CAPITULO XI "VIDA NORMAL"
Ahora sí que estaban en problemas. Mientras todo el cuerpo docente de Hogwarts los miraba inquisitivamente, Snape sonreía orgulloso. Los merodeadores serían expulsados, no tenían escapatoria. En la cabeza de James la idea no era muy diferente, en definitiva los expulsarían.
-¿Quieren explicarme qué es lo que está pasando aquí? –pregunto el profesor Dumbledore con voz tranquila, por algún extraño motivo eso inquieto aún más a James, habría preferido que Dumbledore les gritara.
Los merodeadores guardaron silencio al tiempo que todas las miradas se posaban en ellos y en Snape, que todavía sonreía. La profesora McGonagall los estudió por encima de sus gafas y su mirada se detuvo en las manchas de sangre de las túnicas de James y Sirius.
McGonagall se acercó al director y le susurro algo que los demás no pudieron escuchar, el profesor Dumbledore asintió y miró a los chicos, que no tenían ni idea de cómo salir del problema.
-Poppy llévalos a la enfermería –pidió Dumbledore tranquilamente-. Los veré dentro de media hora en mi oficina –los chicos lo miraron, sin duda no había lugar a réplicas.
Tenían treinta minutos. Treinta minutos de tortura, pensando en qué era lo que les diría el director. Los cuatro chicos siguieron a la enfermera en silencio y en cuanto llegaron, ella se dedicó a atenderlos. McGonagall también los había acompañado, pero sólo se había quedado un par de minutos a charlar con Madame Pomfrey. Los chicos no pudieron escuchar su conversación, pero les llegaron algunas murmullos como: Ya sabes quien, asustados, castigo… después su jefa de casa se retiró para, seguramente, hablar con Dumbledore.
James estaba sentado en una de las camas, su espalda le ardía un poco, Madame Pomfrey le había untado una espesa pomada anaranjada que escocía sin parar, Sirius se sentó junto a él, tenía la misma pomada en el brazo derecho y en una mejilla. James ni siquiera lo miró y Sirius supo enseguida que estaba enfadado, lo peor era que no podía culparlo.
-No estoy tan molesto como crees –murmuro James de pronto, como si le hubiera leído el pensamiento.
-Todos deberían estarlo –contesto Sirius seriamente-. No te preocupes, le diré a Dumbledore la verdad y tratare de que sólo me expulsen a mí.
James no tuvo tiempo de replicar. La profesora McGonagall llegó enseguida y los condujo a la gárgola de piedra, murmuro la contraseña, bombas de chicles, y les ordeno subir a la oficina del director.
Se quedaron un momento parados frente a la puerta, en silencio, sin saber qué hacer. Snape estaba a punto de tocar cuando la pesada puerta se abrió y el director salió con expresión reservada.
-Primero quiero hablar con James y Sirius –murmuro Dumbledore, haciéndoles una seña para que lo siguieran al interior de su despacho.
-Pero profesor… –protesto Snape, temiendo que los merodeadores lograran convencer a Dumbledore, después de todo siempre había mostrado debilidad por sus bromas y cierta preferencia por James.
-Severus, la paciencia es una virtud. Hablaré primero con James y Sirius, después contigo –Dumbledore continuaba utilizando ese tono sereno que no dejaba lugar a replicas.
La puerta se cerró y Snape miró con furia a Peter, estaba seguro de que no expulsarían a los merodeadores. Pero dentro de la oficina, los pensamientos de los chicos distaban mucho de los de Snape.
-Siéntense –invito Dumbledore con fría cortesía, después los miró inquisitivamente- Explíquenme qué pasó.
-Profesor la verdad es que yo… -fiel a su palabra Sirius fue el primero en hablar, pero la voz de James lo interrumpió abruptamente.
-Yo tuve la culpa –afirmo James sin asomo de duda-. Todo lo que pasó esta noche ha sido culpa mía, profesor.
-¡James! –exclamo Sirius, no iba a permitir que por sus tonterías expulsaran a su mejor amigo- No le crea, yo soy el responsable.
-Profesor, Sirius sólo intenta ayudarme. Pero no es justo que mis amigos paguen por lo que yo hice, sólo le pido que reconsidere su expulsión, yo aceptaré la mía sin queja alguna.
-¡Ya basta James! –protesto Sirius-. Profesor Dumbledore, James me está encubriendo, el autor de todo lo que pasó en el sauce boxeador fui yo, no le haga caso.
Los chicos comenzaron a discutir, los dos deseaban cargar con la responsabilidad del accidente. Los Yo tuve la culpa de cada uno eran tan convincentes que Dumbledore sólo pudo reír, por lo que los chicos lo miraron boquiabiertos.
-Disculpen –murmuro Dumbledore sonriendo, por fin-. Puedo ver que lo que los une es más que amistad, es hermandad y esa… es una de las cualidades que enriquece a Hogwarts. Pero ahora, quiero que me expliquen lo que en verdad pasó…
Sirius relató todo, sin ocultar detalles. Refirió con coraje las bromas pesadas de los Slytherin, la caída de James, la pelea entre Bella y Remus e incluso la relación entre Snape y Susan, también habló de lo que había escuchado en el baño, sin olvidar mencionar que los Slytherins planeaban más en su contra.
-Lo siento… pero sentí tanta rabia que en lo único que pensé fue en vengarme. Por eso lleve a Snape al sauce, no pretendía que le pasará nada, en serio –aclaro Sirius mirando los ojos de Dumbledore-, sólo quería que se asustará para que no se volviera a meter con nosotros.
-¿Te das cuenta de que no sólo arriesgaste tu vida y la de Severus, sino que también arriesgaste la permanecía del señor Lupin en este colegio? Si los padres de familia se enteran de que Remus es un licántropo, no tardaran en exigir su expulsión –explico Dumbledore con voz potente y firme, que habría intimidado a más de un alumno.
-Lo sé –murmuro Sirius con la mirada baja-. Y le juró que esa es mi última intención. Si alguien merece quedarse en este colegio, ese es Remus. Yo… fui estúpido porque no pensé en ese momento –terminó con expresión seria y un tono de voz que denotaba que había comprendido su error.
-La rabia, el coraje y la venganza son sentimientos humanos –continúo Dumbledore-, pero si te controlan, tarde o temprano acabaran contigo.
James miraba con inquietud el desarrollo de la conversación. Lo único que tenía claro era que no iba a permitir que expulsaran a sus amigos, aunque aún no tenía ni idea de cómo impedirlo.
-¿Y James y el señor Pettigrew?
-Sonsaqué a Peter para que me ayudara, aunque él no deseaba hacerlo del todo. Supongo que Peter le contó a James y él fue inmediatamente al sauce para detenernos, pero llegó tarde, porque Remus ya estaba muy exaltado y lo hirió. Todo fue mi culpa, yo lo planeé –confeso Sirius sintiéndose preocupado por su inminente expulsión, pero al mismo tiempo conforme con lo que estaba diciendo.
-Profesor, Sirius sólo trataba de ayudarnos a todos. No es justo que sólo él sea expulsado –protesto James con seria elocuencia-. Nosotros pagaremos por todos, pero por favor no expulse a Peter ni a Remus, no tienen nada que ver.
Dumbledore los miró por un instante. Era ese tipo de amistad la que se necesitaba en tiempos como esos, en los que Voldemort separaba familias y provocaba enemistades entre antiguos amigos. Su amistad no tenía secretos, incluso sabían lo de Remus, sin duda se apoyarían toda la vida.
-No creo haber mencionado la palabra expulsión –murmuro Dumbledore después de algunos segundos.
-Eso quiere decir… –comenzó Sirius con emoción.
-No pienso expulsar a nadie –confirmó Dumbledore-. Pero quiero que entiendan una cosa… Lo que han hecho fue una falta muy grave, arriesgaron lo más valioso que tienen, algo irrecuperable, sus vidas. Y no sólo arriesgaron las suyas, sino las de sus amigos. Cuando vimos las chispas, pensamos que Voldemort estaba invadiendo Hogwarts, ya imaginaran la ligera histeria entre el personal. Naturalmente habrá castigo y les anticipó que será algo duro. Ahora por favor díganle a Severus que pase.
-Profesor –murmuro James- Snape sabe lo de Remus. Remus es él menos culpable de todo esto, no creo que sea justo que toda la escuela se entere de que es…
-No te preocupes, hablaré con Severus para que no diga nada –aseguró Dumbledore sonriendo.
Los chicos salieron de la oficina con un mejor semblante, mientras que Snape entraba con pasos furiosos y cerraba la pesada puerta tras él. James y Sirius se miraron un poco más animados, los castigarían, sí, pero no los expulsaban. Los castigos formaban parte de su vida desde que habían puesto los pies en Hogwarts el primer día… o más bien la primera noche en la que osadamente salieron de la torre a explorar un poco, los habían atrapado y el resto era historia.
Exactamente 30 minutos después, la puerta se abrió de nuevo y Dumbledore les pidió a los tres jóvenes que entraran. Junto al elegante escritorio se encontraba Snape, que les lanzó una mirada que dejaba en claro lo mucho que le agradaría verlos expulsados o mejor aún… muertos. Dumbledore le había hecho prometer que no revelaría el secreto de Lupin y Snape lo había prometido, aunque hubiera deseado nunca haberlo hecho, pues por lo menos quería dañar a alguno de ellos, pero desgraciadamente no era de las personas que rompían las promesas.
-Lo que han hecho –comenzó Dumbledore en un tono que a James le pareció era perfecto para dictar una sentencia final- deja en vergüenza las normas de seguridad de nuestra escuela. Pienso que han comprendido que hoy no sólo arriesgaron sus vidas, lo más valioso que tienen, sino también arriesgaron a Hogwarts y a sus compañeros, saben lo que eso implica. No pienso expulsarlos, estarán en detención cada sábado que queda del curso ayudando al señor Filch y a Hagrid, sus vacaciones han sido anuladas y… quedan suspendidos durante un mes.
¡Suspendidos un mes!
El castigo era desproporcionado, pero ninguno de los chicos protesto, sino que permanecieron en silencio pensando en lo que les aguardaba.
-Notificaré a sus padres y mañana por la mañana abandonaran el colegio, podrán regresar en cuanto inicien las vacaciones de semana santa. Confió en que le informaran del castigo al señor Lupin. Ahora pueden irse a preparar sus baúles –Dumbledore finalizó con una mirada penetrante.
Los chicos se retiraron en silencio y en cuanto llegaron a su dormitorio se dejaron caer en sus camas. La noche había sido demasiado larga, habían pasado muchas cosas y en menos de dos horas su futuro había cambiado drásticamente.
-¿Creen que… Remus se enfadará mucho? –pregunto Sirius en voz baja desde su cama, sin duda su licántropo amigo no dudaría en rebanarlo.
-Para ser sincero… –comenzó James.
-Y conociendo a Remus –interrumpió Peter.
-Creo que estará más interesado en saber qué fue lo que pasó con Figg y en buscar el modo para que ella lo disculpe –terminó James.
-Supongo que tienes razón –contesto Sirius un poco alicaído.
-¿Creen que pasemos de año? –cuestionó Peter angustiado.
-No lo sé –James fue sincero, no quería que ellos pensarán que lo lograrían, después de todo iban a perder un mes de clases y reponer ese tiempo les costaría mucho trabajo.
-Por supuesto que vamos a pasar –de pronto Sirius recuperó el tono confiado y amigable de siempre-. No se desanimen, tenemos que hacerlo, además vamos a necesitar de toda nuestra energía para el gran regaño que nos espera mañana –terminó en tono de broma y guiñándoles un ojo con elegancia y picardía propia de los Black.
Su comentario los hizo sentir mucho mejor, e incluso borró la preocupación por el inminente castigo que les esperaba a manos de sus padres.
A la mañana siguiente, muy temprano, los padres de cada uno los esperaban en el despacho de Dumbledore, desde donde a través de la red Flú regresaron a casa durante un mes, confiando en que al regresar encontrarían a su querido Hogwarts y a sus habitantes tal y como los habían dejado.
-¿Qué pasó?
-¿Pero a dónde fueron?
-¿Fue culpa del que no debe ser nombrado?
-Simplemente los expulsaron.
Durante el desayuno la escuela fue un hervidero de rumores. La desaparición de los merodeadores y de un alumno de Slytherin, era sin duda un buen aliciente para los chismorreos de Hogwarts. Todos se preguntaban qué había pasado con ellos, pero por el momento ninguno de los maestros ni el director habían dado explicaciones.
Lily miró el lugar habitual en donde James se sentaba a desayunar rodeado de sus amigos, ahí reían, conspiraban sus bromas, platicaban en secreto y a veces las miraban tratando de comprenderlas o planeando una broma para sorprenderlas. Sonrió sin poder evitarlo y se preguntó dónde estaría James y por qué se había ido. Mei Chang, en la mesa de Ravenclaw, se preguntaba lo mismo y Lily observó su semblante preocupado, sin duda esa chica aún sentía algo por James. Por la noche Lily seguía pensando en lo mismo, tumbada en una butaca de su cuarto miraba el techo distraída hasta que sus amigas entraron causando alboroto.
-Sabemos qué pasó con los chicos –Susan fue la primera en hablar y a Lily le dio la impresión de que trataba de impedir que Bella hablara.
Después de reír un poco Bella interrumpió el discurso de Susan, en el que ésta explicaba que había tenido que hablar con la profesora McGonagall.
-No sólo habló con ella –la interrumpió Bella sonriendo a más no poder-. Debiste verla, Lily. Fue su mejor actuación. ¡Le confesó a McGonagall todo lo que siente por Black!
-¡Yo no siento nada por Sirius! –su voz fue tan potente, que Lily no se atrevió a dudar que hasta los alumnos que estaban en la sala común la habían escuchado.
-Claro y mañana Lupin y yo seremos amigos –murmuro Bella sarcásticamente.
-¿Por qué le dijiste eso a McGonagall? –cuestiono Lily.
-Bueno, querían saber dónde estaban los chicos ¿o no? –contesto Susan totalmente roja por la vergüenza.
-Pero creo que se te pasó la mano en darle información sobre Black –Bella aún reía y antes de que Susan pudiera impedírselo comenzó su imitación con voz chillona- Profesora, profesora, por favor dígame en dónde está Sirius. ¡Dígamelo¿Está muerto y no quiere decírmelo¡Necesito saberlo! Si usted se ha enamorado alguna vez le pido que en nombre de ese amor me diga qué le pasó a Sirius… ¡Qué no entiende que lo amo! – terminó con voz dramática.
Las risas de Lily interrumpieron la pantomima de Bella, que imitaba un desmayo fingido de Susan, pero las dos se callaron al recibir el golpe de una almohada en la cabeza.
-Ya –pidió Susan-. Me vi obligada a hacer eso. Querían saber qué había pasado con los chicos ¿o no? Mejor hablemos de lo que nos dijo McGonagall, eso es más importante.
Bella y Lily intercambiaron una sonrisa cómplice.
-¿Qué les pasó? –pregunto Lily recuperando su semblante serio.
-Al parecer los suspendieron –soltó Susan.
-¿Por qué? –pregunto Lily escandalizada.
-No lo sabemos, pero debió ser algo grave –comentó Bella.
-Muy grave –repitió Lily-, no lo suficiente para ameritar la expulsión, pero sí algo muy fuerte para merecer una suspensión y no una simple detención. En la historia de Hogwarts sólo han suspendido a alumnos 2 veces, los casos son contados, es muy raro que recurran a ese tipo de castigos. Generalmente expulsan a los alumnos. Creo que pueden considerarse afortunados.
-¿Cómo lo sabes? –cuestionó Susan.
-Lo leí en Historia de Hogwarts.
-Debimos suponerlo –murmuro Bella, Lily las había atormentado con Historia de Hogwarts desde el primer día.
-Pues con ésta son 3. Sea lo que sea que hayan hecho, cuando Sirius regrese estará en grandes problemas –murmuro Susan.
-¿Lo vas a regañar? –pregunto Lily sorprendida.
-Por supuesto y no sólo eso… le gritaré, hasta que me canse, que es un tonto. –Susan miraba las estrellas por la ventana, se volvió y sus amigas observaron en ella una mirada determinada que jamás habían visto, Susan continuó- Esta vez no fue una bromita que no hacia daño verdadero a alguien, fue algo más serio. Seguramente se arriesgó él y arriesgo su estancia en Hogwarts, su futuro. Tarde o temprano tiene que detenerse a pensar las cosas y es mejor que aprenda a hacerlo de una vez.
-Pareces una joven esposa enojada –murmuro Bella entre divertida e impresionada.
Bella y Lily siempre habían pensado que Susan, pese a jamás admitirlo, sentía algo por Sirius. Las peleas, las miradas, el compromiso, todo era parte del plan que el destino tenía preparado a dos personas que tenían que estar juntas.
-Yo no…
-Lo sabemos, lo sabemos –la interrumpió Lily mirándola con simpatía- pero… ¿Susan no crees que ya es tiempo de dejar de negar lo inevitable? Ya deberías aceptarlo, amiga –terminó Lily, sonriendo serenamente y transmitiéndole a Susan confianza con la mirada.
-Es muy duro aceptarlo, sobre todo si es algo que siempre negaste, –comento Bella con mirada nostálgica- pero créeme, -continuó guiñándole un ojo- cuando lo aceptas te sientes un poco mejor, porque al fin dejaste de luchar contigo misma.
Susan observó a sus amigas. Las dos le sonreían. Las dos ya habían aceptado que estaban enamoradas de un merodeador. Lo habían aceptado frente a sí mismas y aunque no estuvieran con el chico en cuestión parecían estar tranquilas por haberlo aceptado. Ella ya no podía negarlo más.
-¡Esta bien! –Gritó con todas sus fuerzas- ¿Qué quieren que les diga¿Qué me gusta Sirius? Eso no va a salir de los labios de Susan Gabrielle March.
Lily y Bella sonrieron con las manos aún tapando sus oídos. Por fin Susan lo había aceptado.
-Seguro que todos te escucharon hasta la sala común –se quejo Bella.
Como respuesta un almohadazo se estrello en su cara. Lily río, pero una segunda almohada se estrello en su rostro.
-Ahora verás –murmuraron Bella y Lily amenazantes.
Las tres chicas comenzaron una guerra de almohadas, tal y como lo habían hecho cinco años atrás en su primera noche en Hogwarts. Cinco años atrás, ahí había nacido su amistad, una amistad que las acompañaría hasta la muerte.
Día tras día el clima en los jardines de Hogwarts comenzó a hacerse más cálido. Los alumnos disfrutaban jugar en junto al lago, salpicaban agua, molestaban al calamar gigante, chapoteaban en el lago o se sentaban a disfrutar la sombra de los robles y las hayas. Los deberes habían disminuido un poco, aunque aún eran constantes, por eso todos los estudiantes esperaban ansiosos las vacaciones para despejarse un poco.
Y finalmente esa fecha tan ansiada llegó. Por la tarde los estudiantes partieron y dejaron el castillo de Hogwarts desierto y listo para recibir a los merodeadores que regresaban a la mañana siguiente.
-Por fin –murmuro James mirando a su alrededor.
Su habitación estaba tal y como ellos la habían dejado. Como si no hubiera pasado el tiempo, pero un largo mes acababa de terminar para él.
El siguiente en llegar fue Remus, con las ojeras acostumbradas de cada mes, llevaba flotando su baúl tras él y se sorprendió al ver a James.
-Pensé que sería el primero –murmuro sonriéndole.
-Hola a ti también –contesto James- Creía que estarías algo enfadado.
-Y lo estoy, pero primero quiero que me expliquen otra cosa –comentó Remus abriendo las pesadas cortinas para que la luz del sol, después de un mes, pudiera penetrar nuevamente por las ventanas.
-Si te refieres a lo de Figg, y estoy seguro que es eso –Remus sonrió algo azorado-, Sirius es el que sabe todo.
James sonrió con picardía al tiempo que abría su baúl para desempacar algunas de sus cosas, Remus era el de siempre, seguían siendo amigos.
Peter llegó lamentándose de su mala suerte, el viaje de regreso había sido algo accidentado debido a la inestabilidad de la Red Flú, por lo que el pobre se había golpeado un brazo con otra chimenea.
-¿Inestabilidad en la Red? –preguntó James dubitativo- La semana pasada leí en El Profeta que algunos de los seguidores de Voldemort la habían utilizado para entrar a la casa de un funcionario del Ministerio.
-¿Lo mataron? –pregunto Remus deteniéndose en las anotaciones que hacía en su calendario lunar.
-Sí –murmuro James con pesar- Esto está descontrolándose.
-Pero estamos en Hogwarts. Aquí no puede pasarnos nada ¿no? –habló Peter sentado en su cama- Aquí está Dumbledore y ya-saben-quien le teme.
-Sí –murmuro James más para sí que para sus amigos- aquí está Dumbledore.
La guerra poco a poco comenzaba a salirse de control. Voldemort día tras día ganaba más seguidores y aunque eso era preocupante, la lucha contra Voldemort a ellos no los había afectado directamente, por lo que había veces que hasta se olvidaban de él, después de todo aún eran jóvenes y sus principales preocupaciones se reducían a Hogwarts. No a una guerra que por el momento no los afectaba, de la que se encargaban el Ministerio y magos más experimentados que ellos. Una guerra que poco a poco se estaba saliendo de control. Y que muy pronto también los golpearía a ellos.
El ruido de un baúl subiendo a trompicones por las escaleras les avisó que Sirius ya estaba en la torre. En menos de un minuto su rostro sonriente apareció en el dormitorio.
-¡Por fin libre! –se quejo y dejo caer el baúl con la varita.
-¿Tus padres también te atormentaron? –pregunto James respondiéndole el saludo con la mano.
-Ni que lo digas, debieron escucharlos, no paraban de gritar que nunca se había visto castigo semejante y que tenía suerte de que no me hubieran expulsado por andar vagabundeando por el bosque en plena madrugada –comentó Sirius haciendo una mueca que provocó las risas de Peter y Remus.
-Parece que Dumbledore no le contó la verdad a nuestros padres –comentó James-, de lo contrario se habrían enterado de que Remus es un hombre lobo.
-Y seguro que se habrían preocupado por lo peligroso que soy –murmuro Remus comprensivamente.
-Es lo más probable –aceptó James- después de todo no te conocen como nosotros y…
-No saben que somos animagos y que jamás nos harías daño –terminó Sirius entusiasmado y lanzándole un chocolate para animarlo.
-¿Y qué les hicieron? –pregunto Remus destapando la golosina y sonriendo al pensar que tenía unos amigos excelentes.
-Todo el mes castigado, después de un gran regaño, a estudiar y a desgnomizar el jardín –suspiro Peter abriendo su chocolate.
-Incomunicado, a estudiar todo el mes y a limpiar la casa a lo muggle –recitó James atrapando al vuelo el dulce.
-Desgnomizar el jardín, a estudiar y soportar una visita a mi Eloise que no para de decirme que soy un Black, que debo de comportar como un heredero digno, además le encanta pellizcarme las mejillas como si fuera un niño de 10 años.
-Parece que nuestros padres piensan que no pasaremos el año ¿no? –comentó Remus preocupado por ese aspecto, él también había estudiado todo el mes y había aprendido algunos cuantos hechizos nuevos, pero… no era lo mismo que ir a clases todo el mes.
-Claro que pasaremos –aseguró Sirius- aunque nos costará el doble de trabajo.
-Por cierto –Remus miró a Sirius seriamente.
-Lo lamento –se adelanto Sirius-, toda la idea fue mía. Ni James ni Peter tuvieron nada que ver, por mi culpa el idiota de Snape sabe que eres un hombre lobo.
-Pude haberlo matado –se lamentó Remus.
-Te juró que esa no era mi intención, sólo quería asustarlo, estaba fuera de mí, debiste escucharlos en los baños, me enoje como nunca lo había hecho y por eso no pensé en las consecuencias… -murmuró Sirius entre abatido y molesto al recordar a Snape.
-No te preocupes –Remus sonrió- Dumbledore me aseguró que Snape le prometió que no le diría a nadie… créeme que yo también me habría enojado y seguramente tampoco me habría controlado. Pero, eso no es lo que te iba a preguntar.
Sirius lo miró interrogativamente, después sonrió con picardía -¡Que idiota! Debí haberlo adivinado, quieres saber lo de Figg.
Sirius le contó todo lo que había escuchado en los baños. Los de Slytherin habían planeado lo de Diggory para que ellos se pelearan, únicamente por molestarlos. Con esa intriga habían destruido su amistad con Bella, meditó Remus con amargura. Pensó que de haber estado en el lugar de Sirius, él habría salido a darle un buen puñetazo a Malfoy y a Snape.
-Pensé en ella todo el mes –confesó Remus seriamente- no creo que me perdone. La ofendí, le dije cosas horribles.
-Por supuesto que te disculpará. Ella siente lo mismo que tú –le aseguro James con confianza.
-Coincido con eso –aseguro Peter- deberías ver cómo te mira.
-Lo que sí es que seguro que no será fácil –pronostico James- Vas a tener que ser muy paciente.
Los chicos tenían planeado estudiar todas las vacaciones para pasar el curso. Así que bajaron a la biblioteca y regresaron con cuantos libros pudieron. Se sentaron tranquilamente en la sala común y cada uno comenzó a repasar las materias que más se le dificultaban.
-¿Crees que ya hayan regresado? –pregunto Lily.
-Quizá sí –contesto Bella consultando su reloj.
-Pues será mejor que lo averigüemos ¿no? –Susan se levantó resuelta y sacó sus pies del lago.
Sus amigas, que estaban sentadas todavía a la orilla del algo y con los pies en el agua, la miraron acercarse al roble en donde habían dejado sus cosas.
-No sabía que le urgía tanto ver a Black –comentó Bella en broma.
-Es mejor que nos vayamos –propuso Lily, después de reír un poco- o comenzará a apurarnos.
-¿Listas? –grito Susan desde el roble. Ella ya se había colocado los zapatos y recogido su ropa.
Bella y Lily se miraron con cara de Te lo dije.
Las tres chicas ingresaron al silencioso castillo y comenzaron a subir con dirección a su sala común. Pero Bella se detuvo junto al pasillo que llevaba al Gran Comedor.
-Las veré más tarde. Voy a la biblioteca –y sin más explicaciones hecho a correr por otro pasillo.
-¿Qué le pasa? –interrogo Susan al mirar a su amiga perderse al doblar una esquina.
-Quizá no quiere ver a Lupin –sugirió Lily.
Y sus suposiciones no estaban nada erradas. Caminando en dirección a la biblioteca Bella pensó que lo último que quería que le pasara ese día era encontrarse con Lupin. No quería verlo. ¿Qué caso tenía¿Y en qué momento de estupidez había decidido quedarse en el castillo?
Ingresó en la biblioteca, esperando una mirada inapetente de Madame Pince, pero la bibliotecaria estaba limpiando la cubierta de varios libros y no le prestó la más mínima atención. Una vez en la biblioteca Bella pensó que no tenía ni la más remota idea de qué hacía exactamente en ese lugar. Sí, evitar a Remus. Pero… ¿en ese lugar? Como mínimo hubiera ido a esconderse en otro lado, quizá quedarse en los terrenos del colegio, o visitar a Hagrid o intentar descubrir el significado de las Runas que estaban talladas en algunos de los árboles del bosque prohibido, comer un postre en el Gran Comedor o… bueno, lo que fuera… ¿pero la biblioteca? Sin duda ese comportamiento correspondía más a Lily que a ella. Las cosas que tenía que hacer por evitar a Remus.
Molesta consigo misma se dispuso a salir cuanto antes de la biblioteca.
-¡Bella!
Casi sintió que su corazón se detenía. Jamás habría confundido esa voz con la de ninguna otra persona. Sabía a la perfección quién era el dueño.
Remus caminó hacía la chica, llevaba tres pesado diccionarios de Runas Antiguas. Los había olvidado en la visita anterior a la biblioteca, bueno, para ser honestos: no había podido cargar más libros después de que James y Sirius le llenaran los brazos hasta el tope, al grado de que sus ojos apenas asomaban sobre los libros, lo necesario para no caer.
-No sabía que te habías quedado en Hogwarts –comentó Remus sonriendo ligeramente.
Todo el mes había pensado en ella, tramó mil y un formas de disculparse. Pero al momento de volver a verla, no recordaba ninguna. Lo único que tenía sentido era arrojar esos estúpidos diccionarios de Runas y rodearla con sus brazos. Claro que si lo hacía, no le cabía duda de que terminaría, en el mejor de los casos, con una buena bofetada grabada en el rostro o… sería víctima del primer maleficio que cruzará por la cabeza de la chica. Así que sólo se limito a mirarla.
-Y yo no sabía que habías regresado –mintió, claro que lo sabía.
McGonagall le había indicado a Susan el día exacto de su regreso, secretamente conmovida por la actitud de la chica. No cabía duda que la vida era irónica, había ido a la biblioteca para evitarlo y lo había encontrado ahí. O quizá… había acudido a la biblioteca para encontrarlo.
-Bella, yo… -no lo sabía. No sabía que pedir disculpas era tan difícil. Reclamar era tan fácil. Pero, disculparse requiere siempre de un gran esfuerzo, sobre todo si eres orgulloso, y reconocer los propios errores no es nada fácil.
Bella se limitó a mirarlo. ¿A quién engañaba? Remus era un chico muy especial para ella, pero no podía olvidar fácilmente lo que él le había dicho. Todo el mes que Remus había estado suspendido trató con toda su voluntad de olvidarlo, el problema era que… entre más trataba de olvidarlo más pensaba en él.
-Necesito hablar contigo –murmuró Remus dejando por un momento los diccionarios en una mesa cercana.
-Tengo que buscar un libro –no era un sí ni un no. Era un "en este momento no quiero hablar contigo" y esperaba que él lo captara.
-Comprendo –murmuró Remus, el mensaje era claro-. ¿Cuándo crees que podremos hablar?
-Después –contesto Bella sin mirarlo a los ojos, dio un paso hacia atrás y se dirigió a uno de los pasillos del enorme recinto.
-¡Arabella! –Remus la observó al tiempo que ella volvía la vista atrás para observarlo. La miró a los ojos y trató de transmitirle todo lo que no podía decir, por medio de la mirada.
Bella lo observó inmutable y después se dio la vuelta, perdiéndose rápidamente entre los estantes. Por un instante Remus tuvo el impulso de perseguirla entre los libros y de decirle todo lo que había pensado en el último mes. Pero se lo pensó mejor, Bella estaba muy molesta, lo notaba en su mirada. Quizá era mejor moverse lentamente. Algo desilusionado de él mismo, recogió sus diccionarios de la mesa y se enfiló a la torre de Gryffindor.
James estaba a punto de salir de la sala común, necesitaba otro libro de Encantamientos, y se dispuso a atravesar el retrato cuando este se abrió y colapso de frente con una persona. Se escucho un grito de sorpresa y James, por acto reflejo, sujeto a la persona con la que acababa de chocar. Parpadeó sorprendido y sonrió divertido cuando encontró en sus brazos a una chica pelirroja.
-Si hubiera sabido que me recibirías así, llegó desde ayer –murmuro James observando complacido la mirada incomoda de la pelirroja, que enseguida se separó de él.
-No cambias –contesto Lily resignada, él le sonrió abiertamente.
-¡Pelirroja¡Qué sorpresa! No sabía que estabas aquí –Sirius se situó junto a James y el estrecho pasillo que llevaba a la salida de la sala común pareció empequeñecer.
Y aún se hizo más estrecho cuando Susan entró por el retrato y alzo las cejas sorprendida de encontrarlos a todos en ese lugar.
-¡Mi amor! –saludo Sirius acercándose a ella y sonriendo maliciosamente- -¿Te quedaste para esperarme?
-En tu sueños, me quedé porque… Lily se iba a quedar –Susan intentó hacerse para atrás, pero inmediatamente choco con la pared- Por cierto –su tono cambio a uno más serio- necesito hablar contigo a solas.
James observó a Lily como preguntando qué pasaba ahí y por qué Susan tenía esa mirada, pero Lily se limito a encogerse ligeramente de hombros como diciendo "es su asunto".
-De acuerdo, salgamos –sugirió Sirius intrigado.
Ambos chicos esquivaron con dificultad a James y a Lily por el estrecho pasillo y salieron por el retrato, al tiempo que James y Lily los observaban en silencio.
-¡Vaya forma de recibirlo! –murmuró James impresionado, al cabo de dos segundos.
Lily miro el retrato cerrarse y deseo que Sirius se tomará los reclamos de su amiga con calma. Aunque, conociendo a los dos, lo más probable sería apostar a que armarían un buen problema con el asunto.
-¿Qué pasa, mujer? –pregunto Sirius sorprendido por la actitud de su chica, llevaban casi tres minutos de silencio que habían terminado con su paciencia. Se encontraban en el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, que por coincidencia estaba abierto.
-Eso es lo que quiero hablar contigo ¿qué pasó? –interrumpió su observación de los terrenos de Howgarts a través del ventanal del aula y miró a su prometido a la cara.
-¿Me vas a sermonear? –cuestionó Sirius entre irónico y boquiabierto. ¿Quién diablos se creía ella para pedirle cuentas?
-Deja tus ironías ¿quieres? McGonagall me dijo que los suspendieron por una grave falta. Estoy segura de que ésta vez se pasaron de la raya y quiero saber qué fue lo que pasó –ordeno con voz firme y sin inmutarse por la mirada de estupefacción de Sirius.
-¿Y por qué piensas que te lo voy a decir? –decididamente estaba comenzando a enojarse, sólo sus padres le habían pedido cuentas de ese modo.
-Porque somos amigos –murmuró Susan- y porque tenemos una relación.
-Relación que sólo recuerdas cuando te conviene, Susan –recriminó Sirius. Quizá era un golpe bajo, pero no pensaba decirle por qué diablos los habían castigado.
-No me vengas con esas ahora, Black –Susan subió la voz-. Si te parece que eso hago creo que he seguido tu ejemplo a la perfección, porque es lo mismo que tú has estado haciendo todo este tiempo, con la diferencia de que tú lo haces para molestarme y yo… -se calló al instante, había hablado de más… ella lo hacía porque se preocupaba por él, pero nunca estaría dispuesta a admitirlo frente al altanero Sirius Black.
Por un instante el silencio se hizo incomodo.
-Me lo vas decir ¿o no? –cuestiono Susan con voz más tranquila.
-¿Tú que crees? –cuestiono a su vez Sirius.
-Entonces se lo preguntaré a Severus –comento Susan con tono indiferente.
-¿A Snape? Dudo que él te diga algo, mi amor –había puesto el dedo en la llaga. ¿Cómo que su novia se iba con Snape¡Por culpa de ese pelo grasiento los habían castigado!
-¡Tú no sabes nada de Severus! –le increpó Susan tratando de calmarse.
-¡Haz lo que quieras, Susan March! –soltó Sirius en tono glacial-. Pero te recomiendo que siempre tengas en mente que hasta que no cumplamos la mayoría de edad tú y yo, le pese a quién le pese, estamos comprometidos.
-Está bien –Susan le dio la espalda y tomo el picaporte de la puerta, si no lo hubiera sujetado firmemente Sirius quizá habría notado que temblaba de rabia y de desilusión.- Sólo quiero que sepas que pienso que eres un estúpido. Un estúpido con suerte, pero a fin de cuentas un tonto. Pudieron haberte expulsado y tu futuro estaría en jaque. Yo sé que a ti no te gusta tomar consejos, pero te voy a dar uno muy modesto… Cada vez que pienses en hacer una tontería te recomiendo que medites en todo lo que podría desencadenar, para tu familia, para tus amigos y para ti…
Abrió la puerta de golpe y despareció, no sin antes azotarla con toda su frustración. Sirius únicamente pudo contemplar el lugar por dónde se había ido, pensando en que sin duda, Susan era una mujer de cuidado.
-El movimiento es muy sencillo –aseguró Lily, realzando un movimiento con su varita, de la cual salieron un montón de esferas para árbol de navidad que aterrizaron en una de las butacas de la sala común.
-Prefiero transformaciones –se quejó James, a su gusto la floritura que había realizado Lily era sumamente compleja, de su varita emergió una burbuja de jabón que rápidamente se rompió-. Además¿para qué nos sirve esto? Ya pasó Navidad.
-Pues te servirá si piensas pasar el examen de encantamientos –soltó Lily observando como el chico se estiraba en la butaca. Se le antojo parecido a un gato remilgoso-. Vamos, hazlo otra vez, es de los encantamientos más sencillos.
-Teniendo una maestra tan bella, es imposible concentrarme –murmuro James antes de volver a estirarse.
-No bromees, James –pidió Lily levantándose del sofá que compartía con James y caminando hasta el ventanal observo el brillante lago que reflejaba al sol.
Ante sus palabras, Lily no podía dejar de pensar en Mei. Si James estaba enamorado de Mei y no de ella, sería mejor dejarle en claro que no quería que bromeara más, ya que con sus bromas sólo conseguía lastimarla.
-James… -pero cuando volteó se encontró sola en la sala común.
James no quería escucharla.
El chico de cabello azabache había notado el tono de voz de Lily. Sabía lo que ella quería decirle, todas las vacaciones pensó en ella y en Mei. Sabía… mejor dicho, sentía algo diferente con Lily, algo que ninguna chica le había hecho sentir. Le gustaba pasar el rato con ella, le gustaba verla feliz, escuchar su risa, oírla decir su nombre y le gustaba que esos ojos verdes lo miraran. Había llegado a conocerla un poco y por eso presintió lo que Lily tenía pensado decirle. Y él no quería escucharla. Por ello… inevitablemente tuvo que huir.
En su habitación abrió su baúl y sacó su escoba. Se suponía que en esos momentos tenía que estar estudiando, pero tal y como estaba le resultaría muy difícil concentrase. El atractivo joven de lentes abrió una de las ventanas de su habitación y como pudo salió al alféizar, se montó en su escoba y se dejó caer. Sintió una ráfaga de aire en plena cara cuando remontó el vuelo y una fuerte descarga de adrenalina. Para la confusión, las penas o cualquier preocupación no había nada mejor que un vuelo en escoba a toda velocidad, el buscador de Gryffindor lo tenía claro.
Y entonces tuvo el panorama más nítido que nunca. Estaba enamorado de Mei, pero Lily le gustaba más allá de lo que imaginaba. No quería lastimar a ninguna de las dos y tenía que decidirse cuanto antes.
Por la noche en la sala común los merodeadores y las chicas establecieron un pacto. Ellas prometieron ayudarles a estudiar en las materias que dominaban y ellos adquirieron una enorme deuda con ellas, a pagar con cualquier favor que las chicas requirieran.
Así que las vacaciones no hicieron honor a su nombre. Desde temprano los chicos iban a la biblioteca y aprovechaban el tiempo recuperando el mes de clases que se habían perdido. Las chicas mientras tanto adelantaban sus deberes y repasaban sus apuntes, para reunirse con los chicos al mediodía y explicarles los temas complejos de las materias. Cada una explicaba la materia en la que era buena, Lily daba Encantamientos y Pociones, Susan explicaba Astronomía y Transformaciones y Arabella se especializaba en Historia de la Magia, Herbología y Runas Antiguas, ésta última sólo le era útil a Remus, ya que ambos tomaban esa optativa. Lily compartía los apuntes de Aritmancia con Sirius y Susan intentaba explicarles a James y a Peter Cuidado de Criaturas Mágicas. Un par de veces tomaron prestadas algunas aulas.
La labor era titánica y naturalmente, por la noche los chicos terminaban rendidos y nada más entrar a su habitación y bañarse, caían profundamente dormidos.
Y así las dos semanas de vacaciones terminaron y los demás estudiantes regresaron al castillo. Durante el desayuno se produjo un ligero alboroto, muchas chicas se mostraron emocionadas de volver a ver a los famosos merodeadores, de una sola pieza y, según las exclamaciones de varias chicas entusiasmadas en exceso, más atractivos que nunca. A lo que Susan las miró con desesperación.
¿¡Cómo diablos podían encontrar al arrogante y orgulloso Sirius Black atractivo!? Después de su discusión ambos evitaban hablarse directamente, sólo lo hacían por motivos académicos. Susan aún estaban resentida por la desconfianza y la tozudez de Sirius.
Y Sirius estaba furioso porque Susan desconfiaba de él, pero confiaba en Snape. Durante las vacaciones los había visto algunas veces juntos, lo que le causaba un irremediable deseo de ir al Gran Comedor a zamparse cuanto encontraba, ante las miradas reprobatoria y divertida, de Remus y James respectivamente.
-Cuando me enojo me da hambre –se justificaba Sirius entre un bocado y otro.
Bella por su parte no había hablado con Remus, él a veces la cuestionaba en las clases que ella les había dado, pero ella trataba de evitar su mirada. Y cuando ella le explicaba la lectura de las Runas él se concentraba más en cómo conseguir que su relación con Bella fuera como antes. Y se pasaba la clase mirándola hasta que Bella, incomoda por su actitud, le daba un pergamino para que hiciera una complicada traducción, trabajo que lo mantenía ocupado por un buen rato.
Por su parte Lily no había conseguido reunir el valor para hablar con James nuevamente, se daba cuenta de que no podía dejar pasar más tiempo, pero también notaba que James sencillamente no quería escuchar lo que ella tenía que decirle. La razón le era desconocida, pero no presagiaba nada bueno.
Las clases cada vez les exigían más atención y tiempo, pero los chicos lo sobrellevaban aparentemente bien. Y aunque Peter y Sirius se quejaban de que nunca habían pasado tanto tiempo en la biblioteca, la esperanza de que pasarían a séptimo y último curso de Hogwarts, cada vez era más segura.
Las cosas poco a poco iban regresando a la vida normal de Hogwarts. Incluso, una semana James convocó cuatro tardes seguidas al equipo de Quidditch para entrenar por el partido contra Hufflepuff, partido que Remus se moría de ganas por narrar, ya que Diggory se enfrentaría como buscador a James.
A finales de Mayo la última excursión a Hogsmeade no fue desaprovechada por ningún alumno. Las tiendas del pueblo estaban abarrotadas de estudiantes que aprovechaban el tiempo libre antes de prepararse para los temidos exámenes finales. Sirius y James salieron de Zonko con una bolsa de papel marrón repleta de artículos de broma que tenían pensado utilizar en Malfoy, Snape y demás Slytherins a la menor oportunidad. Afortunadamente ese sábado tuvieron castigo con Hagrid y éste con expresión entre seria y bonachona, les había permitido irse más temprano de lo habitual. Remus, acompañado de Peter, había ido a comprar plumas y libros que explicaban el nuevo entretenimiento muggle con el que madame Betancour se había obsesionado, el cinematógrafo. Habían quedado de reunirse en la Tres Escobas a la hora de la comida.
Cuado James y Sirius ingresaron al atiborrado local observaron a las chicas hablando con una pareja que en principio no reconocieron, pero que después fue identificada por Sirius como la hermana mayor de Susan, Marine, y su esposo, que sostenía a un sonriente y tierno bebé.
Quizá James abusaba de su imaginación, pero habría apostado que Susan no parecía nada contenta con la visita de su hermana. Y cuando se lo comentó a Sirius, después de que ambos chicos saludaron a la pareja con toda propiedad y se alejaron a su mesa, él admitió que su prometida se veía más histérica de lo normal.
Cuando los merodeadores abandonaron el local, Sirius observó que Susan discutía con su hermana y parecía al borde de un ataque de nervios, aunque dado el barullo sus encantadores gritos no llamaban mucho la atención y su hermana la hizo callar de inmediato.
Los chicos pasaron el resto de la tarde poniendo al día sus deberes para finalizar con algunas partidas de ajedrez.
Era ya muy entrada la noche cuando las chicas entraron a la sala común de forma peculiar. Primero entró Arabella estudiando con cuidado la sala y se sorprendió al encontrar a James a Sirius y a Remus. Silbó no muy fuerte y entró Lily, que inmediatamente se dirigió a Bella. Amabas entablaron una breve conversación y Bella volvió a salir al tiempo que Lily se sentó junto a Remus.
Lily los saludó alegremente, como si tuviera todo el tiempo del mundo y no fuera casi medianoche tomó una revista olvidada por algún alumno y comenzó a leer ávidamente.
-¡Oh no! –exclamo con dramatismo.
-¿Qué pasa? –cuestiono James mirándola alarmado.
-Aquí dice que la famosa cantante Celestina está embarazada y que dejará el mundo de la música para dedicarse un tiempo a su familia.
-No sabía que te gustará esa cantante –observó James extrañado.
-¡Me encanta! –afirmó Lily en un tono excesivamente entusiasmado, que para James no fue convincente.
-Escuchen –murmuro al tiempo que miraba por el rabillo del ojo la entrada a la sala común.
Acto seguido comenzó a leer un amplio artículo que detallaba la vida de la cantante, con un tono de falsa alegría.
Los chicos la miraron extrañados, pero le prestaron atención y no notaron que Susan y Bella ingresaban en la sala común con cautela. Susan llevaba algo envuelto en una manta y lo sujetaba con mucho cuidado, mientras que Bella vigilaba expectante a los chicos y a Lily, afortunadamente ellos estaban de espaldas.
Estaban a punto de llegar a las escaleras y escabullirse a los dormitorios, Lily continuaba leyendo con falso entusiasmo y sólo se escuchaba el crepitar del fuego, además de su voz. Desgraciadamente, y sin previo aviso, se escucho un sollozo que fue seguido de un potente lloriqueó.
Los merodeadores inmediatamente voltearon alarmados hacia las escaleras, a tiempo de observar como Susan y Bella se precipitaban por las escaleras.
-¿Qué fue eso? –preguntó Remus confundido.
-Yo no escuche nada –afirmó Lily observando la escalera.
-Sonó como… -comenzó James algo inquieto.
-… el llanto de un bebé –terminó Sirius sinceramente preocupado.
-¿Un bebé? –se asombro Lily- Por favor, es ridículo. ¿Qué tendría que estar haciendo un bebé en la sala común de Gryffindor?
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¡HOLA, HOLA!
No hay palabras. En serio u.u
Años, literalmente, sin actualizar este fic, sin escribir nada acerca de James & Cia, pero pensando en este proyecto y en todo el camino que aún les faltaba por recorrer. Y por fin, hoy 20 de Mayo de 2007 terminé este sencillo capitulo que ha pasado por un sin fin de cosas. Desde pérdidas parciales y totales a causa de estúpidos virus, hasta falta de inspiración, depresiones y arranques de melancolía y entusiasmo.
No sé cuántos de aquellos primeros lectores queden, aunque han pasado algunos años de vez en cuando recibía sus comentarios ya fuera aquí o a mi mail, comentarios que me animaban mil a continuar n.n y por eso en parte he seguido, porque me hacen saber que aún hay gente a la que le interesa la continuación n.n Gracias a todos los que me han animado a seguir este proyecto en el que me he propuesto no volver a fallar, porque si lo hago tengo por seguro que ya no terminaría el fic y eso es lo último que quiero.
Sé que soy inconstante, floja y que tengo muy malos hábitos, pero este fic lo termino porque lo termino.
Siento que por mi error haya decaído el interés, pero les agradezco mucho a todos los que han leído este proyecto y a los que me han hecho saber que disfrutan este trabajo, y que tuvieron la infinita paciencia de mandarme más de un mensaje, continuar esto no tendría caso sin ustedes
Carolina Robleto, Silvina Mariana, Joice Escobar, Sonia Alicia, Gresne2mil, Callis69, Gaby Cho, Viridiana Rojas, Mariana, Jane Black, Daniela, Margui, Ana GM, Nebelus, Sira, Kira, Zzz, Lucy, Mari, Areli, Blythe, Arlette, Agustina, Carito, Violet Potter, Jennifer Samantha Black, Ginny Potter, Galadriel, Doryanne Potter, Luna, Pr Black, Mika Granger, Melinda, Lindsay, Moony, Tina Black, Lorena, Surya, Janeht Black, Luna, Lamister, Lily Chan, Miss Andy, Maxie Chan, Snitchplateada, Sarah Evans, Silmarwen, AureaAspen, Rocío, Sango Lily, Natalia, Silvi Potter, Maria, Susan M of Black, Valeria Potter Evans, Cassyderadcliffe, Caro Muggle, Mary Weasley, Saragoddes, Harry Wilfried15, Yuna Malfoy, Ana Joe, Elena Weasley, Mary Evans, Ocelywhite, Magic star, Fleur sexilady, Florita, Lizzy Black, Ely Potter, Karibe, Roxy Hermione, Lily James, Walo, Coolos, Charsilviana, Chikimalfoy y a todas las chicas que me dejaron sus comentarios en Potter fics y que salieron números en vez de sus nombres.
A todos ustedes sólo puedo decirles GRACIAS y aquí está la continuación n.n
El capitulo no fue como lo había prometido, para la prox volveremos a saber de Diggory, Remus estará cada vez más cerca del perdón de Bella y nuestra amiga Mei volverá a aparecer, sobra decir que Sirius y Susan se meterán en un problema algo serio XD
Ahora sí, se me acabaron las palabras, sólo me resta decir
Matta Ne.
Pórtense mal - ¿O bien? ¬¬ NO Mejor mal -
Hagan cara Hellmann´s
Y nos vemos en el futuro cercano
