a la recepcionista que avisara a los demás. Hicieron aparecer una camilla para colocar al hombre desmayado y, en menos de medio minuto, se presentaron allí el sanador de la sección de Envenenamientos y el de Daños Provocados por Hechizos. Entre los tres dirigieron la camilla hacia la sala de urgencias a todo correr, seguidos de cerca por Lupin y por las dos mujeres.
No parecían ser conscientes de la presencia de los acompañantes del paciente, porque empezaron a discutir entre ellos con vehemencia las posibles causas de aquella reacción. Zephirus sólo oía confusos y rápidos bramidos ininteligibles. Varios sanadores en prácticas se les unieron por el camino. Otros echaron a correr hasta la sala de urgencias para preparar el material. Melpómene no paraba de llorar. Alguien comentó algo sobre darle a la esposa del paciente alguna poción para combatir el ataque de histeria. Pero Zephirus supo, en un repentino destello de lucidez, que Mel no estaba histérica… Ella estaba unida a su marido de una forma especial, podía sentir en su corazón lo que él sentía con una fuerza casi empática, y, si no podía dejar de sollozar, significaba que a Icarus no le esperaba nada bueno.
No les permitieron entrar en la sala de urgencias. El sanador que estaba de guardia al mando de la sección de envenenamientos comentó que sería aconsejable sacar de allí a la señora Figg. Selene balbuceó que se la llevaría a la sala de té para intentar calmarla y Zephirus sólo fue capaz de asentir. El llanto incontrolable de la morena se fue alejando por el pasillo en dirección a las escaleras, perforándole los oídos y oprimiéndole el corazón.
Y ya habían pasado dos horas desde entonces. Sin cambios, sin noticias. Los sanadores seguían acelerados, Icarus seguía inconsciente y Zephirus seguía allí plantado, sin atreverse a moverse por si, al apartar la vista, la vida huía del cuerpo de su amigo. Debía estar a punto de amanecer, pero al rubio no podía antojársele el día más frío y oscuro. Millones y millones de personas estarían a esas horas celebrando la mañana del día 1 de enero de 1970 en todo el meridiano, desayunando el tradicional chocolate con churros tras una noche de juerga. Luego volverían a su casa dando tumbos y se acostarían hasta la tarde o incluso hasta el día siguiente, dependiendo del nivel de embriaguez que llevaran encima. La sola idea de comer hizo que a Lupin se le revolviera el estómago y le entraran nauseas. Pensar en dormir era casi un sacrilegio mientras Figg se debatía entre la vida y la muerte. Con los ojos muy abiertos y el sueño de la noche en vela completamente esfumado, su mente no dejaba de trabajar a mil por hora.
"Le han hecho algo –se repetía sin cesar-. Alguien le ha hecho algo. Esto no es una enfermedad normal, estaba perfectamente hasta esta noche. Le han hecho algo… y ha ocurrido delante de mis narices". Temblando, se mordió los nudillos para evitar ponerse a gritar él también. Delante de sus narices… ni siquiera se había dado cuenta… ni siquiera había tomado en serio a Icarus cuando dijo que se encontraba mal… ni siquiera había sido capaz de tranquilizar a Melpómene… ni siquiera había servido para algo. Si le ocurría a Icarus cualquier cosa, él sería el responsable, por no haber sido capaz de protegerlo, por no haber sido capaz de prever la situación y tomar medidas al respecto, por haberse dejado dominar por el conformismo y ese autoconvencimiento de que no iba a ocurrirles nada malo. Debía haber estado más alerta… y, aunque una parte de él le decía que no tenía la culpa y que había hecho todo lo posible por proteger a los Figg, no podía evitar culparse por lo sucedido. Después de todo, eran su responsabilidad…
Hubo movimiento dentro de la sala de urgencias. Varios se reunieron alrededor de la camilla, discutiendo entre ellos acaloradamente mientras otros iban aún de aquí para allá. Algo ocurrió y todos quedaron estáticos. Se inclinaron de nuevo sobre el paciente y, a los dos segundos, Zephirus casi pudo oír el suspiro general. El ambiente pareció calmarse y, mientras los sanadores se encargaban de instalar distintos aparatos que el rubio no había visto en su vida, uno de ellos se acercó a la puerta y salió al pasillo, con claros signos de agotamiento y estrés contenido. Era el sanador especialista en Daños Provocados por Hechizos, un hombre mayor que anteriormente se había presentado como Hayes. Lupin se tensó en el acto.
-¿Todavía está aquí, señor Lupin? –murmuró con voz cansada-. ¿Ni siquiera se ha sentado en las últimas dos horas?
-¿Qué ha pasado? –atajó bruscamente Zephirus, mirándolo con ansiedad-. ¿Qué le ocurre a Icarus? ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien?
-Cálmese, cálmese –terció el sanador, alzando las manos-. De momento, hemos conseguido estabilizar al señor Figg. Aún no ha recuperado el conocimiento, pero creemos que es cuestión de horas que despierte.
Zephirus dejó escapar el aire retenido y se llevó una mano a la frente para apartarse el largo flequillo rubio, con ojos llorosos. De repente se sintió invadido por una debilidad que hizo que le temblaran las piernas, estremeciéndolo de arriba abajo, y rogó por no desmayarse él también de alivio.
-Gracias a Merlín y a todos sus antepasados… -susurró en un suspiro, cerrando los ojos. Luego volvió a mirar al sanador, que era una cabeza más bajo que él-. ¿Se sabe qué ha podido sucederle?
Los ojos del anciano se oscurecieron. Y eso no le dio buena espina.
-Para serle sincero, no tenemos ni idea –contestó con rotundidad-. Mi colega Callaghan opina que ha podido ser envenenado, pero no hemos encontrado rastro alguno de veneno en su sangre, a parte de que no podemos asociar estos síntomas a ninguna sustancia con la que hayamos tratado anteriormente. Por el contrario, Hatfield cree que, posiblemente, haya contraído alguna enfermedad mágica y sea el virus el causante del colapso, pero tampoco hemos llegado a ninguna conclusión concreta. Por mi parte, no sé qué opinar. Hemos descartado dolencias normales, como posibles problemas cardiovasculares o la infección de algún órgano interno. No tiene ninguna enfermedad de origen muggle. De hecho, los análisis revelan que su salud es excelente. Teóricamente, debería encontrarse en perfectas condiciones. Tendrá que someterse a más análisis para intentar encontrar la causa del problema. Lo único que puedo asegurarle es que va a pasar un largo tiempo en San Mungo hasta que consiga recuperarse.
-¿Pero se recuperará? –insistió Lupin, sintiendo que la inquietud volvía a dominarlo.
-Todavía es pronto para asegurar nada –replicó Hayes, encogiéndose de hombros-. Podría estar perfecto mañana mismo, como pasarse meses ingresado. Lo que le ha ocurrido no es normal. Sea lo que sea lo que le haya pasado, ha colapsado todo su organismo en cuestión de segundos y durante demasiado tiempo. Hemos tenido que reanimarlo más de tres veces porque se nos iba. Se le ha parado el corazón y hemos llegado a tenerlo clínicamente muerto en la camilla. La voluntad de vivir de ese hombre es impresionante, ha luchado todavía más que nosotros durante estas horas sin rendirse. Ahora está estable, pero no saldrá de peligro hasta dentro de 24 horas más, y aún así su evolución es tan impredecible como las causas de su estado. Ya se lo he dicho. Es posible que se recupere, sí, pero no sé si logrará hacerlo por completo. Es muy probable que le queden secuelas de por vida.
Zephirus no supo cómo reaccionar. Su mente se quedó en blanco mientras intentaba ir asimilando la información poco a poco, incapaz de creer que se encontrase ante semejante situación. Tratando desesperadamente de no venirse abajo, se agarró a su famoso autocontrol como si fuese un clavo ardiendo, e hizo un esfuerzo sobrehumano para recuperar la compostura y dibujar una expresión firme.
-Entonces… aún no hay nada seguro –repitió lentamente.
-Exacto –asintió el anciano, y las luces del pasillo hicieron brillar su reluciente calva-. De momento, estamos preparando la sala para dejarlo ingresado en urgencias hasta dentro de un par de días y ver cómo evoluciona. Si todo va bien, después lo trasladaremos arriba, aunque aún no tenemos muy claro a dónde exactamente –por unos segundos, observó a su interlocutor en silencio y finalmente añadió, con un suspiro-: Señor Lupin… ¿qué puede contarme sobre esta noche? Algún dato que le llamara la atención, alguna bebida o combinado extraño que haya podido sentarle mal, algún plato de comida extravagante…
-Yo… n-no lo sé –contestó Zephirus, haciendo memoria-. Celebrábamos Nochevieja igual que siempre, con algunos compañeros de trabajo y amigos de la familia. No ha ocurrido nada fuera de lo normal. La cena era sencilla y bastante ligera, porque ninguno de nosotros quería inflarse a comer, y sólo hemos bebido cerveza de mantequilla, hidromiel o vino. A Icarus le gusta la hidromiel, pero nunca suele tomar demasiada, y mucho menos hacerse combinados extraños, eso le va más a uno de sus socios, Stephen Wemyss… Estábamos de fiesta, pero ya somos demasiado mayores para las borracheras de adolescente.
-Comprendo… -por un momento, la expresión de Hayes se endureció notablemente. Miró a ambos lados del pasillo, dio un paso para acercarse más al hombre que tenía delante y bajó la voz hasta un susurro-. Señor Lupin, como le he dicho, no hay nada confirmado aún, pero si se demuestra la teoría de Callaghan y resulta que el señor Figg ha sido envenenado, yo le aconsejaría que empezara a plantearse hablar con los aurores del Departamento de Seguridad Mágica. Si esto lo ha originado un veneno, puedo asegurarle que no es uno normal. También se descarta que lo ingiriera accidentalmente –intensificó su mirada, clavada en los espantados ojos celestes de Zephirus con toda la elocuencia posible-. No hace falta que le diga que podríamos encontrarnos ante un claro caso de intento de asesinato.
Algo se rompió en el interior del experto en Astronomía, como si aquel hombre arrugado acabara de arrancar de un tirón el velo con el que él se había empeñado en ocultar lo obvio. Sintió un nudo en la garganta ante el peso de las palabras del sanador y tuvo que tragar saliva un par de veces para recuperarse.
-Sí… -murmuró con aire ausente-. Sí, lo entiendo. Muchas gracias por todo, sanador Hayes.
-No hay por qué darlas. Ahora le aconsejo que se vaya a descansar o a tomar algo a la sala de té, no quiero que usted también se nos desvanezca aquí mismo. Lleva más de 24 horas sin dormir y no es bueno forzar así el cuerpo.
Zephirus asintió, incapaz de hablar, y el otro hombre se despidió con una inclinación de cabeza antes de volver a la sala de urgencias, donde los demás sanadores discutían aún sobre lo ocurrido mientras otro par de jóvenes en prácticas entubaban a Icarus con una sonda conectada a un líquido de color azul verdoso. Por un momento clavó la mirada en el rostro mortalmente pálido del paciente, que creaba un contraste horrible con su pelo cobrizo, ahora oscuro y sin vida. Se había demacrado tanto en cuestión de horas que resultaba casi irreconocible. Lupin se pasó una mano por la cara, como si esperara que todo se tratara de una ilusión, deseando despertar pronto de aquella pesadilla.
-¡Zephirus!
El susodicho se volvió lentamente para encontrar la delgaducha figura de John Potter corriendo por el pasillo hacia él, con aspecto agitado y cara de preocupación. Traía el pelo más revuelto de lo normal y parecía haberse vestido a toda prisa, porque llevaba la túnica retorcida y el cinto atado de cualquier manera. Las gafas se deslizaron por su nariz cuando se detuvo en seco junto al rubio, y se subió con un gesto la gruesa capa de invierno que se escurría de sus hombros por la carrera, mientras recuperaba el aliento.
-¡Selene me envió una lechuza contándome lo sucedido! –exclamó, mirándolo con enorme inquietud-. Siento no haber podido llegar antes. He avisado a los demás, Izzy y Andraia vendrán en un rato, pero le he dicho al resto que esperen noticias desde sus casas, porque será muy llamativo que se presenten todos aquí de golpe. Vendrán cuando las cosas se hayan calmado un poco. Me ha dicho la recepcionista que tienen a Icarus ingresado en la sala de urgencias. ¿Qué le ha pasado? ¿Cómo se encuentra?
Zephirus sintió que el nudo en su garganta se apretaba. Levantó una mano y, sin abrir la boca, señaló con el pulgar la escena que se desarrollaba a través de los cristales de la puerta doble que tenían delante. Johnny desvió hacia allí sus ojos castaños y, al ver el aspecto de Icarus, él mismo perdió el color en la cara.
-Por todas las gárgolas de Notre Dame… -dejó escapar, acercándose a los cristales para ver mejor, sus ojos agrandándose enormemente por la sorpresa-. ¿Qué demonios le ha ocurrido?
-Nadie lo sabe todavía –empezó a explicar Lupin con voz ausente-. Acaba de salir uno de los sanadores a dar parte. Me ha dicho que hay varias posibilidades, desde un veneno a un virus mágico, pero que no han podido identificar ninguno de los síntomas y tendrán que hacerle más análisis. Ha estado a punto de morir, lleva en la cuerda floja desde hace un par de horas. Lo han conseguido estabilizar hace apenas unos minutos…
-¿Pero se recuperará? –inquirió Potter, con la misma ansiedad con la que su compañero lo había preguntado instantes antes.
-No lo sé, no lo sé –Zephirus volvió a apretarse los nudillos contra los labios, fijando su mirada en Figg con desesperación. La tensión empezaba a dejarse notar en él-. Podrían quedarle secuelas de por vida, eso si consigue siquiera salir de ésta. Y yo creo que no lo va a conseguir, Johnny, ¡míralo! Ya está medio muerto…
John clavó la vista en su compañero y frunció el ceño instantáneamente al ver su estado.
-Zephirus… -empezó, pero, al ver que el otro no lo escuchaba, lo agarró con fuerza de un brazo y lo zarandeó ligeramente-. ¡Zephirus! Escúchame, ¿de acuerdo? Tú no tienes la culpa de lo que ha ocurrido, ¿me estás oyendo? ¡La culpa no es tuya!
-¡Debí haberlo impedido! –replicó a su vez Lupin, con angustia en la voz-. ¡Debí evitar que esto sucediera! Se supone que ése es mi trabajo. ¡Y me quedé sentado de brazos cruzados esperando a que ocurriera! ¡Sabía que no debíamos confiarnos, todo es culpa mía!
Johnny agarró a Zephirus por ambos hombros y lo sacudió con fuerza, alejándolo de la puerta de la sala de urgencias hacia un rincón y bajando la voz hasta un susurro.
-No tienes la culpa de nada –masculló con firmeza, mirándolo directamente a los ojos-. ¡Mírame! Tú no tienes la culpa. Tú debes proteger a Mel, no a Icarus. Él era perfectamente capaz de protegerse solo. Sabía muy bien dónde se metía cuando se casó con Mel y entró al grupo. No puedes cargar con más responsabilidad de la que ya tienes, Zephirus, o te volverás loco. ¿Me has entendido? Y ahora tranquilízate, porque esto hay que analizarlo con la mente fría. Y tú eres el experto en eso, no yo.
Lupin asintió, respirando profundamente para intentar normalizar sus pulsaciones. Necesitaba recuperar el control, John estaba en lo cierto, un ataque de histeria no le aportaría ningún beneficio en esos momentos. Se agarró a los brazos con los que su amigo seguía sujetándolo e hizo un enorme esfuerzo por mantener la calma, cerrando los ojos unos momentos y acompasando su respiración. Cuando volvió a dirigirse al desaliñado director del Departamento de Seguridad Mágica, su voz sonó firme, pero sus ojos brillaron con incertidumbre.
-Johnny –soltó, sin apartar de él su mirada-. Lo que ha pasado no es normal. No es una casualidad ni un accidente. Alguien ha intentado matar a Icarus.
-¿Estás seguro de lo que dices? –replicó Potter, extremadamente serio.
-Por completo –asintió Zephirus.
-¿Crees que el ataque iba dirigido a Mel y alcanzó a Icarus por error?
-Eso ya no lo sé, pero no lo considero probable. Creo que intentan quitar de en medio a todos aquellos relacionados con nosotros, igual que mataron a Grace.
Un movimiento espasmódico cruzó la cara de John.
-A Grace la asesinaron por otras razones, Zephirus, lo sabes perfectamente…
-No me has entendido –lo interrumpió el rubio, impaciente-. Johnny, sé muy bien por qué mataron a Grace. Y también sé por qué intentan matar a Icarus. Piensa en el efecto que eso tendrá sobre Mel, el vínculo que los une la dejará destrozada… y vulnerable –sus ojos adquirieron un matiz de urgencia, apretando el agarre sobre los brazos de John-. Todo es el preámbulo de algo mucho más grande. Quieren deshacerse de Icarus porque Mel es la siguiente. Ya se han decidido, van a ir a por ella.
Ambos hombres se miraron en silencio por unos segundos, el horror del entendimiento reflejándose en sus miradas.
-Ha empezado… -dejó escapar Johnny.
Zephirus tragó saliva.
-Tengo miedo –confesó en voz apenas audible-. Una cosa es fantasear sobre la guerra… y otra es vivirla. Todo ha sido una quimera, no estamos preparados para esto, jamás nos hemos enfrentado a una verdadera situación de peligro de estas características. No he podido proteger a Icarus… ¿cómo se supone que debo proteger a Mel?
-Todos tenemos miedo, Zeph, pero no podemos dejarnos llevar por él. Hay demasiado en juego. Sabrás cómo protegerla cuando llegue el momento, estoy seguro. Eres un mago extraordinario, confía en tus habilidades. Y, sobre todo, mantén la cabeza despejada, porque el cerebro es nuestra mejor arma. Mientras ese loco siga jugando con nosotros al gato y al ratón, sólo podremos luchar con nuestra inteligencia. Y sólo venceremos si somos más listos. A ti se te da muy bien razonar, aprovecha eso. No lo olvides jamás. Así podrás ir siempre un paso por delante de lo que creen los otros. De modo que más te vale ir recuperando ya esa maravillosa sangre fría que tienes y no volver a perderla de ahora en adelante, ¿de acuerdo?
-De acuerdo –concedió Lupin, y se permitió una leve sonrisa-. Parece que tú eres el adulto y yo el mocoso. Lo tolero porque eres tú, pero quiero que sepas que no soporto que los críos más pequeños que yo me den lecciones.
-Entonces no te comportes como un mocoso –replicó John, sonriendo también-. Pon a funcionar ese maravilloso cerebro que tienes y dime qué hacemos ahora.
-Lo primero es avisar a Dumbledore –Zephirus alzó la vista hacia la puerta de la sala de urgencias, frunciendo el ceño, y Johnny amplió su sonrisa al ver de nuevo en él al Zephirus Lupin que siempre había conocido: estoico e imperturbable, con soluciones para todo, con chistes para cada situación-. Hay que mandarle una lechuza a Arabella diciéndole lo que le ha pasado a su padre, pero quizá sea mejor hacerlo cuando lo hayan sacado de urgencias, no quiero que ella lo vea así. Esperemos a ver cómo evoluciona Icarus y, según su estado y lo que averigüen los sanadores sobre lo que le ha pasado, convocaremos otra reunión. No sé tú, Johnny, pero yo creo que la guerra está a punto de empezar.
Potter asintió, soltando por fin a su compañero y mirándolo con seriedad.
-Tienes razón… ¿Dónde está Melpómene?
-Selene se la llevó a la sala de té cuando ingresaron a Icarus, porque estaba muy alterada y no dejaba de llorar. No sé qué habrá sentido exactamente, pero no me gustó ni un pelo su reacción. No augura nada bueno.
-Será mejor subir a decirle que Icarus se ha estabilizado, debe de estar con el corazón en un puño.
-Sí, es mejor que…
Pero no pudo terminar, porque otra persona se acercó corriendo hacia ellos por el pasillo. Zephirus sintió que se le helaba la sangre cuando vio aparecer a su mujer, jadeando y con expresión desesperada.
-¡Zephirus! –exclamó ahogadamente, agarrando a su marido de un brazo con gesto apremiante-. ¡Es Mel! ¡Ha desaparecido!
-¿Qué? –exclamó Johnny, mientras Lupin agrandaba los ojos, su expresión totalmente congelada.
-¡No sé qué ha ocurrido! –Selene estaba muy asustada-. Estábamos en la sala de té, por fin se había calmado, pero dijo que quería ir al cuarto de baño. Me ofrecí a acompañarla, pero se negó diciendo que quería estar sola un momento. Me quedé esperándola, pero, al ver que tardaba mucho, la fui a buscar y me encontré los baños vacíos. La he buscado por todo el hospital y he preguntado por ella a todos los que me he cruzado en el camino. ¡Nadie la ha visto!
Por un segundo se hizo el silencio, y tanto John como Selene pudieron apreciar auténtico terror reflejado en los ojos de intenso azul celeste de su compañero. Pero ese terror fue inmediatamente cubierto con un fiero instinto de lucha.
-¡Mierda! –masculló entre dientes, furioso.
Y se alejó corriendo con todas sus fuerzas hacia la salida de San Mungo, su capa color madera ondeando al viento tras él.
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La respuesta de Ween que esperaban los chicos para empezar a trabajar en su venganza no llegó hasta mediados de enero, cuando ya habían comenzado de nuevo las clases.
Las vacaciones fueron muy agradables. Remus llegó bastante decaído a la comida del día de Navidad, pero sus amigos se encargaron de animarlo rápidamente. Organizaron montones de concursos con sus compañeros de Gryffindor, desde un campeonato de ajedrez mágico (que enfrentó a Arthur y a Sirius en una apasionante final que duró más de cuatro horas) hasta increíbles partidas colectivas de snap explosivo. Una mañana, la mesa de Slytherin del Gran Comedor apareció pintada de un rosa chillón muy escandaloso, y nadie pareció relacionar con dicho atentado las manchas de esa misma pintura que lucían Sirius y Remus en las manos. El día 31, transitar apaciblemente por el castillo se hizo casi imposible, ya que el cuarteto de delincuentes se había pasado toda la noche anterior colocando hechizos-trampa en los lugares más inesperados para celebrar el fin de año, y, aunque más de un profesor terminó también en la enfermería a causa de las bromas, todos parecían lo suficientemente divertidos como para no tomar represalias.
En definitiva, pasaron unos días estupendos, aunque tuvieron un conflicto especialmente tenso, que terminó cuando Belle se vio obligada a golpear a Sirius fuertemente en la cabeza con Mil hierbas mágicas y hongos, para quitarle la idea suicida que tenía de enviarle una carta de amor a la profesora McGonagall firmada por el profesor Fletcher.
El día 3 de enero, sin embargo, fue bastante oscuro para los siete amigos. Belle recibió desde su casa una carta informándola de que su padre estaba ingresado en San Mungo por una enfermedad, y, entre caras preocupadas y despedidas impregnadas de ánimo por parte de sus compañeros, la joven Figg abandonó Hogwarts esa misma tarde y pasó el resto de las vacaciones con su familia. No volvió hasta el último día libre antes de empezar de nuevo las clases, anunciando, radiante, que su padre se estaba recuperando muy deprisa y que tenía muy buen aspecto, de modo que no pudieron dejar pasar la celebración de tan buenas noticias. Esa misma noche, en la cena que cerraba las vacaciones, James se subió a la mesa de Gryffindor y metió no menos de cincuenta bengalas del doctor Filibuster en una gran jarra de zumo de calabaza, atentado por el que nadie se molestó en castigarlo, a pesar de que las chispas y zumbidos estuvieron rondando el Gran Comedor como cohetes durante más de media hora, amenizando la velada.
Pero, al empezar el nuevo trimestre, las cosas se complicaron un poco. Como todos los alumnos volvieron a Hogwarts, no faltaron las miradas recelosas que seguían a Sam por los corredores. Las clases de Pociones eran cada vez más desagradables, ya que Lestrange y Liverlie Connor se pasaban las horas tirándole escarabajos muertos a la cabeza y lanzando comentarios hirientes lo suficientemente alto para que los oyera todo el mundo en dos metros a la redonda, y escaparan a los oídos del profesor Fletcher. La rubia se tomaba todo aquello con gran dignidad y un autocontrol admirable, y la mayoría de las veces bastaba con una simple mirada para que la dejasen en paz. Pero era mucho peor luchar contra la devastadora campaña de acoso y derribo que llevaba a cabo Snape por la espalda, puesto que, por alguna extraña razón, no abría la boca para absolutamente nada si Sam estaba presente, pero luego aprovechaba la oportunidad de incordiarla indirectamente, poniéndola verde delante de cualquiera de sus amigos o conocidos que se cruzara por los corredores.
En realidad, a Flathery no le importaba aquella actitud por parte de los slytherins (o de quién fuese) quizá porque sabía que en Gryffindor la seguían apreciando mucho. Un momento realmente emotivo fue cuando, a los pocos días de haber empezado las clases otra vez, se acercó a ella en la sala común un grupo tembloroso de alumnos de primero, y uno de ellos, adelantándose, le murmuró:
-Sam… hemos estado hablando y… nos gustaría que nos hablases de Santuario…
A la muchacha le brillaron los ojos, dejó de inmediato su redacción sobre "La Asamblea Medieval de Magos de Europa" para Historia de la Magia y pasó el resto de la tarde hablando a aquellos niños sobre cómo se formó la comunidad mágica de Santuario, la distribución de las islas, los clanes y algunas de las criaturas mágicas que existían allí. Cuando llegó la hora de irse a la cama, no eran sólo los alumnos de primero los que estaban sentados por el suelo escuchando a la hija de hechicera, sino también casi todos sus compañeros de clase y un gran número de estudiantes de todos los cursos, que se habían quedado por allí para oír el relato. Nada pudo enorgullecer más a la joven Flathery, y ni las miradas recelosas de los de Hufflepuff y Ravenclaw, ni los insultos de los de Slytherin, pudieron borrar la sonrisa de confianza que se formó en su cara desde entonces.
A parte de esto, todo seguía como siempre. Los profesores actuaban como si nada hubiese ocurrido, aunque a los chicos les extrañó que, tanto el profesor Fletcher como la profesora Crockford, los saludasen siempre que se cruzaban con ellos por los corredores, con extrañas sonrisas de complicidad en la cara. El profesor Dumbledore les dedicaba un afectuoso guiño siempre que sus miradas se encontraban, y todos los demás profesores parecían repentinamente desinteresados en los planes maquiavélicos de los siete niños.
Tampoco tuvieron tiempo de preocuparse por el extraño comportamiento del profesorado, porque estaban demasiado pendientes de Ween y la respuesta que debía traer. Por fin, una mañana, cuando ya hacía poco más de tres semanas que la enviaron, la lechuza parda de Sirius volvió sana y salva durante el desayuno, como las demás lechuzas, con un gran paquete agarrado con las patas. Sirius se atragantó al verla llegar, escupiendo toda la leche sobre Belle, que estaba sentada justo enfrente. Se levantó de un salto y, con el brazo en alto, gritó:
-¡WEEN!
La lechuza pasó zumbando sobre las cabezas de los gryffindors, dejó caer el paquete sobre el regazo de Sam y voló directamente hasta Sirius, posándose en su brazo.
-¡Mi querida, has vuelto! –chilló entusiasmado, sin darle importancia al hecho de que medio comedor lo estaba mirando y Belle le dirigía una mirada fulminante, secándose la cara de leche con una servilleta-. ¡Eres la mejor, amor mío! ¡Te quiero! ¡No hay nadie como tú!
Y volvió a darle ese singular beso en el pico. James y Remus se miraron, pero enseguida tuvieron que apartar la vista para no echarse a reír. Y no sólo por el espectáculo que estaba montando Sirius, besando a una lechuza allí mismo, sino por las caras embelesadas de un gran número de chicas de por allí cerca, señal inequívoca de que se morían por estar en el lugar de Ween.
-¿Has terminado? –gruñó Belle diez minutos después, cuando Sirius despidió por fin a su mascota, tras alimentarla, felicitarla, halagarla y besarla efusivamente.
-¿Qué pasa, tienes envidia? –rió Black con picardía, guiñándole un ojo a la morena de pelo excesivamente rizado.
-Eso quisieras tú –replicó Belle, con la misma expresión que si acabara de encontrarse un gusano en los cereales.
Sam carraspeó sonoramente, señalando el enorme paquete envuelto en papel marrón que había colocado sobre la mesa, y Belle y Sirius dejaron de discutir en el acto. Los siete hicieron una piña alrededor del paquete mientras Sam rasgaba el papel con rapidez. Contenía una caja de madera con unas extrañas runas grabadas en la tapa y, pegada con cera a una de las esquinas, había también una carta. Sam la despegó, abrió el sobre y sacó una hoja de pergamino escrita en malva, con una caligrafía alargada y rápida.
-¡Es de Kiara! –exclamó, con una enorme sonrisa.
-¿Kiara? –se extrañó Remus-. ¿Quién es Kiara?
-Mi hermana –contestó ella, como si fuese obvio, examinando la carta con ojos brillantes.
-¿Pero tu hermana no se llamaba Karen? –repuso Peter con cara de no entender.
Pero la rubia no contestó y, acercándose aún más a sus amigos, empezó a leer en voz baja:
Querida Sharai:
¡Qué alegría recibir tu carta! He estado muy preocupada por ti, papá me escribió contándome lo que había pasado y me dijo que no me preocupara porque estabas bien, pero aún así me hubiese gustado poder ir yo también a verte. Sin embargo, las Zann Esu decidieron ponerme la prueba del Calor esa misma semana y me fue imposible. Creo que lo hicieron a propósito para que no saliera de Santuario, las muy asquerosas…
¿Sabías que tío Blizzard ha estado en Belfast con papá? Seguro que sí. ¡Me dio tanta envidia! Recibí la carta de papá antes de que volviera, así que, cuando llegó a casa, estuve a punto de electrocutarlo sin querer por la rabia que me daba todo lo que te había pasado, creo que terminó hasta la narices de oírme despotricar como una loca durante un par de horas, pero es que no me había podido desahogar con nadie antes. ¡¿Cómo se han atrevido a hacerte algo semejante?! Me hubiese gustado estar allí para descuartizar con mis propias manos a ese maldito ahou…
-Wow, tu hermana tiene carácter, Sam –silbó Sirius con una sonrisa.
-¿Qué es ahou? –preguntó Lily, arrugando la frente.
-Oh… Es un término que usan las Asesinas de la orden de Viz-Jaq'taar –explicó la rubia-. Ellas son algo así como la policía de élite en Santuario. En Kurast hay bastantes desde los disturbios de hace años y a mi hermana le llaman mucho la atención. En Santuario el idioma oficial es la lengua arcana, pero muchos clanes usan sus propios dialectos, las Asesinas, por ejemplo, hablan una derivación del japonés. A Kiara se le dan bastante bien los idiomas y muchas veces mezcla palabras cuando habla. Éste término en concreto lo usa mucho. Es… casi como llamar a alguien "sangre sucia" aquí, pero "ahou" es peor. Su traducción literal es estúpido o inútil, pero allí tiene una connotación mucho más fuerte. Viene a significar deshonroso, inepto, despreciable, que todos te evitan, relacionado con cosas sospechosas, que no sirves para nada, que estás en lo más bajo de la escala, que eres un deshecho de la sociedad…
-Ya, ya, nos hacemos una idea, Sam –rió James.
-La verdad es que describe a Snape a la perfección –añadió Sirius, dirigiendo una mirada envenenada hacia la mesa de Slytherin.
-¿Y qué es eso de la prueba del Calor? –inquirió Belle extrañada, señalando la parte a la que hacía referencia en la carta.
-Es una prueba que deben pasar las aprendices de hechicera para entrar en la orden de las Zann Esu –contestó Sam con tono sabio-. Si no dominan el hechizo del Calor, no las consideran verdaderas hechiceras. A todas las niñas las reclutan con 10 años, pasan 5 de iniciación y, cuando cumplen los 15, que es cuando se alcanza allí la mayoría de edad, hacen esta prueba para entrar definitivamente a la Orden. Mi hermana no hace los 15 hasta octubre, pero en Santuario no importa la fecha exacta del día en que naciste, sino solamente el año, así que teóricamente ella ya es mayor de edad.
-¿Y en qué consiste? –añadió James, con esa curiosidad que lo caracterizaba.
-Bueno… en saber recoger la esencia del calor ambiental que te rodea y poder convertir esa energía en la fuerza mística que alimenta los hechizos –todos se quedaron con la boca abierta y Sam se echó a reír-. No pongáis esas caras, no es tan complicado como parece, en realidad sólo sirve para recuperarse con más rapidez de los esfuerzos mágicos. Es como desarrollar la resistencia, lo utilizamos constantemente sin darnos ni cuenta. Ayuda a las hechiceras a poder realizar hechizos muy poderosos y complejos sin quedarse física y psíquicamente agotadas después, es bastante útil en una pelea, y allí todo el mundo se entrena para la lucha, la suaníta es una sociedad guerrera…
Los otros seis parecieron parpadear al mismo tiempo.
-Por todas las gárgolas, ¿y os enseñan esas cosas allí? –exclamó Peter, boquiabierto.
-Pues ése es de los hechizos más sencillos…
-Y yo que me quejaba de Transformaciones –resopló Lily.
-Ehhh… ¿qué tal si sigues con la carta, Sam? –intervino Remus.
-Ups, cierto –y continuó leyendo:
… Espero que ya te hayas recuperado del todo, y ni se te ocurra tomar en serio lo que diga esa gente. Como tengas problemas de algún tipo, me presentaré allí y montaré tal espectáculo que por fin tendrán razones para pensar que somos unos salvajes.
En fin, me dejo de rollos y voy al grano. Aprovecho para decirte que tu plan de venganza me parece completamente diabólico y escalofriante, es decir, ¡me encanta! (Sam se echó a reír) Le pregunté al tío Blizzard lo que me pediste y él dijo que nada es imposible, ya sabes cómo es… El caso es que, al parecer, hay que añadir un ingrediente especial en cada una de las posibilidades, tanto para hacer la Poción Multijugos permanente como para conseguir una versión femenina del ahou, pero el tío Blizzard dijo que no es aconsejable que prepares la poción con esos ingredientes, ya que su uso está muy vigilado y los asocian con la magia negra. No es cuestión de meterse en problemas, Sharai, ni de que te metan en esa mugre prisión que tienen los magos, ya hemos tenido bastante…
De todas formas, no te desesperes, hermanita, nuestro adorable tío tiene un plan B para este caso. Si lo que quieres es ridiculizar al tipo y además hacer la poción permanente para que la humillación sea mayor, lo más aconsejable es cometer un fallo a propósito en la elaboración: en vez de añadir algo de una persona al final, añade algo de un animal. El tío Blizzard me contó que, el día que mamá y papá se casaron, le dio a papá la Poción Multijugos con ánimo de gastarles a ambos una broma. Él pretendía hacer que papá se transformara en Alcor por una hora, ya sabes, ese viejo loco que vive en los muelles, pero se equivocó y echó a la poción un pelo del gato. Mamá se puso hecha una furia, porque tuvo que pasar toda la luna de miel con un gato humanoide bastante parecido a los gatos monteses de Aranoch… ("Puaj, pobre mamá", murmuró la rubia)
El efecto dura aproximadamente un mes y no creo que haya muchas cosas que humillen más que ir por ahí con la cara peluda y orejas de gato…
-¡Exacto, eso es lo que necesitábamos! –exclamó Sam entusiasmada, mientras sus amigos se partían de risa al imaginarse a Snape en versión gato-. Irene se compró este año un siamés, podemos echar uno de sus pelos a la poción.
-Pero la diversión va a durar poco –comentó Sirius con dificultad, llorando de la risa-. En cuanto se dé cuenta del cambio, saldrá corriendo a encerrarse en la enfermería.
-Haremos que se lo tome en el Gran Comedor –repuso James, pensativo, con una diabólica sonrisa-. Al menos podrá verlo todo el mundo, nos daremos ese gustazo.
-Esperad, que aún queda más –Sam hizo un gesto para que escucharan y todos volvieron a prestar atención:
… Siento mucho la demora, Sharai, pero me llevó varios días reunir los ingredientes. Te los mando en la caja, ya sabes cómo abrirla. Espero que tú hayas podido conseguir la Descurainia Sophia, porque me enviaste la carta justo después de luna llena y no podía esperar a la siguiente para mandarte esto. Creo que la caja pesa demasiado, supongo que esta bonita lechuza tardará un poco más en hacer el viaje de vuelta… Por cierto, es muy simpática, dile a tu amigo Sirius que tiene suerte de tenerla. Estuve pensando en enviar a Leehm con ella para que la ayudase con la carga, pero creo que llamaría demasiado la atención y no quiero causarte problemas.
Espero que tu venganza salga perfecta, saca una foto del ahou cuando esté transformado en bicho y me la envías. Te mando un abrazo y un beso, Sharai, cuídate mucho, ¿de acuerdo? ¡Y no te metas en problemas! Qué irónico que yo te diga esto…
Tu hermana que te quiere:
Kiara
PD: tío Blizzard dice que estás loca y que está orgulloso de ti.
PD2: manda saludos a papá de mi parte cuando hables con él.
Sam levantó la vista de la carta con una enorme sonrisa y, al mirar a sus amigos, vio que ellos también sonreían.
-Dios, quiero conocer a tu hermana –suspiró Sirius, entusiasmado-. ¡Esto es lo más diabólico y retorcido que he hecho en la vida!
-¿Incluyendo lo de Nora? –masculló Belle.
-¡Por supuesto que sí!
-Mira a ver si está todo –urgió Lily.
Sam sacó la varita mágica y, tras agitarla en el aire, tocó con ella varias de las runas, como si siguiera un código. Éstas brillaron y la caja se abrió. Todos se apretujaron para taparla y que nadie la viera, mientras ella echaba un rápido vistazo al interior.
-Sí, está todo –sonrió Flathery, apresurándose a cerrar de nuevo la caja-. Crisopos, sanguijuelas, centinodia, polvo de cuerno de bicornio, piel de serpiente arbórea africana… Sólo falta la Descurainia Sophia, pero ésa ya la recogí yo. Empezaré a prepararla esta misma noche.
-¿Cuánto te llevará?
-En un mes estará lista.
-Oye, Sam –Lily le dio unos golpecitos en el brazo y, cuando la aludida se volvió hacia ella, le señaló la carta-. ¿Qué es eso de Sharai y Kiara?
-Ahhh, eso –Sam sonrió-. Karen y Samantha son nuestros nombres sajones, pero en Santuario no nos llaman de esa forma. Kiara es el nombre suaníta de mi hermana y Sharai es el mío. Como nuestro padre es inglés, mamá decidió que nos pusieran ambos nombres, pero nosotras siempre nos llamamos con los que usamos en Santuario… La verdad es que nunca me habían llamado Samantha antes de venir a vivir a Belfast, ahora papá se ha acostumbrado y siempre me llama "Sam".
-¿Y quién es Leehm? –preguntó Remus con interés.
Sam se echó a reír. Al parecer, la carta de Kiara (o Karen) Flathery tenía muy entretenidos a sus amigos.
-Leehm es el quetzal de mi hermana –contestó-. Lo que pasa es que es de color verde lima y llamaría mucho la atención aquí…
-Y… ¿qué tal si levantamos la sesión y nos movilizamos? –comentó Peter con una sonrisa-. Vamos a llegar tarde a clase de Herbología…
Los demás miraron sus relojes y se atragantaron a la vez.
-Maldita sea, tengo que ir a dejar esto a la habitación –renegó Sam mientras se zampaba su tostada a toda prisa y apuraba su taza de leche.
Los siete se apresuraron a terminar sus respectivos desayunos y salieron rápidamente del Gran Comedor, tan ensimismados con su venganza que, cuando ya estaban a punto de salir, Sam chocó sin querer con su pobre víctima, que abandonaba la mesa de Slytherin en esos momentos.
-¡Mira por dónde vas, estúpido engendro! –gruñó Snape, desestabilizándose y rompiendo momentáneamente su voto de silencio para con la niña.
Sam también se tambaleó y cayó contra Sirius, que la sujetó en el acto. Ambos se quedaron mirando a Snape con la boca abierta y, por un segundo, lo visualizaron con la cara peluda y orejas de gato sobresaliendo entre su grasiento pelo negro. De repente, los dos estallaron en carcajadas y se alejaron con rapidez, retorciéndose de risa, mientras Snape les dedicaba una mirada recelosa, con cierta inquietud reflejada en sus ojos negros.
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Muy rápido, y por razones obvias, todas las chicas de segundo de Gryffindor se enteraron del plan de los futuros Merodeadores y compañía. Sam intentó convencer a sus compañeras de que le permitieran preparar la Poción Multijugos en el cuarto de baño del dormitorio supletorio, donde llamara menos la atención, pero se encontró con la firme oposición de Sue Randall, que se negó en rotundo, argumentando que no quería meterse en líos. De hecho, pasaron unos momentos especialmente tensos, pues dicha morena incluso amenazó con chivarse a McGonagall si la involucraban en algo turbio. La discusión terminó cuando Lily explotó y se puso a gritarle a la tipa algunas verdades a la cara, dejándola rígida de la impresión. Y Belle supo que, después de aquello, la relación entre las nueve no volvería a ser la misma, y que ése era el punto y final a la pseudo-amistad que tenían o podrían haber llegado a tener esas dos niñas, desencadenante de las futuras contiendas entre ambas, que condicionarían a todo el grupo de chicas de aquella promoción.
El resto de compañeras se pusieron de parte de la pelirroja rápidamente, Iris no desaprovechó la oportunidad para poner verde a Sue y Sarah espetó que no necesitaban su ayuda para nada y que prepararían la poción en su cuarto de baño, para que no se contaminara con la frigidez mental de ciertas individuas. Hannah se pilló un rebote impresionante al verse al margen del plan y retiró la palabra a Randall, al igual que Irene, que por primera vez dejó de lado su timidez para plantar cara a su compañera de cuarto. Incluso Janet se mostró algo tirante con su mejor amiga en los días que siguieron, porque, aunque no miraba a Flathery con muy buenos ojos, le hubiese gustado verse incluida en la diversión. Y Belle, Lily y Sam no pudieron menos que sentirse orgullosas y agradecidas ante el apoyo demostrado por sus amigas, sobre todo Iris y Sarah, que estaban realmente entusiasmadas por el hecho de formar parte en uno de los famosos planes diabólicos de los delincuentes de Hogwarts, por una vez.
Sin embargo, conforme enero daba paso a febrero, las mentes de James y Belle se fueron alejando de la Poción Multijugos, que hervía a fuego lento en el cuarto de baño de las chicas, y se centraron en el partido contra Slytherin que se aproximaba inexorable. Los entrenamientos, que tenían lugar tres veces por semana bajo la mano de hierro de Frank Longbottom, el capitán, los dejaban tan agotados que apenas tenían tiempo de pensar en algo que no fuera la tarea escolar o el quidditch.
Frank era un muchacho rubicundo y con aspecto bonachón, ondulado pelo color arena y cara redonda, tan corpulento que casi medía lo mismo que Arthur, a pesar de estar en cuarto. Tenía un carácter alegre y era el chico con más energía que James había visto nunca. Formaba parte del equipo como cazador desde que tenía 12 años y se convirtió en capitán rápidamente. Arthur les había contado que, el año en que Frank entró en el equipo, el antiguo capitán estaba ya en su último curso. Al parecer, propusieron a Arthur para que asumiera el cargo, por ser uno de los veteranos, pero él se negó, ya que no se veía a sí mismo dirigiendo el equipo. Ahora se alegraba mucho de que hubiesen escogido a Frank, porque éste tenía una capacidad de liderazgo impresionante. A pesar de su carácter bondadoso, durante los entrenamientos asumía una personalidad tan dura y estricta como la del profesor Fletcher, y conseguía sacar lo mejor de todos sus jugadores con unos efusivos y apasionados discursos que actuaban como inyecciones de energía.
Frank estaba completamente convencido de que iban a ganar la Copa de Quidditch, no hacía más que repetirles que estaba muy orgulloso de ellos y que eran el mejor equipo que había tenido Gryffindor en años. Aquellas palabras, aunque sin proponérselo, crispaban bastante los nervios de los dos nuevos fichajes, ya que sentían sobre sus hombros la responsabilidad de ganar el partido, y no sólo por no decepcionar a Frank o a la profesora McGonagall, sino para demostrarles a los de Slytherin que eran mejores jugadores que ellos y restregarles la victoria en las narices como venganza indirecta por lo que le habían hecho a Sam.
Mientras tanto, ésta seguía enfrascada en la preparación de la Poción Multijugos y los demás se encargaban de ayudarla en todo lo que podían. Belle, que en esos días demostraba una seguridad bastante superior a la de James, sostenía que no había mejor venganza contra el pelo grasiento que vencer a Slytherin ante sus ojos y, en medio del dolor por la derrota, convertirlo en un gato humanoide por un mes, por lo que ponía aún más ahínco en los entrenamientos. A James le hubiese gustado poder disfrutar de la misma confianza que gozaba su amiga, porque quería vengarse de los slytherins con todas sus fuerzas, pero le acechaban los malos presentimientos y tenía miedo de cometer algún error fatal que hiciera perder a su equipo.
La noche anterior al encuentro estaba tan tenso que no pudo pegar ojo, y se pasó un buen rato tirado en su cama repasando mentalmente las tácticas de juego que habían estado entrenando. Cuando ya pasaban las 12, según el reloj de pared que había en la habitación, y los ronquidos de Peter le martilleaban en los oídos, un ruido lo hizo incorporarse. La puerta del dormitorio se abrió sola lentamente y, a los pocos segundos, se volvió a cerrar.
-¿Cómo va la poción? –preguntó James con un bostezo.
Entonces, de la nada, surgieron un par de figuras oscuras.
-¡James! –le reprendió Sirius, tirándole la capa invisible a la cabeza-. Deberías estar durmiendo desde hace un par de horas…
-Yo también te quiero, cariño –sonrió Potter irónicamente, gateando por la cama hasta su baúl para guardar la capa.
-¡Uff! Por todos los hipogrifos, ese baño se está convirtiendo en una auténtica sauna –resopló Remus, desplomándose sobre su cama. Luego levantó sus ojos grises, que brillaban en la oscuridad, hacia James-. ¿No podrías dejar el insomnio de lado y dormir por una vez en tu vida? Necesitas estar descansado para mañana, James, lo peor que podría ocurrirte es que te duermas cuando estés sobre la escoba…
-No te preocupes, Remus, me basta con dormir poco –repuso él, llevándose una mano al corazón con aire solemne-. Me echo una cabezadita de un par de horas y me levanto más fresco que una lechuga…
-Sí, tan fresco como una lechuga podrida, diría yo –masculló Sirius mientras se quitaba la bata para meterse en la cama-. ¡Acuéstate ya, Jamie Pots! –señaló a Peter, que roncaba impasible en su cama-. ¡Mira! Aprende de él, se pasa media vida durmiendo.
-¿Media vida? La vida entera, más bien…
Remus se echó a reír, aunque parecía más dormido que despierto.
-El problema de James –razonó con una sonrisa- es que se pasa el día soñando despierto y, cuando le llega la hora de dormir, ya no le queda más sueño…
-Remus, deberías ser filósofo –rió Black, tirándose en su cama-. Desarrolla alguno de tus razonamientos ahora, a ver si a James le entra el sopor y se queda frito.
-Bueno, ya me acuesto, pero decidme qué tal va la poción –atajó el miope, molesto, mientras los otros dos se reían.
-Sam dice que, como tardísimo, está preparada en una semana, pero que seguramente estará lista antes –bostezó Sirius-. En tres o cuatro días, quizá.
Desde que la rubia empezó a preparar la poción, algunos días los chicos iban a ayudarla en lo que necesitara y a ver cómo marchaba la cosa. Aquella noche les había tocado ir a Remus y a Sirius, por supuesto, bajo la capa invisible. No era aconsejable que alguien los viera entrando y saliendo de la habitación de las chicas, aunque lo realmente complicado era ocultarles a éstas la propia capa, ya que James se había empeñado en que nadie más debía conocer su existencia.
-¿Sabes? Lo mejor de ir a ver la poción por la noche, es que siempre pillamos a las chicas en camisón –bromeó Sirius, con una sonrisa somnolienta en la cara-. El de Iris mola un montón, es tope psicodélico. Y Lily tiene uno muy bonito, con florecitas… Qué pena que siempre que vayas tú se ponga la bata, no me explico por qué lo hace…
Pero James no le estaba prestando atención, fruncía el ceño con aire pensativo. Dirigió sus suspicaces ojos castaños hacia Remus, que estaba tirado en su cama y no se movía.
-Ey, Remus, ¿cuándo tienes que ir a ver a tu madre?
Lupin dio un brinco en su cama.
-¿Qué… qué? –tartamudeó. Se había quedado dormido.
-Que cuándo te toca ir a ver a tu madre –repitió James, entornando los ojos.
-Ehhh… Mañana –contestó Remus, bostezando.
-¿Mañana?
-Sí, mañana por la tarde, supongo que volveré el domingo. ¿Por?
-No, por nada… Sólo faltaba que te perdieses la transformación de Snape.
-No me la perdería por nada del mundo –repuso Lupin, aunque a James le pareció que su sonrisa era algo tensa. Remus nunca hablaba de la enfermedad de su madre, y evitaba el tema siempre que fuera posible.
-Sería un crimen imperdonable que lo hicieras, y más después de lo de la fiesta de Navidad –gruñó Sirius con tono de reproche-. ¿Cómo se te ocurrió faltar? Digo yo, lo importante es que vayas a ver a tu madre, ¿no? ¿Qué importa el día?
-Sirius, no empieces a molestar con eso otra vez, anda, estoy cansado –renegó Remus, metiéndose en la cama y cubriéndose con las sábanas hasta las orejas-. Te dije que los días de visita no se pueden cambiar y punto. Además, ¿qué más te da? ¿Tanto me quieres que no puedes estar sin mí una tarde?
-Sí, Remus, ya sabes que te amo locamente –rió Black, dándole con la almohada en la cabeza.
-Creo que me has confundido con Belle –replicó Lupin irónicamente, devolviéndole el almohadonazo-. Yo no tengo el pelo rizado.
Y ambos empezaron una guerra de almohadas, entre risas e insultos en plan de broma. James los miró desde su cama, esbozando una vaga sonrisa. Sin embargo, seguía preocupado, y no por el quidditch. Remus había dicho que los días de visita no se podían alterar, pero cada mes iba un día distinto, y no siempre caía en fin de semana, de hecho… rara era la vez que coincidían. ¿Qué significaba aquello? Y la historia de Hagrid… ¿Cómo había podido verlo atravesando los terrenos de Hogwarts con la señora Pomfrey? ¿Y hacia dónde se dirigían? Si Remus tenía que salir del colegio, no necesitaba atravesar los terrenos, tendría que irse por el camino principal, ¿no? Claro que Hagrid no había especificado eso… ¿Era necesario que lo acompañase la señora Pomfrey? Bueno, tampoco era aconsejable que fuera él sólo hasta Hogsmeade… ¡Un momento! ¿Seguro que no podía ir a su casa utilizando los polvos flu desde cualquier chimenea del colegio? Si el profesor Dumbledore le daba permiso, tal vez no fuera necesario salir del castillo para…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos, porque de repente una almohada se estrelló contra su cara.
-¡Eh! –exclamó molesto, y tiró la almohada con todas sus fuerzas contra la cara de Sirius, que se tambaleó por el impacto, cayéndose estrepitosamente de la cama.
Remus se echó a reír a carcajadas, retorciéndose entre las sábanas, y cuando su amigo se levantó de nuevo, cogió la almohada y comenzó a asfixiarlo.
-¿Con este jaleo queréis que duerma? –renegó James, haciéndose la víctima-. ¡Sirius, mata a Remus por la mañana, que vais a despertar a todo el colegio!
Black se apartó de mala gana del casi rubio, que seguía riéndose como si tal cosa, y volvió a su cama mascullando incoherencias.
-Gra-gracias, James… -tosió Lupin, atragantándose.
-De nada, Remus… ¿Y me hacéis el favor de callaros ya?
-Por supuesto, señor "dejadme dormir, aunque luego tenga insomnio y no pegue ojo en toda la noche" –replicó Sirius, irónico, tirándole de vuelta la almohada que James utilizó contra él.
-Idiota, esto es tuyo –gruñó Potter, tirándosela una vez más.
Sirius habría sido capaz de seguir con aquella discusión la noche entera, pero, por suerte para James, tanto él como Remus estaban cansados y afectados por el sopor de haber estado junto a la Poción Multijugos casi dos horas, de modo que pronto se quedaron dormidos.
James intentó imitarlos, pero parecía que sus ojos no se querían cerrar. Pasó gran parte de la noche entre dormido y despierto, con extraños sueños en los que Remus huía en mitad de la noche hacia un lugar oscuro y siniestro, o pesadillas sobre el partido de quidditch, donde Lucius Malfoy hechizaba la snitch y, siempre que intentaba cogerla, le daba una descarga eléctrica. Cuando la luz del amanecer empezaba a asomar por el horizonte, se despertó sobresaltado envuelto en un sudor frío. Acababa de tener una pesadilla especialmente horrible…
En ella aparecía una mujer pelirroja de cabello corto que corría en la completa oscuridad con un bebé en brazos, que se parecía enormemente al propio James. Una repentina risa fría y estridente provocaba la caída al suelo de la mujer, que quedaba ahí gritando de dolor, hasta que terminaba desvaneciéndose como el humo, dejando a James solo entre las sombras. Entonces, cuatro figuras se materializaban allí, junto a él. Una de ellas era una enorme serpiente que se le acercaba e intentaba estrangularlo. Y las otras tres figuras eran sus amigos: Sirius, Remus y Peter. Sirius intentaba acercarse a él para ayudarlo, pero entonces aparecían varios pares de manos viscosas que lo agarraban con fuerza, arrastrándolo hacia las tinieblas, mientras él gritaba e intentaba soltarse. Remus también hacía ademán de socorrerlo, pero de repente lo iluminaba una luz blanca muy potente y caía al suelo, retorciéndose de dolor, mientras su carne se iba consumiendo y él se derretía, quedando convertido en polvo. Y Peter… Peter simplemente se quedaba allí de pie, observando impasible cómo la serpiente lo ahogaba poco a poco, murmurando algo así como: "Es demasiado poderosa para mí, ¿qué pretendes que haga?". También oía un llanto… un llanto femenino… un llanto que le recordaba a…
-Lily… -resopló sin aliento, incorporándose con brusquedad.
Tardó casi un minuto en asimilar que estaba en el dormitorio de segundo curso de la Torre de Gryffindor, que a su derecha estaba la cama de Sirius, más allá la de Remus y al fondo la de Peter, y que cada uno de los mencionados aún dormía tranquilamente en su respectiva cama, sin serpientes, llantos, risas, luces o manos viscosas en ningún sitio. Se llevó una mano temblorosa a la cara para apartarse el empapado flequillo, con el corazón latiéndole a mil por hora. Miró por la ventana, estaba amaneciendo…
-Por Merlín… tengo que dejar de comer pastelitos antes de acostarme –susurró para sí, levantándose pesadamente-. ¿Y para esto quieren que duerma? Prefiero tener insomnio…
Fue directo al cuarto de baño y metió la cabeza bajo un chorro de agua helada. Odiaba tener pesadillas… y lo peor era que las tenía cada noche desde hacía ya tres años.
Cada noche, desde que su madre murió.
James cerró el grifo y se quedó inclinado sobre la bañera, observando cómo su pelo empapado chorreaba copiosamente, creando pequeños ríos que iban a desembocar en el desagüe. Y permaneció así hasta que su mirada también se empañó, notando, al cerrar los ojos con cansancio, cómo un par de lágrimas calientes se unían a las gotas de agua fría que ya surcaban su rostro. Con un suspiro, se incorporó, echándose el pelo hacia atrás, y empezó a desvestirse para meterse en la ducha, descargando cada pesadilla en un llanto silencioso pero ininterrumpido… como cada mañana.
El porqué de la muerte de Grace Potter era algo que jamás terminaría de entender, por mucho que lo intentara. No estaba enferma, no se quejaba de ningún dolor, simplemente… se fue. James volvió a cerrar los ojos, odiaba ponerse nostálgico, pero no lo podía evitar, porque su made era el primer pensamiento que lo asaltaba al despertarse, independientemente de lo que hubiese soñado por la noche. Su insomnio era la consecuencia directa del saber con certeza lo que lo esperaba cada vez que conciliara el sueño: las pesadillas, los presentimientos, las escenas oscuras e inconexas que le aceleraban el corazón, y el eterno recuerdo de su madre que llegaba con el amanecer, como la luz del sol.
Era como vivir con la sensación constante de que ella seguía estando en contacto con él, que nada de lo que veía en sus sueños era casual, y eso lo destrozaba por dentro aún más de lo que nadie podría llegar a imaginarse. Quería muchísimo a su madre, pero haber pasado dos años y medio atado a la presencia de una muerta había sido devastador. No estaba preparado para afrontar algo así, y estaba seguro de que aquello le había provocado ciertos trastornos que le durarían de por vida. Su vida había cambiado con demasiada brusquedad tras la muerte de Grace y él, al quedarse solo, no había podido terminar de asimilarlo. Por eso, desde que tenía 9 años, se había convertido en costumbre el descargar cada mañana todo aquello en forma de lágrimas silenciosas, que se iban por el desagüe junto con el agua de la ducha, y que le limpiaban el espíritu aún más de lo que el jabón podía limpiarle el cuerpo, reconstruyéndolo para salir a vivir un día más, hasta que llegara de nuevo la noche.
Sin embargo, hacía meses que esa sensación de ahogo había remitido, ya no lloraba al despertarse, y había tenido la boba ilusión de que tal vez se hubiese empezado a curar. El poder compartir ese dolor y desahogarse con quién que había sufrido lo mismo le había hecho mucho bien, había dejado de sentirse desamparado, y empezar a retroceder otra vez ahora no le hacía ni pizca de gracia. Si esto continuaba, se iba a ver en la obligación de mandarle una lechuza urgente a cierta persona…
Después de la ducha rápida, se vistió en dos minutos con el uniforme de quidditch, cogió su Nimbus 1001 y salió de la habitación revolviéndose el húmedo pelo azabache, aún apesadumbrado, cuando empezaban a oírse ruidos en las demás camas. Tenía la horrible sensación de no haber descansado absolutamente nada. No hacía más que intentar convencerse a sí mismo de que todo se debía a los nervios por el partido, de que no eran más que paranoias provocadas por la tensión, y se esforzaba en cargarse la mente con pensamientos positivos, pero no podía dejar de darle vueltas a esa maldita pesadilla. ¿Qué demonios significaba? Como si no tuviese ya suficientes cosas en las que pensar… Y ese llanto… ¿por qué había oído a Lily llorar? O, mejor dicho, ¿qué hacía Lily en su subconsciente? "No creo que llorara por haber suspendido Transformaciones", se dijo a sí mismo con un suspiro.
Al llegar a la sala común, se chocó con Belle, que salía en ese momento de las escaleras que llevaban a los dormitorios de las chicas.
-Ah, buenos días, campeón –lo saludó, bostezando-. ¿Qué, listo para la contienda? –pero entonces se fijó en sus ojeras y su cara pálida, y abrió los ojos de golpe-. ¿Qué pasa, James? ¿Te encuentras mal?
-No te preocupes, Belle, es sólo que… no he dormido muy bien –Potter esbozó una triste sonrisa-. Supongo que serán los nervios…
-Bah, no le des importancia –atajó ella con un gesto. Lo rodeó con un brazo, mientras se echaba la escoba al hombro, y le plantó un amistoso beso en la mejilla-. Ea, andando, James, vamos a desayunar. Necesitarás fuerzas, ¿nadie te ha dicho que estás en los huesos? Seguro que eso te anima…
-¿El qué, comer o que me digan que estoy en los huesos? –sonrió él, irónico.
Belle le devolvió la sonrisa.
-Lo siento, es demasiado temprano, aún no tengo ánimo para reírme…
-Apoyo la moción. ¿Cómo es que te has despertado a estas horas?
-Lily –resopló Figg como única respuesta, poniendo los ojos en blanco.
-¿Lily? –repitió James, y sintió que se le encogía el estómago-. ¿Qué pasa con Lily?
-Pues que nos ha dado la noche –contestó Belle, haciendo un gesto de pesadumbre-. Hace un rato se ha despertado gritando como loca, nos ha dado un susto de muerte. Lleva unos días muy rara, dice que tiene un mal presentimiento desde que empezó el año nuevo, y que le cuesta mucho dormir y tiene pesadillas. Hoy ha soñado que una serpiente ahogaba a un bebé…
James estuvo a punto de caerse cuando salían ya por el retrato hacia los desiertos corredores de Hogwarts.
-¿QUÉ? –chilló con los ojos como platos, frío de la impresión, y la Señora Gorda le dirigió una mirada de reproche.
-Sí, horrible, ¿verdad? –comentó la morena tristemente-. Sarah, Iris y Sam se han quedado con ella, están intentando calmarla. No sé qué demonios tomaría anoche, pero desde luego no le sentó nada bien. Quizá sea por el vapor que suelta esa maldita Poción Multijugos, si no es tóxico, poco le falta. Tenemos que abrir las ventanas de par en par para airear el baño, cualquiera que vea ese humo negro va a pensar que nos estamos incendiando…
Pero James ya no escuchaba, su corazón encerrado en un puño. ¿Era… era posible que Lily y él hubiesen soñado lo mismo al mismo tiempo? No, imposible. Y sin embargo… había oído el llanto de Lily en su sueño, al mismo tiempo que ella gritaba y lloraba en su habitación… La sensación de estar viviendo algo inverosímil, de encontrarse ante un mensaje oculto que alguien le intentaba transmitir, volvió a asaltarlo con tanta fuerza que le revolvió el estómago. ¡Maldita sea! ¿Qué rayos significaba todo aquello?
De todas formas, no tuvo mucho tiempo para pensar en lo ocurrido, porque, al llegar al Gran Comedor, se dieron cuenta de que no eran los únicos madrugadores: el equipo de Gryffindor al completo estaba ya allí. Arthur, que jugaba de guardián, estaba sentado al lado de Molly, golpeadora junto con Belle, y ambos parecían recién salidos de la cama, con los ojos entornados, expresiones somnolientas y el pelo revuelto. El joven pelirrojo intentaba untar su tostada con una mano, ya que con el otro brazo rodeaba a su novia, y bostezaba a un ritmo de al menos diez veces por minuto. Molly apoyaba la cabeza en el hombro de Arthur y parecía estar medio en trance, mientras picoteaba en el desayuno de su novio.
Justo a su lado estaban los mellizos Jordan, ambos completamente idénticos, también de séptimo curso. Eran unos hermanos negros, con el pelo azabache rizado, ojos ambarinos bastante claros y de complexión menuda. James siempre se había preguntado si los dos se ponían de acuerdo en sincronizar sus movimientos o si lo hacían sin darse cuenta, pero el caso es que, cuando estaban juntos, casi siempre hacían un mismo gesto a la vez. En el momento en el que Belle y él entraron en el Gran Comedor, ambos hermanos se llevaron una cucharada de cereales a la boca y acto seguido bebieron un trago de leche, todo al mismo tiempo y con aire de estar más dormidos que despiertos. La única diferencia que había entre ellos, a parte de la obvia distinción de sexo, era que Mary Ann tenía el pelo largo hasta mitad de la espalda peinado en trencitas y Bill lo mantenía muy corto, casi a rape. Aunque la joven Jordan era la comentarista de los partidos y no formaba parte del equipo directamente, solía ir a todos sitios con su hermano, que jugaba como cazador, por lo que no era extraño verla acoplada al grupo de jugadores.
En frente de ellos, y de espaldas a la puerta de entrada, estaba Alice Greenwood, la última componente femenina del equipo, una cazadora que también estaba en cuarto. Era una chica vivaracha, bromista y muy agradable, con unos sarcasmos que admiraban al mismísimo Sirius, pero en ese momento tenía cara de pocos amigos y removía sus cereales con desgana. Delgada y de estatura media, solía llevar su pelo dorado recogido en dos coletas y, en aquel instante, sus ojos color avellana dirigían una mirada asesina a Frank Longbottom, que parecía estar deleitando al equipo con alguno de sus discursos, sentado junto a ella. La verdad era que Frank parecía ser el único realmente despierto y se lo veía tan rebosante de energía como de costumbre.
-¡Ey, por fin llegáis! –exclamó con una radiante sonrisa, al verlos acercarse-. Ya os estabais retrasando, estaba a punto de subir a buscaros…
James no se atrevió a mirar el reloj. No tenía ganas de averiguar a qué hora pretendía haberlos despertado Frank. Se sentó junto a Belle y empezó a prepararse el desayuno con desgana.
-Deberías haberlo hecho, Frank –masculló Alice-. ¡Y haberte perdido por las escaleras!
Longbottom la ignoró.
-Bueno, chicos, ¿qué tal habéis dormido?
-Fatal –resoplaron los nuevos fichajes a la vez.
-Bah, eso es normal antes del primer partido… Por cierto, James, tienes correo.
-¿Yo? –Potter se atragantó con la leche.
-Sí, tú –Frank señaló una lechuza parda con reflejos rojizos que estaba posada sobre el respaldo de una silla-. Debe ser importante, porque lleva aquí desde que hemos llegado. Parece que te estaba esperando…
A James se le heló la sangre. ¿Aún había más? Ya era suficiente tener que volar con aquella pesadilla, el asunto de Remus y la Poción Multijugos en la cabeza. La lechuza pareció notar que se habían fijado en ella y voló sobre las cabezas de los somnolientos estudiantes hasta posarse en el hombro de James, extendiendo la pata donde llevaba la carta.
-Gracias… -murmuró el muchacho, desatando el sobre y dándole a la lechuza un trozo de tostada que se le había caído a Arthur de la mano, antes de que emprendiera el vuelo de nuevo.
-¿De quién es? –preguntó Belle, echando un vistazo por encima del hombro de su amigo.
-Ni idea…
Miró el sobre, donde lo único que ponía era "James Potter" con letras esmeralda. Pero antes de que pudiera voltearlo para ver el remitente, un tremendo ruido resonó en el Gran Comedor. Los mellizos Jordan se sobresaltaron a la vez y casi derramaron sus tazas de leche. Molly se escurrió y estuvo a punto de meter la cabeza en los cereales de Arthur. Y todos los demás se volvieron rápidamente hacia la entrada, para ver cómo Peter Pettigrew se agarraba una pierna y gemía de dolor. Al parecer, había entrado medio sonámbulo, estrellándose contra la mesa de Slytherin. Belle murmuró algo y volvió a centrarse en sus cereales, conteniendo la risa y olvidándose de la carta. Lily, Sam, Sirius y Remus, que venían con Peter, resoplaron protestas ininteligibles y fueron a sentarse a la mesa.
-Si abrieras los ojos al andar… -masculló Sirius, sentándose junto a Arthur, frente a James.
-Una distracción la tiene cualquiera, ¿no? –gimoteó Peter con cara de dolor, sentándose al lado de Black.
-Sí, que se lo digan a tu pierna… -bostezó Remus, que se dejó caer en una silla, junto a Peter.
Lily llegó muy seria y cabizbaja, tomando asiento a la izquierda de James rápidamente, como si quisiera sentarse lo antes posible. Potter se volvió a mirarla, justo al mismo tiempo en que ella se volvía para mirarlo a él.
-¿Te encuentras bien? –se preguntaron mutuamente, a la vez.
Ambos se miraron, sorprendidos.
-Claro, ¿por qué lo preguntas? –volvieron a contestar al unísono.
James suspiró, impaciente.
-Lily, ¿estás bien?
Ella lo miró con una expresión cercana al terror.
-C-claro… -tartamudeó-. ¿Por qué no iba a estar bien? ¿Qué te hace pensar eso?
Su compañero alzó una ceja con escepticismo.
-Belle me ha dicho lo de tu pesadilla –murmuró, para que sólo ella lo oyera-. Y… bueno… por eso te pregunto.
-Oh –Lily abrió los ojos al doble-. ¿T-te lo ha contado? Bueno, n-no fue nada en realidad, otra de mis tonterías, ya sabes, jeje, qué estupidez… Sí, una completa estupidez, ya estoy perfectamente, perfectamente perfecta, no te preocupes, olvídalo, jejeje…
Pero a él no le pareció que estuviese perfecta, más bien tenía aspecto de estar completamente histérica. La pelirroja empezó a tomarse los cereales con un exagerado temblor en las manos, más pálida que la leche que tenía delante, y James se preguntó por qué demonios se había puesto así, hasta que cayó en la cuenta de que Lily también le había preguntado por su estado. ¿Es que sospechaba que no se encontraba bien? ¿Acaso había reconocido en ese bebé al propio James? ¿Sabría ella que habían tenido los dos la misma pesadilla? Se dispuso a preguntárselo, pero la voz de Sirius lo interrumpió.
-James, ¿en qué lío te has metido ahora?
-¿Qué? –Potter lo miró, confuso.
-Te escriben del Ministerio… -explicó Black, con la boca llena de cereales, señalando la carta que descansaba apoyada en un vaso de zumo.
James empezó a sentir un fuerte dolor de cabeza, eran demasiadas cosas al mismo tiempo… Cogió el sobre con rapidez: en efecto, estaba sellado con el emblema del Ministerio. Lo abrió, preguntándose qué otra desgracia podría ocurrirle en el mismo día, pero, al reconocer la letra, sus preocupaciones se desinflaron inmediatamente, desapareciendo de su cabeza como si alguien hubiese fumigado. Fue como tomar un buen trago de cerveza de mantequilla. La presión en el pecho se disolvió, los malos presentimientos se esfumaron y el apoyo que le faltaba en esos momentos lo invadió por completo, como llegado del cielo. "A veces pienso que hueles cuándo te necesito", se dijo, y una vaga sonrisa iluminó su rostro, haciéndolo sentir enormemente reconfortado.
-Es de mi padre –explicó después de leerla, a nadie en especial-. Dice que está muy orgulloso, que me desea suerte en el partido y que le gustaría venir a verme jugar…
Sin dejar de sonreír, volvió a apoyar la carta en el vaso de zumo y se pasó el resto del desayuno releyéndola. Aquello lo tranquilizaba y lo ayudaba a despejar la mente: ya tendría tiempo de preocuparse después, ahora debía centrarse en el partido.
Sirius y Remus se miraron y también sonrieron. Ellos eran los únicos que sabían los problemas que había tenido James con su padre. Y cómo esos mismos problemas, por motivos que nadie conocía, parecían haberse solucionado por fin el verano anterior. Sirius no estaba seguro de lo que había ocurrido, pero tenía la ligera sospecha de que el profesor Dumbledore estaba relacionado con el asunto. Quizá fue él quién hizo entrar en razón al mayor de los Potter, o quizá Izzy hubiese cumplido por fin su amenaza de pegarle una paliza para devolverle la cordura, pero lo verdaderamente importante era que el hombre había salido por fin de su burbuja y estaba de vuelta en el mundo real: volvía a ser el John Potter que Sirius conocía desde que era un bebé, el padrino que siempre se convertía en cómplice de las travesuras, el mejor amigo de Izzy y el padre que James echaba en falta más que a nada.
Según se iba llenando el Gran Comedor de gente, el aire que se respiraba se volvía cada vez más tenso. Después de todos los conflictos que habían estallado entre gryffindors y slytherins en los últimos meses, todos se tomaban aquel partido como una revancha personal o una cuestión de honor. Desde la mesa de Slytherin, Lucius Malfoy, capitán del equipo de las serpientes, dirigía miradas envenenadas a los de Gryffindor y hablaba en susurros con los de su equipo, con toda la pinta de estar tramando algo chungo. Frank Longbottom, que estaba más que harto del nerviosismo que el ambiente en general estaba infundiendo a sus nuevos miembros, se empeñó en ser los primeros en llegar al campo, así que, mientras todos los demás estaban aún en mitad del desayuno, el equipo de Gryffindor abandonó el lugar, junto con los inseparables de James Potter y Belle Figg. El primero aún estrujaba la carta de su padre en la mano cuando salieron al vestíbulo.
-¡Por los cerdos de Circe! –chilló de repente Sirius, y agarró a James con tal brusquedad que éste estuvo a punto de estamparse contra el suelo. Cuando Potter lo miró, enfadado, vio que su mejor amigo lucía una enorme sonrisa en la cara-. No mires a la puerta, porque te vas a desmayar…
James se volvió en el acto y sí que estuvo a punto de desmayarse. Un poco apartada de las grandes puertas de roble, la profesora McGonagall se encontraba conversando animadamente con dos hombres adultos que lucían sendas capas de viaje, uno de los cuales era…
-¡PAPÁ! –exclamó James, boquiabierto, y su voz resonó en todo el vestíbulo.
Los tres adultos interrumpieron su charla y se volvieron hacia los alumnos. John Potter no habló, pero dirigió a su hijo una abierta sonrisa, que hizo que James echara a correr hacia él, del mismo modo que los imanes atraen al hierro, seguido de sus seis amigos.
Frank se quedó con la boca abierta.
-Ehhh… James, Belle, el partido…
-¡Ay, cállate ya, Longbottom! –renegó Alice, dándole un capón en la cabeza-. Estás empezando a resultar más obsesivo de lo normal. ¿Es que no ves que es el padre de James? Deja en paz al pobre muchacho, aún queda mucho para el partido…
Y el resto del equipo abandonó el vestíbulo con disimulo, Alice encargándose de empujar con apremio a su capitán.
-¡Papá! ¡Papá! –chillaba James entusiasmado, y se tiró a los brazos de su padre sin importarle que ocho personas más estuviesen mirando, tan efusivamente que poco le faltó para hacerlo caer.
John soltó una carcajada.
-¡Eh, buscador! –exclamó, abrazando a su hijo con tanta fuerza que terminó levantándolo del suelo-. ¡Vaya! Nos han pillado con las manos en la masa, y yo que quería pasar desapercibido…
-¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó James, sin poder dejar de sonreír, mientras su padre le revolvía aún más el pelo, cariñosamente, y sus amigos llegaban ya junto a él.
-Bueeenooo… -John cambió una elocuente y divertida mirada con el otro hombre y ambos sonrieron-. Es una suerte eso de ser director de un Departamento, puedes ponerte enfermo cuando quieras… Y nosotros no perdemos ninguna oportunidad.
Los niños rieron y la profesora McGonagall carraspeó sonoramente a modo de reprobación, apretando los labios para tratar de ocultar una sonrisa. Potter se irguió y dejó escapar una ligera tos.
-Ya, no me pongas esa cara, Minerva, ¿qué hay de malo en querer ver el primer partido de quidditch de mi hijo?
-Johnny, no vas a cambiar en la vida… -murmuró la mujer, negando con la cabeza.
-Bueno, ya sabes lo que dicen –repuso él, acentuando su sonrisa-. Más vale malo conocido que bueno por conocer. A mi edad, resulta algo complicado corregirme el carácter, ¿no te parece? Si no lo consiguió Dumbledore cuando estaba en el colegio, es que ya soy un caso perdido…
-Y que lo digas –gruñó McGonagall, y se llevó las manos a las caderas-. Ése es el ejemplo que le das a tu hijo, así está, convirtiéndose en un delincuente juvenil.
-Pse… -Johnny se encogió de hombros, con expresión inocente-. Es que dicen que se parece mucho a mí, ¿yo qué culpa tengo?
La profesora resopló, poniendo los ojos en blanco.
-Eh, papá, si ibas a venir, ¿por qué me mandaste esto? –intervino James, divertido con la escena, levantando la carta que llevaba en la mano.
-Ups… era una carta trampa –explicó John, componiendo una expresión de culpabilidad-. Ya te dije que quería pasar desapercibido. Supuestamente, la sorpresa era para después del partido, pero no me dio tiempo a ocultarme por ahí…
James se echó a reír otra vez.
Remus nunca había visto a John Potter, pero no cabía duda de que era el padre de James. Era idéntico a su hijo: de estatura media, flacucho, con el pelo azabache despeinado, gafas y ojos castaños y soñadores. Tenía un aspecto tan vivaracho y agradable que no podía imaginárselo tal y como James se lo describió el año anterior. Definitivamente, el dolor podía transformar por completo a las personas… al igual que la recuperada felicidad.
-¿Qué tal lo llevas? –le preguntó Johnny a su hijo, tornándose serio.
-Más o menos…
-¿Por? ¿Ha pasado algo?
-Nah, nada importante…
-James…
Padre e hijo se miraron. James hizo un gesto extraño con la mano, al que su padre respondió con otro ademán.
-Bueno, si vais a empezar a hablar por signos, yo me largo –renegó Sirius.
-¡Eh, el joven Black, que ya ni siquiera saluda a su padrino! –desvió John, irónico, y, alargando un brazo, lo rodeó por el cuello y lo estrechó con fuerza también-. No empieces a protestar, Sirius, o te despeino, que sé que te repatea. Eres igual de señoritingo que tu padre, siempre preocupándose por que cada pelo esté convenientemente en su sitio.
-¡Yo no tengo la culpa de que James y tú seáis unos renegados de la estética! –protestó el moreno de ojos azules, con un enfado que era obviamente fingido-. ¡Unos nacemos guapos y con encanto, y otros nacéis tristemente mediocres, acéptalo, tío Johnny!
-¡Oye, ésa no es forma de hablar a tus mayores! –reprendió el hombre, siguiéndole el juego-. Es verdad que te estás convirtiendo en Izzy a una velocidad pasmosa, no sé dónde va a terminar esto. ¿Y a él no le dices nada, Minerva? Empiezo a pensar que la tienes cogida con mi hijo…
-A Black ya no sé qué más decirle –repuso la mujer sombríamente.
-Bueno, espero que retires tus insultos –siguió Potter, dirigiéndose a su ahijado y alzando el mentón con expresión altiva-. Encima que te he traído un regalo… -y señaló al hombre que estaba junto a él.
-Johnny… Lo dices como si fuese una cosa –se quejó el susodicho.
-Uf, sabes que mi hobbie favorito es cosificar a las personas –sonrió John, divertido-. Chicos, os presento a Hamish MacFarlan, colega mío del Ministerio, director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos y…
-¡Capitán de los Montrose Magpies del 57 al 68! –chillaron James, Sirius, Peter y Belle al mismo tiempo, con los ojos desorbitados.
En el acto se produjo un tumulto.
-¡Señor MacFarlan, soy admiradora suya desde los tres años! ¡Es usted mi héroe! ¡Por favor, POR FAVOR, fírmeme un autógrafo! ¡Aunque sea en el palo de mi Nimbus!
-¡Quita de en medio, Belle! ¡Señor MacFarlan, soy Sirius Black, de seguro conoce a mi padre, Issimus, es el director de la Oficina de Desinformación! ¡Soy de los Magpies desde que nací, su equipo es mi equipo, su vida es mi vida! ¡Fírmeme, por favor, aquí en la frente…!
-¡Ya basta, Sirius! ¡Peter Pettigrew, señor MacFarlan, encantado de conocerlo, he ido a todos sus partidos desde que era un bebé! ¡Mi madre se muere por un autógrafo suyo! ¡Fírmeme en la túnica con tinta fosforescente, se lo ruego…!
Hamish MacFarlan sacó pluma y pergamino, algo intimidado, y comenzó a repartir autógrafos mientras John Potter se partía de risa.
-Eso por la partida de gobstones del mes pasado, Hamish –entonó burlonamente.
-Jeje… voy a matarte, Johnny –masculló entre dientes el señor MacFarlan, intentando quitarse de encima a Belle, Sirius y Peter para poder respirar.
-Vale, pero antes no olvides darle un autógrafo a mi hijo…
-Papá, ya que has venido, te presento a mis amigos –exclamó James con entusiasmo, y lo cogió de una mano para guiarlo hacia los tres que se habían quedado algo apartados, dejando claro que prefería la visita de su padre, a todos los autógrafos del mundo.
Johnny asintió y sonrió a los seis muchachos, claro que los tres maniáticos del quidditch no se dieron cuenta: estaban demasiado ocupados acosando al excapitán de los Magpies.
-Bueno, a Sirius ya lo tienes muy visto… La del pelo rizado es Belle Figg y el bajito es Peter Pettigrew. Éste es Remus Lupin –agarró al susodicho de un brazo y lo plantó ante su padre con una sonrisa.
-Vaya, Remus, por fin te conozco –murmuró John, estrechando la mano del vergonzoso niño-. Me han hablado mucho de ti, y todas cosas estupendas. Dicen que tienes la filosofía de tu padre, y eso dice mucho a tu favor. Pero definitivamente tu cara y tus ojos son de Selene.
Remus palideció y una sombra de miedo cruzó rápidamente su mirada gris.
-Usted… -inquirió con un hilo de voz, nervioso-. ¿Usted conoce a mis padres?
John asintió con la cabeza, encogiéndose de hombros, pero, al notar la incomodidad del casi rubio, no comentó nada más. James los miró curioso por un segundo, alzando las cejas, pero tampoco añadió nada al respecto.
-Ésta es Sam Flathery…
-¡Eh, la hija de Jonathan! Estaba deseando conocerte, tu padre no hace más que hablar de ti.
-Siempre está exagerando –sonrió Sam, algo avergonzada, sonrojándose.
-Para nada, te tiene en un pedestal, pero dudo que sea sin motivo. Te pareces mucho a él, ¿sabes? Tu padre y yo nos conocimos en el Ministerio hace años, no sé si te lo habrá dicho. Me enteré de lo que te pasó en diciembre, y de que Jonathan estuvo muy preocupado por ti. ¿Qué tal estás?
-Mucho mejor, gracias por preguntar –y ambos intercambiaron una sonrisa.
-Y ésta es Lily Evans –concluyó James, señalando a la pelirroja.
Cuando Johnny se volvió para mirar a Lily, ésta sintió que se le encendían las mejillas ante la atenta mirada del hombre, que la observaba como si de repente ella fuese la cosa más importante del planeta. Potter mantuvo sus ojos clavados en la niña por un par de segundos, antes de volver a sonreír amistosamente, pero para James no pasó desapercibida la leve sombra que se escondía tras la mirada castaña de su progenitor.
-Vaya, la famosa señorita Evans –comentó, estrechándole la mano-. Mi hijo me ha hablado mucho de ti, dice que lo odias profundamente…
Lily se puso como un tomate.
-Yo… eh… no… esto… -balbuceó incoherentemente, hasta que terminó estallando con un-: ¡Eso es mentira! –y fulminó a su amigo moreno con una mirada asesina, mientras éste se revolvía el pelo, riendo con nerviosismo.
John soltó una carcajada ante la escena y, cuando la miró de nuevo, sus ojos brillaron.
-Eso está bien, una bruja de origen muggle que no se deja intimidar por un sangre limpia, sigue así, Lily, llegarás lejos. No te amedrentes por nadie. Porque tú eres hija de muggles, ¿verdad?
-Sí –corroboró la pelirroja, esbozando un tímido mohín.
Con una melancólica sonrisa que recordaba a Jonathan Flathery, Johnny colocó una mano sobre la cabeza de la pequeña.
-Me recuerdas mucho a mi esposa, Grace –murmuró-. Provenía de familia muggle, como tú, y era una de las mejores brujas que he conocido jamás, mucho más inteligente y talentosa que yo. Y también tenía un carácter muy fuerte. ¿No te ha dicho nunca James que te pareces a ella? –Lily negó con la cabeza, completamente anonadada, y John se volvió hacia su hijo-. ¿No crees que se parecen? Por cierto… ¿te he hablado alguna vez de la tradición de los Potter?
El rostro de James se puso tan rojo como el cabello de su compañera.
-¡Papá, no empieces con eso! –renegó, avergonzado.
Potter se echó a reír otra vez.
-¡FIGG, BLACK Y PETTIGREW, DEJEN EN PAZ AL SEÑOR MACFARLAN DE UNA VEZ! –rugió de repente la profesora McGonagall, sobresaltándolos-. Johnny, será mejor que os vayáis ya al campo –añadió, consultando su reloj-. Dentro de poco empezarán a salir los estudiantes y, si os quedáis aquí, el pobre Hamish puede resultar herido. No creerías lo que son capaces de hacer esos pequeños salvajes por un autógrafo…
-Minerva… tú le pediste un autógrafo hace diez minutos, antes de que llegaran los chicos –entonó el hombre de pelo revuelto, alzando una ceja irónicamente.
La profesora McGonagall se sonrojó levemente.
-Qué tontería –barbotó con aire digno-. ¿Por qué iba a pedirle un autógrafo a un antiguo compañero de estudios? Todos al campo de quidditch, ¡andando!
Y empujó a todos hacia el exterior del castillo. Sin embargo, John se escabulló disimuladamente y, agarrando a James de un brazo, lo apartó un poco del resto en dirección a un rincón aislado. Cuando se encontraron solos en el vestíbulo, lo miró a los ojos con seriedad y preguntó en voz baja:
-Dime. ¿Qué es lo que ha pasado esta noche?
James le sostuvo la mirada por unos segundos, sin parpadear, hasta que tuvo la impresión de estar mirándose en un espejo. Le gustaba mucho esa sensación.
-A veces… es como si lo sintieras –susurró, casi más para sí mismo que para su padre, pero ante la cara de incomprensión de éste, añadió-: Es como si sintieras cuándo me encuentro mal o cuándo necesito hablar contigo… ¿Cómo haces eso?
-Subestimas las habilidades paternas –sonrió de lado John, medio en broma, medio en serio.
-Antes no lo hacías… -replicó James, una sombra oscureciendo sus ojos momentáneamente.
-Antes no veía más allá de mis narices –atajó el hombre, apretando los dientes, como enfadado consigo mismo. Sujetó a James por los hombros y volvió a clavar sus ojos en los de él, ahora con preocupación-. ¿Qué ha pasado esta noche, James?
-He vuelto a tener sueños raros –contestó el niño, y su voz flaqueó un poco, por lo que se apresuró a carraspear.
-¿Qué ha sido esta vez? –John arrugó la frente, consternado.
-No tengo tiempo para contártelo ahora –repuso James, dirigiendo una mirada de reojo a las puertas del Gran Comedor, desde donde empezaba a llegar ya el ruido de la masa de estudiantes movilizándose-. Pero quiero hablar contigo de otras cosas también, porque… he estado preocupado últimamente, y…
-¡Potter! –llegó la voz de McGonagall desde las escaleras de piedra.
-¡Voy! –gritaron a la vez padre e hijo.
-Escucha –se apresuró a añadir John, mirándolo intensamente-, no tengo que volver al Ministerio a no ser que haya una emergencia, me he cogido todo el día libre, el plan era pasarlo contigo, si tú quieres…
-¡Sí! –exclamó James, sus ojos brillando de entusiasmo.
-Bien, entonces me quedaré hasta la noche, ¿te parece? Con un poco de suerte, Dumbledore te dará permiso para salir del colegio y podremos irnos a comer juntos a Hogsmeade o a donde quieras. Hablaremos después del partido, así que ahora céntrate sólo en ganar a las serpientes, Minerva me ha dicho que, desde que pasó lo de Samantha, han estallado un montón de peleas entre las dos casas… Ahora es el momento de vengaros con estilo.
-De acuerdo –rió quedamente el menor de los Potter, mucho más animado que antes-. Gracias por venir, papá.
-¿Estás loco? –bromeó John, revolviéndole el pelo-. Ya me he perdido bastante, ¿no crees?
James le dedicó una sonrisa y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó con fuerza por un par de segundos.
-¡POTTER! –volvió a rugir la jefa de Gryffindor.
-¡Ya, ya! –exclamó John, soltando al niño y dirigiéndose con él hacia la salida rápidamente-. Cómo eres, Minerva, no me dejas ni tener un par de palabras a solas con mi hijo…
-Tienes todo el día para eso –farfulló la mujer-. Ahora coge a Hamish y marchaos los dos hacia las gradas de los profesores. Esperad allí, Albus se reunirá enseguida con vosotros, yo tengo que hacer otras cosas antes…
Y, con un gesto de despedida, volvió a subir las escaleras de piedra para ingresar al vestíbulo, del que ya empezaban a salir algunos alumnos entusiasmados.
-Pues nada, vámonos –suspiró Johnny, instándolos a moverse con un gesto. Mientras el grupo en pleno emprendía el camino hacia el campo de quidditch, vio que Belle permanecía sola con aire ensimismado y se apresuró a acercarse a ella-. ¡Eh, Arabella!
-Oh, señor Potter –sonrió la niña, alzando la vista del trozo de pergamino donde llevaba su autógrafo y saludándolo con un gesto-. Mucho gusto, perdone que no lo haya saludado antes…
-No importa –rió el hombre-. Oye, ¿has tenido noticias recientes de tu padre? Hace casi una semana que no sé de él…
-Mamá me escribió ayer –explicó Belle, sin extrañarse de que un perfecto desconocido le preguntara por el estado de su padre. Si había algo que habían aprendido últimamente los siete amigos era que, en el mundo mágico, todos se conocían-. Dice que está mejorando cada día, aunque aún no puede dejar San Mungo. Siguen haciéndole pruebas, pero mamá parecía muy optimista. Me dijo que papá estaba muy orgulloso de mí, que me deseaba suerte en el partido y que le hubiese gustado verme jugar.
-Comprendo… -murmuró John, y sonrió ante la cara radiante de la niña. Pero en sus ojos brilló una chispa extraña, como si él no estuviese tan convencido de aquellas palabras. Belle, por suerte, no lo notó.
-Eh, Johnny –intervino MacFarlan, que había estado hablando con James, Lily, Remus y Sam durante el camino y ahora miraba su reloj-, será mejor que aceleremos.
-Sí –asintió Potter, ligeramente ausente-. Sí, sí, adelantémonos. Bueno, chicos, muchísima suerte, ¿de acuerdo? Os estaremos viendo.
-¡Muchas gracias por esto, tío Johnny! –gritó Sirius, agitando su autógrafo, que había estado comparando con el de Peter, como si fuese lo más preciado del mundo-. ¡Eres el mejor padrino que existe!
John sonrió con complicidad y, al pasar junto a su ahijado, le revolvió el pelo bruscamente. Sirius gruñó y se apresuró a peinarse de nuevo con los dedos, recolocando con esmero exagerado su preciada cabellera ante las risas de los demás. Con una elocuente mirada a su hijo, Johnny lo despidió levantando el pulgar derecho, como para darle ánimos, gesto que James imitó. Y los dos hombres se alejaron rápidamente hacia el campo a grandes zancadas, mientras el resto del colegio alcanzaba ya a los siete gryffindors.
-En fin, nos vemos después, campeones –exclamó Sirius, con la moral por las nubes, estrechando a James y a Belle en un mismo abrazo-. Os estaremos animando a pleno pulmón, ¿verdad, chicos?
-¡Por supuesto! –contestaron Sam y Remus, mientras Lily sonreía. Peter sólo se dedicaba a besar continuamente el autógrafo de Hamish MacFarlan.
Al despedirse, los cuatro chicos chocaron las palmas en plan colectivo un par de veces y después entrechocaron los brazos y los puños, en una especie de saludo especial que se habían inventado. Las tres chicas se abrazaron, entre palabras de ánimo. Y luego, Sirius rodeó por los hombros a Remus y Sam y se los llevó hacia el campo, berreando una canción ininteligible, seguidos de cerca por Peter, que ponía el acompañamiento musical a la melodía, silbando agudamente. Ambos jugadores hicieron ademán de adelantarse también, pero…
-James –Lily lo cogió de un brazo, reteniéndolo, como había hecho el propio John hacía unos minutos-. Sólo… sólo quería desearte suerte…
El joven Potter le dedicó una sonrisa.
-Tranquila –entonó, y le guiñó un ojo-, yo nací con suerte…
-Mmmfm, presumido…
-Jeje, sólo bromeaba, boba, y… Lily –esta vez fue él quién la sujetó de un brazo-, anímate, ¿vale? Se me hace raro verte tan… seria.
-Claro –Evans lo miró a los ojos, y notó que de pronto le faltaba el aire-, n-no te preocupes por mí… Me encanta el quidditch, seguro que el partido me anima –añadió, esbozando una tenue sonrisa.
Entonces, James hizo un movimiento extraño, como si fuese a acariciarle la mejilla o algo parecido, pero se detuvo en seco.
-E-eso está bien –tartamudeó con aire solemne, irguiéndose-. Disfruta el partido. Nos vemos luego, Lily.
Y, apartándose de ella rápidamente, echó a correr hacia Belle, que ni siquiera se había percatado de su ausencia y ya le llevaba una buena ventaja, dejando atrás a una sonrojada Lily, que lo vio marchar con una indescifrable expresión en sus ojos verdes.
James derrapó en el césped al detenerse junto a Figg, resoplando, pero, antes de que pudiera decir nada, se quedó con la boca abierta mirando a la golpeadora.
-¿Qué se supone que haces?
Ella también besaba una y otra vez un trozo de pergamino donde, supuso James, estaba el autógrafo del antiguo capitán de los Magpies.
-Éste es el amuleto que necesitábamos, James –explicó emocionada-. Ganaremos el partido, ya no me cabe la menor duda.
Se guardó el autógrafo, radiante, mientras James resoplaba y ponía los ojos en blanco.
-Por cierto, qué simpático es tu padre –añadió la morena, con aire risueño-. No tenía ni idea de que conociera al mío.
-Yo tampoco –apoyó Potter-. Pero tampoco me esperaba que el padre de Sam conociera a todas nuestras familias, y ya ves. Como se suele decir, el mundo es un pañuelo.
-Sí, pero papá no trabaja en el Ministerio y mamá tampoco –insistió Belle-. Y nunca han estado directa o indirectamente relacionados con él, así que no es posible que sean viejos compañeros de trabajo, o algo por el estilo.
-¿Qué edad tienen tus padres?
-Este año hacen 38 los dos.
-¿Y estuvieron en Gryffindor?
-Papá sí, pero mamá fue de Ravenclaw.
-Entonces se conocen del colegio –atajó James, haciendo un gesto con la mano-. Mi padre también cumple 38 este año y fue un gryffindor.
-Puede ser –Belle alzó la vista al cielo, pensativa-. Pero nunca oí comentar a mis padres que estuviesen manteniendo contacto con los Potter…
Su charla terminó al llegar a los vestuarios, y se apresuraron a entrar para reunirse con el resto del equipo, que debía de estar esperándolos con los nervios de punta.
Mientras tanto, los otros cinco componentes del grupo se unieron a la masa estudiantil que se abalanzaba hacia el campo de quidditch y tuvieron que ponerse a la cola para subir a las gradas, apretujándose entre todos los demás. Allí volvieron a encontrarse con la profesora McGonagall, esta vez acompañada de Fiona Crockford y Mundungus Fletcher.
-Ohhh, Minerva –gimoteaba la profesora Crockford con tono de reproche-. ¿Recibiste a Hamish MacFarlan en el colegio y no me avisaste? ¡Sabes que adoro a ese hombre!
-No sólo lo recibí, Fiona –contestó la otra mujer, esbozando una sonrisa maliciosa que los chicos no le habían visto jamás. Sacó un trozo de pergamino del bolsillo y lo agitó ante los ojos de su joven colega-. Además me firmó un autógrafo…
Se produjo un repentino forcejeo entre ambas mujeres por el trozo de papel, al mismo tiempo que el profesor Fletcher resoplaba:
-Dejad de hacer el ridículo, por el amor de Dios…
La profesora McGonagall recuperó su autógrafo y se lo volvió a guardar, dirigiendo una mirada fulminante al jefe de Slytherin.
-Envidia que tienes, Mundungus –gruñó.
-¿Qué ridiculeces dices? –gruñó él, exasperado.
-Ahhh… Ya sé lo que pasa aquí –exclamó la profesora Crockford, cogiéndose del brazo de McGonagall, como para hacerle una confidencia-. Está de mal humor porque sabe que Gryffindor va a ganar el partido y tendrá que pagarnos a ambas 50 galeones…
-¡No digas idioteces, Fiona! –rugió de repente el profesor, dejando heladas a sus dos compañeras-. ¡Slytherin ganará el partido, y al final de la mañana seré yo quien tenga 100 galeones más!
El profesor Fletcher tenía fama de ser muy agarrado con el dinero y un estafador en cualquier tipo de juego o apuesta. Ellas lo miraron con pícaras sonrisas.
-¿Sabes qué me voy a comprar con tus 50 galeones, Dung? –entonó burlonamente la profesora Crockford-. Unos bombachos nuevos, eso es… A rajas rojas y negras, para que hagan juego con la chilaba que me regaló mi hermana por Navidad. He localizado hace poco una tienda artesanal que me encanta, llena de ese tipo de ropa chillona y extravagante que tanto detestas, pero no había podido comprarme nada aún, porque es carísima, con eso de vender mercancía hecha a mano. Ahora me podré dar el lujo, total, lo mismo incluso me sobra para poderme comprar algún pañuelo, o unos pendientes nuevos, o pulseras… Me pegarán un sablazo con el precio, pero en fin… Lástima que tú odies mi forma de vestir, mis accesorios y el hecho de desperdiciar el dinero en ropa, sino quizá hasta te alegrabas de haber contribuido a mi pequeño capricho…
Los niños tuvieron la impresión de que al profesor le palpitaba la vena de la sien.
-Pues yo creo que lo ahorraré para irme de viaje en vacaciones –contestó a su vez McGonagall, haciéndose la distraída-. Siempre he querido hacer un viaje por el Egeo, pero nunca me lo pude permitir. Últimamente están bajando mucho los precios en las agencias, ¿no fuiste tú mismo quién me lo dijo, Mundungus? Creo recordar que llevabas un par de años ahorrando para hacer un viaje al centro de Europa: Austria, Alemania… Encantador, desde luego, qué pena que tu sueño se esfume justo ahora que se te presentaba tan perfecta oportunidad, pero bueno… piensa que estás haciendo feliz a otros con tu dinero, aunque eso no te consuele mucho. ¿Te vienes a Grecia, Fiona?
-Por supuesto, Minerva –y ambas rompieron a reír cruelmente con descaro.
-Reíros, reíros… -murmuró el hombre, con los dientes apretados, su pelo plateado erizado como el de una fiera. Le faltaba poco para empezar a echar humo por las orejas-. Veremos quién ríe el último.
Los cinco gryffindors, que iban inmediatamente detrás, se miraron con la boca abierta.
-Pellízcame –le murmuró Sirius a Remus-. Estoy empezando a tener alucinaciones… Nunca creí vivir lo suficiente como para ver a McGonagall actuando de esta forma…
-¡Eeeooo, chicos! –clamó una voz, por encima del atronador jaleo.
Ellos alzaron la vista desde las escaleras para ver a Sarah Kennedy de pie sobre su asiento, en las gradas de la zona central, haciéndoles señas con los brazos. A su lado, Hannah les indicaba unos huecos libres que obviamente les habían reservado, y los cinco amigos, haciendo prácticamente maravillas para poderse desplazar en medio de aquella locura, consiguieron llegar hasta las muchachas, que resultaron estar en compañía del resto de alumnos de segundo de Gryffindor.
-¡Wua, qué ganas de ver el partido! –exclamó Sarah, sentándose de golpe, mientras los recién llegados iban tomando asiento también.
-Va a ser soberbio –sonrió Hannah, por encima de los gritos de Iris, que vociferaba a pleno pulmón palabras de ánimo para los de su casa e insultos para los slytherins, con la cara pintada mitad de rojo, mitad de amarillo. Sentados junto a ella, Irene y George aplaudían y silbaban animadamente.
Sam y Remus se sentaron al lado de Hannah, y Lily, Sirius y Peter se acomodaron en la fila de detrás, con Sarah y David.
-¿Qué ánimo llevaban James y Belle? –inquirió Michael, inclinándose hacia delante y apoyándose en los hombros de Sirius-. Espero que no se hayan puesto demasiado nerviosos…
-Tenemos que ganar a Slytherin como sea –añadió Henry, que ocupaba el asiento contiguo al de Goodwin, estrellando el puño derecho en la palma izquierda.
-Tranquilos –entonó Sirius, con fingido aire de suficiencia-, tengo plena confianza en esos dos. No importa lo nerviosos que estén, os apuesto lo que queráis a que se les pasa todo en cuanto se suban a las escobas.
-James es capaz de ver un sickle bajo el sauce boxeador desde la ventana del dormitorio, así que cogerá la snitch antes de que Lestrange pueda comprender siquiera lo que ocurre –añadió Peter, ufano.
Los cuatro chicos rieron y chocaron las palmas entre ellos, saboreando ya la victoria. Mientras, Lily, que había estado estirando el cuello para observar los alrededores, se inclinó hacia Sarah para preguntar en voz queda:
-¿Dónde se han metido Sue y Janet? No es que las eche de menos, pero me parece una guarrada por su parte el no presentarse a animar a su equipo…
-No, si se han presentado, Lily –resopló Sarah, poniendo los ojos en blanco-. Pero decidieron subirse a las gradas de arriba, según ellas para ver mejor y poder animar a Belle desde allí.
-Yo diría que les ha dado un repentino complejo de animadoras –comentó David como quién no quiere la cosa, con el ceño fruncido en dirección al lugar por el que los jugadores debían de estar a punto de salir ya-. Llevaban pompones con los colores de Gryffindor y una pancarta enorme que decía "¡Ánimo, James, eres el mejor!". O se han equivocado de nombre al escribirla, o no es precisamente a Belle a quién se mueren por animar…
Lily apretó los labios en una mueca furiosa. Por alguna extraña razón, esa idea no le hacía la menor de las gracias, y sintió deseos de levantarse e ir hacia ese par de individuas para tirarles la maldita pancarta desde lo alto de la Torre de Astronomía. Y, si se presentaba la ocasión, a ellas también.
Pero, en ese momento, George e Iris le pasaron los brazos por los hombros a Irene y la arrastraron con ellos en un lento bamboleo, al ritmo de la canción que ellos mismos se habían inventado sobre los dos equipos combatientes y que Black había ido cantando rato antes. Irene al principio rió nerviosa, pero pronto se unió a sus dos amigos y entonó la melodía también. Sirius empezó a cantar a voz en grito inmediatamente, y a él lo siguió el resto, medio riendo y alzando los brazos como en un concierto de su grupo favorito. Y, cuando pocos segundos después, apareció Roger cargado de provisiones para picotear durante el partido y fue pasando las chucherías entre sus compañeros para que se sirvieran, Lily se olvidó de su mala noche y de su enfurruñamiento y sonrió abiertamente, sumándose al entusiasmo general, a las risas y a las bromas, feliz de pasar un momento como aquél con sus amigos, que en ese instante demostraban estar más unidos que nunca… como jamás había visto ella en sus 11 años de vida muggle.
En los vestuarios, muchos metros más abajo y con un ambiente mucho menos fiestero, Frank Longbottom llevaba un buen rato dedicándose a dar los últimos consejos a su equipo, con el creciente griterío de la multitud de fondo.
-Bien –concluyó, paseándose de un lado a otro, tras repasar con minuciosidad obsesiva el plan de juego-, si todo sale bien y ganamos este partido, será como si ya hubiésemos ganado la copa. El equipo de Slytherin es muy bueno, sí, y tiene muy buenas escobas… Pero nosotros tenemos más espíritu, hemos entrenado muy duro para llegar aquí, bajo sol, lluvia, nieve…
-No te enrolles más, por Merlín –gruñó Alice, exasperada.
-… y también hemos mejorado mucho el equipo desde el último partido. ¡Arthur, eres el mejor guardián que ha tenido Gryffindor! Apenas nos han marcado goles desde que tú llegaste. Molly, Belle, tenéis la furia en las venas, ¡descargadla con las bludgers! Bill, tío, eres nuestro goleador oficial. Alice, tú… ehhh… tú… ¡qué haríamos sin tus comentarios mordaces que nos animan el día!
-¿Debo tomarlo como un cumplido?
-Era una broma, mujer, no hay quién te gane en los regates, lo sabes, eres la mejor sobre la escoba, la base del goleador… Y James, ¿qué te puedo decir? ¡Ves la snitch como si la llevases pegada a la cara! Chicos, somos mejores que esa panda de gorilas descerebrados, ¡y se lo vamos a demostrar! ¡Nos vengaremos por todo lo que nos ha hecho Slytherin en los últimos meses! ¡Haremos que se traguen su estúpido orgullo! ¡¡Vamos a patearles el trasero!!
Y, con ese grito de guerra, el equipo entero se puso en pie y empezó a vitorearse a sí mismo, mientras salían en tropel hacia el campo de juego. Nada más poner un pie fuera, James notó el suelo temblar bajo los rugidos de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw, que los animaban a pleno pulmón. Los de Slytherin se encargaron de recibir a su equipo con la misma bulla cuando salieron, un par de segundos después. Los catorce jugadores se alinearon frente a frente y los capitanes, Frank Longbottom y Lucius Malfoy, se dieron la mano por indicación de la señora Hooch, aprovechando para dedicarse miradas de odio intenso.
-Quiero juego limpio –advirtió la mujer, como si se temiera lo peor.
Montaron en las escobas, mientras James oía a Belle murmurar un sonriente "Va por ti, papá". Instintivamente, levantó la vista, buscando a su padre con la mirada entre la masa de gente. Y, con el silbido de la señora Hooch y una patada en el suelo, los catorce se elevaron al frío y despejado cielo de febrero.
-¡Comienza el partido! –vociferó Mary Ann Jordan con entusiasmo-. Y… ¡Gryffindor en posesión de la quaffle! Este partido, esperado por todos desde antes de Navidad, promete ser apasionante. Ambas casas se lo han tomado como una revancha personal, en gran parte por lo sucedido a finales de diciembre…
-¡Señorita Jordan, limítese a comentar el partido y deje las crónicas para El Profeta! –rugió McGonagall, que estaba sentada a su lado.
-Sí, sí, jefa, no se estrese… Gryffindor tiene la quaffle, Bill Jordan vuela hacia la meta como un rayo… ¡Vamos, hermano! ¡AH! Lucius Malfoy lo intercepta y se lleva la quaffle… asqueroso…
James sobrevoló el campo rápidamente, varios metros por encima del nivel de juego. Se sintió aliviado al darse cuenta de que los nervios se habían quedado en el suelo. Desde que entró en el equipo de quidditch, se encontraba más seguro en el aire que en tierra firme. Aprovechó su posición para examinar a los componentes del equipo de Slytherin, casi todos grandes como gorilas. El más pequeño era Lestrange, buscador como él, que había entrado ese mismo año, sustituyendo al antiguo buscador que había terminado el curso anterior en Hogwarts. A Potter le puso nervioso comprobar que el susodicho no hacía más que perseguirlo mientras sobrevolaba el campo, y trató de centrarse en lo que decía Mary Ann para no perderse detalle.
-¡Y Arthur Weasley para ese primer intento de gol! ¡Soberbio, Arthur! Pero creo que no les ha sentado muy bien… Goyle lanza una bludger contra el capitán de Gryffindor, Frank Longbottom, que la esquiva y va a dar contra Crabbe… Malfoy recupera la quaffle. Excelente juego de pases entre el capitán de Slytherin y el cazador Andrew Mulciber, se acercan a la meta… ¡Pero son interceptados por una bludger de parte del nuevo fichaje de Gryffindor, Arabella Figg! ¡Bien hecho, Belle!
La muchacha pasó zumbando junto a James con el bate en alto mientras la multitud escarlata la vitoreaba, y alcanzó a gritarle:
-¡Cuidado!
James se agachó justo a tiempo de evitar una bludger, y Belle la remitió con todas sus fuerzas contra Crabbe.
Era evidente que Slytherin jugaba a la ofensiva, apenas dejaban que los gryffindors tocaran la quaffle y hacían todo lo posible por quitársela de las manos. Durante los minutos siguientes, el único nombre del equipo escarlata que mencionó Mary Ann fue el de Arthur Weasley, que se dedicó a parar los increíbles lanzamientos de Malfoy y sus cazadores. En las gradas, el profesor Fletcher lucía una despreocupada sonrisa. A su lado, McGonagall hundía las uñas en el asiento.
-¿Pero qué estáis haciendo, chicos? –bramó Frank, volando alrededor de sus compañeros-. ¡Despertad de una vez!
Como respondiendo a aquel grito, Molly y Alice intercambiaron una mirada y ambas se lanzaron contra Travers, el cazador de Slytherin que llevaba la quaffle en aquel momento. Molly le lanzó una bludger con todas sus fuerzas, desequilibrándolo, y Alice recogió la pelota, pasando como un rayo por debajo de él.
-¡Imbécil! –le chilló Malfoy a Travers, lanzándose en persecución de la rubia.
-¡Ahí está, ahí está! Lo único que necesitaba Gryffindor era calentar un poco… ¡Alice Greenwood en posesión de la quaffle! ¡Malfoy le pisa los talones… la va a alcanzar! ¡¡Cuidado con esa bludger, Alice!! ¡SOBERBIO!
La cazadora escarlata viró bruscamente con un control admirable, dio una voltereta en el aire con la escoba y se colocó tras Malfoy, lanzándole la quaffle a Frank, que venía por detrás y los adelantó a ambos zumbando hacia la meta de Slytherin.
-¡Alice vuelve a impresionarnos con sus movimientos de profesional! ¡Frank Longbottom lleva la quaffle! Esquiva una bludger de Goyle… Adelanta a Mulciber… ¡Y pasa a Bill Jordan, que marca! ¡SÍ! ¡10 a 0 para Gryffindor! ¡Ése es mi hermano!
Bill sobrevoló orgullosamente las gradas de Slytherin, haciendo un grosero gesto con la mano que hizo reír a Mary Ann y enfadó a McGonagall.
-Slytherin lleva la quaffle otra vez… Mulciber pasa a Travers… Travers pasa a… ¿Longbottom? Madre mía, ¡ese chico necesita gafas! ¡Gryffindor ataca de nuevo! Frank vuela hacia la meta… Figg desvía una bludger… Pasa a Alice y… ¡MALDITO CERDO!
Malfoy había alcanzado a Greenwood y la desvió pateándole la escoba con violencia. La chica empezó a dar vueltas de campana y el slytherin recogió la quaffle, volando rápidamente hacia la meta de Gryffindor.
-¡Después de semejante guarrada por parte de ese hijo de…!
-¡Jordan, no hagamos hincapié en la profesión de la señora Malfoy! –gritó McGonagall, furiosa, dirigiendo al rubio repeinado una mirada envenenada.
El profesor Fletcher la miró con cara de asesino.
-Está bien, jefa, está bien… Slytherin lleva la quaffle… Malfoy pasa a Mulciber, Mulciber a Malfoy, esquiva a Jordan, de nuevo a Mulciber, otra vez a Malfoy… ¿no se marean?
Molly se lanzó contra Malfoy, pero Travers se le plantó por medio bruscamente y la pelirroja estuvo a punto de caerse de la escoba. Ese segundo de distracción por parte de un preocupado Arthur, fue el que aprovechó Malfoy para marcar.
-¡Malfoy marca! ¡Empate a 10 gracias a una sucia artimaña para distraer al guardián de Gryffindor, grrr…!
El capitán de las serpientes sobrevoló la marea escarlata repitiendo el mismo gesto que hizo Bill, mientras todos le abucheaban, y, al pasar junto a Molly, le gritó:
-¿Qué pasa, Prewett? ¿Es que esa Barredora 6 no puede con tu peso?
Molly lo miró echando chispas por los ojos.
-¡Cierra tu sucia bocaza, Malfoy!
Y agitó su bate como dispuesta a estrellárselo en la cabeza, pero no fue necesario. Con ese gesto tan brusco, bateó sin querer la snitch, que pasaba justo por su lado en ese momento, y fue a estrellarse en el ojo derecho de Malfoy. El rubio dio un par de vueltas de campana, gritando de dolor.
-¡Molly, apártate!
La pelirroja, aún boquiabierta por lo sucedido, se volvió rápidamente y se apartó con un grito justo a tiempo de evitar a James, que se precipitaba hacia ella en su persecución de la snitch. El joven Potter derrapó en el aire dibujando una media luna, pero Lestrange, que venía inmediatamente detrás, no pudo frenar a tiempo.
-¡Por los pelos de las barbas de Merlín! –chilló Mary Ann, con los gritos horrorizados de la multitud de fondo-. ¡Dios mío, si alguien ha visto algo parecido antes, que levante la mano! ¡Molly Prewett batea la snitch contra Malfoy! ¡Y Rodolphus Lestrange, nuevo buscador de Slytherin, acaba de estrellarse contra su capitán y ambos van camino del suelo!
Se armó un escándalo. Tanto Lestrange como Malfoy, que aún se tapaba el ojo con una mano, consiguieron recuperar el control de las escobas antes de estamparse en el pasto. La señora Hooch tuvo que interrumpir el partido, porque Malfoy empezó a chillar como un demente, acusando a Molly de snitchnip y argumentando que le había lanzado la pelota a propósito y casi le había sacado un ojo. Pero, como era evidente que todo había sido accidental, el partido se reanudó dos minutos después sin penaltis para nadie.
-Hay que espabilar, chicos –dijo Frank a su equipo, que se había reunido en un improvisado tiempo muerto, mientras Malfoy se quejaba-. ¡No podemos dejar que se nos echen encima de esta manera!
-Arthur, no te preocupes por mí –le dijo Molly al joven Weasley, muy seria-. Si ven que te distraes por mi culpa y que ésa es su única oportunidad de marcar, volverán a intentarlo. Concéntrate en parar cualquier quaffle que se acerque demasiado.
Arthur asintió con la cabeza. De nuevo se escuchó el silbato y todos volvieron al aire.
-¡Se reanuda el partido! Qué pena que no hayan expulsado a Malfoy… ¡quiero decir! –rectificó Mary Ann rápidamente, al ver que McGonagall le lanzaba una mirada de advertencia-. Qué pena que no lo hayan enviado a la enfermería, pobrecito…
Aquel ataque por parte de Molly, aunque no había sido intencionado, enfureció a Slytherin hasta tal punto que hicieron alarde de su juego más sucio.
-¡Gryffindor lleva la quaffle, y es Greenwood quién vuela hacia la meta!
En el acto, Crabbe y Goyle se lanzaron contra ella, el primero le bateó una bludger que Alice esquivó por muy poco, pero el segundo intentó batearle la cabeza. La chica gritó y tuvo que hacer una aparatosa maniobra para evitarlo, pero perdió la quaffle, que fue recogida en el acto por Travers.
-¡Alice pierde la quaffle intentando salvar la vida, mientras esos asesinos psicópatas…!
-¡Jordan!
-¡Está bien, esos tramposos sin cerebro…!
-¡JORDAN, LA NEUTRALIDAD ES UN DON!
-¡Maldita sea, jefa, las cosas como son! ¡Slytherin intenta matar a la cazadora de Gryffindor y ahora se lanza hacia la meta! ¡Pégale una patada en la cabeza, Bill! Ya me callo, jefa, ya me callo…
Alice recuperó el equilibrio justo cuando Travers esquivaba a Bill Jordan, que había intentado interceptarlo.
-¡Me estáis tocando mucho las narices! –chilló la rubia-. ¡Molly! ¡Belle! ¡Vamos a enseñarles que nadie se mete con las chicas de Gryffindor!
Ambas golpeadoras se miraron y salieron zumbando tras Alice, que ya se lanzaba contra Travers. El susodicho se quedó helado cuando Belle y Molly se plantaron delante de él. Por un segundo, no supo qué hacer, y ese segundo fue fatal. Las chicas golpearon la misma bludger a la vez con todas sus fuerzas y ésta impactó en el estómago del slytherin, que estuvo a punto de echar hasta la primera papilla.
-¡GENIAL! –chilló Mary Ann con entusiasmo-. ¡Eso ha sido un Dopplebeater Defence en toda regla! ¡Bravo por las golpeadoras de Gryffindor! ¡Las chicas al poder, muajajaja…!
-¡Ejem! Feminismos a parte, Jordan –carraspeó McGonagall, pero incluso ella estaba sonriendo.
-¡Por supuesto, jefa! Alice Greenwood recoge la quaffle… pasa a Longbottom, que se eleva más y más… le siguen Crabbe y Goyle… ¡Increíble! ¡Frank deja caer la quaffle, que es recogida de nuevo por Greenwood! ¡Otra excelente jugada para Gryffindor, que sin lugar a dudas ya está más que despierto! ¡Los golpeadores de Slytherin están a años luz de Alice Greenwood, que vuela hacia la meta! ¡Dios mío! ¿Qué clase de sucedáneo de la formación en cabeza de halcón es ésa?
En efecto, Malfoy, Travers y Mulciber volaban hacia Alice a una velocidad vertiginosa, colocados simulando una punta de flecha. Frank y Bill se lanzaron en ayuda de la rubia, pero ésta no se dejó intimidar.
-Veremos… -masculló Alice, apretando los dientes.
Cuando estaba a punto de estrellarse contra Malfoy, bajó en picado bruscamente y volvió a ascender, zigzagueando entre ellos con semejante control y velocidad que la marea escarlata estalló en vítores de entusiasmo.
-¡Lo nunca visto! ¡Alice Greenwood ha roto la formación de Slytherin, esa chica es la reina de la escoba! Y ahora pasa a Longbottom, que esquiva a Goyle, pasa a Jordan… ¡Jordan vuela hacia los aros…! ¡Esquiva otra bludger…! ¡Y MARCA! ¡Ahí está, Bill Jordan, el goleador de Gryffindor! ¡20 a 10! Slytherin se hace con la quaffle, pero Longbottom se la quita a Malfoy de las manos, pasa a Greenwood… ¡Que vuelve a marcar! ¡Sí, señor, 30 a 10! Esto se está acelerando…
Fue la gota que colmó el vaso. Malfoy se puso a gritar como un energúmeno.
-¡Mulciber! ¡Travers! ¡Cubrid a esas payasas de Prewett y Figg! ¡Crabbe! ¡Goyle! ¡A por Longbottom y Jordan!
Y, cuando vio que Bill se acercaba velozmente para quitarle la quaffle, le dio otra patada en la escoba.
-¡EH, NI VUELVAS A TOCAR A MI HERMANO, PEDAZO DE CABR…!
-¡Jordan, nada de favoritismos! ¡Comenta el partido y punto!
Malfoy salió zumbando hacia los postes de Gryffindor y, cuando Frank intentó seguirlo, Crabbe se estrelló contra él como una bala de cañón. Belle salió a su encuentro hecha una furia, pero Mulciber y Travers la atraparon entre los dos y estuvieron a punto de estrellarla contra las gradas. La multitud gritaba entre emocionada, furiosa y asustada. Malfoy pasó a Travers, que se dispuso a tirar gol, pero Molly le lanzó una bludger con rabia, que fue a darle en el palo de la escoba. Ésta se desequilibró de tal manera que el chico estuvo a punto de caer. Sin embargo, Malfoy recuperó la quaffle y tiró por él. Arthur bateó la pelota con el cepillo de su escoba, lanzándola directamente a las manos de Bill, que salió volando en dirección contraria como un loco hasta que, un minuto después, había vuelto a marcar.
-¡40 a 10 para Gryffindor! ¡Así se hace, chicos, no os dejéis impresionar por las guarradas de Slytherin…!
-¡JORDAN! ¡Hoy estás poniendo a prueba mi paciencia con ese megáfono!
-¡Pero jefa! ¡Es mi último año como comentarista aquí, no nos amarguemos…!
Varios metros por encima de todo aquello, James recorría el campo con la vista sin parar, buscando la snitch. De vez en cuando, lo confundía el reflejo del reloj de oro de Malfoy, y otras veces no podía dejar de distraerse ante las jugadas de ambos equipos. Le hubiese gustado ser un espectador más y admirar el partido desde las gradas, pero la verdad era que la emoción de volar no se la quitaba nadie.
En varias ocasiones había visto ya la snitch, pero Lestrange siempre terminaba interponiéndose antes de que le diera tiempo a perseguirla. Era como si el slytherin sólo quisiera reírse de él, pero aquella situación ya empezaba a fastidiarlo. Y encima, para una vez que había estado a punto de atraparla, Molly la bateó sin querer. No, no podía seguir así, era ridículo, ¿qué pretendía Lestrange? ¿Es que sabía que no podría ganar a James en una persecución y por eso se dedicaba a interceptarlo antes de que acelerase? De todas formas, ya estaba harto. Abajo, todo el equipo estaba dando lo mejor de sí mismo y él no podía seguir jugando al tira y afloja con aquel imbécil de sonrisa relamida. La próxima vez que viese la snitch, la atraparía… aunque tuviese que tirar a Lestrange de su escoba.
-¡Y un nuevo gol para Gryffindor, esta vez de mano de Frank Longbottom! ¡Echábamos de menos tus jugadas, Frank! ¡70 a 30, y Slytherin lleva la quaffle…!
James aceleró inconscientemente, intentando quitarse de encima a Lestrange. Tuvo que girar con brusquedad para esquivar una bludger, que estuvo a punto de estrellarse contra su perseguidor. Y, en ese segundo de libertad, la vio de nuevo, revoloteando a menos de un metro del césped. No le dio tiempo a Lestrange para que intentara detenerlo: se pegó al palo de la escoba y se lanzó en picado contra el suelo.
-¡Por Merlín! –chilló de repente Mary Ann, dando un brinco-. ¡Ahí está, el nuevo buscador de Gryffindor, James Potter, la estrella del equipo escarlata! ¡FÍJENSE EN CÓMO VUELA ESE MUCHACHO!
James pasó a la velocidad del rayo entre manchas rojas y verdes, ni siquiera se preguntó si Lestrange venía tras él. No podía apartar los ojos de la snitch, que había empezado a huir, como si notase que la perseguían. Goyle le lanzó un bludger, pero Belle se la desvió a tiempo. Travers y Mulciber intentaron aplastarlo, pero los esquivó y se estrellaron el uno contra el otro.
-¡Santo cielo, vean ese vuelo espectacular! ¡James Potter es el rayo personificado!
Una mancha verde le pasó rozando, pero James no le dio importancia y continuó su persecución, ajeno a los alaridos emocionados de sus compañeros de clase, a los saltos que daba Lily en las gradas, con los dedos cruzados, a los gritos de Sirius, que agarraba a Peter del cuello, eufórico, a las exclamaciones de Sam, que se había colgado del cuello de Remus, ambos haciendo gestos y vociferando con emoción… y ajeno a la profesora McGonagall, que se había abrazado a Fiona Crockford y las dos saltaban y chillaban, olvidadas de su dignidad, mientras el profesor Fletcher gesticulaba furioso.
Apenas dos centímetros y la habría cogido… la snitch volaba ante sus ojos. Se pegó aún más a la escoba, aceleró, alargó un brazo y…
¡PLAF!
De repente sintió un fuerte dolor en la nuca, un dolor que le impulsó la cabeza hacia el palo de la escoba, haciendo que todo su cerebro pareciera vibrar y el cráneo le ardiera. Los gritos indignados de Mary Ann se mezclaron con el bramido furioso de la multitud y con el terrible zumbido que empezaba a perforarle los oídos. Pero no iba a dejarse vencer, no podía, había demasiado en juego, todos confiaban en él… Levantó la vista, parpadeando furiosamente para deshacerse de la bruma que le nublaba la visión. Aún estaba volando, la snitch aún estaba frente a él… Con un último esfuerzo, estiró el brazo todo lo que pudo y cerró el puño alrededor de la fría pelotita, que batía las alas sin parar. El grito de triunfo le sonó muy lejano, intentó levantar la vista para enseñar la snitch a la masa de estudiantes, pero lo único que vio fue una mancha verde con el rostro de Lucius Malfoy, crispado por la rabia y el odio, que levantaba un bate de golpeador por encima de su cabeza… debía de habérselo quitado a alguien…
James no pudo ver nada más, porque el dolor que siguió a aquello fue tal que le sumió en la oscuridad de la inconsciencia, impidiéndole presenciar cómo Belle, fuera de sí, le lanzaba a Malfoy una bludger con todas sus fuerzas, que fue a darle de lleno en la cabeza, seguida de cerca por otra bludger de propina que le lanzó Molly.
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Cuando volvió a abrir los ojos, todo estaba sumido en una especie de niebla, pero supuso que se debía al hecho de que alguien le había quitado las gafas. Tenía un terrible dolor de cabeza, el cuerpo entero le palpitaba como si le hubiesen pegado una paliza y de remate no sabía dónde estaba. Intentó incorporarse, pero el dolor se intensificó y no pudo evitar ponerse a gimotear, mientras un par de manos lo agarraban por los hombros y volvían a recostarlo.
-¿Y mis gafas? –atinó a preguntar. Odiaba ver las cosas a medias.
-No las necesitas ahora… Y estate quieto.
Sintió que le ponían una cosa húmeda y helada en la frente.
-Aaaarg… ¿Qué demonios es eso, un bistek congelado? –renegó, intentando quitárselo, pero ese par de manos se lo impidieron.
-¡No digas idioteces! Es un paño para aliviarte el dolor… ¡Y deja de removerte, casi me sacas un ojo!
De repente reconoció aquella voz imperativa y parpadeó varias veces, intentando enfocar su rostro.
-¿Lily?
-No, la reina Victoria…
-Lily –se respondió a sí mismo-. Sólo Lily Evans es capaz de darme semejante dolor de cabeza…
-¡Imbécil! No te duele la cabeza por mi culpa, precisamente.
-Vale, vale, pero no grites… ¿Dónde estoy?
-En Mongolia… ¿Dónde vas a estar? Pues en la enfermería, obviamente –de repente, su voz cambió con brusquedad a un tono de preocupación-. Estate quieto, anda, que tengo que ponerte esta cosa… ¿Cómo estás?
Notó cómo una de las manos de Lily le apartaba el flequillo de la frente y le ponía de nuevo el paño helado. Tuvo que admitir que le aliviaba el dolor, las formas comenzaban a aclararse poco a poco.
-Como si una manada de hipogrifos me hubiese pasado por encima –contestó, cansado-. ¿Y la señora Pomfrey?
-Ajá, así que no te gusta que te cuide yo, ¿eh? –bromeó Lily, y añadió ya en serio-: Fue a buscarte algo de comida y me dejó a cargo de ti…
¿Era su imaginación o ella le acariciaba el pelo? Bueno, no le importaba demasiado que fueran alucinaciones, la sensación era tan relajante que el constante martilleo en el cerebro remitía y sus músculos se distendían, adormeciéndolo. Siempre le había encantado que le tocaran el pelo, de pequeño solía acurrucarse en el regazo de su madre mientras ella enredaba sus dedos en las rebeldes hebras, y era capaz de quedarse así durante horas, algo realmente milagroso si se tenía en cuenta lo inquieto que era. Grace se reía y comentaba que dentro de poco incluso aprendería a ronronear…
James abrió los ojos de golpe, sobresaltado.
-¿Dónde está mi padre? –barbotó, nervioso, e intentó incorporarse otra vez.
Lily lo detuvo de nuevo, alzando las cejas ante el repentino arrebato, pero enseguida esbozó una divertida sonrisa en son tranquilizador, riendo en un murmullo.
-No te preocupes –comentó, risueña-. No se ha separado de tu cama en toda la tarde, pero hace diez minutos que la señora Pomfrey lo echó de aquí a empujones para que se fuera a comer algo, porque se negó a probar bocado desde esta mañana. Ahora estará cenando con el profesor Dumbledore, pero volverá en cuanto termine. Los demás también se han bajado al Gran Comedor hace un rato, hemos pasado aquí la tarde…
James no pudo evitar una tenue sonrisa de alivio. Era reconfortante saber que su padre seguía allí, y no sólo físicamente hablando. Su apoyo, su preocupación, su cariño… a veces se sorprendía a sí mismo entrando en pánico ante la sola idea de perderlo otra vez. Volvió a relajarse, con un sabor agridulce en la boca, consolándose ante el hecho de que, en cuanto John volviera, podrían hablar. Lily volvió a reír en voz baja, y él la miró de forma interrogante.
-¿Qué te hace tanta gracia? –inquirió.
-Tu padre –contestó ella, con aire entretenido-. Es genial. Si lo hubieses visto… Estuvo a punto de comerse a Malfoy allí mismo. Llegó como una exhalación a los vestuarios después del golpe. Si no hubiese estado tan preocupado por ti, seguro que habría ido a maldecir a ese estúpido repeinado. Se pasó un buen rato poniéndolo verde a más no poder, la jefa lo terminó regañando para que se callara, Sirius casi no podía contener las carcajadas –la sonrisa de Lily se agrió un poco-. Claro que eso fue hasta que nosotros nos cruzamos con los slytherins y oímos a Snape decir que Malfoy había tenido suerte de que tu padre no lo hubiese arrestado y metido en Azkaban por agredir a su querido niño. Sirius estuvo a punto de estrellarle tu escoba en la cabeza.
-Mi padre es el director del Departamento de Seguridad Mágica –explicó James, suspirando con resignación-. Su trabajo consiste en arrestar, juzgar y encarcelar a los magos tenebrosos… Desde luego, si algún día mete a Malfoy en Azkaban, dudo que sea sólo por haberme abierto la cabeza con un bate.
-No sé –Lily se encogió de hombros, apartando ligeramente la vista-. Ese imbécil de Snivellus se puso muy desagradable, menos mal que, cuando nos cruzamos, tu padre ya estaba en la enfermería contigo, se me habría caído la cara de vergüenza si ese estúpido llega a montar un numerito de los suyos delante de él…
James volvió a resoplar, cerrando los ojos por un momento, y, cuando los abrió de nuevo, centró su mirada en Lily.
-¿Qué ha ocurrido exactamente? –preguntó por fin y, al llevarse una mano a la dolorida cabeza, rozó la mano de Evans, que la apartó con rapidez.
-Ehhh… ¿Hasta dónde llegaste?
-No hay nada después de que atrapase la snitch…
-Oh, entonces te perdiste lo mejor. Ganamos el partido, claro, a pesar de que Malfoy intentara partirte la cabeza… y desde luego no le sirvió de nada decir que te confundió con una bludger, él ni siquiera es golpeador. Belle y Molly le tiraron las dos bludgers a la cabeza, y McGonagall se puso furiosa, yo creí que lo descuartizaba. Por suerte, Bill y Arthur te sujetaron antes de que llegaras al suelo y la cosa no pasó a más. Creo que Malfoy se ha hecho bastante impopular, no hacían más que abuchearlo, menos los de Slytherin, claro… Ojalá y lo expulsen, lo que ha hecho ha sido una verdadera bestialidad…
James volvió a sonreír y miró a Lily. Aunque veía su rostro borroso, pudo distinguir su expresión consternada.
-¿Noto cierto tono de preocupación, señorita Evans? –bromeó.
-No te lo tomes a risa –farfulló ella, nerviosa-. ¿Crees que quiero que te maten? Me… -tragó saliva-. Me asustaste mucho, James.
-Bueno, ya te dije que yo nací con suerte… No hay quién me mate.
-Sí, claro…
-¿Y qué pasó después?
-Bueno, pasado el primer susto y cuando vimos que no estabas grave, empezó la celebración. Tu padre se vino contigo a la enfermería y los demás nos quedamos atrás. Frank iba por ahí con Bill y Mary Ann chillando como dementes, Alice casi se desmayó cuando el señor MacFarlan se acercó y le dijo que jugaba como una verdadera profesional, Molly se tiró a Arthur nada más poner un pie en el suelo y los dos se… besaron de una forma un poco… -empezó a hacer gestos mientras James contenía la risa-, bueno, ya sabes…
-Sí, me hago una idea –rió Potter.
-La profesora McGonagall tuvo que petrificar a varios alumnos para que el señor MacFarlan pudiera escapar. Iris estaba como loca, ¿has oído la canción que se han inventado para el partido? Pues la clase entera la iba gritando a pleno pulmón, parecían borrachos. Remus y Sam iban saltando como si llevaran muelles en los pies, Peter se colgaba a todo el mundo y de vez en cuando daba un grito como si estuviese esquizofrénico y, cuando conseguimos que Sirius dejara de repetir "Voy a matar a Malfoy por esto", empezó a dar voces, cada vez que veía a un slytherin le soltaba "Chúpate ésa" y, al llegar a la sala común, le dio un ataque de euforia y tiró seis o siete bombas fétidas allí…
-Típico –sonrió James-. Por eso habéis pasado la tarde aquí, ¿verdad?
-Claro, ¿crees que nos importas lo más mínimo? –bromeó Lily, sonriendo también.
James la miró a los ojos, risueño.
-Entonces, mientras yo estaba aquí medio muerto, vosotros os lo habéis pasado bien…
-¡Ya te digo! Y McGonagall, en cuanto terminó de chillar a Malfoy, se fue con Crockford a perseguir a Fletcher y lo obligaron a que les pagara 50 galeones a cada una, porque al parecer habían apostado. Luego el profesor Fletcher se fue hecho un basilisco a gritar a Malfoy y a su equipo, nunca lo había visto tan histérico, creo que le ha afectado más perder su dinero que el partido. Todos han pasado por aquí para verte, la clase, el equipo, los profesores… pero cuando llegó Crockford se armó un escándalo, porque el señor MacFarlan estaba aquí con tu padre y, al verlo, a ella le dio una especie de ataque. Montó semejante escena que la señora Pomfrey los echó a todos para que no te despertaran –Lily rompió a reír otra vez-. Tendrías que haber visto la cara que puso Fletcher, ¡se quedó a cuadros! A Sirius le dio un ataque de risa y también lo estuvieron a punto de largar…
La sonrisa de Potter se ensanchó.
-Ya veo… Así que se ha extendido la demencia colectiva. ¿Te gustó el partido, Lily?
-¡Sí! –exclamó ella con entusiasmo-. Estuvo muy emocionante.
-Aunque yo no tuve mucho que ver… -murmuró él, sonriendo aún más.
-No digas eso, atrapaste la snitch y sobreviviste a un par de batacazos en la cabeza, ¿te parece poco? –le quitó el paño para volverlo a empapar de agua-. Ese vuelo final fue espectacular, en serio, me puso los pelos de punta. Pasaste entre todos los demás como un rayo sin rozar a ninguno, aunque estaban en plena lucha campal. Y cogiste la snitch a pesar de que más de uno intentó detenerte, ¡y con el golpe de Malfoy! Frank estaba completamente eufórico, no hacía más que decir "¡Ése es mi buscador!". Además –añadió, como si acabase de recordar algo-, que participaras poco no fue culpa tuya, sino de ese desgraciado de Lestrange, que no hacía más que ponerse por medio para que perdieras de vista la snitch…
James la miró boquiabierto.
-¿Te diste cuenta? –exclamó.
Lily se sonrojó de repente y, para disimular, volvió a plantarle el paño en la frente.
-Tu padre dijo que estaba muy orgulloso de ti y que habías jugado genial…
-¿Estuviste vigilando lo que hacía? –interrumpió James, ignorando el comentario.
Ella se sonrojó aún más.
-¡Claro que no! Es sólo que… yo… bueno… -parecía un manojo de nervios, su amigo nunca la había visto así-. Yo sólo estaba preocupada… Sirius siempre dice que los buscadores son los que salen peor parados en los partidos y… ya sabes, ellos no juegan limpio… temí que intentaran hacerte algo… jugabas contra el equipo de las serpientes, y…
Entonces lo comprendió. La pesadilla, él mismo con el aspecto de un bebé, la serpiente que lo ahogaba lentamente… ¿Es que Lily sólo había visto esa parte? ¿Pensaba ella que era una especie de augurio sobre el partido de quidditch?
-Lily –la interrumpió él, y le cogió la mano con la que ella sujetaba el paño-, estuviste vigilando lo que hacía porque estabas preocupada, muy bien. ¿Pero por qué estabas preocupada por mí? Y no te inventes historias raras, porque sé la respuesta. Fue esa pesadilla, ¿verdad?
-¿Pesadilla? –la pelirroja palideció-. No sé de qué pesadilla me estás…
-¡Sí lo sabes! –la cortó James, muy serio-. Belle me lo contó esta mañana… una serpiente que ahogaba a un bebé. Sabes perfectamente que ese crío llevaba mi cara, y te informo, si es que no lo sabes ya, de que ambos tuvimos la misma pesadilla anoche al mismo tiempo. Ahora la pregunta es, ¿sólo viste lo de la serpiente, o también todo lo demás?
Dio la impresión de que Lily acababa de presenciar algo terrible, porque la cara que puso, a medio camino entre el horror y la sorpresa, con los ojos abiertos al máximo, fue propia de quién asiste a una ejecución. Arrugando la frente, se apresuró a desviar la mirada, manteniendo la expresión afligida. Pero la determinación del rostro de James le hizo comprender que no le serviría de nada hacerse la desentendida.
-No… no sabía que tú soñaste lo mismo –murmuró, sin atreverse a mirarlo-. Pero sí soñé que una serpiente estrangulaba a un bebé… y que ese bebé se parecía a ti.
Se encogió, y el espeso cabello rojo le ocultó media cara. Él asintió con la cabeza.
-Está bien… Dime qué más, el sueño completo.
Lily suspiró y, parpadeando, levantó de nuevo el rostro y volvió a hablar, con voz temblorosa, pero aún mirando hacia la blanca pared de la enfermería.
-El… el sueño empezaba con una mujer… pelirroja, que corría con un bebé. Al principio pensé que era yo de mayor o algo así, pero luego me di cuenta de que era otra persona…
James tragó saliva.
-Era mi madre, Grace Potter.
Lily por fin clavó sus intensos ojos verdes en él, sorprendida, pero esta vez fue el moreno quién apartó la mirada, perdiéndola en el pulido suelo.
-Ella murió hace tres años –explicó en voz baja, cruzando mentalmente los dedos para que su amiga permaneciera en silencio. No tenía ganas de oír sus condolencias-. ¿Recuerdas lo que te dijo mi padre esta mañana? Es normal que te confundieras, en verdad te pareces a ella… no sólo en el color del pelo, sino también en el físico y en la forma de ser. Pero mi madre… -su voz tembló por unos segundos, aunque se apresuró a recuperar el control-, mi madre siempre tenía un trasfondo triste, bajo las risas y las bromas, como si cargara con más preocupaciones de las debidas. Y no era tan renegona como tú –le dedicó a Lily una pequeña sonrisa en son de broma, y ella bajó la vista, avergonzada y sonrojada, pero sonriendo débilmente también-. Y sus ojos eran grises, no verdes.
Por un rato, en la sala no se oyó ni una sola palabra más. Evans permaneció con la vista clavada en sus rodillas y las manos entrelazadas sobre el regazo, y su compañero la siguió observando sin abrir la boca, hasta que el nudo que le apretaba la garganta se aflojó.
-¿Qué más viste, Lily? –repitió James, sintiéndose repentinamente desprotegido ante ella. No había hablado nunca de su madre con nadie que no fuera Sirius o su propio padre, y la idea de que la joven Evans se hubiese colado dentro de sus pesadillas le incomodaba bastante, como quién sabe que está siendo espiado a través del hueco de una cerradura.
-Bueno, ehhh… entonces fue cuando se oyó esa risa y la mujer cayó. En ese momento me di cuenta de que el bebé que llevaba era… eras tú. Me intentaba acercar, pero entonces aparecía la serpiente y me asustaba. Lo demás se volvió muy borroso, veía sombras y oía voces y gritos, pero no vi de quién se trataba. Y de repente todo volvía a estar claro y aparecía… aparecías tú… bueno, el bebé… y la serpiente, y… -su voz temblaba cada vez más y sus ojos empezaron a brillar de forma sospechosa-, y entonces oía una voz que me decía que todo te pasaría por mi culpa y yo no podría evitarlo.
Se llevó una mano a la boca, sorbiendo por la nariz, y apartó la vista para que James no le viera la cara. Él se quedó helado. Y no sólo porque el sueño era prácticamente idéntico, sino por esa especie de amenaza o sentencia… ¿Qué querría decir?
-¿Nada más?
Lily negó con la cabeza, sin mirarlo.
-No. La serpiente te empezaba a ahogar y yo me echaba a llorar, y… y cuando me desperté estaba llorando de verdad –se pasó la mano por los ojos y lo miró de nuevo-. James, me asusté muchísimo. ¿Qué es eso de que te pasaría por mi culpa? ¡Me estaban diciendo que te iban a matar por culpa mía! Intenté pensar de forma coherente, pero… no sé qué significa todo esto, nunca había soñado algo así. A veces he soñado cosas raras, sí, pero nada que ver con lo de anoche –negó otra vez, desesperada-. Desde que empezó el año tengo una sensación muy rara, como si algo malo fuese a ocurrir. Cuando pasó lo del padre de Belle, me asusté mucho y me puse muy nerviosa pensando en mis presentimientos. Y ahora de remate todo esto, no me gusta nada lo que está pasando…
James estuvo a punto de comentar que a él le intrigaba más cómo habían podido tener ambos la misma pesadilla al mismo tiempo, pero se calló al ver la cara de su amiga. Lily se veía realmente muy mal, parecía tan preocupada que a Potter le dio un pinchazo en el corazón. Él sabía bien lo que significaba tener sueños raros e inexplicables, unidos a presentimientos catastróficos y malos augurios, y el mal que podía causarle todo eso a una persona. Llevaba tres años sufriéndolo en carne propia. Lo último que quería era amargarle la existencia a Lily aumentando sus preocupaciones. A fin de cuentas, él se había criado rodeado de magia y podía afrontar más o menos su situación, sabiendo a lo que se enfrentaba… la pelirroja acababa de llegar al mundo de los magos, muchas cosas eran aún nuevas para ella, y era normal que algunos temas siguieran dándole miedo.
Se sentó en la cama con dificultad, quitándose el paño de la frente, y cogió a la niña por los hombros para mirarla a los ojos.
-Escucha, Lily, no te preocupes, ¿vale? Hay explicaciones para todo, yo siempre he tenido sueños de lo más psicodélicos, y los magos y brujas que tienen dotes de vidente son capaces de infiltrarse a veces y sin darse cuenta en los sueños de la gente cercana a ellos… Quizá tengas madera de adivina.
-¿Tú crees? –preguntó Evans, el escepticismo mezclándose con la esperanza en su voz.
-Claro –se apresuró a mentir James. No lo creía realmente, de hecho, él no creía en la adivinación, ni en que aún existiera algún vidente que no fuera un fraude, pero lo único que quería en ese momento era que ella dejara de preocuparse.
-Pero… ¿qué me dices de esa voz que…?
-Olvídate de la voz y olvídate del sueño, fue una mala pesadilla y punto. A veces nos hinchamos demasiado comiendo pastelitos en la cena, seguro que la crema nos sentó mal y se nos cortó la digestión.
Lily esbozó una débil sonrisa, bajando la vista una vez más.
-Sí… pero los pastelitos no se aparecen a media noche diciendo que, por tu culpa, van a matar a tu mejor amigo…
James se quedó con la boca abierta y, muy a su pesar, sintió cierto calor anormal en las mejillas. ¿Su mejor amigo? Jamás creyó llegar a semejante grado en la lista de Lily Evans. Pero… ahí estaban las constantes discusiones, las peleas, las bromas y los berrinches, que, sin darse cuenta, habían creado un extraño vínculo entre ellos, una relación especial que no compartían con nadie más. Aunque pasaran las tres cuartas partes del día detestándose, se apoyaban el uno al otro en los momentos clave. Y después de año y medio, finalmente se podían considerar amigos. Buenos amigos…
El moreno se dispuso a decir algo, pero entonces la puerta se abrió y apareció la señora Pomfrey, quitándose la capa. No pudo evitar fruncir el ceño. ¿Había ido a buscarle la cena con la capa puesta? Si ni siquiera traía comida…
-Evans, será mejor que bajes a cenar ya o te quedarás sin nada –resopló la mujer-. Muchas gracias por ocuparte de Potter… ¡Vaya, ya has despertado!
Lily la miró con cara de "no tengo hambre", pero aún así se levantó sin decir palabra e hizo ademán de dirigirse hacia la puerta, deteniéndose en seco al notar que James la sujetaba de la mano. Ambos se miraron a los ojos y se soltaron rápidamente.
-Ni una palabra a nadie, Lily –masculló él entre dientes, para que la enfermera no los oyera-. No vale la pena preocupar a los demás por esto.
-Descuida –murmuró a su vez la pelirroja. Parecía terriblemente cansada-. No me hace ni pizca de gracia que los chicos se enteren, ganarme la fama de loca a los 12 años no es precisamente la ilusión de mi vida. Ya ha sido bastante ver las caras de Iris y Sarah esta mañana, y eso que me ahorré los detalles de la pesadilla. Cuídate, James… y que pases buena noche. Nos veremos mañana.
Y se marchó a grandes zancadas con la cabeza gacha, dejando a su amigo con una desazón tremenda. Se acordó de las palabras de Remus el día que se conocieron, en el Expreso, y sintió pena por la joven Evans. Pasar 11 años siendo denominada el bicho raro del colegio no tenía que ser muy agradable. Llegar a Hogwarts y encontrarse con gente como ella debía de haber sido una liberación, pero si ahora empezaban a pasarle cosas raras también aquí… James sabía perfectamente que el peor problema de Lily era esa inseguridad que sentía ante el hecho de verse rechazada o juzgada por los demás.
Con un resoplido, se dejó caer de nuevo en las almohadas de golpe, hundiéndose en ellas con la frente arrugada. "¿Pero qué demonios está ocurriendo?", pensó melancólico, mientras veía a través de la ventana cómo el sol se ponía lentamente y cómo el contorno de la luna llena empezaba a perfilarse en el oscuro cielo del atardecer.
-¡Oh, Potter! –exclamó de repente la señora Pomfrey-. Me olvidé por completo de tu cena, con lo de… Bueno, qué cabeza la mía, te traeré alguna co…
-No se moleste –la interrumpió James-, no tengo hambre.
--Fin del capítulo 5--
Preguntas que pronto encontrarán respuesta…
Incluyendo la parte anterior del capítulo 5… ¿Cuál fue la crisis que atravesó Santuario hace años? ¿Qué tiene que ver eso con lo que sucede ahora? ¿Cuál es el verdadero trabajo de Jonathan Flathery y cuál fue y será su papel en esta historia? ¿Cuál es el proyecto en el que está involucrado con Dumbledore? ¿Por qué no castigaron a Snape por lo del fetiche? ¿Qué conflicto es ése del que les habló Hagrid, de hace 27 años? (Quién no sepa esa pregunta…) ¿Qué relación tendrá ese suceso con los acontecimientos futuros? ¿Conseguirán que la Poción Multijugos salga adelante? ¿Podrá Sam encubrir a Remus? ¿Qué le ha ocurrido en realidad a Icarus Figg? ¿Qué ha pasado con Melpómene? Y de nuevo… ¿qué une a los padres de los niños? ¿Qué aspecto tendrá Snape convertido en gato? ¿Qué le pasó a Grace Potter? ¿Por qué James y Lily tuvieron esa pesadilla tan reveladora al mismo tiempo? ¿Cuál es el mal presentimiento que atormenta a Lily y por qué? ¿CUÁNDO NARICES VAN A DESCUBRIR EL SECRETO DE REMUS? ¿Se casará Sirius con su lechuza? Muajaja, ya saben, si se quieren seguir enterando, esperen el próximo capítulo, donde se descubre de una maldita vez todo el pasado de Remus Lupin y que, como seguramente sepan, es uno de mis favoritos: "Canis lupus… Lupin" (¿Cómo descubrieron el secreto de Remus?)
Próximamente… ¡en esta bazofia de web, yeah! xD
N/A: Neee, konichiwa a todos, mis queridos lectores, bienvenidos una noche más (sí, como habrán supuesto, es de noche, para variar xD) a las notas de autora de esta pobre mujer traumatizada. Antes de nada, vuelvo a disculparme por el retraso, aunque repito que no creo que me hayan echado en falta n.n Terminé de corregir el cap anoche, pero acabé tan cansada que decidí dejar las notas para hoy. Y me alegro, porque me he pasado todo el día releyendo el capítulo y he tenido la oportunidad de darle unos últimos retoques, juju… Ahora, para no romper la costumbre, me meto de lleno en las notas finales, mientras el reloj del portátil marca las 11:13 de la noche. Soy masoca, ¿eh? Pero vayamos al caso. ¿Qué les ha parecido este cap? Fíjense, a pesar de que seguramente haya quedado excesivamente largo y/o pesado y/o incomible, hoy debo admitir que me gusta bastante el resultado final después de los retoques. ¡Pero no es mi opinión la que me interesa! Así que espero con ansias sus comentarios n.n
Bien, como siempre, hay ciertas cosas que aclarar con respecto al capítulo, de modo que pasemos a los ítems, como dice mi querida Phoenix.G.Fawkes, je xD
Por fin ha hecho su aparición en este fic el personaje estrella que todo el mundo adora. Y sí, señoras y señores, me estoy refiriendo, cómo no, a la maravillosa, increíble, bellísima, encantadora… ¡WEEN, la lechuza! xD No me miren así, yo sé que algunas personas la consideran el mejor personaje de R (y no quiero mirar a nadie…) No podía dejarla si su mini homenaje, ¿no?
Dejándonos de tonterías, pasemos a cosas más serias. El asunto de Icarus Figg. Bueno, éste es mi gran tema pendiente dentro de la remasterización de R. Odio la forma en la que traté el asunto en la versión antigua, sí, y nada de lo que me digan podrá hacerme cambiar de idea. Echando la vista atrás, me doy cuenta de lo pésimamente manejado que estuvo, de las tremendas lagunas, de lo inverosímil y surrealista que resultaba todo, de las contradicciones en las que caía yo misma… No sé si lo saben, pero, cuando yo empecé a escribir R, no tenía planeado absolutamente nada de la trama. Todo el fic se fue escribiendo solo sobre la marcha. Por eso este remake es tan importante para mí. Ahora que ya lo tengo todo esquematizado, estoy disfrutando como nunca puliendo esta historia. Y el tema de Icarus es mi proyecto más importante en estos momentos. Así que aviso para los veteranos… olvídense de todo lo que saben sobre esto, porque lo voy a remodelar completamente. Alégrense, eso supone nuevas intrigas para que no se les haga tan monótona la espera de los caps nuevos. Quizá me esté metiendo en la boca del lobo, jugando con fuego o cavando mi propia tumba, pero ya he tomado la decisión. Y la escena de San Mungo de este cap es la prueba de ello. Aún no he decidido "cuánto" voy a cambiar, pero seguramente sean retoques significativos.
En fin, ¿qué les ha parecido la escena de San Mungo? He disfrutado mucho escribiéndola. Quizá esté un poco fuera de lugar en el conjunto del capítulo, pero cronológicamente tenía que ir ahí. Espero sus opiniones sobre Zephirus Lupin, uno de mis personajes favoritos de R (bueno, en realidad me encantan todos los padres de los niños n.n) También he aprovechado para darle algo más de juego a John, adoro a ese hombre y es muy posible que de ahora en adelante salga bastante más que en la versión antigua. Sobre los cambios de la historia… qué quieren que les diga, me parecía mucho más coherente un ataque discreto como éste, en vez del asalto a la casa por una horda de mortífagos, como en la versión antigua (igual que el hecho de avisar a Belle, ¿quién se cree que alguien sea capaz de ocultarle a su hija que su padre está ingresado durante meses?) Lo que prima en estos momentos para el Señor Tenebroso es actuar lo más subrepticiamente posible. Y ya entenderán en el futuro por qué. No soporto la actitud pasiva que mostraron todos los personajes anteriormente ante una sucesión de sucesos tan preocupantes. ¡Parecían todos lerdos! No es que ahora vayan a descubrir el pastel de la noche a la mañana, todo lo contrario, pero al menos tendrán auténticos motivos para hallarse en un verdadero callejón sin salida. ¿Qué le habrán hecho al señor Figg?
Sobre Icarus, lamento no poder darle más juego, porque es el personaje que peor parado sale en este asunto. Me gusta bastante, pero lamentablemente es el primero en desaparecer. No obstante, aún le quedan varios momentos estelares que espero consigan emocionar al personal. ¿Verdad que es cruel darle una agonía lenta en vez de matarlo de golpe y punto? Me estoy volviendo algo retorcida… pero en serio que todo tiene su explicación. Se aceptan teorías, de todas formas, jeje n.n
Sobre Zephirus, sólo espero no haberlos decepcionado. Me gusta mucho este personaje por la dualidad extraña que encierra. No es que tenga doble personalidad, sino que su carácter consta de dos caras bien diferenciadas. Dentro de los padres de los niños, él es el mayor, porque le saca un par de años a John, Izzy, Andraia, Mel, Icarus y Selene, que son todos de la misma edad. Por eso adopta a veces esa actitud de "hermano mayor" y remarca tanto que los demás son unos "mocosos". Eso, unido al hecho de que él se ha criado siendo siempre muy consciente de quién era y de su misión, lo convirtió en un niño más maduro de lo normal cuando era pequeño, con cierto aire sobreprotector. De ahí viene su famosa filosofía, de la que todo el mundo habla, y que más tarde heredó Remus, entre otras cosas porque, cuando lo mordieron, necesitó una intensiva terapia por parte de su padre para lograr levantar cabeza… Pero bueno, ésa es otra historia de la que podrán disfrutar en el cap 13 de R, muajaja xD
Sin embargo, a pesar de su madurez, otra de las características de Zephirus es su sentido del humor, muy similar al del propio Sirius. Le encanta el sarcasmo y las bromas directas y socarronas, de ésas que te dejan más planchado que una tabla. No tiene pelos en la lengua. No se calla nada, no se sonroja nunca y disfruta de lo lindo haciendo enrojecer a los demás. Es el típico gamberro desvergonzado, aunque no se lo crean. Pero enormemente inteligente, como ha comentado John, y es esa misma desvergüenza, mezclada con su visión de la vida, la que le permite mantener la mente fría en situaciones en las que los demás se descolocan. Capta cosas que pueden pasarle desapercibidas a cualquier otro, analiza cada situación hasta dar con la clave. Ésta ha sido una excepción, por supuesto, pero no van a volver a ver a Zephirus desesperado. Triste y preocupado sí, pero no como en este cap.
Sé que me he enrollado hablando de él más de la cuenta, pero es que realmente su forma de ser me parece explosiva y quería comentarlo con ustedes, ya que, a fin de cuentas, él va a ser uno de los adultos que más aparezcan en R, por razones obvias. ¿Verdad que en realidad no se parece en casi nada a Remus? De hecho, él era bastante parecido a su padre antes de que lo mordieran, pero las circunstancias provocaron que se reprimiera más de la cuenta. Por eso suelen comentar que el carácter de Selene ha suavizado a nuestro casi rubio, aunque no sé hasta qué punto eso es correcto, porque, ahí donde la ven, Selene Lupin de pequeña era una extraña mezcla entre Luna Lovegood y los gemelos Weasley… sí, aberrante… con Zephirus se empezó a centrar, viendo que su novio necesitaba una persona medianamente normal que lo controlase xD Y ahora es una de las mujeres de R que más me gusta, junto con Grace y Andraia. Ahora mismo se me está ocurriendo una escena estelar para Selene, mmm… ujujuju…
Volviendo al tema que nos ocupa (entiéndase, el asunto de los Figg) todos aquellos que hayan sufrido altos grados de mosqueo a causa de la repentina desaparición de Mel en San Mungo y su posterior reaparición, sin la menor explicación de qué ha pasado con ella o dónde se había metido, que levante la mano… Bien, lo admito, soy perversa xD Lo que le ha ocurrido a la madre de nuestra golpeadora favorita es el meollo de la cuestión, pero no voy a adelantar nada, porque se explicará en caps futuros. Repito, se aceptan teorías y/o suposiciones… ¡Qué sorpresa se van a llevar, mis queridos lectores! xD
Cambiemos ya de tema, que de seguro se me están amuermando…
Otra cosa que les quiero comentar es un dato de la carta de Kiara Flathery, en concreto, el término japonés "ahou" que he utilizado para sustituir a la antigua palabra rúnica que usaba en la versión anterior de R. Seguramente estarán pensando que con tanto manga y tanto anime, la pobre Dikana se nos ha vuelto rematadamente subnormal y ahora nos anda metiendo palabras japonesas hasta por los ojos, como los típicos frikis que hablan en cualquier idioma menos en el suyo. Pues no, lamento desengañarlos xD Es cierto que el japonés me encanta y, fuera coñas, me gustaría un montón aprender a hablarlo, pero no he hecho este cambio por eso.
Primero, lo he hecho porque la palabra anterior no me gustaba en absoluto y he tomado la determinación (ojo al dato, ahora sí pueden ir preparando la camisa de fuerza) de tomarme en serio lo de la lengua arcana, es decir, me voy a embarcar en el proyecto de crear una lengua inventada. Uno de mis hermanos lo hizo en sus años mozos, quiero hablar con él para que me explique cómo lo hizo y crear yo también algo similar. Puede parecer una tontería, pero a mí me hace ilusión. No se crean que voy camino de convertirme en una especie de Tolkien, porque esto va a ser un idioma de andar por casa, no me quiero complicar mucho la existencia, pero necesito una lengua arcana para el futuro. Y repito que me hace mucha ilusión este proyecto. Quizá use algunas palabras rúnicas del Diablo II, porque a fin de cuentas, de ahí salió Santuario, pero quiero inventar un idioma que pueda usar sabiendo que es sólo mío.
Y segundo, este asunto me ha dado la oportunidad de explicar un par de cosas más sobre Santuario que ayudan a aligerar la futura disertación de Sam sobre las islas. Como ya les dije, iré regando detallitos en todos estos caps para que el discurso de la rubia no se haga infumable. Hoy le ha tocado a las Asesinas y al tema de los dialectos, que siempre estuvo presente en mis proyectos sobre Santuario, pero que nunca antes había tenido oportunidad de desarrollar. Veamos, empecemos con el idioma. Como bien dijo Sam, el idioma oficial de Santuario es la lengua arcana. Todo el mundo habla lengua arcana, o al menos debería. Muchos conocen también el inglés, sobre todo si ocupan cargos políticos o comerciales. Y, luego, cada clan usa un dialecto diferente, entre otras cosas porque en Santuario se juntó gente de todo el mundo y cada uno traía ciertas características autóctonas de sus países, que luego se reflejaron en los clanes que formaron.
Haciendo un repaso rápido y esperando no ser excesivamente enredosa, les pongo ejemplos. Los hechiceros (el clan de los Horadrim, que son los eruditos, los que ocupan cargos en el Consejo y demás) y los paladines hablan en latín clásico. Todo el mundo sabe lo que es un paladín, ¿no? Guerreros religiosos, como los cruzados. Bueno, Gobierno e Iglesia usan el latín. Las amazonas, mujeres guerrero, hablan en griego antiguo. Bárbaros y druidas hablan en gaélico arcaico, una evolución de la lengua celta que se hablaba en Gran Bretaña en el siglo I a.C. Hechiceras y nigromantes usan sólo la lengua arcana. Y llegamos a las Asesinas.
Como les he dicho, los Horadrim son los hechiceros que ocupan los cargos del Gobierno. Bien, dentro de este clan están los Vizjerei, brujos guerreros (y no sólo eruditos, como los anteriores) que constituyen algo similar al ejército de Santuario. Y, dentro de los Vizjerei, está la orden de Viz-Jaq'taar, más conocida como las Asesinas, porque sólo la componen mujeres. ¿Quiénes son estas individuas? Pues el cuerpo de élite del ejército, en otras palabras, el escuadrón de espías e investigadoras, entre otras cosas. Y ellas hablan una derivación del japonés, porque su entrenamiento se acerca mucho al de los ninjas y tienen un código de conducta algo similar al bushido samurai. Ahora les aclaro una cosa: los clanes están sacados del juego, y su distribución también, salvo por algunas modificaciones. El tema de los dialectos me lo inventé por completo.
Dios, ya empiezo a parecerme a Sam…
Sigamos. Ya saben, si les ha quedado alguna duda sobre algo, o si simplemente tienen curiosidad y les gustaría saber algo más, sólo díganlo n.n
Cambiando de tema, no he podido resistirme a poner la pelea entre las niñas de segundo por lo de la Poción Multijugos. Estuve a punto de redactar la disputa en presente, en vez de ponerla en resumen, pero al final lo dejé así, que tampoco era cuestión de alargarse sin motivo. Ya saben por qué Sue y Lily se detestan tanto. Nunca llegaron a caerse bien, pero después de esta pelea las cosas finalmente se torcieron. Nuestra pelirroja ya no pudo callarse por más tiempo y tuvo que estallar. Por eso el trío de amigas no suele participar en las fiestas de pijamas que organizan sus compañeras de curso: Lily no puede soportar a Sue, Sam se siente incómoda junto a Randall y su mejor amiga porque sabe que no la aceptan del todo y Belle se queda con sus dos amigas para hacer causa común. Iris va porque Hannah es su mejor amiga y Sue no puede reservarse el derecho de admisión al dormitorio, ya que lo comparte con tres personas más, dos de las cuales no la aguantan, y Sarah se apunta por pasar un buen rato y fastidiar a Sue, principalmente. ¿Qué les parecen las niñas, por cierto? Es difícil darle una personalidad diferente a cada una, igual que con el grupo de Snape, pero también divertido. Me acuerdo de mis compañeros de clase, del colegio, del instituto y de la universidad, y me inspiro en ellos, juajua xD
¿Y qué me dicen de los profesores? Les estoy cogiendo aún más cariño que antes, quiero hacerlos participar un poco más en la trama. ¿Qué opinan de ellos? Ojalá los míos fuesen así… aunque ya les dije que Fiona está inspirada en mi profesora de literatura del colegio, ¿no? xD
¿Saben? Releyendo este cap esta mañana me he dado cuenta de que todos mis protagonistas son unos desgraciados. Todos tienen algún trauma del pasado que marca sus formas de ser. Sin embargo, no es algo que me parezca negativo. Me ha gustado desarrollar un poco más el trauma de James y ahondar en él, no sé si antes eran conscientes de lo que siente este pobre niño con todo el tema de sus pesadillas. El impacto de la muerte de Grace le ha marcado de por vida, y quería hacerlo notar, no sé si lo habré conseguido. Y lo mismo digo sobre el complejo de Lily, creo que en la versión antigua no trataba casi este rasgo de la pelirroja, pero ahora quiero darle protagonismo, porque (y esto los veteranos lo saben muy bien) será una característica que traerá de cabeza a la pobre Evans de ahora en adelante.
Creo que lo que marcó tanto a James fue el hecho de perder de golpe a su madre y encontrarse repentinamente solo para salir de la depresión, con sólo 9 años. John se hundió por completo, y de pronto nuestro niño se encontraba ante la necesidad de reponerse y seguir adelante por su padre y por él. Aunque estuviese triste, nadie le venía a consolar, ni le ayudaba a superar lo ocurrido. Por eso no pudo dar carpetazo al asunto y empezar con la rehabilitación, se limitaba a reprimirse y, en consecuencia, la presencia de su madre no lo abandonaba. Su subconsciente se aferraba a ella. De ahí el despertarse cada día con su recuerdo. Debe ser terrible perder a alguien y no poder sacártelo jamás de la cabeza, no poder dejarlo descansar en paz y seguir con tu vida.
El trauma de Lily es más típico. Es una chica con muy mal carácter, aparentemente gruñona, terca y fuerte, pero con una inseguridad interior aplastante. Tiene miedo de que la encasillen, como hicieron con ella en el colegio muggle, donde era la "rara". Cuando uno es pequeño, la marginación por parte de los compañeros hace mucho más daño que cuando uno es mayor. Después de pasar toda la vida sola, sintiéndose fuera de lugar, su mayor temor es volver a quedarse sola. Muchas personas sienten esa inseguridad y la cubren de formas distintas. En el caso de Lily, esconde su debilidad tras una máscara de aplomo. En este cap se le ha desquebrajado un poco dicha máscara cuando estaban en la enfermería. No quiere que vuelvan a mirarla como a un bicho raro, es algo que no puede soportar… y los veteranos seguramente entiendan ahora mejor el comportamiento de Evans en los caps de quinto y sexto curso. Su mayor miedo es el rechazo, o ser el centro de los cuchicheos.
Y, para terminar, quería hablarles un poco de John Potter (Dios mío, ya son las 2:23 +.+) No sé qué imagen tendrán de John. Recuerdo que en la primera versión de R alguien me dijo que no le caía bien por haber dejado solo a James. Quiero contarles un secreto acerca de este hombre. John no tiene nada que ver con su hijo. Se crió rodeado de lujos y comodidades, pero con unos padres más fríos que los muebles de la casa. Durante su infancia, nadie le hizo ni puto caso, y perdón por la expresión. De pequeño era insoportable, con una necesidad imperiosa por llamar la atención y caerle bien a todo el mundo, aunque tuviese que ganarse esa simpatía a base de bromas hirientes o crueles hacia los menos "carismáticos", lo más cercano a la imagen que la propia JK da de James en la OdF, pero quizá incluso peor. Estaba lleno de prejuicios contra los de Slytherin, más de los que éstos podrían tener hacia criaturas como licántropos, gigantes y tal (algo de eso se nota aún en su forma de hablar) y terminó volviéndose tan arrogante de cara al mundo, que se ganó el odio de más de una persona.
Pero, al igual que Lily, todo era para suplir un enorme complejo, en este caso de inferioridad, y provocado además por sus propios padres. Necesitaba sentirse por encima de alguien, porque, si no, se sentía una mierda. Sus padres murieron cuando él acababa de terminar el colegio, sin decirle absolutamente nada sobre quién era, así que se encontró en la misma situación que posteriormente vivirá el propio James, aunque John estaba bastante menos preparado para afrontarlo. Ahí empezó a cambiar su actitud: maduró, tomó conciencia de sus responsabilidades, estudió y trabajó duro para salir adelante por sus propios méritos y no gracias a pisotear a los demás… Y Grace era todo su mundo. Soy una romántica empedernida, ya lo saben, y las parejas de R están completamente enamoradas, porque las medias tintas no van conmigo, pero John y Grace son diferentes. Ella en verdad lo era todo para él, la primera persona que lo había querido.
Quiero que entiendan que, si John se desconectó del mundo cuando Grace murió es simplemente porque era incapaz de concebir su vida sin ella. Otra persona en su lugar se habría volcado en sus hijos o en la familia que le quedara, pero él no, porque se encontró repentinamente perdido. Y volvió a escudarse tras una actitud que muchos tacharían de infantil, aislándose de todo y de todos. Y ya de antemano les anticipo que en aquella época cometió muchos errores, y no sólo con respecto a James.
Lo que más me gusta de John Potter es que es un personaje imperfecto. Que no todo lo que ha hecho en su vida ha sido correcto o acertado, y que, en realidad, ha cometido muchos errores que ustedes tendrán que descubrir. Y, sin embargo, al final siempre intenta corregirse. He ampliado la escena en la que se encuentran en el vestíbulo sólo por darme el gusto de escribir una conversación entre padre e hijo, e intentar transmitir algo de esto en la historia. De ese amor del padre hacia el hijo, porque él quiere a James más que a su vida, aunque haya pasado un par de años bloqueado y sin saber cómo actuar. Sin saber cómo vivir, más bien. En ningún momento ha dejado de querer a su hijo, sólo le ha costado comprender que él no es el único que ha sufrido la pérdida. Me encanta John, le tengo muchísimo cariño, es un buen hombre a fin de cuentas, plenamente humano, con defectos y virtudes que se superponen constantemente en un fondo de vida desgraciada, y por eso quiero utilizarlo más en R, mientras pueda. Ojalá les esté gustando tanto como a mí.
¿Se dan cuenta de que hoy estoy especialmente psicológica? Me encanta analizar así a los personajes, aunque quizá sea algo pedante hacerlo con los de mi propio fic n.n' Me gustaría muchísimo que me dijeran sus opiniones sobre todo esto que les cuento, si ustedes veían así a los personajes, si notan otro tipo de rasgos, si he conseguido transmitir en el fic lo que quería, si no están de acuerdo, si les gustan o les disgustan… Crear personalidades es lo más divertido de escribir, me encanta.
2:56. Voy a reventar. No sé si me queda algo por ahí, pero al carajo… u.u Dudas y comentarios, a los r/r.
Pasando a asuntos de mi vida personal… he notado que me hice algo impopular la última vez al confesar que me pasé una semana entera sin ir a clase. Muy bien, lo admito: no falté sólo por terminar el cap de R, ésa era la excusa oficial, en realidad no fui porque tenía ciertos problemas que no me apetecía enfrentar. A veces puedo ser tremendamente parecida a Remus, a ver si yo misma me empiezo a aplicar todas las reflexiones psicológicas del fic y la filosofía de los Lupin… Pero me complace informarles de que ya me he reformado y llevo tres semanas sin faltar a ni una sola clase, excepto hoy, que no he dio porque me encontraba un poco mal. ¡Ya soy persona! Y gracias a todos los que cruzaron los dedos por mí, porque realmente me ha ido bastante bien en estas últimas semanas, estoy muy contenta n.n Aún tengo mucho trabajo, pero por lo menos mantengo alto el ánimo, juajua…
En la universidad, todo bien. La verdad es que me divierto mucho. Esta semana he tenido un ciclo de conferencias sobre el paisaje en la literatura y, aunque era un poco pesado pasarse toda la tarde sentada en el auditorio de la facultad, me han encantado y he aprendido algunas cosas interesantes. La que más me gustó fue la de ayer, sobre la imagen del inframundo en la literatura clásica grecolatina. ¡Buenísimo! Cómo disfruté… ¿sabían que uno de los campos del inframundo es el Campo de Asfódelos? Me acordé de Snape… ¡Sí, la mezcla de asfódelo y ajenjo, el filtro de muerte en vida! Y resulta que los asfódelos son plantas típicas del mundo de los muertos. Interesante, ¿eh?
Como curiosidad, hoy les traigo la prueba de que la comida que cenas influye en los sueños que tienes esa noche, no es sólo un comentario paranoico de James. Hace un par de semanas cené una empanadilla algo chunga que encontré por ahí (en mi casa te alimentas de lo que pillas, somos muchos hermanos y vivimos a base de la ley de la selva, muaja xD) El caso es que la susodicha cosa me sentó como un tiro y tuve tres pesadillas seguidas esa noche. No entraré en detalles, pero les diré que en una me encontraba con animales destripados, en otra me asesinaban y en la última y más inquietante de todas… soñé con uno de mis sobrinos, que nació muerto el año pasado. En serio, me desperté acojonada, fue uno de esos sueños típicos de película de terror, veía al niño de unos cuatro o cinco años, mirándome fijamente como si me intentara decir algo… y yo sabía que ese crío no podía existir porque estaba muerto. Escalofriante. Así que tengan cuidado con lo que cenan, en serio.
Dejando atrás el momento Expediente X, me toca pasar a hablarles de… ¡EL CÁLIZ DE FUEGO, OBVIAMENTE! xD ¡Por Dios, qué pasada de películaaaaa! La he visto ya dos veces, el sábado 26 y el domingo 27, ¡y por mí iría a verla de nuevo ahora mismo! Por favor, si alguien no la ha visto aún (cosa que dudo sobremanera, muajaja xD) que se salte este trozo, porque vienen los spoilers… ¡Voldemort es la puta leche, SE SALE, VIVA RALPH FIENNES Y LA MADRE QUE LO PARIÓ! Me enamoré, en serio, aluciné con esta película. El aire tétrico, el ambiente en Hogwarts, que de verdad parece por fin un colegio inglés, los mortífagos, LA MANSIÓN DE LOS RIDDLE, la actuación de Rupert, Snape, todo lo del baile de Navidad, LOS GEMELOS WEASLEY, todos y cada uno de los chistes, las tres pruebas, la escena en el baño con Myrtle, la escena en la que Ron le pide a Hermione que le acompañe y Severus se la pasa dándoles trastazos en la cabeza, Ojoloco Moody, aunque no le imaginaba así, el juicio del pensadero, LA RESURRECCIÓN DE VOLDEMORT Y TODO LO QUE VINO DESPUÉS…
Todo, todo, todo, como el niño de Catalana Occidente. ¡Me encantó! Cuando empezó la escena del cementerio, me puse a temblar y no paré hasta que volvieron, ¡se me pusieron los pelos de punta! Voldemort me enamoró, fue buenísimo, el duelo sublime, la parte de los fantasmas de James y Lily me gustó muchísimo y, cuando salieron del cementerio y llegaron a Hogwarts… joder, esa escena está tan conseguida que se me saltaron las lágrimas. ¡No quiero ni pensar qué va a ser de nosotros en la Orden del Fénix! Cuando empiezan a aparecerse los mortífagos en el cementerio, y cuando Voldemort les va quitando las máscaras… ¡GENIAL! Y ese aire de loco que le pone Fiennes a Voldemort me parece perfecto, el trozo en el que dice lo de "A Dumbledore no le gustaría que perdieras los buenos modales. ¡Inclínate!" me dejó traumatizada, aaaahhhh, lo amoooo… Lo amooooo…
Cosas que no me gustaron: la actuación de Michael Gambon. Esos arrebatos no pegan nada con Dumbledore, pero NADA, me pareció fatal. Cosas que eché de menos: los ojos rojos de Voldemort y a Sirius, por supuesto. Extrañé mucho la escena en la que Harry les cuenta todo a él y a Dumbledore en el despacho del director, o cuando están en la enfermería y Albus le obliga a estrecharle la mano a Snape. También eché de menos ciertas apariciones estelares de Severus, y la presencia de Bellatrix y los demás en el juicio. Pero bueno, sé que es una película y que no podía ser idéntica al libro, así que me doy por MUY satisfecha n.n
Las 4 y pico. Esto se acabó, señoras y señores, me muero del sueño. ¡Han habilitado una nueva opción para responder a los r/r! Aunque no me queda muy claro ese asunto… ¿la respuesta les llega a los lectores por mail o tienen que meterse en algún sitio para poder leerla? En fin, aprovecharé para contestarlos, mientras soluciono o no lo del blog, aunque la semana que viene tengo vacaciones y quizá por fin saque un rato para hacerlo, juju. De todas formas, millones de gracias a todos los que siguen fieles a R:
Y ya me voy, porque no sé ni lo que escribo… Cómo me gusta darle a la lengua, ¿eh? Lamento aburrirlos tanto con mis tonterías, tengan en cuenta que soy una pobre enferma mental sin vida propia xD Les he contado mil chorradas y seguro que se me olvida algo importante, pero en fin… ¡Nos vemos dentro de dos semanas! Me despido hasta entonces, a las 4:40 de la madrugada, pasando de viernes 2 a sábado 3 de diciembre de 2005…
Oyasumi nasai, queridos lectores… u.u (zzz)
Y carpe diem ;)
